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Mucho de todo, nada de nada

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En los tiempos actuales, la sobrecarga de información y la tendencia a la idiocracio son el caldo de cultivo ideal para generar estados de alarma y miedo
En los tiempos actuales, la sobrecarga de información y la tendencia a la idiocracia son el caldo de cultivo ideal para generar estados de alarma y miedo

Aunque la historia de la manipulación y la propaganda tiene una trayectoria de muchos siglos, el actual entorno comunicativo, caracterizado por su digitalidad e interactividad, alimenta la circulación del mayor volumen de falsas informaciones conocido hasta la fecha.

La nueva era de la posverdad se configura como un fenómeno complejo asentado a partir de la confluencia de tres factores: la proliferación de pseudo-contenidos en las autopistas digitales de la información, las condiciones tecnológicas y el modelo de negocio de las principales plataformas de la comunicación y la información digital y la escasa preparación de las audiencias para manejar la sobrecarga informativa a la que se enfrentan diariamente.

En un informe sobre la desinformación publicado hace escasas semanas, la Comisión Europea recomienda el abandono del término fake news porque simplifica un fenómeno que va mucho más allá de la creación ad hoc de falsas noticias. En nuestros días, la falsedad puede adquirir múltiples formas que desbordan tan limitada concepción.

La posverdad puede configurarse a partir de la estrategia del clickbait, consistente en la generación de titulares atractivos y sensacionalistas que nada tienen que ver con el contenido de la noticias y cuyo único objetivo es generar el interés del usuario para engordar el tráfico a determinadas webs persiguiendo fines económicos.

El contenido invisiblemente esponsorizado es otro de los modelos de posverdad que encontramos en los entornos virtuales. Su materialización se ejecuta bajo el modelo de acción de los influencers que, en las redes sociales, muestran un estilo de vida hipercapitalista que contribuye a sustentar el mercado bajo principios neoliberales, a la vez que ofrecen su adhesión a determinados productos ocultando sus relaciones contractuales con las marcas que publicitan.

El contenido partidista de determinados diarios digitales que manifiestan un evidente sesgo en la presentación de los hechos y utilizan un lenguaje extremadamente emocional y apasionado o la construcción de teorías conspirativas y contenidos pseudo-científicos, que intentan explicar de forma simple realidades complejas como respuesta a las relaciones de miedo o incerteza de una aturdida población, son otros modelos de falsos contenidos que golpean a cada minuto la línea de flotación de la calidad informativa a la que tiene derecho el ciudadano.

Desde el lado de la tecnología, la eclosión de las plataformas digitales 2.0 y las redes sociales a partir del año 2004 ha creado un sistema mediático caracterizado por la sobreabundancia de información y el oligopolio de un puñado de plataformas cuyo modelo de negocio constituye el caldo de cultivo ideal para la propagación de la desinformación.

Las redes sociales como Facebook y Twitter no solo se fundamentan en una economía del dato, basada en la publicidad personalizada a partir del perfilado previo de los usuarios de tales redes, sino también en una economía del tiempo, que provoca que estos servicios diseñen sus interfaces para que el usuario permanezca el mayor tiempo posible navegando en ellas a fin de generar un elevado volumen de información que será posteriormente rentabilizada por la plataforma.

Para atrapar al usuario, los algoritmos que dan acceso a la información en estos servicios sociales tienden, por defecto, a otorgar mayor visibilidad a aquellos contenidos que logran un mayor impacto en las audiencias, independientemente de si son veraces o no.

Por otro lado, la creación de cuentas falsas en Twitter gestionadas automáticamente a partir del uso de bots con el fin de distribuir noticias falsas de forma masiva ha sido una constante en campañas electorales y eventos de marcado carácter político, como sucedió en el referéndum celebrado en Cataluña el pasado 1 de octubre.

Sin embargo, la propagación de la falsedad no solo debe atribuirse a la capa tecnológica sobre la que se erigen las redes sociales. Según un reciente estudio del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), los contenidos falsos se expanden más rápido y llegan más lejos en las redes sociales que los hechos verídicos, y esa propagación no es efectuada de forma mayoritaria por estos bots automáticos, sino a partir de la acción directa de los humanos.

Cuando un contenido es emocional, novedoso y refuerza nuestra ideología y nuestras experiencias previas, es altamente probable que sea propagado de forma acrítica sin las comprobaciones oportunas a propósito de su veracidad.

Afrontar el problema de la desinformación exige una aproximación multidimensional. La Comisión Europea pide precaución contra las soluciones simplistas y recomienda examinar el fenómeno desde diferentes perspectivas, entre las que destacan el refuerzo de la transparencia del ecosistema informativo digital, la adopción de eficientes proyectos educativos para potenciar las competencias mediáticas de la ciudadanía y apostar por el desarrollo de herramientas de última generación a fin de empoderar a los usuarios y a los profesionales de la información en la gestión de la sobrecarga (des)informativa que inunda de forma creciente nuestras múltiples pantallas.

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Un oxímoron que pone a trabajar al cerebro

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Muerto viviente, silencio atronador, ortodoxia punk y monstruo hermoso. Son ejemplos de oxímoron, una combinación de dos palabras que al juntarse cambian su significado individual, y que además generan una intensa actividad en el área frontal izquierda del cerebro. Cuanto menos natural es la expresión, más recursos requiere para ser procesada en la parte frontal izquierda del cerebro
Muerto viviente, silencio atronador, ortodoxia punk y monstruo hermoso. Son ejemplos de oxímoron, una combinación de dos palabras que al juntarse cambian su significado individual, y que además generan una intensa actividad en el área frontal izquierda del cerebro. Cuanto menos natural es la expresión, más recursos requiere para ser procesada en la parte frontal izquierda del cerebro

Los políticos en sus discursos, los generales en sus arengas y los amantes en sus poemas han utilizado desde siempre las figuras retóricas para convencer, infundir valor o seducir. El poder de las palabras hábilmente combinadas se conoce desde la Grecia clásica, pero ahora los científicos han logrado medir empíricamente la capacidad de una figura literaria para generar actividad cerebral en las personas.

Investigadores del centro donostiarra Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) han demostrado que el oxímoron genera una intensa actividad cerebral en el área frontal izquierda del cerebro, una actividad que no se produce cuando se trata de una expresión neutra o de una incorrecta.

Un oxímoron es una combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido. Por ejemplo: noche blanca, muerto viviente o silencio atronador.

“Nuestra investigación demuestra el éxito a nivel retórico de las figuras literarias, y la razón de su efectividad es que atraen la atención de quien las escucha”, explica Nicola Molinaro, autor principal del estudio. “Se reactiva la parte frontal del cerebro y se emplean más recursos en el proceso cerebral de esa expresión”.

El investigador señala que el resultado de los experimentos se relaciona “con la actividad que requiere procesar la abstracción de figuras retóricas como el oxímoron, que tratan de comunicar cosas que no existen”.

Entre todas las figuras retóricas se escogió ésta por su fórmula sencilla de construir, lo que facilita medir con mayor precisión la actividad cerebral que genera. No ocurre así con otras figuras más complejas, como las metáforas.

El descubrimiento se ha publicado en la revista NeuroImage, una de las cabeceras más prestigiosas en este campo. La aceptación del artículo no ha necesitado de imágenes, algo inusitado en esta publicación, ya que toda la fase experimental se ha ejecutado por medio de electroencefalogramas.

El experimento del monstruo y sus adjetivos

Molinaro, junto a sus compañeros Jon Andoni Duñabeitia y Manuel Carreiras –director del BCBL–, han ideado varias listas de frases incorrectas, neutras, oxímoron y pleonasmos (vocablos innecesarios que añaden expresividad), empleando el mismo sustantivo como sujeto: la palabra ‘monstruo’.

Los investigadores han utilizado ‘monstruo geográfico’ como expresión incorrecta, ‘monstruo solitario’ como expresión neutra, ‘monstruo hermoso’ como oxímoron, y ‘monstruo horrible’ como pleonasmo. Después, se les mostraron estas listas a personas de entre 18 y 25 años y se midió su actividad cerebral cuando las procesaban por medio del electroencefalograma.

Los resultados muestran que cuanto menos natural es la expresión más recursos requiere para ser procesada en la parte frontal izquierda del cerebro. La frase neutra ‘monstruo solitario’ es la que menos recursos cerebrales necesita para procesarse. En cuanto a la expresión incorrecta ‘monstruo geográfico’, 400 milisegundos después de percibirla, el cerebro reacciona al detectar que hay un error.

Sin embargo, en el caso de los oxímoron, como ‘monstruo hermoso’, 500 milisegundos después de percibirse la expresión se midió una intensa actividad cerebral en la parte frontal izquierda del cerebro, un área íntimamente relacionada con el lenguaje que los seres humanos tienen muy desarrollada en comparación con otras especies. En el caso del pleonasmo ‘monstruo horrible’ se midió una actividad mayor que en la expresión neutra, pero menor que en el caso del oxímoron.

Esta investigación forma parte de una de las grandes áreas de estudio del BCBL: el lenguaje. En sus instalaciones de San Sebastián, entre otros campos relacionados con la investigación del cerebro, el centro estudia múltiples aspectos de la relación entre la cognición y el lenguaje, como el aprendizaje, el bilingüismo o los problemas asociados.

Una vez comprobado el éxito de este trabajo, el centro ha decidido ampliar el estudio de este campo. Molinaro ya ha comenzado a repetir este experimento con la resonancia magnética, para obtener imágenes de la actividad cerebral cuando se procesan figuras retóricas. El objetivo es estudiar las conexiones entre dos áreas muy implicadas en el procesamiento del significado: el hipocampo, una parte interna del cerebro, y el área frontal izquierda.

El anhelo de una lengua universal

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El Klingon es una lengua desarrollada por Marc Okrand para los estudios Paramount Pictures.Este idioma pertenece a los Klingons, una raza que durante los comienzos de la serie original de Star Trek no iba a tener mayor protagonismo, sin embargo, la sencillez y los bajos costos en maquillaje les garantizaron su permanencia. James Doohan creó los sonidos básicos y algunas palabras para la primera película basada en la serie original Star Trek: The Motion Picture (1979). Hasta ese momento los klingon solo se habían expresado en inglés. Luego, Okrand creó un amplio léxico y una gramática completa para Star Trek III: En busca de Spock (The Search for Spock) y las siguientes producciones de la franquicia.
El Klingon es una lengua desarrollada por Marc Okrand para los estudios Paramount Pictures.Este idioma pertenece a los Klingons, una raza que durante los comienzos de la serie original de Star Trek no iba a tener mayor protagonismo, sin embargo, la sencillez y los bajos costos en maquillaje les garantizaron su permanencia. James Doohan creó los sonidos básicos y algunas palabras para la primera película basada en la serie original Star Trek: The Motion Picture (1979). Hasta ese momento los klingon solo se habían expresado en inglés. Luego, Okrand creó un amplio léxico y una gramática completa para Star Trek III: En busca de Spock (The Search for Spock) y las siguientes producciones de la franquicia.

Del quenya al klingon pasando por el simlish o el alto valyrio, los idiomas extravagantes forman parte del imaginario de la literatura fantástica y en ocasiones tienen tanto cuerpo gramatical como el volapük o el esperanto, lenguas artificiales creadas para la comunicación en el mundo real.

El hervidero político europeo durante el siglo XIX, alimentado por el Romanticismo, desembocó en nacionalismos extremos que habrían de conducir durante el siglo siguiente a los dos peores conflictos bélicos registrados históricamente en el Viejo Continente.

Como reacción a estos movimientos exageradamente patrióticos, un puñado de idealistas lanzó la idea de crear un lenguaje universal como vehículo de fraternidad para evitar los enfrentamientos internacionales y así surgieron varias iniciativas en el mundo real que tuvieron su reflejo posterior en el género fantástico, donde además sirvieron para dotar de estructura y credibilidad a algunas de sus obras más famosas.

El párroco católico alemán Johann Martin Schleyer fue el primero en diseñar una lengua artificial destinada a facilitar la comprensión entre las distintas culturas en una Europa que había comenzado el siglo XIX con las guerras napoleónicas y se acercaba a su final tras la guerra francoprusiana y los conflictos exteriores como el de los bóers en Suráfrica o el de los bóxers en China.

Schleyer creó el volapük en 1879 basándose en el lema “Menefe bal, püki bal” (“Una única lengua para una única humanidad”) y obtuvo un gran éxito de inmediato: 100.000 personas de 280 asociaciones llegaron a utilizarla y publicar más de 300 libros de texto.

Pero su complejidad gramatical y, sobre todo, los enfrentamientos entre su fundador y uno de sus discípulos, el holandés Auguste Kerckhoffs, terminaron con su popularidad.

Muchos partidarios del idioma universal se pasaron entonces al esperanto, un experimento similar impulsado por el oftalmólogo judeopolaco Ludwik Lejzer Zamenhof, quien también conocía el volapük.

De hecho, hablaba alemán, polaco, ruso, yiddish, latín, griego, hebreo clásico, francés e inglés, además de poseer conocimientos básicos de español, italiano y otras lenguas.

Zamenhof soñaba con el perfecto idioma auxiliar para la comunicación internacional y en 1887 publicó el “Unua Libro” (“Primer Libro”) que describe el esperanto tal cual hoy lo conocemos aunque, pese a sus esfuerzos, ninguna nación lo adoptó jamás como lengua oficial y se estima que hoy día lo manejan menos de 10.000 personas.

Entre los escritores del género fantástico que han desarrollado lenguajes artificiales para sus obras, el gran maestro es J.R.R.Tolkien, el autor de “El Señor de los Anillos” y “El Hobbit”.

Lingüista destacado, desarrolló durante toda su vida algunos de sus idiomas más famosos, como el quenya o lenguaje de los altos elfos de Valinor.

También creó el sindarin o élfico gris, el adunaico de Númenor y otros, hasta un total de quince lenguajes diferentes.

Dentro de la Ciencia Ficción propiamente dicha, uno de los idiomas artificiales más populares es el klingon, desarrollado por otro lingüista, el norteamericano Marc Okrand, quien recibió el encargo de dotar con su propio idioma a la belicosa y homónima raza extraterrestre que aparece en “Star Trek”.

A este idioma se han traducido algunas obras de Shakespeare como “Hamlet” y “Mucho ruido y pocas nueces” porque, como dice el Canciller Gorkon, uno de los personajes klingon: “usted no ha experimentado realmente a Shakespeare hasta que no lo ha leído en el klingon original”.

Okrand también inventó el vulcaniano, idioma de los nativos de Vulcano como el doctor Spock, aunque la frigidez emocional y la rigidez social de esta raza lo han convertido en una lengua poco utilizada.

Menos elaborado es el Simlish o lengua ficticia de los videojuegos de Maxis para sus aventuras con los Sims.

Pese a su sencillez, es un lenguaje difícil ya que está compuesto por balbuceos y sonidos como el de los bebés, con expresiones como “Sool-Sool” (“Hola”) o “Veena Fredishay” (“Vamos a jugar”).

El idioma de moda en el fandom en la actualidad es el alto valyrio, una lengua muerta pero recordada a través de multitud de canciones y libros que aparecen en la saga de “Hielo y Fuego” de G.R.R. Martin, popularizada mundialmente gracias a la serie televisiva de “Juego de Tronos”.

Su frase más popular es “Valar Morghulis” (“Todos los hombres deben morir”), como bien saben los numerosos personajes decapitados, apuñalados, quemados, envenenados y, en general, asesinados por Martin en sus libros.

De todas formas, hay que recordar que la Ciencia Ficción resolvió hace mucho tiempo el problema del lenguaje universal gracias a la telepatía. Pero ésa es otra historia…

El castellano alegra; las canciones en inglés, deprimen

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Investigadores de Estados Unidos y Australia han desarrollado un ‘hedonímetro’ que permite analizar el contenido emocional del lenguaje. Tras estudiar 100.000 vocablos de 10 idiomas diferentes, han determinado que, en positividad, el español se sitúa a la cabeza de las lenguas
Investigadores de Estados Unidos y Australia han desarrollado un ‘hedonímetro’ que permite analizar el contenido emocional del lenguaje. Tras estudiar 100.000 vocablos de 10 idiomas diferentes, han determinado que, en positividad, el español se sitúa a la cabeza de las lenguas

El lenguaje es la mayor tecnología social desarrollada por la humanidad, capaz de reflejar en la mente el contenido de las historias que los propios hombres y mujeres elaboran y cuentan. El efecto de los idiomas en la configuración de los pensamientos ha sido durante mucho tiempo un tema controvertido. En 1969, Boucher y Osgood formularon la hipótesis de Pollyanna, que propone la existencia de un sesgo hacia la positividad en la comunicación humana.

Ahora, un equipo de investigadores de Estados Unidos y Australia ha podido confirmar esta hipótesis. En su trabajo han evaluado 100.000 palabras repartidas en 24 corpus de 10 idiomas diferentes en origen y cultura: español de México, francés, alemán, portugués de Brasil, coreano, chino, ruso, indonesio y árabe.

Las fuentes de estos corpus de palabras han sido varias: libros de Google Books, medios de comunicación como The New York Times, la red social Twitter, páginas web, subtítulos de televisión y de cine y letras de canciones musicales. Y en todos ellos se ha comprobado que las palabras alegres priman sobre las tristes.

Los investigadores, encabezados por Peter Sheridan Dodds de la Universidad de Vermont (Estados Unidos), apuntan que los resultados obtenidos prueban “una profunda huella de sociabilidad humana en el lenguaje”, lo que se refleja en que “las palabras del lenguaje humano natural poseen un sesgo hacia la positividad universal, en que el contenido emocional estimado de las palabras es consistente entre las lenguas bajo traducción, y en que este sesgo de positividad es independiente de la frecuencia de uso de las palabras”.

A partir de técnicas de minería de datos, el equipo de científicos localizó las 10.000 palabras más utilizadas en cada uno de los diez idiomas y seleccionó a nativos para que puntuaran en una escala de 1 a 9 puntos cada una de las palabras en función del optimismo que reflejaran, dando menos puntuación a las palabras negativas –como desgracia, muerte o cáncer– y más a las positivas –como cumpleaños, vida o sorpresa–.

En todos los corpus de palabras analizados se encontró un sesgo hacia lo positivo, aunque las mayores tasas se identificaron en las páginas web en español, los Google Books en español y Twitter en español, seguidas de las páginas web en portugués y Twitter en portugués. Las tasas más bajas se registraron, por el contrario, en las letras de las canciones en inglés, los subtítulos de las películas en coreano y los Google Books en chino.

A través de este método, los investigadores han desarrollado un hedonímetro, un sistema capaz de estimar la felicidad contenida en un texto escrito. El próximo objetivo será aplicar este método en otros lenguajes y en diferentes grupos demográficos.

A golpes con el diccionario

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El deficiente empleo del castellano es una afección extendida y sus manifestaciones sonrojan pese a que muchas de ellas habiten en la sorna
El deficiente empleo del castellano es una afección extendida y sus manifestaciones sonrojan pese a que muchas de ellas habiten en la sorna

Expresiones como “No seas pájaro de paragüero”, “Elevaduras eléctricos” o “Todo quedará en agua de borrascas” son algunas muestras de los “destrozos” de frases hechas que, con mayor o menor frecuencia, pueden oirse y que han sido recopiladas por cinco hermanos que ahora han publicado en un libro.

Editado por Espasa, este libro de humor reúne varias decenas de estas expresiones mal dichas que durante tiempo fueron incluyendo en una lista 5 de los 12 hermanos Abadía, hijos de Leopoldo Abadía, autor del libro superventas sobre la crisis mundial “La crisis ninja”.

Es Leopoldo Abadía quien prologa este libro que han titulado “No seas pájaro de paragüero y otras blabladurías”, y en el que expresa su ilusión por ver impresas y agrupadas las frases que sirvieron durante años para que se rieran en casa.

Explica cómo debido al trabajo profesional y las relaciones sociales, uno va tropezándose a lo largo de la vida con personas que destrozan frases hechas, aunque lo hagan con buena voluntad, y cómo sus hijos han ido apuntando estas “herejías lingüísticas”.

Los autores -Gonzalo, Javier, Jorge, Rafael y Alfonso Abadía- han seleccionado estas “blabladurías” entre más de 500 frases de toda naturaleza que han ido escuchando a lo largo de los últimos años.

Así, explican, desde 2012 los cinco hermanos han estado “atentos” al peculiar uso del lenguaje “intentando cazar al vuelo las efímeras blabladurías en conversaciones, confidencias, reuniones o charlas en la barra del bar”.

Todas las expresiones reunidas en el libro, que cuenta con numerosas ilustraciones de Gonzalo Abadía y Pedro Villa, han sido escuchadas por alguno de los autores de alguna persona que las ha pronunciado de forma “natural y espontánea”, aseguran. Y junto al dicho “mal dicho”, incluyen y explican la verdadera y correcta forma de emplearlas.

En el capítulo dedicado a la naturaleza y el mundo animal destacan, además del pájaro de “paragüero”, el dicho transformado de “es más astuta que las gallinas”, mientras que para hablar de algo complicado reproducen la frase: “esto es como enhebrar una aguja en un pajar”.

Aunque no hay que conformarse con estar en la brecha, los autores consideran que con estar en la cresta de la ola es suficiente y no hace falta, como han oído, asegurar que “no siempre se puede estar en lo más alto de la cresta de la ola”.

“Este es un tema vudú”, para referirse a algo que no debe ser comentado, en lugar de “tema tabú”, o “lo dijo para adornarme la píldora”, en vez de dorarla, son otras de las expresiones que incluye el libro.

Tener “orejas de soplido”, creerse algo “a pies puntillas” o que un famoso salga en la tele porque tiene mucha “audición” son otros disparates cazados al vuelo por los autores, que también han escuchado a alguna persona lamentarse asegurando: “Es que monto un circo y me echan los enanos”.

Sobre la dedicación de los progenitores a sus hijos estando siempre “al pié del cañón”, la “blabladuría” se vuelve más peligrosa cuando se transforma en algo como: “Tu padre, como siempre, al pie del camión”.

“Lo hizo sin quererlo ni comerlo” es una cuestión ante la que no hay “que arriesgar las vestiduras” sino hablarlo “a calzoncillo quitado”, a no ser que sea alguien que “ni lo siente ni lo parece”. A buen entendedor, con pocas palabras bastan.

La vieja guardia caligráfica contra la inmediatez

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Escribir a mano va camino de convertirse en un arte primero desterrado y luego, olvidado
Escribir a mano va camino de convertirse en un arte primero desterrado y luego, olvidado

¿Dejaremos de escribir a mano en un mundo dominado por la comunicación digital? ¿Y serviría para algo la escritura caligráfica en ese caso? Especialistas expresan matices diferentes sobre este asunto, después de que Finlandia haya planteado que ya no sea obligatorio aprenderla.

La caligrafía tradicional o escritura ligada en cursiva pasaría a ser optativa para los niños y se fomentaría la escritura manual con letra de imprenta (separada) y con ordenador.

“No se trata de oponerse al cambio o de aferrarse a la tradición (…) sino de la salud de nuestro cerebro, del cerebro de los niños que comienzan a escribir”, según mantiene la grafóloga Sandra Cerro.

Colaboradora de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía, esta perita calígrafa ha abierto un debate con sus alumnos de segundo de Grafología para llegar a las siguientes conclusiones:

• Escribir seguido, fluido, con letras enlazadas y sin levantar el útil de escritura es ya de por sí un acto de “continuidad” que está implicando “constancia, perseverancia, capacidad para mantener el hilo de los pensamientos”.

• Son habilidades de razonamiento lógico y, con todo ello, “un trabajo extraordinario de agilidad mental y dinamismo neuronal” que favorece también las relaciones afectivas y sociales.

• “Cuando escribimos una idea a mano sobre el papel, nuestro cerebro entiende que estamos dando prioridad a esa idea sobre otras de las muchas que circulan por él”, entre otras conclusiones.

• La letra tradicional cursiva obliga a los niños a mantener el trazo continuo y ligado y, muchas veces sin saberlo, los hace “creativos, sociales, maduros y libres”, según indica Cerro.

También la empresa editorial valenciana Rubio, famosa por sus cuadernillos de caligrafía, ha defendido que la práctica de la escritura a mano reporta beneficios neurológicos, según estudios científicos, y puede ser complementaria a los soportes digitales.

El profesor de Pedagogía Aplicada de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Guillermo Bautista prefiere no ser tan categórico e insiste en que las autoridades educativas finlandesas no plantean suprimir la escritura manual, sino “sustituir” la caligráfica.

Aunque se aprenda esa letra de pequeño, que es “muy mecánica y repetitiva”, todo el mundo acaba escribiendo de una manera determinada, diferente y personalizada, añade.

Percibe un “miedo excesivo” de sustituir elementos del currículum escolar porque parece que no queramos que se pierda nada, menos la escritura como algo que “arrastramos culturalmente de tiempos remotos”.

Desde la perspectiva neurocognitiva, en cualquier caso, se debería ir con cuidado en este asunto, recomienda, y contar con estudios que permitieran conocer las consecuencias.

Desde el punto de vista pedagógico, prosigue, se habla sobre las posibles consecuencias de perder la escritura caligráfica, pero no de las que tienen las metodologías de enseñanza y aprendizaje que se mantienen desde hace decenas de años.

Se sigue dando prioridad al discurso oral en la docencia y al aprendizaje mediante textos, cuando otras formas de expresión y comunicación, como la audiovisual, son cada vez más frecuentes entre niños y adolescentes.

La competencia de hablar en público es importante también y, sin embargo, eso se trabaja poco en las aulas, señala.

Sin ser neuropsicólogo, según reconoce, Bautista apunta que aquellos procesos y áreas del pensamiento complejo a los que puede ayudar la escritura caligráfica también pueden desarrollarse por otras vías, sin querer decir que desaparezca la escritura manual: “El pensamiento se puede llegar a representar por con lápiz y papel o con otros medios como el audiovisual”.

El director de la Unidad de Evaluación Neuropsicológica del Instituto de Orientación Psicológica EOS, Francisco Rodríguez Santos, comenta que escribir en letra cursiva te da un margen de tiempo que quizás no permite el teclado, sobre todo a la hora de imaginar, de expresar las ideas.

Otro aspecto está relacionado con el desarrollo de la “motricidad fina” (dedos y manos), pues la escritura manual conlleva “una melodía cinética”.

“La escritura enseña o favorece el aprendizaje de esa motricidad fina, que no es solo movimiento, sino un movimiento acompasado”.

La escritura manual personal de cada uno ayuda a articular el pensamiento y la forma de expresar tu estado de animo, tu carácter y tu situación en ese momento, es la parte emocional del cerebro, concluye.

Y Anna Coll, profesora de la escuela de caligrafía artística Deletras, sintetiza: “Si quieres ser más reflexivo y realmente concienzudo, hay mucha gente que escribe a mano”.

Animales que despiertan la telepatía latente

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La mayoría de la comunidad científica no acepta la existencia de la telepatía como un hecho objetivo. Pese a que la NASA e innumerables centros de investigación en el mundo han realizado experimentos al respecto, la conclusión oficial hasta el momento es que no se pueden transmitir los pensamientos sin usar un medio físico
La mayoría de la comunidad científica no acepta la existencia de la telepatía como un hecho objetivo. Pese a que la NASA e innumerables centros de investigación en el mundo han realizado experimentos al respecto, la conclusión oficial hasta el momento es que no se pueden transmitir los pensamientos sin usar un medio físico

Entenderse con cualquier animal es posible y comprender lo que dicen puede resultar determinante para resolver situaciones tan controvertidas como un divorcio, aunque para ello se ha de recurrir a la comunicación telepática, una capacidad “innata” de todos los seres vivos.

Así lo asegura la terapeuta María Victoria Caramés, que enseña cómo se puede establecer una comunicación con las mascotas o incluso con un gusano.

Victoria Caramés sostiene que los humanos han olvidado este tipo de comunicación, pero mantenemos la capacidad para establecerla y de lo que se trata es de desarrollarla. Son, según esta experta, los animales, particularmente las mascotas, los que pueden ayudar a revitalizar la potencialidad telepática de los hombres.

Hace años descubrió, por casualidad, que se podía comunicar con una ballena, y fue entonces cuando se convirtió en toda una especialista en el “lenguaje de sentimientos”, con el que los animales pueden llegar a enseñar al ser humano “muchas cosas”.

Para llegar a este nivel de conocimiento hasta convertirse en comunicadora de animales y terapeuta, tuvo que realizar tres cursos, cada uno con un nivel distinto.

Fiel seguidora de los métodos de la terapeuta canadiense Penélope Smith, cuando Victoria empezó a dominar la técnica se dio cuenta de que su perro “sabía más de mí que yo de él”. A partir de ahí se conectó con una amplia variedad de seres vivos de la especie animal, entre los que se incluyen hormigas o cucarachas.

Reconoce que es algo difícil de entender si uno no acaba sumergiéndose en este conocimiento. Ella misma pensaba que era una experiencia mística, hasta que descubrió que se puede hablar, “incluso con plantas”, y casi de cualquier cosa.

Entre sus múltiples experiencias está la intervención de un gato en el proceso de separación de sus dueños. El gato aportaba su opinión, especialmente cuando surgían las discrepancias, y Victoria era la encargada de transmitirles las frases que telepáticamente le hacía llegar el felino.

“Puedes llegar a tener una conversación muy fluida, tan fluida que te replanteas todo”, enfatiza la telépata, quien sostiene que esta comunicación no es algo novedoso en el tiempo, sino que los Druidas o los Chamanes ya conversaban con los seres vivos de su época.

Mientras mantiene esta conversación, un gato maúlla en el interior del vehículo en el que viaja, y Victoria tiene claro lo que le comenta: “me está diciendo que quiere ir a donde lo llevamos, pero que no quiere viajar”.

“Las primeras veces, flipas”, dice la experta. Y no es para menos, ya que en la conversación el animal puede explicar cuál es la comida que más le gusta o describir cómo es su estancia.

Avisa que la única forma de comprobar todo lo que comenta es que “la gente lo viva”, si bien aprecia que del escepticismo inicial se ha pasado a una situación donde quienes acuden “llegan creyendo”.

Otros estudios

La mayoría de la comunidad científica no acepta la existencia de la telepatía como un hecho objetivo. Pese a que la NASA e innumerables centros de investigación en el mundo han realizado experimentos al respecto, la conclusión oficial hasta el momento es que no se pueden transmitir los pensamientos sin usar un medio físico.

Rupert Sheldrake, un biólogo de la Universidad de Cambridge, contra la opinión de los expertos, se ha dado a la tarea de diseñar y realizar experimentos de telepatía con animales. Está convencido de que la telepatía existe y que esta realidad se puede verificar mediante una observación simple del comportamiento animal.

Rupert Sheldrake realiza investigaciones, especialmente con las mascotas. Asegura que el 50% los perros, por ejemplo, saben con antelación cuándo van a regresar sus dueños a casa. De hecho, mostró pruebas de este comportamiento en algunos videos que hizo circular, pero que fueron retirados de la red sin explicación alguna.

Sheldrake señala que los perros desarrollan un vínculo afectivo especial con algunas personas, sean sus dueños o no, y que eso les permite percibir su cercanía mucho antes de que se hagan presentes. Según sus pesquisas, hasta el 30% de los gatos también tienen esta facultad.

En sus investigaciones encontró que en 64 casos, de 65, los gatos desaparecen una hora antes de una cita con el veterinario. Es como si supieran previamente que deben ir al médico y se escaparan para evitar esa molestia. Sin embargo, estos datos no hacen parte de un estudio formal que pueda verificarse plenamente.

El profesor Sheldrake también argumenta que es muy fácil observar cómo los perros parecen especialmente dotados para percibir el mundo interno de las personas. Esa sería la razón por la que sienten simpatía o antipatía instantánea con determinadas personas; parece que conocieran las intenciones ocultas de cada una y actuaran en consecuencia.

¿Telepatía o refinamiento en la comunicación?

Los experimentos de Sheldrake no han sido documentados suficientemente. Frente a la supuesta capacidad telepática de percibir a sus dueños antes de que se hagan presentes, puede haber otras explicaciones. Este comportamiento se puede deber a un olfato u otro sentido muy desarrollados. También por el factor costumbre, que les indica la hora más o menos exacta en que sus dueños llegan o se van.

Los animales también son capaces de identificar los gestos o rutinas que preceden a una acción determinada. Los humanos tenemos muchos comportamientos mecánicos y no reparamos en ellos. Por ejemplo, sin darnos cuenta, puede que usemos preferencialmente prenda determinada para ir al médico. Las mascotas quizás perciben esto y pueden predecir lo que sigue.

Algo similar podría ocurrir con la supuesta simpatía o antipatía súbita. Si alguien se acerca con el propósito de hacer daño, estará más tenso y probablemente presentará un nivel mayor de adrenalina. El animal puede captar esto como una señal de sus intenciones y, entonces, prepararse para la defensa.

La comunicación afectiva también puede llegar a ser tan estrecha que basta con gestos sencillos para que la mascota “adivine” el estado emocional de su dueño o viceversa.

Aún así, siguen apareciendo testimonios sobre esa presunta comunicación telepática entre los seres humanos y los animales. Los suficientes para no cerrar el tema con un escepticismo radical, sino más bien dando lugar a la pregunta y a nuevas investigaciones.