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Las faldas del rugido yeyé

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La granadina Gelu, una de las artistas más prolíficas en la España que intentaba contagiarse de los ritmos de juventud durante los años 50 y 60 del pasado siglo
La granadina Gelu, una de las artistas más prolíficas en la España que intentaba contagiarse de los ritmos de juventud durante los años 50 y 60 del pasado siglo

El apelativo «yeyé» fue una idea de la industria francesa de discos para lanzar a sus nuevas estrellas pop. Sylvie Vartan y Sheila fueron las primeras chicas yeyés francesas y nacieron al calor del twist que la juventud mundial bailaba frenéticamente como si se secara la espalda con una toalla de baño.

El prototipo de la chica yeyé era una lolita de melena corta y mirada ingenua que cuando cantaba repetía el conocido estribillo de los Beatles: «¡Yeah!, ¡Yeah!», como si le fuera la vida en ello. En España, el epítome de lo yeyé lo acapararon los «Beatles de Cádiz», una chirigota disfrazada de los Beatles, cumbre del cutre-pop hispano. Pero quienes revolucionaron el panorama de la música ligera en los primeros años del desarrollismo español fueron unas quinceañeras intrépidas, que se lanzaron a la pista con unas voces tan chirriantes como divertidas. Bruno Lomas y Mike Ríos iban de roqueros rebeldes, entre Elvis y Johnny Hallyday, y Mimo, la primera roquera española, anunciaba con su desparpajo la aparición de un nuevo tipo de cantante: las chicas yeyé. Una docena de ellas cambiaron la concepción de la interprete que, ataviada con traje de noche y mirada lánguida, susurraba en los festivales de la canción: «Antes de que tus labios me confirmaran que me querías: ¡Ya lo sabía! ¡Ya lo sabía!».

En contraposición, Karina gritaban a voz en cuello desde los cromados juke box: «Serán tus labios lo que me hace vibrar, será yeh yeh. No sé que es». Marisol aseguraba desde la pantalla del cine que la vida «Es una tómbola, twist, twist, tómbola», y Rocío Dúrcal, montada en una vespa, cantaba: «Cuando te quieras divertir un domingo en la reunión, aprenderás a bailar y también a soñar con el ritmo del twist».

En este santoral pop de las precursoras del ritmo, relucen Françoise Hardy, conocida en medio mundo como la auténtica chica yeyé, y la irrepetible Mina, cuyo influjo en Europa fue de idéntica magnitud que un tsunami. Ella, junto a Rita Pavone, dieron lugar al fenómeno de los «urlatori», cantantes gritones que influyeron en la más genuina representante española de lo yeyé: Gelu. Nadie, hasta la brutal epifanía de Conchita Velasco en el filme «Historias de la televisión» (1965), donde interpretaba por vez primera la «Chica yeyé», consiguió el grado de fascinación de Gelu. Su imagen, de una modernidad absoluta, era todavía más fuerte que su voz, que podía hace añicos una copa de cristal de Murano. Almodóvar utilizó su versión de «No me puedo quejar» para el apoteósico final del «Tráiler para amantes de lo prohibido» (1983).

En este recuento de voces pioneras del pop, algunas recopiladas en el disco «¡Chicas! Spanish Female Singers 1962-1974», no pueden faltar ni las impagables Hermanas Serrano, cantando «El día de los enamorados», ni la argentina Baby Bell, que impactó como un meteorito con su versión de «Siempre es domingo». Quedan Rosalía, Lita Torelló y Cristina, antecedentes de Rubi, cuya canción «Yo tenía un novio que era tocaba en un conjunto beat, le llevaba la baquetas en un bolso gris», fue el himno neoyeyé de los años de la Movida, cuando las chicas ya se habían emancipado y no tenían que ir con su madre, como Karina, a las actuaciones.

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Píldoras ‘freak’ con denominación de origen

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Los Salvajes fueron una de las bandas españoles con mayor actitud 'freak' durante la década de los 60 del pasado siglo
Los Salvajes fueron una de las bandas españolas con mayor actitud ‘freak’ durante la década de los 60 del pasado siglo

Del mismo modo que gente como Bruce Springsteen cuenta en la película ‘Hall, Hail, Rock’n’Roll’ que conoció a Chuck Berry a través de The Rolling Stones, hay muchos en España que deberían reconocer que conocieron a éstos, y a Spencer Davis Group (‘Corre, corre’) y Steppenwolf (‘Nacido para ser salvaje’), entre otros, gracias a Los Salvajes y sus versiones de ‘Satisfacción’, ‘La neurastenia’ (’19th Nervous Breakdown’), ‘Todo negro’ (‘Paint it black’) y ‘Juping Jack Flash’.

Como en el caso de Los Mustang, las versiones eran recreaciones de las canciones originales, ya que mientras Mick Jagger declara estar insatisfecho por la publicidad de la radio que interrumpe el programa que está escuchando, nada de esto produce insatisfacción a Los Salvajes, pero su sonido sí que conseguía ser tan duro, caótico, sucio y fuerte como el original, y como requería una canción sobre la falta de satisfacción juvenil.

Los Salvajes se convirtieron en profesionales y decidieron adoptar el estilo stone mientras se hallaban de viaje/gira semiprofesional por Alemania. Además, se convirtieron en los primeros heavies españoles, mucho antes de que a nadie se le ocurriera definirse así, pero grupos como Barón Rojo. Obús, Leño, etc., algo deben a Los Salvajes, con adaptaciones de The Troggs: ‘No puedo controlarme’ (‘I can’t control myself’) y ‘Una chica como tú’ (‘With a girl like you’).

El grupo estaba formado por Gabriel Alegret (cantante), Sebastián Sosoedra (bajo), Andrés González “Andy” (guitarra solista), Francisco Miralles (guitarra rítmica) y Delfín (batería).

Algunas de sus canciones (‘Mi bigote’, ‘Soy así’, ‘Es la edad’) eran autobiográficas y se convertían en himnos generacionales, al estilo de ‘Mi generación’ de The Who, otra canción que hicieron suya. Sin embargo, aunque estaban en la cima de su éxito, la fiebre de la psicodelia acabó con ellos, y aunque se vistieron camisas de flores para confundirse con ella, finalmente se dieron cuenta de que aquello no era lo suyo y lo dejaron correr.

Fue una lástima porque por muy poco no consiguieron conectar con Led Zeppelin, otro grupo que sí estaba en su onda y que no tiene versión española.

En la década de los ochenta regresaron, con unos kilos de más, al igual que sus antiguos admiradores, y siguieron fieles al mismo repertorio y público, porque su imagen les impedía ganarse a las nuevas generaciones de roqueros. En esta época Los Salvajes eran Frank Bellver (guitarra), Enrique CuquereIla (batería), Alfonso G. Parraga (batería) y Gaby Alegret (voz), y su cuartel general estaba en el Pub Forma’s.

En esta ocasión tuvieron la mala fortuna de grabar sus discos (‘Rockero prematuro’, 1982) en Belter, la compañía que tuvo que cerrar y malvender sus fondos discográficos. Otras versiones de Los Salvajes dignas de mención son: ‘Dame lo que tienes’ (‘Give me some loving’), ‘Dinero’ (‘Money’), ‘Cosa salvaje’ (‘Wild thing’), ‘Que alguien me ayude’ (‘Somebody help me’) y sus populares versiones de The Kinks: ‘Me has cazado’ (‘You really got me’) y ‘Lola, Lola’.