Días de swing y barcos con ritmo

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Ferdinand ‘Jelly Roll’ Morton
Ferdinand ‘Jelly Roll’ Morton

A comienzos del siglo XX, entre la población criolla hubo un gran número de adeptos al jazz y entre los pioneros destacan Manuel Pérez, rival de Buddy Bolden, el clarinetista Alphonse Picou y Papa Jack Laine. Los principales continuadores de este estilo fueron Kid Ory, el primero en crear una gran orquesta, Bill Johnson, creador del estilo pizzicato en el contrabajo, y los compositores Spencer y Clarence Williams, escritores de las piezas más conocidas del estilo Nueva Orleans.

No obstante, sin duda alguna, el mayor exponente de la música criolla de Nueva Orleans, fue Ferdinand Joseph La Menthe Morton, más conocido como Jelly Roll Morton. Su apodo «Jelly Roll» hacía mención a una especialidad pastelera, una especie de rollito de hojaldre relleno de crema que tenía una cierta connotación erótica. Jelly era un mulato de Louisiana de carácter orgulloso y fanfarrón. Sus comienzos se sitúan en Storyville, donde solía tocar en burdeles del Downtown. El carácter de Jelly se refleja en sus tarjetas de visita en las que se presentaba como «Inventor del jazz», rivalizando con el compositor W.C. Handy, que se consideraba también el padre de este tipo de música.

Jelly debe parte de su fama a su vida extramusical. A menudo andaba errabundo por las calles de Nueva Orleans y fue una muy pequeña parte de su tiempo la que empleó en trabajar como músico profesional. Jelly tenía fama de ser un empedernido jugador y un buen hombre de negocios.

La mejor actividad musical de Jelly Roll Morton se desarrolló durante los años veinte y en esa época escribió sus más grandes éxitos como «King Porter stomp», «Black botton stomp» y «The pearls». La música de Morton tiene una clara influencia de los rags del norte del país. Al igual que Scott Joplin, creador del ragtime, Jelly tenía una base musical de piano clásico que le permitió desarrollar un lenguaje musical mucho más amplio, junto a las influencias negras del estilo de Nueva Orleans. Morton fue también el primero en emplear la palabra swing referida a un ritmo musical. A pesar de poseer su propio grupo, los Red Hot Peppers, también grabó en solitario y en algunas ocasiones, acompañado por un trío o una orquesta.

El cierre de Storyville

En 1917, las autoridades de la ciudad, escandalizadas por el ambiente que allí se respiraba, decidieron clausurar el barrio de Storyville, perdiéndose así uno de los grandes reductos del jazz, la más importante música que habían producido los Estados Unidos. El gobierno cerró Storyville por considerarlo altamente peligroso para los marinos de la base militar establecida en la desembocadura del Misisipí. Esto produjo el desmantelamiento de los diversos lugares de diversión, dejando a la mayoría de los músicos sin trabajo.

La decisión provocó un auténtico éxodo: el jazz salió por fin de Nueva Orleans y subió por el río, primero en los barcos fluviales y luego asentándose en Kansas City y más tarde en Chicago. Las bandas de los barcos fluviales trabajaban sobre todo durante la época de verano, tratando de entretener a los pasajeros durante las calurosas noches a la orilla del río. Ese tipo de bandas no sólo fue el origen de la diáspora del jazz, el primer paso para unlversalizar esta música, sino el vivero de grandes músicos que luego dejarían su semilla en lugares distantes de la cuna, Nueva Orleans.

Por ejemplo, se cuenta que una de las futuras grandes estrellas de esta música, Bix Beiderbecke, oyó una de estas bandas y quedó impresionado por uno de los cornetas de la formación, que no era otro que Louis Armstrong. De su ejemplo surgió la afición al jazz de Bix.

Precisamente Louis Armstrong fue de los músicos que no abandonaron la ciudad con el cierre de Storyville y prefirió buscarse nuevos caminos musicales. Y uno de los más socorridos y populares eran las bandas funerarias. Desde que era pequeño, Louis conocía este tipo de bandas, que se dedicaban a acompañar con música los actos funerales. Armstrong fue uno de los muchos músicos espontáneos que se unían a la banda funeraria formando lo que se acabó denominando la Second Line o «segunda línea».

Este tipo de bandas se originan tras la emancipación de los negros, que recuperan la tradición africana de la cultura funeraria. El acto fúnebre se dividía en dos partes bien diferenciadas.

La primera consistía en el traslado del féretro al cementerio, recorriendo las principales calles de la ciudad. Una o dos bandas acompañaban el acto y la cantidad dependía de la posición social en que se encontrara el difunto. Las melodías que se interpretaban durante esta parte eran oraciones al Señor, en un tono lánguido que estimulaba el llanto de los familiares. Al llegar al cementerio, la banda esperaba fuera mientras el cortejo fúnebre efectuaba la inhumación.

Después del entierro comenzaba el viaje de vuelta del cementerio. Esta parte era de carácter alegre con la intención de levantar el ánimo de los familiares y amigos del muerto. Para ello la banda tocaba alegres tonadas, como las favoritas «When the saints go marching in» y «Oh didn’t the ramble». Era en ese momento cuando la Second Line se desataba al escuchar las primeras notas de estos temas. En la época en que Louis Armstrong tocaba en este tipo de bandas recibió un telegrama de King Oliver, su antiguo maestro, ofreciéndole unirse a una banda de Chicago.

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