Zarandajas pecaminosas en el románico

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La publicación recoge los estudios y teorías de siete reconocidos investigadores que indagan en el significado de las imágenes románicas con una fuerte carga sexual y tratan de darles una explicación coherente, tanto desde el punto de vista religioso como desde el acercamiento a la sociedad medieval en la que fueron creadas
La publicación recoge los estudios y teorías de siete reconocidos investigadores que indagan en el significado de las imágenes románicas con una fuerte carga sexual y tratan de darles una explicación coherente, tanto desde el punto de vista religioso como desde el acercamiento a la sociedad medieval en la que fueron creadas

El sexo, la masturbación, el adulterio y la homosexualidad en la Edad Media es analizada a través del libro “Arte y sexualidad en los siglos del románico”, que reúne textos de siete investigadores en torno a imágenes románicas con fuerte carga sexual.

La obra editada por la Fundación Santa María la Real ahonda en la comprensión de estas piezas desde el punto de vista religioso y el acercamiento a la sociedad medieval.

Las esculturas románicas representan a hombres que muestran su pene erecto, mujeres que enseñan su vagina, parejas besándose o “muchos ejemplos de las escenas obscenas” que aún encontramos en arelos y pilas bautismales.

La publicación abre con el ensayo de Iñaki Bazán que aborda el concepto de sexualidad transgesora con especial atención con el adulterio, castigado en el plano moral, a través del pecado, y la justicia, como un delito.

Estas teorías buscan avanzar en el conocimiento de una temática tan sorprendente como cautivadora, por lo que no supone un punto final.

Miguel C. Vivancos aborda la sistematización de las penas y castigos para perdonar los pecados siguiendo libros penitenciales de algunos monasterios. En este escrito se muestra que el “aborto o infanticidio” no eran considerados pecados sexuales, sino se equiparaban al “homicidio” y se castigaban con penas de muerte, reducidas después a excomunión perpetua o diez años de penitencia.

Por otro lado, la homosexualidad masculina era considerada más grave que el adulterio, el incesto, la fornicación, el bestialismo, la masturbación o el lesbianismo.

Paloma Moral se dedica en su ensayo la relación entre la medicina y la religión. En la Edad Media esta materia sirvió para ahondar los problemas que podía ocasionar la castidad. Los clérigos no podían masturbarse, mientras las religiosas sí podían siempre que la practicaran con su propia mano o con un consolador de fabricación especial.

El texto de Alicia Migueléz aborda cómo el lenguaje gestual plasmado en las piezas contribuye a la Historia de las Emociones; Miren Eukene Martínez se adentra en la figura de la mujer como símbolo de la lujuria.

Este pensamiento misógino cristalizó a finales del siglo XI y que tuvo como impulsores a monjes y clérigos que hicieron de la naturaleza femenina un “sinónimo de tentación, sexo y pecado”, indica Pedro Luis Huerta.

Ee el penúltimo trabajo del libro, Agustín Gómez estudio las escenas de la concepción, gestación, alumbramiento y lactancia. Se aborda desde la perspectiva divina, a través de la virgen María, y el pecado en alusión al realismo de escenas procaces o grotescas.

José Luis Hernando cierra la obra con un texto que interpreta las representaciones obscenas y su valor apotropaico, es decir, para nautralizar las fuerzas del mal.

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