Curiosidades

Sanar, a veces una cuestión de fe

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Los beneficios del efecto placebo son conocidos, pero actualmente no se aplica como terapia por ser un mecanismo inespecífico. Aunque se han identificado patrones de activación y cambios neurobiológicos, la subjetividad parece jugar un papel determinante. Investigar su efectividad para integrarlo en la práctica clínica podría reducir los costes y mejorar la calidad de vida de los pacientes
Los beneficios del efecto placebo son conocidos, pero actualmente no se aplica como terapia por ser un mecanismo inespecífico. Aunque se han identificado patrones de activación y cambios neurobiológicos, la subjetividad parece jugar un papel determinante. Investigar su efectividad para integrarlo en la práctica clínica podría reducir los costes y mejorar la calidad de vida de los pacientes

A día de hoy, podemos asegurar que la existencia del efecto placebo es objetivamente demostrable. Las técnicas de neuroimagen utilizadas en múltiples estudios han concretado las áreas cerebrales implicadas en el proceso. Sin embargo, la respuesta varía en función de las particularidades del individuo.

El efecto placebo se define como la reacción que provoca una sustancia que, aunque carece de poder curativo, tiene un resultado terapéutico sobre el paciente. A nivel neurobiológico, la respuesta del efecto placebo parece estar condicionada por el aprendizaje previo y por claves verbales y sociales.

Si bien los patrones neurofisiológicos están establecidos, este mecanismo aún se considera inespecífico. La subjetividad y la diversidad del efecto lo descarta como posible alternativa terapéutica en la práctica clínica actualmente.

La Sociedad Española de Neurología (SEN) y la neurocientífica Crisal Rodríguez coinciden en que este aspecto es uno de los menos estudiados y destacan la necesidad de seguir investigando.

En los últimos años se han investigado las bases neurobiológicas del efecto placebo. “La mayoría de los estudios están basados en técnicas de neuroimagen avanzada, como resonancia magnética cerebral y PET (tomografía por emisión de positrones)”, declara el doctor Juan Carlos Portilla, vocal de la SEN.

Estos estudios, realizados fundamentalmente en personas con dolor y patologías neurológicas como la enfermedad de Parkinson, han demostrado que el efecto placebo viene mediado por respuestas neurológicas en áreas concretas (corteza cingulada anterior, ínsula, amígdala, corteza prefrontal derecha y tálamo).

Todas estas estructuras forman parte del sistema límbico. “La amígdala, al activarse, genera reacciones emocionales intensas como el miedo”, explica Crisal Rodríguez. Además, podría haber relación con los sistemas serotoninérgico, dopaminérgico, opioides y endocanabinoides.

Esto sugiere una transición en el concepto general del placebo, desde la sugestión y el poder de la mente, a una fisiología real del efecto placebo. Sin embargo, la respuesta individual del efecto ha llevado a considerar que no exista un único efecto placebo, sino muchos, cada uno con distinto mecanismo en función de la patología y de la intervención terapéutica.

Una de las áreas menos estudiadas es por qué no todos respondemos igual ante el efecto placebo. “Hay variables genéticas que generan mejores respuestas en unas personas que en otras”, comenta la neurocientífica.

Por su parte, el neurológo Juan Carlos Portillo coincide en que los estudios de neuroimagen de los que disponen, aunque son escasos, indican que la influencia genética condiciona la variabilidad individual.

Según el especialista, los estudios indican que el efecto placebo está condicionado tanto por aspectos cognitivos como emocionales. Al mismo tiempo, otros aspectos psicológicos que influyen en la respuesta del paciente son las expectativas del enfermo y el condicionamiento reflejo.

El Boletín INFAC (Información Farmacoterapéutica de la Comarca) interpreta la perspectiva psicológica y asocia el condicionamiento seguido de expectativa: cuanto mayor es la expectativa del individuo, mayor es el efecto placebo, y mayor será el condicionamiento asociado al futuro.

Posibles aplicaciones terapéuticas

Uno de los artículos más completos sobre los avances biológicos, clínicos y éticos del efecto placebo se publicó en 2011 en la revista The Lancet. Posteriormente, se ha estudiado el efecto placebo mediante numerosos ensayos clínicos. Por ejemplo, en 2015 se divulgó un artículo en la revista de Medicina Psicosomática sobre cómo mejoraban los sofocos menopáusicos, y la revista JAMA Psychiatry publicó un análisis sobre cómo mejoraba la respuesta a los antidepresivos en los casos de depresión mayor.

Actualmente, no es habitual que en la práctica clínica se utilice el efecto placebo como alternativa terapéutica, tal y como declara el doctor Portilla. El neurólogo reconoce que “puede emplearse para estudiar algunos síntomas, fundamentalmente aquellos que plantean tener un origen psicológico”, y explica que hay evidencia de que el efecto no se anula del todo aunque el paciente sepa que se trata de un placebo.

No obstante, según los datos de la INFAC, “entre un 45% y un 97% de los médicos reconocen haber utilizado placebos, en la mayoría de los casos placebos impuros, como antibióticos para infecciones virales, analgésicos, fármacos a dosis subterapéuticas o vitaminas”. Las razones aducidas más frecuentes eran demanda injustificada de medicamentos por parte del paciente y/o agotamiento de otras opciones terapéuticas.

Desde la Sociedad Española de Neurología enumeran como patologías con mayor perspectiva clínica el dolor, tanto agudo como crónico, los trastornos de ansiedad, y las patologías neurológicas como la enfermedad de Parkinson.

De hecho, aunque el placebo figura como posible tratamiento para el dolor recomendado por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de Estados Unidos, advierte de que la sustancia no actúa sobre las causas de la patología.

Además, diversos estudios han demostrado la intervención de diversos factores en la intervención del efecto placebo. Existe evidencia de que el precio, el color, ser de marca o genérico, el tamaño de los comprimidos o la vía de administración influyen en la eficacia de administración.

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Promiscuidad femenina para evitar la extinción

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FacebookTwitterGoogle+Compartir La relación sexual estable y simultánea de una mujer con varios hombres ha sido una práctica de sociedades minoritarias a lo largo de la Historia. Es la poliandria, una conducta más frecuente en el reino animal al reportar beneficios biológicos a numerosas especies
La relación sexual estable y simultánea de una mujer con varios hombres ha sido una práctica de sociedades minoritarias a lo largo de la Historia. Es la poliandria, una conducta más frecuente en el reino animal al reportar beneficios biológicos a numerosas especies

La mayoría de las personas saben lo que significa la poligamia, un régimen familiar en que se permite al varón tener varias esposas y que, por ejemplo, practicaban los mormones en sus inicios, o un “harén”, es decir un grupo de mujeres que viven bajo la dependencia de un jefe de familia y que, aunque suele asociarse a las sociedades musulmanas, también tuvo lugar en otras civilizaciones antiguas, como la griega. Menos numerosas son aquellas las personas que conocen el significado del término poliandria, una condición infrecuente entre las personas y poco documentada en la historia de la civilización, por la cual una mujer puede estar casada simultáneamente con dos o más hombres, si bien tener varias parejas a la vez es algo más habitual entre otros seres vivos, como los insectos.

“Estar casada con varios hombres al mismo tiempo ayudaba a crear una red de seguridad para las mujeres en algunas culturas minoritarias”, según Kathrine Starkweather, investigadora de la Universidad de Missouri, en Estados Unidos.

De acuerdo al estudio efectuado por Starkweather, publicado en la revista ‘Human Nature’, “disponer de maridos adicionales garantiza a las mujeres de dichas sociedades que sus niños sean atendidos, incluso si uno de sus padres muere o desaparece”.

Starkweather y Raymond Hames, coautor del trabajo y profesor de Antropología en la Universidad estadounidense de Nebraska, examinaron la documentación científica sobre 52 culturas de diversas épocas con tradiciones de poliandria pertenecientes a todos los continentes, excepto Europa.

Al estudiar la documentación sobre estas sociedades repartidas por todos los rincones del mundo, desde el Ártico hasta los trópicos, pasando por los desiertos, entre ellos la etnia Bari en Venezuela, los expertos descubrieron que el hecho de estar expuestas a condiciones ambientales similares parecía influir en que culturas disímiles adoptaran la poliandria.

En las culturas estudiadas, los varones con frecuencia superaban originalmente en número a las mujeres, pero después sufrían una elevada mortalidad antes de la edad adulta, porque eran más propensos a morir en la guerra, durante la caza y la pesca, o en accidentes, y además pasan temporadas fuera del hogar familiar, según Starkweather y Hames.

En estudios previos, se ha comprobado que las tradiciones de trasmisión de la propiedad de la tierra en las culturas poliándricas, especialmente las de Nepal, Tibet y la India, conducían a que la tierra fuera dividida en partes iguales entre los hijos varones tras la muerte de padre de la familia.

Según la investigadora de la Universidad de Missouri, esta práctica habría conducido a que la tierra quedará subdividida en parcelas demasiado pequeñas para ser cultivadas, de forma que proporcionaran cosechas suficientes para alimentar a una familia.

Al estudiar a estas pequeñas culturas igualitarias, Starkweather comprobó que los hermanos más jóvenes integrantes del matrimonio poliándrico suelen proteger y proporcionar alimento para la familia cuando está ausente el hermano mayor, que a menudo es el marido primario.

Poliandria, en el reino animal

La poliandria es mucho más frecuente en el reino animal y está presente en una gran cantidad de especies, desde los insectos a los mamíferos, de acuerdo a un estudio de las universidades de Exeter y Liverpool, en el Reino Unido, que refleja que este fenómeno podría tener una ventaja biológica: reducir el riesgo de que una población animal se extinga debido a que se produzcan sucesivas generaciones formadas sólo por hembras.

Si el SR proliferase en una especie y lo portase la mayor parte de su descendencia femenina, este cromosoma “antimasculino” pasaría nuevamente a los hijos, dando lugar a su vez a cada vez más generaciones sucesivas de hembras, hasta que finalmente no quedarían machos y la población se extinguiría.

El estudio británico, efectuado con la mosca de la fruta ‘Drosophila pseudoobscura’, indica que el hecho de que una hembra tenga múltiples machos puede suprimir la expansión del cromosoma SR, haciendo las generaciones de “sólo hembras” sean una rareza.

Según los expertos de Exeter y Liverpool, este efecto obedece a que los machos que portan el cromosoma SR producen la mitad del esperma que los machos normales. Cuando una hembra se empareja con múltiples machos, sus espermatozoides compiten para fertilizar los óvulos, y son superados en esta competición por los espermatozoides de los machos normales, con lo que el SR no logra expandirse, según los británicos.

En general los biólogos creen que la función de la poliandria –que practican las abejas, ranas, buitres, cormoranes y macacos, entre otras especies- es contribuir a que las hembras engendren descendientes aptos, dado que gracias a esta práctica, el esperma que acaba fertilizándolas sería el del macho con mejores genes.

Sin embargo, algunas investigaciones sugieren, por contra, que la promiscuidad de las hembras no ayuda siempre a conseguir la mejor contribución genética paterna.

Un equipo de investigadores de las universidades de Uppsala, en Suecia, y Aarhus, en Dinamarca, ha estudiado las hembras de un tipo de escarabajo comúnmente denominado gorgojo, las cuales suelen aparearse con múltiples machos.

Al investigar a los escarabajos ‘Callosobruchus maculatus’, este equipo dirigido por el biólogo y ecólogo Goran Arnqvist, de la Universidad de Uppsala, ha descubierto que, cuando los gorgojos hembras se aparean con dos machos, el macho con genes de “baja calidad” procrea más descendientes que el macho con una dotación genética de “alta calidad”.

En conclusión, la poliandria todavía puede seguir acompañada del adjetivo “enigmática”, ha comentado este investigador.

Pérez Solís y el baile ideológico de la Yenka

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Cuando Oscar Pérez Solís salió de la cárcel el 9 de agosto de 1927 era un hombre nuevo. Explicando a sus compañeros comunistas que necesitaba reponer su salud, se desplazó a Valladolid para retirarse temporalmente de la política. Aquel mismo otoño El Norte de Castilla se hacía eco del rumor de que Pérez Solís renegaba de su militancia a la vez que había aceptado un cargo directivo en una importante empresa de reciente creación
Cuando Oscar Pérez Solís salió de la cárcel el 9 de agosto de 1927 era un hombre nuevo. Explicando a sus compañeros comunistas que necesitaba reponer su salud, se desplazó a Valladolid para retirarse temporalmente de la política. Aquel mismo otoño El Norte de Castilla se hacía eco del rumor de que Pérez Solís renegaba de su militancia a la vez que había aceptado un cargo directivo en una importante empresa de reciente creación

El dirigente comunista asturiano Óscar Pérez Solís participó en 1924 en la Unión Soviética en el V Congreso de la Internacional Comunista y dos décadas más tarde se afilió a la Falange, un viaje ideológico del que se publica su testimonio.

“Un vocal español en la Komintern” es el título que, con el subtítulo “Y otros escritos sobre la Rusia Soviética”, ha puesto la editorial Renacimiento a los textos memorialísticos en los que el también periodista y escritor Óscar Pérez Solís dejó constancia de esta evolución política durante los años más convulsos del siglo XX.

Óscar Pérez Solís no fue un comunista cualquiera sino alguien que se entrevistó con Bujarin y con Stalin y que escribió una semblanza de Trotski de primera mano, ya que lo trató personalmente –“me recibió afabilísimamente”, cuenta en estas páginas– como también hizo con el dirigente soviético Zinoviev, además de haber sido amigo de Andreu Nin, quien le sirvió de intérprete en su entrevista con Stalin.

“Al cabo de mi estancia en la capital soviética llegué sentir el deseo de huir de allí cuanto antes”, escribe Pérez Solis en estas páginas, antes de confesar que durante aquel viaje no fue consciente del “terremoto espiritual que derrumbaba en lo hondo de mi consciencia los ídolos que (me) habían arrastrado a la peregrinación a Moscú”.

Tras su visita a la Rusia soviética “se deshacían en evidencias de fracasos las quimeras de aquella revolución ‘redentora’ que perdía todo su encanto vista desde cerca”, añade Pérez Solís al evocar su deserción de Moscú porque se sentía “incómodo” en la “capital del mundo” tal y como él mismo había definido a la capital soviética en un artículo que había publicado por aquellas fechas en el periódico francés “L’Humanité”, órgano de los comunistas franceses.

Para su viaje a Rusia, Pérez Solís viajo por media Europa con pasaporte falso y su regreso a España, a la que no deja de añorar según confiesa también en estas páginas, fue posible por la amnistía política decretada en el verano de 1924 por el general Primo de Rivera, a quien sólo dedica elogios, tal vez por el contraste con la dureza política y determinación sin fisuras que encontró en los líderes bolcheviques:

“Un buen día, nunca mejor dicho, se le ocurrió a aquel paternal dictador –paternal, y así le sacaron los ojos muchos de los cuervos que crió–, a aquel dictador bondadoso que fue D. Miguel Primo de Rivera, decretar una amplia amnistía para los delitos políticos. También D. Miguel era de esa especie candorosa de políticos ingenuos que se figuran que las ostras pueden abrirse por la persuasión”.

Y eso que Pérez Solís reconoce que la vida como invitado político en Rusia no era desagradable: “Aun cuando la generalidad de la población tuviera que afrontar en Rusia grandes privaciones, los capitostes revolucionarios –al menos los que estábamos allí en calidad de huéspedes de la ‘Komintern’– no lo pasábamos del todo mal, sin que nadáramos en la abundancia. Caramba: no podíamos quejarnos. Lo teníamos pagado todo, y por añadidura percibíamos, para gastos menudos, unos dos rublos diarios”.

Pérez Solís nació en Bello (Asturias) en 1882 y falleció en Valladolid en 1951, fue dirigente del PSOE en los años diez y se integró en las filas comunistas en los años veinte cuando fue designado como vocal español en Congreso de la Internacional Comunista, para en 1936 apoyar el levantamiento militar y luchar con el bando sublevado en Oviedo.

De esta edición se ha encargado el profesor italiano Steven Forti, especializado en la estudio sobre el tránsito de dirigentes políticos de la izquierda al fascismo y quien ha comparado el caso de Pérez Solís con el de Paul Marion, conocido en Francia, ya que pasó a ser director del departamento de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Francés a hacerse cargo de la secretaria general de Información y Propaganda del régimen de Vichy.

La evolución política de Marion también estuvo marcada por un viaje y una larga estancia en la Unión Soviética, donde permaneció entre 1927 y 1929 como invitado para asistir a los cursos de la Escuela Marxista-Leninista de Moscú.

Juana de Arco, ecos divinos o patologías terrenales

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Juana de Arco, aconsejada por el Arcángel Miguel
Juana de Arco, aconsejada por el Arcángel Miguel

En 1429, cuando Francia estaba sumida en la Guerra de los Cien Años y vivía los peores momentos de su lucha contra Inglaterra, una campesina inculta que veía ángeles y escuchaba voces logró acceder al rey de Francia. En pocos días le convenció de que ella podía levantar la moral de su debilitado ejército. Se trataba de Juana de Arco y aquellas voces que oía la convirtieron en una heroína militar en el siglo XV. Sus interlocutores eran san Miguel, santa Catalina y santa Margarita, patrones de la región del este francés de donde procedía Juana y ordenaron el asedio de Orleans o la campaña del Loira.

Casi 600 añ0s después, el neurólogo Guiseppe d’Orsi de la Universidad de Foggia y el profesor adjunto de Ciencias Biomédicas y Neuromotores, Paolo Tinuper, de la Universidad de Bolonia en Italia han sugerido que las voces misteriosas que oía Juana de Arco podían ser causadas por una forma de epilepsia, que influye en la parte del cerebro responsable por la capacidad auditiva.

La idea se les ocurrió cuando los científicos analizaban los documentos del proceso de Juana de Arco en el que sería acusada de herejía y brujería, siendo sentenciada a ser quemada en la hoguera en 1431. Varios síntomas de la francesa detallados en los registros históricos apoyan este diagnóstico.

Cuando una persona padece esta enfermedad, experimenta convulsiones recurrentes involuntarias. Son debidas a un desequilibrio en la actividad eléctrica de las neuronas en alguna zona del cerebro. Esto puede ocasionar que cuando una persona con epilepsia entra en este estado queda aturdido y confundido. Dependiendo cómo sean las convulsiones y a qué zona del cerebro afecten, la persona puede reaccionar de diversas formas (como oyendo voces que en realidad no están allí).

Según historiadores, Juana sellaba las cartas “con cera dejando la huella de su dedo y un pelo” para probar su identidad. Sin embargo, estas cartas no han sido encontradas y por ahora es complicado demostrar la hipótesis propuesta.

Las alucinaciones auditivas son una característica común de muchos trastornos psiquiátricos, como la psicosis, la esquizofrenia y el trastorno bipolar, pero también son experimentados por personas sin trastornos psiquiátricos. Se estima que entre el 5 y el 15 por ciento de los adultos experimentan alucinaciones auditivas durante su vida. La parapsicología también se ha aproximado a este extraño fenómeno que, ocasionalmente, revela información sorprendente para quien lo experimenta aunque no hay consenso entre si las voces son exógenas (espíritus o entidades) o endógenas (una creación de nuestra mente o yo interno que nos advierte y nos alerta).

Morriña en un nido de espías

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Joan Puyol y Araceli González, los Garbo
Joan Puyol y Araceli González, los Garbo

Araceli González, la esposa del espía español Juan Pujol García, alias “Garbo” -el más importante agente doble del Reino Unido en la segunda Guerra Mundial- casi levantó su tapadera, al no poder aguantar su vida en Inglaterra, revelan unos documentos oficiales desclasificados.

Estos informes, escritos por el servicio de contraespionaje británico MI5 y hechos públicos por los Archivos Nacionales de Kew, explican cómo en 1943 la joven esposa y madre amenazó con ir a la embajada española y revelar la identidad de su marido si no le permitían viajar a España para ver a su familia.

La pareja residía en la población de Harrow, cercana a Londres, desde donde él supuestamente gestionaba para los nazis una red de subagentes, que en realidad eran ficticios y ocultaba su trabajo para el MI5.

Los documentos desclasificados revelan que, para evitar ser reconocidos, Pujol mantenía a su esposa y a sus dos hijos encerrados en casa y controlados, lo que acabó hartando a Araceli, que amenazó con ir a la embajada española y contarlo todo.

“No quiero vivir ni cinco minutos más con mi esposo”, espetó la joven al oficial británico a cargo de “Garbo”, Tomas Harris, según los informes.

“Aunque me maten, me voy a la embajada”, añadió.

El MI5 no podía dejarla ir porque ello hubiera levantado la tapadera de Pujol, a quien había contratado en 1942, tras comprobar que se había ganado la confianza del régimen nazi, con el alias de “Garbo” y un supuesto empleo como traductor de la cadena pública BBC.

Para evitar una crisis, el agente Harris engañó a Araceli, diciéndole que su esposo había sido despedido por su actitud insensata.

Pujol fue aún más lejos, pues, para erradicar cualquier trazo de rebeldía, sugirió montar una trama para hacer creer a su esposa que había sido encarcelado al intentar defenderla -lo que la llevó a protagonizar un aparente intento de suicidio-.

Como parte de este montaje, los agentes del MI5 llevaron a Araceli a ver a su esposo al centro de detención donde supuestamente estaba preso, lo que hizo que ella prometiera portarse bien a cambio de que le dejaran en libertad.

Harris alaba en el documento la destreza de Pujol al urdir una farsa “que permitió salvar una situación que, de otra manera, hubiera sido intolerable”.

En otro documento difundido hoy, se revela que en 1945 Harris valoró infiltrar al espía español en los servicios secretos rusos, para que les sirviera de fuente en el Gobierno de Joseph Stalin de cara a la inminente Guerra Fría.

Esto al final no se llevó a cabo y el agente doble y su esposa se fueron a vivir a Venezuela, donde él murió en 1988, mientras que ella falleció en Madrid dos años después.

Portugal, paraíso de espías

Portugal fue un enclave estratégico de las redes de espionaje durante la II Guerra Mundial que dejaron a su paso historias de grandes agentes secretos como Garbo o Popov, aunque también de otros que abusaban de su picardía.

La neutralidad de la dictadura de António Salazar y el uso del país como punto de partida hacia América atrajeron a Portugal a los mejores espías de la época, que convivieron con otros que se hacían pasar por agentes secretos o vendían información falsa a cualquier bando.

El espía español Juan Pujol, alias 'Garbo', en uniforme republicano y caracterizado
El espía español Juan Pujol, alias ‘Garbo’, en uniforme republicano y caracterizado

El catalán Joan Pujol, “Garbo” para los británicos y uno de los grandes nombres del espionaje mundial, pasó dos veces por Portugal y se movía entre Lisboa y la costa de Estoril, un nido de espías, de grandes figuras políticas exiliadas y de refugiados de Europa que huían del desastre bélico.

Durante su estadía en el hotel Suiza Atlántico en el centro de la capital, el agente urdió parte de su estratagema para engañar al bando alemán y actuar como doble espía para los aliados.

“Los británicos escuchaban cómo (Pujol) engañaba a los alemanes y poco después lo reclutaron”, explica la historiadora Irene Pimentel, autora del libro “Espías en Portugal durante al II Guerra Mundial”, en el que relata este episodio.

“Garbo” fingía estar en Londres, que nunca había pisado y que describía con la ayuda de una guía de viajes comprada en Lisboa para hablar de las localizaciones y detalles de la ciudad.

Con su pericia y abnegación, iba enviando informaciones falsas a la dirección del espionaje de los alemanes en Madrid y su audacia fue pronto detectada por las escuchas de los británicos, a quienes les había ofrecido sus servicios pero aún no habían confiado en él.

Poco después, pasó a formar parte del Comité de la Doble Cruz británico que funcionó como sistema de contraespionaje durante la contienda y en el que el espía español fue clave al convencer a Adolf Hitler de que el desembarco iba a ser en el Paso de Calais (Francia) y no en Normandía, como finalmente ocurrió.

Con un perfil muy diferente, se movía por las calles de Lisboa el agente doble Dusko Popov de los aliados. Los informes del FBI enviados a los servicios ingleses afirmaban que el yugoslavo andaba con un “aire de play-boy”, una vida de lujo, coches caros, hoteles de primera y amantes que sucumbían a su carisma.

“Popov fue como Garbo, el otro gran espía que alejó a los alemanes del desembarco de Normandía. Consiguió mantener la confianza de los alemanes hasta el final de la guerra”, señala Pimentel.

Otro espía famoso en Portugal fue Ian Fleming, funcionario de la Inteligencia Naval Británica y director de la oficina ibérica del servicio de espionaje inglés.

El escritor de las novelas de James Bond se alojó en el Hotel Palacio de Estoril y, como la mayoría de espías, controlaba los movimientos marítimos del bando alemán en el Atlántico sur.

Compartía copas con agentes alemanes en los bares de la zona, que solían hospedarse en el vecino Hotel Parque, en el que años después se encontraron micrófonos ocultos bajo el suelo.

La genialidad de la inteligencia mundial convivió con la picardía de los ciudadanos de a pie que supieron aprovechar el ambiente de intriga, desconfianza y espionaje que gobernó aquella Lisboa cosmopolita.

Los portugueses se acercaban a los cafés y hoteles donde se hospedaban los espías y diplomáticos a la caza de informaciones, y funcionarios de aduanas, policías y estibadores participaban en aquel gran mercado de intercambio de secretos.

Hasta los alemanes tuvieron que desconfiar de las prostitutas del barrio de Cais de Sodré, cercano al puerto, que ayudaban a los aliados con las horas de salida y entrada de los barcos germanos gracias a sus clientes.

En general, los portugueses trabajaban como informadores de cualquiera de los bandos a cambio de dinero, alimentos o ropa, otros se hacían pasar por espías y los que de verdad lo eran tampoco tenían buena fama.

“No eran bien vistos. Según los ingleses, los portugueses rápidamente decían que eran espías y no guardaban bien los secretos. Y los alemanes decían que se inventaban la información cuando no tenían”, explica Pimentel.

Otros exigían pagos cada vez mayores de los que los alemanes se quejaban. Un funcionario que vigiló a los duques de Windsor exigía zapatos para toda la familia porque decía que todos habían ayudado en el seguimiento.

Aunque unos mejores que otros, con espías dobles y hasta algunos triples, Portugal siguió hasta el final de la guerra como punto de paso para el espionaje que Salazar gestionaba “con pinzas”, según Pimentel, y que solo prohibió a partir de 1943.

El teatrillo de los recuerdos

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Lo que una persona que rememora tiene en mente al recordar estos primeros recuerdos es una representación mental que consiste en fragmentos recordados de experiencias tempranas y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia, en lugar de recuerdos reales
Lo que una persona que rememora tiene en mente al recordar estos primeros recuerdos es una representación mental que consiste en fragmentos recordados de experiencias tempranas y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia, en lugar de recuerdos reales

Investigadores británicos han realizado una de las encuestas más grandes sobre los primeros recuerdos de las personas, y han descubierto que casi el 40 por ciento de las personas tenía un primer recuerdo de su vida que es ficticio.

La investigación actual indica que los recuerdos más antiguos de las personas datan de alrededor de los tres o los tres años y medio de edad. Sin embargo, el estudio de investigadores de la City University de Londres, la Universidad de Bradford y la Universidad de Nottingham Trent, publicado en la revista ‘Psychological Science’, encontró que el 38,6 por ciento de una encuesta de 6.641 personas afirmó tener recuerdos de dos años o menos, con 893 personas que reclaman recuerdos de un año o incluso menores. Esto fue particularmente frecuente entre adultos de mediana edad y adultos mayores.

Para investigar los primeros recuerdos de las personas, los científicos pidieron a los participantes que detallaran su primer recuerdo junto con su edad en ese momento. En particular, se les dijo a los participantes que la memoria en sí tenía que ser una que estaban seguros de recordar. No debe basarse en, por ejemplo, una fotografía familiar, una historia familiar o cualquier fuente que no sea la experiencia directa.

A partir de estas descripciones, los investigadores examinaron el contenido, el lenguaje, la naturaleza y los detalles de las descripciones de memoria más antiguas de los encuestados, y de ellas se evaluaron las posibles razones por las cuales las personas reclaman recuerdos de una edad que la investigación indica que no se pueden formar.

Como muchos de estos recuerdos datan de antes de la edad de dos años o menos, los autores sugieren que estos recuerdos ficticios se basan en fragmentos recordados de experiencias tempranas, como un cochecito, relaciones familiares y sentimientos tristes, y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia, o que puede haberse derivado de fotografías o conversaciones familiares.

Como resultado, lo que una persona que rememora tiene en mente al recordar estos primeros recuerdos es una representación mental que consiste en fragmentos recordados de experiencias tempranas y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia, en lugar de recuerdos reales.

Con el tiempo, tales representaciones mentales se vuelven experienciales cuando vienen a la mente y, por lo tanto, para el individuo, simplemente son “recuerdos” con contenido fuertemente vinculado a un tiempo particular.

En particular, los recuerdos ficticios muy tempranos fueron vistos como más comunes en adultos de mediana edad y adultos mayores, y aproximadamente cuatro de cada diez de este grupo tienen recuerdos ficticios para la infancia.

La doctora Shazia Akhtar, primera autora y asociada principal de investigación de la Universidad de Bradford señala: “Sugerimos que lo que un recordador tiene en mente cuando recuerda recuerdos de ficción improbablemente tempranos es una representación mental similar a la memoria episódica que consiste en fragmentos recordados de experiencias tempranas y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia o niñez”.

En este sentido, añade que “se pueden inferir o agregar otros detalles de manera no consciente, por ejemplo, que uno llevaba pañal al estar de pie en la cuna. Tales representaciones mentales de memoria episódica llegan, con el tiempo, a ser recolectivamente experimentadas cuando vienen a la mente y así para el individuo, simplemente son ‘recuerdos’ que apuntan particularmente a la infancia”.

Por su parte, el profesor Martin Conway, director del Centro para la Memoria y el Derecho en City, University of London y coautor del trabajo, explica que en su estudio que pidieron a los participantes que rememorasen el primer recuerdo que realmente recordasen, cerciorándose de que no estaba relacionado con una historia familiar o una fotografía.

“Cuando miramos las respuestas de los participantes, encontramos que una gran cantidad de estos primeros ‘recuerdos’ se relacionaban frecuentemente con la infancia, y un ejemplo típico sería un recuerdo basado en un cochecito — explica–. Para esta persona, este tipo de memoria podría haber resultado de alguien que dijera algo como ‘mi madre tenía un gran cochecito verde’. Entonces la persona imagina cómo se vería. Con el tiempo, estos fragmentos se convierten en un ‘recuerdo'”.

No obstante, precisa que la persona que los recuerda no es consciente de que se trata de un ‘recuerdo’ falso o ficticio. “De hecho, cuando a las personas se les dice que sus recuerdos son falsos, a menudo no lo creen –añade–. Esto en parte debido al hecho de que los sistemas que nos permiten recordar cosas son muy complejos, y no es hasta que tenemos cinco o seis años que formamos recuerdos parecidos a los adultos debido a la forma en que se desarrolla el cerebro y debido a nuestra creciente comprensión del mundo “.

Sin tortugas, el desastre es posible

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Cerca del 61% de las 356 especies de tortugas que existen en el mundo están amenazadas o ya se han extinguido. Según los científicos que han analizado su estado global, el declive de estos reptiles, cuyos ancestros caminaron con los dinosaurios, tendrá graves consecuencias ecológicas
Cerca del 61% de las 356 especies de tortugas que existen en el mundo están amenazadas o ya se han extinguido. Según los científicos que han analizado su estado global, el declive de estos reptiles, cuyos ancestros caminaron con los dinosaurios, tendrá graves consecuencias ecológicas

Las tortugas sobrevivieron a los dinosaurios y han vagado por la Tierra durante más de 200 millones de años. Pero en la actualidad, estos longevos reptiles se encuentran entre los animales más amenazados de la Tierra, por delante de las aves, los mamíferos, los peces o incluso los anfibios.

La destrucción de su hábitat, la sobreexplotación de estos animales como mascotas, las enfermedades y el cambio climático son algunas de las razones que les han llevado a esta situación extrema en todo el mundo. ¿Pero qué perderíamos si desaparecieran todas las tortugas?

En un estudio, publicado en la revista Bioscience, un equipo de científicos estadounidense ofrece la primera síntesis de las consecuencias ecológicas de la continua disminución y extinción de especies de tortugas y muestra los diversos roles que cada una de ellas aportan a los ecosistemas, como mantener sanas las redes alimentarias, dispersar semillas o crear hábitats necesarios para otras especies.

“Nuestro propósito ha sido informar al público de los muchos roles ecológicos esenciales que las tortugas realizan a escala global y concienciar sobre la difícil situación de estos animales emblemáticos”, explica, Whit Gibbons, profesor emérito de Ecología de la Universidad de Georgia (EE UU) y coautor del estudio.

Según los científicos, las tortugas contribuyen a la salud de muchos ambientes, como los desiertos, los humedales, los entornos de agua dulce y los ecosistemas marinos. “Su declive puede tener efectos negativos en otras especies, incluidos los humanos, que pueden no ser visibles ahora”, indica Jeffrey Lovich, científico del Servicio Geológico de EE UU y autor principal.

Las tortugas pueden ser herbívoras, omnívoras o incluso carnívoras, por eso desempeñan importantes funciones en las cadenas alimentarias. Sus hábitos de alimentación influyen en la estructura de otras comunidades con las que comparten el hábitat, sobre todo si las poblaciones son muy numerosas. Las grandes masas de tortugas y sus huevos son alimento para otros animales.

Por otra parte, algunas especies de tortugas pueden ser los principales agentes de dispersión de semillas para ciertas plantas, ya que no todas las semillas son destruidas por el tracto digestivo.

Además, si desaparecieran tortugas como la del desierto de Agassiz en el suroeste de EE UU y la tortuga Gopher en el sureste del país, ciertas arañas, serpientes, anfibios, conejos, zorros, u otros reptiles, no tendrían ‘hogar’. Estas especies cavan grandes madrigueras moviendo importantes montículos de tierra que son reutilizados por otros animales o plantas.

“La importancia ecológica de las tortugas, especialmente las de agua dulce, está poco valorada, y en general poco estudiada por los ecologistas”, recalca Josh Ennen, investigador del Tennessee Aquarium Conservation Institute. “La alarmante tasa de desaparición de las tortugas podría afectar profundamente al funcionamiento de los ecosistemas y a la estructura de las comunidades biológicas en todo el mundo”, concluye.