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Noches tórridas como aliento para la guadaña

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Los datos estadísticos revelan que la mortalidad por causas naturales aumenta hasta un 9,2% cuando no se baja de los 23ºC en toda la noche
Los datos estadísticos revelan que la mortalidad por causas naturales aumenta hasta un 9,2% cuando no se baja de los 23ºC en toda la noche

Un análisis estadístico de los efectos de las noches de mucho calor sobre la mortalidad en el entorno de Barcelona revela que durante esos periodos nocturnos se producen más fallecimientos por causas naturales, respiratorias y cardiovasculares. El número de noches ‘tropicales’ ha aumentado en las últimas décadas en la capital catalana.

Los efectos de los días de calor sobre la mortalidad en las ciudades se suelen estudiar considerando las temperaturas máximas y, sobre todo, las mínimas durante esas jornadas. Ahora, el investigador Dominic Royé de la Universidad de Santiago de Compostela ha aplicado nuevos índices biometeorológicos para analizar mejor esa relación e identificar las noches en las que la población es más vulnerable al estrés térmico, que perjudica el bienestar y la salud.

El estudio, publicado en el International Journal of Biometeorology, se ha centrado en el entorno de Barcelona. El autor ha utilizado los datos horarios de temperatura registrados entre los años 2003 y 2013 para definir dos índices: uno que valora la intensidad (suma de las temperaturas que se alcanzan) y otro la duración (número de horas que superan 23ºC) del calor durante las noches.

“En general, en un sentido clásico, las noches tropicales son aquellas en las que su temperatura mínima no baja de los 20ºC, pero en este trabajo se establece un umbral relativo de 23ºC, lo que permite tener en cuenta la aclimatación de la población a las temperaturas de Barcelona”, comenta Royé a Sinc. Cuando se superan los 25ºC las noches pasan a denominarse tórridas, como algunas registradas a finales de julio de este año y en agosto de 2017, además de las que se esperan durante la ola de calor de esta semana.

Por otra parte, el investigador ha recopilado la información oficial facilitada por el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña sobre las tasas de mortalidad en Barcelona, Badalona y L’Hospitalet de Llobregat durante el periodo 2003-2013. Los fallecimientos se clasificaron en tres categorías: por causas naturales (todas las patologías salvo accidentes), enfermedades cardiovasculares y respiratorias.

Después se aplicó un modelo estadístico para saber si existe una vinculación entre estos datos y los dos índices. “Las asociaciones para las variables de exposición al calor y la mortalidad muestran una relación con valores altos y medios que persisten significativamente hasta uno o dos días después del episodio”, subraya.

En concreto, se observó que la mortalidad por causas naturales aumenta un 1,1% por cada 10% de la noche en la que se superan los 23ºC, y hasta un 9,2% en las raras ocasiones en las que no se baja de esa temperatura en toda la noche.

Los efectos de las altas temperaturas nocturnas sobre la mortalidad por causas cardiovasculares son parecidos, pero en el caso de los fallecimientos debidos a problemas respiratorios son todavía más altos.

Aunque para el análisis se han utilizado datos del periodo 2003-2013, el investigador considera que los resultados de años posteriores no deben ser muy diferentes: “En principio, se puede suponer que los riesgos siguen igual; aunque en el futuro, con el cambio climático y el incremento de las temperaturas, estos y el estrés térmico también aumentarán, si sigue la tendencia de aumento de noches tropicales en Barcelona”.

El autor reconoce que no se pueden extrapolar directamente los resultados de la capital catalana a otras ciudades, ya que varían las condiciones climáticas y poblacionales, “pero no hay duda de que en muchas áreas urbanas también existen riesgos por noches cálidas”.

Personas y distritos más vulnerables

En la actualidad, Royé participa en un estudio internacional para comparar lo que ocurre en otras ciudades europeas, como Madrid. Además, recuerda que el riesgo de mortalidad por calor no es igual para toda la población: “Personas mayores, niños y pacientes con enfermedades crónicas, así como individuos con un nivel socioeconómico bajo, son los grupos más vulnerables”.

“También hay que tener en cuenta el efecto de isla de calor dentro de las ciudades, sobre todo en el centro –destaca el experto–. Este efecto se observa justamente durante la noche debido a que las zonas urbanas, con elementos artificiales como el hormigón y el asfalto, no enfrían tan rápidamente como el entorno rural. Por eso en la ciudades se eleva la frecuencia de noches cálidas y por tanto, el estrés térmico entre sus vecinos”.

Royé y otros investigadores de la Universidad de Compostela también han aplicado las técnicas estadísticas para analizar por primera vez en España los efectos del calor y el frio en la venta de medicamentos para enfermedades respiratorias.

Este otro estudio, realizado con datos de A Coruña y publicado en la revista Pharmacoepidemiology and Drug Safety, confirma que el riesgo de consumir estos fármacos se reduce en verano y aumenta durante los meses más fríos, aportando información que puede ayudar a anticipar posibles epidemias.

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Tiempo de AMOC

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El agua caliente del Atlántico Sur, así como del Golfo de México, viaja hacia el norte hasta el Atlántico Norte, que a su vez se enfría y luego se hunde. Luego el agua retrocede hacia el sur. Este patrón completo – llamado Circulación meridional de retorno del Atlántico (AMOC) – es en gran parte responsable del clima relativamente moderado en el Reino Unido y otras partes de Europa
El agua caliente del Atlántico Sur, así como del Golfo de México, viaja hacia el norte hasta el Atlántico Norte, que a su vez se enfría y luego se hunde. Luego el agua retrocede hacia el sur. Este patrón completo – llamado Circulación meridional de retorno del Atlántico (AMOC) – es en gran parte responsable del clima relativamente moderado en el Reino Unido y otras partes de Europa

Un grupo internacional de científicos ha constatado que el reciente debilitamiento del sistema de corrientes del Atlántico puede influir en el clima en el futuro.

El proceso sería así: Para nivelar la temperatura global de la Tierra, la madre naturaleza crea corrientes en el agua que mueven el frío y el calor hacia donde se necesite. Una de ellas es la Circulación Atlántica Meridional de Retorno (AMOC por sus siglas en inglés), que es la encargada de llevar una masa de agua densa y fría hacía el sur. Hay otra más cálida y salada (por encima de la gélida) en dirección norte.

Hasta ahora, estos ‘reajustes’ de grados centígrados en el océano mantenían los modelos meteorológicos establecidos, peroa recientes estudios pone en duda que siga siendo así: la corriente que mueve el calor al norte del Atlántico podría estar al borde del colapso gracias al calentamiento global y al cambio climático.

La primera investigación, liderada por el University College London (R.Unido), examina el impacto que ese proceso tiene sobre un sistema de corrientes conocido como Circulación Meridiana de Retorno del Atlántico Norte (AMOC, en sus siglas en inglés).

El AMOC, recuerdan los expertos, tiene una gran influencia sobre el clima, pues redistribuye calor e incide sobre el ciclo del carbono, pero se desconocía hasta ahora si el aparente debilitamiento experimentado en las últimas décadas podría manifestarse en una variabilidad natural a largo plazo.

Los autores de este estudio, con el geógrafo David Thornalley a la cabeza, han presentado “evidencias paleo-oceanográficas” que demuestran que la corriente de convección profunda del AMOC y del mar de Labrador -entre la península canadiense de Labrador y la isla danesa de Groenlandia-, ha sido inusualmente débil desde final de la Pequeña Edad de Hielo, en comparación con los 1.500 años anteriores.

La Pequeña Edad de Hielo es el periodo frío más importante del hemisferio norte desde finales del siglo XIV hasta el XIX.

Los expertos sostienen en este nuevo estudio que el fin de la Pequeña Edad de Hielo estuvo marcado por una descarga de agua dulce del Ártico y mares nórdicos, lo que provocó la alteración del AMOC.

No obstante, todavía no tienen claro si esa transición ocurrió de manera abrupta hacia el final de ese periodo frío, después de 1850, o a través de un proceso más gradual durante los últimos 150 años.

La segunda investigación, desarrollada por el Instituto Potsdam de Análisis de Impacto Climático (Alemania), combina conjuntos de modelos climáticos globales con bases de datos de temperaturas globales de la superficie del mar.

Esta metodología les llevó a identificar una “huella” que indica que la AMOC experimentó una desaceleración de unos tres “sverdrups” (unidad de medida del flujo de volumen por unidad de tiempo), es decir, de casi el 15 % desde mediados del siglo XX.

Esa “huella”, que es más pronunciada durante los inviernos y primaveras, conlleva un enfriamiento de la zona subpolar del Océano Atlántico, causado por una caída del transporte de calor, y un calentamiento en la región de la Corriente del Golfo, provocado por un desplazamiento de su ruta hacia el norte.

El cambio climático antopogénico es el “principal sospechoso” de ese debilitamiento que “puede tener efectos importantes, especialmente en el clima Europeo”, según un comunicado de la española Universidad Complutense, una de las participantes en el estudio.

Ambos estudios difieren en la cronología de la desaceleración de la AMOC, debido, según algunos autores, a los matices que contiene la propia definición de este sistema de corrientes.

En un artículo que acompaña a los dos trabajos, Summer Praetorius, del US Geological Survey de California (EE.UU.), opina que, “al menos desde el punto de vista científico”, las partes coinciden en que el “AMOC moderno” se encuentra en “un estado relativamente débil”.

Por contra, añade la experta, de cara al estudio de escenarios de cambio climático futuros, estas divergencias son “quizá, menos tranquilizadoras” porque un “AMOC debilitado podría generar alteraciones considerables en los patrones de clima y de precipitaciones en todo el Hemisferio Norte”.

Se presentaría un importante enfriamiento sobre el norte de las zonas del Atlántico Norte y las áreas cercanas; el hielo marino aumentaría y se extendería en los mares de Groenlandia, Islandia y Noruega; se produciría una migración hacia el sur por la lluvia significativa de la correa sobre el Atlántico tropical. Obviamente, el hemisferio norte sería el más afectado.

Si llevamos las consecuencias al extremo, el panorama en la Tierra se parecería mucho al que se puede ver en la película ‘El día de mañana’: El calentamiento global podría colapsar AMOC y provocar la propagación del hielo marino del Ártico, el enfriamiento del Atlántico norte y la traslación de los cinturones tropicales de lluvias hacia el sur.

El origen de la era del hielo

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Este estudio pone de manifiesto la importancia de la formación de agua profunda y ventilación del océano profundo, así como su impacto en el sistema climático
Este estudio pone de manifiesto la importancia de la formación de agua profunda y ventilación del océano profundo, así como su impacto en el sistema climático

Un estudio internacional en el que ha participado la investigadora de la Universidad de Zaragoza, Alba Legarda, señala las causas del tránsito de un clima cálido “greenhouse” a uno “icehouse” (glaciación), y ha logrado, por primera vez, un acuerdo científico.

En el artículo científico se concluye que la formación de agua profunda en el Atlántico Norte desencadenó un cambio drástico en la circulación oceánica y pudo causar el cambio climático del Oligoceno, según ha informado la institución académica.

Mecanismos climáticos a gran escala

Asimismo, han apuntado que este estudio basado en el clima del pasado geológico puede ser clave para entender los mecanismos climáticos de gran escala y poder así construir mejores proyecciones del clima del futuro.

La investigación de Legarda se centra en interpretar cambios en el clima de hace millones de años y comprender las respuestas de los sistemas marinos frente a estos cambios para así poder realizar proyecciones e inferencias de futuros cambios climáticos y de la respuesta de los sistemas marinos.

Para llevarla a cabo, ha estudiado los foraminíferos planctónicos, un grupo de microfósiles marinos que se pueden encontrar en la parte superficial de los Océanos. Sus microscópicas conchas están compuestas de carbonato y, al morir, caen al fondo oceánico y son preservadas al ser fosilizadas y formar parte de los sedimentos que se generan con el paso del tiempo, formando un “archivo geológico”.
Formación de agua profunda y ventilación en el océano profundo

Este estudio pone de manifiesto la importancia de la formación de agua profunda y ventilación del océano profundo, así como su impacto en el sistema climático.

En concreto, según han señalado, la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico Norte es una componente esencial a la hora de regular el sistema climático actual, ya que constituye la mayor contribución oceánica al transporte de calor.

Hace aproximadamente 50 millones de años, el clima de la Tierra era mucho más cálido y húmedo que hoy en día, con apenas hielo en el planeta y un nivel del mar más alto que el de las costas actuales.

Poco a poco, los niveles de dióxido de carbono descendieron lentamente y la Tierra se enfrió gradualmente hasta que la capa de hielo Antártica se formó rápidamente hace aproximadamente 34 millones de años.

Legarda ha explicado que las evidencias que han encontrado apuntan a que la glaciación pudo comenzar porque las aguas superficiales en el Atlántico Norte se volvieron más salinas y densas y empezaron a hundirse. Esto fue lo que generó un impulso y el inicio de la circulación de estas aguas profundas hacia el sur.

El nuevo estudio sugiere que este cambio en la circulación sucedió en un momento crítico, aproximadamente un millón de años antes de la glaciación Antártica.

Stop boreal al cambio climático

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El cambio climático está impactando fuertemente con fenómenos extremos como tormentas, y de forma más gradual en las especies de árboles sensibles, que están desapareciendo o creciendo a mayor altura
El cambio climático está impactando fuertemente con fenómenos extremos como tormentas, y de forma más gradual en las especies de árboles sensibles, que están desapareciendo o creciendo a mayor altura

El bosque boreal ofrece una serie de alternativas para mitigar los efectos del cambio climático, por lo que debería recibir más atención a nivel internacional, indicaron diversos expertos. El especialista de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) Lars Marklund destacó que los bosques boreales, ubicados principalmente en el norte de América, Europa y Asia, son importantes sumideros de carbono, al absorber más de lo que liberan.

El bosque boreal, que junto con el de las zonas templadas abarca el 48 % de la superficie forestal mundial, aumentó su cubierta entre 2000 y 2015 debido a la reforestación a gran escala, según datos de la FAO.

Para mitigar el cambio climático, la madera de esos ecosistemas también se puede destinar a la generación de energía en sustitución de los combustibles fósiles, así como emplearse para crear productos madereros que después siguen almacenando el carbono de los árboles, como son los materiales para la construcción de edificios.

Como sumideros, por ejemplo, en una década los bosques europeos han secuestrado 13.000 millones de toneladas de carbono, lo que podría reportar 130.000 millones de dólares en el mercado internacional, según cálculos de la ONU.

El director de Política Forestal de Rusia, Andrey Gribennikov, instó a ampliar los esfuerzos para proteger los bosques boreales a nivel internacional a partir del Acuerdo de París frente al cambio climático suscrito el año pasado.

El experto de la Oficina del Ambiente de Suiza Christian Küchli dijo, por su parte, que hace falta “reforzar la posición de los bosques” en las negociaciones relacionadas con el clima.

Küchli aseguró que en su país, típicamente de montaña, el cambio climático está impactando fuertemente con fenómenos extremos como tormentas, y de forma más gradual en las especies de árboles “sensibles”, que están desapareciendo o creciendo a mayor altura.

El azote del horno veraniego en un futuro muy cercano

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Los veranos, salvo inversión de la actual tendencia, serán achicharrante para las generaciones venideras
Los veranos, salvo inversión de la actual tendencia, serán achicharrantes para las generaciones venideras

La probabilidad de que cualquier verano entre 2061 y 2080 sea más caliente que el más cálido registrado hasta ahora si continúa la trayectoria actual del cambio climático es del 80% en todas las áreas terrestres del mundo, salvo la Antártida, que no ha sido estudiada, y del 41% si se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, según un estudio realizado por científicos estadounidenses del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR, por sus siglas en inglés).

Para llevar a cabo el estudio, publicado en la revista Climatic Change, los investigadores utilizaron dos conjuntos de modelos de simulación de temperaturas para predecir los veranos futuros: uno suponiendo que las emisiones de gases de efecto invernadero siguen sin disminuir y otro en el caso de que estos se reduzcan.

Los científicos crearon simulaciones a través de la ejecución de un mismo modelo varias veces, con sólo pequeñas diferencias en las condiciones iniciales, y examinaron la gama de temperaturas veraniegas que podrían producirse si sigue la tendencia actual de emisiones de gases contaminantes y si estos se rebajan.

El calor extremo afectaría a la salud, la agricultura y agravaría las sequías

“Los veranos extremadamente calientes siempre suponen un reto para la sociedad. Pueden aumentar el riesgo de problemas de salud, pero también pueden dañar los cultivos y profundizar las sequías. Tales veranos son una verdadera prueba de nuestra capacidad de adaptación al aumento de las temperaturas”, apunta Flavio Lehner, autor principal del estudio.

Por su parte, Clara Deser, también científica del NCAR, indica que, con el estudio, “es la primera vez que el riesgo de récord de calor veraniego y su dependencia de la tasa de emisiones de gases de efecto invernadero han sido evaluados de manera integral a partir de un gran conjunto de simulaciones con un único modelo climático”.

Los científicos compararon las temperaturas veraniegas registradas entre 1920 y 2014 con 15 conjuntos de valores térmicos simulados para ese mismo periodo. Mediante la simulación de veranos pasados -en lugar de confiar únicamente en observaciones-, establecieron un amplio rango de temperaturas que podrían haber ocurrido de forma natural en las mismas condiciones, incluyendo las concentraciones de gases de efecto invernadero y las erupciones volcánicas.

“En lugar de simplemente comparar el futuro de 95 veranos del pasado, los modelos nos dan la oportunidad de crear más de 1.400 posibles veranos pasados”, precisa Lehner, quien añade: “El resultado es una mirada más completa y sólida de lo que debe considerarse la variabilidad natural y lo que puede atribuirse al cambio climático”.

Efecto mundial

Así, los científicos encontraron que los veranos de 2061 a 2080 tienen una probabilidad superior al 90% de que sean más cálidos que cualquier periodo estival del registro histórico en grandes áreas del norte y sur de América, centro de Europa, Asia y Africa si las emisiones contaminantes continúan sin cesar, lo que significa que todos ellos prácticamente serían tan calurosos como el que más registrado hasta ahora.

En algunas regiones, la probabilidad de que los veranos sean más calientes que cualquier otro en el registro histórico se mantuvo por debajo del 50%, pero en esos lugares (Alaska, centro de Estados Unidos, Escandinavia, Siberia y la Australia continental) las temperaturas estivales variarían en gran medida, por lo que es más difícil detectar el impacto del cambio climático.

En el caso de que se reduzcan los gases de efecto invernadero, la probabilidad se mantendría por encima del 90% en la costa este de Estados Unidos y en gran parte de los trópicos, y caería a menos del 50% en partes de Brasil, Europa central y el este de China, que son áreas densamente habitadas.

“Hemos pensado en el cambio climático como ‘calentamiento global’, pero lo que importa es cómo el calentamiento global cambia las condiciones que afectarán a las personas”, recalca Eric DeWeaver, director de la División de Ciencias Geoespaciales y Atmosféricas de la Fundación Nacional de la Ciencia, que ha cofinanciado el estudio

Mirar al cielo, el mejor parte meteorológico

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Cúmulo-nimbos descargando lluvia
Cúmulo-nimbos descargando lluvia

Mucho antes de que se desarrollara la tecnología para predecir el clima, las personas dependían de la observación, los patrones de la naturaleza, y el folclor popular para evitar quedar a merced del mal tiempo. Una vez practiques estos métodos y aprendas lo necesario sobre el cielo, el aire, y el comportamiento de los animales, te será posible predecir el clima con certeza.

Examina las nubes

El tipo de nubes en el cielo y la dirección en la que se mueven, te puede decir mucho sobre el clima venidero. En términos generales, las nubes blancas con mucha altura indican un buen clima, mientras que las nubes más oscuras y bajas significan que se aproxima la lluvia o tal vez una tormenta.

  • La presencia de cumulonimbos (nubes de gran desarrollo vertical) temprano en el mañana que se desarrollan con el paso del tiempo, significa que hay una mayor probabilidad de que pronto empeore el clima.
  • Las nubes mastodónticas (formadas por el hundimiento del aire) pueden formar tormentas eléctricas leves o graves.
  • Los cirrus o cirros (nubes con forma de serpentina extensa) posicionadas en lo alto del cielo, significa que se aproxima un mal clima en las próximas 36 horas.
  • Los altocúmulos (los cuales se ven como una escama formada por nubes) también nos indican que se aproxima un mal clima en las próximas 36 horas.
  • En ocasiones se presentan formaciones de cirrus y altocúmulos al mismo tiempo. Cuando eso sucede, ten por seguro que va a llover al otro día.
  • Las cúmulos castellanus (tipo de nube cúmulos con forma de torre) indican una alta probabilidad de lluvia más tarde en ese mismo día.
  • Las nimbostratos son nubes pesadas de tipo bajo, y significan que la lluvia es inminente.
  • Una nubosidad en las noches de invierno significa que puedes esperar un clima más cálido, esto es porque las nubes protegen contra la radiación del calor que de otra forma disminuiría la temperatura en una noche despejada.

Mira si el cielo está rojo

Recuerda la rima: “cielo rojo a la alborada, cuidar que el tiempo se enfada”. Busca cualquier señal de rojo en el cielo (no un sol rojo); no será un naranja vivo o un rojo la mayoría del tiempo, pero eso depende un poco de dónde vives.

Los arreboles (tonos anaranjados) al amanecer son buenos predictores de lluvia
Los arreboles (tonos anaranjados) al amanecer suelen presagiar lluvia

Si ves el cielo rojo durante el ocaso (cuando miras hacia el Oeste), es debido a que hay un sistema de alta presión con aire seco que agita las partículas de polvo en el aire, eso es lo que causa que el cielo se vea de ese color. Ya que los movimientos frontales y las corrientes en chorro por lo general viajan de Oeste a Este, el aire seco se dirige hacia ti.

Un cielo rojo en la mañana (en el Este, donde el sol sale) significa que el aire seco ya ha pasado el área en el que te encuentras, y lo que lo sigue (que va camino hacia ti) es un sistema de baja presión cargado de humedad.

Busca un arcoíris en el Oeste

Este es el resultado de los rayos matutinos del sol que vienen desde el Este y golpean la humedad al Oeste. La mayoría de tormentas graves que se forman en el hemisferio Norte van de Oeste a Este, y un arcoíris en Oeste significa humedad, lo cual puede significa que pronto va a llover. Por otro lado, un arcoíris en el Este alrededor de la puesta del sol significa que se va a terminar la lluvia y que pronto habrá días soleados. Recuerda: “arco por la mañana, por la tarde agua”.

Observa la luna

Si tiene un color rojizo o pálido, hay polvo en el aire. Pero si la luna brilla con fuerza, probablemente sea porque un sistema de baja presión limpió el polvo, y un sistema de baja de presión significa lluvia.

Un anillo alrededor de la luna (causado por un brillo leve a través de nubes cirrostratos asociadas a frentes cálidos y humedad) indica que probablemente lloverá en los próximos 3 días. Recuerda el proverbio: “luna que presenta halo, mañana húmedo o malo”.

El cambio climático entra en un inquietante territorio

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En la actualidad la temperatura de la Tierra es 1 °C más alta que a comienzos del siglo XX
En la actualidad la temperatura de la Tierra es 1 °C más alta que a comienzos del siglo XX

El año 2015 hizo historia con registros de temperaturas máximas sin precedentes, olas de calor intensas, un total extraordinario de precipitaciones, sequías devastadoras y una actividad excepcional de los ciclones tropicales, de acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Esa tendencia a batir récords ha continuado en 2016.

En la Declaración de la OMM sobre el estado del clima mundial en 2015 se brindó información pormenorizada sobre las temperaturas máximas sin precedentes de la superficie terrestre y de la superficie del mar, un calentamiento de los océanos y un aumento del nivel del mar ininterrumpidos, una reducción de la extensión de los hielos marinos, y fenómenos meteorológicos extremos en todo el mundo.

La publicación de la Declaración coincide con el Día Meteorológico Mundial, el 23 de marzo, cuyo tema es ” Más cálido, más seco, más húmedo. Afrontemos el futuro”.

“El futuro ya está aquí”

“El ritmo alarmante de cambio climático que estamos observando como resultado de las emisiones de gases de efecto invernadero no tiene precedentes en los registros modernos”, advirtió el señor Taalas.

En 2015 la temperatura media global en superficie batió todos los récords anteriores por un margen amplio, con valores de aproximadamente 0,76 °C por encima de la media del período comprendido entre 1961 y 1990, debido a un intenso episodio de El Niño y al calentamiento global provocado por las actividades humanas. Dado que el 93% del exceso de calor queda atrapado en los océanos, el contenido calorífico de los océanos hasta una profundidad de  2 000 metros también alcanzó un nuevo nivel máximo.

En enero y febrero de 2016 se establecieron aún más récords de temperaturas máximas mensuales, y el calor fue particularmente intenso en latitudes muy septentrionales. La extensión de los hielos marinos en el Ártico alcanzó su nivel más reducido registrado por satélite en ambos meses, de acuerdo con la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) y la Administración Nacional del Océano y de la Atmósfera (NOAA) de Estados Unidos de América. Las concentraciones de gases de efecto invernadero cruzaron el simbólico e importante umbral de 400 partes por millón.

“Las temperaturas sorprendentemente elevadas que se han registrado hasta ahora en 2016 han causado conmoción en la comunidad científica del clima”, observó David Carlson, Director del Programa Mundial de Investigaciones Climáticas, copatrocinado por la OMM.

“Nuestro planeta está transmitiendo un mensaje elocuente a los dirigentes de todo el mundo para que firmen y apliquen el Acuerdo de París sobre cambio climático y reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero ahora, antes de que alcancemos un punto irreversible”, sostuvo el señor Taalas.

“En la actualidad la temperatura de la Tierra es 1 °C más alta que a comienzos del siglo XX. Estamos a mitad de camino del umbral crítico de 2 °C. Es posible que los planes nacionales sobre el cambio climático que se han instrumentado hasta ahora no sean suficientes para evitar un aumento de la temperatura de 3 °C; sin embargo, podemos evitar los casos menos favorables mediante la adopción de medidas urgentes y de amplio alcance destinadas a reducir las emisiones de dióxido de carbono”, dijo el señor Taalas.

Además de las medidas de mitigación, resulta fundamental fortalecer las medidas de adaptación al cambio climático a través de inversiones en sistemas de alertas tempranas de desastres y servicios climáticos, como las herramientas de gestión de las sequías, las crecidas y los avisos de olas de calor y de riesgos para la salud, señaló el señor Taalas.