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Las trincheras de los Mann

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Heinrich y Thomas Mann
Heinrich y Thomas Mann

La disputa que enfrentó a los escritores Heinrich y Thomas Mann durante la I Guerra Mundial es el paradigma de la lucha fratricida que provocó la contienda. Se trata de los ángulos más oscuros de Thomas, símbolo de la literatura alemana desde la publicación de “La montaña mágica” en 1924 y la obtención del Nobel de Literatura en 1929.

Heinrich Mann, desde la declaración de guerra en agosto de 1914, predijo la catástrofe en la que ésta desembocaría. Su novela “El súbdito”, que terminó en 1914 pero no pudo publicar hasta 1918, además, daba una visión crítica y descarnada de las estructuras autoritarias del imperio de Guillermo II.

Su hermano Thomas, en cambio, se sumó a los entusiastas de la contienda en textos como “Ideas en la guerra” o sus muy criticadas “Consideraciones de un apolítico”.

Durante la conflagración, Thomas y Heinrich sólo se vieron una vez, en la boda de su hermano menor Viktor, antes de que este se fuera al frente.

Sin embargo, los escritos de ambos en esos años parecía una especie de mensajes cruzados.

Heinrich Mann, pese a tener dificultades para publicar en esos años por su actitud política, logró editar una revista pacifista en Suiza llamada “Weisses Blätter”.

En ella publicó un ensayo sobre el novelista y polemista francés Emile Zola, a quien presentaba como un abogado de la civilización frente a aquellos que, en su empeño por convertirse en poetas nacionales, le preparaban el terreno a la catástrofe.

Thomas Mann sintió que la argumentación de su hermano era en buena parte un ataque personal en su contra y empezó a escribir, en 1915, sus “Consideraciones de un apolítico”.

En ese texto, recurría a figuras de la cultura alemana, desde Lutero hasta Eichendorf pasando por Federico El Grande, Goethe, Wagner y Nietzsche, para elaborar un discurso a favor de la guerra y de la particularidad alemana y en contra de Francia y de los literatos afrancesados.

Los ataques contra los literatos civilizados y afrancesados de Thomas Mann apuntaban evidentemente a su hermano, aunque sin mencionarlo expresamente.

Las diferencias políticas entre los dos hicieron que sus relaciones personales se interrumpieran casi por completo y no volvieran a reanudarse sino hasta cuatro años después del final de la guerra, en 1922.

En ese mismo año Thomas Mann por primera vez hizo una profesión de fe en la república, a la que todavía en 1918 había rechazado.

“La disputa entre los dos hermanos sobre la I Guerra Mundial y sobre la república y la monarquía reflejan los cambios de mentalidad de toda una generación”, resume el director de los Museos Estatales de Lübeck, Hans Wisskirchen.

Las diferencias políticas entre los dos hermanos venían desde antes. El republicanismo de Heinrich Mannn, y su rechazo al imperio guillermino, había marcado buena parte de su obra. Thomas Mann, en cambio, creía en el imperio y en una diferencia esencial de Alemania frente el resto de Europa.

Años más tarde, los dos estarían unidos en su rechazo al nacionalsocialismo. Sin embargo, el primero en expresar abiertamente ese rechazo fue otra vez Heinrich Mann, en un artículo publicado en la portada de la revista “Die Sammlung” en 1933.

“Die Sammlung” era un órgano de expresión de los intelectuales alemanes en el exilio que dirigía Klaus Mann, el hijo mayor de Thomas Mann.

Inicialmente, Thomas, exiliado en Suiza desde 1933, se mostró reacio a manifestar en público su rechazo al nacionalsocialismo -temía que sus libros dejarán de ser distribuidos en Alemania-.

No llegó a hacerlo sino hasta 1936, en parte animado por sus hijos Klaus y Erika, desde el comienzo del lado de su tío Klaus en la lucha antifascista.

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Carrera por el intercambio de flujos

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La naturaleza nos ha diseñado para que resultemos atractivos al sexo opuesto: los estrógenos hacen que las mujeres sean más curvilíneas y atractivas a los ojos masculinos, mientras que la testosterona hace que los hombres sean más fuertes y den una sensación de protección.
La naturaleza nos ha diseñado para que resultemos atractivos al sexo opuesto: los estrógenos hacen que las mujeres sean más curvilíneas y atractivas a los ojos masculinos, mientras que la testosterona hace que los hombres sean más fuertes y den una sensación de protección.

La ciencia lo desmiente: los polos opuestos no se atraen, sostiene Daniel Gilbert, un profesor de Harvard que aduce estudios científicos para afirmar que nos sentimos atraídos por individuos que son similares a nosotros, pero «es la apariencia física la determinante para la atracción romántica». «La genética nos diseña para que seamos atractivos» afirma con rotundidad Gilbert en su conferencia sobre ‘La ciencia de la atracción romántica’.

La genética es el área que explica cómo se transmite la herencia de generación en generación a través de los seres humanos, a los que Gilbert denomina «vehículos temporales», inventados por el ADN «para transportarlo y hacer que -las instrucciones genéticas de la vida- permanezcan en el tiempo». Nuestra genética, redondea este profesor y psicólogo, se encarga de que cumplamos el requisito necesario para realizar este traspaso de ADN, que no es otro que las relaciones sexuales.

Sin embargo, somos «selectivos» a la hora de elegir con quién tendremos relaciones sexuales y más aún con quién tendríamos descendencia. Según algunos estudios, las mujeres son más selectivas que los hombres, algo que depende de costes de distinta índole; por un lado, físico, pues mientras la cantidad de esperma que puede producir un hombre es ilimitada, las mujeres solo cuentan con 300 óvulos a lo largo de toda su vida.

Gilbert también habla de riesgo de enfermedades sexuales, mayor en el caso de las mujeres y del «coste reputacional», ya que, tradicionalmente, la promiscuidad se juzga mucho más duramente en ellas que en los hombres.

En cuanto a la importancia de la apariencia, la cultura es clave a la hora de juzgarla, pues el ideal de belleza – esencialmente femenino – determinará lo que en cada sociedad tengamos asignado como bello. Si bien estos ideales de belleza han cambiado a lo largo del tiempo, algo que se ha mantenido siempre como una referencia de la belleza es la proporción.

Aun asín Gilbert sostiene que la naturaleza nos ha diseñado para que resultemos atractivos al sexo opuesto: los estrógenos hacen que las mujeres sean más curvilíneas y atractivas a los ojos masculinos, mientras que la testosterona hace que los hombres sean más fuertes y den una sensación de protección.

Pero no todo se dirime en el terreno de la apariencia. Tenemos más sentidos que marcan si alguien nos resulta atractivo o no, como el olor o las sensaciones al besar, y también hay factores que dependen de las hormonas, como las voces graves. La geografía también es un factor que determina a nuestras parejas, pues según Gilbert aunque pensemos que las elegimos, realmente ya nos han sido asignadas por accidentes geográficos.

La proximidad física condiciona cual va a ser la «pequeña porción de población mundial» que vamos a conocer a lo largo de nuestras vidas y saber las posibilidades que tenemos de «juntarnos» con alguien por su cercanía puede hacer que nos guste más o menos.

El profesor de Harvard sostiene que no hay nada misterioso en la atracción, «entendemos perfectamente cómo funciona y de dónde viene; es la voz de nuestros genes». «Aunque estemos marcados por nuestros genes, no somos sus prisioneros, la naturaleza nos ha hecho inteligentes para que, aunque los genes nos pongan en una dirección, nosotros podamos elegir si cogemos otra», ha finalizado Gilbert.

El anhelo de una lengua universal

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El Klingon es una lengua desarrollada por Marc Okrand para los estudios Paramount Pictures.Este idioma pertenece a los Klingons, una raza que durante los comienzos de la serie original de Star Trek no iba a tener mayor protagonismo, sin embargo, la sencillez y los bajos costos en maquillaje les garantizaron su permanencia. James Doohan creó los sonidos básicos y algunas palabras para la primera película basada en la serie original Star Trek: The Motion Picture (1979). Hasta ese momento los klingon solo se habían expresado en inglés. Luego, Okrand creó un amplio léxico y una gramática completa para Star Trek III: En busca de Spock (The Search for Spock) y las siguientes producciones de la franquicia.
El Klingon es una lengua desarrollada por Marc Okrand para los estudios Paramount Pictures.Este idioma pertenece a los Klingons, una raza que durante los comienzos de la serie original de Star Trek no iba a tener mayor protagonismo, sin embargo, la sencillez y los bajos costos en maquillaje les garantizaron su permanencia. James Doohan creó los sonidos básicos y algunas palabras para la primera película basada en la serie original Star Trek: The Motion Picture (1979). Hasta ese momento los klingon solo se habían expresado en inglés. Luego, Okrand creó un amplio léxico y una gramática completa para Star Trek III: En busca de Spock (The Search for Spock) y las siguientes producciones de la franquicia.

Del quenya al klingon pasando por el simlish o el alto valyrio, los idiomas extravagantes forman parte del imaginario de la literatura fantástica y en ocasiones tienen tanto cuerpo gramatical como el volapük o el esperanto, lenguas artificiales creadas para la comunicación en el mundo real.

El hervidero político europeo durante el siglo XIX, alimentado por el Romanticismo, desembocó en nacionalismos extremos que habrían de conducir durante el siglo siguiente a los dos peores conflictos bélicos registrados históricamente en el Viejo Continente.

Como reacción a estos movimientos exageradamente patrióticos, un puñado de idealistas lanzó la idea de crear un lenguaje universal como vehículo de fraternidad para evitar los enfrentamientos internacionales y así surgieron varias iniciativas en el mundo real que tuvieron su reflejo posterior en el género fantástico, donde además sirvieron para dotar de estructura y credibilidad a algunas de sus obras más famosas.

El párroco católico alemán Johann Martin Schleyer fue el primero en diseñar una lengua artificial destinada a facilitar la comprensión entre las distintas culturas en una Europa que había comenzado el siglo XIX con las guerras napoleónicas y se acercaba a su final tras la guerra francoprusiana y los conflictos exteriores como el de los bóers en Suráfrica o el de los bóxers en China.

Schleyer creó el volapük en 1879 basándose en el lema “Menefe bal, püki bal” (“Una única lengua para una única humanidad”) y obtuvo un gran éxito de inmediato: 100.000 personas de 280 asociaciones llegaron a utilizarla y publicar más de 300 libros de texto.

Pero su complejidad gramatical y, sobre todo, los enfrentamientos entre su fundador y uno de sus discípulos, el holandés Auguste Kerckhoffs, terminaron con su popularidad.

Muchos partidarios del idioma universal se pasaron entonces al esperanto, un experimento similar impulsado por el oftalmólogo judeopolaco Ludwik Lejzer Zamenhof, quien también conocía el volapük.

De hecho, hablaba alemán, polaco, ruso, yiddish, latín, griego, hebreo clásico, francés e inglés, además de poseer conocimientos básicos de español, italiano y otras lenguas.

Zamenhof soñaba con el perfecto idioma auxiliar para la comunicación internacional y en 1887 publicó el “Unua Libro” (“Primer Libro”) que describe el esperanto tal cual hoy lo conocemos aunque, pese a sus esfuerzos, ninguna nación lo adoptó jamás como lengua oficial y se estima que hoy día lo manejan menos de 10.000 personas.

Entre los escritores del género fantástico que han desarrollado lenguajes artificiales para sus obras, el gran maestro es J.R.R.Tolkien, el autor de “El Señor de los Anillos” y “El Hobbit”.

Lingüista destacado, desarrolló durante toda su vida algunos de sus idiomas más famosos, como el quenya o lenguaje de los altos elfos de Valinor.

También creó el sindarin o élfico gris, el adunaico de Númenor y otros, hasta un total de quince lenguajes diferentes.

Dentro de la Ciencia Ficción propiamente dicha, uno de los idiomas artificiales más populares es el klingon, desarrollado por otro lingüista, el norteamericano Marc Okrand, quien recibió el encargo de dotar con su propio idioma a la belicosa y homónima raza extraterrestre que aparece en “Star Trek”.

A este idioma se han traducido algunas obras de Shakespeare como “Hamlet” y “Mucho ruido y pocas nueces” porque, como dice el Canciller Gorkon, uno de los personajes klingon: “usted no ha experimentado realmente a Shakespeare hasta que no lo ha leído en el klingon original”.

Okrand también inventó el vulcaniano, idioma de los nativos de Vulcano como el doctor Spock, aunque la frigidez emocional y la rigidez social de esta raza lo han convertido en una lengua poco utilizada.

Menos elaborado es el Simlish o lengua ficticia de los videojuegos de Maxis para sus aventuras con los Sims.

Pese a su sencillez, es un lenguaje difícil ya que está compuesto por balbuceos y sonidos como el de los bebés, con expresiones como “Sool-Sool” (“Hola”) o “Veena Fredishay” (“Vamos a jugar”).

El idioma de moda en el fandom en la actualidad es el alto valyrio, una lengua muerta pero recordada a través de multitud de canciones y libros que aparecen en la saga de “Hielo y Fuego” de G.R.R. Martin, popularizada mundialmente gracias a la serie televisiva de “Juego de Tronos”.

Su frase más popular es “Valar Morghulis” (“Todos los hombres deben morir”), como bien saben los numerosos personajes decapitados, apuñalados, quemados, envenenados y, en general, asesinados por Martin en sus libros.

De todas formas, hay que recordar que la Ciencia Ficción resolvió hace mucho tiempo el problema del lenguaje universal gracias a la telepatía. Pero ésa es otra historia…

Tiempo de AMOC

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El agua caliente del Atlántico Sur, así como del Golfo de México, viaja hacia el norte hasta el Atlántico Norte, que a su vez se enfría y luego se hunde. Luego el agua retrocede hacia el sur. Este patrón completo – llamado Circulación meridional de retorno del Atlántico (AMOC) – es en gran parte responsable del clima relativamente moderado en el Reino Unido y otras partes de Europa
El agua caliente del Atlántico Sur, así como del Golfo de México, viaja hacia el norte hasta el Atlántico Norte, que a su vez se enfría y luego se hunde. Luego el agua retrocede hacia el sur. Este patrón completo – llamado Circulación meridional de retorno del Atlántico (AMOC) – es en gran parte responsable del clima relativamente moderado en el Reino Unido y otras partes de Europa

Un grupo internacional de científicos ha constatado que el reciente debilitamiento del sistema de corrientes del Atlántico puede influir en el clima en el futuro.

El proceso sería así: Para nivelar la temperatura global de la Tierra, la madre naturaleza crea corrientes en el agua que mueven el frío y el calor hacia donde se necesite. Una de ellas es la Circulación Atlántica Meridional de Retorno (AMOC por sus siglas en inglés), que es la encargada de llevar una masa de agua densa y fría hacía el sur. Hay otra más cálida y salada (por encima de la gélida) en dirección norte.

Hasta ahora, estos ‘reajustes’ de grados centígrados en el océano mantenían los modelos meteorológicos establecidos, peroa recientes estudios pone en duda que siga siendo así: la corriente que mueve el calor al norte del Atlántico podría estar al borde del colapso gracias al calentamiento global y al cambio climático.

La primera investigación, liderada por el University College London (R.Unido), examina el impacto que ese proceso tiene sobre un sistema de corrientes conocido como Circulación Meridiana de Retorno del Atlántico Norte (AMOC, en sus siglas en inglés).

El AMOC, recuerdan los expertos, tiene una gran influencia sobre el clima, pues redistribuye calor e incide sobre el ciclo del carbono, pero se desconocía hasta ahora si el aparente debilitamiento experimentado en las últimas décadas podría manifestarse en una variabilidad natural a largo plazo.

Los autores de este estudio, con el geógrafo David Thornalley a la cabeza, han presentado “evidencias paleo-oceanográficas” que demuestran que la corriente de convección profunda del AMOC y del mar de Labrador -entre la península canadiense de Labrador y la isla danesa de Groenlandia-, ha sido inusualmente débil desde final de la Pequeña Edad de Hielo, en comparación con los 1.500 años anteriores.

La Pequeña Edad de Hielo es el periodo frío más importante del hemisferio norte desde finales del siglo XIV hasta el XIX.

Los expertos sostienen en este nuevo estudio que el fin de la Pequeña Edad de Hielo estuvo marcado por una descarga de agua dulce del Ártico y mares nórdicos, lo que provocó la alteración del AMOC.

No obstante, todavía no tienen claro si esa transición ocurrió de manera abrupta hacia el final de ese periodo frío, después de 1850, o a través de un proceso más gradual durante los últimos 150 años.

La segunda investigación, desarrollada por el Instituto Potsdam de Análisis de Impacto Climático (Alemania), combina conjuntos de modelos climáticos globales con bases de datos de temperaturas globales de la superficie del mar.

Esta metodología les llevó a identificar una “huella” que indica que la AMOC experimentó una desaceleración de unos tres “sverdrups” (unidad de medida del flujo de volumen por unidad de tiempo), es decir, de casi el 15 % desde mediados del siglo XX.

Esa “huella”, que es más pronunciada durante los inviernos y primaveras, conlleva un enfriamiento de la zona subpolar del Océano Atlántico, causado por una caída del transporte de calor, y un calentamiento en la región de la Corriente del Golfo, provocado por un desplazamiento de su ruta hacia el norte.

El cambio climático antopogénico es el “principal sospechoso” de ese debilitamiento que “puede tener efectos importantes, especialmente en el clima Europeo”, según un comunicado de la española Universidad Complutense, una de las participantes en el estudio.

Ambos estudios difieren en la cronología de la desaceleración de la AMOC, debido, según algunos autores, a los matices que contiene la propia definición de este sistema de corrientes.

En un artículo que acompaña a los dos trabajos, Summer Praetorius, del US Geological Survey de California (EE.UU.), opina que, “al menos desde el punto de vista científico”, las partes coinciden en que el “AMOC moderno” se encuentra en “un estado relativamente débil”.

Por contra, añade la experta, de cara al estudio de escenarios de cambio climático futuros, estas divergencias son “quizá, menos tranquilizadoras” porque un “AMOC debilitado podría generar alteraciones considerables en los patrones de clima y de precipitaciones en todo el Hemisferio Norte”.

Se presentaría un importante enfriamiento sobre el norte de las zonas del Atlántico Norte y las áreas cercanas; el hielo marino aumentaría y se extendería en los mares de Groenlandia, Islandia y Noruega; se produciría una migración hacia el sur por la lluvia significativa de la correa sobre el Atlántico tropical. Obviamente, el hemisferio norte sería el más afectado.

Si llevamos las consecuencias al extremo, el panorama en la Tierra se parecería mucho al que se puede ver en la película ‘El día de mañana’: El calentamiento global podría colapsar AMOC y provocar la propagación del hielo marino del Ártico, el enfriamiento del Atlántico norte y la traslación de los cinturones tropicales de lluvias hacia el sur.

Poesía que escupe realidades

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César Vallejo, autor de "Los heraldos negros" y "Trilce, que" son celebrados clásicos de la vanguardia y la experimentación latinoamericana
César Vallejo, autor de “Los heraldos negros” y “Trilce, celebrados clásicos de la vanguardia y la experimentación latinoamericana

Bertold Brecht o Pablo Neruda, Mahmud Darwisch o Bei Dao, todos ellos muestran esa tendencia en la que la voz del poeta interviene en política de una u otra manera, desde la adhesión a una causa a la denuncia del horror.

“Niemals eine Atempause” (Nunca un respiro) es el título de la antología, publicada por la editorial Kiepenhauer&Witsch, que parte de la tesis de que en el siglo XX los poetas se vieron obligados ante los horrores cotidianos a dejar atrás la estética del arte por el arte, típica de la segunda mitad del siglo XIX.

Joachim Sartorius, compilador de la obra, admite en el prólogo que una antología de la poesía política del siglo XX hubiera sido distinta a la suya de haberla hecho un poeta de Singapur o de Buenos Aires.

Es por ello que al lector de lengua española no deberá extrañarle no encontrar nombres como el del Cesar Vallejo (“España aparta de mi este cáliz”) o el de Mario Benedetti.

El libro de Sartorius pone el acento en Europa y ante todo en Alemania, como demuestra que haya un capítulo dedicado a 1933, el año del advenimiento del nazismo, y otro a la llamada “hora cero” después de la guerra.

Pero, al margen de esas salvedades, Sartorius procura abarcar los conflictos políticos fundamentales del siglo XX.

El libro va desde el genocidio armenio perpetrado por el imperio otomano, hasta la preocupación por el cambio climático, pasando por la guerra civil española, las dos guerras mundiales, el auge del comunismo, la revolución cubana y los movimientos de liberación en el llamado tercer mundo, incluyendo a Latinoamérica.

Una de las corrientes que muestra la obra es la de la poesía pacifista basada en la condena del horror de la guerra, de la que uno de los mejores ejemplos es tal vez, “Nuestros jóvenes”, del británico Siegfried Sassoon.

En ese poema, Sassoon contrasta la glorificación de la guerra, atribuida a un obispo anónimo -a la que dedica la primera estrofa- con la denuncia de lo que realmente deja la guerra.

El obispo dice que cuando vuelvan “nuestros jóvenes no volverán a ser los mismos”, ya que “regresarán transformados tras una guerra justa”, pero uno de ellos replica: “Ninguno de nosotros es el mismo/ George perdió las dos piernas, Billy quedó ciego/ el pobre Jim murió de un tiro en el pulmón/y Bert tiene sífilis”.

En los capítulos dedicados a las dos guerras mundiales, Sartorius opta por dejar de lado a los poetas que las glorificaron, al igual que omite deliberadamente, lo advierte en el prólogo, a los poetas que pusieron su obra al servicio del nacionalsocialismo.

No ocurre lo mismo con la poesía relacionada con la Unión Soviética y el comunismo en general, puesto que en el libro conviven poetas disidentes que fueron perseguidos por el estalinismo con otros que, sobre todo al comienzo, glorificaron la utopía marxista-leninista, en la que veían una promesa para la humanidad.

Entre las glorificaciones de la Unión Soviética, cabe destacar la que hace el cubano Nicolás Guillén, que sería de algún modo uno de los poetas oficiales de la revolución cubana.

Un caso de ironía trágica es el de Vladimir Majakovski, que celebró el advenimiento de la revolución para luego caer en desgracia y terminar suicidándose dándole “la palabra al camarada Mauser”, según una frase que se le atribuye.

El prólogo arranca precisamente constatando la situación contradictoria que vivió la poesía, y el arte en general, frente a la utopía comunista.

La primera imagen es la del músico Hans Werner Henze que, según cuenta en su diario, durante una visita a Cuba, cuando un soldado de la revolución puso su ametralladora encima de su partitura, deseó que en esta última quedase una mancha de aceite.

Era el arte, dice Sartorius, que buscaba la bendición de la revolución. El idilio terminaría a más tardar, agrega, cuando Fidel Castro hace encarcelar al poeta Heberto Padilla e insulta a los intelectuales occidentales que se solidarizan con él.

Kafka, el naturista

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Franz Kafka (1883-1924) fue un escritor checo muy influyente en la literatura universal por sus obras que ahondaban en diversos temas como el existencialismo, los conflictos psicológicos o la alienación de la sociedad. El proceso y La metamorfosis son dos de sus relatos más aclamados. Tal es su influencia, que existe el adjetivo “kafkiano“, que denota situaciones angustiosas, absurdas e insólitas. Su obra ha recibido multitud de interpretaciones, desde las que señalan que su obra está cargada de mensajes de desesperación, sátiricos o espirituales, a los que señalan que su obra carece de sentido alguno
Franz Kafka (1883-1924) fue un escritor checo muy influyente en la literatura universal por sus obras que ahondaban en diversos temas como el existencialismo, los conflictos psicológicos o la alienación de la sociedad. El proceso y La metamorfosis son dos de sus relatos más aclamados. Tal es su influencia, que existe el adjetivo “kafkiano“, que denota situaciones angustiosas, absurdas e insólitas. Su obra ha recibido multitud de interpretaciones, desde las que señalan que su obra está cargada de mensajes de desesperación, sátiricos o espirituales, a los que señalan que su obra carece de sentido alguno

Un Franz Kafka escéptico con la medicina tradicional y partidario de una filosofía naturista es el retrato que hacen del escritor checo las cartas inéditas que son recopiladas y publicadas en un libro.

Las misivas están escritas por el médico húngaro Robert Klopstock y por el último amor de Kafka, la actriz polaca Dora Diamant, y dirigidas a la familia del autor, en la época en que se encontraba ingresado en el sanatorio austríaco de Kierling y su vida estaba a punto de extinguirse por la tuberculosis.

“Estaba en contra de los medicamentos, de los rayos X y de las inyecciones. Era incluso ingenuo en cómo usaba medios humanos que no resultaban dañinos, pero que tampoco ayudaban”, según el germanista Josef Cermak, que acaba de publicar en un libro esa colección de cartas inéditas.

En esas nuevas misivas “hay ahí muchas cosas desconocidas. Se ponen de manifiesto las dos opiniones. Kafka era partidario de la medicina natural, según el principio de que lo que naturaleza estropea, puede ella misma arreglarlo”, afirmó Cermak. Por su parte, “Robert Klopstock era partidario del concepto clásico de medicina, lo que significa que intentaba incesantemente aplicar la cirugía”, explicó el experto.

Esta nueva correspondencia forma parte del libro Zivot ve stinu smrti —Vida a la sombra de la muerte—, en concreto, en una sección titulada Cartas de Robert. Una treintena de cartas inéditas Además de las casi 66 cartas ya conocidas que documentan la relación de amistad entre Klopstock y Kafka, el libro incluye otras 35 cartas nunca publicadas que Klopstock y Diamantova escribieron a la familia del escritor.

Kafka sucumbió a una tuberculosis de garganta y, según Cermak, “Robert Klopstock le sirvió mucho como médico en los últimos meses de su vida en el sanatorio austríaco de Kierling, donde Kafka murió. Se ocupó de él de forma conmovedora, junto a su novia de entonces, Dora Diamantova”.

El literato y Klopstock habían coincidido antes en el sanatorio eslovaco de Tatranské Matliare, a los pies del macizo de los Montes Tatra, y allí llegaron a intimar, a pesar de que el húngaro era 16 años más joven que el autor checo.

Kafka, exceptuando a Max Brod y a ese círculo tan estrecho al que pertenecía el médico, “no se refería a la gente por su nombre, y conseguir su amistad, su verdadera amistad, no era fácil”, afirma Cermak.

Una amistad sincera con el autor checo

Tras examinar en su conjunto la correspondencia surgida de dos años de trato entre ambos, es evidente para el estudioso la amistad sincera que se profesaron y que llevó a Klopstock a posponer sus estudios por la situación turbulenta que atravesaba Kafka.

Ambos “tenían intereses comunes, que eran filosóficos y teológicos. Porque este judío húngaro tenía gran simpatía hacia el cristianismo. Y después de la muerte de Kafka, se hizo protestante”, afirmó Cermak, que trata de reconstruir en el libro algunas de sus conversaciones, en el frontera entre la filosofía y religión.

Cermak ha podido realizar este trabajo gracias a que en los años 60 la familia de Kafka le encomendó publicar las cartas del escritor a su hermana Otilia. “Y esta publicación se vio frustrada por la llegada de los tanques soviéticos y la prohibición de publicar cosas de Kafka en este país”, apostilla.

Píldoras ‘freak’ con denominación de origen

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Los Salvajes fueron una de las bandas españoles con mayor actitud 'freak' durante la década de los 60 del pasado siglo
Los Salvajes fueron una de las bandas españolas con mayor actitud ‘freak’ durante la década de los 60 del pasado siglo

Del mismo modo que gente como Bruce Springsteen cuenta en la película ‘Hall, Hail, Rock’n’Roll’ que conoció a Chuck Berry a través de The Rolling Stones, hay muchos en España que deberían reconocer que conocieron a éstos, y a Spencer Davis Group (‘Corre, corre’) y Steppenwolf (‘Nacido para ser salvaje’), entre otros, gracias a Los Salvajes y sus versiones de ‘Satisfacción’, ‘La neurastenia’ (’19th Nervous Breakdown’), ‘Todo negro’ (‘Paint it black’) y ‘Juping Jack Flash’.

Como en el caso de Los Mustang, las versiones eran recreaciones de las canciones originales, ya que mientras Mick Jagger declara estar insatisfecho por la publicidad de la radio que interrumpe el programa que está escuchando, nada de esto produce insatisfacción a Los Salvajes, pero su sonido sí que conseguía ser tan duro, caótico, sucio y fuerte como el original, y como requería una canción sobre la falta de satisfacción juvenil.

Los Salvajes se convirtieron en profesionales y decidieron adoptar el estilo stone mientras se hallaban de viaje/gira semiprofesional por Alemania. Además, se convirtieron en los primeros heavies españoles, mucho antes de que a nadie se le ocurriera definirse así, pero grupos como Barón Rojo. Obús, Leño, etc., algo deben a Los Salvajes, con adaptaciones de The Troggs: ‘No puedo controlarme’ (‘I can’t control myself’) y ‘Una chica como tú’ (‘With a girl like you’).

El grupo estaba formado por Gabriel Alegret (cantante), Sebastián Sosoedra (bajo), Andrés González “Andy” (guitarra solista), Francisco Miralles (guitarra rítmica) y Delfín (batería).

Algunas de sus canciones (‘Mi bigote’, ‘Soy así’, ‘Es la edad’) eran autobiográficas y se convertían en himnos generacionales, al estilo de ‘Mi generación’ de The Who, otra canción que hicieron suya. Sin embargo, aunque estaban en la cima de su éxito, la fiebre de la psicodelia acabó con ellos, y aunque se vistieron camisas de flores para confundirse con ella, finalmente se dieron cuenta de que aquello no era lo suyo y lo dejaron correr.

Fue una lástima porque por muy poco no consiguieron conectar con Led Zeppelin, otro grupo que sí estaba en su onda y que no tiene versión española.

En la década de los ochenta regresaron, con unos kilos de más, al igual que sus antiguos admiradores, y siguieron fieles al mismo repertorio y público, porque su imagen les impedía ganarse a las nuevas generaciones de roqueros. En esta época Los Salvajes eran Frank Bellver (guitarra), Enrique CuquereIla (batería), Alfonso G. Parraga (batería) y Gaby Alegret (voz), y su cuartel general estaba en el Pub Forma’s.

En esta ocasión tuvieron la mala fortuna de grabar sus discos (‘Rockero prematuro’, 1982) en Belter, la compañía que tuvo que cerrar y malvender sus fondos discográficos. Otras versiones de Los Salvajes dignas de mención son: ‘Dame lo que tienes’ (‘Give me some loving’), ‘Dinero’ (‘Money’), ‘Cosa salvaje’ (‘Wild thing’), ‘Que alguien me ayude’ (‘Somebody help me’) y sus populares versiones de The Kinks: ‘Me has cazado’ (‘You really got me’) y ‘Lola, Lola’.