Hábitos intimísimos

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"La Iglesia no sobrevivirá si no se feminiza", sentencia Ahumada, que piensa que durante siglos "la mujer sólo ha tenido dos opciones: el claustro monástico o el claustro doméstico"
«La Iglesia no sobrevivirá si no se feminiza», sentencia Ahumada, que piensa que durante siglos «la mujer sólo ha tenido dos opciones: el claustro monástico o el claustro doméstico»

Son veinte monjas, veinte mujeres felices que dicen vivir en plenitud porque han encontrado el sentido de su vida y explican sus vivencias en el libro «Monjas» , escrito por la filóloga Laia de Ahumada, con la intención de romper con todos los tópicos y estereotipos que las estigmatizan.

La autora recuerda que únicamente necesitó una pregunta: «¿Cual es tu deseo profundo?», para que las veinte monjas católicas de diferentes congregaciones se sincerasen en un monólogo sobre su experiencia vital que reveló su cultura, su singularidad y sobre todo «la necesidad de que la mujer adquiera más protagonismo dentro de la Iglesia».

«La Iglesia no sobrevivirá si no se feminiza», sentencia Ahumada, que piensa que durante siglos «la mujer sólo ha tenido dos opciones: el claustro monástico o el claustro doméstico».

Las veinte monjas «confiesan intimidades que nunca habían explicado antes», cuenta Ahumada, autora de otros siete libros y coordinadora del Centro Heura para personas sin hogar de Barcelona.

Las monjas que hablan en el libro son carmelitas descalzas, benedictinas – entre ellas la mediática Teresa Forcades- dominicas, vedrunas, damas negras, ermitañas, reparadoras, misioneras, franciscanas y teresianas.

«Todas son monjas veteranas y no las escogí por su congregación, sino porque unas me recomendaban a las otras», relata Ahumada, que ha destacado que entre ellas hay doctoras en medicina, físicas, químicas, maestras, filólogas, sociólogas…

«Las monjas – precisa la autora- han sido veneradas y despreciadas, respetadas y ofendidas, beatificadas y objeto de mofa; sobre ellas se han explicado mil y una historias…todas inventadas por hombres que, además de enclaustrarlas entre muros de monasterios, a veces contra su voluntad, se han arrogado el derecho de despreciarlas».

Ahumada asegura que la vida de estas monjas le impactaron por igual, aunque el lector es posible que se sorprenda más con la vida de Mariàngels Segalés.

Esta monja vedruna, que es enfermera, decidió abandonar su comunidad para vivir y dormir en las calles de Barcelona, comer en los comedores sociales, ducharse en los centros de acogida, vestirse con lo que le dan y dormir entre cartones.

«La historia de las monjas es una parte de la historia descarnada de la historia de las mujeres», cuenta Ahumada, la filóloga que opina que las monjas ocupan la izquierda, ideológica y políticamente hablando, en la Iglesia católica, aunque «más que revolucionarias son evolucionadas, viven la vida de otra manera, más igualitaria».

Laia de Ahumada critica que «las relaciones en la Iglesia católica son un patriarcado, una jerarquía basada en el poder que debe cambiar la relación, ser más femenina, aunque no hace falta que las monjas digan misa o sean curas, ha de haber un cambio de relaciones sin que se dicten las normas desde los tronos».

Ahumada recuerda que las abadesas de Catalunya no fueron invitadas a los actos de consagración como basílica de la Sagrada Família, pese a que en otras épocas «algunas abadesas habían tenido la misma potestad que los obispos».

Faltan vocaciones más que nunca, aunque casi todas las monjas confiesan que se horrorizaron cuando tuvieron el primer pensamiento hacia un noviciado que las convertiría en «personas peculiares».

La autora ha comprobado que las novicias, no como antaño,tienen ahora unos 40 años y entran en las órdenes una vez han tenido una trayectoria vital laica, y casi todas con formación universitaria.

Pese a la sumisión de la mujer en la Iglesia, Ahumada reconoce que los conventos ya no dependen del «visitador masculino, que ahora sólo aparece cuando les ha de llamar la atención por alguna cosa».

El libro destapa 20 vidas de mujeres «en las que cualquier persona puede verse a si misma, son una ventana para ver su realidad, que no es sólo la del hábito porque a la mayoría de ellas no les gusta salir a la calle con hábito».

«Si cuando al acabar de leer el libro, uno piensa: yo les tenía manía a las monjas y ya no les tengo, me daré por satisfecha», concluye esperanzada la autora.

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