A lomos del caballo pertinaz

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Urdida desde hace casi dos siglos, la teoría del envenenamiento opiáceo de la población con fines políticos ha ido saltando de un lado al otro del tablero sociocultural a lo largo de la historia. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, con la creación del nuevo orden global y la asunción del prohibicionismo como asentado modelo de conducta en los estados modernos, su articulación se reconfiguró en el crisol holístico de la contracultura, propalándose a partir de entonces en el formato puramente conspiracional: «Sistema vs. ciudadano». Disfrazada de vieja incógnita en círculos amplios de la sociedad, creída como verdad irrefutable en otros, su influencia, lejos de desintegrarse en la era de la información, gravita aún hoy desde la ambigua nevera del subconsciente colectivo.
Urdida desde hace casi dos siglos, la teoría del envenenamiento opiáceo de la población con fines políticos ha ido saltando de un lado al otro del tablero sociocultural a lo largo de la historia. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, con la creación del nuevo orden global y la asunción del prohibicionismo como asentado modelo de conducta en los estados modernos, su articulación se reconfiguró en el crisol holístico de la contracultura, propalándose a partir de entonces en el formato puramente conspiracional: «Sistema vs. ciudadano». Disfrazada de vieja incógnita en círculos amplios de la sociedad, creída como verdad irrefutable en otros, su influencia, lejos de desintegrarse en la era de la información, gravita aún hoy desde la ambigua nevera del subconsciente colectivo

La  nueva obra del historiador y sociólogo castellonense Juan Carlos Usó, intenta desmontar el mito del uso de la heroína por las fuerzas de seguridad para alinear a la juventud rebelde de la Transición.

En “¿Nos matan con heroína? Sobre la intoxicación farmacológica como arma de Estado”, editado por Libros Crudos tras más de cuatro años de investigación, Usó afirma que la realidad de la heroína en España fue “menos sórdida” de lo que “amplificaron”, a través de los medios de comunicación, los partidarios de esta teoría.

Usó es experto en drogas y contracultura en España, escritor especializado en la influencia histórica de las sustancias estupefacientes y autor de libros como “Drogas y cultura de masas”, y está considerado el continuador de la obra del filósofo y máximo experto en la materia, Antonio Escohotado, del que fue alumno.

La teoría conspirativa que motiva su libro apunta a que la introducción de la heroína en España estuvo “alentada, posibilitada e inducida” por los poderes del Estado con el fin de neutralizar el poder subversivo de la juventud española durante la Transición.

Una leyenda que, explica Usó, no es nueva y ha ido adaptándose a cada país y momento histórico para hacer “más digerible” una realidad tan “cruda” como absurda, en el caso que narra su libro, como que el auge en el consumo de heroína en la España de los 70 se debiera “a los propios consumidores” y no a un plan diseñado por poderes ocultos.

En España, las primeras denuncias públicas corresponden a 1915, cuando el periodista Mateo Santos Cantero denunció el envenenamiento que la droga, difundida en las farmacias, estaba causando. Era el pistoletazo de salida para las sucesivas teorías conspirativas, muchas de ellas cargadas de un moralismo que ahora resulta hasta inocente. Para descartar mitos, esa ‘cara B’ de la historia a la que tantos se aferran a pesar de las evidencias,

Usó repasa punto por punto los mayores hitos de una historia que parece no tener final a la vista. Analiza, por ejemplo, qué tuvo de verdad que ver el FBI con la abrupta historia de violencia del movimiento Black Panther Party (BPP). O cuánto hay de cierto en la propagación del ‘caballo’ en la juventud española de la transición y los años 80. Hay también espacio para otras anecdóticas y delirantes especulaciones, como las que ponen en el punto de mira al Club Bilderberg e incluso otras que mezclan, a modo de cocktail, a ‘dealers’ con grupos de rock y a psiquiatras conductistas con traficantes de armas.

“Este mito en torno a la heroína y antes incluso al opio se viene arrastrando desde el siglo XIX. En las guerras del opio ya se acusa a Inglaterra de envenenar a la población china con esta sustancia para colonizar el país. Más tarde se increpó a la China comunista de contaminar al mundo occidental por esta vía; y en los 70, la culpable fue la CIA”, añade.

El autor afirma además que dentro de la formulación del mito en España, éste se ha regionalizado. Tiene, por tanto, su lectura en Euskadi, otra en Cataluña, “donde hay quien dice que las fuerzas de seguridad abortaron así el pujante movimiento anarquista en Barcelona”, y lo mismo ocurre en Madrid “por parte de la Liga Comunista Revolucionaria”.

“Con el tiempo ves que esa teoría no tiene ni pies ni cabeza. Presenta a los consumidores como buzones de correos, como gente sin voluntad. Un fenómeno de consumo no se puede explicar sólo desde la oferta. ¿Qué hay de la demanda?”, apostilla.

En su libro también concluye que las muertes y el dolor ligados al consumo de esta droga “se han amplificado” por los medios, cuando a su juicio la realidad en España es “menos sórdida de lo que fue” y se identifica en muchas ocasiones con el sida.

En un impagable último capítulo, el autor realiza un análisis en el que explica las razones por las que cree que las teorías de la conspiración calan tan hondo, más aún gracias al poder de difusión y visibilidad que ahora les concede Internet. El ensayista estadounidense Mark Dery lo resume afirmando que “el exceso de racionalidad puede producir monstruos”. Y es posible pensar que los partidarios de ellas creen en un mundo en el que todo es más simple y responde a intereses ocultos. En el que el hombre no está solo y el mundo no avanza sin timón. Por compasión, irresponsabilidad, consuelo… Usó explica además sus razones para mostrarse a favor de la despenalización de las drogas.

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