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Los milagros dantescos de Guadalupe

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Acerca de por qué la Virgen de Guadalupe es negra, Hay una versión rápida y es que el negro viene del humo de las velas y de los años, pero no. versión esotérica, rosolunática : el mito de isis y osiris, la isis negra. hay otras vírgenes negras, las más famosas son Monserrat y Czestokowa (Polonia). La tradición explica que San Lucas era carpintero y las hacía negras. también hay tradiciones precristianas. No hay, sin embargo, ningún elemento iconoclasta o heterodoxo para explicar que sea negra. La virgen la fueron recortando para ponerle corona y 12 mantos. si no, sería más alta, como Monserrat, de madera y con el niño, pero el miño está recortado para poder ponerlo o quitarlo
Acerca de por qué la Virgen de Guadalupe es negra, hay una versión rápida y es que el negro viene del humo de las velas y de los años, pero no. versión esotérica, rosolunática : el mito de Isis y Osiris, la Isis negra. hay otras vírgenes negras, las más famosas son Monserrat y Czestokowa (Polonia). La tradición explica que San Lucas era carpintero y las hacía negras. también hay tradiciones precristianas. No hay, sin embargo, ningún elemento iconoclasta o heterodoxo para explicar que sea negra. La virgen la fueron recortando para ponerle corona y 12 mantos. si no, sería más alta, como Monserrat, de madera y con el niño, pero el miño está recortado para poder ponerlo o quitarlo

De forma minuciosa, con tinta negra, roja y azul, y en letra gótica, los monjes jerónimos del Monasterio de Guadalupe anotaron en un códice 244 milagros de los muchos atribuidos a su virgen entre 1412 y 1503, en uno de los períodos de más fervor peregrino hacia este santuario cacereño.

Hay testimonios de resurrecciones y curaciones y milagros relativos a endemoniados o a cautivos, en los que son protagonistas hombres, mujeres y niños, y personas de toda condición, como el rey Alfonso V de Portugal, que invocó a la virgen morena al verse morir.

“E fecho este voto acaeció cosa maravillosa, que luego -súbitamente e sin entrevalo- fue restituida la salud del rey”.

Tras una publicación parcial en una revista del monasterio a principios del siglo XX, a cargo de fray Isidoro Acemel, la investigadora María Eugenia Díaz Tena (Castuera -Badajoz-, 1978) los ha recopilado ahora por primera vez al completo en un libro, que incluye un estudio previo y una amplia bibliografía.

Guadalupe tiene documentados centenares de milagros entre 1412 y 1722, repartidos en nueve códices, pero el libro publicado por la Editora Regional de Extremadura sólo incluye los del primero, al abarcar el período más largo, casi un siglo, y por ser en el que más milagros se escrituraron.

Es también el más interesante por su rica encuadernación, en cuero labrado, y el único totalmente en pergamino, según explica Díaz Tena.

Los textos incluidos en este libro de casi 900 páginas, que parte de la tesis doctoral que hizo para la Universidad de Salamanca, son “documentos-monumentos”, según los define, que reflejan la sociedad y el contexto histórico de una época.

A su juicio, son además una muestra de dos formas de vivir la religión: la del pueblo y la de los clérigos, más racional.

Con una prosa directa y dramática, tenían por objeto la predicación, la lectura en el refectorio por su valor ejemplarizante y el entretenimiento de los invitados al monasterio, apunta la investigadora, pero también “propagandístico”, para fomentar las peregrinaciones.

“Aumentar la devoción a la Virgen de Guadalupe era, sin duda, una manera de aumentar la expansión jerónima”, afirma en el libro.

La fama que Guadalupe adquirió con los jerónimos atrajo a peregrinos de muchos rincones de Europa, se extendió al nuevo continente, y le granjeó el favor real desde Alfonso XI a los Reyes Católicos.

El peregrino Münzer hablaba en su libro de viajes de las “pingües rentas” de Guadalupe y las calculaba en 20.000 ducados anuales.

Tras su curación, el rey de Portugal, que defendía el derecho sucesorio de La Beltraneja a la corona de Castilla, peregrinó a Guadalupe y donó un portapaz de oro con muchas perlas y piedras preciosas que valía 500 castellanos.

La ofrenda habitual era el peso del peregrino en cera, ya que la iluminación del monasterio no era una cuestión baladí.

De los milagros del códice 1 hay “dos versiones”, ya que todos, salvo 14, se repiten en los otros tres medievales con un trato “menos dramático”, pero coincidentes en lo sustancial, dice Díaz Tena, doctora en Filología Hispánica afincada en Salamanca.

En 70 relatos se aparece la virgen, casi siempre de blanco y muy pocas veces con el niño en brazos; hay conversaciones con un demonio que “començó a dar grandes balidos e aullidos” y en las que participó un “clérigo exorzista”; e intervenciones sobrenaturales de animales, como el león, asociado a la figura de San Jerónimo.

El “milagro de cómo un honbre que dudava si avía paraíso, purgatorio e infierno” y “saliendo desta vida lo vido allá todo” está en la línea de los viajes al más allá de “La Divina Comedia” de Dante, según Díaz Tena, que en otro relato ve muchas similitudes con un episodio del “Libro del Buen Amor” del Arcipreste de Hita.

La transcripción ha sido conservadora con el texto original, pensado en los especialistas que quieran trabajar con él, ya que el códice no está digitalizado y su uso es restringido.

Este trabajo, además, le ha permitido descubrir ocho páginas del “Mammotrectus super Bibliam”, muy presente en las bibliotecas monásticas, que no se conservaba en Guadalupe.

La investigadora desvela que las hojas, que podrían corresponder a una copia del libro hecha en el siglo XV, estaban pegadas en las guardas de los otros códices de milagros para reforzar la encuadernación.

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Mundo caníbal

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Canibalismo en Brasil en 1557, grabado de Theodor de Bry
Canibalismo en Brasil en 1557, grabado de Theodor de Bry

No es una de las mejores facetas del ser humano y su tratamiento ha quedado restringido a publicaciones especializadas de antropología o medicina, y al cine de terror; sin embargo, sabemos que la antropofagia, el gusto por la carne humana ha estado presente en la dieta de nuestros ancestros y también en la de grupos humanos modernos.

En algunas culturas de la América precolombina, la carne humana era alimento de los dioses, y de allí derivaban los sacrificios humanos con su consiguiente ingesta. En Asia, al mismo tiempo, existían ritos funerarios en los que los deudos se comían partes de sus finados familiares. En Europa, mientras tanto, la sangre y los huesos de los muertos se usaban como ingredientes mágicos, independientemente de a quién hubieran pertenecido.

En varias culturas, como las de pueblos de Nueva Guinea, las islas del Pacífico, o en pueblos de filiación caribe, estuvo presente la idea de que devorar ciertos órganos o partes del cuerpo de tus amigos podía fortalecerte y hacerte heredar atributos del otro; lo que es menos sabido es que la creencia en las propiedades curativas gracias al consumo del cuerpo de otra persona también estuvo presente en muchas naciones y culturas de la Edad Media europea.

Durante los siglos XVI y XVII pedazos de momias egipcias se vendían para ser usados en la preparación de remedios para distintas enfermedades, comprados por boticarios y médicos, que pensaban que curarían todo, desde un simple dolor de cabeza a enfermedades más graves, como convulsiones.enfermedades como la epilepsia, tratamientos de hematomas y hasta dolores de cabeza.

Esta creencia podría explicar por qué eran tan comunes los saqueos de tumbas, que hasta hace poco tiempo se atribuían exclusivamente a la búsqueda de prendas valiosas o para el estudio clandestino de la anatomía humana. Pedazos de carne y huesos humanos eran parte de ungüentos y medicinas que generalmente se tomaban de cuerpos momificados o en su defecto, de cementerios desprotegidos.

Otra costumbre, atribuida a los países germánicos, era la de beber la sangre de personas ejecutadas. Los verdugos vendían la sangre de sus víctimas y se recomendaba beberla fresca, ya que el verdugo era considerado un gran curandero en los países germánicos.

Paracelso recomendaba beberla fresca, pero existieron recetas que enseñaban a conservarla en forma de ungüento o mermelada para tratar problemas circulatorios. Siguiendo esta lógica, se recomendaba el consumo de fragmentos de cráneo humano, diluidos en alcohol, para aliviar los dolores de cabeza, y de testículos para incrementar la potencia sexual.

Otra explicación de la ingesta de carne y restos humanos está en que para la medicina de la Edad Media y el Renacimiento, el espíritu era parte de la fisiología: las partes del cuerpo están ligadas al alma aun después de la muerte. Por ello, Leonardo da Vinci escribió: “preservamos nuestra vida con la muerte de otros. En una cosa muerta la vida insensata permanece y cuando ésta se reúne en el estómago de los vivos, recobra sensibilidad y vida intelectual”.

La práctica cayó en desuso paulatinamente durante el siglo XVIII, aunque los remedios que incorporaban partes del cuerpo siguieron vigentes hasta principios del siglo XX. Cuando la ciencia separó lentamente la medicina del sustrato mágico probablemente perdió una importante fuente de sentido ritual, pero ganó en especificidad y efectividad: la transfusión de sangre y el trasplante de órganos son formas sublimadas de resurrección en las cuales un cuerpo incorpora partes de otro cuerpo como si fuera suyo.

La posibilidad del inframundo

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Hacia la tercera década del siglo XVIII el brillante sabio que fue el Padre Feijoo describió la historia del hombre pez de Liérganes; suceso del que había tenido conocimiento a través de varios conocidos suyos a los que atribuyó gran credibilidad. Lo cierto es que —tal y como el mismo reconoció— la historia de el hombre pez de Liérganes tiene un cariz fantástico que contradice el escepticismo y racionalismo del que siempre hizo gala este intelectual ilustrado
Hacia la tercera década del siglo XVIII el brillante sabio que fue el Padre Feijoo describió la historia del hombre pez de Liérganes; suceso del que había tenido conocimiento a través de varios conocidos suyos a los que atribuyó gran credibilidad. Lo cierto es que —tal y como el mismo reconoció— la historia de el hombre pez de Liérganes tiene un cariz fantástico que contradice el escepticismo y racionalismo del que siempre hizo gala este intelectual ilustrado

¿Qué hay bajo la Tierra? Desde Julio Verne que veía a los volcanes como la entrada al inframundo a la búsqueda nazi del reino de Agartha, durante siglos escritores y científicos, aventureros y filósofos han expuesto sus teorías, ahora recopiladas en “Mundo subterráneo, puertas secretas, ciudades sumergidas y utopías bajo tierra”.

Es el título del volumen publicado por La Felguera Editores. Su responsable, Servando Rocha, afirma que saber “qué hay debajo de nuestros pies” y si “habitan la oscuridad subterránea túneles, cavernas colosales, oscuros ríos o un pueblo oculto en negros fosos” constituye “el último secreto”, como antes lo era “mirar arriba y descubrir planetas”.

La piedra angular en torno a la que “se armó” el libro es la primera traducción al castellano de un extenso fragmento de la colosal obra “Mundus subterraneus”, que publicó el pensador e inventor alemán Athanasius Kircher en 1665 y que, con sus más de mil páginas en latín, permanecía sin traducir en España.

El fragmento traducido de esta obra del astrólogo, geólogo y alquimista se acompaña de un estudio introductorio de Eduardo Sierra y según explica Servando Rocha, “resulta imposible resistirse a la belleza de las descripciones científicas de Kircher, ese observador maravillado que pasea entre mares de lava”.

El editor de La Felguera promete en su recopilación “un fascinante descenso por los desconocidos territorios del mundo subterráneo” uniendo lo mejor del arte, la ficción o el ocultismo, y “también nos hemos ocupado de los abismos que ascienden, de las ideas de Lovecraft y su raza de criaturas espeluznantes y horrores abisales”.

Asimismo se menciona a los predecesores de Lovecraft “surgidos en España y absolutamente singulares, como aquel «hombre pez» defendido por el erudito padre Feijoo, quien situaba en Cantabria esta leyenda de un ser humano que se va convirtiendo en pez, o el mismo Madrid subterráneo”.

“Mundo subterráneo. Puertas secretas, ciudades sumergidas y utopías bajo tierra” viaja a través de uno de los asuntos “más apasionantes de todos los tiempos: la posibilidad de que la verdad esté precisamente bajo nuestros pies o incluso en el fondo del mar”, y ya Julio Verne lo advirtió en “Viaje al centro de la Tierra”: los volcanes son puertas secretas, pasadizos que conducen a un habitable interior del planeta.

Durante esta aventura los personajes de Verne son acompañados por temerarios hombres embarcados en prodigiosas expediciones a los polos e incluso por los mismos nazis, quienes creyeron y buscaron el reino subterráneo de Agartha que, según la tradición mística oriental, estaría gobernado por el Rey Oculto del Mundo, recuerda el editor, quien precisa por ello que también Hitler soñó “con entablar lazos con los supuestos habitantes de las cavernas”.

De hecho, se conservan documentos de cómo jerarcas nazis intentaron localizar este imaginario reino subterráneo que creían oculto en el Tibet o bajo el desierto de Gobi, siguiendo las teorías de célebres ocultistas como la teósofa Helena Blavatsky y el creador de la sinarquía Saint-Yves d’Alveydre, entre muchos otros.

Posiblemente también la extraña y conocida teoría de la «Tierra Hueca», según la cual existirían aperturas, cuevas y sistemas de túneles interconectados en todo el planeta, pertenezca a esta tradición a medio camino entre literatura y ciencia. Y Servando Rocha, que es natural de La Palma, recuerda que también en Canarias se han intentado localizar supuestas entradas al mundo subterráneo en los barrancos de Güímar (Tenerife), además de la célebre leyenda del reino sumergido de la Atlántida.

Objetos extraterrestres en el Antiguo Egipto

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El estudio indica que ya en el cuarto milenio antes de Cristo, y por lo tanto antes de lo que se pensaba, expertos metalúrgicos egipcios habían logrado dominar la forja del hierro meteórico, una aleación de hierro-níquel mucho más dura que la del cobre. Además, los antiguos egipcios ya sabían que esas rocas venían del cielo
El estudio indica que ya en el cuarto milenio antes de Cristo, y por lo tanto antes de lo que se pensaba, expertos metalúrgicos egipcios habían logrado dominar la forja del hierro meteórico, una aleación de hierro-níquel mucho más dura que la del cobre. Además, los antiguos egipcios ya sabían que esas rocas venían del cielo

Para las culturas de la antigüedad que vieron caer meteoritos y los encontraron e identificaron, estas piedras provenientes del cielo eran lo más parecido a un eslabón físico y palpable entre lo terrenal y lo celestial, un ámbito, éste último, a menudo perlado de connotaciones sobrenaturales.

Un equipo de expertos en diversas especialidades, desde egiptología a ciencia de los materiales, ha encontrado pruebas concluyentes de que los antiguos egipcios usaron meteoritos para fabricar objetos simbólicos destinados a acompañar a sus difuntos.

Las citadas evidencias provienen de un conjunto de pequeños objetos de hierro comparables a las cuentas de un collar, que fueron desenterrados en 1911 de un yacimiento arqueológico ubicado a unos 70 kilómetros al sur de El Cairo. Al datar de entre los años 3350 y 3600 antes de nuestra era, o sea con anterioridad al inicio de la Edad del Hierro Egipcia, se asumió que el hierro del que estaban hechos los objetos era de origen extraterrestre, concretamente siendo su fuente un meteorito metálico, formado en su mayor parte por hierro y níquel.

Sin embargo, esta hipótesis se puso en duda en la década de 1980, cuando algunos académicos afirmaron que muchos de los ejemplos más antiguos de uso del hierro en diversas culturas del mundo, originalmente atribuidos al aprovechamiento de meteoritos ricos en hierro, fueron en realidad el resultado de los primeros intentos de producción de objetos de hierro por fundición a partir de minerales.

Tiempo después, uno de estos objetos metálicos polémicos, que, al margen de su origen, ha sido considerado como la demostración más antigua del uso de hierro por los antiguos egipcios, fue prestado por el Museo de Manchester, en el Reino Unido, a especialistas de la Universidad Abierta del Reino Unido y a la de Manchester en el mismo país, para que hicieran nuevos análisis.

El equipo de Diane Johnson, de la Universidad Abierta, ha completado un meticuloso estudio del objeto, mediante microscopía electrónica y tomografía computerizada, y las conclusiones son claras: El objeto sí es de origen extraterrestre. No es el fruto de un trabajo primitivo de metalurgia sino que su identidad es la de un meteorito.

Los meteoritos de hierro fueron importantes para los antiguos egipcios, tanto por el carácter de objetos provenientes del cielo, como en los primeros intentos de desarrollar técnicas metalúrgicas.

Hoy en día vemos al hierro como un material vulgar, de uso práctico. Sin embargo, para los antiguos egipcios, tal como argumenta la egiptóloga Joyce Tyldesley de la Universidad de Manchester, se trataba de un raro y bello material, al cual, por haber caído del cielo, era fácil atribuirle cualidades sobrenaturales o connotaciones sagradas. Debido a ello, en el Antiguo Egipto, se empleó al hierro llegado del cosmos para fabricar pequeños objetos de gran belleza y significado religioso, considerados tan importantes como para que se les depositara con difuntos en sus tumbas.

Seres fantásticos entre balas y dolor

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Tal vez la foto más famosa sea la de Frances. Posa en la orilla (del río), con una cascada al fondo. Está inclinada hacia adelante, mirando a cinco hadas que bailan animadamente
Tal vez la foto más famosa sea la de Frances. Posa en la orilla (del río), con una cascada al fondo. Está inclinada hacia adelante, mirando a cinco hadas que bailan animadamente

En 1920 una noticia sorprendió al mundo. Dos niñas británicas dijeron haber conseguido fotografiar hadas. Arthur Conan Doyle, el escritor británico que creo al detective Sherlock Holmes, dio su aval a la historia, diciendo que las fotos probaban que las hadas de hecho existían.

Las responsables de las fotos, Elsie Wright, de 16 años, y Frances Griffiths, de 9, dijeron haber fotografiado a las hadas en el jardín de la casa en la que vivían, en el norte de Inglaterra. Con el respaldo del famoso autor, la historia de las niñas se extendió por el mundo y se mantuvo hasta 1983, cuando Wright finalmente admitió que las hadas eran falsas.

¿Pero cómo fue posible que dos niñas engañaran al mundo de esa manera? Hazel Gaynor, la autora The Cottingley Secret, una novela basada en el caso, intenta arrojar luz en este asunto.

Jardín encantado

La historia comenzó en el jardín de una casa en la aldea de Cottingley, cerca de la ciudad inglesa de Leeds. Elsie Wright y su prima Frances Griffiths pasaban aquel verano de 1917 jugando en el jardín, junto a un arroyo, según ellas, con hadas.

Griffiths “estaba encantada con el lugar y la naturaleza. Hasta el día en que murió, siguió contando la historia de que ella y su prima habían visto hadas allí”, dice Gaynor.

La niña había llegado de Sudáfrica con su madre, para vivir con su tía, su tío y su prima Elsie en el condado de Yorkshire, en Inglaterra, mientras su padre peleaba en la Primera Guerra Mundial.

“Iba a jugar al jardín todo el tiempo y volvía con la ropa, los zapatos y las medias sucias. Su madre le pedía que ya no fuera a jugar allí. Un día, para justificarse, Frances dijo que quería jugar en el jardín porque jugaba con hadas”, cuenta la escritora.

Fue esa declaración, hecha de forma espontánea, la que motivó a las niñas a buscar una forma de probar a la madre de Griffiths que ésta estaba diciendo la verdad.

Así que tomaron prestada la cámara del padre de Wright y decidieron “fotografiar las hadas”.

“Tal vez la foto más famosa sea la de Frances. Posa en la orilla (del río), con una cascada al fondo. Está inclinada hacia adelante, mirando a cinco hadas que bailan animadamente”, describe Gaynor.

“La segunda foto es de Elsie, la mayor. Está junto a lo que, en la época, pareció ser un gnomo caminando hacia ella”, explica la autora.

Medio siglo más tarde, Wright describió  lo que había visto el día que se tomó esa imagen, en 1917. “Este es el lugar donde vi el gnomo. Yo estaba aquí y Frances estaba allí, con la cámara. El gnomo venía de atrás de un árbol y caminó hasta donde yo estaba. Me pareció que me iba a tocar y extendí el brazo, pero desapareció. Ellos eran así, se acercaban y después desaparecían”, contó.

Las fotos son de gran calidad, si consideramos el período y el hecho de que fueron tomadas por niñas. Y las hadas no tienen apariencia etérea. Por el contrario, son bastante sólidas. Sin embargo, a los ojos de hoy, las figuras de las hadas son claramente bidimensionales y las fotos, en general, excesivamente posadas.

Mundo espiritual

La familia guardó las fotos durante años, a modo de broma. Sin embargo, tres años después del fin de la Primera Guerra Mundial, la madre de Wright-como muchos británicos en aquel período- empezó a interesarse por la teosofía.

“Era un movimiento que estudiaba el mundo espiritual, que buscaba dimensiones alternativas donde pudiera existir vida. Si se lleva esa idea más lejos, se puede llegar a considerar la posibilidad de que las hadas y otros seres místicos realmente existen entre nosotros”, comenta Gaynor.

“La gente estaba desesperada e intentaban agarrarse a cualquier cosa que pudiera traer respuestas a la pregunta de por qué el Dios cristiano había permitido los horrores de las trincheras”, recuerda.

En Reino Unido, al final de la Primera Guerra Mundial, millones de personas habían perdido a sus seres queridos. Abundaban los cuestionamientos sobre la sociedad, la religión y la vida después de la muerte.

En ese contexto, las madres de las niñas decidieron ir a una reunión de la sociedad de teosofía de la región para participar en una discusión sobre la vida de las hadas. Ellas llevaron consigo las fotos de sus hijas y las imágenes despertaron gran interés.

Ilustre respaldo

Poco después, las fotos fueron a parar a manos de un importante miembro de la sociedad, el escritor Arthur Conan Doyle.

“Para cuando tuvo conocimiento de las fotos, ya le habían comisionado un artículo para la revista Strand Magazine sobre el mundo de las hadas. Inmediatamente solicitó a especialistas en fotografía que analizaran las imágenes para establecer si eran genuinas. Y fueron declaradas auténticas”, explica Gaynor.

“Según los especialistas, no había evidencias de falsificación. Así que, cuando Conan Doyle escribió su artículo, utilizó las fotos para sustentar sus afirmaciones de que el mundo de las hadas era real. Y que si alguien lo dudaba, ahí estaba la evidencia fotográfica”, continúa.

Lo que no le creyeron al autor de Sherlock Holmes

La fiebre de las hadas cautivó la nación y las fotografías fueron llevadas de gira por Reino Unido y Estados Unidos.

Medio siglo después, Wright continuaba defendiendo la veracidad de su historia.

“Lo que la gente no consigue entender es que las fotos fueron tomadas en días nublados pero las hadas estaban iluminadas. Ellas parecían emitir luz y parecían moverse”.

La historia siguió circulando como veraz hasta 1983, cuando Wright finalmente confesó que ella misma había diseñado y recortado las figuras en papel de cartulina. Y para que aparentaran estar suspendidas en el aire, pegó las figuras a unas varitas y fijó al suelo.

Pero ¿por qué decidió admitir la verdad tantos años después? “Tengo tres nietas y no quiero que esa historia perdure para siempre. Me parece mejor aclarar esto de una vez por todas”, respondió ella misma.

Consecuencia de la posguerra

Pero ¿cómo fue posible que la fantasía de dos niñas pudiera convencer a tantas personas importantes como Arthur Conan Doyle?

La segunda foto es de Elsie, la mayor. Está junto a lo que, en la época, pareció ser un gnomo caminando hacia ella
La segunda foto es de Elsie, la mayor. Está junto a lo que, en la época, pareció ser un gnomo caminando hacia ella

“El tenía un señor que ilustraba libros de cuentos de hadas y el padre de Conan Doyle también se interesaba en las historias de hadas”, relata Gayle.

Pero había otra conexión con la familia de las niñas. Al igual que el padre de Griffiths, el hijo de Conan Doyle había servido en la guerra. Y muerto.

“Había perdido a su hijo en la guerra y sentía un gran remordimiento por ello, ya que lo había animado a irse al frente. Además, estuvo involucrado en la propaganda bélica para incrementar el número de reclutas, por lo que se sintió responsable y culpable”.

Ese es casi el final de la historia. Existe una quinta foto, en la que sólo aparecen las hadas emanando luz y aparentando surgir del césped.

Griffiths insistió hasta el final que esa foto era absolutamente verídica.

“Cuanto más investigo, más me intereso en la vida de Frances. Una niña que se mudó de su país y su padre se fue a pelear en la guerra… Tal vez se dieron las condiciones perfectas para que ella entrara en contacto con otra esfera. Pienso que es mucho más encantador creer que hay un elemento de verdad en esa historia”.

Valencia y León quieren el Grial

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Durante siglos, caballeros, poetas y místicos han buscado un cáliz mágico llamado el Santo Grial, la copa de donde bebió Jesús en la última cena
Durante siglos, caballeros, poetas y místicos han buscado un cáliz mágico llamado el Santo Grial, la copa de donde bebió Jesús en la última cena

El medievalista italiano Alfredo Barbagallo acaba de publicar un vasto estudio con el que asegura que ha encontrado el “Grial”, y que estaría formado por el Santo Cáliz que se venera en la catedral de Valencia junto a otros objetos que permanecían enterrados en la basílica romana de San Lorenzo.

En cerca de 500 páginas fruto de tres años de una minuciosa investigación bibliográfica y arqueológica, Barbagallo presenta una nueva teoría sobre que el mito religioso del Santo Grial, los objetos con los que Jesucristo celebró la Última Cena, es verdadero.

Y asegura que el cáliz que se utilizó para “convertir el vino en sangre de Jesucristo”, es el que se custodia como un verdadero tesoro en la catedral de Valencia.

El estudioso italiano ha defendido desde siempre esta teoría, pero con el nuevo estudio tiene ahora las pruebas “que lo convertirían en una realidad y en el mayor descubrimiento de la religión católica”.

Hasta ahora, la Iglesia católica ha siempre recibido con mucha cautela los supuestos descubrimientos de este historiador y aún no se ha expresado sobre estas novedades.

Barbagallo explica las bases de su teoría, entre ellas, el hecho de que los objetos que formarían en Santo Grial fueron encontrados por casualidad en la tumba de San Lorenzo en Roma por el papa Pelagio II (579-590), como recuerda el sucesivo Pontífice Gregorio Magno (590-604) en una carta a la Emperatriz Constantina.

El mismo Gregorio Magno regaló una de estas reliquias (el cáliz), encontradas en la tumba de San Lorenzo, al rey visigodo Recaredo (586-601), el primer monarca católico de España.

Por lo que, según la teoría del medievalista, las primeras noticias del cáliz de Valencia se pueden situar en el siglo VI.

El historiador explica en su estudio cómo en 1864 tras unas excavaciones en la Basílica de San Lorenzo se encuentran otras piezas del Grial, entre ellas un vaso de cristal antiguo, que actualmente se encuentra en el Vaticano.

Un vaso realizado con una técnica de vidrio soplado, asegura Barbgallo, que proviene de Palestina, lo que probaría el “único” origen de esta pieza, es decir la Última Cena celebrada por Jesucristo según la tradición cristiana.

El cáliz de la catedral de Valencia es un vaso de calcedonia, al que después se le incrustaron piedras preciosas,de 7 centímetros de altura y 9,5 de diámetro.

El cáliz valenciano compite con otro conservado en la catedral de Génova (noroeste de Italia). Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI en los viajes que hicieron a Valencia usaron este cáliz para celebrar sus misas.

León compite por ser ‘sede’ del Santo Grial

Los historiadores Margarita Torres y José Miguel Ortega del Río son autores del libro ‘Los reyes del Grial’, que recoge una exhaustiva investigación científica desarrollada durante tres años que demuestra «sin lugar a dudas» que el Santo Grial, «la copa que la comunidad cristiana de Jerusalén en el siglo XI consideraba que era el cáliz de Cristo, se encuentra ubicada en la Basílica de San Isidoro de León».

Así lo explica la coautora de la obra e historiadora medievalista Margarita Torres que ha detallado que este hallazgo está confirmado mediante el descubrimiento de dos pergaminos originales egipcios fechados en el año 1054, que recogen que el cáliz fue enviado al rey de León Fernando el Grande, tras haber sido saqueado de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, donde había permanecido desde el siglo IV.

Estos documentos prueban «sin ninguna duda» que el cáliz fue entregado en señal de agradecimiento después de que el monarca leonés enviara un gran cargamento de víveres a Egipto, en un «año de gran hambruna». La investigación demuestra, por lo tanto, que el que cáliz que era considerado el Santo Grial por la comunidad cristiana del siglo XI se encuentra en León.

Antes de ese momento, hasta el año 400 después de Cristo, se desconoce qué pasó con la copa, agrega el otro autor de la obra José Miguel Ortega del Río, que ha explicado que «se carece documentación relativa a ese periodo», pero ha resaltado la importancia de este hallazgo porque «ninguno de los otros presuntos santos griales tienen una base tan sólida sobre la que apoyarse».

Otra de las evidencias que apoyan la tesis de estos dos historiadores es que, según recogen los pergaminos egipcios, durante el traslado de la reliquia a León una de las esquirlas del cáliz se saltó. Esa misma esquirla le falta al cáliz denominado hasta ahora cáliz de la Infanta Doña Urraca, hija de Fernando I el Grande, y que está ubicado desde el siglo XI en la basílica de San Isidoro.

Tras los pasos de Magan

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Tumbas ciclópeas en Magan
Tumbas ciclópeas en Magan

El pueblo de Magan, desconocido para el gran público pero “muy sugerente”, ocupó esta parte de la Península Arábiga en torno al 3.000 antes de Cristo y su existencia se conoce por las fuentes escritas sumerias. Recientemente ha tenido lugar el primer estudio arqueoastronómico de cientos de tumbas del pueblo de esta enigmática civilización que habitó hace 5.000 años en el desierto de Arabia, en los actuales Omán y Emiratos Árabes Unidos.

De Magán provenía el cobre del que se surtía el resto de pueblos mesopotámicos para, junto con el estaño de Anatolia, fabricar el bronce de sus armas, detalla el investigador.

Esta cultura no es conocida popularmente como el resto de grandes pueblos mesopotámicos que, sin embargo, no habrían podido existir sin el comercio con Magan, pues se piensa que de allí, aparte del cobre, provenía también la madera.

De hecho, estudios de paleopolen demuestran que las montañas de Omán estuvieron pobladas antiguamente por bosques, luego desaparecidos por la explotación de las minas y la necesidad de fundición.

De aquel paisaje tan diferente al actual perviven las montañas con oasis en las que se sitúan las minas de cobre, y de allí surgieron estas civilizaciones que construían grandes fortalezas de piedra con necrópolis asociadas.

Son precisamente las necrópolis el objetivo de la investigación. Parte de estas necrópolis han sido excavadas por arqueólogos e incluso algunas, como la de Bat en Omán, son Patrimonio de la Humanidad, pero nunca se había realizado un estudio arqueoastronómico de las casi mil tumbas de Magan.

Sin embargo, la mayor parte están derruidas y es imposible medirlas. De las casi 300 tumbas visitadas, sólo un centenar mantenían unas condiciones adecuadas para el trabajo de campo.

Las tumbas son de dos tipos, las llamadas “Hafit”, el mismo nombre que la montaña en la que se descubrieron en el Emirato de Abu Dhabi, y que también se denominan “tumbas colmena” porque son estructuras de piedra con un acceso similares a los habitáculos de las abejas, y que son las que peor estado de conservación presentan.

Posteriormente el pueblo de Magan desarrolló un tipo de tumba más evolucionada, la “Umm el-Nar”, el lugar de la capital de Abu Dhabi en la que se encontró la primera necrópolis de esta clase.

En este caso se trata de tumbas ciclópeas construidas con piedras de mayor tamaño pero precisamente al tener mayor calidad resultan muy tentadoras para el expolio.

Los investigadores han realizado mediciones en cuatro necrópolis, de las que casi un centenar de tumbas correspondían al período “Hafit” y el resto a las ciclópeas.

Las tumbas “Hafit” son familiares y podían acoger a varias personas de una misma familia, mientras que las ciclópeas son colectivas sin necesidad de parentesco y en algunos casos pudieron albergar centenares de enterramientos en su interior.

Estas últimas están ornamentadas con grabados de animales y personas y algunas, con serpientes en las puertas de acceso.

Asociadas a las tumbas se ha encontrado cerámica y producción ornamental con motivos astrales, como rosetas y estrellas de múltiples puntas.

Estas tumbas y los cimientos de torres fortaleza es el único vestigio que queda de la civilización de Magan además de restos de canalizaciones de agua para el riego en los oasis, un antecesor de los sistemas de irrigación que luego llevaron los árabes al resto del mundo, incluida España.

De su estudio el arqueoastrónomo deduce que parecen existir patrones de orientación que, en el caso de las tumbas Hafit, estarían relacionadas con la visión del creciente lunar al poniente en épocas determinadas.

Las tumbas ciclópeas estarían claramente orientadas según las direcciones cardinales pero se desconoce exactamente la razón. Una de las hipótesis sería la relevancia de Canopo, la segunda estrella más brillante del cielo.

Las tumbas ornamentadas con serpientes están orientadas hacia el Norte, lo que podría estar relacionado con la constelación del Dragón, que es visible en este punto cardinal.

Una tercera hipótesis es la orientación de las tumbas según los elementos celestes más visibles, al Sol o a la Luna.

Además, existe otra hipótesis, según la cual la estructura interna de las tumbas ciclópeas se asemeja al creciente lunar, pues su interior es blanco, circular y la división de muros y habitaciones recuerda al disco lunar con los mares y sistemas montañosos centrales.