Educación

Niños autistas y madres estresadas

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Las progenitoras de los niños que muestran un umbral sensorial bajo, es decir, responden a estímulos de baja intensidad y lo hacen tratando de evitar estos estímulos, son las que muestran un mayor nivel de estrés
Las progenitoras de los niños que muestran un umbral sensorial bajo, es decir, responden a estímulos de baja intensidad y lo hacen tratando de evitar estos estímulos, son las que muestran un mayor nivel de estrés

Investigadoras españolas de la Universidad Autónoma de Madrid y de la Univesidad de Portsmouth (Reino Unido) han realizado un estudio sobre las respuestas a estímulos sensoriales en niños con trastorno del espectro del autismo (TEA) y su relación con problemas de conducta, funcionamiento adaptativo y estrés de las madres.

Las personas con autismo muestran un funcionamiento sensorial atípico. Los umbrales sensoriales pueden ser a veces inferiores y otras veces superiores a los observados en el resto de la población. Por ejemplo, sonidos, estímulos táctiles u olfativos intensos, pueden parecer como no percibidos por personas con autismo. O al contrario: un sonido o un olor sutil puede provocarles un fuerte malestar.

El estudio, publicado en la revista Journal of Intelectual Disability Research, analizó la relación de este funcionamiento sensorial atípico con conducta adaptativa (comunicación, socialización y habilidades de la vida diaria) y problemas de conducta.

Perfil de funcionamiento sensorial

“Mientras que la relación con problemas de conducta parece clara, no se encuentra relación con funcionamiento adaptativo. Los problemas de conducta en los hijos se han relacionado fuertemente con estrés materno, pero no se ha estudiado apenas el efecto que puede estar teniendo en el estrés de la madre el perfil de funcionamiento sensorial de los hijos”, afirman los autoras.

El estudio también permitió establecer que existe un determinado subtipo de funcionamiento sensorial que está prediciendo la presencia de estrés en las madres en mayor medida que los problemas de conducta. En concreto, las progenitoras de los niños que mostraban un umbral sensorial bajo, es decir, respondían a estímulos de baja intensidad y lo hacían tratando de evitar estos estímulos, eran las que mostraban un mayor nivel de estrés.

Para las investigadoras, estos hallazgos pueden permitir conocer qué familias son las que presentan mayor vulnerabilidad emocional.

“Incorporar en las evaluaciones clínicas y educativas de las personas con TEA instrumentos para valorar el funcionamiento sensorial parece que podría ayudarnos no sólo a identificar apoyos específicos en esta dirección para la persona que presenta este trastorno, como controlar niveles de ruido, olores, estimulación táctil, etc., sino también identificar familias que pueden estar en mayor riesgo de sufrir altos niveles de estrés”, concluyen.

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Los inescrutables caminos de la letra “g”

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Pese a que todos creemos escribir bien la "g", la manera correcta es la que aparece en la opción 3 de la imagen
Pese a que todos creemos escribir bien la “g”, la manera correcta es la que aparece en la opción 3 de la imagen

La mayoría de las personas desconoce que existen dos versiones de la letra ‘g’ minúscula en los textos y, si lo hacen, no saben escribir la que normalmente vemos impresa en libros y periódicos. Esta es la conclusión de un estudio de investigadores de la Universidad Johns Hopkins (Baltimore, EE UU), que aparece publicado en la revista Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance.

“Creemos que si miramos un texto durante el tiempo suficiente, especialmente si tenemos que prestar atención a las formas de las letras, sabremos reproducirlas, pero nuestros resultados indican que no siempre es el caso”, señala el profesor de investigación en Ciencias Cognitivas Michael McCloskey, autor principal del estudio.

La letra g minúscula tiene dos versiones. Una de ellas es la que usamos cuando escribimos, en forma de círculo con un gancho colgando.

Y la segunda es la que usan tipografías como Times New Roman y Calibri, que se ve en la mayoría de los materiales impresos. Se forma con dos círculos, el de abajo más achatado, unidos por un gancho a la izquierda.

“Lo que parece que sucede –dice McCloskey– es que aprendemos las formas de la mayoría de las letras porque tenemos que escribirlas en la escuela, pero la segunda versión de la letra ‘g’, que tiene una forma muy particular, no nos la han enseñado a escribir”.

El experimento: escriba usted esta letra

Los investigadores realizaron un experimento para saber si las personas sabían que había dos tipos de ‘g’ minúscula. Para ello, pidieron a 38 adultos que enumeraran las letras con dos variedades minúsculas. Solo dos nombraron la letra ‘g’ y únicamente uno escribió ambas formas correctamente.

A continuación, los investigadores pidieron a 16 voluntarios que leyeran en silencio un párrafo con muchas letras ‘g’ del tipo más común en textos y que pronunciaran en voz alta cada palabra que contenía la ‘g’. Después se les pidió que escribieran la ‘g’ que acababan de ver.

La mitad de ellos escribió el tipo incorrecto y solo uno fue capaz de escribir la versión requerida. “No saben cómo es esta letra, aunque puedan leerla”, señala Gali Ellenblum, otro de los autores. “Esto no pasa con las otras letras. ¿Qué está pasando aquí?”.

“La particularidad de la ‘g’ parece demostrar que nuestro conocimiento de las letras puede verse afectado cuando no las escribimos. Cada vez escribimos menos y somos más dependientes de los dispositivos electrónicos. ¿Que implicaciones tendrá esto en la lectura?”, se pregunta Ellenblum.

Chonis contra pijas

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Poner morritos en un selfie es un gesto que hermana socialmente a chonis y pijas, enemigas irreconciliables y a la sazón, compatibles
Poner morritos en un selfie es un gesto que hermana socialmente a chonis y pijas, enemigas irreconciliables y a la sazón, compatibles

Un estudio llevado a cabo por investigadoras de la Universidad Rovira i Virgili analiza la visión que los chicos y chicas adolescentes tienen de sus iguales en las redes sociales.

Las investigadoras consideran que los espacios virtuales refuerzan un doble estándar sexual que hace que las chicas sean criticadas con parámetros sexuales a diferencia de los chicos; y otro doble estándar que atribuye mal gusto y falta de cultura a las personas que son consideradas empobrecidas o con pocos estudios. Esto genera un desprecio hacia las chicas (las chonis) a las que se les atribuyen autopresentaciones y prácticas en la red de acuerdo con este juicio de clase y género.

El estudio, en el que han participado siete grupos de jóvenes de entre 16 y 20 años explicando cómo valoran sus autopresentaciones, muestra que los medios sociales son un espacio clave donde se juzgan las feminidades de clase en un lugar público compartido por los jóvenes. Las participantes en estos grupos de discusión, preguntadas por sus estrategias de representación en las redes sociales, hablaban de dos únicos perfiles: pija y choni.

“Pija” es una noción neutra, un marcador de identidad estándar utilizado como contrario de la etiqueta verdaderamente despectiva que es la de “choni”, un estigma reconocido colectivamente. Sin embargo, el perfil de las chonis sí lo tienen muy definido, delimitado e identificado con símbolos culturales muy específicos como, por ejemplo, pantalones muy ajustados, tangas, piercings, tatuajes, cola de caballo o moños, maquillaje excesivo y posturas provocadoras que son leídas en clave sexual.

Los discursos elaborados en las autopresentaciones reproducen estos estereotipos y no contribuyen a transformarlos. Todos los adolescentes se muestran conscientes de estos prejuicios pero manifiestan dificultad (incluso imposibilidad) para superarlos.

Según las profesoras del Departamento de Estudios de Comunicación Cilia Willem, Iolanda Tortajada y Núria Araüna, también miembros del grupo de investigación Asterisc, estos marcadores de clase sirven para establecer límites entre las chicas en las redes sociales, donde la norma es la autosexualización. Una de las preocupaciones de las chicas que han participado en los grupos de discusión ha sido evitar ser etiquetadas como “chonis” cuando construyen una imagen atractiva.

A lo largo de la investigación, ellas han expresado la presión que sienten por erotizar y, a la vez, son juzgadas por esta sexualización.

Reconocen la dualidad, pero se posicionan fuera

Los resultados del trabajo coinciden con el estereotipo con el que son cargadas las mujeres de clase trabajadora en otros contextos culturales como, por ejemplo, en el Reino Unido, donde la figura de la chav femenina es vista como una exhibición continua de falta de cultura, de estilo y de gusto.

A pesar de que hay un cierto grado de control del estilo y del gusto que proporciona a las chicas guías sobre cómo no perjudicar su reputación sexual y social, los juicios de los demás se escapan de su control. Para la pija, definir a la choni es establecer la línea que no se debe pasar, aquello que justifica la propia autosexualización, presentada como una exhibición casi artística. A pesar de que pijas y chonis son susceptibles de recibir críticas de carácter sexual, la mayoría de los participantes en la investigación afirmaban que las autopresentaciones de las pijas acababan esquivando la sanción y otorgándoles popularidad y estatus.

No solo los chicos etiquetan a las chicas como chonis sino que, de manera defensiva, también lo hacen las chicas. Todos reconocen y aplican la dualidad, pero intentan posicionarse fuera. Así, con el objetivo de librarse del estigma de la choni, lo transfieren a otras. Esta carencia de solidaridad de clase entre mujeres se expresa en todas las personas que han participado en el trabajo. A la estigmatización de género y de clase se deben añadir los juicios a las chonis como “imprudentes” por compartir o subir fotos sexualizadas en una sociedad que responsabiliza a las mujeres de las agresiones que sufren.

Después de haber estudiado las desigualdades de género y de clase social entre la población adolescente en las redes sociales desde 2008, este equipo de investigación de la URV acaba de poner en marcha un proyecto I+D sobre la dimensión apoderadora de las creaciones audiovisuales en red llevadas a cabo por youtubers.

El abuso y su medida

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En ese sentido, la Escala Multidimensional de Violencia en el Noviazgo es la primera que evalúa este tipo de violencia de forma integral, contemplando todas sus dimensiones desde el punto de vista de la persona que la ejerce y la que la padece. Este instrumento podría convertirse en una herramienta útil para utilizar con distintos colectivos de jóvenes y para permitir la detección y la constatación de actitudes de violencia y malos tratos hacia la pareja
En ese sentido, la Escala Multidimensional de Violencia en el Noviazgo es la primera que evalúa este tipo de violencia de forma integral, contemplando todas sus dimensiones desde el punto de vista de la persona que la ejerce y la que la padece. Este instrumento podría convertirse en una herramienta útil para utilizar con distintos colectivos de jóvenes y para permitir la detección y la constatación de actitudes de violencia y malos tratos hacia la pareja

La violencia en las parejas más jóvenes es entre dos y tres veces superior a la registrada en parejas adultas, aunque generalmente es de menor gravedad. Por ello, expertos de los departamentos de Enfermería y de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación de la Universidad de Sevilla presentan una herramienta diseñada y validada para detectar la violencia ejercida y padecida en las relaciones de parejas jóvenes y que contempla no solo la violencia física y sexual, sino también las conductas de control y el abuso psicoemocional.

Esta nueva escala parte de instrumentos validados internacionalmente para explorar dimensiones específicas de la violencia dentro de la pareja. Partiendo de esa base, los autores y autoras de esta investigación han confeccionado, junto a tres expertas en género, un cuestionario de 32 ítems en los que se abordan la violencia física, comportamientos de acoso y de abuso emocional y psicológico a través de conductas de denigración, ridiculización y menosprecio.

Para poder validar este nuevo instrumento, el estudio ha contado con la participación de una muestra de 447 estudiantes de Grado de la Universidad de Sevilla que tienen o han tenido alguna relación de pareja. Los jóvenes respondieron cada uno de los 32 ítems que componen la Escala Multidimensional de Violencia en el Noviazgo, tanto desde el punto de vista de la violencia ejercida como la padecida.

En una escala del 0 (nunca) al 5 (siempre, de forma habitual), los participantes respondieron a cuestiones relacionadas con el control en la pareja (como espiar teléfonos, correos o redes sociales o enfadarse porque la otra persona pasa mucho tiempo con amistades o familiares), situaciones de abuso psicoemocional (como insultar o menospreciar delante de los demás, culpar al otro de las cosas que no salen bien o amenazar con arruinar su reputación) y casos de violencia física, como autolesionarse, agredir de forma leve (agarrones, empujones) o de forma fuerte (bofetadas, puñetazos) o forzar el contacto sexual.

En lo referente a comportamientos de vigilancia y ciberacoso, la aplicación de esta escala revela que ellas buscan más información sobre las actividades de sus parejas en redes sociales, pero afirman recibir mayor cantidad de mensajes controladores y sufren mayor vigilancia que los chicos. Sin embargo, protagonizan en mayor medida situaciones de acoso, como por ejemplo espiar o comprobar, a través de amigos o familiares, dónde se encuentra su pareja.

El estudio ha registrado cifras en torno al 12% en agresiones físicas (bofetadas y puñetazos) «al menos una vez» en chicas y chicos, sin diferencias significativas entre víctimas (11,8% de los chicos y 11,6% de las chicas) y agresores (12,8% de los chicos y 12,7% de las chicas han sido agresores). También declaran haber forzado el contacto sexual «al menos una vez» el 10,4% de las chicas y el 14,1% de los chicos.

“La normalización de la violencia a estas edades –apuntan los autores y autoras de esta investigación– es el preámbulo de conductas violentas en la pareja en la edad adulta, y de ahí el interés por estudiar el fenómeno a edades cada vez más tempranas”.

En ese sentido, la Escala Multidimensional de Violencia en el Noviazgo es la primera que evalúa este tipo de violencia de forma integral, contemplando todas sus dimensiones desde el punto de vista de la persona que la ejerce y la que la padece. Este instrumento podría convertirse en una herramienta útil para utilizar con distintos colectivos de jóvenes y para permitir la detección y la constatación de actitudes de violencia y malos tratos hacia la pareja.

Sociedad moderna, sociedad enferma

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El consumo de clases de antibióticos nuevos y de último recurso, como linezolid, carbapenémicos y colistina, aumentó significativamente en casi todos los países
El consumo de clases de antibióticos nuevos y de último recurso, como linezolid, carbapenémicos y colistina, aumentó significativamente en casi todos los países

Un nuevo estudio ha examinado las tendencias sobre el uso de antibióticos en 76 países entre 2000 y 2015. Los resultados revelan que las dosis diarias se incrementaron en un 65% y que la tasa de consumo aumentó un 39%, especialmente en los países de ingresos medianos y bajos. España posee la tasa de uso per cápita más alta de cualquier país de altos ingresos y la tercera más alta en general. Los expertos prevén que el empleo de antibióticos pueda crecer hasta un 200% en 2030.

Un nuevo estudio ha examinado las tendencias sobre el uso de antibióticos en 76 países entre 2000 y 2015. Los resultados revelan que las dosis diarias se incrementaron en un 65% y que la tasa de consumo aumentó un 39%, especialmente en los países de ingresos medianos y bajos. España posee la tasa de uso per cápita más alta de cualquier país de altos ingresos y la tercera más alta en general. Los expertos prevén que el empleo de antibióticos pueda crecer hasta un 200% en 2030.

La evaluación más completa de las cifras mundiales hasta la fecha revela que las dosis diarias definidas (DDD) –una medida estándar para el consumo de antibióticos– aumentaron en un 65%, de 21.100 millones a 34.800 millones de DDD. A su vez, la tasa de consumo de antibióticos se incrementó en un 39%, de 11,3 a 15,7 DDD por 1.000 habitantes y día.

Los expertos también proyectaron el consumo mundial total de antibióticos hasta 2030. Según los autores, con la continuación de las tendencias actuales, se prevé que su uso aumente entonces hasta en un 200%.

“Cuando la resistencia a los antibióticos emerge en un lugar, se propaga rápidamente a otras partes del mundo”, afirma a Sinc Ramanan Laxminarayan, director del CDDEP y autor principal del estudio. “De ahí que el informe incida en la necesidad de una vigilancia mundial coherente de la resistencia y las políticas para reducir su uso innecesario”.

Para los investigadores, aunque resulta crítico reducir el consumo de antibióticos, también es necesario promover e incrementar su acceso en países de bajos ingresos, ya que estos territorios padecen las tasas más altas de enfermedad y muerte causadas por enfermedades infecciosas.

El consumo por países

El aumento de antibióticos se asoció con el crecimiento del PIB per cápita en países de ingresos bajos y medianos, donde el consumo aumentó en 114%, de 11.400 millones a 24.500 millones de DDD, y la tasa de consumo aumentó en 77%, de 7,6 a 13,5 DDD por 1.000 habitantes por día (parte del aumento del uso total se debió al crecimiento económico y de la población).

Algunos países de ingresos bajos y medianos tenían tasas de consumo que superaban las de los estados de altos ingresos. Así, en 2015 cuatro de los seis estados con las tasas de consumo más altas fueron los países de ingresos bajos y medianos: Turquía, Túnez, Argelia y Rumania.

Sin embargo, muchos todavía tienen tasas de consumo per cápita considerablemente más bajas que los países de altos ingresos, debido a problemas de acceso como el alto costo de los medicamentos y las protecciones de patentes.

Por su parte, en los países de altos ingresos si bien el empleo de antibióticos aumentó en un 6%, de 9.700 millones a 10.300 millones de DDD, la tasa de consumo disminuyó en un 4%, de 26,8 a 25,7 DDD por cada 1.000 habitantes al día.

La tasa de consumo de penicilinas de amplio espectro, la clase de antibióticos más comúnmente consumida, subió un 36% entre 2000 y 2015 en el mundo. El mayor aumento se produjo en los países de ingresos bajos y medios, donde la tasa de consumo de antibióticos aumentó un 56%, en comparación con el 15% en los países de altos ingresos.

El consumo de clases de antibióticos nuevos y de último recurso, como linezolid, carbapenémicos y colistina, aumentó significativamente en casi todos los países.

España: una alta tasa de uso per cápita

El consumo total de antibióticos en España se incrementó un 35% –de 0,5 a 0,7 mil millones de DDD– entre 2000 y 2015. Su tasa per cápita aumentó un 17% –de 34,3 DDD por 1.000 habitantes y día a 40,1 DDD por 1,000 habitantes y día–. “España posee la tasa de uso per cápita más alta de cualquier país de altos ingresos y la tercera más alta en general”, explica a Sinc Laxminarayan.

El año 2000 tuvo las cifras más altas de tasa de consumo de antibióticos junto a otros países de altos ingresos, como Francia, Nueva Zelanda, Hong Kong y Estados Unidos.

Además, por tipo de medicamento, en 2015 España mantuvo, al igual que Reino Unido e Irlanda, una de las tasas más altas de consumo de polimixina –utilizado para el tratamiento de las infecciones urinarias, septicemia o bacteremia, producidas por gérmenes sensibles cuando otros antibióticos son inefectivos o están contraindicados–.

“Debemos actuar de manera integral para preservar la efectividad de los antibióticos”, concluye Laxminarayan. “Eso incluye soluciones que reducen el consumo, como vacunas o mejoras de infraestructura, particularmente en países de ingresos bajos y medianos”.

Niños asfixiados por adultos que contaminan

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La población infantil sufre por los desmanes del voraz mundo de los adultos
La población infantil sufre por los desmanes del voraz mundo de los adultos

Un equipo de investigación internacional del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) —centro impulsado por la Fundación Bancaria ”la Caixa”— y del Institute for Transport Studies de Leeds han utilizado un modelo de nuevo desarrollo para analizar el impacto que la exposición a los óxidos de nitrógeno (NOx) —gases que se encuentran entre los contaminantes del aire— tiene en el desarrollo del asma infantil.

El estudio, publicado en Environment International, aunó los datos de otros cuatro modelos distintos relativos a tráfico, emisiones, dispersión atmosférica y estudio de impacto en salud en Bradford (Reino Unido). Esto permitió a los investigadores trazar toda la cadena de impacto, desde las fuentes de contaminación del aire hasta las vías por las que esta impacta la salud de los niños.

Los resultados indican que hasta el 38% de todos los casos anuales de asma infantil en Bradford pueden ser atribuibles a la contaminación del aire. Más específicamente, las estimaciones del modelo mostraron que el 12% de los casos anuales de asma infantil podrían atribuirse a la contaminación del aire relacionada con el tráfico.

“Sin embargo, sabíamos que nuestro modelo estaba subestimando la fracción de contaminación atmosférica procedente del tráfico. Cuando ajustamos nuestros resultados usando mediciones reales de contaminantes del aire vimos que hasta el 24% de los casos anuales podrían atribuirse a la contaminación del aire relacionada con el tráfico”, explica Mark Nieuwenhuijsen, director de la Iniciativa de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud de ISGlobal.

La autora principal del estudio, Haneen Khreis, investigadora de ISGlobal y del Institute for Transport Studies de Leeds, afirma: “Las tasas de casos de asma infantil en Bradford son más altas que la media del Reino Unido, al igual que los ingresos hospitalarios por urgencias de niños asmáticos menores de 16 años.”

“Investigaciones previas de nuestro equipo demostraron que los niños y niñas expuestos a altos niveles de contaminación del aire procedente del tráfico tienen un mayor riesgo de desarrollar asma. Cuantificar el número de casos de asma infantil que son directamente atribuibles a la contaminación del aire relacionada con el tráfico no se había hecho en el pasado y, como demostramos ahora, una parte importante de los casos es en buena medida prevenible”, añade Khreis.

“Nuestro trabajo demuestra que, si bien las medidas populares como detener los vehículos al ralentí fuera de las escuelas o proporcionar rutas peatonales alejadas de las carreteras son importantes, las soluciones propuestas para mitigar la contaminación del tráfico no deberían restringirse a áreas localizadas”, agrega. “Las nuevas políticas destinadas a reducir los efectos de la contaminación atmosférica procedente del tráfico deben enfocarse a cada eslabón de la cadena: desde el volumen y el tipo de tráfico, hasta los gases de escape y las emisiones que no provienen de los tubos de escape, pasando por la dispersión y la exposición”.

Aumento constante de casos desde 1950

Bradford es la sexta ciudad más grande del Reino Unido, con una población multiétnica de más de 530.000 personas. Al mismo tiempo, también se encuentra entre el 10% de las localidades británicas más desfavorecidas. Los modelos utilizados en el estudio permitieron que el equipo registrara cuánta contaminación atmosférica hay en la ciudad y en qué medida es atribuible al tráfico.

Mark Nieuwenhuijsen, coautor del estudio, apunta: “Los casos de asma infantil han aumentado constantemente desde la década de 1950. El progreso futuro con el asma infantil requiere un enfoque que no se limite a controlar y tratar la enfermedad y vaya hacia su prevención, comenzando por la reducción de la contaminación del aire relacionada con el tráfico”.

Este estudio es parte de un trabajo en curso en Bradford que evalúa las emisiones y el perfil de calidad del aire en la región y los efectos e impactos asociados a la salud infantil. El equipo de investigación prepara actualmente una evaluación del impacto en la salud de contaminación atmosférica y asma a nivel europeo.

John Wright, director del Bradford Institute for Health Research e investigador jefe del estudio Born in Bradford, dijo: “Este importante estudio se suma a la abrumadora evidencia de que la contaminación del aire está perjudicando a nuestros niños. El aire en nuestras ciudades se ha convertido en una ‘tragedia de los comunes’, por la cual un bien común es envenenado por la negligencia colectiva. La buena noticia es que todos podemos salvar vidas usando menos el coche y recurriendo a combustibles más limpios”

Cómo reinventar las ‘sexperiencias’

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Adoptar un rol que no es el nuestro habitual, fantasear imaginándonos que estamos en lugares donde nos gustaría estar, o enviar a nuestra pareja algún mensaje subido de tono fuera del contexto sexual, son prácticas que pueden volver a encender la llama
Adoptar un rol que no es el nuestro habitual, fantasear imaginándonos que estamos en lugares donde nos gustaría estar, o enviar a nuestra pareja algún mensaje subido de tono fuera del contexto sexual, son prácticas que pueden volver a encender la llama

“La inapetencia sexual se define como el bajo nivel de interés sexual, que se manifiesta en la dificultad para iniciar o responder al deseo de actividad sexual en la pareja”, explica la psicóloga de adultos Nira Pérez, del centro Isep Clínic, en España.

Según Pérez, “es común la idea de que no existe solución o que el deseo ya volverá, dejando pasar los días sin que la situación mejore, pero dejar pasar el tiempo u ocultar el problema puede dar lugar a costumbres que provoquen la desaparición total de las relaciones sexuales”.

“El primer paso, una vez detectada esa falta de deseo, es descartar una causa orgánica; es conveniente consultar un médico, aunque la mayoría de las veces se trata de causas psicológicas, por lo que la terapia sexual o de pareja resulta ser lo más efectivo en estos casos”, añade.

A veces, más que haber poco interés sexual, simplemente puede existir una discrepancia en los niveles de interés sexual entre los dos miembros de la pareja: “Una de las partes puede creer que presenta un bajo deseo cuando, en realidad, puede suceder que su pareja tenga un deseo sexual aumentado”, sostiene la psicóloga española.

Aunque hay ocasiones en las que es necesario recibir psicoterapia para solventar problemas relacionados con la autoestima, alguna experiencia sexual traumática, problemas de la imagen corporal u otras dificultades que puedan estar influyendo. La psicóloga Pérez da 10 claves para “recuperar las ganas”.

1. Reserve tiempo para la intimidad no sexual

“El éxito de una relación requiere tiempo, energía, cuidados y atención, y una de las causas de fracaso en pareja es el poco tiempo que pasan juntos, lo que puede crear dificultad para el diálogo o la resolución de problemas”, señala Pérez.

Por ello “es conveniente tener alguna cita con la pareja fuera de casa y buscar media hora diaria para dialogar a solas de algún tema que preocupe, si lo hubiera, o para contarse lo del día”, señala, advirtiendo que “la falta de comunicación se puede convertir en falta de intimidad”.

2. Redirija su atención hacia lo sexual

Para Pérez, “el ritmo del día a día deja poco espacio para la sexualidad”, por lo que recomienda a cada uno de los miembros de la pareja que “traten de escuchar sus deseos y busquen cinco minutos al día para pensar y fantasear con posibles encuentros sexuales”.

3. Pensamientos eróticos

“Es probable que en algunos momentos del día asalten nuestra mente pensamientos eróticos fuera del contexto del encuentro sexual en la pareja”, explica Pérez. “En vez de evitarlos, trate de prestarles atención para rescatarlos luego, compartirlos con su pareja”, sugiere.

Un libro, una película o cualquier estímulo que se aleje de lo rutinario es útil como apoyo o de los pensamientos eróticos

4. Sensaciones de excitación

Según Pérez, nuestro cuerpo “responde a la excitación sexual desde antes de llegar al orgasmo, por lo que hay que ‘hacerle caso’ y disfrutar de esas sensaciones que preceden al clímax, tratando de buscarlas en diferentes situaciones, aunque no sea posible llevar a cabo una relación sexual completa”

5. Esté pendiente de caricias que estimulen los sentidos

“Es frecuente que las relaciones sexuales se vuelvan rutinarias, enfocadas a la penetración, olvidando las caricias y estimulos que pueden producirse fuera de este momento concreto”, explica la psicóloga. Para remediar esta situación, dedique tiempo a las caricias que precedan al acto sexual, “orientando a nuestra pareja sobre las que nos agradan”.

6. Potencie la fantasía

“Un libro, una película o cualquier estímulo que se aleje de lo rutinario es útil como apoyo o de los pensamientos eróticos que sirvan como base para practicarlos posteriormente”, señala Pérez, y recomienda hablar con nuestra pareja sobre estas fantasía y nuestro deseo de llevarlas a cabo en conjunto.

7. Juegos de seducción

“Jugar en pareja es una manera de reavivar la pasión”, y “tener una cita con la pareja como si no se conocieran de nada y hablar de sus gustos sexuales, simulando que es la primera vez que intercambian esta información” es una buena manera de ‘volver a conocerse’, sugiere.

“Adoptar un rol que no es el nuestro habitual, fantasear imaginándonos que estamos en lugares donde nos gustaría estar, o enviar a nuestra pareja algún mensaje subido de tono fuera del contexto sexual, son prácticas que pueden volver a encender la llama”, dice la psicóloga.

8. Relajación para reducir estrés y ansiedad

Pérez aconseja crear un ambiente relajado con luz tenue, velas, temperatura agradable y música relajante de fondo, masajear el cuerpo de nuestra pareja y viceversa, de manera suave, con el fin de disfrutar de un estado agradable, sin que el único objetivo de estas prácticas sea la excitación sexual.

“Jueguen a relajar su cuerpo por grupos musculares, comentando las sensaciones de relajación que se van produciendo y siendo conscientes de la respiración, para conseguir un control de los estados de ansiedad”, recomienda Pérez.

9. Conozca los deseos

“Con el transcurso de la relación no dedicamos tiempo a pensar en nuestros nuevos deseos, y menos aún en observar los de la pareja”, asegura. “Los deseos sexuales cambian y evolucionan con el tiempo, por ello deberíamos ‘actualizar’ nuestros deseos con el otro miembro de la pareja cada cierto tiempo, para así seguir complaciéndonos mutuamente”.

10. Discrepancias sexuales

“Si hay discordancias en el nivel de deseo, es clave asegurarse de que el problema en el terreno sexual es un inconveniente aislado y no es la consecuencia de una mala relación de pareja”, señala Nira Pérez. “Para resolver diferencias, ambos deben adquirir un compromiso para mejorar su calidad de pareja de manera integral y no sexualmente en particular”.

“No siempre el que tiene menor deseo es el que tiene el problema, pues existen múltiples factores, como el estrés laboral, los problemas económicos, los trastornos de salud o una mala relación de pareja, que pueden justificar ese descenso de deseo sin que haya que convertirlo en algo ‘patológico’ ”, explica..