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Habilidades de psicópata para la vida moderna

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El autor propone captar el lado amable de la conducta psicoppática, para conseguir nuestros objetivos
El autor propone captar el lado amable de la conducta psicopática, para conseguir nuestros objetivos

Controlar al “juez interno” que nos hace sentir culpables y practicar las lecciones positivas de los manipuladores, son el punto de partida del libro “Aprendiendo de los psicópatas: habilidades y estrategias para gente normal”, donde el psicólogo César Landaeta presenta las claves para dejar de ser las víctimas de los “verdugos” y convertirnos en los protagonistas de la situación.

Si aún eres de los que piensa que los psicópatas son criminales como el doctor Hannibal Lecter, encarnado por Anthony Hopkins en El silencio de los corderos, o Norman Bates (Anthony Perkins) en el clásico de Alfred Hitchcock, Psicosis, quizás te cueste un poco reconocer a los “lobos vestidos de ovejas” que abundan en tu entorno, listos para envolverte con su encanto personal.

Al menos, esa es la premisa por la que Landaeta, psicólogo clínico y escritor venezolano, después de analizar las distintas personalidades y la conducta de los maltratadores psicológicos de sus pacientes, decidió crear un “manual de defensa” con instrucciones útiles para “desenvolvernos como pez en el agua” en la sociedad, conseguir ascender en nuestros objetivos, pero sin dañar a nadie.

Y es que, como él mismo dice, a quién no le parece “simpática” la forma en la que Frank W. Abagnale (Leonardo DiCaprio) logra engañar y escapar del astuto agente del FBI, Carl Hanratty (Tom Hanks) en Atrápame si puedes. Con este ejemplo, Landaeta ilustra el uso que los psicópatas hacen de la atracción personal para cautivar a los demás y lograr que los miren como “entidades sobrenaturales”.

Landaeta confiesa que las conductas psicopáticas son más frecuentes de lo que percibimos, como en las relaciones sentimentales, y pone como ejemplo el típico chantaje de la pareja neurótica que dice: si tú me quieres vas a hacer eso por mí y si no es que no soy importante para ti.

También advierte de que su libro es sólo un manual instructivo con el que “no pretende transformar la personalidad de nadie”, sino solamente plantear “nuevas formas para entenderse con el mundo”.

“El psicópata es una persona que no tiene emociones, que no tiene compasión, ni empatia. No tiene ninguna posibilidad de entenderse sentimentalmente con nadie, no se enamora, es una persona fría, es un autómata. Lo que hace es solo para obtener su beneficio, que es lo único que le interesa en esta vida. Por él o ella se pueden morir las personas de su alrededor, pero mientras él sobreviva está satisfecho, no contento, porque tampoco disfrutan mucho de sus cosas. Ellos pasan por esta vida como un robot”, explica Landaeta.

A juicio del experto, “la psicopatía estructural es cuando la persona es psicópata”. De este modo, “la psicopatía de defensa es la que uno usa como mecanismo para la vida cotidiana. Está en la parte exterior, no es un elemento interno. Por ejemplo, cuando estás tratando de seducir a alguien y te pones ropa que te haga lucir más delgado, es una seducción psicopática”.

Según Landaeta, la culpabilidad tiene su origen en la crianza familiar, que es muy contradictoria. “Para los niños, la formación que se les da es complicada de entender. Los padres dicen una cosa y hacen otra. Le dicen ‘no mientas’, ‘en casa no se acepta la mentira’, y luego si están viendo televisión y no quieren atender a una llamada por teléfono, le piden al niño que diga que no están en casa”, concede.

Por consiguiente, “el niño aprende a sentirse culpable cuando dice una mentira para salir de un problema o si ocultó algo para librarse de un castigo. Y eso, a futuro, le impide manejarse con eficiencia y vivir una vida equilibrada, y lo pone en riesgo de ser victima de los manipuladores que lo hacen sentir culpable para obtener beneficios”.

En cuanto a si las personas con baja autoestima más manipulables, Landaeta entiende que “desde luego, las personas que tienen esa dificultad para valorarse positivamente son las victimas perfectas del psicópata, porque existe un mecanismo denominado ‘la identificación proyectiva’ y entonces aquella persona que está siendo valorada por un psicópata, sea un líder o un dictador, se siente valiosa”. De tal guisa que “estos personajes tienen una corte que los sigue, porque la gente que se pone bajo sus alas, se siente como ellos”.

“Qué pasaría si te encuentras con Nicole Kidman en la calle, y ella se detiene, te sonríe, te pone la mano en el hombro y se toma una foto contigo. Seguro que piensas…¿Cómo entre tanta gente caminando por la misma calle me eligió a mi? Te sientes igual de importante que ella. Es una fantasía, pero es válido”, prosigue Landaeta..

De cara aadquirir el encanto personal, el psicólogo asegura que “la mayoría de la población tiene un elemento melancólico, una sensación de que no somos perfectos, y por eso vemos que la gente vive adornándose, con tatuajes, maquillaje o anillos. Y hay personas extremadamente melancólicas que se atribuyen todos los defectos de mundo y se sienten inferiores”.

“Por eso, lo que pueden hacer es identificar los rasgos positivos o virtudes que tengan. Si tú ves que tienes, por ejemplo, una voz de locutor, y admiras a algún narrador, entonces imítalo y usa ese encanto personal para tu beneficio”, continúa.

La adulación al prójimo es una de las claves aconsejadas para caer bien. “Cuando haces que el otro se sienta bien consigo mismo y le haces saber que su presencia es grata, baja inmediatamente su sistema de defensa. Cuando alguien entra por la vía de la alabanza, el sistema de defensa disminuye casi al mínimo y permites entonces casi cualquier intervención del otro. Hace mucha falta que te den un masaje al ego, y esto se puede utilizar de una manera racional”, asegura.

“Por ejemplo, si entras criticando a casa de alguien y le dices que no te gusta, seguramente no serás bienvenida, pero si llegas hablando de lo positivo, te abrirán las puertas de nuevo”, matiza.

Para este psicólogo clínico, cuando una persona se da cuenta de que su pareja es una psicópata, o incluso padece psicosis, tiende a culparse por haber hecho esta elección. Es por eso que Landaeta les recomienda a los que se viven esta situación “no pensar que tienen un «imán» raro para la locura”, sino que deben considerar que “tal vez los hayan condicionado internamente para hallarle encanto a la psicosis”, de forma inconsciente.

Ante esta realidad, el psicólogo explica que se deben poner en práctica las técnicas que nos permitan identificar a los psicópatas, para poder defendernos. Una de estas técnicas es entrenar el uso de la perplejidad, que consiste en dejar a la persona “desconcertada” o “confundida”, para poder instalar ideas en su mente, lo cual es útil para bloquear al manipulador y que haga lo que queremos.

Como consejo, Landaeta, sugiere mantener “los sentidos bien despiertos” y hacer “un alto para revisar el código interno con el que seleccionamos a nuestra pareja, y si se trata de personas que hacen parte de nuestro entorno laboral, utilizar algunas técnicas como la “sobre-obediencia”, desarrollada en su libro.

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Un mundo de mentes de cristal

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Cuando vivimos emociones negativas, repercute ya en la conexión neuronal y, por tanto, va a repercutir en el rendimiento
Cuando vivimos emociones negativas, repercute ya en la conexión neuronal y, por tanto, va a repercutir en el rendimiento

Mientras que las generaciones anteriores eran más resistentes a las adversidades de la vida (“resiliencia”), la fragilidad emocional es un rasgo de personalidad creciente en la sociedad actual, algo que una educación adecuada puede prevenir, según Pilar Calvo, del Consejo General de la Psicología de España.

“La educación no es solo aprobados y suspensos, estamos hablando de algo más profundo, del desarrollo de todas las necesidades de los muchachos, de una personalidad que permita adaptarse a la realidad con competencias para ser ciudadanos proactivos y responsables”, explica esta experta.

Según la psicóloga, existe una “hiperprotección” en la educación de los hijos en los últimos tiempos y una tolerancia baja a la frustración por parte, sobre todo, de niños y adolescentes.

Calvo, coordinadora de Psicología Educativa del consejo, precisa que no se está facilitando a las personas la autonomía suficiente para desarrollar y poner en práctica competencias emocionales y de conducta.

Por otro lado, nos encontramos en un mundo donde necesitamos respuestas rápidas para todo y por todo, especialmente en el caso de niños y adolescentes: “Tengo que tener lo que deseo ya, inmediatamente”. Sin embargo, “aprender a esperar es importante”, aconseja.

También llama la atención sobre la adicción a las nuevas tecnologías, una “hiperconectividad” que repercute en los hábitos sociales y personales de muchos adolescentes, en sus niveles de atención y concentración.

Otro elemento es el de las familias perjudicadas por la crisis económica, lo que ha repercutido en la salud mental de los padres y esto, a su vez, en la educación de los hijos. Las normas de comportamiento se relajan o, a veces, simplemente no existen por las circunstancias del hogar.

“Digamos que estamos en el siglo en el que más se habla de inteligencia emocional y, sin embargo, estamos viendo la fragilidad emocional tanto de adolescentes y jóvenes como de muchos adultos”, enfatiza Calvo.

Y todo esto influye, claro, en el aprendizaje y el rendimiento académicos, pues el fracaso escolar no se debe a un déficit intelectual o de estudio siempre, sino que es fruto de “una problemática emocional, social, conductual” en ocasiones.

Un factor determinante del aprendizaje es la motivación, basada e emociones positivas, lo que nos permite poner los medios y la energía para conseguirlo. Depende de que uno tenga metas, sienta que es capaz de alcanzarlas y esté educado en el esfuerzo, lo que favorecerá la adquisición y retención de conocimientos.

Por el contrario, un nivel muy elevado de ansiedad supone que la capacidad de atención y de memoria disminuyen al darse una alteración en la zona del lóbulo frontal del cerebro.

“Cuando vivimos emociones negativas, repercute ya en la conexión neuronal y, por tanto, va a repercutir en el rendimiento”, explica la psicóloga.

También los problemas para relacionarse con los demás, con compañeros y profesores, perjudican el aprendizaje, pues se tiene una sensación de poca valía, de poca autoestima.

Otro sentimiento es el de la “indefensión aprendida”. Se da en aquellos chicos que crecen con la idea de que son incapaces de hacer ciertas cosas, ni lo intentan y el problema se cronifica.

Por eso, la Psicología Educativa recalca la importancia de trabajar también con los alumnos de manera “contextualizada” y con todos los miembros de la comunidad escolar, pues el ámbito educativo es “para la prevención, la detección y la intervención”.

En este sentido, Calvo denuncia que esta disciplina está “desaprovechada” en el sistema educativo. Hay orientadores educativos que carecen de la formación necesaria para conocer la conducta humana.

“Pedimos que se tenga en cuenta la orientación especializada y, en este caso, a los profesionales de la Psicología”, que tienen la competencia académica y la formación práctica necesarias, argumenta.

Además discrepa de que la orientación educativa se limite a la Secundaria. “Si hablamos de tareas preventivas, esto es a lo largo de toda la escolarización”.

La psicóloga defiende actuar desde Infantil para prevenir los factores de riesgo, detectar y revertir cualquier problema de conducta y evitar que acabe convirtiéndose en una inadaptación.

Además, estimular los factores protectores, como los vínculos positivos, las buenas relaciones personales, descubrir la autoestima y desarrollar habilidades sociales es fundamental para que una evolución positiva y equilibrada de la personalidad

El cerebro ardiente de los copuladores intergalácticos

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Las descripciones en episodios de abducción son recurrentes y no hay evidencias se su verosimilitud;
Las descripciones en episodios de abducción son recurrentes y no hay evidencias de su verosimilitud

Las abducciones y las relaciones sexuales de terrícolas con extraterrestres son asunto de gran preocupación en el campo de la ufología. El fenómeno se conoce con el nombre de exofilia.

La exofilia se refiere a la atracción o la consumación, el placer lascivo, sensual, entre individuos de la raza humana y alienígenas, humanoides, robots y otras formas de vida no terrícolas (no confundir, por cierto, con la espectrofilia, que alude al apareamiento de humanos con espectros, fantasmas, espíritus y otras criaturas del más allá y de lo que estaremos hablando en una futura oportunidad).

Así las cosas, son cada vez más los casos de personas que, tras haber sido abducidas, afirman haber mantenido relaciones coitales con criaturas espaciales.

Por abducción se conoce en el campo de la ufología y de la ciencia ficción al acto en el cual uno o más seres extraterrestres toman a un ser vivo terrestre contra su voluntad y lo llevan a sus naves espaciales con propósitos no del todo conocidos. Uno de ellos, sin dudas, es el reproductivo.

Más todavía, el registro de cópulas o ayuntamientos entre terrícolas y alienígenas tiene una datación relativamente reciente: de acuerdo con especialistas en materia exofílica, el primer reporte “oficial” de abducción y de cohabitación interplanetaria se remonta al año 1957 en Brasil.

Construcciones mentales

Sin embargo, las abducciones extraterrestres que algunas personas aseguran haber experimentado son una construcción mental propia de individuos susceptibles a los “falsos recuerdos”, según un estudio.

Según el profesor Chris French, director de la Unidad de investigación de psicología de lo anómalo del londinense Goldsmiths College, quienes dicen haber sido secuestrados por marcianos tienen un perfil psicológico concreto, con tendencia a alucinar, a creer en todo lo paranormal y a disociar la realidad, lo que puede conducir a padecer una alteración de los estados de conciencia.

La imagen de seres celestiales que mantienen relaciones con terrícolas es tan antigua como la capacidad de fantasear
La imagen de seres celestiales que mantienen relaciones con terrícolas es tan antigua como la capacidad de fantasear

French, experto en la relación psicológica con lo paranormal, comparó el estado psicológico de 19 supuestos “abducidos” y 19 voluntarios elegidos al azar. Descubrió que los que alegaban haber entrado en contacto con alienígenas tenían también el hábito de quedarse “absortos” en los quehaceres cotidianos, fantaseaban y algunos padecían “parálisis del sueño”.

En este último estado la persona se despierta y siente que no puede moverse, aunque es consciente de lo que le rodea. A menudo sufre alucinaciones auditivas y visuales.

“A finales del siglo XX, un número creciente de personas de todo el mundo empezó a tener experiencias extrañas”, explica French.

“Lo más corriente es que digan que los alienígenas los sacaron de la cama o el coche y, comúnmente, les describen como seres de menos de un metro, con brazos y piernas largos y cabezas enormes”, afirma el profesor.

Los “abducidos” suelen explicar que los extraterrestres tienen “grandes ojos negros a través de los cuales se comunican telepáticamente”, añade.

“Suelen contar cómo de repente se encontraron a bordo de una nave espacial donde se les sometió a un examen médico, a menudo doloroso, para extraerles esperma u óvulos”, relata el experto.

Según French, decenas de miles de personas en todo el mundo podrían experimentar recuerdos falsos de este tipo.

Palabras que modelan sueños y estados de ánimo

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La palabra cambia la biología del cerebro y por tanto la biología de tu comportamiento y del comportamiento de tu propio cuerpo. Por tanto, no hay quitarle los sueños a las personas, hay que potenciarles
La palabra cambia la biología del cerebro y por tanto la biología de tu comportamiento y del comportamiento de tu propio cuerpo. Por tanto, no hay quitarle los sueños a las personas, hay que potenciarles

Entrenar el lenguaje para encontrar las palabras más acertadas que transformen tu vida en salud y longevidad es el desafío del libro “La ciencia del lenguaje positivo” (Editorial Paidós) de Luis Castellanos que, además de explicar cómo nos cambian las palabras que elegimos, nos propone un plan para aumentar nuestro lenguaje positivo.

Castellanos, a través del “El Jardín de Junio”, centro impulsor de investigaciones en el campo de la neurociencia cognitiva, ha formado en lenguaje positivo a colectivos de deportistas, del mundo de la empresa o incluso de la salud.

Y es que las palabras positivas tienen una repercusión directa en el funcionamiento del cerebro. Así lo constató una investigación de este centro, publicada en “Plos one”, que a través de encefalogramas comprobó que el cien por cien de las palabras positivas pronunciadas por un ordenador activaban el tiempo de reacción del cerebro frente a otras negativas o neutras.

“El lenguaje positivo tiene facilidad para transformar el cerebro humano con una alta activación”, indica el investigador.

Alegre, feliz, enérgico, animado, activo, ilusionado, orgulloso o reír, son algunos ejemplos de palabras con carga positiva de alta activación frente a otras negativas de alta activación como miedo, alertado, asustado, asco, desprecio, envidia, vergüenza, enfado o preocupado.

Y es que el lenguaje nos determina la manera de abordar la vida y lleva implícito un tipo de acción o de inacción “porque nos lleva a la elección de las palabras. No por intuición, sino por pura elección. El lenguaje es crear, no copiar”, apunta Castellanos.

Escoger bien las palabras también nos puede ayudar a enfrentarnos a nuestros miedos y a motivarnos y animarnos a nosotros mismos, al igual que pronunciamos palabras de aliento para los demás. “Podemos ser capaces de identificar palabras que a cada uno nos da esa alta activación. Mis palabras son únicas”, indica el filósofo.

En lado oscuro se encuentra el lenguaje dañino, ofensivo, la verbalización de la ira. O incluso el silencio, “una variante silenciosa de la ira, el resentimiento”.

Es un lenguaje que “tira por la borda las relaciones con la otra persona”, explica el filósofo. “Una palabra negativa -añade- tiene que estar contrarrestada con cinco positivas si queremos volver a construir algo en una relación”.

Inteligencia lingüística, inteligencia emocional

Todas las palabras, positivas o negativas, están cargadas emocionalmente por eso el lenguaje forma parte de la inteligencia emocional, aquella que nos permite gestionar nuestras emociones y las de los demás.

“En la inteligencia emocional lo primero es tomar conciencia de las emociones y con el lenguaje tomamos conciencia de nuestras propias palabras. Identificar, abrir esa palabra y habitarla si es positiva y evitarla si es negativa. Igual que regulas las emociones, regula tu lenguaje”, manifiesta Luis Castellanos.

“El lenguaje nos permite gestionar nuestra propia inteligencia lingüística y emocional. Tenemos un lenguaje interior (el que nos hace ser quien somos) y otro exterior (como queremos que nos vean los demás) pero no engañamos mucho aunque creamos que sí”, añade.

Los políticos o los médicos…¿Emplean el lenguaje positivo?

Ciertamente no. Y eso lo vivimos todos y cada uno de nosotros en un hospital o frente al televisor escuchando a cualquier dirigente político.

Por eso, Luis Castellanos defiende la idea de que el lenguaje positivo es un sistema de protección propio y de los demás en cuanto a energía, sueños, tiempo, futuro, vida y felicidad. Algo que parecen no poner en práctica nuestros políticos.

“A la clase política le falta grandeza y empatía temporal. Emplean un lenguaje neutro no habitado, que no lo han abierto. Hablan para convencer, para llevarse los votos pero no para empatizar con las personas y protegerlas en la situación en la que se encuentran”, opina el filósofo.

También el profesional sanitario en contacto directo con el paciente debe mejorar su lenguaje para convertirlo en positivo. “Se mejora la calidad de vida de las personas simplemente hablándoles y los médicos tienen que aprender a hablar porque la palabra es salud y activa y protege la energía de las personas”.

“En el hospital necesitamos energía, sistemas de recuperación y por tanto palabras que den energía. La palabra cambia la biología del cerebro y por tanto la biología de tu comportamiento y del comportamiento de tu propio cuerpo. Por tanto, no hay quitarle los sueños a las personas, hay que potenciarles”, indica el experto.

Ejercicios para comprobar tu lenguaje

El libro “La ciencia del lenguaje positivo” propone un plan para aumentar nuestras palabras positivas en tres etapas:

Tomar conciencia de nuestro lenguaje actual
Regular nuestro lenguaje mediante el entrenamiento
Consolidar el hábito de expresarnos en positivo

la_ciencia_del_lenguaje_positivoPero también se ofrecen diferentes ejercicios para que el lector se analice a sí mismo. Uno de ellos es descubrir cuáles son las palabras de ánimo que funcionan en cada uno. Para eso hay que escribir una lista de 15 palabras motivadoras de nuestro lenguaje cotidiano y decirlas en voz alta y escribirlas cuando necesitemos alentarnos. Se producirá un cambio en nuestro estado de ánimo, asegura.

Otro consejo que nos brinda Luis Castellanos es utilizar la palabra “afortunadamente” cada vez que nos topemos con un contratiempo en nuestra vida. Con el lenguaje adecuado siempre encontraremos el lado positivo de la vida.

Miedo y bondad, compañeros de amígdala

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Por sus comportamientos parecidos al de los humanos y porque viven en grandes grupos con vínculos sociales, los macacos rhesus son un buen modelo para estudiar las habilidades sociales
Por sus comportamientos parecidos al de los humanos y porque viven en grandes grupos con vínculos sociales, los macacos rhesus son un buen modelo para estudiar las habilidades sociales

La amígdala cerebral, situada en las profundidades de los lóbulos temporales, ha estado siempre asociada a emociones básicas negativas, especialmente al miedo, pero también podría estar relacionada con comportamientos positivos como la bondad o la generosidad.

Esta es la principal conclusión de una investigación liderada por el profesor de neurociencia de la Universidad Pensilvania Michael Platt, junto a Steve Chang (Universidad de Yale) e investigadores de la Universidad de Duke, y publicada en PNAS.

Según este estudio, los núcleos neuronales que forman las amígdalas también pueden influir en sentimientos positivos como las donaciones o la generosidad, un hallazgo que podría “tener implicaciones para las personas con autismo, esquizofrenia o trastornos relacionados con la ansiedad”, sostiene Platt.

“Estamos intentando identificar y comprender el mecanismo cerebral básico que nos permite ser amable con los demás y responder a las experiencias de otras personas“, explica.

“También estamos tratando de utilizar ese conocimiento para evaluar posibles terapias que podrían mejorar la función de estos circuitos neuronales, especialmente para aquellos que tienen dificultades para conectar con los demás”, puntualiza el científico.

Experimentos con macacos rhesus

Para este estudio, Platt y su equipo analizaron el comportamiento social de un grupo de macacos rhesus, una especie de primates que llevan estudiando 22 años en el laboratorio y en libertad (en la isla de Cayo Santiago, Puerto Rico).

Por sus comportamientos parecidos al de los humanos y porque viven en grandes grupos con vínculos sociales, estos macacos son un buen modelo para estudiar las habilidades sociales.

Los investigadores incorporaron a su trabajo una nueva tarea desarrollada cuatro años antes: una nueva manera de observar cómo estos animales tomaban decisiones beneficiosas, algo que Platt describió como ‘recompensa-donación’.

“Tenemos un mono actor y un mono receptor. El mono actor aprende que las formas de diferentes colores en la pantalla se asocian con una recompensa que puede ser para sí mismo, para el otro mono, para compartir entre ambos o para ninguno de los dos. Los monos entrenan esta situación un par de semanas.”

Una vez que los macacos habían entendido el juego, los investigadores presentaron al mono actor varias alternativas con sus correspondientes recompensas potenciales; los primates podían quedarse el premio (en este caso un vaso de zumo), compartirlo, regalarlo o desperdiciarlo.

“Por lo general, nuestro mono actor prefiere premiar al otro mono antes que no darle uso a la recompensa“, aunque la relación social entre los monos también cuenta: “son más proclives a dárselos a sus conocidos y subordinados”, explica Platt.

Registrando la actividad neuronal en la amígdala cerebral

Al mismo tiempo que observaban el comportamiento de los macacos, Platt y sus colegas registraron la actividad neuronal de la amígdala de cada animal y vieron que el valor de la recompensa quedaba reflejada en esta región cerebral de la misma manera en el mono que premia y el premiado.

En función de estas respuestas neuronales, los científicos podían predecir cuándo los actores iban a dar recompensas a sus semejantes.

El siguiente paso de la investigación fue fijarse en cómo variaban estos comportamientos con la introducción de la hormona de la oxitocina, implicada en los lazos sociales entre individuos.

En los animales se ha demostrado que crea fuertes lazos entre la madre y sus crías, mientras que entre los humanos el papel de esta hormona aún no está completamente definido, si bien se sabe que en algunos casos podría ayudar a personas con autismo a entender mejor los códigos sociales.

En el experimento vieron que los monos que tomaron oxitocina se volvieron más dispuestos a dar recompensas a los otros monos y a prestarles más atención.

El inseparable copiloto emocional

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Las emociones son compañeras inseparables de nuestro tránsito a través de la vida.
Las emociones son compañeras inseparables de nuestro tránsito a través de la vida.

Las emociones básicas juegan un papel protagonista a lo largo de nuestra vida. Son los conductos a través de los cuáles manifestamos la situación en la que se encuentra nuestro estado anímico. Nuria Javaloyes, psicóloga y psicooncóloga del Hospital Quirón de Torrevieja,  explica cuáles son las funciones y cómo se manifiesta cada uno de estos sentimientos.

Amor

  • Función. Gracias al amor creamos nuestros vínculos afectivos desde el nacimiento, necesarios para el crecimiento emocional sano. También, gracias a esta emoción, elegimos a nuestra pareja para formar una familia.
  • Localización en el cuerpo. Este sentimiento no se localiza solamente, como solemos imaginar, en el corazón. Al estar enamorado nuestro cuerpo se convierte en un escaparate en el que se muestran los cambios químicos que se producen a nivel interno.

    Alguno de estos cambios son: mayor nivel de endorfinas, reducción en los niveles de cortisol, incremento de la producción de dopamina, ocitocina y norepirefina, aumento de los niveles de estrógenos y liberación de malatonina.

  • Canal de expresión. Gracias al incremento de la producción de dopamina, ocitocina y norepirefrinal, nos vamos a sentir mucho más felices y a gusto con nosotros mismo y vamos a valorar más las pequeñas cosas de la vida.
  • Los beneficios para la salud son múltiples: se produce una mejora en nuestras defensas, disminuyen los niveles de estrés, desciende el riesgo de enfermedades cardiovasculares, rejuvenece nuestra piel, nos da vitalidad, nos hace estar más guapos y aumenta nuestra autoestima.

Rabia

Si no manifestamos rabia, tiende a acumularse. Por lo general, “las mujeres tienen más problemas para exteriorizarla que los hombres, ya que en el caso del sexo femenino está peor visto manifestar este tipo de emociones”, afirma Javaloyes.

  • Función. Este sentimiento nos ayuda a adaptarnos y a proteger lo que es nuestro.
  • Localización en el cuerpo. La rabia se suele acumular en la tripa o en el pecho. En muchas ocasiones también en brazos y piernas ya que “nos ayuda a ir contra quien nos genera esta emoción o quien nos hace daño”, explica.
  • Canal de expresión. Según explica la especialista, “muchas veces pagamos nuestra ira contenida con quien más confianza tengo y con quien menos se lo merece”. Antes de proceder a esto recomienda hacer deporte como boxeo, zumba o body combat ya que nos ayudará a que el nivel de rabia disminuya y a ser más asertivo con los demás.

Alegría

  • Función. Esta emoción nos ayuda a ser más creativos y a la vez tiene mucho que ver con la existencia de la especie humana.
  • Localización en el cuerpo. Se trata de una activación general en todo el cuerpo que provoca que no podamos estar quietos.
  • Canal de expresión. Los más pequeños, al no estar socializados, son grandes amigos de cómo expresar la alegría en estado puro. Es decir, “cuando un niño está contento se pone a bailar o reír sin importarle lo que piensen los que están a su alrededor”, señala la psicóloga.

“Parece que se nos permite más estar contentos que tristes, por eso, expresar y compartir la alegría no suele generar ningún problema, al contrario que la tristeza que supone una preocupación en los que nos rodean”, afirma.

Las emociones son los conductos a través de los cuáles manifestamos la situación en la que se encuentra nuestro estado anímico
Las emociones son los conductos a través de los cuáles manifestamos la situación en la que se encuentra nuestro estado anímico

Tristeza

  • Función. Es la emoción que nos ayuda a reparar las pérdidas. La tristeza está constantemente presente en nuestra vida, a medida que vamos creciendo vamos perdiendo parte de nuestra vida y los cambios se suceden de manera progresiva en el transcurso de nuestra existencia. Es un sentimiento necesario para vivir y para poder afrontar aquello que nos viene de frente.
  • Localización en el cuerpo. La ubicamos en el pecho o en el corazón y en ocasiones tenemos la sensación de respirar con dificultad.
  • Canal de expresión. Este sentimiento lo podemos manifestar a través del llanto. Cuando estamos en este estado tendemos a escribir o a realizar actividades que nos ayudan a desahogarnos.

Miedo

  • Función. La principal función del miedo es la de la protección. Gracias al miedo sentimos que una situación es amenazante y el cuerpo instintivamente se pone a nuestro servicio.
  • Localización en el cuerpo. Esta emoción por lo general tiende a paralizarnos. Los síntomas provocados por el miedo suelen ser taquicardias, sudoración, palpitación, boca seca, temblores… el cuerpo se pone a nuestro servicio cuando estamos expuestos al peligro.
  • Canal de expresión. Se manifiesta mediante una actitud paralizante que provoca confusión o huida.

El miedo se mide en una escala de 0 a 10. La experta afirma que “todos tenemos miedos” y que, además, “es bueno sentir temor hacia ciertas cosas”. Aunque alerta de que padecer miedo de intensidad 10 puede llegar a convertirse en un grave problema ya que “a ese nivel estaríamos hablando de un ataque de pánico”, por lo que “mantenerlo de 4 a 6 es lo más adecuado”.

“Es primordial reconocer y exteriorizar estas cinco emociones, ya que gracias a estas dos premisas, aprenderemos a gestionarlas de manera adecuada”, concluye Javaloyes.