Lectura

Las trincheras de los Mann

Posted on

Heinrich y Thomas Mann
Heinrich y Thomas Mann

La disputa que enfrentó a los escritores Heinrich y Thomas Mann durante la I Guerra Mundial es el paradigma de la lucha fratricida que provocó la contienda. Se trata de los ángulos más oscuros de Thomas, símbolo de la literatura alemana desde la publicación de “La montaña mágica” en 1924 y la obtención del Nobel de Literatura en 1929.

Heinrich Mann, desde la declaración de guerra en agosto de 1914, predijo la catástrofe en la que ésta desembocaría. Su novela “El súbdito”, que terminó en 1914 pero no pudo publicar hasta 1918, además, daba una visión crítica y descarnada de las estructuras autoritarias del imperio de Guillermo II.

Su hermano Thomas, en cambio, se sumó a los entusiastas de la contienda en textos como “Ideas en la guerra” o sus muy criticadas “Consideraciones de un apolítico”.

Durante la conflagración, Thomas y Heinrich sólo se vieron una vez, en la boda de su hermano menor Viktor, antes de que este se fuera al frente.

Sin embargo, los escritos de ambos en esos años parecía una especie de mensajes cruzados.

Heinrich Mann, pese a tener dificultades para publicar en esos años por su actitud política, logró editar una revista pacifista en Suiza llamada “Weisses Blätter”.

En ella publicó un ensayo sobre el novelista y polemista francés Emile Zola, a quien presentaba como un abogado de la civilización frente a aquellos que, en su empeño por convertirse en poetas nacionales, le preparaban el terreno a la catástrofe.

Thomas Mann sintió que la argumentación de su hermano era en buena parte un ataque personal en su contra y empezó a escribir, en 1915, sus “Consideraciones de un apolítico”.

En ese texto, recurría a figuras de la cultura alemana, desde Lutero hasta Eichendorf pasando por Federico El Grande, Goethe, Wagner y Nietzsche, para elaborar un discurso a favor de la guerra y de la particularidad alemana y en contra de Francia y de los literatos afrancesados.

Los ataques contra los literatos civilizados y afrancesados de Thomas Mann apuntaban evidentemente a su hermano, aunque sin mencionarlo expresamente.

Las diferencias políticas entre los dos hicieron que sus relaciones personales se interrumpieran casi por completo y no volvieran a reanudarse sino hasta cuatro años después del final de la guerra, en 1922.

En ese mismo año Thomas Mann por primera vez hizo una profesión de fe en la república, a la que todavía en 1918 había rechazado.

“La disputa entre los dos hermanos sobre la I Guerra Mundial y sobre la república y la monarquía reflejan los cambios de mentalidad de toda una generación”, resume el director de los Museos Estatales de Lübeck, Hans Wisskirchen.

Las diferencias políticas entre los dos hermanos venían desde antes. El republicanismo de Heinrich Mannn, y su rechazo al imperio guillermino, había marcado buena parte de su obra. Thomas Mann, en cambio, creía en el imperio y en una diferencia esencial de Alemania frente el resto de Europa.

Años más tarde, los dos estarían unidos en su rechazo al nacionalsocialismo. Sin embargo, el primero en expresar abiertamente ese rechazo fue otra vez Heinrich Mann, en un artículo publicado en la portada de la revista “Die Sammlung” en 1933.

“Die Sammlung” era un órgano de expresión de los intelectuales alemanes en el exilio que dirigía Klaus Mann, el hijo mayor de Thomas Mann.

Inicialmente, Thomas, exiliado en Suiza desde 1933, se mostró reacio a manifestar en público su rechazo al nacionalsocialismo -temía que sus libros dejarán de ser distribuidos en Alemania-.

No llegó a hacerlo sino hasta 1936, en parte animado por sus hijos Klaus y Erika, desde el comienzo del lado de su tío Klaus en la lucha antifascista.

Anuncios

Poesía que escupe realidades

Posted on Actualizado enn

César Vallejo, autor de "Los heraldos negros" y "Trilce, que" son celebrados clásicos de la vanguardia y la experimentación latinoamericana
César Vallejo, autor de “Los heraldos negros” y “Trilce, celebrados clásicos de la vanguardia y la experimentación latinoamericana

Bertold Brecht o Pablo Neruda, Mahmud Darwisch o Bei Dao, todos ellos muestran esa tendencia en la que la voz del poeta interviene en política de una u otra manera, desde la adhesión a una causa a la denuncia del horror.

“Niemals eine Atempause” (Nunca un respiro) es el título de la antología, publicada por la editorial Kiepenhauer&Witsch, que parte de la tesis de que en el siglo XX los poetas se vieron obligados ante los horrores cotidianos a dejar atrás la estética del arte por el arte, típica de la segunda mitad del siglo XIX.

Joachim Sartorius, compilador de la obra, admite en el prólogo que una antología de la poesía política del siglo XX hubiera sido distinta a la suya de haberla hecho un poeta de Singapur o de Buenos Aires.

Es por ello que al lector de lengua española no deberá extrañarle no encontrar nombres como el del Cesar Vallejo (“España aparta de mi este cáliz”) o el de Mario Benedetti.

El libro de Sartorius pone el acento en Europa y ante todo en Alemania, como demuestra que haya un capítulo dedicado a 1933, el año del advenimiento del nazismo, y otro a la llamada “hora cero” después de la guerra.

Pero, al margen de esas salvedades, Sartorius procura abarcar los conflictos políticos fundamentales del siglo XX.

El libro va desde el genocidio armenio perpetrado por el imperio otomano, hasta la preocupación por el cambio climático, pasando por la guerra civil española, las dos guerras mundiales, el auge del comunismo, la revolución cubana y los movimientos de liberación en el llamado tercer mundo, incluyendo a Latinoamérica.

Una de las corrientes que muestra la obra es la de la poesía pacifista basada en la condena del horror de la guerra, de la que uno de los mejores ejemplos es tal vez, “Nuestros jóvenes”, del británico Siegfried Sassoon.

En ese poema, Sassoon contrasta la glorificación de la guerra, atribuida a un obispo anónimo -a la que dedica la primera estrofa- con la denuncia de lo que realmente deja la guerra.

El obispo dice que cuando vuelvan “nuestros jóvenes no volverán a ser los mismos”, ya que “regresarán transformados tras una guerra justa”, pero uno de ellos replica: “Ninguno de nosotros es el mismo/ George perdió las dos piernas, Billy quedó ciego/ el pobre Jim murió de un tiro en el pulmón/y Bert tiene sífilis”.

En los capítulos dedicados a las dos guerras mundiales, Sartorius opta por dejar de lado a los poetas que las glorificaron, al igual que omite deliberadamente, lo advierte en el prólogo, a los poetas que pusieron su obra al servicio del nacionalsocialismo.

No ocurre lo mismo con la poesía relacionada con la Unión Soviética y el comunismo en general, puesto que en el libro conviven poetas disidentes que fueron perseguidos por el estalinismo con otros que, sobre todo al comienzo, glorificaron la utopía marxista-leninista, en la que veían una promesa para la humanidad.

Entre las glorificaciones de la Unión Soviética, cabe destacar la que hace el cubano Nicolás Guillén, que sería de algún modo uno de los poetas oficiales de la revolución cubana.

Un caso de ironía trágica es el de Vladimir Majakovski, que celebró el advenimiento de la revolución para luego caer en desgracia y terminar suicidándose dándole “la palabra al camarada Mauser”, según una frase que se le atribuye.

El prólogo arranca precisamente constatando la situación contradictoria que vivió la poesía, y el arte en general, frente a la utopía comunista.

La primera imagen es la del músico Hans Werner Henze que, según cuenta en su diario, durante una visita a Cuba, cuando un soldado de la revolución puso su ametralladora encima de su partitura, deseó que en esta última quedase una mancha de aceite.

Era el arte, dice Sartorius, que buscaba la bendición de la revolución. El idilio terminaría a más tardar, agrega, cuando Fidel Castro hace encarcelar al poeta Heberto Padilla e insulta a los intelectuales occidentales que se solidarizan con él.

Kafka, el naturista

Posted on Actualizado enn

Franz Kafka (1883-1924) fue un escritor checo muy influyente en la literatura universal por sus obras que ahondaban en diversos temas como el existencialismo, los conflictos psicológicos o la alienación de la sociedad. El proceso y La metamorfosis son dos de sus relatos más aclamados. Tal es su influencia, que existe el adjetivo “kafkiano“, que denota situaciones angustiosas, absurdas e insólitas. Su obra ha recibido multitud de interpretaciones, desde las que señalan que su obra está cargada de mensajes de desesperación, sátiricos o espirituales, a los que señalan que su obra carece de sentido alguno
Franz Kafka (1883-1924) fue un escritor checo muy influyente en la literatura universal por sus obras que ahondaban en diversos temas como el existencialismo, los conflictos psicológicos o la alienación de la sociedad. El proceso y La metamorfosis son dos de sus relatos más aclamados. Tal es su influencia, que existe el adjetivo “kafkiano“, que denota situaciones angustiosas, absurdas e insólitas. Su obra ha recibido multitud de interpretaciones, desde las que señalan que su obra está cargada de mensajes de desesperación, sátiricos o espirituales, a los que señalan que su obra carece de sentido alguno

Un Franz Kafka escéptico con la medicina tradicional y partidario de una filosofía naturista es el retrato que hacen del escritor checo las cartas inéditas que son recopiladas y publicadas en un libro.

Las misivas están escritas por el médico húngaro Robert Klopstock y por el último amor de Kafka, la actriz polaca Dora Diamant, y dirigidas a la familia del autor, en la época en que se encontraba ingresado en el sanatorio austríaco de Kierling y su vida estaba a punto de extinguirse por la tuberculosis.

“Estaba en contra de los medicamentos, de los rayos X y de las inyecciones. Era incluso ingenuo en cómo usaba medios humanos que no resultaban dañinos, pero que tampoco ayudaban”, según el germanista Josef Cermak, que acaba de publicar en un libro esa colección de cartas inéditas.

En esas nuevas misivas “hay ahí muchas cosas desconocidas. Se ponen de manifiesto las dos opiniones. Kafka era partidario de la medicina natural, según el principio de que lo que naturaleza estropea, puede ella misma arreglarlo”, afirmó Cermak. Por su parte, “Robert Klopstock era partidario del concepto clásico de medicina, lo que significa que intentaba incesantemente aplicar la cirugía”, explicó el experto.

Esta nueva correspondencia forma parte del libro Zivot ve stinu smrti —Vida a la sombra de la muerte—, en concreto, en una sección titulada Cartas de Robert. Una treintena de cartas inéditas Además de las casi 66 cartas ya conocidas que documentan la relación de amistad entre Klopstock y Kafka, el libro incluye otras 35 cartas nunca publicadas que Klopstock y Diamantova escribieron a la familia del escritor.

Kafka sucumbió a una tuberculosis de garganta y, según Cermak, “Robert Klopstock le sirvió mucho como médico en los últimos meses de su vida en el sanatorio austríaco de Kierling, donde Kafka murió. Se ocupó de él de forma conmovedora, junto a su novia de entonces, Dora Diamantova”.

El literato y Klopstock habían coincidido antes en el sanatorio eslovaco de Tatranské Matliare, a los pies del macizo de los Montes Tatra, y allí llegaron a intimar, a pesar de que el húngaro era 16 años más joven que el autor checo.

Kafka, exceptuando a Max Brod y a ese círculo tan estrecho al que pertenecía el médico, “no se refería a la gente por su nombre, y conseguir su amistad, su verdadera amistad, no era fácil”, afirma Cermak.

Una amistad sincera con el autor checo

Tras examinar en su conjunto la correspondencia surgida de dos años de trato entre ambos, es evidente para el estudioso la amistad sincera que se profesaron y que llevó a Klopstock a posponer sus estudios por la situación turbulenta que atravesaba Kafka.

Ambos “tenían intereses comunes, que eran filosóficos y teológicos. Porque este judío húngaro tenía gran simpatía hacia el cristianismo. Y después de la muerte de Kafka, se hizo protestante”, afirmó Cermak, que trata de reconstruir en el libro algunas de sus conversaciones, en el frontera entre la filosofía y religión.

Cermak ha podido realizar este trabajo gracias a que en los años 60 la familia de Kafka le encomendó publicar las cartas del escritor a su hermana Otilia. “Y esta publicación se vio frustrada por la llegada de los tanques soviéticos y la prohibición de publicar cosas de Kafka en este país”, apostilla.

A más ficción, más empatía

Posted on Actualizado enn

La novela de ficción supone un desafío para las convicciones de los lectores y les fuerza a penetrar en la mente de los personajes
La novela de ficción supone un desafío para las convicciones de los lectores y les fuerza a penetrar en la mente de los personajes

Cuando la escritora Louise Erdrich obtuvo el premio nacional de literatura de EE.UU por su novela “The round house”, no sabía que su obra estaba contribuyendo a incrementar la empatía de sus seguidores. Este y otros títulos novelísticos han servido a dos investigadores estadounidenses para concluir que las lecturas de ficción ayudan a las personas a identificar mejor las emociones ajenas.

Según el trabajo, este tipo de literatura permite apreciar el mundo desde otros puntos de vista e identificarse con los personajes, lo que afecta positivamente al desarrollo de las habilidades sociales.

Durante el ensayo, los investigadores dividieron a los participantes en tres grupos. Uno de ellos recibió un texto de ficción, otro uno de no ficción y el último ninguna lectura. Los investigadores, miembros del Nuevo Centro de Investigación Social de Nueva York (EE UU), seleccionaron las obras según los premios que habían recibido.

“Hemos utilizado diferentes tipos de textos”, indica David Comer Kidd, uno de los autores del estudio. “Seleccionamos extractos de los primeros capítulos de algunos libros que fueron finalistas de los Premios Nacionales de Novela o best sellers en Amazon, y algunas historias cortas de la colección de ganadores del Premio Henry”, añade.

Los expertos hicieron tres pruebas posteriores, basadas en la Teoría de la Mente (TdM), que refleja el grado en que un individuo es capaz de percibir las emociones y los pensamientos de los demás.

Este modelo tiene dos componentes, una parte cognitiva y otra emocional. “La TdM cognitiva se refiere a nuestra habilidad para reconocer lo que otra gente piensa y cree acerca del mundo que les rodea”, explica Comer. La afectiva implica la apreciación de los sentimientos.

Calibrar sentimientos

Dos de los ensayos determinaron ese desarrollo cognitivo de las habilidades sociales en los participantes. Uno es el test de los ojos de Baron-Cohen, que consiste en pedir a los sujetos que describan las emociones de la persona cuya mirada aparece en una fotografía. El otro es la prueba de reconocimiento de expresiones faciales, similar a la anterior, aunque en este caso las imágenes muestran un rostro completo.

Por último, los investigadores utilizaron el test de Yoni, utilizado para estimar también la capacidad de empatía emocional de los participantes, que requiere la deducción de los pensamientos y sentimientos de un personaje mediante unas mínimas pistas visuales y escritas.

“El hallazgo más importante es que una simple lectura corta de ficción literaria conlleva un incremento inmediato en los resultados de los test de la TdM”, explica el investigador estadounidense. “Este efecto fue igual de palpable en las personas que ya estaban familiarizadas con este tipo de textos y en aquellas que no solían leerlos”, concluye.

Según los autores, las personas que leen ficción literaria calibran los sentimientos de los demás con mayor precisión en comparación con los que leen no ficción, ficción popular, o nada en absoluto.

“Es la literatura de ficción la que mejora el rendimiento en la TdM porque los lectores deben implicarse totalmente en el texto”, señala Comer.

Por el contrario, “la ciencia ficción o las novelas románticas tienden a ofrecer personajes y situaciones establecidas, mientras que la novela de ficción supone un desafío para las convicciones de los lectores y les fuerza a penetrar en la mente de los personajes”, recalca.

Desde la infancia

El trabajo pone de manifiesto el valor de la ficción literaria a la sociedad y recalca sus implicaciones en los debates sobre la necesidad de las humanidades y las artes en las escuelas.

Jordi Solbes, investigador y profesor en el departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales y Sociales de la Universidad de Valencia, se muestra de acuerdo con estos autores. “Lo que se debería fomentar es el gusto por la lectura”, indica el experto.

“Como todo, empieza en la infancia, en casa y en la escuela”, recalca Solbes. “Los niños nos tienen que ver leer en casa, hay que leerles cuentos por la noche, escucharles leer cuando sepan hacerlo, guiarles en la lectura”, añade.

Los científicos indican que las conclusiones del trabajo pueden servir para tomar mejores decisiones acerca del grado en el que se apoya la literatura, y, de una manera más amplia, el arte. “Vivimos rodeados de ficción en los libros, la televisión y en las películas; pero sabemos muy poco acera de cómo nos afecta psicológicamente”, destaca Comer.

“Esta investigación será de gran interés para la psicología y para aquellos interesados en conocer cómo la cultura afecta a las personas”, concluye el estadounidense.

Entre sus próximos proyectos se encuentra el estudio de los efectos a largo plazo de una exposición crónica a la ficción literaria.

Zeus no doblegó a Simone Weil

Posted on Actualizado enn

La corta vida de Simone Weil (1909-1943) se vio muy pronto entregada al quehacer filosófico: desde los catorce años, cuando es víctima de una profunda crisis personal, comienza a preguntarse por el sentido de la existencia humana, un interrogante que no le abandonará hasta su muerte
La corta vida de Simone Weil (1909-1943) se vio muy pronto entregada al quehacer filosófico: desde los catorce años, cuando es víctima de una profunda crisis personal, comienza a preguntarse por el sentido de la existencia humana, un interrogante que no le abandonará hasta su muerte

La obra de la filósofa y poeta francesa de origen judío Simone Weil mantiene una creciente notoriedad en su legado, que se encuentra en pleno proceso de recuperación editorial en España.

“La desgracia de los otros entró en mi carne”, escribió Simone Weil en la frase que vertebró todo el pensamiento y la vida de esta filósofa existencialista y mística, que también fue poeta, y que murió con 34 años por una anorexia voluntaria al negarse a comer, en solidaridad con los franceses de la zona ocupada durante la segunda guerra mundial.

Licenciada en filosofía y una gran maestra, Weil fue educada en el agnosticismo por unos padres cultos, pertenecientes a la alta burguesía. Fue una figura incómoda y atípica para muchos. Nunca asumió ningún carné, aunque coqueteó con el partido comunista y los sindicatos.

Sus escritos históricos y políticos y sus poemas están editados actualmente en España por Trotta, editorial que desde hace años está recuperando todos sus trabajos, incluidos los poemas inéditos de esta profesora y estudiosa del cristianismo y otras religiones.

“Valoro y amo el pensamiento de Simone Weil, si bien, en el caso de un agnóstico como es el mío entiendo el componente místico de este pensamiento en su posibilidad de aplicación a los hechos terrestres, aplicación verificable, por ejemplo, en sus escritos relacionables con la condición obrera”, explica el poeta y premio Cervantes Antonio Gamoneda, quien se declara un gran admirador de la obra de la autora francesa.

“Su existencialismo y misticismo, algo tan peculiar, en cierto modo fue un maridaje conflictivo y algo que le causó bastante sufrimiento. Sus libros de ensayo son extraordinarios y en el orden de las convicciones y en su sensibilidad estoy muy cerca”, argumenta Gamoneda.

Para el poeta leonés, la sensibilidad de Weil con la condición obrera y la gente oprimida -ella llegó a abandonar temporalmente la docencia para trabajar en algunas fábricas de automóviles y poder conocer la alienación y el trabajo duro-, y su actuación en España ayudando al ejercito republicano, “más allá de su idealismo, es encomiable”, subraya el autor de “Arden las pérdidas”.

Simone Weil, que analizó e indagó siempre en las razones por las que la condición humana repetía constantemente las acciones bélicas, escribió sentencias como: “prefiero morir a vivir sin verdad”.

También para el escritor abulense José Jiménez Lozano, Premio Cervantes y experto en mística, Simone Weil tenía “una inteligencia fulgurante. “Es una figura retadora -dice-, el mismo Trotsky, tras una discusión con ella, salió de la habitación dando un portazo, como el boxeador que le han partido una mandíbula, llamándola “pequeño-burguesa”.

“Si no fue una mística, de su pasta era; y, por lo tanto, carne de cañón especialmente codiciada para ser movilizada ideológica, política y culturalmente, aunque fue en balde”, precisa Jiménez Lozano.

El autor de “La boda de Ángela” recuerda frases conmovedoras de Simone Weil, como ‘la ausencia de Dios era el más maravilloso testimonio del perfecto amor’, o ‘cuando se ama a Dios a través del mal como tal, es verdaderamente a Dios a quien se ama’, “que nos dejan a todos con la boca abierta y en silencio”, añade.

“Pero ella -matiza- tiene también un discurso intelectual, filosófico, sociológico, político e histórico, y un discurso crítico de corte kantiano con el que quiebra de modo muy entitativo muchas de nuestras seguridades. Es inevitable su encuentro para nuestra vida y pensamiento”, concluye.

Los primeros poemas de juventud de la escritora, con un claro contenido estético, ya apuntan sus inquietudes sociales y políticas.

En algunos de ellos muestra y hace referencia a la dura vida de los obreros en las fábricas, a “su penoso trabajo y a la ausencia de belleza y alegría.

“El duro metal brota de los moldes/ y el hierro ardiente se pliega y cede al martillo”, escribe en “Prometeo” (1937), el dios encadenado con hierro ardiente a la roca por voluntad de Zeus.

Amor en prados incendiados

Posted on Actualizado enn

Ya con 33 años Susan Sontag descubrió que esa estrategia de dar conocimiento a cambio de amor era una trampa, otro desamparo sin fin: “Mi hábito de intercambiar información a cambio de calor humano. Como poner un chelín en un contacto; dura cinco minutos, después hay que poner otro chelín”.
Ya con 33 años Susan Sontag descubrió que esa estrategia de dar conocimiento a cambio de amor era una trampa, otro desamparo sin fin: “Mi hábito de intercambiar información a cambio de calor humano. Como poner un chelín en un contacto; dura cinco minutos, después hay que poner otro chelín”.

Susan Sontag pasará a la historia como ‘pensadora pop’. Galardonada con el premio Príncipe de Asturias de las Letras 2003 junto con la escritora marroquí Fátima Mernissi, Sontag ingresó a los 15 años en la Universidad de California, en Berkeley. De allí pasó a la de Chicago, en la que se licenció en 1951 en Filosofía y Letras.

A los 17 años contrajo matrimonio con Phillip Rieff, un profesor de Sociología, con quien estuvo casada nueve años y tuvo un hijo, David Rieff, también escritor.

Publicó su primera novela en 1963, ‘El benefactor’, y luego dos ensayos muy leídos durante la década de los sesenta: ‘Against interpretation’ (1966, publicado en español con el título de ‘Contra la interpretación’) y ‘Notes on camp’.

Susan Sontag pasó a formar parte del selecto grupo de pensadores pop. Aquellos que como Foucault, Eco o Zizek, trascienden popularmente por sus apariciones mediáticas más que por sus publicaciones o teorías. Intelectuales que capturan los signos de los tiempos. Y les encanta

En 1968 fue como periodista a la guerra de Vietnam y las vivencias que tuvo le impidieron seguir escribiendo.

Comenzó entonces a pensar en la posibilidad de dirigir una película, lo que se plasmó en la invitación de un productor de Estocolmo para que fuese a Suecia.

En este país filmó ‘Duett for kannibaler’ (1969) y ‘Broder Carl’ (1971). Combinó la actividad cinematográfica con la publicación de otros títulos, como ‘Estilos radicales’ (1969).

Europa

En 1972 sufrió una crisis personal que dio como fruto el libro ‘Bajo el signo de Saturno’ (publicado en 1980), en el que narra su relación con Europa, su identificación y sus percepciones en ese continente.

Al año siguiente dirigió otra película, ‘Promised lands’, en los Altos del Golán y sobre la guerra árabe-israelí.

Dos años después, y a raíz de que se le diagnosticara un cáncer, escribió ‘Illness as metaphor’ (editada en español como ‘La enfermedad y sus metáforas’).

En 1977 publicó ‘On photography’ (‘Sobre la fotografía’), por la que recibió el premio del Círculo de la Crítica Literaria de Estados Unidos, y al año siguiente el libro de narraciones cortas ‘Yo, etcétera’, uno de cuyos relatos sería la base para el guión de otra película, ‘Unguided tour’, rodada en Italia para la televisión.

Sontag era una autora dotada de una gran formación filosófica, interesada por la literatura de vanguardia, y que, según su colega Gore Vidal, se convirtió “más que ningún otro estadounidense en el eslabón con la literatura europea actual”.

Bosnia

En 1992 publicó la novela ‘The volcano lover’ (‘El amante del volcán’) y un año después participó en la fundación del Parlamento Internacional de Escritores, creado en Estrasburgo (Francia) para defender la libertad de expresión y proteger a los autores perseguidos.

También viajó a Bosnia, en plena guerra, para impartir clases en la Academia Dramática de Sarajevo, donde montó, en colaboración con el director bosnio Haris Pasovic y actores de diferentes etnias, la obra ‘Esperando a Godot’, de Samuel Beckett.

Autora que consideraba que los intelectuales deben comprometerse, Sontag criticó duramente la negativa de otros escritores a viajar a Bosnia y pidió públicamente la intervención occidental en el conflicto.

Sontag, que denunció en diversas ocasiones que el fascismo avanza en Estados Unidos, regresó varias veces a Sarajevo para impartir clases de cine y desarrollar proyectos de enseñanza, lo que le valió el premio de Cultura de la Fundación Montblanc en 1994.

Además, en 1999 protagonizó un enfrentamiento con el escritor austriaco Peter Handke, a quien criticó por su defensa de las posiciones serbias en la guerra en los Balcanes.

Ese mismo año fue distinguida por el Gobierno francés con la Orden de las Artes y las Letras, en grado de comendador.

En 2000 recibió el galardón National Book por su obra ‘In America’ (‘En América’), una novela de ficción histórica, y al año siguiente el Premio Jerusalén de Literatura, el más prestigioso de Israel para escritores extranjeros.

Obras traducidas a 26 idiomas

Sontag, cuyas obras han sido traducidas a 26 idiomas, aceptó el galardón pese a las presiones para que lo rechazara, pero aprovechó la ocasión para condenar la ocupación israelí en los territorios palestinos.

Tras la tragedia del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, publicó un ensayo en la revista ‘The New Yorker’ en el que decía que los atentados no habían sido “cobardes”, como los calificó el Gobierno de George W. Bush, lo que le valió una lluvia de críticas.

Y en 2003, durante la Feria del Libro de Bogotá, recriminó al escritor colombiano Gabriel García Márquez por su silencio respecto a las ejecuciones y condenas de disidentes en Cuba.

Sus diarios

Considerada uno de los iconos intelectuales de Estados Unidos, Susan Sontag escribió a lo largo de su vida unos diarios que reflejaban su inteligencia audaz y su sed de cultura. David Rieff, su único hijo, publica la primera parte de estos textos, bajo el título de “Renacida”.

“Mi decisión sin duda viola su intimidad”, afirma con franqueza Rieff, al explicar en el prólogo de este libro, que verá la luz el 1 de abril editado por Mondadori, las razones que lo llevaron a difundir los diarios de su madre, que murió de cáncer sanguíneo en diciembre de 2004, a los 71 años, pero que, hasta pocas semanas antes de su fallecimiento, estaba “convencida de que sobreviviría”.

Ese afán por vivir hizo que Susan Sontag, galardonada con el Premio Jerusalén, el Príncipe de Asturias de las Letras y el Premio de la Paz de los libreros alemanes, muriera “sin dejar instrucciones” sobre sus archivos o sus escritos dispersos.

No ha debido de ser fácil para Rieff lanzarse a publicar en tres volúmenes una selección de los más de cien cuadernos que la gran escritora, una de las voces más críticas de Estados Unidos, fue redactando desde los catorce años hasta la última etapa de su vida. Y los redactó “solo para ella”. “Nunca permitió que se publicara una frase siquiera”, señala el hijo.

“Mi madre no fue en ningún sentido una persona proclive a la confidencia. En particular, evitaba hasta donde le era posible, sin negarla, toda referencia a su homosexualidad o todo reconocimiento de su propia ambición. Así que mi decisión sin duda viola su intimidad”, afirma Rieff en el prólogo de “Renacida. Diarios tempranos, 1947-1964”.

En realidad “los diarios físicos” no le pertenecen a Rieff, ya que su madre, “cuando aún gozaba de buena salud”, había vendido sus archivos a la biblioteca de la Universidad de California. El contrato establecía que ese sería su destino cuando muriera la novelista y ensayista, “como ha sido el caso”.

Por eso, y aunque este escritor y reportero de guerra no era proclive a publicarlos, se dio cuenta de que, o los seleccionaba y preparaba él, “o algún otro lo haría. Pareció preferible seguir adelante”.

“Creo que lo más deseable en el mundo es la libertad de ser fiel a uno mismo, es decir, la Honradez”, escribía Susan Sontag a los 14 años en su diario del que su hijo no ha excluido los fragmentos en los que quedara patente la “franqueza sexual” de la escritora o “la crueldad” de algunos juicios que emitía.

A los quince años, Sontag ya tenía claro que “La montaña mágica”, de Thomas Mann, era “la mejor novela” que había leído hasta entonces, y hacía largas listas con los libros que debía leer.

La misma pasión que sentía por la literatura la trasladaba también a la música, “la más maravillosa, la más vivaz de todas las artes y la más sensual”, decía la autora de libros como “En América”, “Ante el dolor de los demás” y de la recopilación de sus ensayos en “Cuestión de énfasis”.

Y es que en estos diarios, señala Rieff, “el arte es visto como una cuestión de vida o muerte”.

“¿Cuánto hay de narcisismo en la homosexualidad?”, se preguntaba Sontag en 1949, cuando ya había aludido varias veces en el diario a su relación con Harriett Somhmers Zwerling, a la que conoció cuando tenía dieciséis años y con la cual viviría después en 1957, en París. Más tarde mantendría una relación con la dramaturga María Irene Fornes, presente igualmente en estos escritos.

Con la misma naturalidad que escribía en abril del 49 que “nada sino humillación y degradación” sentía si pensaba “en relaciones físicas con un hombre”, en septiembre reconocía que, tratándose de mujeres, hallaba “mayor satisfacción física en ser ‘pasiva’, aunque emocionalmente”, era sin duda “el tipo amante, no el amado… (Dios mío, ¡qué absurdo es todo esto!)”, añadía a continuación.

David Rieff cree que estos diarios “fluctúan entre el dolor y la ambición” y reflejan la “maestría en las artes” que tenía su madre, “su pasmosa confianza en la razón de sus propios juicios, su extraordinaria avidez”.

Pero también revelan “su sensación de fracaso, su incapacidad para el amor e incluso para el eros. Se sentía tan incómoda con su cuerpo como tranquila con su mente”, asegura Rieff.

Reflejos de un futuro imaginado

Posted on Actualizado enn

En Exploradores del futuro Juan Scaliter da voz a los investigadores y científicos más punteros del planeta para explicarnos los extraordinarios avances del presente que configurarán nuestra vida en el futuro
En Exploradores del futuro Juan Scaliter da voz a los investigadores y científicos más punteros del planeta para explicarnos los extraordinarios avances del presente que configurarán nuestra vida en el futuro

El 65 % de los niños que hoy están en educación primaria tendrán un empleo que aún no se ha inventado, la futura explotación mineral de los asteroides cambiará el panorama económico y tecnológico y dentro de una década, según algunos científicos, se podrá saber al instante en qué piensa una persona.

Todo esto no es “fantaciencia”, asegura el divulgador científico Juan Scaliter, quien subraya que los avances científicos y tecnológicos se suceden a una velocidad vertiginosa, y “la ciencia del mañana traspasará las barreras de lo que hoy imaginamos”.

Scaliter es autor de “Exploradores del futuro” (editorial Debate), un libro de divulgación científica hecho a partir de entrevistas a 50 destacados científicos, pero también 250 páginas que invitan a la reflexión porque, según dice este argentino, “no sabemos a dónde nos llevan” los cambios que se están sucediendo.

¿Dónde estarán los límites de estas transformaciones? ¿tiene que existir, por ejemplo, una ley que regule la actividad espacial? ¿qué consecuencias tendrán los nuevos hallazgos en la economía? ¿cómo afectarán éstos a la educación? ¿debe estar todo en la red?

Estas son algunas de las preguntas que Scaliter quiere compartir con los lectores porque “necesitamos debates y no sólo información”.

Scaliter, quien cree que estamos viviendo una revolución como la que en su día supuso, por ejemplo, la imprenta, divide su libro en ocho capítulos, además de un prólogo (de Toni Garrido) e introducción.

En ellos habla de astronomía, neurociencia, física de partículas, genética, nanotecnología, enfermedades, internet o economía.

Comienza, además de describiendo su pasión por los mapas, con una lista de 15 innovaciones que han revolucionado la ciencia y que este divulgador agrupa en cuatro campos científicos: neurología, genética, astronomía y física.

Entre ellas, el grafeno, el LHC, los ensayos con células madre embrionarias en humanos o el primer mapa del cerebro humano.

El primero de los capítulos está dedicado a la astronomía, en el que, además de asegurar que se hallará una prueba de vida no terrestre, habla de la futura o no tan futura minería espacial.

En “Yo de mayor quiero ser minero espacial” este divulgador detalla que un asteroide de 500 toneladas tendría tres veces más platino que todo el que hay en la Tierra, así que negocio hay (gracias a la abundancia de metales de este grupo se reducirían los costes de aparatos electrónicos y de los motores eléctricos).

La mejor forma de descubrir estas “minas flotantes” es con un telescopio flotando en el espacio y ya hay una empresa en ello.

Esto va a alterar el sistema económico, pero de quién es ese asteroide: ¿De la empresa que lo descubre? ¿se debería regular la explotación comercial en el espacio como pasa en la Antártida?

Scaliter no sólo invita al público a reflexionar sobre los avances de la astronomía, también de la genética (los hallazgos en esta disciplina -dice- son los que “más respeto” le producen).

Este periodista, quien señala que el científico está vinculado siempre a la curiosidad e imaginación, relata también su visita al CERN -le encanta guardar las pegatinas de entrada de los sitios a los que accede y la de este centro la guarda con especial cariño-.

En “De copas por el CERN” habla del bosón de Higgs, la materia oscura, de protones y de creaciones como la web.

Este libro no es un encargo, se le ocurrió a Scaliter después de ver un vídeo viral en el que se afirmaba que el 65 % de los niños que hoy están empezando la educación primaria tendrán un empleo que aún no ha sido inventado: “investigué y terminé encontrando la fuente del dato (un estudio del Departamento de Trabajo de EEUU)”.

Y es que la ciencia avanza y en breve puede convertirse en la nueva economía, apunta.

Scaliter, quien si fuera ahora niño elegiría en un futuro una profesión algo así como “modelador de vida extraplanetaria”, quiere que los lectores con este libro se hagan muchas preguntas.