Lectura

Haruki Murakami en la red

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Haruki Murakami es uno de los escritores japoneses más conocidos de la actualidad, tanto en su país como fuera de él. Su generación de escritores fue influenciada por la literatura contemporánea norteamericana. Él mismo ha traducido a Tobias Wolff, Francis Scott Fitzgerald, John Irving o Raymond Carver, a los que considera indudables maestros
Haruki Murakami es uno de los escritores japoneses más conocidos de la actualidad, tanto en su país como fuera de él. Su generación de escritores fue influenciada por la literatura contemporánea norteamericana. Él mismo ha traducido a Tobias Wolff, Francis Scott Fitzgerald, John Irving o Raymond Carver, a los que considera indudables maestros

A veces es necesario darse un ‘break’ y drenar aquello que perturba. Hace un buen tiempo se dijo “adiós” a los diarios privados para abrir paso a lo público de la red. Este es el caso del escritor contemporáneo más popular de Japón, quien ha expresado su descontento ante tantas nominaciones al Nobel en su ‘página web.

A Murakami, el más popular de los escritores contemporáneos japoneses, le resulta “molesto” ser el eterno candidato al Nobel de Literatura. Esta es una de las muchas confesiones que el autor de “Tokio Blues” hace en su ‘consultorio “online”.

“Si digo la verdad, es molesto. Porque ni siquiera soy uno de los finalistas oficiales, sino que se trata solo de las apuestas de alguien. Me siento como si fuera un caballo de carreras”, escribió el novelista en la página web’.

Murakami responde de esta manera a la pregunta de Kanako, una mujer de 36 años, quien buscaba la opinión del literato que anualmente tiene la dicha ̶ o desdicha ̶ de ver su nombre surgir entre el montón cuando se acerca la fecha de entrega del Nobel de Literatura.

Su sitio web es una ventana al universo y la vida del admirado escritor, que responde y se confiesa sin tapujos a los ojos de sus seguidores.

El autor del best seller mundial “Tokio Blues” (Norwegian Wood) reconoce por ejemplo que evita releer sus obras porque le da “mucha vergüenza”, y que incluso se ha olvidado de qué tratan algunas de sus novelas.

“Por eso, cuando las vuelvo a leer por necesidad, descubro algo nuevo”. Para Murakami, un auténtico melómano, la música está muy presente en sus novelas. Sus seguidores, conscientes de ello, no dejan pasar la oportunidad de preguntarle por una de sus bandas preferidas, la estadounidense Red Hot Chili Peppers (RHCP).

“El otro día fui a ver la actuación de Bruno Mars en el Super Bowl, y vi a los RHCP. Siguen siendo muy ‘cool’, ¿verdad? Es maravilloso que no maduren. Los humanos estamos abocados a la madurez. Debemos tener cuidado con eso”, contesta el autor de “Kafka en la orilla”, insinuando que él mismo procura no hacerlo demasiado.

Entre un mar de líneas escritas en japonés, un par de tímidos mensajes se cuelan en lengua anglosajona, idioma que Murakami emplea para contestar.

Entre ellos, un comentario sobre otra de sus materias predilectas, los gatos. Quién lo diría al ver su respuesta, en la que, por otro lado, deja ver su comprensión y aceptación hacia la naturaleza de los felinos.

“He tenido muchos gatos, pero ninguno ha sido nunca muy empático. Simplemente eran todo lo egoístas que se puede ser”, apunta.

Preguntas, opiniones o simplemente confesiones de sus seguidores, que también acuden al escritor nacido en Kioto en busca de un nuevo volumen que devorar.

“A mí también me ha cambiado la vida el escribir novelas, buenas y malas”, replica a Tancho, una mujer de 37 años que asegura que sus obras la han hecho mejorar. “Estoy en el mismo barco que usted. Qué le vamos a hacer. Para bien y para mal”.

El autor de “1Q84″ tuvo una página oficial entre 1996 y 1999 en la que intercambió correspondencia con lectores, la cual luego fue recopilada en libros como “Souda Murakamisan ni Kiitemiyo (“Así es, preguntémosle al señor Murakami)”.

Shinchosha abrió otra página temporal en 2002 cuando se publicó “Kafka en la orilla”, y el propio escritor volvió a abrir su web personal durante tres meses en 2006.

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Amor a prueba de genocidio

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Lale Sokolov y Gita Fuhrmannova
Lale Sokolov y Gita Fuhrmannova

Para los sobrevivientes, esos números impresos en la piel se convirtieron en un recuerdo imborrable de los horrores de los campos de concentración nazis. Pero para Lale Sokolov el número que grabó en el brazo de Gita Fuhrmannova fue lo que le permitió encontrar el amor. La increíble historia de supervivencia y romance nacido en medio del horror del Holocausto es revelada por el libro El tatuador de Auschwitz, de la escritora Heather Morris.

Lale Sokolovconoció a quien se convertiría en su esposa un día de julio de 1942. En el libro, Morris relata que cuando esa muchacha se presentó para ser tatuada sintió horror. Había algo en esa joven y en sus ojos, contó. Quería evitar esa tarea, pero su jefe -un francés llamado Pepan- lo obligó para no desatar la ira de los nazis. Fue en ese momento que se tatuó su “número en el corazón”, según contó el hombre a Morris.

El número que tuvo que grabar el 34902. La mujer, descubrió después, se llamaba Gita Fuhrmannova y estaba en el campo de mujeres de Birkenau.

Al poco tiempo, gracias a la ayuda del guardia SS que lo supervisaba, empezó a intercambiar cartas con Gita. Luego logró conseguirle raciones de comida extra y hacer que fuera trasladada a un sitio de trabajo en el campo mejor.

Lale-un diminutivo de Ludwig, su verdadero nombre- había llegado a Auschwitz unos meses antes, en abril de 1942. Tenía 26 años. Nacido en Eslovaquia de familia judía -su apellido era Eisenberg- se había ofrecido a los nazis para ser enviado al campo con la esperanza de salvar al resto de su familia. Pero sus padres murieron en el campo unos meses antes de su llegada, sin que Sokolov jamás se enterara, reveló la extensa investigación que Morris llevó a cabo para confirmar la historia.

Él también, cuando llegó al campo, fue marcado con un número: 32407. Pero poco después, Lale se enfermó de fiebre tifoidea. Lo cuidó un francés llamado Pepan, el mismo hombre que le había tatuado el número al llegar a Auschwitz. Pepan lo tomó bajo su protección y le enseñó el oficio. Hasta que un día desapareció.

Fue entonces que Lale, gracias a su conocimiento de los idiomas -eslovaco, alemán, ruso, francés, húngaro y polaco- fue elegido por los nazis para ser el nuevo tatuador del campo. Comenzó así a trabajar para el ala política de las SS y, en los dos años siguientes, tatuó con la ayuda de asistentes a miles y miles de prisioneros.

El procedimiento se llevó a cabo sólo en Auschwitz y en los campos secundarios de Birkenau y Monowitz. Comenzó en el otoño de 1941; para 1943 todos los prisioneros estaban tatuados. La práctica, al privar a los prisioneros de su nombre, era parte del proceso de degradación y deshumanización al que eran sometidos los prisioneros.

Pero el nuevo cargo le dio a Sokolov una posición privilegiada respecto a los otros prisioneros, lo cual probablemente le permitió escapar a la muerte.

Esos privilegios le permitieron comenzar la relación con Gita. Ambos podían verse en secreto, aunque “Gita tenía dudas”, escribe Morris en el libro. “No veía un futuro. Él sabía, en el profundo, que iba a sobrevivir”.

En 1945 Gita pudo dejar el campo antes de la llegada de los rusos. Poco después, hizo lo mismo Sokolov, quien regresó a su ciudad de Krompachy en Checoslovaquia, donde se reunió con su hermana y el resto de su familia.

Pero él quería reencontrar a Gita. Viajó a Bratislava en una carroza, esperando poder encontrar con la mujer.

Esperó en la estación de trenes durante semanas, hasta que el jefe de la estación le dijo que intentara en la sede de la Cruz Roja. Cuando se dirigía allí, una mujer se paró frente a su caballo. Era Gita.

Se casaron en octubre de 1945. Pero el hombre fue detenido poco después por enviar dinero en apoyo al estado de Israel. Entonces dejaron el país: Viena, París y finalmente Australia, donde vivieron el resto de sus vidas en Melbourne. Él comenzó un negocio en la industria textil, ella diseñaba vestidos. Tuvieron un hijo en 1961.

“Este hombre guardó su secreto porque creía equivocadamente que tenía algo para esconder”, explicó Heather Morris, quien para ganarse su confianza visitó al hombre varias veces a la semana durante tres años hasta su muerte en 2006.

Lale, contó, tenía miedo de ser visto como un colaborador de los nazis y guardando el secreto, que para él se había convertido en una carga, pensaba proteger a su familia. Fue sólo tras la muerte de Gita en 2003, cuando ya no había nadie para proteger, que se animó a contar su historia.

La piel que sueña en la obra de Juan Rulfo

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Rulfo marcó la historia de las letras latinoamericanas con su Pedro Páramo. Pionero de una manera de narrar, pilar de lo que luego construiría la narrativa macondiana de García Márquez, su obra está llena de paisajes y de poesía
Rulfo marcó la historia de las letras latinoamericanas con su Pedro Páramo. Pionero de una manera de narrar, pilar de lo que luego construiría la narrativa macondiana de García Márquez, su obra está llena de paisajes y de poesía

-¿Ya murió? ¿Y de qué? -No supe de qué. Tal vez de tristeza, Suspiraba mucho. -Eso es malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace”, reza ‘Pedro Páramo’, la obra insignia del autor mexicano Juan Rulfo, uno de los mejores representantes del realismo mágico iberoamericano.

Rulfo falleció a los 68 años, tras haber publicado dos novelas y varios cuentos, que lo han posicionado en la cima de la literatura universal. Rulfo nació en Jalisco (México) el 16 de mayo de 1917 y a partir de los 12 años se vio obligado a vivir en un orfanato, tras quedarse huérfano.

Su carrera como escritor comenzó en 1930, participando en la revista ‘América’ e iniciando sus primeros trabajos literarios. La primera publicación de una de sus obras llegó en 1945, con la inclusión de los cuentos ‘La vida no es muy seria en sus cosas’ en la revista ‘Pan’, de Guadalajara (México).

Durante su madurez continuó escribiendo diferentes cuentos, los mas reconocidos recogidos en la obra ‘El llano en llamas’, publicada en 1950. Pero su obra más laureada no fue propia de la cuentística, sino la primera de sus dos novelas: ‘Pedro Páramo’.

“Álvaro Mutis (escritor colombiano) subió a mi casa con un paquete de libros, separó del montón el más pequeño, y me dijo muerto de risa: ‘¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda!’ Era ‘Pedro Páramo’. Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Nunca, desde la noche tremenda en que leí la Metamorfosis de Kafka, había sufrido una conmoción semejante”, afirmó el escritor colombiano Gabriel García Márquez, tras la lectura de ‘Pedro Páramo’, considerada la mejor obra de Juan Rulfo.

En esta novela Rulfo rompe deliberadamente con las líneas temporales de ‘Comala’, un pueblo mexicano que a pesar de existir, reviste de características fantásticas, propias del realismo mágico.

La novela está dividida en dos partes –aunque los capítulos de cada una se entremezclan entre sí– en las que se narra la historia de Juan Preciado y Pedro Páramo, padre del primero y cacique de Comala. En ambas se enlazan de forma majestuosa vida y muerte, odio y amor y, sobre todo, realidad y fantasía.

La obra se inicia con la muerte de la madre de Juan Preciado, quien le obliga a su hijo a prometerle que regresará a Comala a reclamarle a su padre lo que les pertenece. Al llegar al pueblo, Juan descubre una tierra inhóspita, muy lejos del paraíso terrenal que su madre le había dibujado durante su niñez. Por otro lado, esta historia se entremezcla con la de la juventud de Pedro Páramo, con inmensos saltos temporales durante la vida de este y diferentes situaciones entre personajes inverosímiles, algunos de ellos incluso fallecidos.

Tras la publicación de ‘Pedro Páramo’, Juan Rulfo escribió su segunda novela, ‘El gallo de oro’, aunque no llegó a alanzar la trascendencia de la primera, una de las obras de la literatura iberoamericana más valorada de la historia.

El autor mexicano falleció el 7 de enero de 1986, a los 68 años en Ciudad de México, tras haberse convertido en uno de los referentes del llamado ‘boom’ de la literatura iberoamericana y máximo exponente del peculiar realismo mágico.

Canarias, el bálsamo de Agatha Christie

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Christie dejó inmortalizados los paisajes y nombres de las Islas en varios relatos. Incluso periódicos británicos, como The Independent, han publicado una guía sobre los viajes que hizo Agatha Christie por el mundo y dedican una buena parte a hablar de Las Palmas de Gran Canaria
Christie dejó inmortalizados los paisajes y nombres de las Islas en varios relatos. Incluso periódicos británicos, como The Independent, han publicado una guía sobre los viajes que hizo Agatha Christie por el mundo y dedican una buena parte a hablar de Las Palmas de Gran Canaria

La aclamada escritora Agatha Christie renace por segunda vez en Gran Canaria, donde halló fuerzas para resurgir del hundimiento moral y económico en que la sumió el divorcio antes de lograr la fama, con un libro que indaga en misterios de la vida real de la reina del misterio.

Un libro en el que personajes nacidos de la imaginación de la escritora británica, como el doctor Joy o el coronel Barton, cabalgan de nuevo décadas después de la muerte de su creadora para tratar de arrojar luz sobre las circunstancias que le permitieron superar su depresiva situación durante unas vacaciones que pasó en la isla en 1927, según explica su autor, Javier Campos.

Historiador dedicado a investigar el patrimonio arquitectónico de Canarias y sucesos de su pasado sobre los que ha publicado distintos estudios, Campos se ha atrevido a saltar la barrera de sus anteriores trabajos para emular a su admirada novelista, combinando dosis parejas de entusiasmo y humildad.

La creciente identificación con la maestra de la intriga que experimentó a medida que rebuscaba en su pasado determinó, de hecho, que decidiera rehacer su obra, un texto que inicialmente había concebido como uno de los ensayos en que hasta ahora volcaba siempre los resultados de sus estudios, para, “cuando estaba acabado, empezar de nuevo a redactarlo tratando de emular sus novelas”.

Protagonistas de innumerables relatos de Agatha Christie y películas y series de televisión rodadas rentabilizando un poder de atracción que han seguido manteniendo hasta nuestros días, como demuestra el reciente estreno del nuevo largometraje “Asesinato en el Orient Express”, se subieron así al carro de este libro.

Bajo el título de “Crimen en El Confital by Agatha Christie”, no faltan por ello ni siquiera los típicos comentarios deductivos de la anciana pero avispada señora Marple, que debate sobre noticias respecto a una muerte violenta ocurrida en la isla en la época en que pasó por ella la escritora y que el historiador sostiene que inspiró uno de sus cuentos.

Eso sí, “sin perder en ningún momento el rigor histórico” que siempre ha caracterizado las investigaciones de Javier Campos, quien aclara que cada una de las referencias al suceso que hacen la señora Marple y sus compañeros en esta nueva e inesperada aventura que les ha hecho revivir “tiene su base documentada”.

Artículos aparecidos por entonces en periódicos locales ya desaparecidos o que todavía se editan resistiendo al paso del tiempo, desde el “Anuario Postal de Las Palmas”, la “Gaceta de Tenerife”, el “Hespérides” o “El Progreso”, hasta “La Provincia”, son algunas de las fuentes de las que ha recabado la información que ha precisado para ello.

Sus noticias de casi un siglo atrás le han servido además para, a través de un puzzle de datos que ha construido juntándolos con otros extraídos de diferentes escritos como la propia autobiografía de Agatha Christie, desvelar un secreto de su vida nunca antes esclarecido que afirma que ha podido desentrañar con rotunda convicción.

Se trata de la identidad de un “enigmático” médico que la ayudó a remontar “el pozo en que cayó a partir de que su primer esposo, Archibald Christie, le solicitó a finales de 1926 el divorcio, algo que, en esa sociedad británica de reminiscencias victorianas, relegaba a un limbo social y económico a la mujer, que no tenía derecho a cobrar compensación alguna y se veía como una fracasada”.

Señalado por la escritora misma en sus memorias como alguien cuyo trato le generó “un beneficio muy grande” que posibilitó que superara su desesperación y desánimo merced a cuidados añadidos que le ofreció después de curarle una afección de garganta que sufrió estando en Gran Canaria, ese benefactor siempre permaneció en el anonimato porque solo se conocía que le llamaba “doctor Lucas”.

Quién fue en realidad el facultativo que auxilió en sus peores momentos a una divorciada desamparada que no contaba ni con el apoyo de sus padres, ya fallecidos, contribuyendo al forjado de la figura universal de la literatura en que se convertiría más adelante, es una de las incertidumbres sobre su existencia que hallan respuesta en “Crimen en El Confital”, asegura su autor.

Svetlana y la sombra de Stalin

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Stalin y Svetlana Allilúyeva
Stalin y Svetlana Allilúyeva

La vida de Svetlana Allilúyeva, la hija de Stalin, que en plena Guerra Fría pidió asilo en EEUU tras escapar de la URSS, es “una tragedia del siglo XX comparable a las tragedias clásicas”, afirma Monika Zgustova, que en su última novela recrea el exilio de una mujer que sólo conoció el anonimato durante su vejez.

La autora checa, afincada en Barcelona, explica que la idea de escribir “Las rosas de Stalin” (Galaxia Gutenberg) le surgió después de que en una librería de Nueva York encontrara dos libros de Svetlana donde descubrió que se exilió de la URSS en 1967 pidiendo asilo en la embajada de EEUU en la India.

“Tuve como una obsesión con ese tema porque mi familia se fue de la Checoslovaquia comunista después de viajar también a la India y pedir asilo político en la embajada americana, así que eran caminos paralelos y tenía ganas de investigar cómo vivió Svetlana su exilio y compararlo mentalmente con el de mis padres”, detalla Zgustova.

Las coincidencias terminaban ahí, pues la vida de Svetlana Allilúyeva supera con creces las peripecias o adversidades de cualquier personaje de ficción y tiene ecos de odisea homérica.

Hija de uno de los dictadores más siniestros del siglo XX, su madre se suicidó cuando contaba 6 años, tuvo cinco maridos, fue espiada por el KGB y la CIA, se convirtió en un símbolo de la Guerra Fría, acaparó la atención mediática mundial, se hizo millonaria con sus libros, fue profesora en Princeton, cayó bajo el influjo de una secta, perdió su fortuna y peregrinó por varios países antes de volver a EEUU, donde murió en 2011.

Monika Zgustova explica que la vida de Svetlana se convirtió en una permanente huida, pues fue “una persona siempre utilizada por el poder de todos los colores, y su tragedia era que no podía vivir en ninguna parte, en todas partes se sentía infeliz”.

La infancia de Svetlana es casi la de una huérfana, pues su padre apenas se ocupa de ella y el suicidio de su madre lo interpreta como un abandono, que le inculca “un complejo de inferioridad que suelen tener los hijos no deseados”, situación que “reproduce ella misma cuando deja a sus dos hijos en Moscú y decide ir sola al exilio”.

Nacida en 1926 como Svetlana Iósifovna Stálina -luego adoptaría el apellido de su madre-, la relación con su padre se torció en la adolescencia, cuando a los 16 años se enamoró de un cineasta judío de 40 años al que su padre ordenó detener y envió a un gulag.

Después de tres breves matrimonios que terminaron en divorcio y tener dos hijos con dos de sus maridos, la vida de Svetlana dio un giro en 1963 al conocer en un hospital de Moscú al ciudadano indio Brayesh Singh, con quien la cúpula dirigente de la URSS no le permitió casarse de nuevo, pero a quien siempre consideró su marido.

Pese a los esfuerzos del régimen soviético para cortar la relación, ambos vivieron juntos en Moscú hasta la muerte de Singh en 1966, momento en que los jerarcas de la URSS permitieron a Svetlana viajar a la India para esparcir sus cenizas en el Ganges.

En la India prolonga su estancia más de dos meses con los familiares de Singh y allí “se siente libre, con toda aquella luz y colorido, con gente que la quería y la trataba bien”, por lo que “la idea de volver a los ambientes oscuros de la URSS se le hace insoportable”, arguye Zgustova.

Así, en lugar de tomar un vuelo de vuelta a Moscú decide acudir a la embajada de EEUU en Nueva Delhi, ya que la India no la hubiera acogido por estar entonces bajo la influencia de la URSS, cumpliendo “un deseo que poco a poco fue creciendo y del que no puede escapar, pues siente que es más fuerte que ella”, relata Monika Zgustova.

La decisión suponía perder el contacto con su hijo Yósif y su hija Katia, quienes nunca llegaron a comprender el paso dado por su madre, a quien siempre acompañó el remordimiento por este abandono y por “no tener claro si no pagaba un precio demasiado alto por un poco de felicidad y libertad que tampoco tenía asegurados”.

La petición de asilo en Estados Unidos “fue un símbolo político muy potente y los norteamericanos usaron a Svetlana como ejemplo de que la hija del político más prominente de la URSS prefería vivir en EEUU, optaba por el capitalismo frene al comunismo”, mientras en su país de origen se lanzaba una campaña difamatoria contra ella.

“Svetlana no podía soportar que en cualquier noticia sobre ella apareciera la foto de su padre”, recordando que era “la hija de uno de los dictadores más sanguinarios del siglo XX”, hecho que, según Zgustova, la avergonzaba y no le permitía “ser un ser humano más”.

La vida de Svetlana en EEUU tampoco fue fácil y, aunque se sentía bien en la Universidad de Princeton, donde daba clases, su estado de insatisfacción permanente hizo que se instalara en Arizona, donde la esposa del destacado arquitecto Frank Lloyd Wright la introdujo en una comunidad sectaria y la convenció para casarse con el viudo de su hija, fallecida en un accidente de tráfico.

Zgustova considera que en Princeton Svetlana “tenía demasiada libertad, y eso no lo podía soportar”, por lo que se instaló en una comuna con el fin de fundar y tener una familia, con un buen esposo, y aunque tuvo otra hija, tampoco este matrimonio funcionó y se divorció de su quinto marido en 1973 tras pagar sus muchas deudas.

Según estima la autora, Svetlana vivía con “una insatisfacción permanente” que, como un resorte psicológico, “la llevaba a huir de cualquier ambiente cuando comprobaba que no le satisfacía”.

En esta huida constante “entra en juego su necesidad de libertad, y al mismo tiempo la imposibilidad de sobrellevar una excesiva libertad”, porque “la falta de libertad era para ella una pesada carga, y el exceso de la misma, también”, concluye Zgustova.

Los demonios de Peter Pan

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En estaimagen de 1906 se ve a uno de los hermanos, el pequeño Michael, disfrazado de Peter Pan y al propio Barrie caracterizado como Garfio mientras ambos juegan en el jardín.
En esta imagen de 1906 se ve a uno de los hermanos, el pequeño Michael, disfrazado de Peter Pan y al propio Barrie caracterizado como Garfio mientras ambos juegan en el jardín.

Peter Llewelyn Davies, que fue la inspiración de la historia de Peter Pan, finalizó su vida, en Londres, despreciando el cuento. Sus últimos días se basaron entre adicciones al alcohol, las drogas y los antidepresivos.

El joven que inspiró a JM Barrie a escribir la legendaria historia, además sufrió abusos y explotaciones por parte del autor, aseguró su hijo, Ruthven Llewelyn Davies. “Desde que fui lo suficientemente adulto, supe que mi padre había sido abusado y explotado por Barrie y que por esa razón se volvió una persona muy rencorosa”, señaló Ruthven .

Peter padre, tras años de adicción a las drogas, al alcohol y fuertes depresiones, terminó suicidándose en el metro de Londres en el año 1960. En la mañana del 5 de abril de 1960, descendió por las escaleras de la estación de Sloane Square, caminó lentamente por el andén y se arrojó bajo las ruedas del metro de Londres. “Peter Pan se suicida” – fue el titular de algunos de los diarios de aquel día –“Muere el niño que nunca quiso crecer”.

El día de su muerte, Peter Llewelyn-Davies tenía 63 años. Cincuenta años antes, junto a sus cuatro hermanos, Peter había sido el principal inspirador del personaje creado por James M. Barrie. Los más allegados aseguraron que en aquellos días había estado reordenando las fotos y recuerdos familiares a los que él se refería, irónicamente, como “La Morgue”. No le faltaba razón, pues desde la aparición de Barrie su familia había sido víctima de una especie de “maldición”.

Barrie creó el personaje de Peter Pan gracias a su relación con los hijos de Sylvia Llewelyn Davies. Una relación especial y un tanto enfermiza sobre la que siempre ha flotado (injustamente) el fantasma de la pedofilia. Pocos años después, tendría lugar la primera de una larga serie de desgracias: Sylvia fallecía de cáncer, y Barrie quedaba a cargo de los niños.

James Matthew fue el segundo de los diez hijos que engendró el victoriano matrimonio formado por el tejedor anglicano Alexander Barrie y la severa presbiteriana Margaret Ogilvy. Cuando James tenía seis años, su hermano mayor, David, murió en un accidente de patinaje poco antes de su decimocuarto cumpleaños. Su madre, que nunca superó aquella tragedia, ignoró desde entonces al que por fatalidad se había convertido en el hijo mayor y cuando se encontraba con él preguntaba de forma reiterada: «David, ¿eres tú, puedes ser tú?». Su reacción sistemática al comprobar que se trataba de James eran tan cruel hacia el niño como hacia sí misma, ya que se originaba en el denso infierno de una inatajable depresión: «Ah, sólo eres tú».

En cuanto al padre, no tenía el menor contacto con ninguno de sus hijos. Fue probablemente esta extrema desatención la que desencadenó en James un enanismo psicogénico: nunca alcanzó la pubertad y su crecimiento se detuvo en un metro cuarenta y siete. A pesar, o tal vez a causa, del desamor del que fue víctima por parte de su madre – víctima a su vez de su propio dolor -, siempre sintió hacia ésta una adoración sin límites, que quedó patente en «Margaret Ogilvy», la biografía que le dedicó y en la cual escribió: «Ningún sonido había en la habitación (se refería a la de su madre, a la que acudía para intentar, siempre en vano, consolarla) .Escuché un llanto y a mi madre moverse en la cama, y pensé que estaba oscuro y sabía que ella no me abrazaría». «Nada pasa, después de los doce años, que importe mucho». Reverenció asimismo, con una obsesión casi enfermiza, al hermano muerto, hasta tal extremo que ese niño que nunca acabó de crecer -muriendo por tanto en una absoluta perfección- , renació posteriormente en la figura de Peter Pan.

Hasta la misma mañana de su suicido, Peter Llewelyn-Davies había aborrecido la idea de que todo el mundo le asociara con Peter Pan; odiaba a Barrie y le culpaba del distanciamiento de sus padres y de todos los horribles acontecimientos que tuvieron lugar a continuación.

A finales del año 1914, con apenas 21 años, George Llewelyn-Davies, el mayor de los hermanos, moría en las trincheras del frente occidental en la Primera Guerra Mundial.

Siete años más tarde, en 1921, dos adolescentes eran encontrados ahogados en las piscinas de Sandford Lasher, en el río Támesis. Uno de ellos era Michael Llewelyn-Davies, el favorito de James Barrie; el otro era su amigo inseparable Rupert Errol. Solo entonces se supo que ambos muchachos mantenían una relación secreta y que se habían arrojado al agua como consecuencia de un pacto suicida. Cuando los cadáveres fueron recuperados del río, sus cuerpos estaban estrechamente entrelazados. El pequeño Michael ni siquiera sabía nadar.

Viaje a los confines de la mente

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Los 10 libros de Carlos Castaneda, publicados en 17 idiomas, fueron grandes éxitos de ventas dentro y fuera de Estados Unidos, tenía decenas de millones de lectores en todo el mundo y una vez había sido portada de la revista Time con el calificativo de «líder del Renacimiento Americano». Pero murió tan secretamente como había vivido.
Los 10 libros de Carlos Castaneda, publicados en 17 idiomas, fueron grandes éxitos de ventas dentro y fuera de Estados Unidos, tenía decenas de millones de lectores en todo el mundo y una vez había sido portada de la revista Time con el calificativo de «líder del Renacimiento Americano». Pero murió tan secretamente como había vivido.

El misterioso antropólogo Carlos Castaneda plasmó en sus libros las experiencias alucinógenas  que vivió guiado por el anciano brujo Juan Matus, que pretendió convertirlo en ‘un hombre de conocimiento’.

En 1970, el subdirector del Fondo de Cultura Económica de México (FCE), Jaime García Terrés experimentó “un señor viaje de hongos”. A raíz de aquel episodio, el editor y diplomático escribió su poema Carne de Dios y adquirió —como si intuyera el éxito comercial en que habrían de convertirse— los derechos de cuatro libros de Carlos Castaneda, un antropólogo de origen peruano que estaba causando sensación describiendo su propia experiencia con alucinógenos.

La anécdota la recuerda el escritor José Agustín, quien en los años sesenta vivió su primera fase sicodélica y había tenido la oportunidad de leer en inglés Las enseñanzas de don Juan, el primer título de Castaneda editado por la Universidad de California (UCLA) en 1968. En países como México, los libros aparecerían hasta 1974, después de que Terrés encargó su traducción a Juan Tovar y un texto introductorio a Octavio Paz que titularía La mirada anterior.

Desde aquel momento, los libros en los que el autor describe las enseñanzas que le transmite el viejo Juan Matus para convertirse en brujo o en un “hombre de conocimiento”, se convirtieron en éxitos de venta.

Tomás Granados, gerente editorial del FCE, dice, acerca de la primera edición en español, que su aparición “fue un campanazo, creo que ese es el sueño de todo editor: encontrar un libro que le entusiasme en lo personal y que entre en sintonía con los lectores”.

Los cuatro libros de Castaneda (Las enseñanzas de don Juan, Una realidad aparte, Viaje a Ixtlán y Relatos de poder) se encuentran al nivel de ventas de cualquier Best-Seller en países sudamericanos, especialmente México. El éxito de venta, sin embargo, no se limita a México, también en España y Argentina, donde la editorial paraestatal tiene presencia, los libros del antropólogo peruano fallecido en 1998 son de los más vendidos. Y lo mismo sucede en Estados Unidos, en donde año tras año, la University of California Press (el sello de la UCLA), quien editó Las enseñanzas de don Juan por primera vez, incluye ese libro entre sus best sellers.

Simon & Shuster, la principal distribuidora de Castaneda en la Unión Americana, mantiene vigentes en su catálogo unos 15 libros de y sobre el autor.

Algunas estimaciones hablan que el peruano ha vendido más de diez millones de copias en todo el mundo, pues sus libros han sido traducidos al menos a 17 idiomas.

El mito Castaneda

Granados busca explicar la relevancia que tuvo en el éxito de los libros el mito alrededor del autor: “Hay misterio, sí, sobre el personaje, pero yo quisiera que fuera lo menos relevante, porque los libros son valiosos como texto de autodescubrimiento, como acercamiento a una cultura ajena, como elogio de la experimentación en uno mismo, no tanto como del consumo de drogas sino como de una cierta disciplina para mirar el mundo de otro modo”.

Y aun así, en la actualidad poco se sabe con certeza de Castaneda. En junio de 1998, algunas agencias de información dieron la noticia sobre la muerte del antropólogo; su amiga y albacea Deborah Drozz habría informado que Castaneda murió el 27 de abril de ese año a consecuencia de cáncer de hígado, pero incluso la veracidad de algunas fotografías que circulan por internet está en duda. En el texto introductorio de la nueva edición del FCE, José Agustín contribuye a esclarecer algunos datos:

Según el autor de De perfil, quien junto a Juan Tovar se encontró con Castaneda en el lobby del Hotel de la Ciudad de México, el antropólogo era brasileño (y no peruano como hasta ahora se cree), tenía un parecido con el actor Peter Lorre y podía hablar sin parar y de manera encantadora por horas.

También dice que Castaneda no consumía ni tabaco ni alcohol, ni café y mucho menos refrescos embotellados; además usaba expresiones como “hijo de la gran flauta” o “como Kiko y Kako” y hasta para comer tenía sus manías: “nunca supe, por ejemplo, por qué desechaba ciertas partes de la papaya”.

Castaneda habría desaparecido de la vida pública en 1973; la revista Time le dedicó su portada ese mismo año con el título Carlos Castaneda: Magic and reality, pero José Agustín agrega que conoció y frecuentó a sus “dos hijos preciosos”, Rodrigo y Gonzalo, que siguen siendo buenos amigos de él y “no siguieron sus pasos (de su padre); se metieron en ondas académicas”.

Finalmente Granados acepta que el mito detrás de Castaneda contribuyó a convertirlo en un best seller y a que más gente lea sus extraordinarios relatos: “En efecto, fue un personaje misterioso y él contribuyó a crear ese misterio, el mito ha atraído a mucha gente y es inevitable, no se va disipar nunca, no hay modo de tratar de aclarar la biografía y los hechos de la vida de Castaneda, pero lo que sí queda claro es que la escritura de Castaneda es muy eficaz y muy seductora”.

Personaje tranquilo y misterioso, Castaneda fascinó a millones de personas en todo el planeta con sus cuentos sobre las aventuras mentales inducidas por el consumo de drogas y bajo la dirección de un chamán o brujo de los indios yaqui llamado Don Juan. Esas aventuras, que se inscribían en la cultura de la apertura de las puertas de la percepción de los años sesenta y setenta, son consideradas hoy uno de los pilares del movimiento de regreso a la espiritualidad denominado New age.
Personaje tranquilo y misterioso, Castaneda fascinó a millones de personas en todo el planeta con sus cuentos sobre las aventuras mentales inducidas por el consumo de drogas y bajo la dirección de un chamán o brujo de los indios yaqui llamado Don Juan. Esas aventuras, que se inscribían en la cultura de la apertura de las puertas de la percepción de los años sesenta y setenta, son consideradas hoy uno de los pilares del movimiento de regreso a la espiritualidad denominado New age.

En 1970 García Terrés le compró los derechos de las cuatro obras de Castaneda a la UCLA y desde entonces con ellos se han llevado a cabo los contratos para realizar las reediciones. “Siempre lo llevamos con la Universidad de California; en la familia también está parte del misterio, tuvo un hijo que en un tiempo no reconoció, se distanció de él, estuvo casado aparentemente muy joven y sin divorciarse tuvo otras parejas. Es difícil establecer el árbol genealógico”, dice Granados. Cada cierto tiempo, el FCE renueva el contrato con la UCLA para volver a imprimir los libros inspirados en las enseñanzas del chamán Juan Matus.

Descubrir a Castaneda

Polémicos por la cuestionable veracidad de la fuente, los libros de Castaneda fueron “best sellers” en su época, pero más allá de las experiencias y la doctrina que difunden, resultaron en una exploración de la sabiduría indígena.

1968
Las enseñanzas de Don Juan

Narrando las experiencias y lecciones que supuestamente vivió con un brujo Yaqui, Carlos Castaneda cuenta una historia en la que los alucinógenos muestran una conceptualización “New Age” de situaciones cotidianas.

1974
Una realidad aparte

Las charlas con el brujo yaqui Juan Matus continúan en la publicación lanzada el año del boom de Las Enseñanzas de Don Juan, Castaneda continúa escribiendo sobre los misterios del conocimiento indígena que los lleva a vivir una vida “verdadera”.

1975
Viaje a Ixtlán

Siguiendo por su exploración del conocimiento, de la mano de los indios yaquis, Castaneda recuerda en esta publicación las labores de disciplina física y mental a las que se enfrentó para lograr la “intimación de la soledad” y la “áspera belleza de la vida”.

1976
Relatos de poder

El poder, la sabiduría y la “despersonalización” guían este relato que inicia con un diálogo entre Castaneda y su maestro “¿Por qué me dio plantas visionarias en el inicio de mi entrenamiento en el camino del conocimiento?” La respuesta es: “Por tu falta de sensibilidad; necesitaba una herramienta para abrir esa cabeza tan dura”.

1981
El don del Águila

Considerado como uno de sus libros más representativos, el autor conduce al lector por líneas que hablan de la “brujería mexicana”. El texto se envolvió en polémica al escribir en el prólogo “Lo que escribo aquí es ajeno a nosotros y por eso se nos antoja irreal”.