comunicacion

Guerra contra la pedantería a la hora de cenar

Posted on Actualizado enn

Alrededor de una mesa pueden confluir todo tipo de tics, que en una conversación desnudan a los pedantes pertinaces
Alrededor de una mesa pueden confluir todo tipo de tics, que en una conversación desnudan a los pedantes pertinaces

Es verdad que la filosofía no es un ingrediente forzoso de las cenas mundanas pero, si aparece, lo mejor es utilizar el humor y la erudición de Sven Ortoli y Michel Eltchaninoff para triturar palabras como metafísica u ontología y devolvérselas al pedante de turno como si fueran un misil tierra- aire.

El ‘Manual de supervivencia en cenas urbanas’ (Salamandra) que han escrito Ortoli y Eltchaninoff es un opúsculo repleto de humor negro e ingenio, propio de unos filósofos “tan franceses”, que se digiere como una deliciosa comida porque es “liviano, ágil y muy sabroso”.

La historia está jalonada de cenas memorables. Desde el banquete de Platon, al de Kierkegaard -en los que se comía y, sobre todo, se bebía en pos del “in vino veritas”- al festín de piedra del “Don Juan”, la Santa Cena, o los “peliculeros” de “La Grande Bouffe” o “Viridiana”.

Los autores creen que no hay grandes comidas sin la construcción de una historia y, a veces, de una revelación. No suele ser el caso de las cenas urbanas pero, advierten, no hay que pensar que se está tan lejos de aquellos festines en los que Aristófanes daba la réplica a las burlas de Alcibíades.

Las cenas contemporáneas, dicen, están repletas de tics de esnobismo, falsas paradojas, amaneramientos diversos y “pasadas” sin paliativos, falsificaciones conceptuales y “teorías definitivas” que ambicionan el mismo efecto letal que las bombas de racimo que arroja un B52.

Ortoli y Eltchaninoff dejan traslucir que ellos mismos son los valerosos y orgullosos supervivientes de muchas de esas cenas y lo hacen con una ironía muy próxima, aunque lo suyo no es un “recetario” de respuestas ingeniosas, sino más bien un divertimento para los amantes de la dialéctica y, por supuesto, de la filosofía.

Se puede entrar al trapo siempre que se quiera pero, recomiendan, “si no se siente con fuerza o ganas para batallar con un pedante profesional, recurra a Epicteto: si alguien nos llama ignorantes y no nos ofendemos, sepamos que empezamos a ser filósofos”.

Y nunca, nunca olvide, subrayan, que como afirmaba Lewis Carroll, “lo que se dice tres veces es verdad, y punto”.

Divididos entre la llegada, el aperitivo, los entrantes, el plato fuerte, la ensalada, los quesos, el postre, y el café y la copa, proponen “lecciones” como “¿Es el principio de Popper afrodisiaco?”, “Yo no tomo postre, soy epicúreo”, o “Cómo comportarse con un periodistósofo”, aunque sobresale por derecho propio el prefacio, firmado por un tal Marcello Yashvili-Mc Gregor, junior.

El sujeto es nada menos que Premio Nobel de Filosofía (1987), profesor invitado del Corleone Collège (Cambridge), profesor asociado de la madraza Michel-Foucault de Qom y titular de la cátedra de Metafísica Cuántica del Instituto de Transdisciplinaridad de México (MIT).

Ni hay Nobel de Filosofía ni existe el Corleone Collège de Cambridge, claro, como tampoco tiene Qom, la ciudad santa del chiísmo (Irán) una madraza Michel-Foucault, por no hablar de que es la física la que es cuántica, no la metafísica.

Y como epílogo proponen una de “ontología” esencial para la vida: “la esencia del queso gruyère es su amenaza”, porque su ser son los agujeros. “A más gruyére, más agujeros; a más agujeros, menos gruyére; luego a más gruyére, menos gruyére”. Y a la cama todo el mundo.

Anuncios

Opiniones que usurpan realidades

Posted on

Las informaciones circulan tan masiva y aceleradamente en las redes sociales que tendemos a agarrarlas y retransmitirlas con el mismo instinto compulsivo que el de un jugador de ping-pong: las capta y rebota, sin detenerse a comprobar su veracidad. Hoy es cierto que las fake news proliferan y se reproducen a gran velocidad, pero, a diferencia de otras épocas, es más fácil desmentirlas. A pesar de ello, el periodismo riguroso tiene dificultades para hacerse oír entre el griterío
Las informaciones circulan tan masiva y aceleradamente en las redes sociales que tendemos a agarrarlas y retransmitirlas con el mismo instinto compulsivo que el de un jugador de ping-pong: las capta y rebota, sin detenerse a comprobar su veracidad. Hoy es cierto que las fake news proliferan y se reproducen a gran velocidad, pero, a diferencia de otras épocas, es más fácil desmentirlas. A pesar de ello, el periodismo riguroso tiene dificultades para hacerse oír entre el griterío

“Las fake news están de moda pero no son solo una moda”, advierte el periodista y guionista Marc Amorós, que aborda este fenómeno en su libro “Fake News. La verdad de las noticias falsas” (Plataforma Actual), donde propone una especie de “manual” para construir lectores y periodistas críticos.

Amorós define las fake news como “informaciones falsas diseñadas para hacerse pasar por noticias con el objetivo de difundir un engaño o una desinformación deliberada”, todo ello escondiendo unos intereses políticos o económicos.

Si bien el término ha sido popularizado en los últimos meses por el presidente Donald Trump y fue elegido palabra del año 2017 por los diccionarios Oxford y Collins, las mentiras mediáticas no son un invento de nuestra era, sino que “existen desde que tenemos uso de la palabra y nos relacionamos entre nosotros”, explica Amorós.

El periodista hace un repaso histórico del fenómeno, remontándose hasta el conflicto cubano-español de 1898, cuando el magnate de la información William Randolph Hearst culpó a España de la explosión del acorazado norteamericano Maine en el puerto de La Habana, génesis ese mismo verano de la guerra entre España y Estados Unidos que llevó a la pérdida de la isla.

La diferencia esencial entre el pasado y el presente es, según Amorós, la irrupción de las redes sociales, que permiten propagar y replicar sin fin y en muy poco tiempo un contenido que antes solo llegaba al barrio o a la escalera de vecinos.

El autor explica que “antes, esa información falsa circulaba de manera muy compartimentada, dentro de un núcleo de gente muy controlado, pero ahora, con las redes sociales, se magnifica esa comunidad y las fake news tienen un alcance incontrolable”.

El impacto es esencial en este sentido: las noticias falsas nos emocionan o nos indignan y por eso nos provocan una “necesidad irrefrenable” de compartirlas rápidamente.

“Una buena noticia falsa es la que refuerza nuestros prejuicios y opiniones”, dice Amorós, y destaca el peligro de la polarización y las llamadas “burbujas de opinión”, que las redes fomentan y favorecen: “Nos rodeamos de gente que piensa como nosotros porque en el fondo no queremos cambiar de opinión”, subraya.

En el libro del periodista nadie se salva del llamamiento a la responsabilidad, empezando por los poderes políticos que “siempre han tenido voluntad de controlar el mensaje que se difunde” y que, actualmente, han extendido la propaganda fuera de sus propias fronteras.

Amorós se pregunta dónde ha estado el periodismo durante estos años y conecta la pérdida de rigor con la crisis estructural que se ha desatado en la profesión tras la entrada en la era digital.

Entre los males del periodismo, se cuentan, según el autor, la escasez de medios, la inmediatez, la competencia feroz y la dictadura del clic.

“Antes, los medios eran los principales emisores de información, pero ahora sufren un cambio de paradigma porque, con las redes sociales, cualquiera puede ser un medio de comunicación por sí mismo”, explica el autor.

Preguntado por el llamado “periodismo ciudadano”, que ha resultado tan relevante en ocasiones, como las Primaveras Árabes, pero tan dañino en otras, Amorós reconoce que “está muy bien si lo entendemos como una herramienta para dar voz a personas que normalmente no entran en el circuito informativo”, pero advierte de que “la intención de quien comparte información no siempre es buena”.

A pesar de todo, el periodista arroja también un poco de luz sobre el futuro de las fake news y aboga por “recuperar la esencia del periodismo romántico, tradicional, el que intenta construir un relato ecuánime de lo que pasa, más allá de las declaraciones”.

Para conseguir “un periodismo independiente de verdad”, concluye, “deberíamos hacer pedagogía en la sociedad: si nosotros no pagamos por la información, lo hará un banco, una administración o una marca comercial”.

Mujeres en la sopa de letras

Posted on

María Moliner siempre mostró interés por realizar un diccionario del español que superara las carencias que apreciaba en los diccionarios existentes. La circularidad de las definiciones, el lenguaje ya anticuado y en desuso, la falta de información sobre el uso de los términos o sobre las relaciones entre ellos eran características de los diccionarios del momento que consideraba conveniente mejorar
María Moliner siempre mostró interés por realizar un diccionario del español que superara las carencias que apreciaba en los diccionarios existentes. La circularidad de las definiciones, el lenguaje ya anticuado y en desuso, la falta de información sobre el uso de los términos o sobre las relaciones entre ellos eran características de los diccionarios del momento que consideraba conveniente mejorar

Desde que Antonio de Nebrija escribiese en 1492 la primera gramática castellana, la historia de la lingüística española ha estado escrita en masculino plural. La prueba es que la Real Academia Española (RAE) tardó 298 años en permitir que una mujer filóloga, Inés Fernández-Ordóñez, ocupase uno de sus sillones. Claro que la RAE tampoco aceptó en sus filas a María Moliner, cuyo diccionario han utilizado millones de personas en todo el mundo.

Esa falta de visibilidad y reconocimiento por parte de la ortodoxia académica no significa que las mujeres no se hayan ocupado del estudio del lenguaje. Al contrario. Solo en el caso español, entre el siglo XV y el XIX, fueron cientos las mujeres que ocuparon cátedras de lenguas clásicas, monjas de clausura que cultivaron la lengua vulgar castellana, mujeres traductoras, periodistas, filósofas, gramáticas…

Su obra, sin embargo, quedó oculta tras figuras como la de Nebrija en el siglo XV o el mismísimo Noam Chomsky en pleno siglo XX. Es lo que la catedrática de Lingüística de la Universidad de Córdoba María Luisa Calero llama “lingüística subterránea”. Hasta que un equipo internacional de investigadoras, coordinado por las profesoras de la Universidad de Cambrigde Wendy Ayres-Bennett y Helena Sanson y en el que participó la profesora Calero, recuperó e hizo visible las obras de las mujeres lingüistas a lo largo de la historia y en diferentes tradiciones, desde las lenguas clásicas o el castellano hasta las lenguas orientales.

Con ese objetivo, en 2016 tuvo lugar en la Royal Society de Londres un cónclave de investigadoras de más de veinte países en el congreso científico ‘Distant and neglected voices: women in the history of linguistics’, que repasó el papel de las mujeres en el estudio del latín y el castellano desde el siglo XV hasta el XIX. Un encuentro en el que se analizó la contribución de las mujeres en el estudio del lenguaje desde tradiciones tan diferentes como la occidental, la africana, la oriental o la árabe.

El objetivo, según explicaba Calero, es que “esta imponente herencia femenina se incorpore con toda naturalidad a la historiografía lingüística oficial, así como a los programas de enseñanza universitaria. Será un proceso largo, que seguramente encontrará las inevitables resistencias, pero esa incorporación de las voces de las mujeres lingüistas a la historia común será, a partir de la publicación de esta historia de las mujeres lingüistas, un hecho imparable”.

El lenguaje y la historia

Esta nueva línea de investigación no fue el primer intento de la profesora Calero de acercarse a un análisis histórico del estudio del lenguaje. Desde que en 1994 publicara el libro ‘Proyectos de lengua universal. La contribución española’, en el que repasaba los intentos españoles por crear lenguas artificiales, la catedrática de Lingüística de la Universidad de Córdoba siempre utilizó la perspectiva historiográfica para arrojar luz a la evolución del lenguaje.

En este sentido, Calero dictó un curso en la Universidad de Extremadura en el que presentó el ‘neocriollo’, una suerte de lengua mitad castellano mitad portugués que el pintor argentino Xul Solar imaginó como el idioma común para América Latina. Una idea que no prosperó pero que presenta un ejemplo más de los intentos por facilitar el entendimiento universal.

Entre las cientos de lenguas artificiales que se conocen, son muy escasas las que han llegado a prosperar como lenguas de comunicación real y efectiva. La más célebre entre ellas es el esperanto, creado en 1876 por el polaco L. Zamenhof y hoy hablada por más de dos millones de personas en el mundo, según explica Calero. Para la profesora, el esperanto es el ejemplo más claro de una de las muchas aportaciones que han hecho las lenguas artificiales a la comunicación en general.

Xul Solar
Xul Solar

También los inventores de lenguas artificiales han ayudado a crear nuevos códigos lingüísticos para encriptar mensajes, como fue el caso del español Juan Caramuel en el siglo XVII, entre otros. Algunos otros creadores de lenguas vieron la posibilidad de inventar nuevos lenguajes científicos para una más exacta denominación del ámbito de la botánica, la zoología, la química, la medicina, etc., como el Padre Sarmiento en el siglo XVIII.

“Todos estos casos sirven también para demostrar la aportación de las lenguas artificiales al lenguaje en particular, puesto que todos estos autores que se preocuparon por inventar nuevas lenguas de comunicación realizaron a la vez un gran esfuerzo de reflexión sobre las lenguas y el lenguaje, en su intento de hallar rasgos comunes a todas las lenguas para que esas nuevas lenguas inventadas fueran eficaces como medios de comunicación universal”, explica Calero.

Mucho de todo, nada de nada

Posted on

En los tiempos actuales, la sobrecarga de información y la tendencia a la idiocracio son el caldo de cultivo ideal para generar estados de alarma y miedo
En los tiempos actuales, la sobrecarga de información y la tendencia a la idiocracia son el caldo de cultivo ideal para generar estados de alarma y miedo

Aunque la historia de la manipulación y la propaganda tiene una trayectoria de muchos siglos, el actual entorno comunicativo, caracterizado por su digitalidad e interactividad, alimenta la circulación del mayor volumen de falsas informaciones conocido hasta la fecha.

La nueva era de la posverdad se configura como un fenómeno complejo asentado a partir de la confluencia de tres factores: la proliferación de pseudo-contenidos en las autopistas digitales de la información, las condiciones tecnológicas y el modelo de negocio de las principales plataformas de la comunicación y la información digital y la escasa preparación de las audiencias para manejar la sobrecarga informativa a la que se enfrentan diariamente.

En un informe sobre la desinformación publicado hace escasas semanas, la Comisión Europea recomienda el abandono del término fake news porque simplifica un fenómeno que va mucho más allá de la creación ad hoc de falsas noticias. En nuestros días, la falsedad puede adquirir múltiples formas que desbordan tan limitada concepción.

La posverdad puede configurarse a partir de la estrategia del clickbait, consistente en la generación de titulares atractivos y sensacionalistas que nada tienen que ver con el contenido de la noticias y cuyo único objetivo es generar el interés del usuario para engordar el tráfico a determinadas webs persiguiendo fines económicos.

El contenido invisiblemente esponsorizado es otro de los modelos de posverdad que encontramos en los entornos virtuales. Su materialización se ejecuta bajo el modelo de acción de los influencers que, en las redes sociales, muestran un estilo de vida hipercapitalista que contribuye a sustentar el mercado bajo principios neoliberales, a la vez que ofrecen su adhesión a determinados productos ocultando sus relaciones contractuales con las marcas que publicitan.

El contenido partidista de determinados diarios digitales que manifiestan un evidente sesgo en la presentación de los hechos y utilizan un lenguaje extremadamente emocional y apasionado o la construcción de teorías conspirativas y contenidos pseudo-científicos, que intentan explicar de forma simple realidades complejas como respuesta a las relaciones de miedo o incerteza de una aturdida población, son otros modelos de falsos contenidos que golpean a cada minuto la línea de flotación de la calidad informativa a la que tiene derecho el ciudadano.

Desde el lado de la tecnología, la eclosión de las plataformas digitales 2.0 y las redes sociales a partir del año 2004 ha creado un sistema mediático caracterizado por la sobreabundancia de información y el oligopolio de un puñado de plataformas cuyo modelo de negocio constituye el caldo de cultivo ideal para la propagación de la desinformación.

Las redes sociales como Facebook y Twitter no solo se fundamentan en una economía del dato, basada en la publicidad personalizada a partir del perfilado previo de los usuarios de tales redes, sino también en una economía del tiempo, que provoca que estos servicios diseñen sus interfaces para que el usuario permanezca el mayor tiempo posible navegando en ellas a fin de generar un elevado volumen de información que será posteriormente rentabilizada por la plataforma.

Para atrapar al usuario, los algoritmos que dan acceso a la información en estos servicios sociales tienden, por defecto, a otorgar mayor visibilidad a aquellos contenidos que logran un mayor impacto en las audiencias, independientemente de si son veraces o no.

Por otro lado, la creación de cuentas falsas en Twitter gestionadas automáticamente a partir del uso de bots con el fin de distribuir noticias falsas de forma masiva ha sido una constante en campañas electorales y eventos de marcado carácter político, como sucedió en el referéndum celebrado en Cataluña el pasado 1 de octubre.

Sin embargo, la propagación de la falsedad no solo debe atribuirse a la capa tecnológica sobre la que se erigen las redes sociales. Según un reciente estudio del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), los contenidos falsos se expanden más rápido y llegan más lejos en las redes sociales que los hechos verídicos, y esa propagación no es efectuada de forma mayoritaria por estos bots automáticos, sino a partir de la acción directa de los humanos.

Cuando un contenido es emocional, novedoso y refuerza nuestra ideología y nuestras experiencias previas, es altamente probable que sea propagado de forma acrítica sin las comprobaciones oportunas a propósito de su veracidad.

Afrontar el problema de la desinformación exige una aproximación multidimensional. La Comisión Europea pide precaución contra las soluciones simplistas y recomienda examinar el fenómeno desde diferentes perspectivas, entre las que destacan el refuerzo de la transparencia del ecosistema informativo digital, la adopción de eficientes proyectos educativos para potenciar las competencias mediáticas de la ciudadanía y apostar por el desarrollo de herramientas de última generación a fin de empoderar a los usuarios y a los profesionales de la información en la gestión de la sobrecarga (des)informativa que inunda de forma creciente nuestras múltiples pantallas.

Un oxímoron que pone a trabajar al cerebro

Posted on

Muerto viviente, silencio atronador, ortodoxia punk y monstruo hermoso. Son ejemplos de oxímoron, una combinación de dos palabras que al juntarse cambian su significado individual, y que además generan una intensa actividad en el área frontal izquierda del cerebro. Cuanto menos natural es la expresión, más recursos requiere para ser procesada en la parte frontal izquierda del cerebro
Muerto viviente, silencio atronador, ortodoxia punk y monstruo hermoso. Son ejemplos de oxímoron, una combinación de dos palabras que al juntarse cambian su significado individual, y que además generan una intensa actividad en el área frontal izquierda del cerebro. Cuanto menos natural es la expresión, más recursos requiere para ser procesada en la parte frontal izquierda del cerebro

Los políticos en sus discursos, los generales en sus arengas y los amantes en sus poemas han utilizado desde siempre las figuras retóricas para convencer, infundir valor o seducir. El poder de las palabras hábilmente combinadas se conoce desde la Grecia clásica, pero ahora los científicos han logrado medir empíricamente la capacidad de una figura literaria para generar actividad cerebral en las personas.

Investigadores del centro donostiarra Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) han demostrado que el oxímoron genera una intensa actividad cerebral en el área frontal izquierda del cerebro, una actividad que no se produce cuando se trata de una expresión neutra o de una incorrecta.

Un oxímoron es una combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido. Por ejemplo: noche blanca, muerto viviente o silencio atronador.

“Nuestra investigación demuestra el éxito a nivel retórico de las figuras literarias, y la razón de su efectividad es que atraen la atención de quien las escucha”, explica Nicola Molinaro, autor principal del estudio. “Se reactiva la parte frontal del cerebro y se emplean más recursos en el proceso cerebral de esa expresión”.

El investigador señala que el resultado de los experimentos se relaciona “con la actividad que requiere procesar la abstracción de figuras retóricas como el oxímoron, que tratan de comunicar cosas que no existen”.

Entre todas las figuras retóricas se escogió ésta por su fórmula sencilla de construir, lo que facilita medir con mayor precisión la actividad cerebral que genera. No ocurre así con otras figuras más complejas, como las metáforas.

El descubrimiento se ha publicado en la revista NeuroImage, una de las cabeceras más prestigiosas en este campo. La aceptación del artículo no ha necesitado de imágenes, algo inusitado en esta publicación, ya que toda la fase experimental se ha ejecutado por medio de electroencefalogramas.

El experimento del monstruo y sus adjetivos

Molinaro, junto a sus compañeros Jon Andoni Duñabeitia y Manuel Carreiras –director del BCBL–, han ideado varias listas de frases incorrectas, neutras, oxímoron y pleonasmos (vocablos innecesarios que añaden expresividad), empleando el mismo sustantivo como sujeto: la palabra ‘monstruo’.

Los investigadores han utilizado ‘monstruo geográfico’ como expresión incorrecta, ‘monstruo solitario’ como expresión neutra, ‘monstruo hermoso’ como oxímoron, y ‘monstruo horrible’ como pleonasmo. Después, se les mostraron estas listas a personas de entre 18 y 25 años y se midió su actividad cerebral cuando las procesaban por medio del electroencefalograma.

Los resultados muestran que cuanto menos natural es la expresión más recursos requiere para ser procesada en la parte frontal izquierda del cerebro. La frase neutra ‘monstruo solitario’ es la que menos recursos cerebrales necesita para procesarse. En cuanto a la expresión incorrecta ‘monstruo geográfico’, 400 milisegundos después de percibirla, el cerebro reacciona al detectar que hay un error.

Sin embargo, en el caso de los oxímoron, como ‘monstruo hermoso’, 500 milisegundos después de percibirse la expresión se midió una intensa actividad cerebral en la parte frontal izquierda del cerebro, un área íntimamente relacionada con el lenguaje que los seres humanos tienen muy desarrollada en comparación con otras especies. En el caso del pleonasmo ‘monstruo horrible’ se midió una actividad mayor que en la expresión neutra, pero menor que en el caso del oxímoron.

Esta investigación forma parte de una de las grandes áreas de estudio del BCBL: el lenguaje. En sus instalaciones de San Sebastián, entre otros campos relacionados con la investigación del cerebro, el centro estudia múltiples aspectos de la relación entre la cognición y el lenguaje, como el aprendizaje, el bilingüismo o los problemas asociados.

Una vez comprobado el éxito de este trabajo, el centro ha decidido ampliar el estudio de este campo. Molinaro ya ha comenzado a repetir este experimento con la resonancia magnética, para obtener imágenes de la actividad cerebral cuando se procesan figuras retóricas. El objetivo es estudiar las conexiones entre dos áreas muy implicadas en el procesamiento del significado: el hipocampo, una parte interna del cerebro, y el área frontal izquierda.

El anhelo de una lengua universal

Posted on

El Klingon es una lengua desarrollada por Marc Okrand para los estudios Paramount Pictures.Este idioma pertenece a los Klingons, una raza que durante los comienzos de la serie original de Star Trek no iba a tener mayor protagonismo, sin embargo, la sencillez y los bajos costos en maquillaje les garantizaron su permanencia. James Doohan creó los sonidos básicos y algunas palabras para la primera película basada en la serie original Star Trek: The Motion Picture (1979). Hasta ese momento los klingon solo se habían expresado en inglés. Luego, Okrand creó un amplio léxico y una gramática completa para Star Trek III: En busca de Spock (The Search for Spock) y las siguientes producciones de la franquicia.
El Klingon es una lengua desarrollada por Marc Okrand para los estudios Paramount Pictures.Este idioma pertenece a los Klingons, una raza que durante los comienzos de la serie original de Star Trek no iba a tener mayor protagonismo, sin embargo, la sencillez y los bajos costos en maquillaje les garantizaron su permanencia. James Doohan creó los sonidos básicos y algunas palabras para la primera película basada en la serie original Star Trek: The Motion Picture (1979). Hasta ese momento los klingon solo se habían expresado en inglés. Luego, Okrand creó un amplio léxico y una gramática completa para Star Trek III: En busca de Spock (The Search for Spock) y las siguientes producciones de la franquicia.

Del quenya al klingon pasando por el simlish o el alto valyrio, los idiomas extravagantes forman parte del imaginario de la literatura fantástica y en ocasiones tienen tanto cuerpo gramatical como el volapük o el esperanto, lenguas artificiales creadas para la comunicación en el mundo real.

El hervidero político europeo durante el siglo XIX, alimentado por el Romanticismo, desembocó en nacionalismos extremos que habrían de conducir durante el siglo siguiente a los dos peores conflictos bélicos registrados históricamente en el Viejo Continente.

Como reacción a estos movimientos exageradamente patrióticos, un puñado de idealistas lanzó la idea de crear un lenguaje universal como vehículo de fraternidad para evitar los enfrentamientos internacionales y así surgieron varias iniciativas en el mundo real que tuvieron su reflejo posterior en el género fantástico, donde además sirvieron para dotar de estructura y credibilidad a algunas de sus obras más famosas.

El párroco católico alemán Johann Martin Schleyer fue el primero en diseñar una lengua artificial destinada a facilitar la comprensión entre las distintas culturas en una Europa que había comenzado el siglo XIX con las guerras napoleónicas y se acercaba a su final tras la guerra francoprusiana y los conflictos exteriores como el de los bóers en Suráfrica o el de los bóxers en China.

Schleyer creó el volapük en 1879 basándose en el lema “Menefe bal, püki bal” (“Una única lengua para una única humanidad”) y obtuvo un gran éxito de inmediato: 100.000 personas de 280 asociaciones llegaron a utilizarla y publicar más de 300 libros de texto.

Pero su complejidad gramatical y, sobre todo, los enfrentamientos entre su fundador y uno de sus discípulos, el holandés Auguste Kerckhoffs, terminaron con su popularidad.

Muchos partidarios del idioma universal se pasaron entonces al esperanto, un experimento similar impulsado por el oftalmólogo judeopolaco Ludwik Lejzer Zamenhof, quien también conocía el volapük.

De hecho, hablaba alemán, polaco, ruso, yiddish, latín, griego, hebreo clásico, francés e inglés, además de poseer conocimientos básicos de español, italiano y otras lenguas.

Zamenhof soñaba con el perfecto idioma auxiliar para la comunicación internacional y en 1887 publicó el “Unua Libro” (“Primer Libro”) que describe el esperanto tal cual hoy lo conocemos aunque, pese a sus esfuerzos, ninguna nación lo adoptó jamás como lengua oficial y se estima que hoy día lo manejan menos de 10.000 personas.

Entre los escritores del género fantástico que han desarrollado lenguajes artificiales para sus obras, el gran maestro es J.R.R.Tolkien, el autor de “El Señor de los Anillos” y “El Hobbit”.

Lingüista destacado, desarrolló durante toda su vida algunos de sus idiomas más famosos, como el quenya o lenguaje de los altos elfos de Valinor.

También creó el sindarin o élfico gris, el adunaico de Númenor y otros, hasta un total de quince lenguajes diferentes.

Dentro de la Ciencia Ficción propiamente dicha, uno de los idiomas artificiales más populares es el klingon, desarrollado por otro lingüista, el norteamericano Marc Okrand, quien recibió el encargo de dotar con su propio idioma a la belicosa y homónima raza extraterrestre que aparece en “Star Trek”.

A este idioma se han traducido algunas obras de Shakespeare como “Hamlet” y “Mucho ruido y pocas nueces” porque, como dice el Canciller Gorkon, uno de los personajes klingon: “usted no ha experimentado realmente a Shakespeare hasta que no lo ha leído en el klingon original”.

Okrand también inventó el vulcaniano, idioma de los nativos de Vulcano como el doctor Spock, aunque la frigidez emocional y la rigidez social de esta raza lo han convertido en una lengua poco utilizada.

Menos elaborado es el Simlish o lengua ficticia de los videojuegos de Maxis para sus aventuras con los Sims.

Pese a su sencillez, es un lenguaje difícil ya que está compuesto por balbuceos y sonidos como el de los bebés, con expresiones como “Sool-Sool” (“Hola”) o “Veena Fredishay” (“Vamos a jugar”).

El idioma de moda en el fandom en la actualidad es el alto valyrio, una lengua muerta pero recordada a través de multitud de canciones y libros que aparecen en la saga de “Hielo y Fuego” de G.R.R. Martin, popularizada mundialmente gracias a la serie televisiva de “Juego de Tronos”.

Su frase más popular es “Valar Morghulis” (“Todos los hombres deben morir”), como bien saben los numerosos personajes decapitados, apuñalados, quemados, envenenados y, en general, asesinados por Martin en sus libros.

De todas formas, hay que recordar que la Ciencia Ficción resolvió hace mucho tiempo el problema del lenguaje universal gracias a la telepatía. Pero ésa es otra historia…

El castellano alegra; las canciones en inglés, deprimen

Posted on Actualizado enn

Investigadores de Estados Unidos y Australia han desarrollado un ‘hedonímetro’ que permite analizar el contenido emocional del lenguaje. Tras estudiar 100.000 vocablos de 10 idiomas diferentes, han determinado que, en positividad, el español se sitúa a la cabeza de las lenguas
Investigadores de Estados Unidos y Australia han desarrollado un ‘hedonímetro’ que permite analizar el contenido emocional del lenguaje. Tras estudiar 100.000 vocablos de 10 idiomas diferentes, han determinado que, en positividad, el español se sitúa a la cabeza de las lenguas

El lenguaje es la mayor tecnología social desarrollada por la humanidad, capaz de reflejar en la mente el contenido de las historias que los propios hombres y mujeres elaboran y cuentan. El efecto de los idiomas en la configuración de los pensamientos ha sido durante mucho tiempo un tema controvertido. En 1969, Boucher y Osgood formularon la hipótesis de Pollyanna, que propone la existencia de un sesgo hacia la positividad en la comunicación humana.

Ahora, un equipo de investigadores de Estados Unidos y Australia ha podido confirmar esta hipótesis. En su trabajo han evaluado 100.000 palabras repartidas en 24 corpus de 10 idiomas diferentes en origen y cultura: español de México, francés, alemán, portugués de Brasil, coreano, chino, ruso, indonesio y árabe.

Las fuentes de estos corpus de palabras han sido varias: libros de Google Books, medios de comunicación como The New York Times, la red social Twitter, páginas web, subtítulos de televisión y de cine y letras de canciones musicales. Y en todos ellos se ha comprobado que las palabras alegres priman sobre las tristes.

Los investigadores, encabezados por Peter Sheridan Dodds de la Universidad de Vermont (Estados Unidos), apuntan que los resultados obtenidos prueban “una profunda huella de sociabilidad humana en el lenguaje”, lo que se refleja en que “las palabras del lenguaje humano natural poseen un sesgo hacia la positividad universal, en que el contenido emocional estimado de las palabras es consistente entre las lenguas bajo traducción, y en que este sesgo de positividad es independiente de la frecuencia de uso de las palabras”.

A partir de técnicas de minería de datos, el equipo de científicos localizó las 10.000 palabras más utilizadas en cada uno de los diez idiomas y seleccionó a nativos para que puntuaran en una escala de 1 a 9 puntos cada una de las palabras en función del optimismo que reflejaran, dando menos puntuación a las palabras negativas –como desgracia, muerte o cáncer– y más a las positivas –como cumpleaños, vida o sorpresa–.

En todos los corpus de palabras analizados se encontró un sesgo hacia lo positivo, aunque las mayores tasas se identificaron en las páginas web en español, los Google Books en español y Twitter en español, seguidas de las páginas web en portugués y Twitter en portugués. Las tasas más bajas se registraron, por el contrario, en las letras de las canciones en inglés, los subtítulos de las películas en coreano y los Google Books en chino.

A través de este método, los investigadores han desarrollado un hedonímetro, un sistema capaz de estimar la felicidad contenida en un texto escrito. El próximo objetivo será aplicar este método en otros lenguajes y en diferentes grupos demográficos.