Éxtasis y muerte sin procrastinación

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Desgraciadamente, Morgan, al igual que muchos otros músicos de jazz, especialmente los admiradores del desastrado Charlie Parker, se hizo adicto a la heroína, y llegó a tal estado de deterioro físico y musical que fue expulsado de los Messengers –cuyos integrantes distaban mucho de ser unos puritanos– y terminó viviendo como un indigente en Nueva York, literalmente lleno de heridas y rumbo a una predecible muerte temprana. Fue entonces que conoció a Helen, una mujer trabajadora y de vida difícil, más de una década mayor que él, quien lo mantuvo durante su desintoxicación y luego se convirtió en una combinación de manager, enfermera, esposa y figura maternal, haciendo posible que el músico lograra una de las más notables rehabilitaciones en el marco de una generación llena de heroinómanos, y que permaneciera limpio de drogas hasta su muerte, desarrollando una obra que llegaría al cenit con el disco The Sidewinder (1964), que extrañamente (para una grabación instrumental y de hard bop) se convirtió en un gran éxito comercial.
Desgraciadamente, Morgan, al igual que muchos otros músicos de jazz, especialmente los admiradores del desastrado Charlie Parker, se hizo adicto a la heroína, y llegó a tal estado de deterioro físico y musical que fue expulsado de los Messengers –cuyos integrantes distaban mucho de ser unos puritanos– y terminó viviendo como un indigente en Nueva York, literalmente lleno de heridas y rumbo a una predecible muerte temprana. Fue entonces que conoció a Helen, una mujer trabajadora y de vida difícil, más de una década mayor que él, quien lo mantuvo durante su desintoxicación y luego se convirtió en una combinación de manager, enfermera, esposa y figura maternal, haciendo posible que el músico lograra una de las más notables rehabilitaciones en el marco de una generación llena de heroinómanos, y que permaneciera limpio de drogas hasta su muerte, desarrollando una obra que llegaría al cenit con el disco The Sidewinder (1964), que extrañamente (para una grabación instrumental y de hard bop) se convirtió en un gran éxito comercial.

Al escuchar las mejores grabaciones de jazz es posible intuir la esencia de un estilo, y hasta resulta probable predecir su evolución, pero al fin y al cabo el camino es impredecible. Para ese fin, “I Called Him Morgan” de Kasper Collin no sólo se revela como el mejor documental de jazz desde “Let’s Get Lost”, sino una pieza seminal para entender este género. Encantador, mercurial, alucinante, exuberante, trágico … Oh, demonios, esas son muchas palabras pesadas, pero ¿has escuchado la música de Lee Morgan? Más importante aún, ¿conoces la historia de su vida?

Es posible que Lee Morgan haya sido uno de los trompetistas más importantes del jazz, pero no tiene el nombre familiar de Louis Armstrong, Dizzy Gillespie o Miles Davis. Desafortunadamente, como Bix Beiderbecke y Clifford Brown, murió demasiado joven. Si bien la producción de Morgan como líder de su propio grupo de trabajo es sobresaliente (puedo recomendarte The Sidewinder, The Gigolo o quizás incluso The Rumproller ), también fue miembro clave del sonido clásico Blue Note supervisado por los productores Alfred Lion y Francis Wolff, así como el ingeniero Rudy Van Gelder.

Aparece Lee junto a John Coltrane en el legendario álbum “Blue Train” de 1957 . Y ese es Lee como parte de los Jazz Messengers, el supergrupo liderado por el baterista Art Blakey, quien inventó aparentemente el subgénero conocido como hard bop. Para los profanos, este sonido es la tonadilla que te acompaña mentalmente cuando piensas en el jazz. Y es Lee Morgan tocando la bocina. Y es el chillido de Lee Morgan en el segundo 0:59 de Moanin’ lo que le da a esta forma de arte su calidad inefable.

Lee Morgan era un baladista y un trompetista de hard bop absolutamente espectacular y con una personalidad única, uno de los pocos ejecutantes de su instrumento y su tiempo que no le debía nada al influyente Miles Davis (aunque sí al ahora un tanto olvidado Clifford Brown).

Pero “I Called Him Morgan” está lejos de ser un documental tradicional. Su historia dentro de una historia comienza con una entrevista de 2013 con Larry Reni Thomas, un profesor de Carolina del Norte que resulta ser un legendario DJ de jazz. A mediados de la década de 1990, cuando saludaba a los nuevos estudiantes en una clase de educación para adultos, se dio cuenta de que su nueva alumna (cerca de los 70 años) era Helen Morgan, la viuda de Lee. En 1996, Thomas se sentó con una grabadora barata y le hizo preguntas. Un mes después ella murió.

Collin recoge el testigo de esas grabaciones, sin etiquetas, marcadas por chirridos y silbidos, y de ellas emerge el fantasma de una voz. Helen Morgan nació en la década de 1920 en una zona rural de Carolina del Norte, tuvo dos hijos fuera del matrimonio a los 13 y 14 años, y luego se fue a Nueva York a los 17 años después de que su nuevo esposo falleciese en un accidente. Consiguió un trabajo en un servicio de contestador, y su departamento, ubicado cerca de todos los hotspots de jazz en West 53rd street, se convirtió en un refugio para músicos, principalmente porque estaba orgullosa de su cocina y estaba lista para alimentar a cualquiera que pegase a su puerta.

Al mismo tiempo, Lee Morgan era la joven maravilla en la escena. Collin rastrea su etapa con los Jazz Messengers utilizando una avalancha de fotografías destacadas con música. Los comentarios de Wayne Shorter, Tootie Heath, Larry Ridley y otros ofrecen una perspectiva, pero no pueden superar el remolino de imágenes que edulcora el documental. En 1964, Morgan grabó “Search for the New Land” (un argumento precursor al jazz espiritual del “A Love Supreme” de John Coltrane o “Karma” de Pharoah Sanders) pero, para ese entonces, tenía una adicción a las drogas debilitante.

Lee y Helen finalmente chocaron en 1967. Estaba atascado y congelándose en la calle, y ella lo trajo del frío. En la cinta de audio de Thomas, su recuerdo es  tierno y  triste. “¿Por qué no tienes un abrigo?”, repite, con voz delgada y temblorosa.

Aunque 13 años mayor que él, se convirtió en su amante después de ser su enfermera. Una vez que estaba limpio de drogas, se mudaron al Bronx y él recomenzó su carrera, con ella como su mánager. Pero su relación no era tradicional. Nunca se casaron formalmente y el hijo de Helen tenía la misma edad que Lee. Aunque sin heroína en la sangre, daba la impresión de que Lee Morgan todavía estaba en la niebla, y cuando comenzó una relación con una nueva mujer de Nueva Jersey, los problemas crecieron y la pareja se desintegró.

El 19 de febrero de 1972, Lee Morgan y su quinteto estaban actuando en el club Slugs en la Calle 3ª, al sureste de Manhattan. Aquella noche se presentó en el local su compañera sentimental de la que se había separado recientemente. Discutieron en la barra del bar acaloradamente entre pases y al poco la mujer se fue airada. No consiguió convencer a Lee Morgan de que volviera con ella. Al rato, Helen volvió al local y en pleno escenario cuando Lee Morgan tocaba su ultimo tema sacó de su bolso un revolver calibre 32 con el que mató al músico de un certero y trágico disparo. Eran las 2:45 de la madrugada y Morgan falleció instantáneamente de un balazo en el corazón.

Lee Morgan, se fue con apenas treinta y cuatro años, pero en ese breve periodo de tiempo, consiguió dejar para la posteridad un enorme y soberbio legado musical repartidos a lo largo de mas de setecientos temas. Toda una proeza que muy pocos consiguen.

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