Canciones que retratan un siglo

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Frente al ideal de posguerra de "una mujer hacendosa, en una posición de subordinación", destaca cómo las canciones se fijaban más bien "en la perdida, la prostituta o la mantenida" del tipo de "La Bien Pagá"
Frente al ideal de posguerra de una mujer hacendosa, en una posición de subordinación, destaca cómo las canciones se fijaban más bien en la perdida, la prostituta o la mantenida del tipo de «La Bien Pagá»

¿Qué dicen de nosotros las canciones que escuchamos? Bajo esta cuestión arranca un ensayo que recorre el siglo XX español a través de su música y que, atendiendo al disenso en torno al himno nacional, arroja ya una clara conclusión para su autor, Fidel Moreno: «Somos un pueblo el libro al que le gusta discutir».

«Es una constante en la historia de España. Desde el siglo XIX, conforme perdemos importancia en el mundo, la falta de un enemigo exterior hace que nos peleemos entre nosotros, pero más que eso, subrayaría hasta qué punto esa manera de ser es un elemento que nos une; como diría Cernuda, hay una gran tradición de españoles sin ganas», afirma.

De su mano ha surgido «¿Qué me estás cantando? Memoria de un siglo de canciones»? (Debate), obra de más de 750 páginas que se guía por la premisa de la música como «artefacto comunicativo» y en que, «aunque en este país no estemos de acuerdo en la letra pequeña, sí lo estamos en la emoción».

Desde esa perspectiva, entre sus tesis personales expone «Ay, Carmela» como la primera canción nacional española frente al citado himno, la «Marcha Real», que en su opinión «es bastante fea y hace complicado que emocione», o el «Himno de Riego», que es posterior.

«En cambio, ‘Ay, Carmela’ surge con la Guerra de la Independencia, cuando se está creando la nación española moderna y los españoles se sienten sujetos de derecho… Y además en el estribillo integra la rumba, que es una de nuestras grandes aportaciones a la música», defiende.

Moreno (Huelva, 1976), escritor, periodista y músico bajo la identidad de El Hombre Delgado, ciñe su mirada a las canciones de sus abuelos y de sus padres hasta el día de su nacimiento, empezando el libro con una nana de su ámbito íntimo, «Cuando Vilar traiga el globo de París».

«Este ensayo trata de explicar mi vida y la historia de España del último siglo a través de las canciones más escuchadas (…), lo que las convierte en documentos privilegiados para saber cómo somos», escribe en el prólogo de una obra que tiene entre sus grandes alicientes el análisis de la evolución pública y privada de la mujer.

Así, frente al ideal de posguerra de «una mujer hacendosa, en una posición de subordinación», destaca cómo las canciones se fijaban más bien «en la perdida, la prostituta o la mantenida» del tipo de «La Bien Pagá». «Las mujeres en su casa se soñaban en esos amores de una sola noche, siendo arrastradas por el amor de un marinero, como en ‘Tatuaje'», indica.

Hasta llegar a la época de la canción de autor, con Mari Trini como gran baluarte de la ruptura con los cánones establecidos gracias a «Yo no soy esa», existe otro tema que llama la atención, «La chica yeyé», de Concha Velasco.

«Los fenómenos de modernidad siempre han sido recibidos con cierta discusión y eso se refleja aquí: hay una mujer tradicional que le dice al chico que, si lo que quiere es un ratito de amor, que se busque a otra. Pero es ambivalente, porque el ritmo lleva todo el veneno del rock and roll y de la liberación, como la propia interpretación de Velasco», indica.

Cambia también el reflejo del hombre, más sensible, como en «Palabras para Julia», en la que un padre conversa con su hija «de igual a igual», y más aun en «Y cómo es él», el tema que José Luis Perales compuso para un Julio Iglesias supuestamente herido por el abandono de Isabel Preysler, pero que retuvo para sí y publicó un año después de la aprobación del divorcio en España.

«Con los años cambian otras cuestiones como los umbrales del erotismo o del humor. Mi abuela se pondría caliente con una canción de Agustín Lara que hoy nos podría parecer incluso galante, mientras que hoy es el reguetón el que incita al folleteo o el rock and roll en su época», subraya Moreno, quien detiene su atención en un hito como «Bésame mucho».

El enfoque de análisis es unas veces de carácter estético o sociológico, en muchos casos apela a la memoria familiar y también se recrea en los debates etnomusicológicos, por ejemplo en cómo la evolución tecnológica ha afectado a las grabaciones y, por ende, en lo que escuchamos.

«En la posguerra hubo una época dorada por un público cautivo de la radio; cuando en los 60 se populariza el tocadiscos, la gente puede escuchar lo que quiere y hoy por hoy, con internet, se produce un fenómeno de fragmentación enorme, por eso cuesta que surjan canciones del verano como antaño», opina.

No obstante, Moreno no descarta una segunda parte que afronte un repaso similar desde 1976 hasta nuestros días. «Estamos tan inmersos y bombardeados por la agitación del momento presente que perdemos la perspectiva, pero siempre quedan canciones que impactan en el imaginario», afirma.

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