La dudosa agenda de la confrontación de civilizaciones

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Enfrentar a Occidente contra Oriente es una idea tan antigua como el ser humano
Enfrentar a Occidente contra Oriente es una idea tan antigua como el ser humano

El historiador británico Richard Bonney denuncia a los «falsos profetas» del «choque de civilizaciones» que tanta influencia tuvieron en el lanzamiento por Estados Unidos de la guerra antiterrorista tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

La tesis la había expuesto el experto estadounidense Bernard Lewis en un artículo publicado en 1993 bajo el título de «Las Raíces de la Rabia Musulmana», pero la recogió y popularizó en todo el mundo Samuel Huntington en su famoso libro de 1996.

Según Huntington, tras el derrumbamiento del comunismo y el fin de la guerra fría, el conflicto global no sería ideológico sino cultural y religioso. El choque de civilizaciones iba a dominar «la política global» y «las líneas de falla entre las civilizaciones» serían «los futuros frentes de batalla».

Para Bonney, autor de «False Prophets: The Clash of Civilizations and the Global War on Terror» (editorial Peter Lang), pese a la mayor popularidad del libro de Huntington, las tesis de Bernard Lewis o las del analista neoconservador estadounidense Daniel Pipes son «mucho más peligrosas».

«Ambos son ideólogos con una agenda anti-islámica muy clara», afirma Bonney.

«Para ellos, Israel tiene siempre razón porque está en juego su destrucción como Estado», explica el experto británico, que une su condición de sacerdote anglicano a la de ex profesor de Historia Moderna de la Universidad de Leicester (Inglaterra).

«Lewis es un historiador del Islam, especializado en Turquía, señala Bonney, quien agrega que Huntington (ya fallecido) no fue un experto en el Islam, sólo un científico social y analista político, que se limitó a plantear en términos un tanto simplistas que un nuevo conflicto global reemplazaría a la Guerra Fría».

«Pese haber escrito en 1996 sobre las «fronteras de sangre» del Islam, Huntington no suscribió posteriormente las tesis de Pipes o de Lewis. Es un demócrata que no apoyó al presidente George W. Bush», afirma Bonney, que cita con todo detalle en su libro los argumentos de los intelectuales y «think tanks» neoconservadores y del llamado lobby judío en Estados Unidos.

«Lewis y Pipes vieron, sin embargo, algo que no había visto Huntington: a saber, que muchos Estados islámicos están fracturados interiormente, lo que presentaba, según ellos, a Israel una oportunidad de oro para afianzar su presencia hegemónica en la región», afirma el autor.

Bonney denuncia en su libro la tentación de los neocons de redibujar el mapa de Oriente Medio y recuerda que Lewis presentó ya en 1979 al llamado grupo de Bildeerbert (por el hotel holandés donde se reúne) un plan para retrazar las fronteras actuales.

Aquel plan proponía, entre otras cosas, la fragmentación y balcanización de Irán de acuerdo con líneas regionales, étnicas y lingüísticas, algo que en opinión de Bonney constituye un peligro enorme pues los movimientos separatistas de grupos pashtunes, kurdos, azeríes, árabes y otros supondrían amenazas directas a Turquía, Irak, Pakistán y otros vecinos.

Para Bonney, cualquier intento en ese sentido equivale a «jugar con fuego», y, pese a que las fronteras trazadas por los Estados europeos durante la época colonial son arbitrarias o injustas, «es lo que hay y no conviene tocarlas».

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