De Werther mejor ni hablar

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Enfocar el tema por el reportaje, no incluir fotografías, huir de grandes titulares y no citar detalles, cómo el método que usó la víctima (para evitar dar ideas) o si dejó una nota. Estas son algunas de las máximas que la OMS cita para que los medios de comunicación informen sobre el suicidio

El suicidio sigue siendo un tema “tabú” en la sociedad a pesar de que es la primera causa de muerte entre los jóvenes varones de 15 a 29 años y duplica el número de víctimas mortales por accidentes de tráfico desde hace varios años.

El efecto Werther fue el término designado por el sociólogo David Phillips en 1974 para definir el efecto imitativo de la conducta suicida. El nombre proviene de la novela “Las penas del joven Werther“, del escritor alemán Wolfgang von Goethe. En ella, el protagonista termina suicidándose por amor.

Fue tal su éxito que poco después de su publicación, en 1774, unos 40 jóvenes se quitaron la vida de forma muy similar al protagonista. Este extraño y macabro fenómeno propició la prohibición del libro en países como Italia y Dinamarca.

Basándose en casos similares, Phillips realizó un estudio entre 1947 y 1968 en el que halló datos reveladores. El mes siguiente a que The New York times publicara una noticia relacionada con el suicidio de alguien conocido la tasa de gente que se quitaba la vida aumentaba casi un 12%.

Este patrón se ha seguido repitiendo hasta día de hoy. A mediados de 2017, Canada trató de prohibir la serie “Por 13 razones” tras considerar que podría causar este mismo efecto. La Organización Mundial de la Salud incluso ha elaborado un documento con pautas a seguir para periodistas que informen sobre hechos relacionados con el suicidio.

Algunos expertos rechazan el efecto Werther en su totalidad, pero no sus matices. Opinan que sí es posible que personas con tendencias suicidas copien la forma de morir de personajes célebres, pero a su vez eximen a estos últimos de toda responsabilidad sobre las muertes ajenas.

“En España y en otros países del entorno, los hombres jóvenes se mueren por suicidio, pero ese dato no sale en los medios de comunicación y es sorprendente: nadie quiere ver el elefante que tenemos en la habitación”, ha asegurado el psicólogo y presidente de la Sociedad Española de Suicidología, Andoni Anseán.

Según ha dicho, en España y en todos los tramos de edad se suicidan una media de diez personas al día -en Euskadi hay una muerte cada dos días-, y a nivel mundial el suicidio genera más muertes que la suma de los homicidios y las víctimas de guerra.

Anseán, que también preside la Fundación Salud Mental España para la prevención de suicidios y transtornos mentales, ha indicado que en España se registraron 3.602 suicidios hace un año -se contabilizan cada dos años-, una cifra que creció durante cuatro años consecutivos hasta dicho año, en el que descendió en un 9 por ciento de media.

“Cuando ya creíamos que el motivo del aumento era la crisis económica, decrece en una cifra importante y vuelve a niveles de hace 5 años. Estamos despistados respecto a la causa”, ha reconocido este experto, que se encuentra en Bilbao para participar en unas jornadas organizadas por la Asociación Vasca de Suicidología.

Ha descartado que exista un perfil de suicida como tal, aunque en general las mujeres tienen más tendencia a protagonizar tentativas sin éxito y los hombres a consumar el suicidio, ya que utilizan “medios más letales”.

Por tramos de edad, ha destacado que un número alto de menores de 15 años presentan un “comportamiento autolítico, con independencia de que lleguen a suicidarse”, y ha asegurado que series de televisión como “Trece razones” o juegos que se distribuyen por internet como “La ballena azul” no aumentan este tipo de comportamientos.

“Son más mediáticos que reales, nadie se suicida por eso; es un disparate, simplemente no ocurre, pero parece que es noticia para los medios de comunicación, aunque los suicidios reales no lo sean”, ha precisado.

También ha afirmado que los casos de suicidio en esa edad “pueden estar relacionados con sufrir acoso escolar o no, hay muchos más motivos por los que sufren los chavales”.

Respecto al tramo de edad entre 15 y 29 años, ha resaltado que el suicidio es la primera causa de muerte entre los varones y ha evidenciado que “nadie quiere ver ese elefante en la habitación”.

En relación a la posible existencia de diferencias entre las diferentes comunidades autónomas, Anseán ha asegurado que “no se sigue un patrón” y se detectan distintos comportamientos en el marco de la misma comunidad, de una provincia o de una comarca.

“Las provincias que lideran la estadística de suicidios son Lugo y Málaga, una está en el norte de la península y otra en el sur. Asturias y Galicia siempre presentan las tasas más altas y Extremadura y Madrid, las más bajas. Incluso hay un triángulo de pueblos en el sur de Andalucía que tiene tasas disparatadas de suicidio”, ha puesto como ejemplo.

Este experto ha considerado el suicidio como “un problema de salud pública que se lleva por delante a muchísimas personas al año” y frente al que las administraciones públicas “podrían hacer mucho más de lo que hacen porque se hace bastante poco. Es una asignatura pendiente”, ha puntualizado.

Ha reclamado al Ministerio de Sanidad una estrategia de prevención del suicidio en el Sistema Nacional de Salud, “al igual que existen otras estrategias para otros asuntos, como la violencia machista”, aunque ha admitido que “de momento, no parece que se vaya a elaborar”.

También ha demandado a las comunidades autónomas que creen planes integrales para hacer frente a este problema y ha confiado en que las autonomías, al menos, tengan “alguna actuación de prevención”.

Ha reconocido que algunos suicidios quizás no sean evitables, pero “otros sí lo son” y para conseguirlo “hace falta que el sistema sanitario, social y educativo, y la sociedad en general, estén sensibilizados y concienciados de que existe ese problema, y a partir de ahí estudiar qué podemos hacer”.

Andoni Anseán ha recordado que detrás de un suicidio “siempre hay sufrimiento” y ha indicado que en muchos casos también se detecta un trastorno mental diagnosticable, en un 60 por ciento de los casos como depresión.

“Un punto clave sería que esas personas acudieran al sistema sanitario y que este sistema estuviera preparado para ayudarles; de hecho en el 18 por ciento de los suicidios, esas personas habían acudido ese mismo día al médico, pero para hablar de sus dolores y no de sus intenciones suicidas”, ha dicho.

Según Anseán, se trata de un tema que sigue siendo “tabú” en la sociedad por motivos culturales y sociales, y también entre el personal sanitario, porque carece de conocimientos para gestionarlo y manejarlo.

También ha considerado que los medios de comunicación deben informar sobre los suicidios, sin temer el “efecto llamada”, aunque ha precisado que la Organización Mundial de la Salud (OMS) elaboró una guía sobre “la forma de informar: sin fotos, sin dar detalles sobre la forma de morir… Lo que mata es silenciar el suicidio”, ha sentenciado.

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