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La primera plana de García Márquez

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García Márquez empezó publicando retruécanos barrocos de una lírica muy inspirada en poemas breves que han sido olvidados por los posteriores lectores de su obra. Esto quizá porque el propio autor pasó pronto al cuento como género casi confundido con la crónica o la memoria personal y a la postre, abono de su novelística
García Márquez empezó publicando retruécanos barrocos de una lírica muy inspirada en poemas breves que han sido olvidados por los posteriores lectores de su obra. Esto quizá porque el propio autor pasó pronto al cuento como género casi confundido con la crónica o la memoria personal y a la postre, abono de su novelística

La literatura latinoamericana no se puede concebir sin el gran aporte de novelas como ‘Cien Años de Soledad’ o ‘Crónica de una muerte anunciada’, obras maestras del escritor colombiano y periodista de vocación Gabriel García Márquez.

Aunque en una y otra obra las temáticas y el estilo de elaboración son diferentes, encuentran su similitud en la forma en la que autor se aproximaba a la realidad, la que él consideraba, era la verdadera esencia del periodista.

“En mi caso son las mismas: tanto para la literatura como para la política y para el periodismo. Entonces yo considero que mi primera y única vocación es el periodismo”, decía el autor, según lo recuerda la Secretaría de Cultura federal.

Así lo afirmó desde temprana edad y al oficio se dedicó como reportero en los diarios colombianos ‘El Universal’ y ‘El Heraldo’, siendo a su vez corresponsal en París y Nueva York, antes de entregarse por completo a la creación literaria, camino inaugurado con la novela breve ‘La hojarasca’, en 1955.

En esta historia figura por primera vez el mítico pueblo de Macondo, recreado en la mente del autor y que también fue escenario del éxito mundial ‘Cien años de soledad’.

En 1961 publicó ‘El Coronel no tiene quien le escriba’, un año después reunió algunos cuentos bajo el título de ‘Los funerales de Mamá Grande’ y luego la novela ‘La mala hora’.

Hacia la década de los 60, fijó su residencia en México y en una ocasión de viaje hacia Acapulco con su esposa Mercedes y sus dos hijos, García Márquez contó que, como una revelación, encontró el tono que necesitaba para contar la gran novela que tenía pendiente desde los 18 años.

“El tono era contarlo como contaba las cosas mi abuela. Porque yo recuerdo que mi abuela contaba las cosas más fantásticas, y lo contaba en un tono tan natural, tan sencillo, que era completamente convincente. Y entonces llegué a Acapulco. Regresé y me senté a escribir ‘Cien años de soledad'”, señaló en repetidas ocasiones.

El éxito le llegó al escritor a los 40 años de edad, tras la publicación en 1967 de la obra por la que posteriormente recibió el Premio Novel de Literatura en 1982 y que fue considerada por Pablo Neruda como “la mejor novela que se ha escrito en castellano después del El Quijote”.

Esta y otras de sus novelas e historias cortas se inscriben en el “Boom” de la literatura hispanoamericana, donde combinó elementos fantásticos y de la realidad para generar un mundo de abundante imaginación que refleja la vida y conflictos de lo cotidiano.

Después vinieron otros libros como ‘El otoño del patriarca’, en 1975, que constituiría la novela preferida del escritor, los cuentos ‘La increíble historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada’ (1977) y ‘Crónica de una muerte anunciada’ (1981), considerada por muchos como su segunda obra maestra.

El legado literario del colombiano incluye también los títulos ‘El amor en los tiempos del cólera’, de 1987; ‘El general en su laberinto’, de 1989; ‘Doce cuentos peregrinos’ de 1992; ‘Del amor y otros demonios’ de 1994, y ‘Noticia de un secuestro’, de 1997.

Su actividad literaria culminó en el 2004 con la novela ‘Memoria de mis putas tristes’, que causó gran conmoción al abordar un romance entre un hombre de 90 años y una adolescente.

Hacia 2005, el escritor señaló en una entrevista que se tomaba un año sabático y que no había escrito “una sola línea”, en cambio había descubierto el placer de quedarse en la cama leyendo.

Nueve años después, el 17 de abril de 2014, Gabriel García Márquez falleció en su casa de la Ciudad de México. Fue despedido con un Homenaje en el Palacio de Bellas Artes, que se pintó de ‘Cien años de soledad’, vallenatos y mariposas amarillas.

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La piel que sueña en la obra de Juan Rulfo

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Rulfo marcó la historia de las letras latinoamericanas con su Pedro Páramo. Pionero de una manera de narrar, pilar de lo que luego construiría la narrativa macondiana de García Márquez, su obra está llena de paisajes y de poesía
Rulfo marcó la historia de las letras latinoamericanas con su Pedro Páramo. Pionero de una manera de narrar, pilar de lo que luego construiría la narrativa macondiana de García Márquez, su obra está llena de paisajes y de poesía

-¿Ya murió? ¿Y de qué? -No supe de qué. Tal vez de tristeza, Suspiraba mucho. -Eso es malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace”, reza ‘Pedro Páramo’, la obra insignia del autor mexicano Juan Rulfo, uno de los mejores representantes del realismo mágico iberoamericano.

Rulfo falleció a los 68 años, tras haber publicado dos novelas y varios cuentos, que lo han posicionado en la cima de la literatura universal. Rulfo nació en Jalisco (México) el 16 de mayo de 1917 y a partir de los 12 años se vio obligado a vivir en un orfanato, tras quedarse huérfano.

Su carrera como escritor comenzó en 1930, participando en la revista ‘América’ e iniciando sus primeros trabajos literarios. La primera publicación de una de sus obras llegó en 1945, con la inclusión de los cuentos ‘La vida no es muy seria en sus cosas’ en la revista ‘Pan’, de Guadalajara (México).

Durante su madurez continuó escribiendo diferentes cuentos, los mas reconocidos recogidos en la obra ‘El llano en llamas’, publicada en 1950. Pero su obra más laureada no fue propia de la cuentística, sino la primera de sus dos novelas: ‘Pedro Páramo’.

“Álvaro Mutis (escritor colombiano) subió a mi casa con un paquete de libros, separó del montón el más pequeño, y me dijo muerto de risa: ‘¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda!’ Era ‘Pedro Páramo’. Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Nunca, desde la noche tremenda en que leí la Metamorfosis de Kafka, había sufrido una conmoción semejante”, afirmó el escritor colombiano Gabriel García Márquez, tras la lectura de ‘Pedro Páramo’, considerada la mejor obra de Juan Rulfo.

En esta novela Rulfo rompe deliberadamente con las líneas temporales de ‘Comala’, un pueblo mexicano que a pesar de existir, reviste de características fantásticas, propias del realismo mágico.

La novela está dividida en dos partes –aunque los capítulos de cada una se entremezclan entre sí– en las que se narra la historia de Juan Preciado y Pedro Páramo, padre del primero y cacique de Comala. En ambas se enlazan de forma majestuosa vida y muerte, odio y amor y, sobre todo, realidad y fantasía.

La obra se inicia con la muerte de la madre de Juan Preciado, quien le obliga a su hijo a prometerle que regresará a Comala a reclamarle a su padre lo que les pertenece. Al llegar al pueblo, Juan descubre una tierra inhóspita, muy lejos del paraíso terrenal que su madre le había dibujado durante su niñez. Por otro lado, esta historia se entremezcla con la de la juventud de Pedro Páramo, con inmensos saltos temporales durante la vida de este y diferentes situaciones entre personajes inverosímiles, algunos de ellos incluso fallecidos.

Tras la publicación de ‘Pedro Páramo’, Juan Rulfo escribió su segunda novela, ‘El gallo de oro’, aunque no llegó a alanzar la trascendencia de la primera, una de las obras de la literatura iberoamericana más valorada de la historia.

El autor mexicano falleció el 7 de enero de 1986, a los 68 años en Ciudad de México, tras haberse convertido en uno de los referentes del llamado ‘boom’ de la literatura iberoamericana y máximo exponente del peculiar realismo mágico.