Vudú para las masas

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John Lee Hooker, nacido el 20 de agosto de 1917 en Clarksdale, Missisipi, recibió sus primeras clases de música de su padrastro, el músico Will Moore. En su juventud, conoció a leyendas del blues como Charley Patton, Blind Lemon Jefferson o Blind Blake
John Lee Hooker, nacido el 20 de agosto de 1917 en Clarksdale, Missisipi, recibió sus primeras clases de música de su padrastro, el músico Will Moore. En su juventud, conoció a leyendas del blues como Charley Patton, Blind Lemon Jefferson o Blind Blake

¿Cuánto debe esperar un músico para que se valore el resultado de sus trabajos? ¿Cuánto tiempo debe transcurrir desde que se planta una semilla creativa hasta que se recoge su primer fruto? John Lee Hooker tenía 33 años cuando obtuvo su primer gran éxito en 1950: se trataba de la canción ‘I’m in the mood’, que ganó un disco de oro y llegó a los primeros puestos de las listas de rhythm and blues. Ya era un hombre hecho y derecho, marcado por la vida. No podía prever que cuarenta años después seguiría en el show business demostrando la eterna fuerza del blues. Y tampoco podía prever que precisamente ‘l’m in the mood’ (en una versión cantada a dúo con Bonnie Raitt) le permitiría ganar un premio Grammy en 1990, a los 73 años.

La vida de Hooker, uno de los padres absolutos del blues moderno (tanto en su faceta acústica como en su versión eléctrica, de la que sería un auténtico maestro), ha sido una permanente apuesta: una apuesta consigo mismo, con los demás, con el mundo de la música blanca. En los momentos difíciles esperó pacientemente a que las cosas cambiaran, armado con aquella filosofía profunda que sólo tienen las gentes del Sur, habituadas a los lentos ritmos estacionales…

«Desde niño siempre he tocado sólo porque quería hacerlo (afirmó en una de las numerosas entrevistas que le hicieron tras ganar el premio Grammy). No creo que haya salido nunca al escenario pensando que estaba trabajando o que lo hacía por dinero. Todo lo contrario, siempre he pensado que soy muy afortunado porque el buen Dios me ha concedido este don y porque he podido vivir haciendo lo que siempre he querido.» Sólo así se explica la larga carrera de John Lee Hooker. Otros fueron estrellas de pocos años, brillaron durante algún tiempo con una luz deslumbrante; en cambio, Hooker es el ejemplo de una dedicación constante a una música, el blues, que con el paso de los años modifica y enriquece con nuevas experiencias y también con nuevos matices, aunque siempre esté ligada a aquella fórmula base aprendida cuando era niño en el delta del Mississippi.

John Lee Hooker nació el 22 de agosto de 1917 (aunque hay quien afirma que fue en 1920) en Clarksdale, Mississippi. Fue el cuarto de once hermanos, hijo de un ministro de la iglesia baptista que murió cuando él aún era niño. Su madre contrajo segundas nupcias con Will Moore, un cantante y guitarrista de blues bastante famoso en la zona. Fue este músico quien le enseñó a tocar la guitarra, un instrumento que nunca abandonaría… «Él solía estar fuera de casa y yo cogía su guitarra y la tocaba tratando de imitar los sonidos que él le arrancaba.»

También ejercía una gran fascinación sobre el pequeño John Lee el grupo de amigos de su padrastro, que se ganaban la vida viajando por toda América y que contaban historias de grandes ciudades con rascacielos altísimos y hombres riquísimos (blancos, por supuesto). En la pobre América rural de los estados sureños estas historias era el único medio por el que un negro podía hacerse una remota idea de la nación en que vivía. Entre los muchos amigos de Moore, también estaba el legendario guitarrista Blind Lemon Jefferson. «Era un gran músico. Yo tenía diez años cuando vino un día a casa con su guitarra y se pasó toda la noche tocando de un modo delicioso. Yo imaginaba que tocaba sólo para mí y quizá fue aquella misma noche cuando decidí que de mayor yo también sería músico.»

Hooker comenzó a cantar espirituales en la iglesia, la primera forma artística de la población negra, la más ligada a la necesidad de una esperanza en un futuro mejor. «Yo canté espirituales durante cinco o seis años. Iba a la iglesia. Mi madre estaba muy contenta, y yo también. La función de los domingos era un momento de gran importancia, y yo era muy popular. Pero, luego, al crecer, me interesé por el blues. En parte me enseñaba mi padrastro y, en parte, lo aprendía por las noches con mis amigos.

Estaba realmente fascinado: despué de la atmósfera sagrada de las canciones religiosas para mí era un gran descubrimiento escuchar que también se podía cantar sobre las cosas terrenas, como el sexo, el trabajo, las mujeres y el dinero.»

Y a los quince años, John Lee Hooker ya estaba en la calle, como era costumbre en las familias que mandaban a sus hijos mayores en busca de trabajo lejos de casa. Hooker fue a parar a casa de una tía suya, y, durante algún tiempo, trabajó en una sala de cine, también frecuento una escuela y, por primera vez, tuvo algunos dolare en el bolsillo. Así pudo comprarse una verdadera guitarra y profundizar en su gran pasión: «Pero nunca quise hacer las cosas en frío. Siempre pensé que si realmente valía, antes o después llegaría mi momento. Pero no creía que debería buscarlo o provocarlo de alguna manera.»

En 1943 se trasladó a Cincinnati, Ohio, pero también esta vez prefirió compaginar la música con otros trabajos (asistente en un hospital, mecánico en un garaje). Llevó esta vida durante años: Hooker era demasiado tímido para entrar de lleno en la música, prefería trabajar en una fábrica de coches y divertirse por las noches con su guitarra.

Pero en 1948 Hooker fue descubierto durante una serie de actuaciones en el «Sensation», un club de Detroit, la ciudad a la que se acababa de trasladar. Su descubridor fue Elmer Barbee, el propietario de una gran tienda de discos. Barbee intuyó las posibilidades del cantante y guitarrista y se ofreció como manager. En un primer momento, Hooker rechazó la oferta, tenía miedo, pero luego decidió probar esa clase de vida durante unos meses, «tal vez un año», según él dijo. Barbee le procuró un contrato con Modern Records y, en 1948, a los 31 años, Hooker entró por primera vez en un estudio de grabación. «Me parecía estar soñando, nunca había estado en un lugar parecido. Todo era reluciente y había muchos blancos que me trataban con respeto. No sabía si podía sentarme, no sabía nada de nada. Estaba aterrorizado.»

De aquella primera experiencia, que tuvo una gran importancia, salió el disco ‘Sally Mae’, con ‘Boogie chillun’ en la cara B. Fue precisamente esta última la que gustó al público. En breve, el single vendió un millón de copias en el mercado de música negra, un resultado que nadie había previsto El estilo de Hooker era sencillamente estremecedor: acompañado tan sólo por su guitarra acústica y por golpes con el pie, Hooker modulaba una voz profunda que sabía ser un lamento, un sentimiento. «Es un estilo que nunca planeé. Nací así, es mi forma de cantar».

Durante algunos años, Hooker sería la figura incuestionable del blues y aprovechó su momento de gran popularidad grabando muchos discos para varias compañías con diversos pseudónimos (Birmingham Sam, John Lee Booker, Texas Slim, Boogie Man, Delta John). Simultáneamente se estaba formando un auténtico movimiento de resurgimiento de blues: sobre todo, fueron los jóvenes intelectuales blancos quienes se interesaron en aquella forma de música que, con el jazz y el country, representaba el alma de la América rural (uno de los que devoraban sus discos era un chaval de Minnesota que se hacía llamar Bob Dylan).

En 1959 Hooker firmó un contrato con la Riverside (compañía especializada en música popular y en jazz), iniciando así uno de los períodos más ricos de su carrera. En 1960 fue invitado al festival de Newport y, por algún tiempo, Hooker vivió en Nueva York frecuentando el circuito de los locales de Greenwich Village, respetado y estimado (e incluso imitado) por personajes como Pete Seeger, Joan Baez y el propio Dylan.

Precisamente en los años sesenta, su estilo se modificó: se electrificó y se hizo más accesible al gran público, hasta el punto de que en 1962 grabó ‘Boom boom’, tema que entró en las listas de pop. Y fue precisamente este tema el que provocó el descubrimiento de Hooker por parte de los jóvenes grupos de blues blanco de aquellos años: los Them de Van Morrison hicieron una furibunda versión de ‘Boom boom’ y otros grupos (Animals, Canned Heat, John Mayall, Groundhogs, Spencer Davis Group, J. Geils Band, George Thorogood) incluyeron, cada vez con mayor frecuencia, temas de este bluesman en su repertorio. En 1970 Hooker se trasladó a California, donde continuó su intensa actividad.

Muchos blancos le pidieron su colaboración: es el caso de Canned Heat (con quienes grabó el doble álbum ‘Hooker and Heat’, de 1971) y de Van Morrison, quien participó en un disco del vocalista, ‘Never get out of this blues alive’. Con el tiempo, la escena musical cambió, pero eso no era algo que preocupara a Hooker: siguió tocando por pasión y por inspiración, trabajó mucho en el circuito internacional de blues y se mantuvo en óptima forma. También fue invitado a actuar en la película The Blues brothers… El un par de años, el ya anciano músico, dejó a todos apabullado con infinidad de proyectos. Colaboró con Pete Townshend en la ópera rock ‘The iron man’; grabo el álbum ‘The healer’, que vendio un millón de copias en todo e mundo gracias a una serie de canciones que interpretó a dúo con una serie de músicos que podrían ser sus hijos (Carlos Santana, George Thorogood, Los Lobos, Bonnie Raitt, con quien ganó e Grammy); entró en el «Rock’n’roll Hall of Fame»; colaboró en algunos temas de la banda sonora de ‘Hot spot’ y por último, en 1991 grabó ‘Mr. Lucky’, en el que también participaron prestigiosos colegas (Van Morrison, Keith Richards, Robert Cray, Johnny Winter, John Hammond, Albert Collins, Ry Cooder, Nick Lowe).

«Me hubiera gustado mucho tocar también con Steve Ray Vaughan, era un chico que me gustaba mucho», dijo lamentando la prematura muerte del guitarrista texano. Hooker añade: «La vida es así. Un paso tras otro con la ilusión de llegar quien sabe a dónde para luego encontrarse con vete a saber qué. Pero la música existe por eso mismo, para iluminar el camino también por la noche.»

Hooker grabó más de 100 discos y vivió los últimos años de su vida en San Francisco, donde tenía un club llamado el «Boom Boom Room», por uno de sus éxitos. Murio el 21 de junio del 2001 en Los Altos, California.

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