Letras en los jardines de la adicción

Posted on Actualizado enn

En tratamiento psiquiátrico casi desde la niñez, Artaud fue medicado tempranamente con opio, láudano y otros estupefacientes que lo convirtieron en adicto de por vida
En tratamiento psiquiátrico casi desde la niñez, Artaud fue medicado tempranamente con opio, láudano y otros estupefacientes que lo convirtieron en adicto de por vida

Si los dibujos y cuadernos de Antonin Artaud hablaran desprenderían un aullido de dolor, un lamento de sufrimiento y zozobra que fue lo que condujo la vida de este genio maldito, enfermo y loco.

Poeta, actor, dramaturgo y dibujante, Antonin Artaud (Marsella, 1896-Ivry, 1948) recorrió un periodo del siglo XX convulso y frenético. Con sus primeros poemas sedujo a los surrealistas. liderados por André Breton, pero al poco tiempo los abandonó y comenzó su carrera de actor y, al no tener el reconocimiento deseado, se dedicó a la estudio teórico del teatro.

Considerado por los críticos franceses como el “padre de la nueva escena”, en 1938 aparece una recopilación de sus ensayos bajo el título “El teatro y su doble” -obra mítica junto a “Para acabar con el juicio de Dios”-, que incluye el texto “El teatro y la crueldad”, donde escribe “En el punto de desgaste a que ha llegado nuestra sensibilidad, lo cierto es que tenemos necesidad ante todo de un teatro que nos despierte: nervios y corazón”.

De familia de clase media, enfermo desde niño y tratado por psiquiatras, Artaud siempre fue un rebelde al que sus padres no sabían cómo tratar.

Tras vivir varios meses en México con los indios tarahumanos, experiencia de la que saldría “Los Tarahumaras”, permaneció una etapa de diez años en un sanatorio psiquiátrico por sus obsesiones y delirios.

Desde joven los médicos le recomendaron el uso del opio y otras drogas para mitigar su dolor, una adicción que marcaría toda su vida.

Fue un periodo muy duro, en plena ocupación nazi, con un tratamiento arcaico a enfermos en instituciones que apenas habían evolucionado desde la Edad Media.

Pero en 1943, a petición de su familia, el doctor Gaston Ferdière, director del hospital psiquiátrico de Rodez (Averyon), amigo de los surrealistas y un médico culto, pionero en las terapias artísticas, consiguió que le trasladaran a un psiquiátrico de Rodez, en una zona no ocupada.

En esa época los electroshock se mezclaron en la vida de este creador y seductor, de intensos ojos azules, con el dibujo, la pintura, los textos de inspiración mística y su interés por San Juan de la Cruz, la Cábala, Eckhart, la Biblia o Baudelaire.

Estos dibujos, hechos en su mayoría en el psiquiátrico de Rodez, con los papeles que le daba el doctor Ferdière, los hacia de pie, y entre ellos destacan sus propias retratos (“hechos sin espejo”) con un rostro envejecido, escuálido de mirada perdida y torturada.

“Mis dibujos nos son dibujos sino documentos, hay que mirarlos y comprender lo que hay dentro”, escribió.

Abrumado, o infecciosamente lúcido, Antonin Artaud  pasó en los sanatorios una buena parte de su vida. De ellos dijo: «El hospicio de alienados, bajo el amparo de la ciencia y de la justicia, es comparable a los cuarteles, a las cárceles, a los penales». En su Carta a los directores de manicomios, el artista, sometido a terapias electroconvulsivas, sostenía que la concepción de la realidad de aquellos llamados «locos» era tan legítima como la de cualquier otro.

Tanto su reinvención del lenguaje como su crítica a la institución psiquiátrica, que sólo tenía sobre los pacientes «la superioridad que da la fuerza», calaron en los artistas de la posguerra. ¿Qué es en realidad el lenguaje y cómo Artaud trató de trascender sus límites? ¿Acaso no se pueden inventar nuevos códigos que transmitan con la misma efectividad, o incluso más, el contenido de un mensaje?

Artaud fue un pensador radical, vanguardista, que propuso las ideas de lo que llamó el Teatro de la Crueldad, que impactara profundamente en el espectador hasta hacerlo salir de la complaciente pasividad ante el teatro de entretenimiento. Junto a ello ponía como ejemplo el teatro balinés -asistió fascinado a dos representaciones en 1922 y 1931-, basado exclusivamente en la fisicidad y el simbolismo, opuesto a los excesos del diálogo en el teatro burgués occidental. Los textos reunidos en El teatro y su doble (publicado en 1938) siguen siendo una lectura intensa y reveladora, no sólo para los amantes de este género.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s