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Concepción Arenal, el pensamiento que arrima el hombro

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Concepción Arenal es uno de los nombres propios del feminismo en nuestro país, de hecho está considerada como una de las primeras mujeres españolas en enfrentarse al orden establecido y defender los derechos de su género. Lo hizo ayudando a los demás y escribiendo textos cercanos que se convirtieron en lectura indispensable para aquellas que siguieron sus pasos en años posteriores. Se vistió de hombre para poder estudiar en la universidad, se casó en dos ocasiones y luchó en favor de los más desfavorecidos. Entre ellos, las mujeres, a las que por primera vez considera como uno más de los grupos sociales marginados. La educación y el respeto hacia ellas como seres humanos y no como flores débiles a las que hay que tratar como si fueran objetos fueron unas de sus principales ideas que defendió a lo largo de su vida
Concepción Arenal es uno de los nombres propios del feminismo en nuestro país, de hecho está considerada como una de las primeras mujeres españolas en enfrentarse al orden establecido y defender los derechos de su género. Lo hizo ayudando a los demás y escribiendo textos cercanos que se convirtieron en lectura indispensable para aquellas que siguieron sus pasos en años posteriores. Se vistió de hombre para poder estudiar en la universidad, se casó en dos ocasiones y luchó en favor de los más desfavorecidos. Entre ellos, las mujeres, a las que por primera vez considera como uno más de los grupos sociales marginados. La educación y el respeto hacia ellas como seres humanos y no como flores débiles a las que hay que tratar como si fueran objetos fueron unas de sus principales ideas que defendió a lo largo de su vida

Ecologista, pacifista, defensora de los derechos humanos y protofeminista, Concepción Arenal fue todo eso en el siglo XIX, aunque de ella solo se recuerdan “unas cuantas frases”, dice Anna Caballé, que ha rescatado en una biografía a esta pensadora que “intuía” el futuro.

“Odia el delito y compadece al delincuente” es quizá la frase más conocida de Concepción Arenal (Ferrol, 1820 – Vigo, 1893), una mujer con un “pensamiento impresionante” que ha quedado “oscurecida por la indiferencia general” y reducida a un puñado de consignas, a pesar de haber sido pionera del posterior movimiento feminista en España y de la Filosofía del derecho.

“Yo creo que estamos en deuda con ella. Esta mujer merece que la sociedad española reconozca lo que hizo y el valor que tuvo”, comenta Anna Cabellé (Hospitalet de Llobregat, Barcelona, 1954), escritora y crítica literaria que ha recorrido multitud de archivos y conocido a los descendientes de Arenal para juntar las escurridizas piezas del puzle de la trayectoria de la pensadora.

El resultado de esta investigación es “Concepción Arenal. La caminante y su sombra”, una biografía editada por Taurus dentro de la colección “Españoles eminentes”, en la que por primera vez se reúne la vida de una mujer, la de una eminencia intelectual profundamente desconocida.

Arenal dedicó su vida a la defensa de la mujer y los más desfavorecidos, a la reforma penal y la causa obrera, pero en vida le pesó un “prejuicio de genio” que con el tiempo ha hecho que su figura se perdiera en el olvido.

Ni siquiera las Administraciones han mantenido en pie las casas por las que fue pasando, en Madrid, en su refugio en Potes (Cantabria) o en el solariego Pazo de los Núñez, donde fallecería el 4 de febrero de 1893 sin que apenas nadie se interesase por esta mujer a la que veneraban en Europa.

“Se produce la contradicción de que todas las ciudades españolas tienen calles, hospitales, escuelas que se llaman Concepción Arenal, pero vas por la calle y le preguntas a alguien, o a un profesor universitario, y nadie la ha leído”, se lamenta Caballé, profesora titular de Literatura Española y responsable de la Unidad de Estudios Biográficos de la Universidad de Barcelona.

Esa paradoja es fruto, explica la escritora, de una “falta de respeto por nuestro pasado y nuestra memoria”, aunque en los últimos años la “presión del feminismo hace que la sociedad tenga que evolucionar rápidamente” y se reescriba la historia de las mujeres.

“He querido demostrar que es una mujer con un pensamiento impresionante”, añade Caballé sobre Arenal, una pensadora que quiso combatir la sociedad de su tiempo “desde el punto de vista moral” a través de una reforma de las costumbres y a la que le movía una gran vocación intelectual y compasiva, pero con el hándicap de ser mujer.

Por ello y por sus vestimentas, marcadas casi siempre por el uso de pantalones, algo insólito en el siglo XIX, a Arenal se le trataba como una “anomalía”, porque “su inteligencia era la de un varón pero en un cuerpo femenino”.

“Vive en un estado de tensión permanente entre unos sentimientos íntimos poderosos muy intensos y la necesidad de plegarse a una sociedad que la encuentra demasiado fuerte como mujer”, comenta Caballé sobre esta eminencia marcada por la prematura muerte de su padre y la de su esposo.

Su biografía se podría dividir en dos épocas muy marcadas: una juventud nerviosa, sensible y arrogante, con dificultades para encontrar el equilibro entre la razón y el temperamento, y una madurez donde la escritora, pensadora y activista se atrevería a grandes cosas.

“Lo que más me ha llamado la atención ha sido la profundidad de su pensamiento, porque no me lo esperaba. Me ha seducido mucho. Y la modernidad de sus pensamientos. Es una mujer que intuye el futuro, comprende por dónde irán las cosas. Tiene todos los ítems que hoy admiramos en una persona”, apostilla Caballé.

“Defiende -continúa la escritora- el ecologismo, el pacifismo, va contra los toros, cree que la sociedad no puede fomentar la industria de una forma indiscriminada, y es una protofeminista que defenderá los derechos humanos de los presos, de los niños. En lo único que no era adelantada a su tiempo era su visión de la sexualidad”.

Reconoce que le costó “hincar el diente” a una mujer apasionante pero “escurridiza”. “Se llama Concha, y con el tiempo genera una concha, un caparazón, para protegerse”, concluye Caballé sobre la pensadora gallega.

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Tiránicos falos y escopofilia

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"La paradoja del falocentrismo en todas sus manifestaciones consiste en su dependencia de la imagen de la mujer castrada para dar orden y sentido a su mundo. Una idea de la mujer permanece como elemento articulador del sistema: es la carencia inscrita en ella la que produce el falo en tanto presencia simbólica, es su deseo de hacer buena esa carencia lo que el falo significa". En estos términos se expresaba Mulvey, en su ensayo "Placer visual y cine narrativo"
“La paradoja del falocentrismo en todas sus manifestaciones consiste en su dependencia de la imagen de la mujer castrada para dar orden y sentido a su mundo. Una idea de la mujer permanece como elemento articulador del sistema: es la carencia inscrita en ella la que produce el falo en tanto presencia simbólica, es su deseo de hacer buena esa carencia lo que el falo significa”. En estos términos se expresaba Mulvey, en su ensayo “Placer visual y cine narrativo”

En los años 70, fue la primera teórica del cine que introdujo la perspectiva feminista en sus análisis. Laura Mulvey (Oxford, 1941) cree que se está fraguando “una nueva conciencia sobre la necesidad del feminismo”.

Esa nueva conciencia actual tiene que ver, a su juicio, con el auge de las redes sociales. “Las mujeres siempre han estado sometidas a presiones por su apariencia, pero esa presión ha crecido con Facebook o Instagram; una presión por tener que encajar con un patrón físico determinado”, cuenta.

Esto, unido a la presencia constante del teléfono móvil, hace que la intensidad de esa percepción de la propia imagen sea mayor, especialmente en las mujeres jóvenes, que promueven esta especie de tiranía y al mismo tiempo la padecen, puntualiza.

Mulvey publicó su ensayo “Placer Visual y Cine Narrativo” en 1975, en pleno auge de la segunda ola feminista. El libro, considerado un hito, puso en evidencia la imposición de la mirada masculina en la mayoría de las películas del Hollywood clásico, mientras que la mujer era reducida a la categoría de objeto.

En “Placer visual y cine narrativo”, a través de la teoría del psicoanálisis de Freud, Mulvey relaciona la imagen de la mujer en Hollywood como objeto sexual con el falocentrismo de la industria del cine. “Pretendemos ocuparnos aquí de cómo ese placer erótico se intercala en el cine, de su sentido y, en particular, del lugar central que ocupa la imagen de la mujer. Suele decirse que al analizar el placer o la belleza se los destruye. Esa es la intención de este ensayo”, escribió la directora en plena Segunda Ola Feminista.

Mulvey basó todo en la escopofilia, la búsqueda desesperada del placer sexual a través de la mirada, y en la figura del personaje femenino como materia prima. O, dicho de otra forma, en su representación como un un trozo de carne con ojos. “Las mujeres son mostradas para producir un impacto visual y erótico tan fuerte, que puede decirse de ellas que connotan mirabilidad”, explica a través de los casos de Marilyn Monroe en Río sin retorno y Lauren Bacall en “Tener o no tener”.

La autora fue más allá y junto a Peter Wollen desbarató en la práctica las convenciones de la narración fílmica que, a su juicio, sustentaban esa mirada masculina y violenta, en la película “Riddles of the Sphinx”, una de las cuatro que ha escrito o dirigido.

La cinta, de carácter experimental, narraba las dificultades de una madre joven para cuidar a su hija en una sociedad patriarcal y utilizaba movimientos de cámara de 360 grados ajenos a la acción.

Más de cuatro décadas después, la autora opina que la batalla por la igualdad en el cine no ha hecho más que empezar.

“Siempre he pensado que la situación del cine no cambiaría hasta que no hubiese más mujeres haciendo películas”, asegura. “Si me hubieras preguntado entonces qué proporción de mujeres estarían haciendo películas en el cambio de siglo te habría dicho que 50 %, con mucha seguridad”, señala.

“Obviamente no es el caso, pero en los últimos años se están alzando voces en los mayores escaparates y altavoces del cine, como Cannes o los Oscar; creo que hay un cierto sentimiento de vergüenza por la escasa presencia de mujeres en la dirección y guion”, subraya.

Y aunque sí hay cada vez más mujeres detrás de las cámaras, los obstáculos persisten especialmente en la distribución.

“Hay una discriminación constante, la industria no confía en las mujeres y, además, y hay investigaciones sobre esto, a los hombres se les permite fallar, mientras que una mujer tiene una presión enorme para hacer algo mejor”.

Preguntada por el supuesto feminismo de “Wonder Woman”, la primera superheroína de Hollywood con película propia y dirigida por una mujer, Mulvey asegura que la clave, en su opinión, está en cómo aborda la violencia.

Amor en prados incendiados

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Ya con 33 años Susan Sontag descubrió que esa estrategia de dar conocimiento a cambio de amor era una trampa, otro desamparo sin fin: “Mi hábito de intercambiar información a cambio de calor humano. Como poner un chelín en un contacto; dura cinco minutos, después hay que poner otro chelín”.
Ya con 33 años Susan Sontag descubrió que esa estrategia de dar conocimiento a cambio de amor era una trampa, otro desamparo sin fin: “Mi hábito de intercambiar información a cambio de calor humano. Como poner un chelín en un contacto; dura cinco minutos, después hay que poner otro chelín”.

Susan Sontag pasará a la historia como ‘pensadora pop’. Galardonada con el premio Príncipe de Asturias de las Letras 2003 junto con la escritora marroquí Fátima Mernissi, Sontag ingresó a los 15 años en la Universidad de California, en Berkeley. De allí pasó a la de Chicago, en la que se licenció en 1951 en Filosofía y Letras.

A los 17 años contrajo matrimonio con Phillip Rieff, un profesor de Sociología, con quien estuvo casada nueve años y tuvo un hijo, David Rieff, también escritor.

Publicó su primera novela en 1963, ‘El benefactor’, y luego dos ensayos muy leídos durante la década de los sesenta: ‘Against interpretation’ (1966, publicado en español con el título de ‘Contra la interpretación’) y ‘Notes on camp’.

Susan Sontag pasó a formar parte del selecto grupo de pensadores pop. Aquellos que como Foucault, Eco o Zizek, trascienden popularmente por sus apariciones mediáticas más que por sus publicaciones o teorías. Intelectuales que capturan los signos de los tiempos. Y les encanta

En 1968 fue como periodista a la guerra de Vietnam y las vivencias que tuvo le impidieron seguir escribiendo.

Comenzó entonces a pensar en la posibilidad de dirigir una película, lo que se plasmó en la invitación de un productor de Estocolmo para que fuese a Suecia.

En este país filmó ‘Duett for kannibaler’ (1969) y ‘Broder Carl’ (1971). Combinó la actividad cinematográfica con la publicación de otros títulos, como ‘Estilos radicales’ (1969).

Europa

En 1972 sufrió una crisis personal que dio como fruto el libro ‘Bajo el signo de Saturno’ (publicado en 1980), en el que narra su relación con Europa, su identificación y sus percepciones en ese continente.

Al año siguiente dirigió otra película, ‘Promised lands’, en los Altos del Golán y sobre la guerra árabe-israelí.

Dos años después, y a raíz de que se le diagnosticara un cáncer, escribió ‘Illness as metaphor’ (editada en español como ‘La enfermedad y sus metáforas’).

En 1977 publicó ‘On photography’ (‘Sobre la fotografía’), por la que recibió el premio del Círculo de la Crítica Literaria de Estados Unidos, y al año siguiente el libro de narraciones cortas ‘Yo, etcétera’, uno de cuyos relatos sería la base para el guión de otra película, ‘Unguided tour’, rodada en Italia para la televisión.

Sontag era una autora dotada de una gran formación filosófica, interesada por la literatura de vanguardia, y que, según su colega Gore Vidal, se convirtió “más que ningún otro estadounidense en el eslabón con la literatura europea actual”.

Bosnia

En 1992 publicó la novela ‘The volcano lover’ (‘El amante del volcán’) y un año después participó en la fundación del Parlamento Internacional de Escritores, creado en Estrasburgo (Francia) para defender la libertad de expresión y proteger a los autores perseguidos.

También viajó a Bosnia, en plena guerra, para impartir clases en la Academia Dramática de Sarajevo, donde montó, en colaboración con el director bosnio Haris Pasovic y actores de diferentes etnias, la obra ‘Esperando a Godot’, de Samuel Beckett.

Autora que consideraba que los intelectuales deben comprometerse, Sontag criticó duramente la negativa de otros escritores a viajar a Bosnia y pidió públicamente la intervención occidental en el conflicto.

Sontag, que denunció en diversas ocasiones que el fascismo avanza en Estados Unidos, regresó varias veces a Sarajevo para impartir clases de cine y desarrollar proyectos de enseñanza, lo que le valió el premio de Cultura de la Fundación Montblanc en 1994.

Además, en 1999 protagonizó un enfrentamiento con el escritor austriaco Peter Handke, a quien criticó por su defensa de las posiciones serbias en la guerra en los Balcanes.

Ese mismo año fue distinguida por el Gobierno francés con la Orden de las Artes y las Letras, en grado de comendador.

En 2000 recibió el galardón National Book por su obra ‘In America’ (‘En América’), una novela de ficción histórica, y al año siguiente el Premio Jerusalén de Literatura, el más prestigioso de Israel para escritores extranjeros.

Obras traducidas a 26 idiomas

Sontag, cuyas obras han sido traducidas a 26 idiomas, aceptó el galardón pese a las presiones para que lo rechazara, pero aprovechó la ocasión para condenar la ocupación israelí en los territorios palestinos.

Tras la tragedia del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, publicó un ensayo en la revista ‘The New Yorker’ en el que decía que los atentados no habían sido “cobardes”, como los calificó el Gobierno de George W. Bush, lo que le valió una lluvia de críticas.

Y en 2003, durante la Feria del Libro de Bogotá, recriminó al escritor colombiano Gabriel García Márquez por su silencio respecto a las ejecuciones y condenas de disidentes en Cuba.

Sus diarios

Considerada uno de los iconos intelectuales de Estados Unidos, Susan Sontag escribió a lo largo de su vida unos diarios que reflejaban su inteligencia audaz y su sed de cultura. David Rieff, su único hijo, publica la primera parte de estos textos, bajo el título de “Renacida”.

“Mi decisión sin duda viola su intimidad”, afirma con franqueza Rieff, al explicar en el prólogo de este libro, que verá la luz el 1 de abril editado por Mondadori, las razones que lo llevaron a difundir los diarios de su madre, que murió de cáncer sanguíneo en diciembre de 2004, a los 71 años, pero que, hasta pocas semanas antes de su fallecimiento, estaba “convencida de que sobreviviría”.

Ese afán por vivir hizo que Susan Sontag, galardonada con el Premio Jerusalén, el Príncipe de Asturias de las Letras y el Premio de la Paz de los libreros alemanes, muriera “sin dejar instrucciones” sobre sus archivos o sus escritos dispersos.

No ha debido de ser fácil para Rieff lanzarse a publicar en tres volúmenes una selección de los más de cien cuadernos que la gran escritora, una de las voces más críticas de Estados Unidos, fue redactando desde los catorce años hasta la última etapa de su vida. Y los redactó “solo para ella”. “Nunca permitió que se publicara una frase siquiera”, señala el hijo.

“Mi madre no fue en ningún sentido una persona proclive a la confidencia. En particular, evitaba hasta donde le era posible, sin negarla, toda referencia a su homosexualidad o todo reconocimiento de su propia ambición. Así que mi decisión sin duda viola su intimidad”, afirma Rieff en el prólogo de “Renacida. Diarios tempranos, 1947-1964”.

En realidad “los diarios físicos” no le pertenecen a Rieff, ya que su madre, “cuando aún gozaba de buena salud”, había vendido sus archivos a la biblioteca de la Universidad de California. El contrato establecía que ese sería su destino cuando muriera la novelista y ensayista, “como ha sido el caso”.

Por eso, y aunque este escritor y reportero de guerra no era proclive a publicarlos, se dio cuenta de que, o los seleccionaba y preparaba él, “o algún otro lo haría. Pareció preferible seguir adelante”.

“Creo que lo más deseable en el mundo es la libertad de ser fiel a uno mismo, es decir, la Honradez”, escribía Susan Sontag a los 14 años en su diario del que su hijo no ha excluido los fragmentos en los que quedara patente la “franqueza sexual” de la escritora o “la crueldad” de algunos juicios que emitía.

A los quince años, Sontag ya tenía claro que “La montaña mágica”, de Thomas Mann, era “la mejor novela” que había leído hasta entonces, y hacía largas listas con los libros que debía leer.

La misma pasión que sentía por la literatura la trasladaba también a la música, “la más maravillosa, la más vivaz de todas las artes y la más sensual”, decía la autora de libros como “En América”, “Ante el dolor de los demás” y de la recopilación de sus ensayos en “Cuestión de énfasis”.

Y es que en estos diarios, señala Rieff, “el arte es visto como una cuestión de vida o muerte”.

“¿Cuánto hay de narcisismo en la homosexualidad?”, se preguntaba Sontag en 1949, cuando ya había aludido varias veces en el diario a su relación con Harriett Somhmers Zwerling, a la que conoció cuando tenía dieciséis años y con la cual viviría después en 1957, en París. Más tarde mantendría una relación con la dramaturga María Irene Fornes, presente igualmente en estos escritos.

Con la misma naturalidad que escribía en abril del 49 que “nada sino humillación y degradación” sentía si pensaba “en relaciones físicas con un hombre”, en septiembre reconocía que, tratándose de mujeres, hallaba “mayor satisfacción física en ser ‘pasiva’, aunque emocionalmente”, era sin duda “el tipo amante, no el amado… (Dios mío, ¡qué absurdo es todo esto!)”, añadía a continuación.

David Rieff cree que estos diarios “fluctúan entre el dolor y la ambición” y reflejan la “maestría en las artes” que tenía su madre, “su pasmosa confianza en la razón de sus propios juicios, su extraordinaria avidez”.

Pero también revelan “su sensación de fracaso, su incapacidad para el amor e incluso para el eros. Se sentía tan incómoda con su cuerpo como tranquila con su mente”, asegura Rieff.

Rosario Castellanos, el eterno femenino

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Rosario Castellanos transforma en literatura a la realidad de la exclusión (especialmente, la de las mujeres)
Rosario Castellanos transforma en literatura a la realidad de la exclusión (especialmente, la de las mujeres)

Rosario Castellanos fue una mujer hecha a sí misma, una escritora necesaria. Nació un 25 de mayo de 1925 y muy pronto destacó por sus versos. “Tuvo, desde su infancia, una conciencia clara de lo que significaba ser blanca frente a los indios y mujer frente a los hombres”, relata Amalia Bautista, poetisa española, en el prólogo de una de sus antologías.

Castellanos nació en Ciudad de México, pero pasó su infancia en la hacienda de sus padres en Comitán (Altos de Chiapas). Esta región congrega la mayor cantidad de población indígena mexicana. A los 22 años se quedó huérfana, sumando la muerte de su hermano años atrás. Estas dos circunstancias la marcaron profundamente. Donó su hacienda y se fue a la capital en busca de una vida mejor.

Se graduó en filosofía y letras por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la que posteriormente ejercería como profesora. Gracias a una beca, cursó estudios de estética en Madrid. Compaginó la docencia con la escritura en el periódico Excélsior, uno de los diarios mexicanos más prestigiosos. Además, trabajó como promotora cultural para el Instituto de Ciencias y Artes de Tuxtla Guitiérrez y para el Instituto Nacional Indigenista. Castellanos fue nombrada embajadora de México en Jerusalén en 1971.

Aunque le quedaban muchas cosas por contar, su vida se apagó de forma prematura el 7 de agosto de 1974. La escritora estaba en la ducha y salió corriendo a contestar el teléfono, una lámpara se cruzó en su camino y falleció a causa de la descarga eléctrica que atravesó su cuerpo. Sus restos reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres de Ciudad de México.

Rosario Castellanos escribió once poemarios, tres novelas, ensayos, libros de cuentos, relatos, obras de teatro, textos periodísticos… cultivó múltiples géneros, pero todos ellos con un punto en común: un marcado carácter político y la defensa de los derechos de las mujeres.

A través de obras de teatro como Tablero de damas (1952) y El eterno femenino (publicada póstumamente en 1975), fue reconocida como símbolo del feminismo latinoamericano, al revelarse como una de las iniciadoras de la defensa de los derechos de las mujeres, cita su perfil publicado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

A decir de la crítica especializada, Castellanos forma parte de un selecto grupo de escritoras mexicanas del siglo XX que incursionaron en diferentes géneros literarios, desde poesía, narrativa, teatro y ensayo, hasta textos periodísticos.

Todas sus obras se consideran autobiográficas, en mayor o menor medida. Su fallido matrimonio con el filósofo Ricardo Guerra, las infidelidades de este, sus diversos abortos y depresiones configuran el tema angular de sus escritos.

‘Balún Canán’ (1957) es su obra más conocida. Supuso una gran innovación en las letras iberoamericanas, ya que fue uno de los primeros casos de feminismo literario. Narra, a través de una niña sin identificar, la muerte de su hermano y su desamparo en un mundo controlado por hombres blancos.

‘Ciudad Real’, publicado en 1960, se define en la portada como ‘cuentos sobre la opresión a las culturas indígenas’. En él presenta las costumbres de diferentes tribus, así como las diversos ofensas que tienen que soportar estas minorías. El libro descubre los antecedentes del levantamiento zapatista de 1994.

Entre los temas que ahondó en su obra destacan la inadaptación del espíritu femenino en un mundo dominado por los hombres, la sumisión a la que se vio obligada desde la infancia por el hecho de ser mujer y la melancolía meditabunda. En Lívida luz (1960), la autora revela sus preocupaciones derivadas de la condición femenina en una sociedad machista.

Uno de sus últimos documentos publicados es ‘Mujer que sabe latín’ (1973). Haciendo un gran manejo de la ironía, Castellanos proclama: “La mujer no está preparada ni interesada en el pensamiento”. La autora no lo hace como una crítica, sino como una llamada de atención sobre la mujer, que durante siglos y siglos ha sido, y es, juzgada por cómo va vestida, cómo trabaja o cómo actúa.

Rosario Castellanos fue necesaria y continua siéndolo. Una escritora que, pese a una vida llena de luces y sombras, trató de iluminar el camino de las mujeres hacia la concienciación de si mismas en pro de una mayor libertad.

Palabras contra anacronismos

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“Algo nacerá, ya sea de la destrucción total o de una especie de revolución, pero esto no puede seguir así”
“Algo nacerá, ya sea de la destrucción total o de una especie de revolución, pero esto no puede seguir así”

Después del éxito mundial de su “Dios de las pequeñas cosas”, la escritora y militante izquierdista india Arundhati Roy ha publicado una segunda novela más ardiente y política que nunca. Con “El ministerio de la felicidad suprema”, un libro poderoso y complejo, la autora prosigue la obra crítica con la sociedad y el Estado indios que ha construido en las dos últimas décadas con decenas de ensayos.

“No solo en India, sino en todo el mundo, está naciendo un sistema económico que divide a la gente”, dice la intelectual de 56 años. “Describo cómo ese sistema destruye a las personas vulnerables en este país”, agrega.

Al pensar en la Arundhati Roy novelista, uno recordaba la imagen de la joven que recibió, vestida con un sari de color púrpura, el prestigioso premio Booker en 1997 por “El dios de las pequeñas cosas”, del que vendió seis millones de ejemplares en el mundo. En la entrevista realizada una tarde de invierno en un café de la parte antigua de Nueva Delhi, la escritora sigue luciendo el pelo rizado, pero tiene las canas de una mujer de 56 años. Su pequeña estatura, sus ojos rodeados de kohl, el pausado timbre de su voz y sus sonrisas traviesas sorprenden porque contrastan con la vehemencia de sus textos.

¿Por qué pasaron tantos años antes de una nueva novela? “Tardé en recuperarme de ‘El dios de las pequeñas cosas’, no solo por culpa de su éxito material sino porque, de cierta manera, lo saqué del fondo de mí misma”, explica.

“El ministerio de la felicidad suprema”, una novela exuberante con numerosos personajes, pasa de la vida de una comunidad de hijras (transgéneros) de Nueva Delhi a una historia de amor en un ambiente de insurrección en Cachemira.

Aparecen nacionalistas hindúes, la guerrilla maoísta de los bosques del centro del país, la violencia de las castas y los demás temas habituales de la Arundhati Roy militante.

La escritora asegura que tejió esta narración laberíntica a imagen del dédalo urbano de las megalópolis indias. Este libro, redactado en un periodo de 10 años, “hay que aprender a conocerlo como se aprende a conocer una ciudad: recorrer sus carreteras grandes y pequeñas, sus patios traseros, sus solares”, afirma.

Adulada y odiada

Tan idolatrada por sus lectores como odiada por sus detractores, clarividente para algunos, idealista y caricatural para otros, Arundhati Roy levanta pasiones en su país.

La escritora acostumbrada a las polémicas, las manifestaciones y las comparecencias ante los tribunales, se ha forjado desde que alcanzó la fama literaria un perfil de intelectual disidente similar al de Noam Chomsky en Estados Unidos.

“Me costaría estar en paz conmigo misma si no hablara de lo que pasa aquí”, dice para justificar su compromiso intransigente.

“¿Cómo se puede aceptar que se mutile a cientos de personas en Cachemira? ¿Cómo se puede aceptar una sociedad que, desde hace miles de años, decidió que una parte de la población podía llamarse ‘intocable’? ¿Cómo se puede aceptar una sociedad que quema las casas de las poblaciones tribales y expulsarlas de sus hogares en nombre del progreso?”, enumera.

Con una pluma afilada como una cuchilla, esta hija de una cristiana de la región meridional de Kerala y de un hindú de Bengala Occidental lucha contra la crispación identitaria de India bajo la férula de los nacionalistas hindúes.

Su nueva novela describe a estos como gente que ansía un nuevo “Reich” fundamentalista.

“El nivel de comunitarismo y de polarización de la gente nunca había sido tan execrable”, asegura. “Hay milicias que merodean con ganas de quemar salas de cine, grupos de enormes bigotudos que celebran el sati”, una práctica ilegal y rarísima de inmolación de una viuda en la pira funeraria de su marido.

Incansable portavoz de los oprimidos, ecologista, feminista, altermundialista y crítica con el capitalismo, Roy expresa su esperanza de que surja una forma de justicia social de los tumultos del mundo.

“Algo nacerá, ya sea de la destrucción total o de una especie de revolución, pero esto no puede seguir así”, sentencia.

Cronista del corredor sin retorno

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Bly nació en 1864 en el pequeño pueblo de Cochran’s Mills, Pennsilvania, en el seno de una familia de quince hijos, la mayoría dedicados al trabajo granjero. A los dieciséis años se mudó junto a su madre a Pittsburgh, donde Elizabeth intentó terminar sus estudios de Magisterio en un internado, si bien debió abandonarlos un semestre después ante lo elevado de las cuotas. En 1885, mientras ella misma trabajaba como profesora, leyó un artículo en el Pittsburgh Dispatch con el título «¿Para qué sirven las chicas?». El texto era profundamente misógino y calificaba a la mujer trabajadora como «monstruosidad», así que Elizabeth escribió una feroz refutación que envió al Dispatch firmada con el seudónimo «Chica huérfana y solitaria». El editor quedó tan impresionado por la pasión de Elizabeth que le ofreció un trabajo en el periódico. Elizabeth se convirtió en periodista. Se convirtió en Nellie Bly
Bly nació en 1864 en el pequeño pueblo de Cochran’s Mills, Pennsilvania, en el seno de una familia de quince hijos, la mayoría dedicados al trabajo granjero. A los dieciséis años se mudó junto a su madre a Pittsburgh, donde Elizabeth intentó terminar sus estudios de Magisterio en un internado, si bien debió abandonarlos un semestre después ante lo elevado de las cuotas. En 1885, mientras ella misma trabajaba como profesora, leyó un artículo en el Pittsburgh Dispatch con el título «¿Para qué sirven las chicas?». El texto era profundamente misógino y calificaba a la mujer trabajadora como «monstruosidad», así que Elizabeth escribió una feroz refutación que envió al Dispatch firmada con el seudónimo «Chica huérfana y solitaria». El editor quedó tan impresionado por la pasión de Elizabeth que le ofreció un trabajo en el periódico. Elizabeth se convirtió en periodista. Se convirtió en Nellie Bly

Elizabeth Jane Cochran, mejor conocida como Nelly Bly, nació en Estados Unidos el 5 de mayo de 1864. Su padre murió cuando ella era muy pequeña y desde entonces ayudó a su madre a mantener a sus 14 hermanos.

En una ocasión, tras leer un artículo en el periódico Pittsburgh Dispatch titulado “Para qué son buenas las mujeres”, quedó tan enojada que decidió escribir una carta al redactor quejándose. Este último quedó tan impresionado con la respuesta de Nelly que la invitó a escribir un artículo en su periódico.

Tras impresionarse aún más con ese artículo, el redactor le ofreció un trabajo de tiempo completo en el periódico, ella aceptó encantada.

La temática de sus artículos giraba en torno a la situación de las mujeres y sus derechos, debido a esto recibió muchas críticas y decidió dejar el Pittsburgh Dispatch para mudarse a Nueva York.

Cuatro meses después de mudarse se quedó sin dinero pero con destreza logró entrar a la redacción del New York World siendo uno de sus primeros encargos el introducirse en un sospechoso hospital psiquiátrico.

No existía persona que luego de haber sido internada en el lugar hubiera podido salir, por lo tanto era imposible saber las condiciones reales dentro del centro. Los antiguos empleados murmuraban sobre las malas condiciones de este pero ninguno estaba dispuesto a testificar.

Tras la promesa de ser liberada tras pasar allí diez días, se internó en el hospital; sabía que no le agradaría lo que vería, pero lo que vivió fue aún peor de lo imaginado.

Dentro estaba abarrotado, vivía el doble de pacientes de los que permitía la capacidad del hospital; incluso los pasillos estaban llenos de enfermos. La comida era horrible: pan, sopa acuosa y frutas en mal estado. Además estaba infectado de ratas.

Muchos de los internos ni siquiera estaban realmente enfermos, sino que eran pobres o no entendían el idioma. Los pacientes eran maltratados constantemente, los golpeaban, colgaban del techo o se les obligaba a ducharse con agua helada. Y los pacientes que de verdad lo necesitaban no recibían el tratamiento adecuado.

Ningún médico creía cuando los pacientes informaban de los maltratos, por el contrario, eran sancionados con castigos peores.

Trascurridos los diez días, y según lo acordado y prometido, un abogado se personó en el hospital pidiendo la liberación de Elizabeth.

El artículo escrito tras esta experiencia fue titulado “Diez días en una casa de locos”; fue tal su repercusión que los responsables de los crueles maltratos fueron arrestados y la situación de los pacientes mejoró de forma significativa.

Ella continuó escribiendo artículos y su fama logró que se publicaran por todo el mundo. Trató temas como la pobreza, la política y cuestiones en las que las mujeres jamás habían tenido voz anteriormente.

Tuvo la alegría de ver cómo las mujeres por fin ejercían el derecho al voto durante dos años hasta que, a la edad de 57 años, murió de un derrame en 1922 convertida en fuente de inspiración para hombres y mujeres desde entonces por su increíble labor.

Libertad trazada con palabras

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Escritora, sobre todo, de literatura infantil y juvenil, será Celia el personaje por el que es popularmente conocida Elena Fortún
Escritora, sobre todo, de literatura infantil y juvenil, será Celia el personaje por el que es popularmente conocida Elena Fortún

Elena Fortún fue la creadora de Celia, personaje infantil más emblemático de la literatura española al que dedicó una serie de novelas, y ahora se ha publicado la novela de tema lésbico “Oculto sendero”, considerada su “testamento literario”.

“Oculto sendero” es “un acto de valentía no exento de miedo”, según la catedrática de Estudios Hispánicos de la Universidad de Exeter, Nuria Capdevila-Argüelles, responsable de esta edición junto a la filóloga María Jesús Fraga.

Es también la historia de una “arisca jovencita, novia a la que no le gustan nada los hombres, mala esposa, madre agitada por la incomprensión de sí misma, moderna artista emancipada después de su maternidad y, finalmente, mujer madura y sola, consciente de su inversión, tras, en conjunto, una triste vida marcada por un doloroso y difícil proceso de concienciación que culmina en final abierto: un sendero oculto, una ruta invisible a los ojos de la mayoría”.

Capdevila-Argüelles sostiene en el prólogo a esta primera edición de la novela que si Fortún, en sus libros publicados, dejó un testimonio exhaustivo de una época, en su escritura más íntima, la que no dio a la imprenta y entre la que se encuentra “Oculto sendero”, exploró su lesbianismo, “la parte más problemática de su identidad”, sobre la que “hubo rumores en vida de la autora” y que ésta “no vivió con la plenitud de algunas contemporáneas, pero sí a medias, dejando tras ella indicios”.

Para la catedrática, “lo inusitado del contenido de ‘Oculto sendero’ la convierte en el testimonio clave para el estudio histórico de la sexualidad y emancipación femeninas en la España de las Vanguardias”.

El rescate del original mecanografiado de “Oscuro sendero” se debió a la profesora gaditana Marisol Dorao, autora de “Los mil sueños de Elena Fortún” y quien en los años ochenta visitó en Estados Unidos a la nuera de Elena Fortún, la cual le entregó “un gran bolso de viaje lleno de papeles de su suegra”.

Entre aquellos papeles, además de cartas, artículos y cuadernos estaba el manuscrito autobiográfico “Nací de pie”, la novela sobre la Guerra Civil en Madrid “Celia en la revolución” -que permaneció inédita hasta 1987 y que ha sido reeditada por primera vez este año- y dos novelas escritas a máquina, una de ellas “Oculto sendero”.

Para Capdevila-Arguüelles, la infelicidad matrimonial de Fortún se debió también a los desajustes psicológicos de su marido y a su éxito editorial con las novelas sobre Celia, ya que, en la primera parte de su carrera literaria, su esposo le tenía prohibido escribir, de tal modo que había de hacerlo a escondidas, en el baño.

La misma Fortún, en una carta a una amiga, asegura que el haberse casado fue “un disparate”.

Capdevila-Argüelles recuerda que en las novelas de Celia apenas si hay referencias al sexo y la sexualidad y que en “Celia institutriz” el personaje casi sufre una violación, de lo que logra escaparse mordiendo al hombre que la asalta, pero que en “Oculto sendero” trata “extensivamente el tema de la agresión y la violencia sexual contra las mujeres”.

En esta novela presenta el matrimonio como “una institución esclavizadora que legitima la venta del cuerpo de la mujer al hombre”, considera “el código de honor como un ridículo sinsentido” y “el sexo como algo sucio que nada tiene que ver con el placer femenino”.

Al final de la novela, advierte Capdevila-Argüelles, “la protagonista proyecta su ambigüedad al futuro” vistiéndose con un traje de corte masculino y “acaba aceptando un vivir escondido y exiliado de su patria y sus orígenes, en América, mundo nuevo en el que ser artista y ser homosexual, lejos de Madrid y de una sociedad en la que los cambios de la identidad femenina no podrán cuajar para toda una generación de mujeres cogidas entre tradición y progreso”.