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Satán, su ‘vendetta’ y la succión de demonios

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A William Blake le debemos la imagen gráfica de Satán como un héroe romántico (la literaria se la debemos a John Milton), una visión muy alejada de su imagen como macho cabrío heredada de la iconografía asociada al dios Pan de la mitología romana
A William Blake le debemos la imagen gráfica de Satán como un héroe romántico (la literaria se la debemos a John Milton), una visión muy alejada de su imagen como macho cabrío heredada de la iconografía asociada al dios Pan de la mitología romana

El periodista y escritor cántabro Fermín Bocos es el autor de ‘Viaje a las puertas del infierno. Las entradas ocultas del Hades’ (Colección Ariel), un libro “complejo a la hora de definir” porque aúna viajes a lugares antiguos donde se creía que estaban las puertas del infierno con una reflexión que bordea el ensayo sobre la desaparición del miedo al infierno y al diablo.

Así lo explica el autor, que ha apuntado que “en el mundo occidental de repente ha desaparecido algo que durante veinte siglos estuvo gravitando durante las conciencias de la gente”: el temor a ir al infierno.

Sin embargo, Bocos cree que “basta con abrir un periódico o ver la televisión para comprender que el mal no sólo existe, sino que se extiende”. “El jefe de Recursos Humanos del infierno y del mal es el diablo”, afirma.

A su juicio, la pérdida de ese temor se debe a que “los planes de estudio han confinado la Historia Sagrada y la de las religiones a opciones de padres y alumnos” y a que “se ha ido prescindiendo del legado histórico”, entrado en una “zona de niebla” en relación con la memoria del mundo”.

Esta reflexión marca el ‘Viaje a las puertas del infierno’ de Fermín Bocos, a través de 17 capítulos, “unidos simplemente por la idea del viaje” a numerosos lugares, algunos más cercanos como El Monastrio de El Escorial en Madrid y otros remotos que se ubican en Japón, China, India, Israel o Babilonia en plena Guerra de Irak, a donde el escritor viajó en una “irrupción periodística” durante los primeros tiempos de la invasión de Estados Unidos.

Precisamente el capítulo que transcurre en Babilonia es el más antiguo de todos, ya que los demás corresponden a viajes recientes. “Ha sido un proceso de acumulación durante 4 ó 5 años. Un viaje y vuelta. Previa documentación, bien vivirlo, bien contarlo y, al final, sale el libro”, manifiesta.

Según relata el escritor, una de las anécdotas que se recogen en el libro sucedió en Sicilia (Italia), a donde viajó en dos ocasiones. Justo al subir al altar de Ceres, estaba “lloviendo a mares” y sonó su teléfono. “No se me ocurrió otra cosa que cogerlo”, indica Bocos, para después de revelar que un rayo le “pegó un zurriagazo” que le mantuvo dos o tres meses sin sensibilidad en tres dedos de una mano.

A través de sus viajes, plasmados ahora en este libro, Bocos cuenta que Turín es la ciudad del diablo, que en Roma hay una iglesia en la que “hay vestigios de personas que han vuelto de purgatorio para dar fe de que existe”, que existe un templo dedicado al diablo en pleno centro de Tokio o un mercado del diablo las noches de los sábados en la ciudad china de Xian, donde también se encuentran los famosos Guerreros de Terracota.

Asimismo, el escritor cántabro detalla que en su novela también hay un recorrido por los oráculos y agrega que, de hecho, el libro estuvo a punto de titularse ‘Cuando los Dioses hablaban con los hombres’.

Acerca del tipo de lector al que se dirige esta novela, Bocos entiende que “los libros no son de quien los escribe, sino de quien los recibe”.

En este sentido,  indica que así como sus libros anteriores son novelas de ficción e históricos con un público “muy concreto”, este es un libro “transversal” porque puede interesar a los aficionados al mundo antiguo, a personas a las que les gusta viajar y conocer lugares, así como a quienes puedan sentir “una pulsión que es común a todos los seres humanos”, que es la espiritual.

“La melancolia de los seres humanos procede del silencio de Dios”. Con esta frase arranca el libro Fermín Bocos, quien cree que “el silencio de Dios, en una época en la que hay tanto mal a la vista, realmente a mucha gente le preocupa”. “Es una forma poética de preguntarnos qué hacemos para intentar vencer el mal. A veces la fe es la esperanza que nos lleva a pensar que el mal no prevalecerá”, concluye.

Diablo por aquí, diablo por allá

El escritor y periodista Francisco J. de Lys reflexiona sobre los pactos con el diablo y el mal en su novela, “El Laberinto de Oro” (Ediciones B).

Con Barcelona como protagonista principal de toda la trama, el autor confiesa que su mayor reto consistió en mantenerse “entre el límite mismo del mundo real y el mundo fantástico, sin traspasarlo”, aunque adentrándose lo más posible “en el misterio, en lo ultraterrenal”.

“Mis personajes son reales y viven en un mundo real, aunque estén rodeados de formulas alquímicas de oro, brujas y reuniones sabáticas, pero sin recurrir a elementos fantásticos”, apunta de Lys.

Así, la fórmula de obtención del oro alquímico, los pactos demoníacos y los muchos asuntos esotéricos de esta novela “se suplantan de manera muy sutil por fetiches, juguetes antiguos o inocentes recortables infantiles que pasan a convertirse en sibilinas armas”, subraya el autor.

Otro de los hechos que le diferencia de novelas similares sobre esta ciudad sería, en su opinión, que la trama ocurre en la Barcelona actual, con personajes de hoy en día, “y en una acción acotada tan sólo a unas horas de tiempo, pero que da la sensación al lector de haber vivido una intensa historia familiar”.

En la noche de Todos Los Santos, las calles de Barcelona conforman los tramos de un gigantesco laberinto en donde los dos protagonistas principales de esta novela, Gabriel Greig y Lorena, deben resolver un enigma que se esconde en el centro urbano y en un plazo de sólo cuarenta y tres horas.

La novela comienza en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona cuando un anciano decrépito le pide al protagonista que salde un antiguo contrato en una noche en la que se mezclan pactos con el diablo, oro alquímico, una portentosa joya y los asesinatos en serie perpetrados por un monje bibliómano en la Barcelona del siglo XIX.

De Lys, periodista que es autor también de El Alfabeto de Babel, confiesa que su novela forma parte de una tetralogía iniciada “con la visión hernandiana de las tres heridas: la de la vida, la de la muerte y la del amor”.

“Mi primera obra trató sobre Dios y la Vida, ésta sobre el mal y el diablo, en la tercera abordaré la idea de la muerte y en el último volumen podría reflexionar sobre el amor”, puntualiza.

“Mi novela está diseñada para mantener al lector en constante atención y que el interés no decrezca, sino que vaya ‘in crescendo’; cada capitulo engloba su propio planteamiento, nudo y desenlace y todos ellos están interconectados entre sí”, subraya el escritor.

De Lys tiene claro que su novela debe ser de obligada lectura, frente a las de autores como Carlos Ruiz Zafón, Ildefonso Falcones o Chufo Llorens, con Barcelona también como telón de fondo, “porque mientras que la ciudad enmarca a sus personajes en sus obras, en El Laberinto de oro se convierte en la protagonista principal”, puntualiza.

Al final de la novela se muestra un plano de la Barcelona esotérica y mágica narrada por De Lys, “con un setenta por ciento de los edificios reales y otro treinta por ciento basado en leyendas”, subraya.

Una leyenda como aquélla que asegura que el diablo se pasea tranquilamente por las Ramblas vestido como un caballero muy elegante, dispuesto a tomar como presa a cualquier incauto ávido de codicia.

“Una de las razones que me impulsó a escribir novelas de misterio fue poner en conocimiento de la gente esos ‘no-lugares’ que nunca figuran en las guías turísticas, a medio camino entre una pesadilla de Poe o una quimera de Lovecraft”, asegura De Lys, editor de un plano-guía de la ruta del modernismo catalán durante muchos años.

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El demonio en el señor Paganini

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Dicen que cuando Paganini contaba sólo cinco años, el diablo se le apareció en sueños a su madre, Teresa Bocciardo, asegurándole que su hijo sería un famoso violinista, lo cual hizo que su padre, Antonio Paganini, virtuoso con la mandolina y el violín, le obligase a practicar durante más de diez horas diarias
Dicen que cuando Paganini contaba sólo cinco años, el diablo se le apareció en sueños a su madre, Teresa Bocciardo, asegurándole que su hijo sería un famoso violinista, lo cual hizo que su padre, Antonio Paganini, virtuoso con la mandolina y el violín, le obligase a practicar durante más de diez horas diarias

El músico que ejecutaba de formas poco convencionales su violín favorito Guarnerius, con tres, dos e incluso una cuerda, de tal forma que parecían ser varios violines, fue Niccolò Paganini, quien murió en 1840.

Paganini fue un genio inigualable que impactaba por su forma de tocar el violín, era muy admirado por sus perfectas y originales ejecuciones.

Niccolò Paganini Bocciardo nació el 27 de octubre de 1782 en Génova, Italia. Su padre, Antonio, se dedicaba al comercio marítimo y, además, era violinista, de tal modo que Niccolò comenzó su aprendizaje musical con la mandolina, instrumento que tocó desde los cinco años.

Así se dieron cuenta que tenía los dedos y los brazos más largos de lo normal, y desde los siete años empezó a tocar el violín, pues podía abarcar más espacios en las cuerdas. Con nueve años realiza su primera aparición pública.

En 1801 compuso más de 20 obras en las que combinó la guitarra con otros instrumentos. Sus obras incluyen veinticuatro caprichos para violín solo (1801-1807), seis conciertos y varias sonatas, además de 200 piezas que involucraban de alguna manera a la guitarra.

Se decía que había hecho un pacto con el demonio y que en su violín encerraba el alma de mujeres de hermosa voz.

El mito de Paganini se comenzó a fraguar cuando tenía 5 años. Su madre aseguró haber tenido un sueño en el que se le apareció el demonio y le dijo que su hijo Niccoló sería un violinista famoso. A partir de entonces su padre le obligó a estudiar música durante 10 horas al día.

Rápidamente comenzó a dar muestras de su enorme talento musical y con 6 años dio su primer concierto, a los 9 hizo su primera gira y a los 16 ya era mundialmente famoso. Comenzó a dar conciertos por toda Europa y su fama se elevó hasta límites inimaginables para la época amasando una gran fortuna que dilapidaba en fiestas y juegos de azar. Además, su popularidad como músico sólo era superada por su fama de mujeriego. Decían de él que a pesar de ser “feo y descuidado” ejercía una extraña y poderosa atracción a las mujeres. No en vano tuvo un lío con las dos hermanas del emperador Napoleón Bonaparte, entre otras muchas.

Pero lo más sorprendente de Paganini era, sin duda, su genio musical. Y no sólo por crear más de 200 composiciones musicales sino, sobre todo, por su increíble y peculiar técnica a la hora de tocar el violín.

Su cuerpo alto y desgarbado poseía un flexibilidad especial que le permitía realizar movimientos imposibles para cualquier otro, como cruzar los codos uno por encima de otro mientras tocaba o flexionar lateralmente las articulaciones de sus dedos consiguiendo llegar a notas inalcanzables para la mayoría de los mortales.

Una de sus habilidades más aplaudidas era cuando retiraba tres de las cuatro cuerdas del violín y con esa única cuerda hacía sonar el violín como si fueran varios los que se tocaran. También era capaz de hacer increíbles Pizzicatos (pellizcar las cuerdas) con la mano izquierda, la mano de los trastes. Para que se hagan una idea, aquí tienen un vídeo con algunas de sus técnicas.

Pero esta habilidad tenía un pequeño secreto y no se trataba, según se rumoreaba entonces, de un pacto con el diablo. En realidad se piensa que Paganini sufría del síndrome de Marfan, una enfermedad que afecta al tejido conectivo, lo que le da a quien lo padece largas y flexibles extremidades.

Como su genialidad musical surgió a una edad muy temprana, alcanzó las mieles de éxito muy joven, pero con ese éxito vino una vida plagada por el desorden y los abusos. Paganini, con tan sólo 16 años, llegó a perder tanto dinero que en varias ocasiones llegó a dejar empeñado su violín para poder cubrir sus deudas de juego. Pero al final, terminó librándose del vicio y nunca más se acercó a una mesa de apuestas.

Paganini era capaz de tocar a la espectacular velocidad de doce notas por segundo. Ese es el tiempo que la mayoría de los músicos tardan en leer doce notas. También innovó con sus técnicas de memorización; antes de él, todos los violinistas iban acompañados del programa que debía ser tocado. Paganini, a su vez, acostumbraba simplemente a subirse al escenario con su instrumento, sacudiendo su larga cabellera y poniéndose a tocar. Todo el programa estaba en su memoria.

Su técnica era tan asombrosa que se pensó que existía algún influjo diabólico sobre él, debido a su extraña apariencia y adelantos musicales, que eran una verdadera obra de arte. Entre sus apuntes aparecía una “nota 13”, de gran dificultad con una de las cuatro cuerdas del violín.

Con todo ese talento extraordinario, el virtuoso violinista se convirtió en leyenda. Asociada a la increíble velocidad que alcanzaba cuando tocaba, estaba su apariencia cadavérica, que causaba cierto terror en las personas que tenían miedo de asistir a sus presentaciones. Niccoló medía 1.65 metros de alto, era muy delgado, tanto que su cuerpo y extremidades asemejaban a líneas largas y sinuosas, de cara muy pálida y rasgos marcados, ojos de águila (oscuros y penetrantes), nariz puntiaguda, cabellera larga ondulada que caía sobre sus delgados hombros. No era de extrañar, el hombre vivió toda su vida luchando contra una enfermedad severa que le exigía una dieta rigurosa y muchas horas de sueño. En la época, sin embargo, muchos creían que Paganini había vendido su alma al diablo a cambio de su perfección musical.

De 1805 a 1813 dirigió en la corte de María Anna Elisa Bacciocchi, princesa de Lucca y Piombino y hermana de Napoleón. Entre sus mejores maestros estuvieron Giovanni Servetto y Alessandro Rolla, quien al escucharlo dijeron que no tenían nada que enseñarle.

El músico desarrolló un carácter aventurero y apasionado, por lo que decidió comenzar sus giras por su cuenta. En 1827 realizó el primer concierto importante de su carrera, que fue compuesto por él con técnicas novedosas y se llevó a cabo en Nápoles.

Entre 1829 y 1831 conoció a Goethe, Heine y Shumann, creadores en los que logró influir enormemente.

Su fama creció tanto que las entradas de sus espectáculos demasiado caros, lo que generó descontento ya que muchos lo querían ver no solo por ser un virtuoso sino por observar su peculiar conformación física, que le permitió interpretar de un modo distinto las piezas musicales en su violín.

Renunció a las giras en 1834. Además, fue tutor del violinista Antonio Bazzini, a quien motivó para iniciarse.

Se casó con la bailarina Antonia Bianchi, con quien se fue a vivir y tuvo a su hijo, Aquiles. Paganini tenía varias enfermedades serias que empezaron a desarrollarse gravemente cuando tenía 38 años.

Entre sus posesiones se encontraban siete violines Stradivarius, aunque su predilecto era un Guarneri del Gesù de 1742, llamado “Il Cannone”, que hoy está expuesto en el Palacio cívico de Génova.

Sus obras más importantes son: los conciertos para violín números uno y tres en Re Mayor, Opus 6, el Concierto No. 2 en Si Menor Opus 7, “La campanella”.

Su salud se fue deteriorando por un cáncer de laringe que le hizo perder la voz a pasos agigantados y por el “calomel”, un laxante de mercurio que tomaba por recomendación médica para tratar la sífilis. Sus ánimos bajaron y se le veía muy envejecido.

En 1830 le empezó una disfonía, por lo que en 1838 se quedó completamente mudo. Finalmente, murió en Niza, Francia, el 27 de mayo de 1840. Más tarde se supuso que padecía el síndrome de Marfán, un trastorno hereditario que se manifiesta en problemas cardiovasculares, oculares y óseos.

Un obispo le negó su entierro a causa de los rumores sobre Paganini y el diablo, su cuerpo fue embalsamado durante dos meses y durante un año fue depositado en el sótano de la casa de su hijo hasta ser enterrado en el lazareto de Villefranche. En 1876 sus restos fueron llevados a Parma.

Guía rápida para expulsar demonios

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Para conocer la situación en la que se encuentra cada persona, el representante de la iglesia autorizado para estas prácticas mantiene una conversación en la que percibe si existe una influencia diabólica
Para conocer la situación en la que se encuentra cada persona, el representante de la iglesia autorizado para estas prácticas mantiene una conversación en la que percibe si existe una influencia diabólica

En 1973 la gran pantalla proyectaba la película «El Exorcista», de William Friedkin, una cinta que cuatro décadas después sigue siendo una producción de culto. La historia de la niña de 12 años Regan MacNeil y su lucha contra el demonio dio la vuelta al mundo, pero las influencias satánicas no son algo que se quede en la ficción.

Expertos en demonología, la rama de la teología que estudia la naturaleza y las cualidades del demonio, apuntan hacia Galicia como uno de los lugares en los que se practica un número significativo del total de exorcismos.

Esto no se debería necesariamente a que en la comunidad se produjesen un mayor cantidad de casos, sino al prestigio de algunos santuarios para la aplicación de la bendición y afrontar esas circunstancias.

El santuario de San Campio, en Tomiño (diócesis de Vigo-Tui), es precisamente uno de esos puntos a los que las personas que tienen inquietudes espirituales acuden con más frecuencia.

Allí, el padre José Luis Portela, sacerdote del santuario, atiende las necesidades de los fieles que, él mismo explica, llegan de diferentes puntos de España, además de practicar exorcismos.

Media de 50 personas

«Diariamente viene una media de 50 personas a recibir la bendición y a pedir la ayuda y el apoyo del sacerdote», y hasta 150 los domingos, explica Portela. Aunque pueden pasar semanas sin que ninguna presente influencias satánicas “luego puede haber semanas en las que vengan dos o tres personas que sí”.

Pero, ¿cómo identifica cada caso antes de practicar un exorcismo? Una de las críticas más recurrentes a este tipo de prácticas es la de generar confusión entre dolencias psiquiátricas y posesiones.

Sin embargo, el sacerdote sostiene que la lucha contra el demonio no se realiza a la ligera.«Una persona con influencia satánica se resiste a entrar en el templo, rechaza al sacerdote, si se la rocía con agua bendita le quema, al igual que si le impone la mano en la cabeza», describe.

Además, reacciona violentamente contra el sacerdote «porque es quien va combatir al demonio» o «habla lenguas extrañas», algo que «un enfermo no hace», abunda.

Tal y como describe las características de un poseído, parece que Hollywood no exagera ante los exorcismos. Portela despeja dudas al asegurar que «las películas muchas veces se basan en los hechos que ocurren en la realidad», pero «también muchas veces la verdad supera a lo que nos presentan en el cine».

Situación de confianza

Para conocer la situación en la que se encuentra cada persona, el representante de la iglesia autorizado para estas prácticas mantiene una conversación en la que percibe si existe una influencia diabólica. «Se entra en diálogo, se genera una situación de confianza, se entra en contacto», dice.

En caso de que se determine que no hay presencia de Satán «se aplica una bendición». «A nadie le hace mal que un sacerdote lo escuche y lo comprenda o recibir una bendición», mantiene, aunque lo que sufra sea una dolencia psiquiátrica que deba ser tratada por profesionales de la medicina.

De confirmarse esa «influencia del demonio», continúa, se recurre «al agua bendita, la imposición de las manos consagradas de los sacerdotes y unas oraciones». Si la posesión ofrece mayor resistencia «se realiza un exorcismo mayor» con «oraciones con más fuerza».

El proceso puede extenderse durante semanas, ya que después se realiza un seguimiento. De hecho Portela relata un caso en el que después del exorcismo, de recibir la absolución y la comunión, durante ese «seguimiento» el demonio «volvió a manifestarse».

«Cuando una casa queda limpia, hay mucha gente que quiere ocuparla, lo mismo sucede con los exorcismos y las personas», ejemplifica el Padre Portela.

Los ritos en la mayor parte de los casos se realizan ante testigo, familiares normalmente. Además de ayudar al sacerdote que «al enfrentarse a una fuerza sobrenatural se expone a patadas, golpes poniendo en peligro su propia vida», sirve de garantía para que la persona poseída «por influencia del demonio no acuse al sacerdote de que la estaba agrediendo».

No creyentes

Tras explicar la consecuencia, el responsable de San Campio se adentra en las causas. «En la mayor parte de los casos las personas viven alejadas de Dios», independientemente de género o edad, por eso es necesario «orientar a la persona».

Hay cuatro causas principales por las que se producen las posesiones. La primera, «por participar en ritos satánicos», como la güija, con lo que «se queda ligado al demonio».

Otro de los motivos es la «consagración de un niño al demonio por parte de sus padres que realizan prácticas satánicas». Una de las más comunes es «el pacto con el demonio». En estos casos «se pacta rendir culto al demonio a cambio de que eche abajo un negocio, arruine a esta familia». En cuarto lugar se encuentran «los maleficios».

«En nuestros tiempos, consciente o inconscientemente se le ha dado la espalda a Dios», considera el Padre Portela y la «lejanía de Dios y de los actos de la religión» tienen una repercusión directa.

Ahora, «los cristianos se avergüenzan de llevar una cruz o una medalla de la Virgen que puede servir de protección» y «los cambian por símbolos paganos e incluso satánicos, a veces sin darse cuenta».

Por eso invita a que se reconduzca el camino que aproxima más a Dios y que los jóvenes «abandonen la tendencia aventurare en relación a cuestiones satánicas como puede ser la güija», concluye.

Para creyentes, escépticos, críticos o curiosos, el espíritu y la influencia de Dios o Lucifer, ángel caído, seguirá siendo, en el subconsciente colectivo, objeto de reflexión. «Resiste al demonio y él huirá de ti» (Santiago 4:7).