Curiosidades

La conexión genética de los males de la mente

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Un nuevo estudio recopila datos sobre millones de variantes genéticas comunes en más de 800.000 personas que podrían ser indicadores de riesgo en 25 trastornos neurológicos y psiquiátricos, como esquizofrenia, autismo, trastorno bipolar, depresión severa, TDAH, migraña o alzhéimer
Un nuevo estudio recopila datos sobre millones de variantes genéticas comunes en más de 800.000 personas que podrían ser indicadores de riesgo en 25 trastornos neurológicos y psiquiátricos, como esquizofrenia, autismo, trastorno bipolar, depresión severa, TDAH, migraña o alzhéimer

Los diferentes trastornos psiquiátricos comparten un gran número de genes de susceptibilidad, mientras que en las patologías neurológicas no psiquiátricas —como el alzhéimer o el párkinson— la genética es mucho más específica.

En la nueva investigación —la más extensa y ambiciosa sobre factores genéticos compartidos en patologías del cerebro— participan Bru Cormand y Raquel Rabionet, del Instituto de Biomedicina de la Universidad de Barcelona (IBUB), el Centro de investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (CIBERER) y el Instituto de Investigación Sant Joan de Déu (IRSJD), entre más de quinientos expertos de países de todo el mundo.

El trabajo recopila datos sobre millones de variantes genéticas comunes en más de 800.000 personas —entre pacientes y voluntarios sanos— que podrían ser factores de riesgo en 25 trastornos neurológicos y psiquiátricos (esquizofrenia, autismo, trastorno bipolar, depresión severa, TDAH, migraña, alzhéimer, etc.).

Además, abre nuevas fronteras a la investigación sobre las patologías que afectan al cerebro. Por primera vez, se perfila la base genética compartida entre trastornos psiquiátricos y enfermedades neurológicas no psiquiátricas (alzhéimer, párkinson, migraña, etc.), y amplía el foco de interés a rasgos de personalidad que no se consideran trastornos clínicos (inestabilidad emocional, por ejemplo) y a parámetros cognitivos (como el rendimiento escolar).

Los expertos se han centrado en el análisis de variantes genéticas que son frecuentes en la población general —presentes en más del 1% de los individuos—, pero que pueden dar lugar a patologías psiquiátricas o neurológicas en determinadas combinaciones. Las variantes estudiadas son las que afectan a cambios en un único nucleótido del ADN (SNP), que es el más abundante en el genoma humano.

Tal como explica Bru Cormand, “este trabajo nos ayuda a determinar el peso que tienen las variantes genéticas frecuentes en la etiología de las enfermedades del cerebro: es decir, a caracterizar la arquitectura genética de estos trastornos y separar la base genética compartida de las especificidades de cada trastorno”.

Genes y rasgos de la personalidad, a examen

El estudio confirma una fuerte correlación genética entre esquizofrenia, autismo, trastorno bipolar, depresión severa y trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Ahora bien, desvela igualmente que no existe un solapamiento importante entre los factores de riesgo genético de los trastornos psiquiátricos y los de las demás patologías neurológicas.

“Algunos trastornos neurológicos —apunta Cormand— como la epilepsia, el ictus, la esclerosis múltiple, el párkinson o el alzhéimer, tienen bases genéticas muy diferenciadas entre sí y también respecto a los trastornos psiquiátricos. La única excepción es la migraña, un trastorno neurológico que comparte genética con varios trastornos psiquiátricos (por ejemplo, el TDAH, la depresión severa o el síndrome de Tourette)”.

Otro de los elementos más innovadores es la correlación genética establecida entre algunos rasgos de la personalidad —como el neuroticismo, es decir, la inestabilidad emocional— con la mayoría de trastornos psiquiátricos y la migraña. En paralelo, también se han analizado distintas medidas cognitivas tomadas durante la infancia, “por ejemplo, los años de educación recibidos o el rendimiento escolar, que se relacionan positivamente con algunos trastornos psiquiátricos, como el trastorno bipolar o la anorexia, y negativamente con algunos trastornos neurológicos, como el alzhéimer o el ictus”, revela Raquel Rabionet.

Los genotipos se han generado mediante plataformas de análisis genético a gran escala —estudios de asociación del genoma completo (GWAS)— disponibles en España y muchos de los países implicados. “Los datos de partida son millones de genotipos de cientos de miles de individuos”, recuerda Cormand.

“En este tipo de trabajos tan integradores, la principal dificultad radica en la armonización de los datos, en generar un conjunto de datos homogéneo que facilite los análisis posteriores. Por lo tanto es esencial aplicar controles de calidad muy rigurosos”.

Trastorno psiquiátrico y neurológico: una frontera delicada

Durante años, la clasificación de las patologías psiquiátricas no siempre se ha basado en las causas reales de cada enfermedad, a causa del gran desconocimiento sobre la etiología de estos trastornos. Conocer los genes concretos que están implicados en una patología es un avance para mejorar la clasificación (nosología), el diagnóstico y las estrategias terapéuticas frente a la enfermedad.

Hace tiempo que los estudios de gemelos y familiares han permitido determinar que los trastornos psiquiátricos tienen una base genética importante, a menudo superior al 50%. Ahora, gracias a los datos genéticos masivos, es posible identificar genes concretos implicados en estas patologías —el paisaje genético— y abordar la cuantificación del riesgo genético a partir de datos moleculares. Además, la tecnología aplicada permite hacer comparaciones entre trastornos, como es el caso del trabajo publicado en Science.

Encontrar coincidencias genéticas entre diferentes trastornos psiquiátricos indica que, muy probablemente, las fronteras clínicas actuales no reflejan procesos fisiopatológicos diferenciados, al menos a nivel genético. “Esto puede tener un impacto en cuanto a tratamiento, pero aún es pronto para saber cómo podrá incidir todo ello en la práctica, en la elección de terapias. Sin embargo, sí podemos emplear los nuevos datos para clasificar los trastornos en nuevos compartimentos basados en la biología subyacente, lo que es probable que nos ayude a diseñar terapias más específicas y adecuadas”, apuntan Cormand y Rabionet.

“De momento —concluyen—, quizá sería preciso adecuar las clasificaciones diagnósticas actuales en el ámbito de la psiquiatría. Esto no sería necesario en los trastornos neurológicos; en este caso, las fronteras son mucho más claras, tanto entre los diferentes cuadros como respecto a los trastornos psiquiátricos”.

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El magnetismo de lo improbable

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La expresión «Klaatu barada nikto» proviene de la película de ciencia ficción The Day the Earth Stood Still, de 1951. Klaatu es el nombre del extraterrestre humanoide protagonista del filme. Klaatu encargó a Helen Benson (Patricia Neal) pronunciar la frase ante el robot Gort. Como respuesta, Gort desistiría de destruir la Tierra y resucitaría a Klaatu de la muerte
La expresión «Klaatu barada nikto» proviene de la película de ciencia ficción The Day the Earth Stood Still, de 1951. Klaatu es el nombre del extraterrestre humanoide protagonista del filme. Klaatu encargó a Helen Benson (Patricia Neal) pronunciar la frase ante el robot Gort. Como respuesta, Gort desistiría de destruir la Tierra y resucitaría a Klaatu de la muerte

El verano parece ser tiempo preferente de ovni. Según un gráfico realizado durante los últimos años, la mayor frecuencia de apariciones de objetos celestes tuvo lugar entre junio y julio y en un espacio de tiempo comprendido entre las 18.00 y las 21.00 horas.

“¿Por qué esta predilección de los objetos volantes no identificados hacia los meses veraniegos ? El hecho parece propiciar la hipótesis de que el fenómeno ovni está altamente ligado a fenómenos atmosféricos de tipo magnético. Una información publicada por el radiofísico soviético Vladimir Migulin, explicaba que «la estructura de la atmósfera es muy compleja… Son muy variadas las relaciones entre la atmósfera y las capas superiores de la magnetosfera y la ionosfera». Según el radiofísico soviético, un 90% de los casos de objetos volantes no identificados, observados y registrados, tiene una explicación lógica y natural, sin que participen fuerzas del otro mundo o habitantes extraterrestres.

Pero ¿y el resto?El día 20 de septiembre de 1977, a la altura de Petrozavodsk, en la URSS, según fuentes de la agencia Tass, «en el firmamento oscuro empezó de repente a brillar una enorme estrella que enviaba a la Tierra impulsos luminosos». La estrella,se alejó posteriormente, y, para el radiofísico soviético, «el fenómeno estuvo acompañado de una situación geofísica muy compleja. Varios días antes de producirse el fenómeno, en el Sol tuvo lugar un poderoso destello protónico». El viento solar, es decir, las partículas que se desprenden del astro, originaron perturbaciones muy fuertes en la capa superior de la magnetosfera. En la Tierra se desencadenaron tormentas magnéticas e intensas auroras boreales.

«A nadie se le ocurre vincular el rayo esferoidal a una civilización extraterrestre », afirma el director del Instituto de Magnetismo Terrestre de la URSS, quien añade que, «s1n embargo, el rayo esferoidal existe realmente, y hasta el momento no logramos explicar la estabilidad de este coágulo de energía». No todos los científicos en la URSS ni en otros países comparten este criterio. Otros, tanto allí como en Occidente. prefieren soñar otras hipótesis sobre fenómenos luminosos hoy inexplicables.

Motivos para no creer en ovnis

La especulación sobre la existencia de vida en otros planetas se remonta a los primeros tiempos en los que la astronomía supo que existían cuerpos celestes similares a la Tierra. Sin embargo, en este tema deben diferenciarse dos aspectos muy distintos: la existencia de vida fuera de la Tierra es algo considerado como probable por la mayor parte de astrónomos y biólogos. Prueba de ello es que se han llevado a cabo diversos programas para explorar esta posibilidad: desde los discos con mensajes acarreados por las sondas Voyager, el programa SETI (Search for ExtraTerrestrial Intelligence) o los experimentos de las últimas sondas marcianas.

Otro enfoque muy diferente es el de aquellos que aseguran que formas extraterrestres humanoides e inteligentes nos visitan desde hace muchísimo tiempo, interviniendo de diversas formas en el desarrollo de la vida en la Tierra. Este fenómeno, según sus partidarios, sería ocultado sistemáticamente por todos los gobiernos mundiales, los cuales dispondrían de múltitud de pruebas documentales o, incluso, de naves y cuerpos de alienígenas conservados en secreto.

Así las cosas, este es el decálogo que arrincona la lógica de avistamientos y contactos con otras civilizaciones que nos visitan:

1.- Ni una prueba. A pesar de las toneladas de testimonios y presuntas imágenes y vídeos de OVNI, a día de hoy no existe ni una sola fotografía que muestre claramente una nave alienígena o un organismo extraterrestre. O lo que es todavía más importante, no disponemos ni de medio gramo de chatarra ni de medio nanogramo de presunto material genético alienígena.

2.- Todos somos humanos. Siempre se presenta a los extraterrestres con aspecto humanoide: simetría bilateral, bípedos con cuatro extremidades, dos ojos, nariz, boca, etc. Las probabilidades de que la evolución haya producido dos organismos semejantes a partir de orígenes distintos de la vida son extremadamente escasas.

3.- Lejanía. Las distancias entre estrellas son enormes, y representando la velocidad de la luz un límite infranqueable para la materia, un viaje interestelar tripulado llevaría tanto tiempo que en muchos casos incluso sería necesaria una «nave colonia», capaz de albergar en su seno una civilización durante muchas generaciones. Hasta las estrellas más cercanas suponen un serio problema de tiempo: una nave viajando a la mitad de la velocidad de la luz tardaría más de 16 años en ir y volver a Proxima Centauri (la estrella más cercana), un poco lento para un programa de experimentación. Otras estrellas lejanas, como Rigel, exigirían 1700 años solo para uno de los trayectos.

4.- Illuminati. Con más de cuarenta años de ufología moderna, es muy poco probable que todos los gobiernos del mundo hayan conseguido ocultar completamente las numerosas “presuntas pruebas” acerca de tales “visitas”. Las cuales además y en más de una ocasión, según los propios ufólogos, han sucedido con “multitud de espectadores” o a la vista de varios “lugares públicos”.

5.- Somos el centro del universo. Existen descripciones de decenas de «especies» extraterrestres diferentes, y todas nos visitan a nosotros. Si hay tantas civilizaciones visitantes, hay que asumir que la vida inteligente en el universo es muy abundante, lo que exigiría pensar a su vez que los planetas con vida como la Tierra serían innumerables. ¿Porqué precisamente nos visitan tanto a nosotros?

6.- ¿O más bien estamos en las afueras? En el caso contrario, y si la inteligencia es poco abundante en el cosmos, la probabilidad de que decenas de especies inteligentes visiten un planeta situado en los confines de la galaxia resulta difícil de considerar.

7.- Tranquilidad extraterrestre. Los creyentes en el fenómeno OVNI afirman que ya nos visitaban en tiempos precolombinos o del antiguo egipto. No es muy probable que durante miles de años se mantenga la misma pauta de observación, sin contactar o sin variar los métodos de acercamiento. Nos deberían conocer ya de sobra.

8.- No hay nada como hacerlo tú mismo. Si nos encontramos (como parece) en “fase de observación”, y habida cuenta de los impedimentos anteriores, cabría esperar que una especie inteligente no enviara naves tripuladas a observar un nuevo planeta, sino sondas automáticas. De igual forma, no sería necesario acercarse hasta la superficie para estudiar la vida del planeta, una especie con la tecnología suficiente como para llegar hasta aquí podría hacerlo desde la órbita terrestre sin ningún problema.

9.- Unos tanto y otros tan poco. El fenómeno de avistamiento no es homogéneo. Si las visitas fueran tan reales y frecuentes como se pretende, no sería lógico que algunas personas hayan visto y sigan viendo numerosos OVNI, mientras que la inmensa mayoría no haya visto ninguno.

10.- Es incongruente que, por un lado, los visitantes pretendan permanecer ocultos durante miles de años y por otro, utilicen naves brillantes y llenas de luces que aumentan su visibilidad.

Una vida para las líneas ‘espaciales’ de Nazca

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María Reiche se enamoró de la nada del desierto y en él dio su vida. A él dedicó su existencia en solitario: a investigar, elucubrar, descubrir, limpiar, cuidar y conservar algo que pasó de misterio indescifrable y desconocido por la mayoría a atracción turística demasiado visitada. En la inmensidad de la llanura peruana había unas líneas geométricas imposibles de entender y a las que la científica alemana se empeñó en dotar de significado
María Reiche se enamoró de la nada del desierto y en él dio su vida. A él dedicó su existencia en solitario: a investigar, elucubrar, descubrir, limpiar, cuidar y conservar algo que pasó de misterio indescifrable y desconocido por la mayoría a atracción turística demasiado visitada. En la inmensidad de la llanura peruana había unas líneas geométricas imposibles de entender y a las que la científica alemana se empeñó en dotar de significado

La arqueóloga Maria Reiche, conocida como “la dama del desierto”, se apasionó hasta el fin de sus días con los enormes geoglifos de Nazca y dedicó su tiempo y dinero a preservarlos.

En un trabajo para la escuela, la niña Maria Reiche escribió que su sueño era viajar por el mundo como investigadora. Nacida en 1903 en Dresde, esa chica se convertiría en la máxima experta en las Líneas de Nazca, esos enormes geoglifos con formas de animales que inundan el desierto entre Palpa y Nazca, en Perú. Para graficar la importancia que tiene para la región y para la investigación esta arqueóloga y matemática alemana, dos ejemplos: el aeropuerto de Nazca lleva su nombre, al igual que una importante avenida de la ciudad.

Deseosa de cumplir sus sueños, Reiche viajó a Cuzco en 1932. Ana María Cogorno, presidenta de la Asociación Maria Reiche, una institución que resguarda el legado de la arqueóloga, cuenta que Reiche estuvo tres años en Cuzco, haciendo clases a los hijos del cónsul alemán. En ese período, la arqueóloga “aprende a admirar nuestro pasado y todas sus manifestaciones culturales”. Incluso, la joven peregrinó hasta Machu Picchu, “iniciando ahí su primera investigación astronómica al reloj solar, el Intiwatana”, revela Cogorno.

Reiche regresó a Alemania en 1936. Pero la situación en su país estaba muy complicada, con el régimen de Adolf Hitler preparando el escenario para lo que sería la Segunda Guerra Mundial. Por ello, decide volver a Perú. “En las primeras cartas que envió desde Perú a su hermana y a su madre, Maria relata que se había enamorado del país y su gente y que no deseaba retornar a Alemania. Y cuando en 1941 tuvo la posibilidad de viajar a Nazca con el arqueólogo Paul Kosok, su apetito por la investigación despertó”, explica la ingeniera Christiane Richter, autora de numerosos textos sobre las Líneas de Nazca y presidenta de la Asociación Dra. Maria Reiche, con sede en Dresde.

El “virus de Nazca”

En gran medida gracias al trabajo de Reiche, las Líneas de Nazca son hoy Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Estos gigantescos dibujos –que pueden apreciarse en toda su magnificencia desde el aire– fueron trazados por la cultura nazca y, según las investigaciones de la arqueóloga alemana, eran un calendario astronómico que ya relacionaba la posición de los astros con las cosechas y las estaciones del año. “Este lugar sagrado captura la atención de Maria y lo convierte en la razón de su vida”, dice Cogorno.

“En la Asociación nosotros hablamos del ‘virus de Nazca’, que contagia a algunos y a otros no. Pero el que cae contagiado, nunca más lo deja”, dice entre risas Richter, intentando buscar una explicación a la incontrarrestable pasión que generan estas maravillas, entre las que se cuentan líneas de solsticio y famosos diseños como “El colibrí”, “El mono” y “La araña”, estos últimos dos descubiertos por Reiche. Sabedora del enorme valor de sus hallazgos, Reiche se fue a vivir a El Ingenio (cerca de las líneas) y comenzó a luchar para conservarlas.

“La prensa escrita de la época da detalles de esa lucha, como cuando Maria hace campaña en contra de un proyecto del Ministerio de Agricultura para irrigar la zona donde se encuentran las líneas. Llegó hasta el Parlamento, donde mostró a los diputados sus investigaciones, planos geográficos y fotos de las figuras. Así logró, después de muchos debates, el apoyo de los diputados”, cuenta Cogorno. Consciente de que los peligros no desaparecerían, Reiche pidió ayuda financiera a su hermana Renate. Con ese dinero, pagó a seis guardias “con el único propósito de conservar la zona arqueológica por el profundo respeto y amor que tenían las dos por Perú”, dice Cogorno.

Peligros que no desaparecen

En 1992 Maria Reiche recibió la nacionalidad peruana. “Yo les digo: yo soy chola”, dijo entonces la alemana, que expresó su enorme aprecio por la cultura nazca también en sus obras. “Tengo definida mi vida hasta el último minuto. El tiempo será poco para estudiar la maravilla que encierran las pampas de Nazca, y ahí moriré”, apuntó en una ocasión. “¡Todo por Nazca! Si 100 vidas tuviera, las daría por Nazca. Y si mil sacrificios tuviera que hacer, los haría si por Nazca fuera”, dijo en otra oportunidad. Y cumplió: murió en 1998 en Perú, siempre atenta a sus líneas.

Su deceso dejó un vacío que intentan llenar sus seguidores, que siguen enfrentándose a los mismos problemas. “Desde nuestra perspectiva, hay muchas amenazas. Están las catástrofes naturales, como El Niño o el calentamiento global, y también la contaminación. Por otra parte están los trabajos mineros y situaciones inesperadas, como accidentes aéreos o acciones como la de Greenpeace de diciembre de 2014. El rally Dakar también es un problema”, enumera Richter. Cogorno agrega que sigue el saqueo del patrimonio cultural y que falta invertir más en conservación.

“Basta con considerar los visitantes que sobrevuelan las líneas para darnos cuenta de la relevancia que tienen para el turismo en el Perú. Aun así, la inversión estatal para la conservación de este sitio histórico es casi nula”, lamenta Cogorno desde Lima, dejando en evidencia un problema habitual: el escaso interés de muchos Estados por los valores más grandes que legó a sus países la historia.

Comidas que incitan a la pasión

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De las propiedades terapéuticas del ajo se sabe todo, o casi todo, desde tiempo inmemorial
De las propiedades terapéuticas del ajo se sabe todo, o casi todo, desde tiempo inmemorial

El amor, la fecundidad y la energía primaveral son las tres condiciones que hacen de la griega Afrodita, la diosa del amor, la lujuria, el sexo y la belleza. Afrodisíaca es aquella sustancia que estimula o potencia el apetito sexual.

Desde tiempos memorables existen incontables recetas acerca de productos “milagrosos” que facilitaron la tarea del sexo para convertirlo en placer. Alimentos que, por sus propiedades y efectos en el cuerpo humano, se comercializan con la premisa de abrir esa apetencia.

Como la Venus romana (o la prehistórica Venus de Willendorf), Afrodita era la divinidad que encarnaba el amor, los colores y energía de la primavera, y la fertilidad. De este modo, el mito que traspasó la lingüística logró que entendiéramos como afrodisíacos aquellos productos, alimentos o sustancias que estimulan nuestro apetito sexual.

Principalmente, las propiedades y sus efectos en el cuerpo humano sirvieron como un remedio psicológico sano en gastronomías más que como un desinhibidor o impulsor de la capacidad sexual. No hay dote culinario que logre lo que la naturaleza no consigue. Aunque sí que facilitan la tarea, los beneficios medicinales que poseen algunas de las sustancias denominadas ‘afrodisiacas’.

La mitología culinaria es tan amplia como la astrología o el horóscopo. De esta manera, se pueden distinguir -por un lado- los alimentos que por su composición favorecen la tensión y el deseo previos al amor. Y por otro, aquellos que por su aparente exotismo sugieren propuestas creativas sobre la mesa. Combinaciones divertidas que se asemejan sospechosamente con los elementos del deseo carnal.

El ajo es uno de los alimentos más minimizados en la gastronomía mundial aunque en las últimas décadas se prestó especial atención a sus cuantiosos beneficios sobre el cuerpo humano. En la Grecia y Roma clásicas se le atribuían poderosas cualidades vigorizantes y, por ende, sexuales.

Originario de Asia, el ajo tiene cualidades de expectorante, antibiótico y antiséptico, además de revelarse como uno de los mejores amigos del corazón.

Es uno de los afrodisíacos por excelencia porque su consumo provoca la dilatación de los vasos sanguíneos y esto genera que la sangre fluya mejor. En la práctica sexual, la erección del pene y el clítoris dependen de la circulación sanguínea.

De similar modo, el apio es una de las hortalizas que más favorecen la labor del aparato circulatorio por lo que siempre se indicó como remedio en platos afrodisíacos. Si bien no se aconseja su consumo en exceso, sazonar ensaladas con su gusto y utilizarlo en sopas de verduras (apio, puerro, calabaza, batata) es lo más habitual.

Al estudio de las distintas verduras y plantas en función del deseo sexual se le denomina fitoterapia y contempla aquellas que, gracias a sus componentes, funcionan como estimulantes cardíacos o cerebrales. Aquí es donde nace la raíz del apetito.

En algunos casos, se dice que esas verduras aumentan la producción de estrógenos (la hormona sexual femenina) para paliar los efectos de la menopausia y así obtener una mejor práctica sexual. El perejil puede ser un potente aromático que contrarreste el mal aliento del ajo, un diurético para eliminar exceso de líquidos y uno de los mejores condimentos para hacer una buena digestión.

Sin embargo y más allá de la materia prima milenaria, existen una serie de productos y alimentos que por su imaginería y simbolismo se encuentran en los platos afrodisíacos más exquisitos.

Este es el caso de algunos mariscos como las ostras, almejas, mejillones y demás bivalvos que, por su parecido carnoso con los genitales femeninos, despiertan la imaginación del comensal. Algo así ocurría entre los chinos con respecto al aspecto sensual de los melocotones y sus jugos.

Del mismo modo, crustáceos del tipo del buey de mar, la centolla, el bogavante o la langosta no sólo se asociaron con el poderío económico sino que las actividades de morder, chupar y comerlos tuvieron una amplia significación erótica llevada hasta el fetichismo en nuestra sociedad contemporánea. Aunque el afrodisíaco rey sigue siendo el caviar.

El chocolate, las fresas, la canela o las almendras tienen su propia iconografía en el ámbito del erotismo. Uno de los postres más románticos y celebrados es el de las fresas con nata. La mixtura de colores intensos conjuga la estética afrodisíaca aunque sean las fresas con chocolate las consideradas como estimulantes de primera clase.

El chocolate revitaliza el sistema nervioso central ya que contiene una sustancia denominada teobromina que actúa como estimulante (el chocolate negro lo contiene diez veces más que el chocolate de leche común) mejorando la respiración y mejorando la circulación sanguínea. La canela tiene una larga tradición repostera como afrodisíaco que combina esta corteza desecada –en rama o polvo- con postres lácteos o pastelería.

En cuanto a las almendras, sus referencias en la literatura árabe clásica son numerosas pero más sorprendente es el uso de su aceite que, mezclado con la afrodisíaca jalea, era utilizado por Cleopatra en sus baños.

Con esta solución rejuvenecía su aspecto y conseguía cautivar a Julio César y posteriormente, a Marco Antonio. Un tipo de uso, de aplicación directa sobre la piel, muy distinto a los citados.

El demonio en el señor Paganini

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Dicen que cuando Paganini contaba sólo cinco años, el diablo se le apareció en sueños a su madre, Teresa Bocciardo, asegurándole que su hijo sería un famoso violinista, lo cual hizo que su padre, Antonio Paganini, virtuoso con la mandolina y el violín, le obligase a practicar durante más de diez horas diarias
Dicen que cuando Paganini contaba sólo cinco años, el diablo se le apareció en sueños a su madre, Teresa Bocciardo, asegurándole que su hijo sería un famoso violinista, lo cual hizo que su padre, Antonio Paganini, virtuoso con la mandolina y el violín, le obligase a practicar durante más de diez horas diarias

El músico que ejecutaba de formas poco convencionales su violín favorito Guarnerius, con tres, dos e incluso una cuerda, de tal forma que parecían ser varios violines, fue Niccolò Paganini, quien murió en 1840.

Paganini fue un genio inigualable que impactaba por su forma de tocar el violín, era muy admirado por sus perfectas y originales ejecuciones.

Niccolò Paganini Bocciardo nació el 27 de octubre de 1782 en Génova, Italia. Su padre, Antonio, se dedicaba al comercio marítimo y, además, era violinista, de tal modo que Niccolò comenzó su aprendizaje musical con la mandolina, instrumento que tocó desde los cinco años.

Así se dieron cuenta que tenía los dedos y los brazos más largos de lo normal, y desde los siete años empezó a tocar el violín, pues podía abarcar más espacios en las cuerdas. Con nueve años realiza su primera aparición pública.

En 1801 compuso más de 20 obras en las que combinó la guitarra con otros instrumentos. Sus obras incluyen veinticuatro caprichos para violín solo (1801-1807), seis conciertos y varias sonatas, además de 200 piezas que involucraban de alguna manera a la guitarra.

Se decía que había hecho un pacto con el demonio y que en su violín encerraba el alma de mujeres de hermosa voz.

El mito de Paganini se comenzó a fraguar cuando tenía 5 años. Su madre aseguró haber tenido un sueño en el que se le apareció el demonio y le dijo que su hijo Niccoló sería un violinista famoso. A partir de entonces su padre le obligó a estudiar música durante 10 horas al día.

Rápidamente comenzó a dar muestras de su enorme talento musical y con 6 años dio su primer concierto, a los 9 hizo su primera gira y a los 16 ya era mundialmente famoso. Comenzó a dar conciertos por toda Europa y su fama se elevó hasta límites inimaginables para la época amasando una gran fortuna que dilapidaba en fiestas y juegos de azar. Además, su popularidad como músico sólo era superada por su fama de mujeriego. Decían de él que a pesar de ser “feo y descuidado” ejercía una extraña y poderosa atracción a las mujeres. No en vano tuvo un lío con las dos hermanas del emperador Napoleón Bonaparte, entre otras muchas.

Pero lo más sorprendente de Paganini era, sin duda, su genio musical. Y no sólo por crear más de 200 composiciones musicales sino, sobre todo, por su increíble y peculiar técnica a la hora de tocar el violín.

Su cuerpo alto y desgarbado poseía un flexibilidad especial que le permitía realizar movimientos imposibles para cualquier otro, como cruzar los codos uno por encima de otro mientras tocaba o flexionar lateralmente las articulaciones de sus dedos consiguiendo llegar a notas inalcanzables para la mayoría de los mortales.

Una de sus habilidades más aplaudidas era cuando retiraba tres de las cuatro cuerdas del violín y con esa única cuerda hacía sonar el violín como si fueran varios los que se tocaran. También era capaz de hacer increíbles Pizzicatos (pellizcar las cuerdas) con la mano izquierda, la mano de los trastes. Para que se hagan una idea, aquí tienen un vídeo con algunas de sus técnicas.

Pero esta habilidad tenía un pequeño secreto y no se trataba, según se rumoreaba entonces, de un pacto con el diablo. En realidad se piensa que Paganini sufría del síndrome de Marfan, una enfermedad que afecta al tejido conectivo, lo que le da a quien lo padece largas y flexibles extremidades.

Como su genialidad musical surgió a una edad muy temprana, alcanzó las mieles de éxito muy joven, pero con ese éxito vino una vida plagada por el desorden y los abusos. Paganini, con tan sólo 16 años, llegó a perder tanto dinero que en varias ocasiones llegó a dejar empeñado su violín para poder cubrir sus deudas de juego. Pero al final, terminó librándose del vicio y nunca más se acercó a una mesa de apuestas.

Paganini era capaz de tocar a la espectacular velocidad de doce notas por segundo. Ese es el tiempo que la mayoría de los músicos tardan en leer doce notas. También innovó con sus técnicas de memorización; antes de él, todos los violinistas iban acompañados del programa que debía ser tocado. Paganini, a su vez, acostumbraba simplemente a subirse al escenario con su instrumento, sacudiendo su larga cabellera y poniéndose a tocar. Todo el programa estaba en su memoria.

Su técnica era tan asombrosa que se pensó que existía algún influjo diabólico sobre él, debido a su extraña apariencia y adelantos musicales, que eran una verdadera obra de arte. Entre sus apuntes aparecía una “nota 13”, de gran dificultad con una de las cuatro cuerdas del violín.

Con todo ese talento extraordinario, el virtuoso violinista se convirtió en leyenda. Asociada a la increíble velocidad que alcanzaba cuando tocaba, estaba su apariencia cadavérica, que causaba cierto terror en las personas que tenían miedo de asistir a sus presentaciones. Niccoló medía 1.65 metros de alto, era muy delgado, tanto que su cuerpo y extremidades asemejaban a líneas largas y sinuosas, de cara muy pálida y rasgos marcados, ojos de águila (oscuros y penetrantes), nariz puntiaguda, cabellera larga ondulada que caía sobre sus delgados hombros. No era de extrañar, el hombre vivió toda su vida luchando contra una enfermedad severa que le exigía una dieta rigurosa y muchas horas de sueño. En la época, sin embargo, muchos creían que Paganini había vendido su alma al diablo a cambio de su perfección musical.

De 1805 a 1813 dirigió en la corte de María Anna Elisa Bacciocchi, princesa de Lucca y Piombino y hermana de Napoleón. Entre sus mejores maestros estuvieron Giovanni Servetto y Alessandro Rolla, quien al escucharlo dijeron que no tenían nada que enseñarle.

El músico desarrolló un carácter aventurero y apasionado, por lo que decidió comenzar sus giras por su cuenta. En 1827 realizó el primer concierto importante de su carrera, que fue compuesto por él con técnicas novedosas y se llevó a cabo en Nápoles.

Entre 1829 y 1831 conoció a Goethe, Heine y Shumann, creadores en los que logró influir enormemente.

Su fama creció tanto que las entradas de sus espectáculos demasiado caros, lo que generó descontento ya que muchos lo querían ver no solo por ser un virtuoso sino por observar su peculiar conformación física, que le permitió interpretar de un modo distinto las piezas musicales en su violín.

Renunció a las giras en 1834. Además, fue tutor del violinista Antonio Bazzini, a quien motivó para iniciarse.

Se casó con la bailarina Antonia Bianchi, con quien se fue a vivir y tuvo a su hijo, Aquiles. Paganini tenía varias enfermedades serias que empezaron a desarrollarse gravemente cuando tenía 38 años.

Entre sus posesiones se encontraban siete violines Stradivarius, aunque su predilecto era un Guarneri del Gesù de 1742, llamado “Il Cannone”, que hoy está expuesto en el Palacio cívico de Génova.

Sus obras más importantes son: los conciertos para violín números uno y tres en Re Mayor, Opus 6, el Concierto No. 2 en Si Menor Opus 7, “La campanella”.

Su salud se fue deteriorando por un cáncer de laringe que le hizo perder la voz a pasos agigantados y por el “calomel”, un laxante de mercurio que tomaba por recomendación médica para tratar la sífilis. Sus ánimos bajaron y se le veía muy envejecido.

En 1830 le empezó una disfonía, por lo que en 1838 se quedó completamente mudo. Finalmente, murió en Niza, Francia, el 27 de mayo de 1840. Más tarde se supuso que padecía el síndrome de Marfán, un trastorno hereditario que se manifiesta en problemas cardiovasculares, oculares y óseos.

Un obispo le negó su entierro a causa de los rumores sobre Paganini y el diablo, su cuerpo fue embalsamado durante dos meses y durante un año fue depositado en el sótano de la casa de su hijo hasta ser enterrado en el lazareto de Villefranche. En 1876 sus restos fueron llevados a Parma.

Un medio inhóspito hizo crecer al cerebro humano

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Un nuevo estudio apunta que los factores ecológicos, como la búsqueda y procesamiento de alimentos, tuvieron un papel más importante en la evolución y crecimiento de nuestro cerebro
Un nuevo estudio apunta que los factores ecológicos, como la búsqueda y procesamiento de alimentos, tuvieron un papel más importante en la evolución y crecimiento de nuestro cerebro

No hay consenso científico sobre por qué el cerebro humano tiene un tamaño relativo tan grande, en comparación con otros seres vivos. Numerosas teorías evolutivas han tratado de explicar esta singularidad, pero ninguna ha conseguido discernir si su crecimiento es una causa o un efecto de otros factores.

Una de las hipótesis más conocidas es que nuestro cerebro creció para permitir a nuestros ancestros desenvolverse mejor en una vida en sociedad cada vez más compleja. Otra hipótesis es que este aumento de tamaño está relacionado con el hecho de que nuestros ascendientes comenzaran a comer carne. El mayor aporte proteico habría permitido la reducción del sistema digestivo, en favor de un incremento de la masa cerebral.

Un nuevo estudio rebate esas hipótesis. “Nuestros resultados indican que la ecología ha sido determinante en la evolución del tamaño del cerebro humano, y no aspectos sociales como la cooperación o la competición”, explica a Sinc Mauricio González-Forero, investigador en la facultad de Biología de la Universidad de Saint Andrews (Reino Unido).

Entre estos factores ecológicos se cuentan problemas como encontrar comida, almacenarla, y procesarla para consumirla. “Los cazadores-recolectores que viven en la sabana africana resuelven estos problemas a través de habilidades de rastreo de animales, construcción de herramientas como botellas y contenedores de piel, y con la producción y control de fuego para cocinar alimentos”, explica el investigador.

El estudio concluye que cuando el medio ambiente es inhóspito y los individuos pueden continuar aprendiendo cómo resolver problemas mucho después de la niñez –por ejemplo, porque pueden aprender técnicas difíciles de otros individuos–, esa combinación entre ecología y acumulación de conocimiento produce cerebros de tamaño humano.

Tras la pista de un cerebro más grande

Con la ayuda de un modelo computacional, los autores han analizado los costes y beneficios energéticos proporcionados por un cerebro mayor. A mayor tamaño, más energía consume y menos disponibilidad energética hay para otras funciones, como los órganos reproductivos. Sin embargo, un cerebro más grande también tiende a permitir que el individuo resuelva problemas más complejos.

“El modelo calcula cómo de grande debería ser el cerebro como resultado de la selección natural cuando los individuos han evolucionado encontrando problemas de diferentes tipos. Hemos considerado problemas ecológicos y tres tipos de problemas sociales (de cooperación, competición entre individuos, y competición entre grupos)”, explica González-Forero.

De este modo, un 60% de los factores determinantes son de carácter ecológico, un 30% estarían relacionados con la cooperación y tan solo un 10% se basarían en la competición entre grupos. La competición entre individuos no habría sido relevante para la evolución del cerebro.

Estos porcentajes son consistentes con el hecho de que la psicología humana se caracteriza por su tendencia a la cooperación. La cooperación entre individuos sumada a la competición entre grupos, que involucra cooperación entre los individuos del grupo, proporciona una alta proporción de problemas de cooperación –un 40%– que podría haber moldeado la psicología humana.

“Nuestro modelo rebate la hipótesis de que el cerebro humano se expandió a lo largo de la evolución debido a demandas sociales. Por el contrario, encontramos que tales demandas contribuyen a disminuir el tamaño del cerebro”, explica González-Forero.

“Eso no significa que debamos disminuir nuestras interacciones sociales para promover un mayor cerebro, porque las consecuencias de algo así tomarían cientos de miles de años en tener efecto y podrían involucrar consecuencias negativas que no anticipa el modelo”, concluye el investigador.

Mensajes sanadores en la cuna de la civilización

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Con los sumerios apareció lo que llamamos Civilización, con ellos aparecieron los rasgos tanto positivos como negativos de nuestra especie en sociedad. Cerca del año 3.000 AEC también aparecieron otras civilizaciones renombradas como la egipcia, la china o la cultura del Indo
Con los sumerios apareció lo que llamamos Civilización, con ellos aparecieron los rasgos tanto positivos como negativos de nuestra especie en sociedad. Cerca del año 3.000 AEC también aparecieron otras civilizaciones renombradas como la egipcia, la china o la cultura del Indo

“Vete, sal de aquí, parálisis/ como la ventosidad que el ano suelta/ como la orina que de la entrepierna gotea”. Ese es uno de los conjuros con los que hace 4.000 años se “sanaba” la paraplejia, según una investigación de una filóloga del CSIC, Bárbara Böck, que los ha traducido por primera vez.

Böck lleva trabajando en la traducción de tablillas de arcilla sumerias y acadias con “recetas” conservadas en los museos Británico de Londres y el Vorderasiatisches de Berlín desde finales de los 90, según explica.

En ese tiempo Böck, de nacionalidad alemana, ha trabajado con 30 tablillas ya conocidas y 50 cuyo contenido era inédito: “es como hacer un puzzle del que desconoces el número de piezas que tiene”.

En algunas tablillas se proporcionaba al paciente información sobre su enfermedad, pero en otras solo se proporcionaba el conjuro tipo de masaje que iba a “sanarle” porque iba a provocar la expulsión del cuerpo del “demonio” que producía el mal.

En el conjuro para la parálisis, que nunca había sido traducido, se da órdenes al demonio, que en este caso tenía que salir del cuerpo como un fluido corporal impuro.

Quizá por eso hace referencia a todas las “posibilidades”: “sal de aquí, como la leche materna que de la mama emana/ como el sudor que el cuerpo transpira/ como las gotas de sudor que en la frente se forman/ como la ventosidad que el ano suelta/como la orina que de la entrepierna gotea/, como el eructo que la garganta expele/ como el moco que la nariz produce y como el cerumen que el oído segrega”.

Los “sanadores” se vestían de pez porque ese era el símbolo de Ea, el dios de la magia, y recitaban o aplicaban su “tratamiento”, preferiblemente a finales en dos fechas de finales del actual agosto, porque creían que era en esas fechas cuando se podía entrar en contacto con el más allá.

Si el tratamiento consistía en masajes, que se daban desde el torso hacia las extremidades, al final se colocaban amuletos en las muñecas y los tobillos, para evitar que el “demonio” entrase de nuevo en los pacientes a través de los miembros.

Así se trataba, por ejemplo, la “mano del espíritu de la muerte”, un mal al que hacían responsable de las migrañas, la parálisis, la locura y los problemas gastrointestinales.

Böck no tiene “ninguna constancia” de que los masajes o los conjuros tuvieran efecto, pero cree que debieron “tener algún éxito porque la palabra curativa tiene efectos calmantes”.

Además de conjuros, hay tablillas con información precisa de cómo hacer masajes para aliviar migrañas, facilitar el parto o combatir el agotamiento, y en todos ellos se empleaban aceites de plantas medicinales y aromáticas.

“Son iguales, exactamente, que las terapias que se emplean actualmente, sólo el concepto que hay detrás ha cambiado totalmente y ya no son demonios a los que hay que exorcizar”, señaló la investigadora.

Las tablillas con los signos cuneiformes se hallaron en yacimientos de la antigua Mesopotamia: Ur, Uruk, Babilonia y Sippar, en el sur, o Asur, Nínive, Nimrud o Sultantepe (actual Turquía).

Las copias más antiguas están fechadas en el principio del segundo milenio a.C y el más reciente es del siglo III a.C.

Además de las tablillas, Böck ha tenido como principal fuente de investigación un libro de encantamientos escrito en sumerio y acadio, titulado ‘Mushu’u’ (masajes en castellano), donde hay más de 50 conjuros que acompañan el tratamiento.

También ha encontrado otras técnicas terapéuticas en un libro en lengua acadia, con 45 textos médicos.