La pintora médium y sus cuadros no aptos para humanos

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Hilma af Klint es uno de los mejores secretos de la historia del arte. Aunque algunos consideran que fue la primera pintora de arte abstracto o al menos paralela a Mondrian, Malevich y Kandinsky, no se le ha incluido en las grandes exposiciones de arte abstracto, y hay quien piensa que esto se debe a sus vínculos con el ocultismoHilma af Klint es uno de los mejores secretos de la historia del arte. Aunque algunos consideran que fue la primera pintora de arte abstracto o al menos paralela a Mondrian, Malevich y Kandinsky, no se le ha incluido en las grandes exposiciones de arte abstracto, y hay quien piensa que esto se debe a sus vínculos con el ocultismo
Hilma af Klint es uno de los mejores secretos de la historia del arte. Aunque algunos consideran que fue la primera pintora de arte abstracto o al menos paralela a Mondrian, Malevich y Kandinsky, no se le ha incluido en las grandes exposiciones de arte abstracto, y hay quien piensa que esto se debe a sus vínculos con el ocultismo

Ser una mujer nacida en 1862, dedicarse a la pintura abstracta y ejercer como médium es suficiente para ser considerada una pionera, como la sueca Hilma af Klint. «Ella hizo pinturas para el futuro hace cien años, y tenemos la impresión de que ya hemos llegado al futuro y somos de los primeros que tenemos la posibilidad de ver su obra», afirma la experta en arte Iris Müller-Westermann.

Muy interesada por la ciencia, las matemáticas o la física, en una época en la que se descubrieron los rayos X y que el espacio estaba lleno de ondas electromagnéticas, Hilma af Klint entendió que la realidad es mucho más que lo que podemos ver, y se interesó por el elemento espiritual de la realidad. Ella se consideraba una médium, un vehículo o instrumento de otros, y tardó diez años en desaprender lo que había aprendido en la academia.

Después de graduarse en 1887 por la Real Academia de Bellas Artes en Estocolmo, una de las pocas instituciones académicas europeas que aceptaban a mujeres, Af Klint, hija de un militar de alta graduación de la marina sueca, comenzó a pintar paisajes tradicionales, retratos y dibujos botánicos que expuso en modestas muestras en la capital del país nórdico.

A partir de entonces, sobre todo después de la conmoción nerviosa que sufrió por la muerte de su hermana Martina, a la que adoraba, se alejó para siempre de la figuración y se dedicó a plasmar mundos invisibles, escenas de los reinos de lo espiritual y lo oculto.

Junto con otras cuatro mujeres pintoras formó parte del grupo de Las Cinco, que se reunían semanalmente en sesiones esotéricas durante las que pintaban en estado de trance o semiinconsciencia. Entraron en contacto, según explica Hilma en sus diarios, con habitantes de otros planos astrales, «seres superiores» de quienes recibían órdenes y directrices.

Uno de ellos, llamado Gregor, dijo a la artista que debía concentrarse en «el conocimiento que no pertenece a los sentidos, el intelecto o del corazón, sino a lo más profundo de tu ser, el espíritu». Aquellas sesiones, predecesoras del arte automático que los surrealistas practicaron varias décadas más tarde, dieron demasiado miedo a las otras cuatro artistas y Hilma siguió pintando por su cuenta.

En 1905 la pintora recibió el que consideraba el más importante de los encargos que había recibido del más allá. Una entidad llamada Amaliel le encargó pinturas para un templo que celebrase la armonía de los mundos de la materia y el espíritu. La artista creó 193 obras sobre el bien y el mal, el hombre y la mujer, la religión y la ciencia…

Esta serie, basada siempre en dicotomías y en las enseñanzas del ocultista y científico austriaco Rudolf Steiner, inventor de la medicina antroposófica y su teoría de las ondas electromagnéticas, muestra representaciones simbólicas de elementos como conchas marinas, serpientes, lirios y cruces.

La misteriosa y dotada artista, que nunca se casó ni tuvo hijos, siguió pintando, pero siempre desde el aislamiento, con el temor y la certeza de que no iba a ser entendida. Tras su muerte el propietario de la granja en la que había vivido dijo al sobrino que quemaría los más de mil cuadros y dibujos si no los desalojaba de la propiedad, que deseaba alquilar de nuevo. Fue entonces cuando fueron trasladados al almacén en el que permanecieron en silencio durante más de cuatro décadas.

En la discusión bizantina sobre quién fue el primero en llegar a la abstracción, muchos sostienen que el mérito fue de Mondrian. Otros apoyan a Malevich, a Kupka o, siendo un poco generosos, a Delaunay. Pero una gran mayoría jura que el que dio el paso adelante decisivo fue Kandinsky. El propio pintor se autoproclamaba sin rubor como el primer autor de un cuadro no figurativo, que habría firmado allá por 1911. “Sí, fue el primero de todos. Por aquel entonces, ni un solo pintor utilizaba el estilo abstracto. En otras palabras, se trató de un lienzo histórico”, afirmó en su correspondencia acerca de un cuadro que nunca pudo mostrar en público, puesto que lo había extraviado durante su exilio.

Lo que Kandinsky no sabía era que una desconocida pintora sueca se le había avanzado, rompiendo con el lenguaje figurativo por lo menos cinco años antes que él. Respondía al nombre de Hilma af Klint, portentosa paisajista en el Estocolmo de entresiglos, que consiguió formarse en la pintura gracias a la ley escandinava que permitía que las mujeres accedieran a la educación artística.

Hija de un almirante, se ganaba la vida vendiendo anodinos panoramas naturalistas y dibujando estudios anatómicos para un instituto veterinario. Pero eso no era todo lo que Hilma sabía hacer. En la penumbra de su pequeño estudio, experimentaba con otro tipo de pinturas, inspiradas por fuerzas ocultas que se manifestaban a través de su trazo. Aficionada al espiritismo y a la teosofía desde su juventud, dibujó círculos concéntricos, óvalos descomunales y espirales infinitas, que pretendían simbolizar la totalidad del cosmos, a menudo bajo los efectos de la hipnosis. Antes de que 1915 llegara a su fin y el fin de la figuración sonara en boca de las élites intelectuales, Hilma ya había pintado más de 200 composiciones abstractas.

2 comentarios sobre “La pintora médium y sus cuadros no aptos para humanos

    Marina López Fernández escribió:
    2 diciembre, 2017 en 11:25 pm

    Grandes mentes apartadas en su tiempo…
    A mí es que estas cosas me ponen muy triste
    Me encanta tu entrada
    Gracias por presentarme a Hilma

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      pamontspain respondido:
      3 diciembre, 2017 en 12:21 am

      Buenas noches, Marina. Siempre hay antenas capaces de ver lo oculto, y Hilma fue una de ellas. Gracias por seguirnos.

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