Educación

El anhelo de una lengua universal

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El Klingon es una lengua desarrollada por Marc Okrand para los estudios Paramount Pictures.Este idioma pertenece a los Klingons, una raza que durante los comienzos de la serie original de Star Trek no iba a tener mayor protagonismo, sin embargo, la sencillez y los bajos costos en maquillaje les garantizaron su permanencia. James Doohan creó los sonidos básicos y algunas palabras para la primera película basada en la serie original Star Trek: The Motion Picture (1979). Hasta ese momento los klingon solo se habían expresado en inglés. Luego, Okrand creó un amplio léxico y una gramática completa para Star Trek III: En busca de Spock (The Search for Spock) y las siguientes producciones de la franquicia.
El Klingon es una lengua desarrollada por Marc Okrand para los estudios Paramount Pictures.Este idioma pertenece a los Klingons, una raza que durante los comienzos de la serie original de Star Trek no iba a tener mayor protagonismo, sin embargo, la sencillez y los bajos costos en maquillaje les garantizaron su permanencia. James Doohan creó los sonidos básicos y algunas palabras para la primera película basada en la serie original Star Trek: The Motion Picture (1979). Hasta ese momento los klingon solo se habían expresado en inglés. Luego, Okrand creó un amplio léxico y una gramática completa para Star Trek III: En busca de Spock (The Search for Spock) y las siguientes producciones de la franquicia.

Del quenya al klingon pasando por el simlish o el alto valyrio, los idiomas extravagantes forman parte del imaginario de la literatura fantástica y en ocasiones tienen tanto cuerpo gramatical como el volapük o el esperanto, lenguas artificiales creadas para la comunicación en el mundo real.

El hervidero político europeo durante el siglo XIX, alimentado por el Romanticismo, desembocó en nacionalismos extremos que habrían de conducir durante el siglo siguiente a los dos peores conflictos bélicos registrados históricamente en el Viejo Continente.

Como reacción a estos movimientos exageradamente patrióticos, un puñado de idealistas lanzó la idea de crear un lenguaje universal como vehículo de fraternidad para evitar los enfrentamientos internacionales y así surgieron varias iniciativas en el mundo real que tuvieron su reflejo posterior en el género fantástico, donde además sirvieron para dotar de estructura y credibilidad a algunas de sus obras más famosas.

El párroco católico alemán Johann Martin Schleyer fue el primero en diseñar una lengua artificial destinada a facilitar la comprensión entre las distintas culturas en una Europa que había comenzado el siglo XIX con las guerras napoleónicas y se acercaba a su final tras la guerra francoprusiana y los conflictos exteriores como el de los bóers en Suráfrica o el de los bóxers en China.

Schleyer creó el volapük en 1879 basándose en el lema “Menefe bal, püki bal” (“Una única lengua para una única humanidad”) y obtuvo un gran éxito de inmediato: 100.000 personas de 280 asociaciones llegaron a utilizarla y publicar más de 300 libros de texto.

Pero su complejidad gramatical y, sobre todo, los enfrentamientos entre su fundador y uno de sus discípulos, el holandés Auguste Kerckhoffs, terminaron con su popularidad.

Muchos partidarios del idioma universal se pasaron entonces al esperanto, un experimento similar impulsado por el oftalmólogo judeopolaco Ludwik Lejzer Zamenhof, quien también conocía el volapük.

De hecho, hablaba alemán, polaco, ruso, yiddish, latín, griego, hebreo clásico, francés e inglés, además de poseer conocimientos básicos de español, italiano y otras lenguas.

Zamenhof soñaba con el perfecto idioma auxiliar para la comunicación internacional y en 1887 publicó el “Unua Libro” (“Primer Libro”) que describe el esperanto tal cual hoy lo conocemos aunque, pese a sus esfuerzos, ninguna nación lo adoptó jamás como lengua oficial y se estima que hoy día lo manejan menos de 10.000 personas.

Entre los escritores del género fantástico que han desarrollado lenguajes artificiales para sus obras, el gran maestro es J.R.R.Tolkien, el autor de “El Señor de los Anillos” y “El Hobbit”.

Lingüista destacado, desarrolló durante toda su vida algunos de sus idiomas más famosos, como el quenya o lenguaje de los altos elfos de Valinor.

También creó el sindarin o élfico gris, el adunaico de Númenor y otros, hasta un total de quince lenguajes diferentes.

Dentro de la Ciencia Ficción propiamente dicha, uno de los idiomas artificiales más populares es el klingon, desarrollado por otro lingüista, el norteamericano Marc Okrand, quien recibió el encargo de dotar con su propio idioma a la belicosa y homónima raza extraterrestre que aparece en “Star Trek”.

A este idioma se han traducido algunas obras de Shakespeare como “Hamlet” y “Mucho ruido y pocas nueces” porque, como dice el Canciller Gorkon, uno de los personajes klingon: “usted no ha experimentado realmente a Shakespeare hasta que no lo ha leído en el klingon original”.

Okrand también inventó el vulcaniano, idioma de los nativos de Vulcano como el doctor Spock, aunque la frigidez emocional y la rigidez social de esta raza lo han convertido en una lengua poco utilizada.

Menos elaborado es el Simlish o lengua ficticia de los videojuegos de Maxis para sus aventuras con los Sims.

Pese a su sencillez, es un lenguaje difícil ya que está compuesto por balbuceos y sonidos como el de los bebés, con expresiones como “Sool-Sool” (“Hola”) o “Veena Fredishay” (“Vamos a jugar”).

El idioma de moda en el fandom en la actualidad es el alto valyrio, una lengua muerta pero recordada a través de multitud de canciones y libros que aparecen en la saga de “Hielo y Fuego” de G.R.R. Martin, popularizada mundialmente gracias a la serie televisiva de “Juego de Tronos”.

Su frase más popular es “Valar Morghulis” (“Todos los hombres deben morir”), como bien saben los numerosos personajes decapitados, apuñalados, quemados, envenenados y, en general, asesinados por Martin en sus libros.

De todas formas, hay que recordar que la Ciencia Ficción resolvió hace mucho tiempo el problema del lenguaje universal gracias a la telepatía. Pero ésa es otra historia…

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Todo lo que suena, educa

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A la hora de procesar los estímulos acústicos, los sonidos del ambiente tienen un peso fundamental, según una teoría desarrollada por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid. La investigación repasa diferentes estudios de disciplinas como la antropología, la historia o la neurociencia. Los sonidos del siglo XVIII que rodearon a Mozart le influyeron decisivamente a la hora de componer
A la hora de procesar los estímulos acústicos, los sonidos del ambiente tienen un peso fundamental. La investigación repasa diferentes estudios de disciplinas como la antropología, la historia o la neurociencia. 

Desde que nacemos estamos rodeados de sonidos. Diferentes estudios han abordado la relación que tienen con la formación del individuo, tanto desde el punto de vista antropológico como cultural o neurológico.

En una investigación que analiza trabajos de estas disciplinas, investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) han desarrollado una teoría que establece que los sonidos del ambiente modelan las capacidades musicales del cerebro.

“Las modelan activamente e incluso antes de nacer, pero con unos márgenes amplios de modificación”, explica Javier Campos Calvo-Sotelo, investigador de la facultad de Geografía e Historia de la UCM y autor principal del estudio, que se publica en Psychology of Music.

Según esta teoría existe una afinidad sónica en cada persona, innata y que, a la vez, se va adquiriendo con el paso del tiempo en función de los diferentes estímulos ambientales. El papel de los progenitores, especialmente el de la madre, resulta fundamental.

“La vocalidad materna en particular y el ambiente sonoro del hogar en el que viva el niño ejercerán una influencia considerable en la relación que este establezca y desarrolle con la música”, afirma el autor.

Mozart y las calles adoquinadas

El trabajo realiza una revisión de diferentes iconos musicales, señalando la época y el contexto en el que realizaron sus obras. Mozart, por ejemplo, escuchaba principalmente “pájaros, voces humanas, carros con ruedas metálicas que se mueven por las calles adoquinadas y los sonidos agudos del látigo del cochero”, según describió el compositor Murray Schafer.

En opinión de este autor, habría una correlación entre los sonidos del siglo XVIII y la música compuesta por Mozart, llena de frecuencias medias y altas, donde los tonos graves son bastante ligeros.

Las óperas de Rossini, por su parte, cuentan con ritmo fuerte, influido por la incipiente maquinaria industrial que se desarrollaba en la época en que las creó, en el siglo XIX, según el musicólogo Roger Alier.

En cuanto a géneros, el rock se asocia con motores de combustión, motos, taladros, golpes de martillo, máquinas mezcladoras de cemento y el metro, típicos de la sociedad en la que se compone, en los siglos XX y XXI.

“El estudio plantea la existencia de una afinidad sónica que obedecería a una serie de causas funcionales dentro de la lógica de la evolución de la especie humana”, concluye Campos.

El altruismo no va a misa

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Las sociedades secularizadas son más pacíficas y generalmente más ‘sanas’ que las de aquellos países que se anclan en valores religiosos
Las sociedades secularizadas son más pacíficas y generalmente más ‘sanas’ que las de aquellos países que se anclan en valores religiosos

Un estudio sobre 1.170 niños de seis países podría acabar con la idea de que enseñanza religiosa y valores morales van de la mano. Según el trabajo, los niños criados en entornos familiares religiosos tienden a mostrarse menos generosos que los de familias no creyentes, además de ser más severos a la hora de entender y aplicar los castigos.

Muchos padres que dan a sus hijos una educación religiosa están convencidos de que, gracias a ello, sus niños son más empáticos y justos. No obstante, este estudio revela precisamente lo contrario.

“Normalmente se piensa que la religiosidad está vinculada con el autocontrol y la moralidad. Esta creencia está tan profundamente arraigada en la sociedad que, en algunos ambientes, las personas que no son religiosas se llegan a considerar moralmente sospechosas”, comenta a Sinc Jean Decety, autor principal del trabajo e investigador en el departamento de Psicología de la Universidad de Chicago (Estados Unidos). Por ejemplo, “en Estados Unidos las personas no religiosas tienen pocas posibilidades de ser elegidas para altos cargos políticos”, opina.

“Por lo tanto, está comprobado que la religión influye en los juicios morales de la sociedad y su comportamiento hacia otros, y precisamente es esa relación entre moral y religión la más polémica de todas, aunque no siempre es positiva”, señala Decety.

El equipo de investigadores evaluó el comportamiento de 1.170 niños de entre cinco y doce años procedentes de seis países: Canadá, China, Jordania, Turquía, Estados Unidos y Sudáfrica.

La mayoría de los niños se había criado en ambientes cristianos (23,9%), musulmanes (43%) o no religiosos (27,6%), aunque en el estudio también se incluyeron judíos (2,5%), budistas (1,6%), hindúes (0,4%) y hogares agnósticos (0,2%).

Para el experimento se dieron a los niños varias pegatinas para que las compartiesen con otros compañeros de su escuela y su mismo grupo étnico. Los de mayor edad se mostraban más generosos, pero la religión también se puedo relacionar con su comportamiento.

Los más religiosos se mostraban menos predispuestos a compartir, mientras que los más altruistas eran los que procedían de familias ateas o agnósticas.

Otro descubrimiento es que los niños religiosos juzgaban el daño interpersonal de una manera más severa y consideraban que los castigos debían ser mayores que en el caso de los no religiosos.

Según los investigadores, estos datos concuerdan con estudios realizados previamente en adultos, pero los que se han obtenido ahora muestran cómo se desarrollan las actitudes sociales y culturales en la etapa infantil, un periodo más delicado a la hora de aprender.

Secularización para la moralidad

Teniendo en cuenta los resultados del estudio, los investigadores plantean si la religión es realmente fundamental para el desarrollo de la moralidad.

“Las sociedades secularizadas son más pacíficas y generalmente más ‘sanas’ que las de aquellos países que se anclan en valores religiosos”, opina Jean Decety. “Los países democráticos con poca fe religiosa –como Países Bajos, Suecia, Dinamarca, Japón, Bélgica o Nueva Zelanda– a día de hoy tienen los niveles más bajos de criminalidad en el mundo y en ellos destaca el bienestar de sus ciudadanos”.

Según sostiene el investigador, algunos estudios sociológicos avalan que los hogares seculares otorgan una buena base moral a los más pequeños. Este tipo de enseñanza aportaría, en opinión de Decety, valores éticos fuertes para las futuras generaciones.

“Espero que la sociedad empiece a entender que la religión no garantiza la moralidad y que comprenda que una y otra son cosas distintas”, resalta.

El autor afirma que seguirá con su investigación y quiere ampliarla incluyendo a niños de edades comprendidas entre cuatro y ocho años, procedentes de 14 países: Canadá, China, Cuba, Colombia, Argentina, Chile, Sudáfrica, Turquía, Jordania, Taiwan, Tanzania, Etiopía, Noruega y México.

La conexión española de Einstein

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Einstein y Cabrera paseando por Madrid
Einstein y Cabrera paseando por Madrid

En 1923 Albert Einstein paseaba por las avenidas de Madrid. A su lado, una figura a la par de importante comentaba con solemnidad jovial algunos aspectos de la cultura peninsular. Esta figura no es otra que la de Blas Cabrera, uno de los físicos más importantes no solo de España, sino del mundo. Un investigador que asentó las bases de la física moderna y que se codeó con los grandes científicos de su época. Blas Cabrera nació en Arrecife, al este de Lanzarote, pero sus andanzas le llevaron por todo el mundo. Una mente que dejó su huella en la ciencia para siempre.

Blas Cabrera y Felipe nació en 1878 en Arrecife. El por entonces tranquilo pueblo de Lanzarote jamás habría imaginado la excelsa figura que se levantaría procedente de sus entrañas. Blas Cabrera y Felipe se trasladó pronto a Madrid para cursar unos estudios meteóricos. Allí conoció a don Santiago Ramón y Cajal, quien lo convenció para dejar derecho y estudiar ciencias. Tiempo después se licenció en Ciencias Físicas y Matemáticas por la Universidad Central de Madrid, doctorándose en Ciencias Físicas en 1901. Tiempo después volvería a las Islas desde donde continuaría sus investigaciones, mayormente experimentales. Cabrera desarrolló su mayor actividad en el campo de las propiedades magnéticas de la materia. Sus trabajos le granjearon lugares de honor junto a otros físicos referentes de su tiempo.

Así, Blas Cabrera fue invitado a varios de los famosos congresos de Solvay por méritos propios, convirtiéndose en uno de los físicos más prestigiosos del mundo. En dichos congresos se codeó con figuras tales como el propio Einstein, Werner Heisenberg, Marie Curie, Wolfgang Pauli, Erwin Schrödinger… Unos años antes, como contábamos, Cabrera fue el anfitrión durante la visita de Einstein a Madrid. Su estrecho contacto le permitió divulgar sobre una de las teorías más complejas existentes de la historia de la física. Pero esta es solo una pieza más del gran trabajo de Cabrera, el considero como padre de la Física de nuestro País.

Por desgracia, el nombre de Cabrera y Felipe nunca ha terminado de cuajar al nivel de otros científicos españoles de renombre, como Ramón y Cajal. Pero eso no le resta ni un solo ápice de importancia a su trabajo. No solo a nivel técnico, sino también administrativo y cultural. Blas Cabrera fue (y es) una referencia en la historia de la ciencia española. Ayudó a crear y fue nombrado director del Laboratorio de Investigaciones Físicas, en 1911; este centro probablemente sea el que más contribuyó al desarrollo de la física y la química en España y a su reconocimiento internacional a principios del siglo XX, cuando la ciencia despertaba tal y como la conocemos ahora. Si no fuera por sus trabajos, probablemente careceríamos del bagaje científico del que podemos alardear.

Así, Blas Cabrera, en sus más de 150 trabajos publicados asentó las bases teóricas de una grandísima cantidad de aplicaciones prácticas en el campo de la física. Mejoró, también, muchos dispositivos experimentales. Fue el primer científico en España en usar los conocidos como “método de la teoría de errores” y “método de los mínimos cuadrados” para la determinación de las constantes físicas. A día de hoy, todavía, algunas de sus medidas siguen siendo las más precisas existentes en el mundo. Pero como contábamos, Cabrera fue de los primeros en encargarse de divulgar la teoría de la relatividad especial en el país.

Fue rector, director, consejero científico, impulsor, organizador y anfitrión de alguno de los eventos, investigaciones e instituciones científicas más importantes de la España del Siglo XXI. Y, sin embargo, el que se puede considerar como verdadero padre de la física moderna española es uno de los más grandes desconocidos. Su nombre, por desgracia, apenas se enseña en las escuelas. Tampoco se encuentra en el acerbo cultural de la sociedad española. Si preguntamos por la calle a un transeúnte cualquiera, probablemente nunca haya oído hablar de él. ¿Cómo puede ser?

Decía Ramón y Cajal, quien en cierto sentido fue el mentor científico de Cabrera, que “al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia”. Probablemente el nombre de Blas Cabrera y Felipe se haya quedado en el olvido junto a tantos otras figuras científicas que no han sido respetadas por la historia. O puede que el terrible encontronazo con la mala baba política le granjeara un puesto en la indiferencia histórica. Porque Cabrera, después de hacer por el país más que muchos otros, fue “depurado” como un tóxico en el malsano torrente político. Así, el físico dejó de ser catedrático, director y muchos cargos más para pasar a ser un exiliado.

En México, sin embargo, fue acogido por la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, trabajando allí como profesor. Sus últimos años los pasó entre la docencia y la autoría. En 1944 comenzó a dirigir la revista Ciencia, editada por los científicos españoles exiliados. Ese mismo año, la Institución Cultural Española de Buenos Aires publicó su último libro “El magnetismo de la materia”. La última huella de uno de los caminantes más prolíficos de la historia española. Y es que Blas Cabrera y Felipe murió en 1945; así se fue el padre de la física española y uno de los padres de la física moderna: en el exilio.

En manos del maquiavélico ‘Big Data’

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Algunos modelos matemáticos limitan las posibilidades educativas de ciertas personas y sectores de la población
Algunos modelos matemáticos limitan las posibilidades educativas de ciertas personas y sectores de la población

Las matemáticas son, para muchos, una ciencia hermosa. Pero algunos algoritmos -vitales para decidir cosas que nos afectan directamente (como la cesión de un préstamo o la obtención de un trabajo)- se basan en estadísticas falsas o sesgadas que fomentan la desigualdad y la discriminación en el mundo. Al menos, así lo asegura Cathy O’Neil.

La exprofesora del prestigioso Barnard College de la Universidad de Columbia, en EE.UU., quien trabajó como analista de datos en Wall Street, dejó el mundo académico y financiero para convertirse en uno de los miembros más activos del movimiento Ocuppy Wall Street (OWS), que denunció los excesos del sistema financiero a partir de 2011.

Cinco años después de que naciera aquel movimiento intelectual, O’Neil acaba de publicar su libro, “Weapons of Math Destruction”(Armas de destrucción matemática), en el que describe cómo los algoritmos gobiernan nuestras vidas (y tienden a desfavorecer a los más desfavorecidos).

“Vivimos en la era de los algoritmos”, escribe la matemática. “Cada vez en mayor medida, las decisiones que afectan nuestras vidas -a qué escuela ir, si podemos o no obtener un préstamo o cuánto pagamos por nuestro seguro sanitario- no están tomadas por humanos, sino pormodelos matemáticos”.

En teoría, explica la especialista, esto debería conducir a una mayor equidad, de forma que todo el mundo fuera juzgado bajo las mismas reglas y se eliminara el sesgo. Pero, según O’Neil, lo que ocurre es exactamente todo lo contrario.

El lado oscuro del Big Data

Los algoritmos funcionan a modo de “recetas” creadas por computadoras para analizar grandes cantidades de datos. Un algoritmo puede recomendarte una película o protegerte de un virus informático, pero eso no es todo.

Hay ciertos algoritmos que O’Neil define como “opacos, desregulados e irrefutables”. Pero lo más preocupante, asegura, es que refuerzan la discriminación.

La primera característica de estos algoritmos, le cuenta O’Neil al Servicio Mundial de la BBC, es que “toman decisiones muy importantes en la vida de las personas”.

Por ejemplo, si un estudiante pobre en EE.UU. trata de pedir un préstamo, el sistema lo rechazará por ser demasiado “arriesgado” (en virtud de su raza o vecindario) y será aislado de un sistema educativo que podría sacarle de la pobreza, quedando atrapado en un círculo vicioso.

Este es tan sólo un ejemplo de cómo esos algoritmos respaldan a los más afortunados y castigan a los más oprimidos,creandoun “cóctel tóxico para la democracia”, explica O’Neil.

Pero, además, la académica dice que “(esos algortimos) son, en cierto sentido, opacos: la gente no comprende cómo son computarizados. Y, a veces, son secretos”. “Una de las cosas que más me preocupa es que estas puntuaciones -los algoritmos nos avalúan y puntúan- no son visibles para nosotros”, explica.

“Por ejemplo, cuando llamamos al servicio al cliente (de una empresa) a veces nos puntúan según nuestro número de teléfono y el perfil que tienen registrado de nosotros. Y deciden si somos un cliente de alto o de bajo valor. Si somos de valor reducido, puede que nos hagan esperar más tiempo”.

De acuerdo con la matemática, esos modelos ocultos manejan nuestras vidas desde que empezamos la escuela primaria hasta que nos jubilamos.

Los modelos están presentes en infinitos aspectos de nuestra vida personal y profesional: controlan resultados académicos de estudiantes y alumnos, clasifican currículos vitae, conceden o deniegan becas, evalúan a trabajadores, determinan votantes, establecen penas de libertad condicional y vigilan nuestra salud. Y todos ellos, dice O’Neil, esconden bucles de retroalimentación perjudiciales.

Comprendiendo el algoritmo

Simplemente, no describen la realidad tal y como es, sino que la modifican, expandiendo o limitando nuestras oportunidades en la vida. “Estos algoritmos son destructivos y debilitan su propio objetivo original, como la mejora del sistema educativo, por ejemplo”, dice O’Neil.

“Uno de mis ejemplos favoritos es el modelo de puntuación de valor agregado del profesor, y está muy extendido en Estados Unidos. Tiene que ver con el esfuerzo para librarse de los malos profesores”.

“Los resultados de los alumnos están informatizados, y los maestros ganan puntos si sus estudiantes obtienen mejores resultados de lo esperado (y viceversa). El verdadero problema es que nadie entiende (este sistema) realmente, lo cual estaría bien si funcionara a la perfección. Pero no es el caso”, advierte la exanalista.

Lo que ocurre, asegura, es que tienen “mucho ruido estadístico” y son “inconsistentes”. De hecho, algunos profesores han sido despedidos por fallas en esta tecnología, señala.

O’Neil dice que las personas encargadas de la modelación (y fabricación) de esos algoritmos deberían asumir una mayor responsabilidad sobre cómo se están usando estos modelos matemáticos. Pero, al final, está en nuestras manos informarnos más sobre ello, hacernos las preguntas adecuadas y comprender mejor cómo funcionan los modelos matemáticos que rigen nuestras vidas.

“Es muy difícil luchar contra sistemas de puntuación que ni siquiera sabes que existen. Por eso, una de las cosas que reivindico en mi libro es que la gente los rebata”.

“Hay muchas formas de adelantarnos al sistema. Por ejemplo, si hago una búsqueda en internet sobre un problema de salud siempre lo hago desde una ventana de incógnito”, dice O’Neil.

La clave, advierte, es “asegurarse de que las personas (y los algoritmos) que recopilan información sobre ti en internet no obtienen ‘malas noticias'”.

El castellano alegra; las canciones en inglés, deprimen

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Investigadores de Estados Unidos y Australia han desarrollado un ‘hedonímetro’ que permite analizar el contenido emocional del lenguaje. Tras estudiar 100.000 vocablos de 10 idiomas diferentes, han determinado que, en positividad, el español se sitúa a la cabeza de las lenguas
Investigadores de Estados Unidos y Australia han desarrollado un ‘hedonímetro’ que permite analizar el contenido emocional del lenguaje. Tras estudiar 100.000 vocablos de 10 idiomas diferentes, han determinado que, en positividad, el español se sitúa a la cabeza de las lenguas

El lenguaje es la mayor tecnología social desarrollada por la humanidad, capaz de reflejar en la mente el contenido de las historias que los propios hombres y mujeres elaboran y cuentan. El efecto de los idiomas en la configuración de los pensamientos ha sido durante mucho tiempo un tema controvertido. En 1969, Boucher y Osgood formularon la hipótesis de Pollyanna, que propone la existencia de un sesgo hacia la positividad en la comunicación humana.

Ahora, un equipo de investigadores de Estados Unidos y Australia ha podido confirmar esta hipótesis. En su trabajo han evaluado 100.000 palabras repartidas en 24 corpus de 10 idiomas diferentes en origen y cultura: español de México, francés, alemán, portugués de Brasil, coreano, chino, ruso, indonesio y árabe.

Las fuentes de estos corpus de palabras han sido varias: libros de Google Books, medios de comunicación como The New York Times, la red social Twitter, páginas web, subtítulos de televisión y de cine y letras de canciones musicales. Y en todos ellos se ha comprobado que las palabras alegres priman sobre las tristes.

Los investigadores, encabezados por Peter Sheridan Dodds de la Universidad de Vermont (Estados Unidos), apuntan que los resultados obtenidos prueban “una profunda huella de sociabilidad humana en el lenguaje”, lo que se refleja en que “las palabras del lenguaje humano natural poseen un sesgo hacia la positividad universal, en que el contenido emocional estimado de las palabras es consistente entre las lenguas bajo traducción, y en que este sesgo de positividad es independiente de la frecuencia de uso de las palabras”.

A partir de técnicas de minería de datos, el equipo de científicos localizó las 10.000 palabras más utilizadas en cada uno de los diez idiomas y seleccionó a nativos para que puntuaran en una escala de 1 a 9 puntos cada una de las palabras en función del optimismo que reflejaran, dando menos puntuación a las palabras negativas –como desgracia, muerte o cáncer– y más a las positivas –como cumpleaños, vida o sorpresa–.

En todos los corpus de palabras analizados se encontró un sesgo hacia lo positivo, aunque las mayores tasas se identificaron en las páginas web en español, los Google Books en español y Twitter en español, seguidas de las páginas web en portugués y Twitter en portugués. Las tasas más bajas se registraron, por el contrario, en las letras de las canciones en inglés, los subtítulos de las películas en coreano y los Google Books en chino.

A través de este método, los investigadores han desarrollado un hedonímetro, un sistema capaz de estimar la felicidad contenida en un texto escrito. El próximo objetivo será aplicar este método en otros lenguajes y en diferentes grupos demográficos.

Montessori o la luz al final del cachete

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La científica y humanista italiana renovó la educación infantil con un método de enseñanza que lleva su nombre y que hoy se sigue practicando en todo el mundo
La científica y humanista italiana renovó la educación infantil con un método de enseñanza que lleva su nombre y que hoy se sigue practicando en todo el mundo

La doctora María Montessori desarrolló el sistema educativo conocido como el “método Montessori”. Su obra es tanto un método como una filosofía de la educación; y su alcance abrazó a centenas de países en el mundo.

De acuerdo con historiadores, la pedagoga italiana consideraba a los pequeños como la esperanza de la humanidad, por lo que les dio la oportunidad de utilizar la libertad a partir de los primeros años de desarrollo. Con su método, el niño llegaría a ser un adulto con capacidad de hacer frente a los problemas de la vida.

El impacto que tuvo Montessori en la renovación de los métodos pedagógicos a principios del siglo XX fue profundo: la mayoría de sus ideas hoy parecen evidentes e incluso demasiado simples. Pero en su momento fueron innovaciones radicales, que levantaron controversias, especialmente, entre los sectores más conservadores.

Método Montessori

El material didáctico que diseñó es de gran ayuda en el período de formación preescolar. Se caracteriza por desarrollar en el niño la independencia, la libertad con límites, respetar la psicología natural y el desarrollo físico y social del niño. Su libro “El método Montessori” fue publicado en 1912.

Este método se caracteriza por poner énfasis en la actividad dirigida por el niño y observación clínica por parte del profesor. Esta observación tiene la intención de adaptar el entorno de aprendizaje del niño a su nivel de desarrollo.

El propósito básico es liberar el potencial de cada niño para que se autodesarrolle en un ambiente estructurado. El método nació de la idea de ayudar al niño a obtener un desarrollo integral, para lograr un máximo grado en sus capacidades intelectuales, físicas y espirituales, trabajando sobre bases científicas en relación con el desarrollo físico y psíquico del niño.

Montessori basó su material educativo en el trabajo del niño y en la colaboración adulto – niño. Así, la escuela no es “un lugar donde el maestro transmite conocimientos”, sino “un lugar donde la inteligencia y la parte psíquica del niño se desarrollará a través de un trabajo libre con material didáctico especializado”.

La vida de María Montessori

Nació el 31 de agosto de 1870 en Chiaravalle, provincia de Ancona, Italia, en el seno de una familia burguesa católica. Sus padres fueron Renilde Stoppani y Alessandro Montessori, militar de profesión y hombre muy estricto; sin embargo, en su familia se reconocía el derecho a cierta educación de la mujer.

Estudió ingeniería a los 14 años; luego estudió biología y por último fue aceptada en la Facultad de Medicina de la Universidad de Roma “La Sapienza”.

Su padre se opuso al principio, pero a pesar de ello terminó graduándose en 1896 como la primera mujer médico en Italia. Fue miembro de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Roma. Más tarde, estudió antropología y obtuvo un doctorado en filosofía, época en la que asistió a uno de los primeros cursos de psicología experimental. Es contemporánea de Freud y desarrolló su propia clasificación de enfermedades mentales.

Entre 1898 y 1900 trabajó con niños considerados perturbados mentalmente. Se dio cuenta de que estos niños tenían potencialidades que, aunque estaban disminuidas, podían ser desarrolladas y que eran dignos de una vida mejor sin representar una carga para la sociedad. En este momento decidió dedicarse a los niños durante el resto de su vida.

Montessori, al desarrollar su labor pedagógica, descubrió los trabajos de dos médicos franceses, Jean Itard (1774-1838) y Eduardo Séguin (1812-1880). El primero de estos es considerado el “padre” de la nueva pedagogía, que establece la importancia de la observación en los niños y entiende que a los niños no se les puede imponer nada.

El segundo creó ejercicios y materiales para ayudar al niño a desarrollar sus facultades, además de estudiar el caso del denominado niño salvaje de Aveyron). Más tarde, conoció los trabajos del pedagogo suizo Johann Heinrich Pestalozzi (1746-1827). Pestalozzi hacía énfasis en la preparación del maestro, que primero debe lograr un cambio en su persona y debe tener amor a su trabajo. También debe haber amor entre el niño y el maestro.