Folclore en la jungla blanca

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Blind Willie McTell, uno de los muchos invidentes del blues en sus inicios fonográficos
Blind Willie McTell, uno de los muchos invidentes del blues en sus inicios fonográficos

Aunque los más conspicuos musicólogos, antropólogos y hasta sociólogos de color han intentado confirmar la africanidad del blues, está actualmente aceptado que el blues es exclusivamente una música americana, nacida al decantarse las diversas aportaciones que llegaron de África y al chocar contra la cultura dominante de los amos, que era básicamente la anglosajona. Los más acertados han llegado a encontrar en algunas zonas del África central una especie de cantos a base de pregunta y respuesta que consistían en unos pareados en los que un solista cantaba un verso y recibía la respuesta colectiva de un coro repitiendo esa misma línea musical.

Eso ha podido servir de base a la teoría de que desarrollando este elemento original, por medio de la evolución en tierras americanas, el blues puede ser una prolongación natural de aquellas raíces. Aunque ¿cómo compaginar los dos versos iguales del viejo canto africano con los doce compases y tres versos del blues americano? Una hipótesis es pensar que el solista prolongaba su verso original hasta convertirlo en dos de igual duración y el coro completaba el trabajo logrando así el resultado apetecido. La teoría puede tener visos de autenticidad o ser meramente una suposición. Lo cierto es que en los últimos cincuenta años no se ha encontrado en el folclore africano nada más parecido al blues que esos pareados a base de pregunta-respuesta.

A un aficionado normal, que no sea experto en música, esa teoría de los doce compases y los tres versos puede atragantársele cuando se escuchan obras tan prototípicas como el «St. Louis Blues» de Handy, según dicen, el primer blues que se editó en partitura, porque la obra de Handy tiene trece compases y es por tanto una transcripción culta de la vieja música tradicional. Además, el blues original no se cantaba ni en tono mayor ni en tono menor, que son las dos modalidades tonales y armónicas habituales en la música popular, sino en lo que los practicantes llamaban «tonalidad blues» o «modo blues», que consistía en ligeras variaciones tonales que no abarcaban las notas habituales de la música culta occidental.

Cabe suponer que los primeros cargamentos de esclavos llegados a América, además de desconocer la nueva lengua, seguían empleando su folclore como forma de expresión para bailes, alegrías, lutos y dolores. Y que los primeros cantos negros que se oyeron en las vastas plantaciones del Mississippi eran temas puramente africanos, sin mezcla blanca alguna. Pero fueron cientos los años de convivencia y los negros fueron adoptando costumbres y religiones blancas. En las iglesias protestantes el canto es parte fundamental de la liturgia y los fieles de color empezaron a cantar temas evangélicos que sutilmente empezaron a transformar. En las iglesias negras empezó a practicarse de nuevo el sistema de pregunta (la palabra del predicador) respuesta (la contestación de los fieles) y pronto nacieron modalidades en la música religiosa que se conocieron como gospel o negro spiritual.

Este tipo de música permitía además al pueblo sojuzgado expresar su protesta por medio de metáforas o parábolas de contenido bíblico. «Joshua fit the battle of Jericho», «We shall overcome», «Swing low, sweet chariot», «The upper room» y otros centenares de canciones del mismo tipo encontraban en el mundo espiritual, o en la otra vida, la justicia que la vida real negaba al pueblo negro. Cuando este tipo de canciones empezó a tratar temas profanos, no sin dificultades entre la propia comunidad negra que rechazaba por herético este uso de su acervo musical, el gospel empezó a dar paso al blues.

Quizás una de las más claras diferencias que se produjeron inmediatamente entre el espiritual y el blues fue el carácter colectivo, muchas veces de himno, de la música de contenido religioso y el profundo individualismo del blues, que solía ser el lamento personal de quien se sentía triste por la vida que llevaba o porque no lograba el amor de la persona deseada. El blues no estaba bien visto en las plantaciones, porque bajaba la moral del personal y porque a nadie le gusta escuchar protestas cuando puede evitarlas. Por eso hasta el final de la guerra civil, que significó la emancipación de los esclavos, el blues no logró la misma difusión que el gospel.

Pero cuando se abolió la esclavitud y miles de negros se vieron libres para moverse por el país y buscarse su propio modo de vida, el blues empezó a extenderse de la mano de cantantes vagabundos y pedigüeños callejeros. Las esquinas de las grandes ciudades se vieron sorprendidas por una auténtica invasión de cantantes populares que con sus guitarras y a veces armónicas o tablas de lavar, cantaban, gemían, gruñían o aullaban sus penas y dolores. Es significativo que entre las primeras figuras legendarias del blues varios fueran ciegos, porque en su enfermedad la música era una forma de ganarse la vida.

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