La librería que no sucumbió al olvido

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Keith Mansfield, dirigiendo una sesión para el sello KPM
Keith Mansfield, dirigiendo una sesión para el sello KPM

‘Anthology Editions’, el brazo editorial de del sello Anthology Recordings, debutó hace algún tiempo con un libro llamado «Flying Saucers Are Real!», escrito por Jack Womack, y ha continuado lanzando títulos cada vez más intrigantes que son tan llamativos visualmente como textualmente interesantes. El último, «Unusual Sounds: The Hidden History of Library Music», de David Hollander, no es diferente.

Al contar la historia de las discográficas que propulsaron el estilo ‘Library’ a finales de la década de los 60 y los primeros 70 del pasado siglo, todas ellas crearon LPs para cualquier tesitura que, también, abarcaban todo tipo de estados de ánimo. Estos trabajos, además, se impulsaron sin afán lucrativo, en el sentido de una distribución que llegase al gran público. ‘Unusual Sounds’ mira hacia una manera de entender el negocio de la música con la que muchos no solo no están familiarizados, sino que ignoran por completo. Como afirma el autor en su introducción, el mercado de reediciones para estos lanzamientos está prosperando, y es así porque gran parte del mejor material nunca fue elegido para su uso en una banda sonora, por lo que fue archivado.

Eso es porque, como Hollander deja en claro en el curso de este hermoso e interesante libro, la música ‘Library’ se compuso para ser utilizada más tarde. Fue escrita antes de su engarce en películas, televisión y radio, o, como finalmente sucedió, en su entrada al panteón del olvido. Por ejemplo, el hecho de que un compositor escribiera una canción llamada The House on the Hill (tema para una supuesta escena de casas embrujadas, con instrumentos de viento de madera y metal), no era garantía de que esa música se incrustase en un film. La quintaesencia del amor al momento que desprende quien entrega sin esperar contraprestación alguna.

Gracias a las entrevistas con compositores, ingenieros y demás cuadrilla de locos de la ‘Library Music’, Hollander se aproxima más que nadie hasta ahora a las tripas de un estilo que convivió con el crepúsculo de la psicodelia, la apertura del jazz a nuevos paisajes y el sonido incandescente de las orquestas. ‘Inusual Sounds’ escruta al detalle todos los sellos de la ‘Library’ británica, sin olvidar ‘labels’ europeos, tanto editores como distribuidores de los establos  KPM y Bruton Music. No llega, sin embargo, a mencionar las increíbles ediciones españolas de algunos artefactos ingleses, auspiciadas por Belter, capaz de hacer coexistir el folclore patrio con apuestas más arriesgadas.

Examinando cada faceta de la ‘Library Music’ (como el currículo que se exigía a los músicos para participar en los discos o aspectos sindicales que obligaban a los intérpretes ingleses a grabar en Francia), ‘Inusual Sounds’ es más que solo un vistazo a un tipo de música: se trata, sobre todo, de la aproximación a una orfebrería en la producción tristemente extinta.

Hollander también aborda aspectos cercanos al anecdotario cuando aborda la bulliciosa «Funky Fanfare» de Keith Mansfield, muy conocida cuando se la acompañó de letra; o «Heavy Action», de Johnny Pearson, utilizada en USA para ‘Monday Night Football’, el programa deportivo estrella durante más de 40 años.

Se trata, sin duda, de páginas fantásticas, que harán que cualquier lector asiente con la cabeza en reconocimiento a algunos de los nombres sorprendentes que han trabajado de forma anónima para dar forma a un sonido proteico. Como Piero Umiliani, Stelvio Cipriani, Ennio Morricone y similares, todos ellos cabezas de cartel y que compartieron gloriosos instantes con intérpretes que habían bebido del jazz de las ‘big bands’ sajonas de los 50, de la eclosión de la ‘era pop’, las lisergias y la apertura al mundo progresivo

Especialmente intrigante -más allá de las entrevistas con los que estaban allí en ese momento- es el gran volumen de fotografías con el que Hollander ilustra su trabajo. Ello incluye, además de las capturas entre bambalinas, docenas de portadas de álbumes que se presentan a todo color, lo que permite al lector obtener el efecto total de lo impactantes que fueron estos LPs, a pesar de estar hechos para un público casi tan especializado como aquellos que ahora los buscan en rastrillos benéficos y mercadillos.

David Hollander ha creado un libro que atrae al lector interesado en la historia, la música o las artes visuales. Quienes decidan ir de pesca se acercarán a él con el lógico recelo que despierta un estilo muy poco cotejado lejos de las Islas, pero que poluciona con arreglos infinitos, burbujas en permanente cosquilleo y el vértigo característico de unos años en los que la medición del riesgo nunca fue un obstáculo para respirar.

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