Blasco Ibáñez, el antisistema

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Vicente Blasco Ibáñez fue, ante todo, un personaje incómodo. Lo fue para la Iglesia, pues su anticlericalismo era contundente. Lo fue para las clases dominantes, pues siempre defendió las causas de los más necesitados desde su diario El Pueblo; tendencia que se puede verificar en sus novelas de temática valenciana: La Barraca, Cañas y Barro o Entre Naranjos, entre otras. Lo fue para los partidos conservadores liderando el republicanismo valenciano y un movimiento, el blasquismo, de amplio arraigo en Valencia. Y lo fue para los autores y escritores de su tiempo, pues él logro un triunfo personal y una fortuna económica con sus obras que los demás nunca alcanzaron
Vicente Blasco Ibáñez fue, ante todo, un personaje incómodo. Lo fue para la Iglesia, pues su anticlericalismo era contundente. Lo fue para las clases dominantes, pues siempre defendió las causas de los más necesitados desde su diario El Pueblo; tendencia que se puede verificar en sus novelas de temática valenciana: La Barraca, Cañas y Barro o Entre Naranjos, entre otras. Lo fue para los partidos conservadores liderando el republicanismo valenciano y un movimiento, el blasquismo, de amplio arraigo en Valencia. Y lo fue para los autores y escritores de su tiempo, pues él logro un triunfo personal y una fortuna económica con sus obras que los demás nunca alcanzaron

La exagerada biografía de Vicente Blasco Ibáñez —escritor, inventor del best seller, guionista de Hollywood, periodista, editor, político, agitador de masas, diputado, preso, exiliado, duelista, fugaz masón y abogado todavía más breve— da vida a un cómic dibujado por Cristina Durán con guion de Miguel Ángel Giner Bou, autores, entre otras obras de «Una posibilidad entre mil», «La máquina de Efrén» y «Cuando no sabes qué decir».

El cómic, un encargo del Ayuntamiento de Valencia con motivo del 150 aniversario del nacimiento del novelista, recorre su vida desde su nacimiento en la calle de la Jabonería nueva —hoy, Editor Manuel Aguilar—, a tiro de piedra del Mercado Central, entonces el corazón de la ciudad, y el regreso de sus restos a Valencia, en 1933, ya con el Gobierno republicano en España, cinco años después de su fallecimiento en Fontana Rosa (sur de Francia).

Un Blasco dibujado muy pequeño junto a una barricada de adoquines afirma que su “primera emoción” fue ver en la calle a los milicianos republicanos federales en 1869, en los agitados tiempos que siguieron a la revolución conocida como La Gloriosa.

Como le sucede a muchas personas cuando observan de cerca la trayectoria de Blasco, Durán ha contado que la fase de documentación le impactó: “He acabado obsesionada con él, enamorada de todo lo que hizo. Hasta soñé un día con su voz después de haber leído tantas veces lo buen orador que era”.

El personaje hubiera dado para hacer un cómic de 300 o 400 páginas —el editado tiene 52—, dadas las tres o cuatro vidas en una que encarnó Blasco, ha afirmado Giner Bou, socio creativo y marido de Durán. “Nuestro objetivo ha sido que no fuera un libro de texto, sino encontrar un punto que permitiera entrar en la vida de Blasco Ibáñez con más pasión y atraer a las generaciones más jóvenes”. Para ello, ha utilizado la relación entre un abuelo pescador y su nieto, un recurso que ha calificado como propio de Hemingway.

El cómic, que comprime en fogonazos la vida de Blasco, relata su empeño revolucionario: su credo republicano, contrario a la tradición de los caciques y anticlerical. Cómo concibió el periodismo y su faceta de editor como instrumentos de difusión de sus ideas políticas. Y el precio en términos personales que pagó, incluido el atentado del que fue víctima en Valencia, perpetrado por los sorianistas, un grupo de republicanos rivales, y el tiro en la pierna que le disparó un redactor del diario La Correspondencia Militar.

El novelista, narra el álbum, tuvo a la literatura como una actividad inicialmente secundaria, a la que se dedicaba sobre todo cuando no podía hacer otra cosa por estar en la cárcel, escondido de la policía o en el exilio, que experimentó varias veces. “Todos los hombres con talento tienen dos patrias: una, donde nacieron; la otra es Francia”, escribió Blasco

Éxito irresistible

Pero desde «La barraca» —originalmente un cuento titulado La venganza moruna—, publicado como folletín en su periódico El pueblo, en 1898, su éxito fue irresistible. Se convirtió en una celebridad en España, Francia —donde fue distinguido como comendador de la Legión de Honor—, Argentina y Estados Unidos. En este último país, «Los cuatro jinetes del Apocalipsis», con la Primera Guerra Mundial de telón de fondo, llegó a ser el libro más leído después de la Biblia. Y su adaptación al cine, en una superproducción que tuvo al galán Rodolfo Valentino de protagonista, le abrió las puertas de Hollywood.

El cómic dedica un par de páginas a su aventura argentina, donde, sobre terrenos que le regaló el Gobierno, fundó dos colonias, Cervantes y Nueva Valencia, a la que llevó a trabajar a agricultores valencianos. Blasco renunció a su empresa tras invertir cinco años —en los que no escribió— y su fortuna.

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