folk rock

Nick Drake, el misterioso rey del otoño

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La aventura musical de Nick Drake fue breve y dulce, huidiza y melancólica. Su prematura muerte, a los 26 años de edad, lo convirtió en el prototipo de esperanza truncada por la fatalidad. Sus canciones son suaves momentos de poesía, delicados arabescos que el tiempo aún no ha amarilleado, pero que reflejan un pasado que nunca volverá
La aventura musical de Nick Drake fue breve y dulce, huidiza y melancólica. Su prematura muerte, a los 26 años de edad, lo convirtió en el prototipo de esperanza truncada por la fatalidad. Sus canciones son suaves momentos de poesía, delicados arabescos que el tiempo aún no ha amarilleado, pero que reflejan un pasado que nunca volverá

Aunque hay varias biografías de Nick Drake, “las preguntas siguen siendo las mismas: ¿Su muerte fue un suicidio o un accidente? ¿A qué respondían sus fobias antisociales? ¿Quién fue Nick Drake? ‘Far Leys’ intenta darle respuesta a estas preguntas, narrando al mismo tiempo la gran influencia del músico sobre los protagonistas de la novela”, explica Miguel Ángel Oeste.

Sobre si Drake es “literario”, Oeste cuenta que el músico “llevó una vida muy porosa, llena de lagunas, en eso coincide con el misterio de sus canciones”.

La historia de este músico está repleta de contradicciones, y eso es bueno para la ficción; por ejemplo, Nick fue un tipo solitario que vivió la mayor parte de su vida en Far Leys, un artista íntegro que a pesar de todo necesitaba y quería ser famoso, pero sin embargo se negaba a tocar en vivo y a hacer una vida pública”, concede.

Oeste añade sobre Drake que “a pesar de todas esas contradicciones la transcendencia, aunque sólo sea por su influencia en otros músicos, la tiene; y el ‘éxito’ le llegó tras su muerte”.

“Y no hay nada más triste que el éxito póstumo de un fracasado o los deseos que se cumplen fuera del tiempo; en vida sus discos no se vendían, ni lo escuchaba nadie, y hoy es idolatrado si no por las grandes masas, si por una minoría muy importante”.

Para definir a Drake, Oeste recurre a palabras del escritor argentino Juan Forn, quien lo consideró “el rey indiscutible del otoño”, y añade que fue “un músico inglés extraordinario con una personalidad resbaladiza, un enigma, alguien que lo tenía todo para triunfar pero que no lo hizo”.

No obstante, lo que más le ha interesado a Oeste ha sido “el influjo que tuvo en la gente que lo conoció en vida y luego después de su muerte; hay una frase de ‘Suave es la noche’, de Scott Fitzgerald, que se ajusta a Nick o a la representación que hago de él en la novela: ‘Nunca sabes exactamente cuánto espacio has ocupado en las vidas de las personas'”.

“Nick es un personaje muy atractivo por la incuestionable calidad de sus canciones, y posee también un gran atractivo físico como reflejan las pocas imágenes que han quedado de él; sólo quedan unas docenas de fotos, ninguna imagen en movimiento -salvo una película casera de cuando era niño-, y sus canciones; todo lo demás son elucubraciones, y con ese material base es fácil dejarse llevar por la imaginación”, ha añadido el autor.

Al mismo tiempo que esta novela se publicó un libro de relatos de Eduardo Jordá titulado “Yo vi a Nick Drake”, ante lo cual Oeste señala: “Con motivo de cada aniversario de la muerte de Drake, no se generará un reconocimiento masivo, más que del personaje de su música, que desde luego lo merece; aunque recuperación no puede haberla porque nunca tuvo en vida ese reconocimiento que mereció por la calidad de sus composiciones”.

De la música de Drake destaca “la atemporalidad y, por encima de todo, la belleza; sus canciones rezuman belleza, y si a eso se le añade el componente misterioso de sus letras, que no hacen más que reflejar lo misterioso del autor, la riqueza de matices de sus arreglos, su voz tan personal, no es extraño que se convirtiera en un autor de culto entre los propios músicos”.

En la novela, la figura de Drake y su biografía están contadas a través de las voces de los personajes de ficción, Janet, la íntima amiga autoexcluida durante treinta años, y Richard, un actor que inicia una investigación sobre el músico para filmar una película y que termina bajo los influjos de sus poderosas canciones.

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La esencia del lobo solitario

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Neil Young y su perro Harte, en 1971
Neil Young y su perro Harte, en 1971

Neil Young siempre está en movimiento. Amante de los autos y de los trenes eléctricos, es un artista y un creativo en permanente estado de vibración que también lo llevó a desarrollar el Pono (un reproductor musical de alta calidad) y un prototipo de auto eléctrico. Ahora, es el turno de abrir sus archivos, un sitio en el que de manera gratuita (hasta el 30 de junio de 2018, luego se cobrará una suscripción), comparte toda su discografía en sonido de alta definición. No solamente sus discos, sino también grabaciones inéditas que sólo se conseguían a través de The Archives Vol. 1 1963–1972, un costosísimo box-set de más 8 CDs y DVDs que​ Stephen Thomas Erlewine, periodista del sitio Allmusic, definió como “un trabajo extraordinario que redefine lo que una autobiografía debe ser”.

Porque si de vida y obra se trata, probablemente Neil Young sea el músico de la cultura rock en formato o como eléctrico (como también sofisticadamente orquestal: basta escuchar esos “poemas sinfónicos” perfectos junto a la la Orquesta Sinfónica de Londres, como A Man Needs a Maid y There’s a World) que mejor simboliza esa música que nació a mitad del siglo pasado. ¿Existe acaso una curvatura narrativa –tanto ascendente como descendente– que empiece en los 60, atraviese el punk y que anticipe los últimos movimientos del rock? El comienzo del rock, el punk, y los 90 del grunge y Nirvana se cruzan en (tan sólo) uno de sus tantos clásicos, la canción Hey, hey, my my de 1978: “El Rey se ha ido pero no ha sido olvidado: ¿Es ésta la historia de Johnny Rotten?”. Y luego las palabras que usara Kurt Cobain en su nota de suicidio: “es mejor quemarse que extinguirse lentamente”. Un epitafio, una parábola del rock de un joven hippie veterano, coronando al líder de los Sex Pistols en tiempo real, a través de Elvis y predestinando el movimiento grunge.

En el enlace se puede disfrutar de su música en alta calidad de audio: sus discos solistas de los comienzos, sus primeros éxitos con Buffalo Springfield y la fama con el súper-grupo Crosby, Stills, Nash and Young. Pero también su pre-historia con sus primeros grupos Beat como The Squires. Es una forma, que aunque en principio suene morrocotuda y oceánica (son cientos y cientos de canciones) nos acerca a un artista canadiense que, como sus compatriotas Joni Mitchell y The Band, definió como pocos ese género estadounidense por excelencia llamado con rigor tautológico pero también con justicia, Americana: la amalgama del folk, el góspel y el blues, todo sazonado con swing. Un cantante, compositor, guitarrista, harmoniquista y eventual pianista que sigue dando obras maestras como el disco Harvest Moon en los 90 o el más reciente Prairie wind. Una manera de explorar la obra de un músico que fue versionado por Johnny Cash, Nick Cave o Radiohead.

Un caballero llamado Percival

Neil Percival Young nació en Toronto, Ontario, el 12 de noviembre de 1945. Los Neil Young Archives nos dan un vistazo de sus comienzos con su grupo adolescente The Squires: Un rock garagero, surfer y de toques hawaianos. Vale la pena detenerse en la canción I wonder, pura invasión british de la época o en canciones como Aurora y el demo de Sugar Mountain, una muestra de su joven talento del artista y de la que también encontramos una versión en vivo de 1969, en vivo en Toronto. El siguiente grupo de Young fue Mynah Birds, de los que más tarde surgirían los fundadores del grupo Steppenwolf y para buscar información de cualquiera de las encarnaciones de Young, los archivos ofrecen varias modalidades de búsqueda: el simple botón de search que permite buscar por canción, álbum o agrupación según la época y que nos conduce a información detalladísima sobre una entretenida plataforma de diseño vintage (como los viejos ficheros mecánicos alfabéticos), pero también a través de una línea de tiempo. La Timeline es una cronología que recorre desde los años 60 hasta la actualidad.

For what it´s worth: el sonido de Vietnam

Algo está pasando aquí.
Y no está del todo claro.
Hay un hombre con una pistola por allí
Diciéndome que tenga cuidado.
Creo que es hora de parar.
Chicos, ¿Qué es ese sonido?

Formación de Buffalo Springfield, con Neil Young en el centro
Formación de Buffalo Springfield, con Neil Young en el centro

Young viaja a California y forma Buffalo Springfield, junto a Stephen Stills, antiguo compañero de escenarios canadienses. Se trata de su primer grupo de trascendencia y del grupo que junto a The Byrds fue pionero del sonido folk-rock politizado de la época (con parte de The Byrds luego formaría el Crosby, Stills, Nash & Young). Fueron tres discos muy buenos y varios intentos de reencuentro en las décadas venideras (con varias bajas a cuestas), pero sobre todo un disco debut contundente, que contaba ya con cinco composiciones de Young y uno de las grandes canciones contra la invasión en Vietnam: For what it´s worth, de la pluma de Stills, aun sigue repiqueteando inspirada, un llamado a parar la guerra que todavía suena creíble. En los archivos pueden escucharse tanto la versión original, como otras en vivo que llegan hasta el 2008, lo que prueba que se trata de un clásico de (o por) Young de largo aliento.

Buffalo Springfield Again, segundo disco del grupo ya contaba con lo que serían algunos de los éxitos imperecederos de Young: Mr. Soul, Expecting to Fly y Broken Arrow. El primero -que usaba el riff principal de (I Can’t Get No) Satisfaction de The Rolling Stones– serviría para demostrar como Young podía convertir un rock n roll de fuga hacia adelante en una canción folk y noir. Y los archivos ofrecen el encanto de comprobarlo a través de varias versiones: Una trasposición de lo acústico a lo eléctrico (o viceversa) que sería el procedimiento ejemplar en toda su carrera. Basta escuchar la versión de Mr. soul para su disco MTV Unplugged. La segunda y el tercera canción, capitales en su obra (su rancho privado se llama Broken arrow) nos enseñan algo aún más curioso sobre su poesía y su prosa: un espíritu ancestral y ornitológico, un autor para el que el folklore, las aves (el volar) y la libertad están íntimamente conectadas. ¿Ejemplos? Expecting to Fly, Birds, Danger bird, High flyin bird, Flying on the ground is wrong, su grupo de los comienzos Myna Birds o el ave en la tapa del disco Zuma.

¿Estás listo para el country?

Cronológicamente hablando, Neil volaba alto y no le alcanzaba con compartir un grupo. Su álbum debut, el homónimo Neil Young (con una ayudita de Ry Cooder y la producción de David Briggs, que sería su principal colaborador en el sonido de sus discos) es ya un disco solidísimo que incluye temas como The loner y I’ve been waiting for you (y de éste en los archivos podemos escuchar una mezcla de audios inédita). Si se observa las versiones que tendría ésta canción en el futuro (nada menos que por Dinosaur Jr., Pixies y David Bowie) podría decirse que en aquella ópera prima Neil ya miraba al futuro con un oráculo infalible. Y The best is yet to come, como cantara Sinatra: a partir de allí, y mientras su éxito con Crosby, Stills, Nash & Young no cejaba, 7 discos intensos, todos ellos disponibles en estos archivos y en versiones remasterizadas. Un primer canon-cancionero de Young, desde su disco debut hasta Zuma, donde muchas tradiciones conviven.

De izquierda a derecha, Neil Young, David Crosby, Stephen Stills y Graman Nash, quienes atisbaron el cuadrilátero perfecto en discos como "Dejà Vu"
De izquierda a derecha, Neil Young, David Crosby, Stephen Stills y Graman Nash, quienes atisbaron el cuadrilátero perfecto en discos como “Dejà Vu”

Una de la leyendas de las que Young echó mano, no fue la del cowboy o a la del outlaw proscrito, si no a la del indio. Los tiempos estaban cambiando como cantaba su colega Dylan, y al son de la protesta contra Vietnam, el revisionismo histórico reconocía las masacres indígenas en los libros de texto estudiantil o en films “anti-western” como Little big man. Inspirado en la mítica leyenda del cacique Caballo Loco, Young recluta a los que serían los miembros de su grupo más estable y los bautiza Crazy Horse. Young traspasa la frontera de la canción Americana y funda su propia tribu de creaciones acústicas y eléctricas: durante décadas galopará con los Crazy Horse, una banda simple y radical de guitarra, batería y bajo que renace en cada disco y década tras década. Entre esos músicos de apellidos latinos (como Molina y Sampedro) también encontraría una veta autoral que aún hoy resulta sorprendente para un músico nacido en Ontario, Canadá: sí, Young, desde hace 40 años, compone canciones que se llaman Ride my llama, Cortez the Killer, Like an Inca o Pocahontas. Nombres con raíces o palabras hispánicas y latinas muchísimo antes de que EE. UU. se enamorara de lo “latin” a través de Ricky Martin, Macarena o Despacito.

Tras el temerario pero exitoso segundo disco, Everybody Knows This Is Nowhere, con sus largos solos de guitarra, adelantados en su anarquía a la explosión del punk y con esas alteraciones sónicas de las cuales abrevaría el pulso sónico de los 90, llega el perfecto After the gold rush. Luego de la orgía de sonidos, una calma inquieta: el flugelhorn por Bill Peterson en la canción que da título al disco es tal vez, junto a la orquestación de Penny Lane, uno de los más simples y memorables arreglos de viento de la época. Basta escuchar como la fina voz Young canta (atención a la versión del bootleg, Live at the Cellar Door, apenas piano y voz): “Look at Mother Nature on the run, in the nineteen seventies.”… Young contempla esa naturaleza americana desnuda, pero esta huye. Y él, aunque joven, ya no puede alcanzarla. Aún faltaban décadas, pero allí estaría el brote de los músicos alienados y pacientes, extraterrestres y hermosos, como Thom Yorke que cantaría su propia versión de esta gema maestra. O los Flaming Lips, que inspirados en este desenchufado dolor youngiano, compondrían canciones como Chewing the apple of my eye. El amor nos destrozará de Joy Division y todo ese pop “dark” aún parece muy lejano en el tiempo, pero el canadiense sabe. Sabe que sólo el amor puede romper los corazones, como canta en Only love can break your heart (en los ficheros de su web podemos encontrar al menos cuatro versiones diferentes). Neil Young, siempre ha sido, como Iggy Pop o Lou Reed, un artista en el lugar apropiado pero adelantado a su tiempo, tendiendo puentes para que las generaciones venideras se alimenten de su manantial creativo.

En 1972 llegaría el disco Harvest. Un paseo por el country, una invitación a la ancha y vasta EE. UU. con la canción Are you ready for the country como todo soundtrack de los urbanitas que aún sueñan con huir de la metrópoli pero no se animan. Con arreglos orquestales incluidos, fue el disco que le conseguiría su único número 1 en las radios, con Heart of gold. Pero allí, en ese disco, está sobre todo The Needle and the Damage Done. La canción sobre la adicción y el daño. Daño desgraciadamente ya casi hecho, porque el guitarrista de los Crazy Horse, en quien se inspiró Young, Danny Whitten, moriría de sobredosis un año después de la grabación. Es una obra épica, completamente desnuda (tanto en los arreglos como en la honestidad de su mensaje): “Canto esta canción porque amo al hombre… cada adicto es un sol que se apaga“. Tiene el realismo ‘burroughsiano’ de El almuerzo desnudo y porta una imagen musculosa en la que casi se puede ver los lerdos filamentos de la hemoglobina entrando en la aguja hipodérmica de la heroína. Young también nos dice: “Milk-blood, to keep from running out” (“leche- sangre, para evitar que se acabe“). Su tono nos hunde en un precipicio. Y en la unión de esos sustantivos (“leche y sangre“), Young crea uno nuevo, biforme e inseparable. La historia de la canción conoce pocos momentos así. Vale la pena la interpretación que hace Young en vivo en 1971 en el Massey Hall, a menos de un año de su lanzamiento y con un público que la reconoce al instante.

‘Living with war’

Pero, además, parte de estos discos tendrían, nuevamente, consecuencias políticas. No sólo el clásico Ohio, junto a sus compañeros de Crosby Stills, Nash & Young sobre la masacre en la universidad de Kent, sino también la crítica al sur más rancio y segregacionista tuvo una reacción: la notable canción Sweet Home Alabama. Allí, el grupo Lynyrd Skynyrd le cantaba y contestaba, bandera confederada al hombro, a canciones como Alabama y Southern man en las que Young criticaba al Sur: “Espero que Neil Young sepa / el hombre sureño no lo precisa por estos lares nunca más“.

Después de discos seminales y corrosivos como Rust never sleeps y Rust live de 1979, la década del 80 no sería considerada la década más creativa del prolífico Young (aunque vale la pena revisar entre los archivos discos como Hawks & Doves y Old ways). Pero la semilla de la semilla ya estaba plantada con la canción Hey, hey, my, my en sus versiones eléctricas y acústicas. Y ese gesto anti-oxido de Neil, anticipado y siempre a la vuelta de la esquina del cambio de década, vuelve en 1989 con Keep on rockin’ in the free world: la prefiguración del movimiento grunge y el renacimiento de los Crazy Horse con el disco Ragged Glory, de 1991. Después de esa rebelión sonora efervescente, llegaría el acústico, perfecto y ajardinado disco Harvest Moon, guiño al disco Harvest. Una invitación a escanciar el nuevo té de la cosecha de Young.

‘Not forgotten’

Detenerse en cada disco y canción llevaría cientos de párrafos. Aunque audiovisualmente lo han contado mejor directores de cine como Jim Jarmusch (en la muy buena Year of the horse) o la trilogía documental de Jonathan Demme (que aún no se encuentran disponibles en los archivos aunque las palabra preliminares del sitio anuncian que se podrán ver pronto). En los 2000 Neil Young sobrevivió a una operación de aneurisma y siguió arrojando discos excelentes, grabados en estudio y sonando como una usina nueva: en Living with war, The Monsanto years o el nuevo The visitor (con su crítica a Donald Trump en el single Children of Destiny) sigue mostrando un espíritu ecológico y politizado inquebrantable.

Neil Young, en 1974, durante su concierto en el Wembley Stadium
Neil Young, en 1974, durante su concierto en el Wembley Stadium

Aire, tierra, fuego, viento: Neil Young es, por qué no, el quinto elemento de la naturaleza musical norteamericana. Entre la madera (guitarra acústica) y el metal (viola eléctrica) de los elementos del taoísmo chino, en un mismo genio oscilan la quietud y la furia, baladas y rock and roll. Young muerde las palabras antes de soltarlas o las sopla, tiernamente, como un chico: y hace de ventrílocuo musical de América del Norte, tanto del silencio pastoral de sus aborígenes como del estruendo de sus gobiernos. Un músico de un metro ochenta que en los escenarios parece gigantesco y que descuajeringado, aporrea su guitarra a los 72 años como si tuviera 20, que rockea al borde de un mundo sulfatado con grandeza destartalada. Todos las canciones (demos, ensayos, en vivo) son el audio veritè de un conductor musical que porta un combustible creativo continuo. Escuchar cada uno de ellas es recorrer la cinta oscura del asfalto de una road-movie que no queremos que jamás llegue al final del surco.