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El lado sombrío del amoroso Dickens

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Charles Dickens, en su casa en Gadshill en Kent, con sus hijas Kate y Mary
Charles Dickens, en su casa en Gadshill en Kent, con sus hijas Kate y Mary

El escritor inglés Charles Dickens fue conciencia del coste humano que tuvo la Revolución Industrial en la Inglaterra victoriana. En las librerías españolas puede encontrarse ‘Dickens enamorado’, un inédito con las cartas de amor a María Beadnell, su primer y oculto amor.

‘Dickens enamorado’ está pergeñado por la editorial Fórcola, en edición de Amelia Pérez de Villar. Según el crítico Harold Blomm, el autor inglés poseía un talento desbordante para crear personajes memorables, al igual que Shakespeare.

‘David Copperfield’, ‘Oliver Twist’, ‘Tiempos difíciles’, ‘Los papeles del club Pickwick’, ‘Grandes esperanzas’ o ‘La pequeña Dorrit’ son algunos de los grandes títulos de Dickens, uno de los creadores de la novela moderna, espejo del Londres con humos de chimeneas y manchas de betún, de niños tiznados de hollín, hambrientos y maltratados.

Dickens y Beadnell

El ‘Dickens enamorado’ tiene su origen en la correspondencia entre Charles Dickens y María Beadnell. Unas cartas reunidas en un libro que George Baker, catedrático de Literatura inglesa de Oxford, editó en 1908 para la Sociedad Bibliófila de Boston y que el editor de Fórcola, Javier Jiménez, rastreador del epistolario de Dickens, adquirió para traducirlo ahora al español.

Su amor siempre permaneció en penumbra; primero por la familia de ella que censuraba la relación, después por el amigo y biógrafo de Dickens, John Forster, y hasta por el propio autor a pesar de la importancia que dio a este amor, primero de juventud, y luego de relación epistolar cuando ambos ya estaban casados.

A pesar de que no hay una autobiografía del gran escritor, el propio Dickens confiesa a María en una de las cartas que recoge este libro: «Hace algunos años (justo antes de ‘David Copperfield’) comencé a escribir mi biografía, con la pretensión de que alguien encontrara el manuscrito entre mis papeles cuando el tema de su objeto llegase a término». «Pero -continúa- a medida que me acercaba a esa parte de mi vida [la historia de amor de ambos] me faltó valor y prendí fuego a lo que quedaba».

Una pira que se produjo en 1860, como recuerda la experta y traductora encargada de la edición del libro Amelia Pérez de Villar, quien explica que por ello se conservan muy pocas cartas de Dickens.

El Dickens más desconocido

El libro recoge en su mayoría misivas entre 1830 y 1833. Una historia que parece que aquí acaba, ya que los Beadnell enviaron a María a París para que olvidara al joven entonces periodista y aprendiz de escritor porque no era ni banquero ni hacendado.

Pero esta relación tiene una segunda etapa, 23 años después, con el periodo de cartas más interesantes, y ya con un Dickens casado, con nueve hijos y convertido en un escritor consagrado. Una relación que se desarrolló a lo largo de unos meses de 1855. Durante este año tuvieron un encuentro con sus respectivos cónyuges, y la decepción de Dickens fue tal que parece que la que fuera su amor de juventud le inspiró después el personaje de Flora, la gorda, glotona, y parlanchina de ‘La pequeña Dorrit’.

«He querido enfocar el libro -explica la editora- como el Dickens menos conocido, el de su faceta amorosa, y no solo con María, sino con otras mujeres, incluso con las hermanas de su mujer, Catherine Thompson Hogarth, con las que tuvo una relación intensa, pero sin sexo y sin amor».

«El escritor inglés era un hombre muy serio, muy especial, cuyas relaciones estuvieron marcadas también por la que tuvo con su madre, algo ambigua porque el nunca olvidó que fue ella quien quiso que trabajara en una fábrica de betún para ayudar a la familia y que fue su padre quien le retiró para que siguiera estudiando», concluye Pérez de Villar.

Amor canallesco

Por otro lado, el periodista David Ruiz se hace eco del lado sombrío del autor inglés en sus relaciones afectivas. «Charles Dickens y su esposa Catherine Thompson Hogarth tuvieron 10 hijos (y 20 embarazos) en 22 años de matrimonio. Pero su relación no fue ni sencilla ni apacible. El amor terminó, quizás después del nacimiento de su hija Kate, en el cuarto año de casados. Y la convivencia se acabó volviendo imposible, con el escritor intentando recluir a su mujer en un manicomio».

Ruiz recuerda que «el novelista trataba a su esposa con mucha rudeza, además de insultarla en presencia de los niños, los empleados o incluso ante algunos invitados. Dickens, además, habría tenido varias relaciones extramatrimoniales, incluida una con la actriz Ellen Ternan e incluso otra con la hermana de Catherine, Georgina, antes de separarse de su esposa en 1858».

La mujer de Charles Dickens, Catherine Thompson Hogarth, en un óleo pintado alrededor de 1847 por Daniel Maclise
La mujer de Charles Dickens, Catherine Thompson Hogarth, en un óleo pintado alrededor de 1847 por Daniel Maclise

Ruiz contactó para su investigación con John Bowen, especialista en literatura inglesa de la Universidad de York. ”Los biógrafos y los eruditos han sabido durante años lo mal que se comportó Dickens (durante su matrimonio), pero ahora parece que incluso trató de forzar la ley para encerrar a la madre de sus hijos en un manicomio, a pesar de su evidente cordura”, explica el profesor Bowen.

Bowen, que también es presidente del Dickens Fellowship, ha tenido acceso a 98 cartas que se guardaban en la Universidad de Harvard y a las que nunca se había prestado demasiada atención. En ellas ha encontrado nuevos detalles de la problemática relación entre los cónyuges, que incluyó el intento fallido de Dickens de aislar a su esposa en un centro para enfermos mentales.

Un médico descubrió que no había pruebas que indicaran que Catherine Thompson sufriera ningún tipo de trastorno mental, con lo que descartó su internamiento. “Lo que descubrí fue a la vez detallado y sorprendente. Creo que es un hallazgo muy importante y, que yo sepa, fui el primer académico en transcribir y analizar estas cartas”, señala Bowen.

La historia aparece relatada en una misiva que Edward Dutton Cook, vecino de Catherine en Camden, en el norte de Londres, el lugar a donde se fue a vivir tras su separación de Dickens, envió al periodista William Moy Thomas. Cook, que ya era amigo del hijo mayor del novelista, labró juntó a su esposa Lynda una estrecha amistad con la exesposa del autor de autor de grandes obras de la literatura universal como Oliver Twist, David Copperfield, Cuento de Navidad o Grandes Esperanzas.

“La mayoría de los relatos de la ruptura del matrimonio provienen del lado de él. Ahora escuchamos qué pasó desde el punto de vista de su mujer. Ya sabíamos que Dickens la había acusado de padecer un ‘trastorno mental’, pero ahora sabemos que en realidad intentó que la pusieran en un manicomio, aunque estaba completamente sana”, añade Bowen.

Edward Dutton Cook dejó frases lapidarias en su carta. Afirmaciones que dejaban en muy mal lugar a Charles Dickens como persona. “En mi opinión – escribió Cook-, estaba loco o era un sinvergüenza” en el momento de la separación. El profesor Bowen considera que esta “es una historia muy triste. Dickens era un buen hombre en muchos sentidos, pero durante la ruptura con su mujer se comportó de manera vergonzosa”.

Fue la propia Catherine Thompson la que, en su lecho de muerte, le contó a Cook como se había comportado su marido 20 años antes, cuando conoció a la joven actriz Ellen Ternan y decidió romper su largo matrimonio. La revelación crucial sale en una carta de enero de 1879. La exesposa de Dickens estaba muy enferma y se inyectaba morfina dos veces al día para reducir su dolor.

Cook relata: “Al final descubrió que ella ya no le gustaba. Había tenido diez hijos y había perdido parte de su buena apariencia física, de hecho estaba envejeciendo. ¡Incluso trató de encerrarla en un manicomio, pobre! Pero por mala que sea la ley con respecto a las pruebas de la locura, él no pudo conseguir su propósito“.

Las cartas estudiadas también permitieron descubrir al médico que muy probablemente se enfrentó a Dickens. Fue el doctor Thomas Harrington Tuke, que ejerció de superintendente del Manor House Asylum de Chiswick entre 1849 y 1888. Tuke y el escritor se conocían bien, ya que habían intercambiado varias cartas e incluso fue invitado al bautizo de su hijo.

Tras determinar que Catherine no sufría ninguna enfermedad mental, la amistad entre ambos hombres se enfrió y, ya en 1864, Charles Dickens consideraba que era “un desgraciado” y un “médico burro”. “Algo había sucedido que provocó que Tuke fuera vilipendiado de esa manera. Parece probable que fuera su negativa a ayudar en el complot contra Catherine”, concluye Bowen.