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Jimmy Smith, el amigo que siempre te eleva

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Jimmy Smith no fue el primer organista de jazz, Fats Waller, Count Basie y Wild Bill Davis lo precedieron, pero fue el primer gran intérprete del Hammond B3 y le dio credibilidad al instrumento
Jimmy Smith no fue el primer organista de jazz, Fats Waller, Count Basie y Wild Bill Davis lo precedieron, pero fue el primer gran intérprete del Hammond B3 y le dio credibilidad al instrumento

Jimmy Smith, pionero del órgano Hammond, nació en Filadelfia y en sus actuaciones destacaba por su seguridad y destreza. Los conciertos de Smith consistían regularmente en una gran cantidad de gesticulaciones escalonadas, el abuso de la complicidad con el público y la limpieza de sus cejas con toallas. La música estaba principalmente enraizada en la fórmula más accesible del siglo XX, el blues de doce compases.

Smith refinó y modernizó un instrumento musical mejor diseñado para predicadores itinerantes o espectáculos de magia. Trajo una técnica sofisticada y de gran potencia, y al unir las aptitudes de Hammond al bebop, ayudó a abrir el jazz moderno a las audiencias impacientes con sus complejidades.

Con actuaciones completas como “Walk On The Wild Side” de 1962 (enfrentando su teclado académicamente impecable a una partitura de big band humeante de Oliver Nelson) y “The Sermon”, Smith se convirtió en una de las estrellas más importantes del sello Verve de Norman Granz a principios de los años 60. un héroe de la escuela de jazz terrenal conocido como hard bop, y un modelo para todos los aspirantes a teclistas de Hammond.

Nació James Oscar Smith en Norristown, Pennsylvania. Sus padres le enseñaron piano, y ganó un concurso de talentos de radio en Filadelfia, tocando boogie-woogie, cuando tenía nueve años.

A los 17 años, Smith se presentó de la mano de su  padre en clases locales de canto y baile, pero al momento de su salida de la marina estadounidense en 1947, comenzó un período de estudios musicales formales tanto en piano como en contrabajo, aunque esta formación no le llevó a ser un músico estandarizado.

Smith se ganaba la vida tocando el piano en bandas de R&B en Filadelfia, y trabajaba regularmente con el director de orquesta local Don Gardner, pero fue en 1953, después de escuchar al organista de swing con sede en Chicago Wild Bill Davis, cuando dio un giro copernicano a su carrera. Davis había explotado las coloridas texturas de Hammond (mejoradas por el trémolo exagerado del altavoz Leslie giratorio) y los efectos de acordes sostenidos como un conjunto estimulante para otros solistas; ello dio una vuelta de tuerca hacia nuevos sonidos con un enfoque más flexible y avanzado, encadenado al ritmo. Fue Davis quien también desarrolló el formato del clásico trío de órgano Hammond en 1951: órgano, guitarra y batería, utilizando los pedales para crear una línea de bajo.

Smith formó brevemente un primer trío de esta guisa con el gran John Coltrane (entonces músico mercenario en sellos locales), en 1955, año en que la compañía Hammond presentó su modelo más avanzado, el B3.

Ampliando los métodos de Davis y Milt Buckner, Smith combinó audazmente los sonidos de los órganos de iglesia, las inclinaciones de R&B de Davis y Buckner y la rápida expresión lineal del bebop. Creó combinaciones sorprendentes de los registros trémulamente sostenidos de Hammond y los efectos dramáticos de su revolucionaria “parada de percusión”, un dispositivo que desterró el borroso sonido de antaño.

También desarrolló una asombrosa técnica de pedaleo con los pies que le permitía mantener una marcha de bajos propulsiva.

Smith se inventó a sí mismo como ‘one man band’ de esencias bebop y sección de ritmo combinados. El mundo del jazz convulsionó cuando se fue de Pensilvania para tocar en Smalls Paradise en la 7th Avenue de Nueva York (donde fue fichado en enero de 1956 por Francis Wolff de Blue Note Records), y luego en el Café Bohemia de la ciudad y el Newport de 1957, un festival que le abrió las puertas de nuevas oportunidades

A través del ejemplo de Smith y el apoyo de Wolff, tanto para él como su instrumento Hammond aumentaron su popularidad, en duelos con los guitarristas Kenny Burrell y Grant Green. Recorrió el mundo desempaquetando un repertorio de fórmulas de fraseos de fábula, sonidos tumultuosos de coros de gospel, cuerdas y trinos extásicos. Sus espectáculos y discos se llenaron así de una emoción visceral.

En 1962, Smith también se mudó de Blue Note Records (para quien había grabado algunos de sus mejores momentos, incluyendo Groovin ‘At Smalls Paradise y Open House) a Verve, haciendo álbumes orquestales de mayor presupuesto y más comerciales, como The Cat, Got My Mojo Workin ‘, y un híbrido clásico / jazz mal juzgado en Peter And The Wolf de Prokofiev.

Con su esposa, Lola, abrió el Jazz Supper Club de Jimmy Smith en Los Ángeles en la década de los 70, pero volvió a la carretera en la década siguiente, grabando un álbum de regreso con Eddie Harris acompañando el saxo tenor en el Keystone Korner de San Francisco en 1981. Posteriormente fichó por el establo Quest de Quincy Jones durante cinco años improductivos  que llevaron a dar con sus huesos en Nashville.

Hizo una aparición triunfal en el Festival de Jazz de Chicago en 1989 con antiguos socios, entre ellos Stanley Turrentine y Burrell, y recuperó el fervor del público en la década de los noventa con la llegada de un renacimiento mundial del género.

Después de otra etapa en Blue Note, Smith regresó a Verve en 1995, tocando un repertorio más variado de bop, funk y baladas con músicos jóvenes, y se fue de gira con un trío que a menudo incluía al saxofonista Herman Riley y, a veces, a Burrell.

En sus últimos años, Smith a menudo sonaba como un hombre cansado entre melodías, pero atrapado por su antiguo yo en el teclado. Grabó Dot Com Blues para Universal en 2000, con ilustres invitados de blues, entre ellos BB King, Etta James, Keb ‘Mo’, Taj Mahal, Phil Upchurch y Dr John. También comenzó a incorporar menos blues y orientó al soul  su repertorio.

Como corolario, nada mejor que estas palabras del propio Smith en 1964: “Desde niño quise tocar el mejor tipo de música, incluso los clásicos. No he hecho nada de eso, pero voy a hacerlo. Voy a sorprender a mucha gente con el increíble número de tonos del Hammond antes de morir”.

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La esencia de la nota triste

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Dinah Washington fue llenando libros de una historia que sin embargo, terminó demasiado pronto. Se casó siete veces y tuvo infinidad de hombres. Decía haberlos amado a todos, tomaba pastillas para dormir y para adelgazar y derrochaba en autos y ropa
Dinah Washington fue llenando libros de una historia que sin embargo, terminó demasiado pronto. Se casó siete veces y tuvo infinidad de hombres. Decía haberlos amado a todos, tomaba pastillas para dormir y para adelgazar y derrochaba en autos y ropa

Son décadas de buen hacer y buen jazz, que el sello norteamericano celebra con un disco libro con dos cedés titulado “Essential Blue Note”, en el que se recogen temas emblemáticos de 38 artistas, en un abanico de lo más variado que va desde Miles Davis a Norah Jones, de Us3 a John Coltrane, de Lila Downs a Duke Ellington, o de Keren Ann a Billie Holiday.

Blue Note, una marca legendaria sinónimo de buena música, reúne en el libro que acompaña a los dos discos material gráfico con fotos de Francis Wolff y de los archivos de la propia compañía, y un texto del periodista Pedro Calvo, en el que relata la historia de la discográfica.

Entre los cortes del primer álbum figuran temas como “Come away with me”, “I get a kick out of you”, “Rock-A-Bye Basie”, “My one & only love”, “They can’t take that away from me”, “You’ve got the love I need”, “Blue Moon”, “Jeru”, o “Don’t worry be happy” interpretados, respectivamente, por Norah Jones, Patricia Barber, Count Basie, Chick Corea, Eliane Elias, Al Green, Billy Holiday, Miles Davis y Bobby McFerrin.

En el segundo CD, Dianne Reeves canta “Lovin’ you”, Gonzalo Rubalcaba “Los Büyes”, Dinah Washington “Lover Man”, Amos Lee “Baby, I want you”, Duke Ellington “Caravan”, Cassandra Wilson “I can’t stand the rain”, Lila Downs “Black magic woman”, Dexter Gordon “I guess I’ll hang my tears out to dry” o John Coltrane “Locomotion”.

Blue Note Records, fundada en enero de 1939 por Alfred Lion y Francis Wolf y relanzada hace 25 años por el actual presidente Bruce Lundvall, tomó su nombre de la característica nota azul del blues y el jazz y ahora pertenece al Grupo EMI. Aunque siempre ha estado vinculada al jazz, también forman parte de su sello grandes nombres del blues, el soul y el gospel.

Pero en palabras del propio Bruce Lundvall, que se recogen en el libro, Blue Note son los artistas, ya que ellos “sacan adelante este negocio, y cuando aparecen artistas originales el negocio echa a andar, no hay duda acerca de esto. No somos más que gente corriente del negocio, del tipo de los que llevan las compañías y trabajan en los sellos… así que tienes que elegir los artistas adecuados. Y creo que de esos tenemos un montón.”

Los pianistas de boggie-woogie, Albert Ammons y Meade “Lux” Lewis; el grupo Port Of Harlem Six y el criollo Sydney Bechet, el pianista Earl Hines, ell clarinetista Edmond Hall con su Celeste Quartet y el mítico guitarrista Charlie Christian fueron los primeros en grabar para Blue Note en 1939.

La II Guerra Mundial interrumpe durante los comienzos del sello, que vuelve con fuerza a mediados de los años 40, con una panorama jazzístico muy diferente, y los reyes del momento se llamaban Duke Ellington y Count Basie, y su palacio el Cotton Club.

Pero también surgieron con fuerza voces femeninas como las de Billie Holiday, Dinah Washinton y Betty Carter, madres musicales de otras de hoy en día como Norah Jones, Patricia Barber y la mexicana Lila Downs, u otras anteriores como Cassandra Wilson y Dianne Reeves, las reinas de los 80.

Blue Note es jazz y el jazz, como decía García Lorca, es una de las “únicas cosas que Estados Unidos ha dado al mundo junto a los rascacielos y los cócteles”; un género que realmente nadie sabe como describir, tal y como comentaba Louis Armstrong: “Tío, si tienes que preguntar qué es el jazz, nunca lo vas a saber.”

Lo que sí que parece que está claro es que “la vida se parece mucho al jazz… mejora cuando improvisas”, razonaba George Gershwin.