Clifford D. Simak, el cosmos que huele a hierba

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Simak creía que la ciencia ficción no basada en hechos científicos era responsable de que el género no se tomara en serio, y declaró que su objetivo era hacer del género una parte de lo que él llamó "ficción realista"
Simak creía que la ciencia ficción no basada en hechos científicos era responsable de que el género no se tomara en serio, y declaró que su objetivo era hacer del género una parte de lo que él llamó “ficción realista”

Clifford Donald Simak (3 de Agosto 1904-25 de abril 1988) es uno de los autores de la Edad de oro de la ciencia ficción, admirado por autores como Asimov o Heinlein.

Su labor como escritor del género comenzó en la década de los 30 y se prolongó hasta practicamente su muerte. Son novelas suyas Ciudad (1953, International Fantasy Award), Estación de tránsito (Premio Hugo, 1964) o Herencia de estrellas (Premio Júpiter, 1978).

Hijo de un inmigrante polaco, nació en Milville, un pequeño pueblo de Wisconsin, y se crió allí, con su hermano, en el ambiente rural de la granja paterna. Luego estudió en la Universidad de Wisconsin.

Tras licenciarse, trabajó en Wisconsin como profesor de primaria. En 1929 se casó con Agnes Kuchenberg, con quien tuvo dos hijos. El nacimiento de estos hijos fue uno de los motivos que lo indujeron a buscar trabajos más lucrativos, y así comenzó a trabajar como periodista en diferentes diarios y comenzó también su carrera como escritor de ciencia ficción. En 1939 entró a trabajar en el Minneapolis Star and Tribune de Minessota, donde se jubilaría en 1976.

Su afición por el género nació leyendo a H.G Wells y su contribución a él se prolonga a lo largo de medio siglo. Comenzó en las revistas pulp (1931-33) y después, tras la llegada de Campbell (1937), fue colaborador asiduo de Astounding Stories. No se dedicó a la ciencia ficción en el período intermedio porque no le gustaba la dirección que estaba tomando.

En sus obras Simak ha tratado prácticamente todos los temás de la “cifi”: viajes en el tiempo, mundos paralelos, mutantes, androides, y ha tocado también el mundo de la fantasía. El toque bucólico y de apego a la naturaleza, donde se reconoce fácilmente al hombre de origen campesino, es quizá su marca de fábrica.

Aparte del reconocimiento a toda su carrera con el Damon Knight Memorial Grand Master (prácticamente el Nebula honorífico) en 1976 y el Bram Stoker en 1988, sus obras fueron galardonadas en diversas ocasiones: tres Hugos (la novela corta Un gran patio delantero en 1959, la novela Estación de tránsito en 1964 y el relato corto La gruta de los ciervos dannzarines en 1981), un Nebula, un Locus (en 1981, al mismo relato), un International Fantasy Award (mejor novela, a Ciudad, en 1953) entre otros premios y nominaciones adornan su carrera.

Simak escribió ciencia ficción sociológica —colaboró por ejemplo durante el primer ciclo de Venture Science Fiction—, pero también planteó en sus obras los problemas del tiempo, de la técnica y del futuro. En algunas de sus obras, Simak resucita dragones, fantasmas, silfos, gnomos y hadas en universos donde luchan terrestres y extraterrestres.

La obra de Simak ha tratado temas como la sociología, la técnica y las paradojas temporales. Han llegado a catalogar su obra como ciencia ficción pastoral. Este adjetivo puede resultar sorprendente, pero profundizando en sus novelas y relatos, resulta apropiado, ya que Simak ha conjugado los temas clásicos del género (robots, viajes interestelares, Viajes en el tiempo, universos paralelos…) con el amor por la naturaleza, y por las pequeñas comunidades rurales del Oeste americano. Esto da a su obra un cierto tono onírico y fantástico que lo asemeja a Ray Bradbury. Además, llevó adelante una amplia labor divulgativa como coordinador de la Minneapolis Tribune’S Science Reading Series.

Simak escribió numerosos cuentos y novelas de ciencia ficción, destacando por “Ciudad”, obra que le valió premios tan importantes como el International Fantasy Award y el Premio Hugo. Posteriormente su estilo se adaptó a nuevas tendencias como la New Wave, llegando a ser escogido en 1976 como Gran Maestro por la Asociación Americana de Escritores de Ciencia Ficción.

El tema religioso a menudo está presente en la obra de Simak, pero los protagonistas que han buscado a Dios en un sentido tradicional tienden a encontrar algo más abstracto e inhumano. Hezekiel en A Choice of Gods no puede aceptar esto. Cita: “Dios debe ser, para siempre, un caballero amablemente viejo (humano) con una barba larga, blanca y fluida”.

Muchos de sus extraterrestres tienen un sentido del humor seco y de otro mundo, y otros son involuntariamente divertidos, ya sea en su discurso o en su apariencia.

Las historias de Simak a menudo repiten algunas ideas y temas básicos. Lo primero y más importante es un entorno en la zona rural de Wisconsin. Un personaje de madera de bosque crujiente individualista literalmente viene con el territorio, el mejor ejemplo es Hiram Taine, el protagonista de The Big Front Yard . El perro de Hiram “Towser” (a veces “Bowser”) es otra marca registrada de Simak que es común en muchas de sus obras. Pero el entorno rural no siempre es tan idílico como aquí; y en Ring Around the Sun está dominado en gran medida por la intolerancia y el aislacionismo.

El viaje en el tiempo también juega un papel importante en Time and Again, ingeniosamente construido, que luego se aventura en la metafísica. Un viajero espacial perdido desde hace mucho tiempo regresa con un mensaje que tiene un sesgo Ciencia Ficción y un tono religioso. Habiéndose estrellado en un planeta, él es nutrido por espíritus duplicados etéreos ¿Almas? que parecen acompañar a todo ser consciente durante toda la vida. Sus confusas observaciones son aprovechadas por facciones religiosas, y un cisma amenaza con estallar en una guerra en la Tierra.

Inteligencia, lealtad y amistad, la existencia de Dios y las almas, los beneficios inesperados y el daño de la invención, herramientas como extensiones de la humanidad, y más preguntas a menudo son exploradas por los robots de Simak, a quienes usa como “humanos sustitutos”. Sus robots comienzan como agradables personas mecánicas, pero se transforman de maneras sorprendentes. Habiendo alcanzado la inteligencia, los robots se mueven hacia temas comunes tales como, “¿Por qué estamos aquí?” y “¿Los robots tienen alma”?

Muchos escritores de ciencia ficción escribieron sobre superhombres invencibles, pero Simak escribió sobre gente común que no siempre ganaba.

“En ocasiones, he tratado de ubicar a los humanos en perspectiva contra la inmensidad del tiempo y el espacio universales”, dijo una vez. “Me he preocupado por dónde podemos ir, como raza, y cuál puede ser nuestro propósito en el esquema universal, si tenemos un propósito”.

“En general, creo que sí, y quizás uno importante”.

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