Los años gañanes del punk

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The Ramones, una banda predecible y con un merchandising 'post mortem' notable
The Ramones, una banda predecible y con un merchandising ‘post mortem’ notable

De la misma manera que se apunta al 23 de abril de 1976 como el día de la explosión punk con la llegada a las tiendas del disco debut de los Ramones, se puede perfectamente considerar el 6 de agosto de 1996 como el momento exacto en el que todo acabó cuando Joey, Johnny, Marky y CJ apagaron sus amplificadores y solo un leve zumbido quedó fluyendo en el vacío Hollywood Palace de L.A.

Se había acabado, sin más, después de 22 agotadores años de entrega total con un total de 2.263 conciertos, según las propias notas del obsesivo y marcial guitarrista Johnny Ramone (fallecido en 2004). Había llegado el momento por diversos motivos: la banda estaba quemada tras dos décadas de batalla contra el mundo, las relaciones entre ellos no eran buenas, el vocalista Joey estaba ya enfermo (falleció en 2001) y Johnny tenía “suficiente dinero para vivir sin trabajar”.

“La actuación fue la número 2.263. Estaba feliz de retirarme y de haber conseguido lo que hacía tantos años me había propuesto: tener dinero suficiente para vivir sin trabajar. Y pude vivir de los derechos de autor prácticamente sin tocar mis ahorros. Llegamos a ser más famosos tras nuestro retiro de lo que jamás pude imaginar”, apunta el guitarrista en su autobiografía ‘Commando’.

Así que allí se plantó el cuarteto después de una exitosa y lucrativa gira por estadios sudamericanos en la que constataron que al fin eran reconocidos y disfrutaban del éxito. Quizás internamente, aunque no lo supieran realmente, eso también les llevó a parar la maquinaria, pues después de tanto tiempo siendo los bichos raros, habían conseguido ser iconos vivientes del punk rock y disfrutar de su merecido estatus.

Sencillamente sucedió, eso también, que hay que ser muy honesto con uno mismo para saber cuando algo se ha acabado. Y si ha habido un grupo que pueda presumir de honestidad, esos son los Ramones. “Tal vez debería haber una edad de jubilación forzosa en el rock y seguramente yo ya la había superado a los 47 cuando me retiré”, reflexiona Johnny en ‘Commando’ antes de añadir: “Nunca en los noventa vi un grupo que me hiciera pensar que eran mejores que nosotros, y eso que tocábamos con buenas bandas”.

Llegados a ese punto, el concierto de despedida se programó para el 6 de agosto de 1996 en el Hollywood Palace y contó con un puñado de amigos cercanos de la banda como Eddie Vedder de Pearl Jam, Chris Cornell y Ben Shepherd de Soundgarden, Lemmy de Motörhead (fallecido en 2015) y Tim Armstrong y Lars Frederiksen de Rancid. También invitaron al bajista original, Dee Dee (fallecido en 2002), que se olvidó la letra del tema ‘Love Kills’. Todo quedó registrado para la posteridad en el directo muy apropiadamente titulado ‘We’re Outta Here!’

“El concierto se filmó, lo que ya fue un problema por la presión que imponía para que subieran al escenario a tocar con nosotros algunos de nuestros invitados. Así que tuve que preocuparme de todo. Así que terminó como siempre, conmigo haciendo un montón de cosas”, escribe de nuevo Johnny Ramone en sus memorias, en las que como puede apreciarse no pierde su habitual mano dura.

Una vez la música dejó de atronar y el público abandonó el lugar, los músicos hicieron lo mismo sin aspavientos, sin dramas… sin decirse ni adiós. Lo cuenta el baterista Marky en su propia autobiografía: “En el camerino no hubo adioses ni palmadas en la espalda. Estábamos a lo nuestro. Había demasiado que decir y ningún motivo para intentarlo. Me pareció que terminar con un buen concierto, sólido y profesional, era algo muy Ramones. Tocar para un aforo intermedio era muy Ramones. Hacer lo que nos gustaba entre amigos, sin ponernos dramáticos ni cursis, era muy Ramones”.

Todos los integrantes del grupo hablaron sobre sus sentimientos años después en el libro ‘En la carretera con los Ramones’, concebido por Monte A. Melnick, quien fuera su road manager, asistente y prácticamente niñera. “Eso fue todo. Se había acabado. No me despedí de nadie. Quería salir de allí. Me largué, me compré un helado, volví al hotel y me puse a ver la tele”, recuerda Marky.

En ese mismo libro, Johnny asegura que “es muy extraño saber que nunca vas a sentir de nuevo lo que es tocar en un escenario”. “Pero es preferible dejarlo antes que subir y no ser capaz de hacerlo en el nivel que los fans esperan”, destaca el guitarrista, quien agrega: “Y eso fue todo. Toqué y me las piré. No sentí mucho. Llevaba 22 años haciéndolo. De haber quedado algo más por hacer, lo habría hecho”.

Por su parte, Joey reconoce en el libro de Melnick que tuvo “emociones encontradas al respecto” del fin del grupo, pues “aquello era lo que había estado haciendo durante más de veinte años”, mientras que el bajista CJ señala que “el modo en que acabó, largándose todo el mundo al final de la noche, fue bastante apropiado”. “Yo ni siquiera me despedí de nadie”, rememora.

De nuevo toma la palabra Johnny en su autobiografía: “Tras el último acorde de la versión de ‘Any way you want it’ de Dave Clark Five, y de marcharme del Palace aquella noche, no acababa de creerme que se había acabado. No estaba seguro de que no volviéramos a tocar de nuevo pero no les dije nada a los muchachos y me fui, como había sido siempre en mi vida”.

“Trataba de no sentir nada y la ira que siempre llevaba conmigo se había vuelto un afinado tono de diapasón muy próximo a la calma. Estaba listo para el resto de mi vida, aunque lógicamente sí tenía cierto sentimiento de pérdida, aunque entonces no quisiera admitirlo”, añade el guitarrista, quien admite también que de alguna manera pensaba que la historia de Ramones no había acabado definitivamente.

Desvela también Johnny, por si alguien tenía alguna duda, que las rencillas internas también tuvieron que ver con el fin de la banda. “Pensaba que a los fans no les haría ninguna gracia saber que los de su banda favorita se despreciaban entre sí. Quieren creer que somos amigos, pero eso es solo cara a la galería”, subraya en ‘Commando’.

En cualquier caso, tras esta última actuación en el Hollywood Palace les hicieron una gran oferta para volver a Sudamérica para dar algunos conciertos de despedida por más dinero del que jamás habrían imaginado, con lo que la opción de seguir un poco más estuvo realmente sobre la mesa. Pero Joey dijo que estaba cansado y se generó la disputa final. “Si no tocamos ahora, no vuelvo a tocar nunca más”, sentenció Johnny. Y así fue. Así de ‘ramoniano’ fue el desenlace.

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