Lectura

Vitale, cuando lo simple es arte

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La poesía de Vitale, acaso porque es sencilla de leer, parece fácil de escribir. Sin embargo, la calidad prodigiosa de recursos que crean musicalidad, sentido y atención por el despliegue verbal son muchos. Influida por grandes poetas americanos como Pablo Neruda, Delmira Agustini, César Vallejo y Gabriela Mistral, y por otros tantos españoles, sobre todo Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, la poeta uruguaya comenzó a escribir sonetos. Eso le dio, cuenta, talento para la medida y el ritmo
La poesía de Vitale, acaso porque es sencilla de leer, parece fácil de escribir. Sin embargo, la calidad prodigiosa de recursos que crean musicalidad, sentido y atención por el despliegue verbal son muchos. Influida por grandes poetas americanos como Pablo Neruda, Delmira Agustini, César Vallejo y Gabriela Mistral, y por otros tantos españoles, sobre todo Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, la poeta uruguaya comenzó a escribir sonetos. Eso le dio, cuenta, talento para la medida y el ritmo

Ida Vitale es una creadora con mayúsculas, una voz limpia y cristalina cuya palabra cruza sin envejecer una poesía tan honda e íntima como su personalidad.

Nacida el 2 de noviembre de 1923 en Montevideo, la obra de Vitale denota un permanente afán de curiosidad, hilvanado con un gusto exquisito; en 2015 se convirtió en la quinta mujer en ganar el Premio Reina Sofía de Poesía, y en 2018 fue la quinta mujer en pasar a formar parte de la corta nómina de mujeres galardonadas con el Cervantes.

Elegante, lúcida y culta, Vitale, que se exilió en México, huyendo de la dictadura de su país, en 1974, donde estuvo hasta 1989 y donde conoció a Octavio Paz, con quien trabajó en la revista Vuelta, y a José Bergamín, ha tenido siempre como referente y padre poético a Juan Ramón Jiménez, a quien también trató.

Desde 1989, Ida Vitale vivió en Austin (Texas, Estados Unidos) hasta 2016, año en que murió su marido Enrique Fierro. Meses después volvió con su hija a Uruguay.

Perteneciente a la llamada generación del 45, donde también se inscribe a Mario Benedetti, Idea Vilariño o Ángel Rama, entre otros muchos autores que tenían a Juan Carlos Onetti como gran referente, Ida Vitale, aseguró en 2010 su nulo interés en lo relativo a la poesía llamada “social o política”.

“Para mí, compromiso hay, pero ese es el moral. Eso es lo primero y a ese soy fiel eterna. Con la poesía social o comprometida no se ha conseguido el momento más decoroso de la poesía. No lo fue, ni siquiera con Pablo Neruda que fue un gran poeta. La poesía es otra cosa, y, ya digo, requiere una cierta intimidad, aunque coincida con la intimidad de los otros”, decía esta mujer, siempre atenta a la “escucha poética”.

Traductora, crítica y ensayista, Vitale, que estudió Humanidades, la figura de Vitale siempre se asociará a la de una mujer de pelo de blanco, rostro dulce y llena de humor. Una mujer siempre dispuesta a viajar y alerta a todo lo que ocurre a su alrededor.

Una de las frases más significativas de la escritora se refiere al carácter perenne de las letras: “Pese a las dificultades por las que atraviesa el mundo hoy: las prisas, el poder o el protagonismo mortal del dinero, la poesía perdurará y se leerá hoy y siempre”.

“Es como la música -recalcó- uno no puede vivir sin ella y siempre tienes que escucharla, pues con la poesía es lo mismo, es eterna y necesaria, porque es la vida. Yo gracias a YouTube escucho música y cosas muy buenas, pero me da miedo porque eso que ahora nos lo dan como un regalo seguro que luego nos lo quitarán”.

Su poesía la inició en 1949 con “La luz de esta memoria”, al que siguió “Palabra dada” (1953), ” Cada uno su noche” (1960) o “Paso a paso” (1963). Después llegarían otros muchos otros títulos de poesía y ensayo y reconocimientos, como El Premio Internacional Octavio Paz en 2009, El Reina Sofía o El Max Jacob en 2017.

Y su icónico poemario “Mella y Criba” (Pre textos), que publicó en España, y donde dice: “(…) La vida te ha ofrecido/imprevistas derivas, el riesgo de excavar/topo, túneles nuevos. /Pero la luz acecha/ aun para lo enterrado. Insiste en dar con ella”.

En 2015, cuando recogió el premio Reina Sofía de Poesía, se publicó su obra antológica “Todo pronto es nada”, y en ese acto recordó su conexión con España, a la que considera “su segunda patria”, desde su infancia.

“Recuerdo los años de la Guerra Civil, tras la cena se desplegaba en la mesa de su casa en Uruguay un mapa de la Península Ibérica donde seguían los partes que oían por radio”. “A España le debo, por un lado, la lengua y por otro que me enamoré de Benito Pérez Galdós”, dijo.

Vitale, además de escribir, entregó su vida a la lectura, manteniendo la ilusión infantil por ese misterio que es la poesía y su revelación. “No tengo nada claro como viene ese relámpago, sobre todo el primer verso es mágico, porque los demás vienen arrastrados”.

Consultada sobre el papel de la poesía en en los tiempos modernos, Vitale lamentó la contrición de esta a un lugar menor, aunque explicó que “quizás” ello corresponda a que “la cultura no es homogénea” y a que “cuando las cosas bajan, baja todo”, en relación a la degradación cultural de las sociedades.

De esta manera, recordó que en su infancia a su casa llegaban todos los días cuatro diarios que contenían sus respectivas páginas culturales, en las que era “normal” que se incluyeran poemas.

“No sé si eso ayudaba a que la gente se interesara por leer poesía o si eso lo hacían porque en ese momento la gente no tenía tan alejada a la poesía”, expresó y se preguntó: “¿El huevo o la gallina?”.

Vitale es sinónimo de recelo hacia la cruzada por imponer un lenguaje inclusivo, al considerar que se trata de una práctica que acarrea una “intención reductiva” de la lengua.

“El lenguaje es muchos o es uno, de acuerdo con hasta qué punto lo aprovechás o lo hacés evolucionar, pero no reducirlo”, en palabras de la autora, que también fue destacada con galardones como el Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo, así como el Internacional de Poesía de Federico García Lorca.

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Espiritismo para burgueses y proletarios

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El espiritismo, entendido como la doctrina elaborada por Kardec, llegó a Barcelona en la década de los 1860s. Desde su llegada hasta la Guerra Civil Española, con la excepción de la dictadura de Primo de Rivera, el espiritismo se convierte en una doctrina muy popular sobre todo entre las clases trabajadoras, ya que se utiliza como alternativa a el imperante y aleccionador catolicismo. Se establecen en la ciudad cientos de centros espiritistas, se publican revistas y libros, se organizan actos de caridad... También se asocia con otros movimientos que luchan contra el orden establecido como el feminismo, la enseñanza laica o el naturismo. Por estas razones, el espiritismo se presenta como un instrumento para cambiar el orden social mediante el cambio del orden espiritual
El espiritismo, entendido como la doctrina elaborada por Kardec, llegó a Barcelona en la década de los 1860s. Desde su llegada hasta la Guerra Civil Española, con la excepción de la dictadura de Primo de Rivera, el espiritismo se convierte en una doctrina muy popular sobre todo entre las clases trabajadoras, ya que se utiliza como alternativa a el imperante y aleccionador catolicismo. Se establecen en la ciudad cientos de centros espiritistas, se publican revistas y libros, se organizan actos de caridad… También se asocia con otros movimientos que luchan contra el orden establecido como el feminismo, la enseñanza laica o el naturismo. Por estas razones, el espiritismo se presenta como un instrumento para cambiar el orden social mediante el cambio del orden espiritual

En su libro, “Amalia i els esperits”, Patricia Gabancho se sumerge en la Barcelona de finales del siglo XIX a través de la vida de Amalia Domingo Soler, principal divulgadora del espiritismo, que “desde los márgenes buscaba las respuestas que la ciencia o el poder no dan ni quieren que se den”.

El libro narra la historia de Amalia, una sevillana pobre con problemas de vista, que se convirtió en la principal voz del movimiento espiritista cuando llegó, en 1876, al entonces independiente municipio barcelonés de Gràcia y fundó, auspiciada por unos mecenas, “La luz del porvenir”, una de las revistas más importantes del espiritismo.

Este “ensayo narrativo”, como lo define la autora, navega a través de las memorias de esta espiritista, médium y librepensadora, y explica la historia de la tendencia espiritista que se fue expandiendo entre la clase obrera de la Barcelona del cambio de siglo, en un contexto de ebullición, cambio y transformación.

Gabancho asegura que se sintió llamada a escribir sobre Amalia, pues se interesó por cómo “el espiritismo era una forma de buscar respuestas a las mismas preguntas que nos venimos haciendo desde hace cientos de años”, como qué es el alma, qué hay después de la muerte y el porqué del sufrimiento terrenal.

La autora explica que llegó hasta el personaje de Amalia gracias a un trabajo previo que había hecho, “El fil secret de la història”, donde recoge “todos los movimientos de disidencia que surgen en Cataluña desde la Edad Media hasta la actualidad: alquimistas, espiritistas, cátaros y algunas sectas”.

“Tenía claro que solo con la historia de Amalia no bastaba para un libro. Hacia falta ponerla en contexto: una Barcelona que crece con las anexiones, donde se desarrolla el primer catalanismo y el anarquismo. Todo esto me permite crear un libro que tiene una cierta potencia histórica”, señala Gabancho.

En el libro, además del contexto histórico, se exploran las memorias de esta misteriosa mujer, unas memorias que “son muy ambiguas, porque dan un personaje muy encerrado, muy autista, muy desligada de su época”, precisa la escritora originaria de Buenos Aires, pero radicada en Barcelona desde 1974.

“Yo siempre pongo en duda estas memorias, porque ella está construyendo un personaje. El hecho que no hable de nada que no sea su vida como espiritista ya te da una pauta. Hay cosas en su relato que no son del todo coherentes, pero es el testimonio que ella deja”, afirma Gabancho.

Por este motivo, a parte de las memorias, la autora indagó en archivos, bibliotecas y a través de académicos y especialistas en el tema; realizando una búsqueda que la narradora relata en el libro en primera persona, convirtiendo a la propia investigación en el hilo conductor de toda la narración.

“Esta forma de narrar justifica la introducción de algunos hechos de actualidad que buscan demostrar que la sociedad continúa haciéndose hoy en día las mismas preguntas que hace cien años y que el espiritismo era una forma de buscar respuestas a esto, aunque ya no esté de moda”, ha explicado la autora.

La obra explora está relación que tiene el espiritismo con el momento de cambio y tensión que vivía la sociedad de finales del siglo XIX, donde “cada clase social busca su propio camino de cambio y ruptura” a través de movimientos tan dispares como el catalanismo, el anarquismo y el espiritismo, que tenían lazos entre ellos.

“El espiritismo entra por medio de las clases nobles, pero no se vuelve popular hasta que no llega a los obreros. El espiritismo está dentro de esta cosmovisión nueva que está creando el anarquismo, que incluye al feminismo, al naturismo y al esperanto. Es una búsqueda de explicación a tanto sufrimiento y explotación”, señala Gabancho.

A través de una serie de obreros ilustrados, “porque la doctrina necesita ser leída”, el espiritismo se extiende a las clases subalternas mediante conversaciones de taberna, reuniones y círculos espiritistas.

El libro relata cómo este movimiento “librepensador y rupturista” se expandió rápidamente en la sociedad catalana, lo cual llevó a que en 1888, el mismo año de la primera Exposición Universal, se celebrara en Barcelona el primer Congreso Internacional Espiritista de la historia.

“Es un congreso con muy pocos efectos prácticos, pero es el primero. Muchos toman como el primer congreso el que se hizo en París al año siguiente. Pero en Barcelona hubo propuestas revolucionarias, como la creación de un comité internacional de paz para dirimir conflictos entre los pueblos”, relata Gabancho.

Brebaje de resignación para mujeres oprimidas

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El libro "Las cartas de Elena Francis, una educación sentimental bajo el franquismo",  retrata al personaje de ficción —“una policía moral”— y a sus atormentadas seguidoras —mujeres de carne y hueso a las que la dictadura alejó de las cotas de libertad alcanzadas en la República
El libro “Las cartas de Elena Francis, una educación sentimental bajo el franquismo”, retrata al personaje de ficción —“una policía moral”— y a sus atormentadas seguidoras —mujeres de carne y hueso a las que la dictadura alejó de las cotas de libertad alcanzadas en la República

“A las mujeres, aunque tengamos la razón, siempre nos toca perderla”, “Darte unos azotes, con muchísimo cariño”. “Hágase la ciega, sorda y muda. Es lo mejor”. Estas son algunas de las recomendaciones que Elena Francis daba a las mujeres en su consultorio radiofónico y que ahora analiza un libro.

Las cartas de Elena Francis. Una educación sentimental bajo el franquismo, de Armand Balsebre y Rosario Fontova, es el título del libro que edita Cátedra y que saca a la luz la correspondencia inédita de Elena Francis, un personaje de ficción que se convirtió en la consejera sentimental de las españolas, “un fenómeno de masas del brazo de la ideología nacionalcatólica”.

Un jugoso material que fue encontrado por azar. Más de un millón de cartas que fueron halladas en 2005, abandonadas en un almacén de Cornellá (Barcelona) dirigidas a Elena Francis. 100.000 de estas cartas pudieron ser rescatadas de su deterioro para su estudio por Mari Luz Retuerta, directora del Archivo Comarcal del Baix Llobegrat.

Así, un 10 por ciento de este material ha sido catalogado y digitalizado ya y el estudio que recoge este libro analiza más de 4000 cartas escritas entre 1950 y 1972. Balsebre y Fontova, las autoras del libro, no desvelan la identidad ni dirección de las mujeres firmantes.

Un análisis que, según escriben las autoras en el prólogo del volumen”, demuestra “la severa amputación mental a que eran sometidas las mujeres españolas, su falta de autonomía personal y profesional y su sumisión endémica respecto al hombre; su infelicidad provocada por el ñoño sentimentalismo ambiental en el que vivían, atrapadas en ‘el que dirán’ y en la castradora institución familiar”.

El 27 de noviembre de 1950 comenzó desde las antenas del Radio Barcelona -en 1965 se trasladó a Radio Nacional de España- el consultorio de Elena Francis, un personaje que duró 33 años, construido por un grupo de guionistas y que fue una plataforma para vender los productos de belleza del Instituto Francis.

Violencia sexual

La ficticia Elena Francis actuaba como “guía y consuelo” a millones de mujeres a las que brindaba protección e introducía respuestas “de acuerdo con los principios morales y religiosos promovidos por el franquismo”. Cartas en las que se relataban episodios de violencia sexual, malos tratos, faltas de oportunidades o detalles íntimos de la vida matrimonial.

“Si usted tiene paciencia su esposo volverá a su lado”. Decía Elena Francis a sus oyentes en su programa en donde nunca leía las cartas recibidas y solo sus respuestas a un auditorio mayoritariamente perteneciente a la clase trabajadora. Aunque la audiencia potencial a la que aspiraba el Instituto Belleza Francis, en cambio, estaba más cerca de la clase media alta, que era el público que podía pagar sus productor, según las autoras.

“No amiguita, no. Yo creo que una mujer debe luchar denonadamente para conservar a su lado a su esposo, cuando este lo es, y debe aguantar hasta ciertos actos suyos por bien del matrimonio”… contestaba Elena Francis, personaje creado en su primera etapa por una guionista llamada Ángela Castells, “siguiendo las coordenadas ideológicas de la Sección Femenina de Falange y los postulados religiosos y morales”.

“Amiga invisible”, “ángel de la guarda”, “un hada buena” o “mamá francis” son también algunos de los apelativos con los que los oyentes llamaban a Elena Francis, mujeres que depositaban en este personaje más confianza que a nadie. Una guía para una formación moral que quiso amoldarse a los nuevos tiempos tras la muerte de Franco.

Pero Elena Francis seguía editorializando contra esa sociedad moderna “sometida a fuertes corrientes liberalizadoras, ninguna de ellas justifica el libertinaje que, como habría escuchado en este mismo consultorio, muchas veces solo produce madres solteras, hijos ilegítimos e intentos de suicidio”, dijo en 1977 y en 1984 el consultorio puso punto final.

Del silencio al estruendo a través de Pushkin

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En el lugar del marxismo no nacionalista que negaba la cultura, la idiosincrasia popular, la estatalidad tradicional, la nación y la espiritualidad, ante el mundo apareció un imperio culturocentrista casi clásico con Pushkin en el centro
En el lugar del marxismo no nacionalista que negaba la cultura, la idiosincrasia popular, la estatalidad tradicional, la nación y la espiritualidad, ante el mundo apareció un imperio culturocentrista casi clásico con Pushkin en el centro

Cada año, el 6 de junio, día del cumpleaños del escritor Alexánder Pushkin (1799-1837), aparecen carteles con la imagen de este gran poeta, acompañada por alguno de sus versos. Los teatros interpretan sus obras, en los medios de comunicación es recurrente hablar de la importancia de su obra para la cultura del país y el recuerdo de su figura se hace patente en las principales ciudades de Rusia.

Durante su corta vida, de 38 años, este descendiente de esclavos africanos con alma ardiente se convirtió en la figura emblemática de Rusia. Era poeta, recuperador de la lengua rusa, hombre del estado, figura distinguida de la alta sociedad y amante insaciable de mujeres, que murió en un duelo defendiendo el honor de su esposa, Natalia Nikoláyevna Púshkina (1812-1863).

Cuando han transcurrido más de doscientos años desde su nacimiento, Alexánder Pushkin sigue siendo adorado por su nación y sus palabras todavía resuenan en los corazones de millones de conciudadanos.

“Uno de los méritos históricos más importantes del gran poeta ruso Pushkin fue la renovación de la lengua literaria rusa”, afirma Yuri Sorokin, lingüista e historiador literario del Instituto de los Estudios Lingüísticos de la Academia de Ciencias de Rusia, en su trabajo “La importancia de Pushkin en el desarrollo del idioma literario ruso”.

“Pushkin se considera fundador del ruso, cercano y comprensible en toda Rusia, porque era el escritor del pueblo. Su obra enriqueció nuestra cultura”, continúa el experto. “La lengua francesa dominante en los círculos aristocráticos y en la literatura en aquellos tiempos, tenía que desvanecerse lentamente cediendo ante la integridad nacional, el orgullo y el amor por su país en el pueblo ruso”.

Comienzos

Alexánder Pushkin era bisnieto de un esclavo africano que fue vendido en una subasta en Constantinopla y regalado al emperador ruso, Pedro I el Grande. En Rusia, este esclavo recibió el nombre de Abram Petróvich Gannibal (1696-1781) y consiguió hacer una carrera espectacular como militar y hombre de estado, dejando su huella como uno de los constructores del imperio ruso.

Pushkin nació en 1799 en Moscú. Educado por institutrices francesas, el niño flaco y de piel morena heredada de su bisabuelo, hablaba perfectamente francés y le gustaba leer. El amor por su lengua materna se lo inculcaron su abuela, María Alexéevna Púshkina (1745-1818) y su niñera Arina Rodiánovna Yakovleva (1758-1828), a quien dedicó varias obras.

En 1811 Pushkin ingresó en el recién inaugurado Liceo Imperial, en Tsárskoye Seló, cerca de San Petersburgo, llamado posteriormente “Liceo Pushkin” en su honor. Era un establecimiento privilegiado y especializado en la formación de funcionarios de alto rango.

Pushkin no fue un alumno ejemplar y las ciencias exactas se le daban mal, pero precisamente aquí fue descubierto y evaluado con elogio su don poético. Durante los años en el Liceo (1811-1817) comenzó a escribir su primera gran obra: “Ruslán y Lyudmila” (1820), un cuento de hadas épico en verso, basado en el folklore ruso.

En Tsárskoye Seló, Pushkin se hizo amigo de los futuros decembristas, un grupo de oficiales del Ejército que dirigió una sublevación contra la Rusia Imperial, el 26 de diciembre de 1825.

El tiempo pasado en el Liceo quedó grabado en la memoria del poeta como los años más felices de su vida, y el espíritu de fraternidad que reinaba entre los alumnos fue reflejado en su obra “Recuerdos de Tsárskoye Seló” (1814).

La voz del pueblo

“La vida de la sociedad noble en aquella época de la Rusia Imperial no se diferenciaba mucho de la vida de los nobles en Europa”, dice Stepán Shamin, historiador de la Academia de Ciencias de Rusia. “La única diferencia esencial consistía en la existencia de la servidumbre que concedía al hacendado la autoridad, casi ilimitada, sobre sus paisanos”.

Después de la invasión napoleónica de Rusia, en 1812, en la sociedad surgieron nuevas ideas de la imagen de un ciudadano y sus deberes. Se levantaba el ánimo social político.

A partir de 1922 comenzaron a celebrarse veladas anuales oficiales en memoria del aniversario de la muerte de Pushkin. Se referían a él como “la primavera rusa, la mañana rusa, el Adán ruso” y lo comparaban con Dante, Petrarca, Shakespeare, Schiller y Goethe
A partir de 1922 comenzaron a celebrarse veladas anuales oficiales en memoria del aniversario de la muerte de Pushkin. Se referían a él como “la primavera rusa, la mañana rusa, el Adán ruso” y lo comparaban con Dante, Petrarca, Shakespeare, Schiller y Goethe

Los sueños liberales y revolucionarios no se hicieron realidad en aquel entonces: Rusia no estaba preparada para esos cambios y era incapaz de liberarse de la servidumbre. Eso provocaba la frustración y la protesta en la sociedad noble. Entonces empezaron a aparecer los grupos secretos.

Pushkin se encontraba en el medio de estas conmociones. En aquel período escribía muchos versos políticos, entre ellos “Para Chaadáyev” (1818) y la oda “Libertad” (1818). Aunque no tomaba parte en las actividades de las primeras organizaciones secretas, llegó a ser asociado con sus miembros ya que tenía lazos de amistad con muchos de ellos.

“Pushkin era rebelde por su naturaleza y eso determinaba sus relaciones con el poder político. En 1820, el zar Alexánder I, preocupado por la agitación popular, decidió exiliar a Pushkin al sur de Rusia por “inundar el país con sus versos indignantes”, – cuenta Stepán Shamin-. “Pero hay que mencionar que los zares eran bastante tolerantes con el poeta. A cualquier otra persona le hubieran exiliado a Siberia por las palabras tan abusivas y provocativas”, – agrega el experto.

El poeta sufrió el exilio en varias ocasiones, pero también la censura, la calumnia, la humillación, el chantaje y represiones. Sin embargo, nada era capaz de demoler su voluntad, nunca dejó de ser la voz del pueblo. Como poeta y como ciudadano, Pushkin durante toda su vida fue fiel a los ideales de su juventud.

“La poesía política de Pushkin tenía un tremendo impacto en el movimiento de liberación de Rusia”, – afirma Stepán Shamin.

Posteriormente aquella época de las premisas de cambios profundos en el Imperio Ruso recibió el nombre de la “época de Pushkin”.

Legado literario

Todavía en vida, a Pushkin le llamaban genio. A partir de los años 20 del sigloXIX se consideraba el primer poeta ruso y, entre los lectores, se acechaba el culto de su personalidad.

El mayor legado que ha dejado es el idioma, la libertad y autoestima del espíritu ruso. Pushkin hizo que la literatura fuera el derecho natural de todos y cada uno de los rusos, desde la familia real hasta la gente común, y se considera el fundador del lenguaje literario moderno ruso.

“¿Por qué la literatura rusa antes de la aparición de Pushkin era “la cultura del gran silencio”? ¿Y por qué después de la aparición de Pushkin aparecen decenas de escritores distinguidos?”, reflexiona Yuri Soloviov, autor de varias publicaciones sobre el poeta. “La literatura está ligada estrechamente con el fenómeno del idioma, obviamente. Sin embargo, para hacer posible expresar a través de la lengua cualquier matiz, penetrando en el fondo de la mentalidad humana, la lengua tiene que ser ágil y flexible. Precisamente eso hizo Pushkin”.

“Las normas principales de la lengua rusa, representadas en la obra de Pushkin, permanecen existentes y activos en nuestros tiempos también”, escribe Yuri Sorokin. “Estas normas resultaron imperturbables e independientes de los cambios de épocas históricas”.

Hoy en día cada alumno que cursa estudios primarios en Rusia lee de memoria algo de la poesía de Pushkin. Así se le inculcan el amor por su idioma.

Pushkin era el autor de la primera novela realista en verso que describía costumbres y la vida de la sociedad de noble “Eugenio Oneguin” (1831). Se considera su obra más importante, y otra obra maestra fue “Borís Godunov” (1825), considerada como la primera novela histórica, también en verso, que se trataba el tema del hombre y el poder y al principio estaba prohibida.

Problemas de traducción

A pesar de su fama enorme en Rusia, Pushkin es un escritor no muy comprendido en algunos países debido a que muchas finezas de su poesía se pierden en la traducción. Sin embargo, hoy en día en los países occidentales ha surgido nueva revisión del poeta.

Póster soviético sobre el centenario de la muerte de Pushkin
Póster soviético sobre el centenario de la muerte de Pushkin

La Fundación Internacional de Pushkin, creada por su último descendiente varón que lleva el mismo nombre, organiza eventos dedicados a su figura y obra por toda Bélgica, incluido el juego “La noche con Pushkin en San Petersburgo” que se ha celebrado sesenta veces.

En Estados Unidos también crece el interés por el legado de Pushkin. El director de documentales estadounidense, Michael Beckelhimer, entrevista a los amantes de la obra del poeta en Rusia. Y el abogado neoyorquino Julian Lowenfeld ha publicado un libro, llamado “Mi talismán”, dedicado a este poeta.

David Bethea del estado de Wiskonsin dirige el proyecto que ofrece un programa en ruso para los apasionados por la obra Pushkin, que tiene por fin liquidar la barrera lingüística y que incluye períodos de enseñanza en San Petersburgo. David planea ampliar su programa hasta el nivel nacional.

Como escribía Fiódor Dostoievski, “Pushkin no sólo encarna el espíritu ruso, sino que posee una especial capacidad para comprender y asimilar sutilmente los ideales de otras naciones.”

¡Ups! ¡Glub! Son matemáticas, ¡cáspita!

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Logicomix es lo que se denomina una novela gráfica, que está dedicada a uno de los más apasionantes períodos de las matemáticas, la búsqueda de la fundamentación de las mismas. El terremoto causado en la disciplina entre finales del siglo XIX y principios del XX fue de una magnitud inimaginable. Todo esta aventura es narrada por uno de sus principales protagonistas, Bertrand Russell
Logicomix es lo que se denomina una novela gráfica, que está dedicada a uno de los más apasionantes períodos de las matemáticas, la búsqueda de la fundamentación de las mismas. El terremoto causado en la disciplina entre finales del siglo XIX y principios del XX fue de una magnitud inimaginable. Todo esta aventura es narrada por uno de sus principales protagonistas, Bertrand Russell

Filósofo, escritor y activista político, Bertrand Russell tuvo una vida muy alejada del prototípico “ratón de biblioteca”. Atractivo y seductor a partes iguales, el autor galés se convierte ahora en protagonista de Logicomix (Sins Entido), un tebeo que rinde homenaje a los grandes héroes de las matemáticas.

“El hilo conductor sería la búsqueda de la certeza absoluta en las matemáticas. En la última parte del siglo XIX, los grandes avances en este campo sacaron a la luz una serie de paradojas, incoherencias que mostraron que algo andaba mal”, explica el guionista del cómic, Apostolos Doxiadis.

“Nuestros héroes fueron las personas que trataron de hacer frente a estos problemas, los que intentaron restablecer las matemáticas sobre bases totalmente seguras: Gottlob Frege, David Hilbert, Kurt Gödel, Henri Poincaré… La suya era sobre todo una búsqueda filosófica, pero con profundas repercusiones prácticas”, añade.

Un guionista matemático y cineasta

Nacido en Brisbane (Australia) en 1953, Doxiadis ingresó a los 15 años en la Universidad de Columbia, y posteriormente se graduó en Matemáticas Aplicadas en la École Pratique des Hautes Études de París. Tras volver a Grecia, se convirtió en cineasta y escritor de éxito, y ha dado su salto al tebeo con Logicomix (Sins Entido).

“Quería demostrar que el cómic se puede utilizar para contar una historia seria, sin necesidad de trivializarla. Este formato puede hacer frente a cualquier cosa”, proclama el autor, que ha contado con la inestimable ayuda de Christos Papadimitriou (coguionista), Alecos Papadatos (dibujante) y Annie di Donna (colorista).

Concebido como un relato épico, el libro nos presenta la búsqueda incansable de Russell, que intentó descubrir la verdad absoluta de las matemáticas. Tan obstinada misión estuvo a punto de acabar no solo con su carrera, sino también con su cordura.

Un cómic similar a la ‘Odisea’ de Homero

“Este cómic es similar a la Odisea de Homero. Se trata de un modelo muy básico y antiguo, una historia humana arquetípica. Las historias de búsqueda están en el corazón de la aventura humana, y también en el arte de la narración, desde la Epopeya de Gilgamesh a El Señor de los Anillos”, plantea Doxiadis.

La elección del protagonista no resultó una tarea complicada, ya que Russell era “el héroe más interesante a nivel humano”. “Los demás llevaban una vida aislada, sin destino fuera de los muros académicos. Pero Russell era diferente, un hombre de mundo, cosmopolita, artista, político…”, enumera el literato.

La trama se encuentra salpicada de referencias complejas y abstractas, amén de reflexiones filosóficas y ejemplos de lógica matemática. “La discusión de cualquier idea teórica siempre es difícil, y por eso solo las hemos planteado cuando considerábamos que eran útiles para entender la historia o las pasiones de los personajes centrales”, expone Doxiadis.

El cómic abarca un periodo histórico muy convulso en la historia de la Humanidad, desde unos años antes del estallido de la Primera Guerra Mundial y hasta el comienzo de la Segunda. “Es una historia de pasión, romance, drama, aventura… Nos encantaron todas estas cualidades, que hacen la lectura más agradable, pero lo cierto es que ya estaban en la historia original”, advierte el guionista.

Las ventas de Logicomix en España ya han superado los 4.000 ejemplares, cifra muy superior a la media. “Una obra como esta tiene la capacidad de atraer a público nuevo. Muchos lectores, en muchos países distintos, me han dicho que ha sido su primer cómic. Fue el tema lo que les atrajo al formato”, remata el autor.

Malas calles teñidas de tizón

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Chandler elevó el humilde misterio al ámbito de la literatura. Fue un maldito escritor divertido que dominó el arte de la reparación y el 'bon mot'. El tipo que tomó el lenguaje de la calle, la jerga estadounidense, y lo hizo cantar. El rey de los símiles. El bardo de las malas rubias. Y quizás, sobre todo, lo recordamos como uno de los grandes estilistas literarios estadounidense
Chandler elevó el humilde misterio al ámbito de la literatura. Fue un maldito escritor divertido que dominó el arte de la reparación y el ‘bon mot’. El tipo que tomó el lenguaje de la calle, la jerga estadounidense, y lo hizo cantar. El rey de los símiles. El bardo de las malas rubias. Y quizás, sobre todo, lo recordamos como uno de los grandes estilistas literarios estadounidense

Raymond Chandler fue un autor legendario de la novela negra estadounidense, cuya influencia se extendió al campo cinematográfico gracias al detective privado Philip Marlowe, interpretado, entre otros, por Humphrey Bogart o Robert Mitchum.

Si la literatura ha dado inolvidables personajes de ese estilo, Philip Marlowe se encuentra en el olimpo de los más recordados, junto al Sam Spade de Dashiell Hammett, el Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan-Doyle y el Hércules Poirot de Agatha Christie.

Marlowe, uno de los primeros grandes antihéroes de EEUU, resulta irónico, cínico y bruto a la par que encantador, todo un arquetipo de la masculinidad.

“Hizo que la corrupción y el vicio fueran extremadamente atractivos”, sostiene el periódico Los Angeles Times.

Chandler tenía 51 años cuando publicó su primera novela, “El sueño eterno” (The Big Sleep, en 1939). Después llegarían “Adiós, muñeca” (Farewell, My Lovely, 1940), “La ventana alta” (The High Window, 1942), “La dama del lago” (The Lady in the Lake, 1943), “La hermana pequeña”, (The Little Sister, 1949), “El largo adiós” (The Long Goodbye, 1954), “Playback” (1958) y la inconclusa “Poodle Springs” (1959), que fue rematada por su admirador Robert B. Parker.

Todas ellas con Marlowe como protagonista y como extensión sobre el papel de su propio autor.

La primera adaptación al cine de “El sueño eterno” fue el clásico del cine negro dirigido por Howard Hawks en 1946, con Bogart en la piel del detective y Lauren Bacall como la perfecta femme fatale.

Años después, en 1978, fue Robert Mitchum quien tomó el relevo de Bogart en una nueva versión realizada por Michael Winner. El actor estadounidense repetía por entonces ese personaje, ya que en 1975 protagonizó “Adiós muñeca”, de Dick Richards.

A Marlowe también lo encarnaron otros actores como Dick Powell, George Montgomery, Robert Montgomery, James Garner, Elliot Gould y James Caan, el más reciente (Poodle Springs, 1998), quienes insuflaron al papel las necesarias dosis de humanidad y hasta cierta ternura.

Además Chandler redactó más de veinte relatos cortos detectivescos -los primeros fueron publicados en las revistas “pulp” Black Mask y Dime Detective– así como un par de ensayos de relumbrón, sobre todo The Simple Art of Murder, donde nació la expresión “mean streets” (“malas calles”), usada por Martin Scorsese en una de sus primeras películas.

El cine, no obstante, fue siempre objeto de deseo para Chandler, quien colaboró en los guiones de “Perdición” (Double Indemnity, 1944) de Billy Wilder, y “Extraños en un tren” (Strangers on a Train, 1951), de Alfred Hitchcock, basada en la novela de Patricia Highsmith.

El único libreto que redactó por sí mismo fue el de la cinta “La dalia azul” (The Blue Dahlia, 1946), con Alan Ladd y Veronica Lake, por la que fue candidato al óscar.

Chandler, nacido en Chicago (Illinois) en 1888, se casó en 1924 con Cissy Hurlbut, una mujer 18 años mayor que él con la que había comenzado una relación cinco años antes, cuando ésta estaba casada, y con la que nunca tuvo hijos.

Tras la muerte de Cissy en 1954, el novelista emprendió un descenso a los infiernos ahogado en alcohol, que le llevó a varios intentos de suicidio.

Cuando murió en San Diego (California) el 26 de marzo de 1959, a los 70 años, dejó todo su patrimonio -60.000 dólares y los futuros ingresos por derechos de autor- a su amiga y agente literaria, Helga Greene.

En las novelas de Chandler, además de sus personajes, el contexto cobra una gran importancia. Sus personajes se desenvuelven en un hábitat que el escritor conocía muy bien: Los ángeles, una ciudad tan brillante en su exterior como vacía en su interior, según la novelista Judith Freeman, autora de The Long Embrace: Raymond Chandler and the Woman He Loved.

En ese libro Freeman sostiene que Chandler describió a la perfección “la soledad estadounidense”, retratada en esa ciudad californiana por “gente abandonada en el paraíso, entre la abundancia y la riqueza extrema”, como policías al margen de la ley, médicos drogadictos, matones ingenuos y millonarias con la intención de engrosar, de cualquier forma, su patrimonio.

Los sueños de pelo largo

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Los estadounidenses y sus experiencias en tierras lejanas y exóticas se encontraban entre los sujetos favoritos de Michener. Escribió sobre ellos en "Caravanas", una novela de 1963 basada en un viaje a Afganistán varios años antes; "The Drifters", una novela de 1971 sobre las andanzas y los estilos de vida de seis jóvenes alienados, tres de ellos de Estados Unidos; y "Iberia: Viajes y reflexiones en español", un libro de 1968 basado en las muchas visitas de Michener a España desde su época de estudiante de los años treinta
Los estadounidenses y sus experiencias en tierras lejanas y exóticas se encontraban entre los sujetos favoritos de Michener. Escribió sobre ellos en “Caravanas”, una novela de 1963 basada en un viaje a Afganistán varios años antes; “The Drifters”, una novela de 1971 sobre las andanzas y los estilos de vida de seis jóvenes alienados, tres de ellos de Estados Unidos; y “Iberia: Viajes y reflexiones en español”, un libro de 1968 basado en las muchas visitas de Michener a España desde su época de estudiante de los años treinta

En el idílico Torremolinos, pueblo de pescadores en la costa mediterránea española, jóvenes de todo el mundo se reúnen para llevar una vida libre y sin preocupaciones, que no está restringida por los conceptos morales burgueses. Seis amigos, Joe, Britta, Mónica, Cato, Jigal y Gretchen, hacen realidad su sueño, descubrir el mundo juntos y disfrutar de la libertad a través de todas las fronteras. En busca del nuevo paraíso, viajan a través del Algarve portugués hasta Mozambique y finalmente a Marrakech. Peligros inesperados se interponen en su camino. Son ‘The Drifters’, los vagabundos de James A. Michener. “Hijos de Torremolinos”, como fueron conocidos en España a través de todo tipo de ediciones de una novela de pelo largo, que con el paso de los años se ha convertido en reflejo de las ansias de libertad en tiempos convulsos.

Se presentan al lector seis personas completamente diferentes y recién crecidas en orden. Son muy diferentes, desde el punto de vista sociocultural y étnico, y viven en un momento marcado por la guerra de Vietnam y el poder de las flores.

Cada uno de estos jóvenes tiene un motivo verdaderamente existencial para buscar. En busca de una nueva sociedad, en busca de una vida sin guerra y matando, en busca del amor, en busca de la libertad de las limitaciones materiales… ¿Vienes de todos los rincones del mundo y solo tienes que viajar, o incluso escapar? Finalmente se encuentran. En un pueblo pesquero de ensueño en la Costa del Sol. Se hacen amigos. De aquí en adelante, permanecen juntos y viajan en busca del camino a sí mismos.

El escritor James A. Michener, ganador de un Premio Pulitzer, escribió en 1968: “Torremolinos es algo que nunca se había visto en el mundo. Te diré lo que es: un refugio en el que se puede huir de la locura del mundo. Aunque resulta que es un refugio totalmente loco”.

Esta frase refleja la excentricidad que rezumaba el lugar en los sesenta. En una joyería de la calle San Miguel tenían en el escaparate un gato vivo con un collar de diamantes, y la discoteca Cleopatra, una de las que reinaban en la noche de la época, se publicitaba con un grupo de actores disfrazados de la reina Cleopatra y su séquito, que se paseaban por las playas repartiendo invitaciones.

Michener no fue ni mucho menos el único personaje que sucumbió a los encantos del paraíso loco. Algunos en el lugar recuerdan haber visto a Brigitte Bardot paseándose descalza por la calle San Miguel -entonces principal pasarela del lugar- en su etapa de mayor relumbrón como actriz. También Frank Sinatra anduvo por allí. Se alojó en el Pez Espada, pero su estancia acabó en una pelea a puñetazos con los periodistas.

También pulularon por allí los primeros caricaturistas callejeros, y se adoptaron modas como abarrotar las paredes de los restaurantes con fotografías de los clientes, algo hasta entonces poco usual. A diferencia de otros destinos turísticos, además, Torremolinos tenía la ventaja de ser asequible para casi todos los bolsillos. Cabía todo el mundo. Desde el más rico hasta la incipiente clase media nacional. Se iba de viaje de novios, de viaje de estudios, o a derrochar todo lo posible.

Michener a través del mundo

James Michener fue un autor superventas de calidad que ganó el Premio Pulitzer en 1948 con su debú literario, Cuentos del Pacífico Sur. La novela fue posteriormente adaptada como musical de Broadway, convirtiéndose en un clásico de los escenarios con el nombre de South Pacific, y posteriormente al cine. Michener la había escrito mientras servía al ejército de EE UU en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. “Nunca escribo nada sobre un sitio en el que no he estado”, dijo el escritor.

Pese a sus tardíos inicios, Michener aprovechó a fondo sus cincuenta años como escritor. Recorrió todos los rincones del globo, desde Afganistán hasta Alaska, pasando por España y el Caribe. No era, como reconoció, un escritor refinado ni especialmente dotado para el diálogo ni el retrato de personajes. Más bien Michener era un albañil de la narración geográfico-histórica con matices épicos, como se desprende de su libro más conocido, Texas, del que vendió más de un millón de ejemplares. Otras de sus grandes sagas son, además de Centennial, que se llevó a la televisión en 1974, Hawaii e Iberia, sobre España.

“No creo que la forma en que escribo libros sea la mejor o incluso la segunda mejor”, dijo Michener una vez. “Los escritores realmente geniales son personas como Emily Bronte, que se sientan en una habitación y escriben sobre su experiencia limitada y su imaginación ilimitada. Pero las personas en mi posición también hacen un muy buen trabajo”.