Educación

Ensaladas de letras cocinadas por robots

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FacebookTwitterGoogle+Compartir El futuro del periodismo no parece exclusivo para los robots sino en “matrimonio” con el hombre: pese a la progresiva automatización de textos informativos, la inteligencia artificial está muy lejos de poder generar algún día artículos complejos o de investigación
El futuro del periodismo no parece exclusivo para los robots sino en “matrimonio” con el hombre: pese a la progresiva automatización de textos informativos, la inteligencia artificial está muy lejos de poder generar algún día artículos complejos o de investigación

No parece viable que los robots, entendidos como programas con inteligencia artificial, puedan sustituir en un futuro a corto o medio plazo a los periodistas a la hora de generar artículos en profundidad, aunque sí están llamados a ser grandes colaboradores o asistentes para muchas labores.

Ramón López de Mántaras, director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), explica que desde hace tiempo se elaboran automáticamente textos cortos a partir de datos muy estructurados, como resultados de Bolsa, deportes o meteorología, pero las informaciones complejas no pueden hacerlas aún las máquinas, ni probablemente en un horizonte al menos de décadas.

A los robots los alimenta el hombre con datos para que generen automáticamente información, pero aún tienen limitaciones: no pueden escribir opiniones propias, ni inventar cosas, ni contribuir a formar opinión.

El uso de algoritmos para labores periodísticas se disparó después de que la agencia de noticias estadounidense Associated Press (AP) se lanzara a utilizarlos. Otros medios también pioneros han sido Forbes, el New York Times o Los Angeles Times.

Más allá del software, la robótica humanoide, con aspecto humano, cuyo funcionamiento se basa asimismo en programas y algoritmos, también tendría cabida en el periodismo: ejemplares robóticos entrenados como reporteros podrían seguir físicamente a alguien para grabarle o ponerle el micrófono, del mismo modo que existen ya guías de museos que son humanoides o recepcionistas.

Robots, grandes asistentes de periodistas

El catedrático de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), Carlos Balaguer, además de uno de los responsables del Robotics Lab, explica que ese tipo de robots, dados los avances de la tecnología, podrían llegar a ser grandes asistentes de los periodistas, por ejemplo en zonas de guerra, para fotografiar sucesos, o en manifestaciones, en donde realizarían entrevistas con preguntas programadas.

La inteligencia artificial genera miles de relatos sobre temas concretos, de forma rápida, barata, a gran escala y potencialmente con menos errores que los humanos, pero también tienen fallos.

“Quakebot”, un algoritmo pionero, utilizado por “Los Angeles Times” para informar sobre cambios geológicos alertó hace unos meses por error de un terremoto ocurrido en 1925, tras interpretar como novedad datos históricos que sólo habían sido actualizados.

Tay, otro “bot”, o programa con inteligencia artificial, creado por Microsoft, fue dado de baja horas después de su lanzamiento en 2016 por sus mensajes ofensivos.

En campos lingüísticos más emotivos, como la poesía, algoritmos de “deep learning” o aprendizaje automático han sido entrenados por ejemplo con poesías de Federico García Lorca.

Aprender el lenguaje

“El estilo de un escritor es un conjunto de reglas que ni siquiera él conoce, y la máquina las puede aprender para generar textos similares”, explica el catedrático de Informática de la UC3M, José Manuel Molina, además de uno de los responsables del grupo de investigación de Inteligencia Artificial Aplicada.

El primer intento comercial de convertir datos automáticamente en historias fue un proyecto de una universidad estadounidense, germen en 2010 de una empresa clave en el sector, Narrative Science, con miles de historias creadas hasta el momento, cuyo algoritmo “Quill” está programado para aprender el lenguaje del ámbito que se le asigne.

La riqueza lingüística de sus historias “es difícil de atribuir a veces a una máquina”, señala Mario Tascón, periodista experto en medios digitales.

La estadounidense Automated Insights ha diseñado también un software para convertir automáticamente datos en historias; otras se están abriendo camino, por ejemplo, la española Narrativa, o Trint, que proporciona textos a partir de grabaciones de audio. También existe una herramienta al menos curiosa que toma frases aleatorias del New York Times para generar haikus, un tipo de poesía japonesa.

Desde el lanzamiento de Google News, que en España dejó de funcionar en 2014, la apuesta de esta empresa por la innovación en el periodismo digital ha sido constante. Dentro de su iniciativa Digital News Initiative (DNI), un reciente proyecto, Radar, ha sido dotado de una de sus mayores ayudas hasta el momento, con algo más de 700.000 euros, para ayudar a la agencia Press Association (PA) que suministra información al Reino Unido e Irlanda a crear hasta 30.000 noticias locales al mes.

El diario The Guardian utiliza el Messenger Bot de Facebook para generar textos y también con sus “bots” la BBC crea vídeos personalizados sobre documentales de naturaleza con respuestas del público a preguntas sencillas.

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El inglés para gringos pone pies en polvorosa

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Más de 30 millones de tuits y la base de datos de Google Books han servido a investigadores de la Universidad de las Islas Baleares para estudiar la distribución, tanto espacial como temporal, de las variantes británicas y americanas del inglés. Los resultados revelan que 23 de los 30 países anglófonos analizados utilizan más el inglés americano que el británico
Más de 30 millones de tuits y la base de datos de Google Books han servido a investigadores de la Universidad de las Islas Baleares para estudiar la distribución, tanto espacial como temporal, de las variantes británicas y americanas del inglés. Los resultados revelan que 23 de los 30 países anglófonos analizados utilizan más el inglés americano que el británico

“Dos naciones divididas por un idioma común”, fue como George Bernard Shaw (o cualquier otra persona a la que se le ha atribuido esta cita) describió a Gran Bretaña y EE.UU. Culturalmente, los dos países son más distantes de lo que podría creerse, pero ¿qué tan similares son el inglés británico y el inglés americano?

Si bien es cierto que hay muchas diferencias entre el inglés hablado en el Reino Unido y el hablado en EE.UU., lo primero que debemos destacar es que los británicos y los estadounidenses pueden entenderse perfectamente bien entre sí.

Anecdóticamente, algunos estadounidenses encuentran ciertos dialectos británicos más difíciles de entender, mientras que los británicos están más acostumbrados al inglés americano (AmE como los lingüistas lo abrevian) debido a la exposición a través de películas, música e incontables repeticiones de la serie How I Met Your Mother.

Hay muchos ejemplos de palabras que son diferentes en el inglés de EE.UU. y el inglés de Gran Bretaña; y resulta interesante ver el origen de estas diferencias. Algunas palabras se volvieron necesarias mucho tiempo después de que EE.UU. se independizara, y ya no acudiera a Londres para recibir orientación.

Existen varias diferencias entre la ortografía británica y la estadounidense. En América, por ejemplo, es raro que una palabra termine con –re, mientras que esto es común es Gran Bretaña. Algunos ejemplos incluyen center/centre (centro) y el meter/metre (metro). El inglés americano también elimina la u en palabras británicas como colour (color) y flavour (flavor). Así como la l en traveller (traveler) y reveller (reveler).

Uno de los principales responsables de estas diferencias fue Noah Webster, cuyo nombre aún se encuentra en la parte frontal de los diccionarios más populares de Estados Unidos. Él quería simplificar la ortografía inglesa y vio los beneficios políticos de un nuevo país con su propio lenguaje.

Algunas terminaciones de verbos irregulares son utilizadas en el inglés británico, pero no en el inglés americano. Por ejemplo, burnt (burned en AME), learnt (learned), smelt (smelled)… sin embargo, es poco probable apreciar la diferencia en una conversación.

Pronunciación y dialectos

El inglés americano es mucho más homogéneo que el inglés británico, lo cual significa que a menudo es difícil distinguir de dónde proviene una persona en EE.UU. con solo escuchar su acento.

Los lingüistas han identificado entre 6 y 25 dialectos americanos. Aunque las mayores divisiones se dan entre los dialectos del norte, el centro y el sur del país, que son más o menos agrupados.

Americanización al acecho

Del imperio británico se decía a finales del siglo XIX lo que ya se comentó antes del español: que en él nunca se ponía el sol. Desde Australia a Canadá, pasando por la India, Egipto, Sudáfrica o el Caribe, el territorio británico se extendió por los cinco continentes. Herencia de este extenso imperio es el puesto indiscutible del inglés como lengua internacional en política, ciencia, comercio e incluso cultura.

Sin embargo, el ascenso de los Estados Unidos como potencia mundial durante el siglo XX ha conducido a un cambio en el uso del inglés oral y escrito a lo ancho del mundo, dando lugar a un proceso de americanización del inglés.

Se trata de un proceso similar a vivido por el klingon, el lenguaje inventado para el universo de Star Trek, que hacía tiempo que había perdido su nexo de unión con sus creadores. Eran los hablantes de esta lengua los que habían hecho que evolucionase, y lo mismo ocurría con vocablos inventados por Tolkien.

Hacia el siglo XV Reino Unido, junto con Portugal o España, tenían el monopolio del mundo. Fueron tiempos de expansión y conquista, y estos tres idiomas acabaron diseminados por el mundo con bastante predominancia del inglés.

Llama la atención que una de sus derivaciones, el inglés americano, lleve ganando tracción sobre el idioma “original” (o la evolución británica del inglés, para ser más precisos).

En distintos ámbitos se adirma que la americanización del inglés global es uno de los principales procesos contemporáneos de cambio en el inglés”, y que la culpa principal la tiene que los Estados Unidos lideran distintos cambios. Por ejemplo, trabajan a la vanguardia científica, lideran el mundo de las aplicaciones, etc.

Más allá de que ingleses y estadounidenses tengan palabras diferentes para nombrar objetos (ascensor se dice lift en británico y elevator en inglés americano), una de las mayores escisiones vino de la mano de la normalización que Webster incluyó hace 150 años en el inglés británico.

A partir de ahí, los dos ingleses han ido bifurcándose a ritmos acelerados, pero también a influirse los unos a los otros y con otros idiomas. Por ejemplo, el español de América es uno de los idiomas del que más se ha fusionado el inglés americano.

Esto último es particularmente interesante porque a menudo consideramos que el inglés no invade con palabras como paper (artículo científico publicado en una revista especializada) o abstract (breve reseña del mismo). Y lo mismo ocurre en la dirección opuesta.

Brebaje de resignación para mujeres oprimidas

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El libro "Las cartas de Elena Francis, una educación sentimental bajo el franquismo",  retrata al personaje de ficción —“una policía moral”— y a sus atormentadas seguidoras —mujeres de carne y hueso a las que la dictadura alejó de las cotas de libertad alcanzadas en la República
El libro “Las cartas de Elena Francis, una educación sentimental bajo el franquismo”, retrata al personaje de ficción —“una policía moral”— y a sus atormentadas seguidoras —mujeres de carne y hueso a las que la dictadura alejó de las cotas de libertad alcanzadas en la República

“A las mujeres, aunque tengamos la razón, siempre nos toca perderla”, “Darte unos azotes, con muchísimo cariño”. “Hágase la ciega, sorda y muda. Es lo mejor”. Estas son algunas de las recomendaciones que Elena Francis daba a las mujeres en su consultorio radiofónico y que ahora analiza un libro.

Las cartas de Elena Francis. Una educación sentimental bajo el franquismo, de Armand Balsebre y Rosario Fontova, es el título del libro que edita Cátedra y que saca a la luz la correspondencia inédita de Elena Francis, un personaje de ficción que se convirtió en la consejera sentimental de las españolas, “un fenómeno de masas del brazo de la ideología nacionalcatólica”.

Un jugoso material que fue encontrado por azar. Más de un millón de cartas que fueron halladas en 2005, abandonadas en un almacén de Cornellá (Barcelona) dirigidas a Elena Francis. 100.000 de estas cartas pudieron ser rescatadas de su deterioro para su estudio por Mari Luz Retuerta, directora del Archivo Comarcal del Baix Llobegrat.

Así, un 10 por ciento de este material ha sido catalogado y digitalizado ya y el estudio que recoge este libro analiza más de 4000 cartas escritas entre 1950 y 1972. Balsebre y Fontova, las autoras del libro, no desvelan la identidad ni dirección de las mujeres firmantes.

Un análisis que, según escriben las autoras en el prólogo del volumen”, demuestra “la severa amputación mental a que eran sometidas las mujeres españolas, su falta de autonomía personal y profesional y su sumisión endémica respecto al hombre; su infelicidad provocada por el ñoño sentimentalismo ambiental en el que vivían, atrapadas en ‘el que dirán’ y en la castradora institución familiar”.

El 27 de noviembre de 1950 comenzó desde las antenas del Radio Barcelona -en 1965 se trasladó a Radio Nacional de España- el consultorio de Elena Francis, un personaje que duró 33 años, construido por un grupo de guionistas y que fue una plataforma para vender los productos de belleza del Instituto Francis.

Violencia sexual

La ficticia Elena Francis actuaba como “guía y consuelo” a millones de mujeres a las que brindaba protección e introducía respuestas “de acuerdo con los principios morales y religiosos promovidos por el franquismo”. Cartas en las que se relataban episodios de violencia sexual, malos tratos, faltas de oportunidades o detalles íntimos de la vida matrimonial.

“Si usted tiene paciencia su esposo volverá a su lado”. Decía Elena Francis a sus oyentes en su programa en donde nunca leía las cartas recibidas y solo sus respuestas a un auditorio mayoritariamente perteneciente a la clase trabajadora. Aunque la audiencia potencial a la que aspiraba el Instituto Belleza Francis, en cambio, estaba más cerca de la clase media alta, que era el público que podía pagar sus productor, según las autoras.

“No amiguita, no. Yo creo que una mujer debe luchar denonadamente para conservar a su lado a su esposo, cuando este lo es, y debe aguantar hasta ciertos actos suyos por bien del matrimonio”… contestaba Elena Francis, personaje creado en su primera etapa por una guionista llamada Ángela Castells, “siguiendo las coordenadas ideológicas de la Sección Femenina de Falange y los postulados religiosos y morales”.

“Amiga invisible”, “ángel de la guarda”, “un hada buena” o “mamá francis” son también algunos de los apelativos con los que los oyentes llamaban a Elena Francis, mujeres que depositaban en este personaje más confianza que a nadie. Una guía para una formación moral que quiso amoldarse a los nuevos tiempos tras la muerte de Franco.

Pero Elena Francis seguía editorializando contra esa sociedad moderna “sometida a fuertes corrientes liberalizadoras, ninguna de ellas justifica el libertinaje que, como habría escuchado en este mismo consultorio, muchas veces solo produce madres solteras, hijos ilegítimos e intentos de suicidio”, dijo en 1977 y en 1984 el consultorio puso punto final.

¡Ups! ¡Glub! Son matemáticas, ¡cáspita!

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Logicomix es lo que se denomina una novela gráfica, que está dedicada a uno de los más apasionantes períodos de las matemáticas, la búsqueda de la fundamentación de las mismas. El terremoto causado en la disciplina entre finales del siglo XIX y principios del XX fue de una magnitud inimaginable. Todo esta aventura es narrada por uno de sus principales protagonistas, Bertrand Russell
Logicomix es lo que se denomina una novela gráfica, que está dedicada a uno de los más apasionantes períodos de las matemáticas, la búsqueda de la fundamentación de las mismas. El terremoto causado en la disciplina entre finales del siglo XIX y principios del XX fue de una magnitud inimaginable. Todo esta aventura es narrada por uno de sus principales protagonistas, Bertrand Russell

Filósofo, escritor y activista político, Bertrand Russell tuvo una vida muy alejada del prototípico “ratón de biblioteca”. Atractivo y seductor a partes iguales, el autor galés se convierte ahora en protagonista de Logicomix (Sins Entido), un tebeo que rinde homenaje a los grandes héroes de las matemáticas.

“El hilo conductor sería la búsqueda de la certeza absoluta en las matemáticas. En la última parte del siglo XIX, los grandes avances en este campo sacaron a la luz una serie de paradojas, incoherencias que mostraron que algo andaba mal”, explica el guionista del cómic, Apostolos Doxiadis.

“Nuestros héroes fueron las personas que trataron de hacer frente a estos problemas, los que intentaron restablecer las matemáticas sobre bases totalmente seguras: Gottlob Frege, David Hilbert, Kurt Gödel, Henri Poincaré… La suya era sobre todo una búsqueda filosófica, pero con profundas repercusiones prácticas”, añade.

Un guionista matemático y cineasta

Nacido en Brisbane (Australia) en 1953, Doxiadis ingresó a los 15 años en la Universidad de Columbia, y posteriormente se graduó en Matemáticas Aplicadas en la École Pratique des Hautes Études de París. Tras volver a Grecia, se convirtió en cineasta y escritor de éxito, y ha dado su salto al tebeo con Logicomix (Sins Entido).

“Quería demostrar que el cómic se puede utilizar para contar una historia seria, sin necesidad de trivializarla. Este formato puede hacer frente a cualquier cosa”, proclama el autor, que ha contado con la inestimable ayuda de Christos Papadimitriou (coguionista), Alecos Papadatos (dibujante) y Annie di Donna (colorista).

Concebido como un relato épico, el libro nos presenta la búsqueda incansable de Russell, que intentó descubrir la verdad absoluta de las matemáticas. Tan obstinada misión estuvo a punto de acabar no solo con su carrera, sino también con su cordura.

Un cómic similar a la ‘Odisea’ de Homero

“Este cómic es similar a la Odisea de Homero. Se trata de un modelo muy básico y antiguo, una historia humana arquetípica. Las historias de búsqueda están en el corazón de la aventura humana, y también en el arte de la narración, desde la Epopeya de Gilgamesh a El Señor de los Anillos”, plantea Doxiadis.

La elección del protagonista no resultó una tarea complicada, ya que Russell era “el héroe más interesante a nivel humano”. “Los demás llevaban una vida aislada, sin destino fuera de los muros académicos. Pero Russell era diferente, un hombre de mundo, cosmopolita, artista, político…”, enumera el literato.

La trama se encuentra salpicada de referencias complejas y abstractas, amén de reflexiones filosóficas y ejemplos de lógica matemática. “La discusión de cualquier idea teórica siempre es difícil, y por eso solo las hemos planteado cuando considerábamos que eran útiles para entender la historia o las pasiones de los personajes centrales”, expone Doxiadis.

El cómic abarca un periodo histórico muy convulso en la historia de la Humanidad, desde unos años antes del estallido de la Primera Guerra Mundial y hasta el comienzo de la Segunda. “Es una historia de pasión, romance, drama, aventura… Nos encantaron todas estas cualidades, que hacen la lectura más agradable, pero lo cierto es que ya estaban en la historia original”, advierte el guionista.

Las ventas de Logicomix en España ya han superado los 4.000 ejemplares, cifra muy superior a la media. “Una obra como esta tiene la capacidad de atraer a público nuevo. Muchos lectores, en muchos países distintos, me han dicho que ha sido su primer cómic. Fue el tema lo que les atrajo al formato”, remata el autor.

Letras y números, el debate irreconciliable

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Los científicos creen que los intelectuales literarios carecen por completo de visión anticipadora, que viven singularmente desentendidos de sus hermanos los hombres, que son en un profundo sentido anti-intelectuales, anhelosos de reducir tanto el arte como el pensamiento al momento existencial. Cuando los no científicos oyen hablar de científicos que no han leído nunca una obra importante de la literatura, sueltan una risita entre burlona y compasiva. Los desestiman como especialistas ignorantes
Los científicos creen que los intelectuales literarios carecen por completo de visión anticipadora, que viven singularmente desentendidos de sus hermanos los hombres, que son en un profundo sentido anti-intelectuales, anhelosos de reducir tanto el arte como el pensamiento al momento existencial. Cuando los no científicos oyen hablar de científicos que no han leído nunca una obra importante de la literatura, sueltan una risita entre burlona y compasiva. Los desestiman como especialistas ignorantes

El 7 de mayo de 1959 se pronunció una controvertida conferencia por el novelista y científico británico C. P. Snow en la Senate House de Cambridge. Esta disertación recibió el nombre de Las dos culturas, ya que alertaba de una división en el mundo occidental entre una “cultura literaria” y una “cultura científica”.

Snow describió el estado de ambas culturas como “separadas por un grueso muro de ignorancia y prejuicios recíprocos”. Según Snow, además de haber derivado en dos tipos distintos de saber, ambas culturas, también habrían generado psicologías y sensibilidades diferentes.

Según el novelista y científico inglés, esta situación había llevado a una falta de comunicación entre las ciencias y las humanidades, y señaló la falta de interdisciplinariedad como una de las principales trabas para la resolución de los problemas actuales.

Para él la “cultura científica” era sinónimo de modernidad y futuro, en cambio la “cultura literaria” representaba la cultura tradicional que trataba de ignorar y minimizar la importancia de los cambios introducidos por la ciencia y la tecnología. Durante esta conferencia reprochó a los humanistas su empeño de considerar como cultura únicamente la parte literaria.

Pero el contenido de esta conferencia, que después fue publicada en forma de libro no estuvo exenta de críticas. El primero en responder fue Frank R. Leavis, un crítico literario británico muy influyente en el momento, ya que sintió que Snow atacaba todo lo que él representaba. Después le siguió el crítico literario estadounidense Lionel Trilling con su texto Más allá de la cultura y la escritora norteamericana Susan Sontag con su ensayo Contra la interpretación.

Snow recibió apoyos y críticas por su visión. En 1995 John Brockman, agente literario y escritor, publicó un libro The Third Culture, en el que participaron numerosos científicos de áreas diversas. El concepto hace referencia a la necesidad de una tercera cultura que aunara, superándolas, a las dos culturas. Su idea era que los científicos relevantes escribieran sobre sus hallazgos y sus significados para nuestras vidas (qué somos) y no dejar el tema sólo para los intelectuales tradicionales. Brockman creó Edge Foundation, Inc con ese propósito.

La voz de alarma disparó un debate que aún continúa sobre la exactitud de la visión de Snow, que probablemente pretendía más generar un debate que pusiera en acción las ideas que dar una visión acabada y dogmática. Y su triunfo se hace evidente en la perdurabilidad de su conferencia.

La mayoría de los escritores siguieron adelante creando novelas donde los avances científicos y tecnológicos se hacían presentes mucho más tarde que en el mundo real, generalmente mediante caricaturas imprecisas que popularizaron y eternizaron figuras como el ‘científico loco’, el ‘sabio distraído’ y el ‘arrogante científico que se cree dios’. Como ejemplo, el primer ordenador interesante de la literatura de ‘corriente principal’ fue Abulafia, propiedad del protagonista de la novela ‘El péndulo de Foucault’, de Umberto Eco.

En ámbitos académicos, los que toman las decisiones son aquellos que han estudiado carreras humanísticas o de letras, como políticas, dirección y administración, historia, etc. Pues estos tienen la información necesaria para visualizar el problema con perspectiva y en su conjunto, y así identificar problemas y necesidades.

Ahora bien, aquellos que hayan estudiado carreras científicas acabarán teniendo las herramientas para crear las soluciones y desarrollar los avances necesarios. Este es un esquema muy general de cómo interaccionan estas dos esferas laborales y no es difícil de aceptar.

Pero qué estos dos grupos puedan comunicarse correctamente es vital para que unos entiendan lo que les están pidiendo y otros sepan cómo pedirlo o que se puede pedir. Actualmente las dos esferas ni siquiera hablan el mismo idioma. El lenguaje científico está lleno de formas y estructuras que son difíciles de seguir, mientras que el lenguaje administrativo (pongamos por ejemplo el jurídico) es completamente impermeable para aquellos que no estén familiarizados con él.

Sabores que respetan la vida

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Un estilo de vida vegano mejora la salud y el bienestar propio, contribuye a la justicia mundial porque producir carne es un sistema ineficiente, evita consecuencias medioambientales como la deforestación o el aumento de gases invernadero, y también porque siendo vegan@ se salva simbólicamente la vida de muchos animales
Un estilo de vida vegano mejora la salud y el bienestar propio, contribuye a la justicia mundial porque producir carne es un sistema ineficiente, evita consecuencias medioambientales como la deforestación o el aumento de gases invernadero, y también porque siendo vegan@ se salva simbólicamente la vida de muchos animales

Jean-Chistian Jury trabajaba 16 horas al día y comía a deshora y mal, como muchos cocineros. Tras sufrir dos infartos, descubrió en el veganismo una fuente de salud no sólo para la humanidad, sino también para el planeta, y se convirtió en uno de los gurús de un movimiento que anima a seguir en “Cocina vegana”.

Desde su experiencia como autor de alta cocina vegana en el restaurante La Mano Verde (Berlín), como escritor de libros y como profesor de la materia, Jury comparte 450 recetas de 150 países, desde las berenjenas rellenas con salsa de tamarindo de Afganistán a las espinacas con tomate y crema de cacahuetes de Zimbaue, para demostrar que “la carne no es imprescindible para que una comida sea deliciosa y nos deje satisfechos”.

En el volumen, editado por Phaidon con la aspiración de convertirse en la “biblia vegana”, también ha invitado a prestigiosos cocineros famosos por sus platos vegetales a compartir algunas recetas, desde el neoyorquino Dan Barber (Blue Hill) al español Xavier Pellicer, del restaurante Céleri (Barcelona), a quien considera “una fuente de inspiración para el mundo vegano”.

Cada vez son más los que adoptan una dieta vegana, totalmente libre de proteína animal. “Es imparable, es una reacción de las generaciones jóvenes contra el cambio climático, el sufrimiento de los animales y, por supuesto, contra la comida rápida y los alimentos procesados malsanos”, dice.

En un mundo en el que cunden las alertas por el cambio climático pero el científico Stephen Hawking tuvo que advertir a Donald Trump de que “pone la Tierra al borde del precipicio” por la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, Jury defiende que “convertirse en vegano a gran escala es una de las mejores opciones que tenemos para invertir el proceso de dañar el planeta”.

Recuerda que alrededor del 40 por ciento de la superficie terrestre se utiliza para alimentar a ocho billones de personas, pero que “el 30 por ciento de la superficie total libre de hielo del mundo no se destina a cultivar granos, frutas y verduras para dar de comer directamente a los seres humanos, sino para apoyar la cría de los animales que consumimos. No puede haber ninguna otra actividad humana que tenga mayor impacto en el planeta que la cría de ganado”.

No sólo le preocupa la salud de la Tierra. Este cocinero se adscribió al veganismo tras sufrir dos episodios de insuficiencia cardíaca y ser advertido por sus médicos: “Decidí cambiar mi estilo de vida y adoptar una dieta saludable que contiene todos los nutriente, minerales, enzimas, vitaminas y calorías necesarias. Desde entonces nunca he estado enfermo. Tengo 64 años y me siento mejor que nunca”.

La base de esta corriente es “disfrutar de los alimentos frescos”, de temporada y preferentemente orgánicos, y rechazar una industria alimentaria que “ha creado alimentos procesados que encajan en un estilo de vida moderno y rápido pero sin los nutrientes requeridos”, además de excesos de sal, azúcar y grasas saturadas.

Eso incluye los que buscan ser sustitutos vegetales de la carne o el pescado, “el mayor error” en el que pueden incurrir quienes se inicien en el veganismo, ya que los procesos a los que se someten la proteína de soja y el añadido de condimentos para replicar sabores “mata los nutrientes”.

“Si la industria alimentaria está produciendo tantas réplicas, es para compensar sus pérdidas porque la población vegana está creciendo de una manera muy rápida”, asegura Jury.

El cocinero, quien resalta que en el sudeste asiático “están por delante en la alimentación basada en plantas”, critica que, cuando un niño comunica a sus padres que quiere ser vegano, la reacción sea de “¡pánico en la cocina!” y recurrir a alimentos procesados sin proteína animal. “Eso no es una opción a largo plazo”, advierte.

“Al igual que cualquier otra dieta, la basada en vegetales tiene que ser equilibrada y hay que estudiar y aprender para lograrla”, aunque con “Cocina vegana” demuestra que no es difícil, porque “las posibilidades de los productos de origen vegetal son deliciosas y casi infinitas”.

Hacia una dieta saludable

A mí me llevó más de 10 años dejar de comer productos de origen animal, así que no pretendo convencer a nadie, sino dar pautas para conseguirlo”, asegura Tobias Leenaert al hablar de su libro ‘Hacia un futuro vegano’ (Ed. Plaza y Valdés) en Madrid.

Cofundador de la organización belga Ethical Vegetarian Alternative (EVA) y de ProVeg International, este escritor belga pretende “mostrar los diferentes discursos y caminos para llegar a Villavegana, la ciudad ideal libre de consumo animal” donde sitúa una sociedad global sostenible.

En su caso, según explica, se animó a intentar este camino gracias a su novia vegetariana y a la apuesta que le hizo un amigo de no comer carne durante un mes.

Por ello su libro, publicado en la colección “Liber anima” comprometida con el movimiento animalista, sigue un enfoque práctico que “no pretende convencer y convertir a los lectores en veganos inmediatamente”, sino guiarles paso a paso.

Entre las razones para persuadirles de la necesidad del veganismo, el autor ha señalado que la ganadería animal “es responsable de aproximadamente el 50 % de los gases del efecto invernadero, además de influir negativamente en la contaminación del agua y la deforestación, por las talas masivas de bosques para crear prados de pasto y granjas industriales”.

El consumo masivo de productos animales, “no sólo de comida”, es en su opinión la causa “en mayor o menos medida, de cualquier problema medioambiental actual” por lo que, si se pudiera reducir, “no sólo evitaríamos el sufrimiento de los animales y mejoraríamos nuestra salud, sino que beneficiaríamos el ecosistema”.

Para Leenaert se trata de “un problema maravilloso” ya que resolviéndolo con una sola medida, el apoyo al veganismo, “puede solucionar muchos otros problemas”.

Este autor belga cree que el triunfo de esta filosofía de vida llegará “más rápido de lo que pensamos” en algunos países y está convencido de que en un futuro orientado por el veganismo no tendrán cabida las especies animales criadas específicamente para su consumo, porque “para que un animal tenga una mala calidad de vida, es mejor que no tenga vida”, ha sentenciado.

El libro está dirigido “especialmente” a las personas ya interesadas de antemano en el movimiento vegano pero también al resto de la sociedad porque “las personas que son veganas por moda y no por valores éticos también ayudan a aumentar la demanda”.

Leenaert destaca que ser vegano ahora es “más fácil” que antes, pues la variedad, la calidad y la accesibilidad a todo tipo de artículos “ha mejorado exponencialmente” en los últimos años y ya son “muchas” las empresas que invierten en alternativas “eco-friendly” de no procedencia animal.

Mucho de todo, nada de nada

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En los tiempos actuales, la sobrecarga de información y la tendencia a la idiocracio son el caldo de cultivo ideal para generar estados de alarma y miedo
En los tiempos actuales, la sobrecarga de información y la tendencia a la idiocracia son el caldo de cultivo ideal para generar estados de alarma y miedo

Aunque la historia de la manipulación y la propaganda tiene una trayectoria de muchos siglos, el actual entorno comunicativo, caracterizado por su digitalidad e interactividad, alimenta la circulación del mayor volumen de falsas informaciones conocido hasta la fecha.

La nueva era de la posverdad se configura como un fenómeno complejo asentado a partir de la confluencia de tres factores: la proliferación de pseudo-contenidos en las autopistas digitales de la información, las condiciones tecnológicas y el modelo de negocio de las principales plataformas de la comunicación y la información digital y la escasa preparación de las audiencias para manejar la sobrecarga informativa a la que se enfrentan diariamente.

En un informe sobre la desinformación publicado hace escasas semanas, la Comisión Europea recomienda el abandono del término fake news porque simplifica un fenómeno que va mucho más allá de la creación ad hoc de falsas noticias. En nuestros días, la falsedad puede adquirir múltiples formas que desbordan tan limitada concepción.

La posverdad puede configurarse a partir de la estrategia del clickbait, consistente en la generación de titulares atractivos y sensacionalistas que nada tienen que ver con el contenido de la noticias y cuyo único objetivo es generar el interés del usuario para engordar el tráfico a determinadas webs persiguiendo fines económicos.

El contenido invisiblemente esponsorizado es otro de los modelos de posverdad que encontramos en los entornos virtuales. Su materialización se ejecuta bajo el modelo de acción de los influencers que, en las redes sociales, muestran un estilo de vida hipercapitalista que contribuye a sustentar el mercado bajo principios neoliberales, a la vez que ofrecen su adhesión a determinados productos ocultando sus relaciones contractuales con las marcas que publicitan.

El contenido partidista de determinados diarios digitales que manifiestan un evidente sesgo en la presentación de los hechos y utilizan un lenguaje extremadamente emocional y apasionado o la construcción de teorías conspirativas y contenidos pseudo-científicos, que intentan explicar de forma simple realidades complejas como respuesta a las relaciones de miedo o incerteza de una aturdida población, son otros modelos de falsos contenidos que golpean a cada minuto la línea de flotación de la calidad informativa a la que tiene derecho el ciudadano.

Desde el lado de la tecnología, la eclosión de las plataformas digitales 2.0 y las redes sociales a partir del año 2004 ha creado un sistema mediático caracterizado por la sobreabundancia de información y el oligopolio de un puñado de plataformas cuyo modelo de negocio constituye el caldo de cultivo ideal para la propagación de la desinformación.

Las redes sociales como Facebook y Twitter no solo se fundamentan en una economía del dato, basada en la publicidad personalizada a partir del perfilado previo de los usuarios de tales redes, sino también en una economía del tiempo, que provoca que estos servicios diseñen sus interfaces para que el usuario permanezca el mayor tiempo posible navegando en ellas a fin de generar un elevado volumen de información que será posteriormente rentabilizada por la plataforma.

Para atrapar al usuario, los algoritmos que dan acceso a la información en estos servicios sociales tienden, por defecto, a otorgar mayor visibilidad a aquellos contenidos que logran un mayor impacto en las audiencias, independientemente de si son veraces o no.

Por otro lado, la creación de cuentas falsas en Twitter gestionadas automáticamente a partir del uso de bots con el fin de distribuir noticias falsas de forma masiva ha sido una constante en campañas electorales y eventos de marcado carácter político, como sucedió en el referéndum celebrado en Cataluña el pasado 1 de octubre.

Sin embargo, la propagación de la falsedad no solo debe atribuirse a la capa tecnológica sobre la que se erigen las redes sociales. Según un reciente estudio del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), los contenidos falsos se expanden más rápido y llegan más lejos en las redes sociales que los hechos verídicos, y esa propagación no es efectuada de forma mayoritaria por estos bots automáticos, sino a partir de la acción directa de los humanos.

Cuando un contenido es emocional, novedoso y refuerza nuestra ideología y nuestras experiencias previas, es altamente probable que sea propagado de forma acrítica sin las comprobaciones oportunas a propósito de su veracidad.

Afrontar el problema de la desinformación exige una aproximación multidimensional. La Comisión Europea pide precaución contra las soluciones simplistas y recomienda examinar el fenómeno desde diferentes perspectivas, entre las que destacan el refuerzo de la transparencia del ecosistema informativo digital, la adopción de eficientes proyectos educativos para potenciar las competencias mediáticas de la ciudadanía y apostar por el desarrollo de herramientas de última generación a fin de empoderar a los usuarios y a los profesionales de la información en la gestión de la sobrecarga (des)informativa que inunda de forma creciente nuestras múltiples pantallas.