historia

Una princesa pacifista contra Hitler

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Noor siempre fue educada en los valores pacifistas, pero la situación en Europa le revolvía el estómago, así que decidió tomar cartas en el asunto y apuntarse en la WAAF, la sección femenina del ejército inglés. Fue allí donde aprendió todo lo que pudo y más sobre las comunicaciones por radio
Noor siempre fue educada en los valores pacifistas, pero la situación en Europa le revolvía el estómago, así que decidió tomar cartas en el asunto y apuntarse en la WAAF, la sección femenina del ejército inglés. Fue allí donde aprendió todo lo que pudo y más sobre las comunicaciones por radio

Noor Inayat Khan, la denominada “Princesa Espía” durante la Segunda Guerra Mundial, nació en 1914 en San Petesburgo. Su padre, Inayat Khan, pertenecía a la aristocracia india y era maestro sufí. Conoció a su madre en los Estados Unidos en la época en la que se expandió el sufismo en Norteamérica. Noor se crió en un ambiente familiar culto y armonioso donde la música era una constante, allá donde estuvieran, en Rusia o en Francia. Componía, como su padre, música para piano y arpa.

Noor estudió Psicología Infantil y Música en la Universidad de la Sorbona. Desafortunadamente, la muerte de su padre, cuando Noor tenía solamente 13 años, cambió su forma de vida. Tuvo que hacerse cargo de sus hermanos, ya que la salud de la madre había quedado devastada ante la muerte de su marido. Unos años después comenzaría la Segunda Guerra Mundial. Durante este tiempo Noor publicó su libro de fábulas budistas para niños ‘Veinte Cuentos Jataka’.

París fue invadido por los nazis, y Noor con su madre y dos hermanos escaparon de Francia en el último barco posible para el Reino Unido. A pesar de haber conseguido huir, Noor y un hermano no se conformaron. Decidieron dar un paso adelante. El hermano se registró en el ejército británico y ella fue reclutada por el SOE gracias a su conocimiento y dominio del inglés y el francés.

El SOE es el Servicio de Operaciones Especiales del MI5 del Reino Unido, durante la Segunda Guerra Mundial fue un departamento activo donde reclutaban mujeres que hablaban perfectamente francés. Su objetivo era boicotear la invasión nazi en Francia desde dentro. A pesar de su voluntad para ayudar, Noor no pasó las pruebas. Su fragilidad física le impidió seguir el intenso entrenamiento al que se sometían tanto hombres como mujeres. Pero también influyó en su comportamiento, su moral y ética, que seguían grabadas fielmente en su espíritu por el sufismo. No lograba sujetar una pistola en la mano y era incapaz de mentir.

Aún así, la enviaron a territorio nazi en un paracaídas y con una maleta que contenía la emisora de radio para enviar mensajes en morse y en clave. El nombre de guerra de Noor en el SOE era Madeleine.

Emprendió esta aventura de espaldas a su madre, que nunca supo la actividad a la que se dedicaba su culta hija hasta el final de su vida. El SOE se encargaba de entregar las cartas de Noor a su familia, de forma que no hubiera ninguna sospecha de que la agente se encontraba en Francia en una misión especial.

El promedio de vida de un agente de la resistencia en territorio nazi era de unas tres semanas. Noor consiguió burlar a la Gestapo durante cuatro meses. Finalmente, la descubrieron, pero no por un error de la princesa, si no por una traición de la hermana de un agente francés que vendió su paradero por dinero.

En los cuatro meses que sobrevivió en Paris, Noor cargaba todos los días con su pesada maleta de 14 kilos de hotel en hotel, de casa en casa. Su camino cambiaba para burlar a los nazis y poder seguir enviando mensajes. Se hizo cada vez más osada e incluso, en una ocasión, emitió información desde un edificio cercano al centro de operaciones de la Gestapo en París.

Tras su captura, los nazis se apoderaron de la radio y continuaron emitiendo mensajes a la SOE con información falsa. Mensajes que pasaron por reales durante meses ya que los británicos pensaron que era Noor quien los enviaba.

Sin embargo, la princesa ya estaba en el campo de concentración de Dachau junto a otras agentes de la resistencia. Fue calificada como prisionera altamente peligrosa, ya que intentó escaparse varias veces, por lo que era aislada de otras prisioneras y esposada.

Testigos de la muerte de estas valientes mujeres, dijeron después de la Segunda Guerra Mundial que la princesa frágil, que no tenía resistencia en la formación militar, se mantuvo firme en silencio mientras la torturaban. Nunca traicionó a los suyos. En 1944, antes de recibir un tiro en la nuca, su última palabra fue: ¡Liberté!

Noor Inayat recibió las medallas post mortem de Francia (Cruix de Guerre) y del Reino Unido (George Cross).

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Guante blanco, locura y olvido

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Nacido en 1890 en Capellades, Barcelona, fue hijo del dueño de una fábrica de papel expropiada por un banco. Como consecuencia de ello, nuestro protagonista desarrolló una marcada aversión al gremio de los banqueros, a quienes acabaría convirtiendo en sus víctimas predilectas. Antonio era un niño de portentosa inteligencia y sabía también, mejor que nadie, mentir y fabular. Y sobre todo, poseía un carisma fuera de lo normal: era persuasivo, ingenioso y seductor. Tal vez en otra época podría haber liderado una secta, pero en el tiempo que le tocó vivir se propuso sacar partido a sus extraordinarias aptitudes siguiendo un plan individualista.
Nacido en 1890 en Capellades, Barcelona, Lluciá fue hijo del dueño de una fábrica de papel expropiada por un banco. Como consecuencia de ello, nuestro protagonista desarrolló una marcada aversión al gremio de los banqueros, a quienes acabaría convirtiendo en sus víctimas predilectas. Antonio era un niño de portentosa inteligencia y sabía también, mejor que nadie, mentir y fabular. Y sobre todo, poseía un carisma fuera de lo normal: era persuasivo, ingenioso y seductor. Tal vez en otra época podría haber liderado una secta, pero en el tiempo que le tocó vivir se propuso sacar partido a sus extraordinarias aptitudes siguiendo un plan individualista.

El periodista y escritor Sergi Doria se ha inspirado en la vida de Antoni Llucià, conocido a principios del siglo pasado como el rey de los estafadores, para armar “No digas que me conoces”, en la que a ritmo vertiginoso va desvelando la peripecia de un hombre que llegó a desplumar a poderosos bancos.

Diarios como The New York Times le tildaron de “maestro de los falsificadores”, otros como Le Figaro escribieron de él que era “el rey de los ladrones”, mientras que ABC lo calificó de “El nuevo Fantomas”, tanto por lo que consiguió con sus estafas, ingentes cantidades de dinero, como por sus cambios de identidad constantes.

Doria ha explicado que la primera vez que se cruzó con este personaje, nacido en Capellades (Barcelona) en 1890, fue hace ya muchos años cuando estaba preparando su tesis doctoral, y pensó que su vida alrededor del mundo merecía ser novelada.

En su opinión, Antoni Llucià Bussé, fallecido en su piso de paseo de Gràcia en circunstancias todavía no aclaradas a los cuarenta años de edad, tenía como único dios el dinero, pero ha querido subrayar que “nunca engañó a viejecitas ni se aprovechó de los pobres”. “Tenía mucha más clase que cualquiera de los estafadores de ahora, porque les pegó unos palos a los bancos que los dejó temblando”, apostilla.

Durante el tiempo que ha estado indagando en los documentos que todavía conserva la familia -al morir dejó esposa y dos hijos- y en numerosos diarios y revistas de la época, Doria ha podido seguir el hilo de su historia, desde que era un niño en su pueblo natal hasta sus idas y venidas por Latinoamérica, Nueva York, Suiza o Francia, lugares en los que dejó su huella como estafador.

Este seductor personaje, que acabó sus días “disfrazado de hombre gris”, después de un par de décadas de zozobra en las que llegó a convertirse en Alfonso XIII en algunas ocasiones o de honorable cura que no daba absoluciones, fue un niño “posiblemente superdotado, que pronto dominó cuatro idiomas e hizo cursos de medicina”.

Doria calcula que llegó a tener prácticamente una treintena de identidades diferentes, casándose en siete ocasiones -seis con nombres falsos- con mujeres a las que acababa burlando y dejando con los bolsillos vacíos.

El primero de sus actos delictivos pudo ser el que perpetró en la Academia Berlitz de Barcelona, donde empezó estudiando idiomas y acabó de director, “distrayendo para sí 3.000 pesetas”.

Es, asimismo, un hombre que estuvo encerrado en dos ocasiones en un manicomio, la primera vez después de que en la cárcel de Cervera se enamorara de la hija del director y éste decidiera que para alejarlo de ella fuera diagnosticado de “idiotismo moral”, una patología muy de los años veinte, relacionada con personas propensas a mentir.

Por otra parte, también fue famoso, como se narra en esta novela publicada por Plaza & Janés, porque en una ocasión logró escapar de la cárcel de Avilés (Asturias) en la que se encontraba encerrado, junto al resto de presos, gracias a que descubrió que en el techo había humedades y se podía hacer un agujero por el que acceder al tejado.

Música para cavernícolas

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El subtítulo del libro de Mithen es The origins of music, language, mind and body, e ilustra muy bien el sentido que le dio a su investigación. Asegura que la musicalidad neandertal estaría más identificada con la ópera que con el rap, pues además de practicar la música aquellos homínidos también utilizaban la danza y el lenguaje corporal como forma de comunicación
El subtítulo del libro de Mithen es The origins of music, language, mind and body, e ilustra muy bien el sentido que le dio a su investigación. Asegura que la musicalidad neandertal estaría más identificada con la ópera que con el rap, pues además de practicar la música aquellos homínidos también utilizaban la danza y el lenguaje corporal como forma de comunicación

Los neandertales cantaban ópera, sostiene el arqueólogo inglés Steven Mithen, creador de la teoría de la musicalidad como forma de comunicación prelingüística entre aquellos antiguos pobladores.

Aunque es autor del libro “The singing neanderthals”, traducido en España por “Los neandertales cantaban rap”, el autor prefiere pensar que “la musicalidad de los neandertales se podría identificar más con la ópera que con el rap, pues además de música, aquellos homínidos también utilizan la danza y el lenguaje corporal como forma de comunicación”.

Mithen señala que “el rap está asociado a un tipo particular de música basado en las palabras y en las frases, algo de lo que carecían los neandertales”.Además, precisa que “los neandertales no adoptaban una posición hierática en su canto, pues la mímica era también importante, e incluso “gran parte de los sonidos guturales que emitían trataban de imitar sonidos naturales de animales, el viento, los ríos”.

La esencia de su teoría es que “antes de la aparición del lenguaje compositivo, formado por palabras y reglas gramaticales, ya existían en los neandertales una forma de comunicación prelingüística basada en las variaciones del tono, el ritmo, el lenguaje corporal y el timbre de sus voces”.

Desarrollaron esa forma primigenia de comunicación a partir de sus ancestros, “una musicalidad que se puede seguir en la evolución humana que nos remite a los primeros seres humanos, hace dos millones de años, de los que también evolucionamos nosotros, los “homo sapiens”, con nuestras propias capacidades musicales”.

Este tronco común explicaría, a su juicio, nuestras respuestas emocionales actuales a la música.

Los seres humanos, recuerda Mithen, evolucionamos hace 100.000 años en África hasta que creamos una nueva forma de comunicación, el lenguaje hablado, pero aquellos individuos modernos se dispersaron hace 50.000 años hacia Oriente Medio, Asia y Europa, donde se encontraron con los neandertales, que todavía se comunicaban con esta antigua forma musical.

“Los seres humanos modernos utilizaban el lenguaje, que era una forma más eficaz de comunicación, y también podían inventar una mejor tecnología, mientras que los neandertales fueron gradualmente empujados hacia su propia extinción”, apunta el investigador de la Universidad de Reading.

Aunque los neandertales están extintos, “todavía encontramos trazas de su antigua musicalidad en nosotros mismos” e incluso “en muchos países tradicionales se observa un vínculo más claro entre la música y el lenguaje hablado de lo que hay en Occidente”.

Opina Mithen que “parte del canto de los neandertales podría ser comparado con los lenguajes tonales actuales, en los que el cambio de altura de la nota implica un cambio en el sentido de la palabra”.

Admite el investigador que hablar de música para un arqueólogo es un gran desafío, pues “el registro arqueológico es totalmente silencioso”, pero sí se puede analizar su anatomía: “si el neandertal no tenía lenguaje hablado debía utilizar su gran volumen cerebral para hacer alguna cosa y debían tener algún tipo de comunicación”.

La importancia de la música ha llegado hasta nuestros días y “muchas veces sin saber por qué”, subraya Mithen, quien añade: “la música sirve para crear un sentido de identidad y pertenencia al grupo, sea a través de un himno nacional, el himno de un club o los grupos religiosos que cantan en corales en la iglesia”.

Somos los herederos privilegiados de una época de la edad de piedra en que la música era vital, resume el científico británico.

A pesar de que los arqueólogos no han encontrado instrumentos musicales fabricados por los neandertales, Mithen piensa que tenían capacidad intelectual para crearlos a partir de objetos naturales como conchas, palitos o incluso piedras, pero “los instrumentos musicales más importantes que tenían eran sus robustos cuerpos”.

La musicalidad que los “homo sapiens” desarrollaron en las cuevas con pinturas rupestres estaba tan desarrollada que, como admite Mithen, “si los neandertales hacían música de cámara, los humanos modernos ya habían evolucionado hacia la música sinfónica creando auténticos acontecimientos multimediáticos”.

Kapuscinski, en la piel de la noticia

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Los libros del periodista polaco Ryszard Kapuściński (nacido en 1932) ciertamente tiene mucho en común con los escritos por los norteamericanos del “nuevo periodismo”: interpreta los hechos y caracteriza a los personajes reales, pero se distingue de Southern, Wolfe, Mailer, Thompson, porque su estilo es más llano y menos experimental, porque su actitud ante el acontecimiento es más distante y no se afana por jugar un papel protagónico en la historia que cuenta. Su narrativa es más lineal y se muestra, digamos, más respetuoso de la realidad
Los libros del periodista polaco Ryszard Kapuściński (nacido en 1932) ciertamente tiene mucho en común con los escritos por los norteamericanos del “nuevo periodismo”: interpreta los hechos y caracteriza a los personajes reales, pero se distingue de Southern, Wolfe, Mailer, Thompson, porque su estilo es más llano y menos experimental, porque su actitud ante el acontecimiento es más distante y no se afana por jugar un papel protagónico en la historia que cuenta. Su narrativa es más lineal y se muestra, digamos, más respetuoso de la realidad

“Trasladarse al lugar de los hechos, lo primero”, destaca Amelia Serraller Calvo al describir la esencia del reporterismo que practicó el periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski, cuya obra ha analizado también para adentrarse en su calidad literaria.

La eslavista e intérprete de ruso y polaco defiende con apasionamiento, con motivo de la publicación de su libro “Cenizas y fuego: crónicas de Ryszard Kapuscinski” (Amargord ediciones), el rigor periodístico y la trascendencia de la obra del que fuera candidato polaco al Nobel de Literatura.

Y es en la profundidad de su mirada donde la experta española incide para explicar la importancia de los libros del reportero, que, subraya, fueron escritos en polaco para lectores polacos que entendían sobradamente que había “hiperboles y alegorías”.

Entre las primeras obras del premio Príncipe de Asturias 2003 como “el Sha” o “El Emperador” -explica- hay analogías que cualquier polaco encuentra en el retrato de Haile Selassie de su “trasunto” el secretario general del partido comunista polaco Edward Gierek, máximo líder entre 1970 y 1980.

En la era de las noticias falsas, la desinformación, la distancia del lugar de los hechos por comodidad, falta de recursos o excesiva confianza en internet, la autora reivindica el compromiso con el periodismo de Kapuscinski, primero admirado sin límite y denostado luego, por algunos de sus devotos, por esas licencias literarias.

“Es un periodismo que exige trasladarse al lugar de los hechos lo primero”, dice, “aunque hoy en día prácticamente no hay dinero para ese desplazamiento y, si lo hay, es muy breve, o son freelance por su cuenta y riesgo” los que asumen ese empeño, ironiza, al tiempo que destaca que para Kapuscinski es imprescindible también “leer informes del conflicto a cubrir, hablar el idioma”.

“Residir un tiempo” como hacía el desaparecido reportero “es algo del pasado” y duda que hoy lo puedan hacer los colegas de su país de origen.

No olvida tampoco la importancia que tenía “interactuar con la gente, pues decía -insiste la autora- que desde una redacción a no sé cuantos kilómetros qué se va a poder escribir desde la comodidad del sillón, de una gente que no se conoce y con la que no ha habido ningún intercambio humano”.

Pero junto a esas nociones de periodismo clásico, Serraller Calvo destaca que además de la ética profesional subsiste la repercusión del trabajo periodístico, pues “a partir de la imagen que transmite la prensa de los conflictos se empieza a construir la memoria y la historia de los mismos”

Como ejemplo recuerda la matanza del 18 de noviembre de 1978, cuando se suicidaron en Guyana 914 integrantes de una secta religiosa de origen norteamericano, la Iglesia del Templo del Pueblo, encabezada por Jim Jones .

Frente al “periodismo del dato frío y la exactitud, lo interesante es el drama: ¿qué llevó a esas personas a hacer algo así?”, resume.

A su juicio, Kapuscinksi evoluciona y conforme a la tradición de la escuela polaca del reportaje llega de la literatura documental al reportaje moderno, donde se inscribe una tradición marcada por la férrea censura de la época.

Considera que entonces era inevitable el periodismo militante, paralelo además a la evolución ideológica personal del corresponsal que emplea técnicas literarias para caracterizar psicológicamente a sus personajes e incluye su opinión sobre la realidad descrita.

Advierte que el propio protagonismo del periodista en el relato evita que nadie se llame a engaño.

Además de su vocación literaria, ensayística y filosófica, el escritor polaco cultivó una suerte de “periodismo mágico” que Serraller Calvo conecta con Carlos Fuentes o Gabriel García Marquez, con quien “simpatizó”.

Y colaboró con su proyecto de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano pues Kapuscinski “no quiere ser reducido a la categoría de mero periodista. Ansía ser reconocido como pensador, filósofo, ensayista, poeta y artista gráfico”.

“Aspiraba a dejar huella en el lector trascendiendo la actualidad” y se proponía que “el periodismo fuera una experiencia intelectual y estética. Hacer del reportaje una obra de arte total”.

Kapuscinski consideraba como un pionero en el reporterismo al historiador griego Herodoto de Halicarnaso, de quien alababa su calidad literaria y lo consideraba el primer globalista.

Además le agradecía que le hubiese permitido cruzar “la barrera del tiempo con las mismas ganas que un día superó la barrera del espacio”. Como si fuese internet.

Moralidad, yugo y familia

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Con la llegada de la II República se produce una explosión de derechos civiles y la sexualidad sale del cuarto oscuro donde la tenía metida el poder político y la Iglesia. Toda esta expresión de libertad republicana cambia de forma radical con el estallido de la guerra civil y la llegada del franquismo al poder (1939-1975)
Con la llegada de la II República se produce una explosión de derechos civiles y la sexualidad sale del cuarto oscuro donde la tenía metida el poder político y la Iglesia. Toda esta expresión de libertad republicana cambia de forma radical con el estallido de la guerra civil y la llegada del franquismo al poder (1939-1975)

La obra “Mujer, moral y franquismo: del velo al bikini”, de la autora y profesora de Historia de la Universidad de Málaga Lucía Prieto, analiza el control que el régimen franquista ejerció sobre la mujer y la política demográfica, con incidencia en la sexualidad femenina bajo valores católicos.

Así lo destaca la autora en un recorrido por las décadas más oscuras del franquismo, y en concreto del control que hizo a través del Patronato de protección a la mujer.

La institución se creó en 1941 y duró hasta 1971 con el objeto de “luchar contra la prostitución”, actividad que fue legal en España hasta 1956, con sus censos de “casas de lenocinio”, aunque el objetivo real fue controlar a las mujeres con “riesgo moral” o “comportamientos opuestos” al dictado de la Iglesia.

La creación de este organismo formó parte de la “estrategia demográfica” del régimen franquista, ha explicado la experta, para “controlar la moral y la sexualidad femeninas” y “garantizar la regeneración demográfica” tras la Guerra Civil y la procreación dentro del matrimonio católico, ya que nunca se incidió sobre el factor de la prostitución.

El fin de la guerra trajo consigo un “aumento espectacular” de la misma, ejercida de manera legal y clandestina, y como consecuencia social quedaron “mujeres solas, niñas huérfanas” o familias desestructuradas por el éxodo, con altos niveles de pobreza, registrando Barcelona y Málaga los mayores volúmenes de actividad.

Asimismo, se suprimió la legislación Republicana, y con ello la prohibición del divorcio, el matrimonio civil o el aborto.

Esto se tradujo en la “estigmatización” de las parejas que no estaban casadas por la Iglesia o de las madres solteras, la persecución del adulterio femenino, no así del masculino; o el “control de la vida sexual de las mujeres” con la interiorización del discurso de que éstas debían llegar “vírgenes al matrimonio” y reproducir.

El cambio social de los años 50 supuso en España que “el Estado invirtiera en la creación de reformatorios de mujeres”, donde quedaban “recluidas” chicas de entre 16 y 25 años que habían llevado una “conducta contraria al régimen”. Allí se ejercía un “control estricto”, pero “no orientado a formación intelectual”.

Otro de los aspectos que ha estudiado ha sido el funcionamiento de los centros de maternidad, en los que “el régimen acogía a madres solteras”, siendo su mayor preocupación el que los menores nacieran, pero olvidando a las mujeres.

El estudio se centra en Málaga, donde el Patronato tuvo especial intervención por la preocupación que existía en cuanto a los efectos del turismo y la “liberalización de las costumbre”, lo que provocó la “construcción de nuevos centros” como las “residencias de señoritas” bajo el control del patronato y la Iglesia.

Y es que en la capital malagueña se daba una de las mayores concentraciones del país de prostíbulos, similar a Barcelona, y que con la ilegalización del ejercicio en 1956 no desapareció, sino que “se incrementó”.

Prieto destaca que el régimen “implantó un programa de moralización para erradicar la prostitución” bajo un “control absoluto de la conducta de la mujer” y “un modelo de comportamiento basado en valores católicos” que la sociedad española arrastra hasta nuestros días.

La autora opina que la “educación en valores” en la escuela y el conocimiento son los instrumentos a través de los cuales se puede cambiar la sociedad, ya que la escuela en España “no es laica” y los “valores perviven”, ha criticado, aunque se han implementado políticas contrarias desde los gobiernos democráticos.

Por ello, aboga por seguir trabajando en la igualdad de género o “luchar contra la violencia simbólica”.

Adoctrinamiento desde la escuela

Según el periodista Edmundo Fayanas, “no de los aspectos del cambio que había realizado la II República es la implantación de la coeducación en el sistema educativo. Una de las primeras medidas del régimen franquista, una vez finalizada la guerra civil fue la prohibición de la coeducación, medida tomada, el uno de mayo de 1939. Es sabido, que los maestros republicanos fueron fuertemente represaliados, provocando la muerte de miles de ellos”.

Para Fayanas, “uno de los principales promotores del fin de la coeducación fue Onésimo Redondo, porque consideraba la coeducación como un capítulo de acción judía contra las naciones libres, un delito contra la salud del pueblo, que deben penar con sus cabezas los traidores responsables.

En el artículo 26 del Concordato firmado entre España y el Vaticano en el año 1953, decía: “Todos los centros docentes, de cualquier orden y grado, sean estatales o no estatales, la enseñanza se ajustara a los principios del dogma y de la moral de la Iglesia católica”.

Luis Alonso Tejada, en su libro “La represión sexual en la España de Franco”, analiza cómo el sistema educativo creado por el franquismo tenía como objetivo la limitación de las posibilidades intelectuales de las niñas y las mujeres, cuya única finalidad era encaminarlas a actividades de inferior rango cultural y social, es decir. al mundo del hogar y cumplieran su finalidad reproductiva.

El discurso franquista hablaba de la necesidad de una educación adaptada a cada uno de los sexos, para que así se pudieran desarrollar las características masculinas y femeninas. La mezcla de los sexos resultaba pues muy peligrosa para el desarrollo de los individuos, suponiendo una masculinización para las mujeres y una feminización para los hombres.

Botella Llusía rector de la Universidad Complutense de Madrid lo dejaba bien claro, cuando decía lo siguiente: “En esta educación juvenil de la mujer, es un error educar a las mujeres igual que a los hombres: la preocupación que deben recibir para la vida es radical y fundamentalmente distinta. Un formación encaminada no a hacer de ella un buen ciudadano, sino una buena esposa y una buena madre de familia o, si se queda soltera, en un ser útil a sus semejantes”.

Pilar Primo de Rivera y otras mujeres de la Sección Femenina en Alemania
Pilar Primo de Rivera y otras mujeres de la Sección Femenina en Alemania

En el año 1943, Pilar Primo de Rivera decía: “Las mujeres nunca descubren nada, les falta talento creador, reservado por Dios para las inteligencias varoniles, nosotras no podemos hacer más que interpretar mejor o peor lo que los hombres nos dan hecho… por eso hay que apegar a la mujer con nuestra enseñanza a la labor diaria, al hijo, a la cocina, al ajuar, a la huerta, tenemos que hacer que la mujer encuentre allí toda su vida y el hombre todo su descanso”.

Como podemos comprobar actualmente, todavía quedan rasgos muy importantes de la educación franquista en nuestra sociedad. No hemos avanzado mucho cuando hoy en día, los colegios del OPUS DEI segregan por género, renunciando a un principio básico cual es la igualdad de género y la coeducación.

Se practicaba la doble moral en el franquismo y regía tanto en los comportamientos masculinos como en los femeninos. La feminidad significa pertenecer a un solo hombre y por tanto era fundamental conservar la virginidad para el matrimonio. Sin embargo, se aconseja que los hombres fueran castos hasta el matrimonio, pero sí se les permitía tener relaciones con prostitutas.

Matrimonio y castidad femenina

Por Orden ministerial del diez de marzo de 1941, se plantea que las parejas que no deseasen casarse por el matrimonio religioso, podían hacerlo solamente por lo civil siempre y cuando justificasen el no ser católicos mediante un certificado. Prácticamente nadie empleó esta disposición, porque era considerado esto ser republicano y en consecuencia una traición política al régimen franquista, poniendo en riesgo su libertad.

Fayanas explica que “un aspecto muy llamativo dentro del franquismo es la prohibición del uso de los anticonceptivos, de ahí que muchos españoles son hijos del método anticonceptivo de la ‘marcha atrás’. Estaba prohibida cualquier cosa que impidiera la reproducción”.

En el Código Penal del año 1944 aparece la figura “del parricidio por honor” -recuerda Fayanas- cuando se sorprendía a la mujer en adulterio, no así el hombre. Esta figura del adulterio estuvo vigente hasta el año 1963.

Las mujeres solo podían pertenecer a un solo hombre. En cambio, el marido cometía el delito del adulterio solo cuando su amante vivía con él, o sea en el hogar familiar, con la esposa y los hijos, o cuando la relación era públicamente conocida y provocase un escándalo público.

Para la familia franquista la virginidad femenina era esencial, ya que si se perdía no sólo se ponía en duda la honestidad de la chica, sino también la de la familia. Cuando una chica soltera comunicaba a sus padres su embarazo algunos la protegían escondiéndola o ayudando al aborto o al infanticidio. Sin embargo muchos padres decidían echar a la hija del hogar para salvar el honor de la familia.

Los chicos que mantenían relaciones sexuales antes del matrimonio no eran culpables de nada, sino que aparecían como los más viriles del mundo. Muchos fueron clientes adictos de las prostitutas y la sociedad nunca los juzgó como sí hacían con las mujeres.

Las mujeres no podían denunciar a sus maridos por adulterio cuando éste mantenía relaciones sexuales con otra mujer. La legislación franquista les obligaba a demostrar la existencia de una vida en común entre los dos amantes.

El padre Quintín Sariegos en su libro “La luz en el camino” dice: “En el 90% de los casos son ellas las que desperezan la fiera que duerme en la naturaleza del hombre con el ofrecimiento de su celo apetitoso”.

Las chicas de la burguesía franquista con la educación que recibían acaban siendo frígidas. Su práctica sexual era timorata, haciendo el amor a oscuras, siempre con pijama y exclusivamente con fines reproductivos y no como forma de placer. Si una mujer tenía un orgasmo ultrajaba al marido e inmediatamente se iba a confesar. En el trabajo “Las españolas en secreto, comportamiento sexual de la mujer en España” realizado por José Antonio Valverde y Adolfo Abril, publicado en el año 1975 decía lo siguiente: “Podemos estimar las insatisfacciones sexuales femeninas entre un 74% y 78%. Esto es muy claro, que cada cien españolas con actividad sexual generalmente dentro del matrimonio, setenta y seis no encuentran satisfacción; de cada cien, setenta y seis no alcanzan el orgasmo y, en muchas ocasiones, ni lo han conocido”.

La Sección Femenina del Movimiento enseñando a las mujeres a ser mujeres
La Sección Femenina del Movimiento enseñando a las mujeres a ser mujeres

Esta falta de placer de la mujer casada española era algo impuesto por la educación que se les proporcionaba. Si seguimos al famoso rector de la Universidad Complutense de Madrid, Botella Llusía decía:

“Hay muchas mujeres, madres de hijos numerosos, que confiesan no haber notado más que muy raramente, y algunas no haber llegado a notar nada, el placer sexual, y esto sin embargo, no las frustra, porque la mujer, aunque diga lo contrario, lo que busca detrás del hombre es la maternidad… Yo he llegado a pensar alguna vez que la mujer es fisiológicamente frígida, y hasta la excitación de la libido en la mujer es un carácter masculinoide, y que no son las mujeres femeninas las que tienen por el sexo opuesto una atracción mayor, sino al contrario”.

El matrimonio franquista solo busca una sexualidad procreadora que dependía del plano divino. Los hombres y las mujeres solo debían colaborar con Dios y se les prohibía que utilizasen la relación sexual con el único fin de gozar.

La masturbación

Siempre ha sido una obsesión del franquismo y de la iglesia católica española. El padre García Figar atribuía a la masturbación problemas físicos y mentales y decía “Desnutrición orgánica. Debilidad corporal. Anemia general. Caries dental. Flojera de piernas. Sudor en las manos. Opresión grande en el pecho. Dolor de nuca y espalda. Pereza y desgana para el trabajo y hasta la imposibilidad de realizarlo. Acortamiento de la vida sexual, imposible de rescatar más tarde. Pérdida de atracción para el sexo contrario y repugnancia al matrimonio. Esterilidad espermatozoide. Retentivo nulo. Oscuridad en el entendimiento. Obsesiones y desvarios. Voluntad débil. Incapacidad para el sacrificio. Aficiones animales”.

Existían manuales, que señalaban como debían dormir los niños/as. Siempre las manos fuera de las sábanas y de la manta. Se intentaba que los colchones fueran duros y se recomendaba no llevar ropa interior de lana, porque producía mucho calor y podría excitar al portador.

En los internados (que eran muy numerosos en esas épocas pues era la forma de que los chicos/as de los pueblos pudiéramos estudiar) se recomendaba que por la mañana, una vez despierto, no permanecieras más tiempo en la cama, pues puedes caer en el pecado de la impureza. Se llegaba al extremo de prohibir a los chicos meter la mano en los bolsillos.

El escritor Francisco Umbral en su libro “Memoria de un chico de derechas” describía lo siguiente:

“Nos enseñaron a odiar el propio cuerpo, a temerlo, a ver en su desnudez rojeces de Satanás, repeluznos de Luzbel, frondosidades infernales. Odiábamos nuestro cuerpo, le temíamos, era el enemigo, pero vivíamos con él, y sentíamos que eso no podía ser así, que la batalla del día y la noche contra nuestra propia carne era una batalla en sueños, porque ¿De dónde tomar fuerza contra la carne sino de la propia carne? Había un enemigo que vencer, el demonio, pero el demonio era uno mismo”.

El noviazgo

Emilio Encisó Viana escribía en el año 1952 el libro “La muchacha y la pureza”, en el decía: “Cuando los vestidos, por frivolidad o por tontería de la moda o por descuido, se achican, se ciñen, o de otro modo resultan provocativos, son inmodestos… Haya quien dice ¿Qué tiene que ver en el vestido femenino un centímetro más o menos? Son tonterías de los curas y las beatas ¿No han de tener nada que ver? Ese centímetro hace que en el vestido no exista la moderación, la regla, el equilibrio que exige la decencia cristiana, y es ocasión de que, al verlo, ofenda la pureza ¿Qué tiene que ver, por ejemplo, que los novios vayan cogidos del brazo? ¿No ha de tener que ver? Esas intimidades, esa licencia de coger el novio el brazo de la novia, es una puerta que se abre al pecado, es una facilidad para él, es un incentivo, es una hoja arrancada a la flor de la pureza, es la corteza que se ha quitado a la fruta”.

Era habitual en esta época franquista que en la prensa provincial aparecieran relaciones de parejas que habían sido multadas por atentar a la moral con actos obscenos en la vía pública.

El padre Antonio Aradillas escribió un título ¿El beso…?, decía: “Pero un día pudo más la pasión que el cariño, y el novio sorprendió a Maribel con un beso brutal clavado con saña de bestia en la mejilla de nieve de f13la chica piadosa. El beso del novio se había clavado punzante en la mejilla, y con rabia comenzó Maribel a restregar su cara, intentando borrar toda huella posible. Y claro, la huella se hizo más ancha, más roja y más profunda. Se le ve a simple vista en su cara… Ha llegado a sentir auténtico asco de todos los labios humanos”.

Era habitual en las familias burguesas franquistas tener criadas. Era cotidiano que los chicos de esas familias iniciaban sus primeras experiencias sexuales con las criadas familiares.

La conocida literata Carmen Martín Gaite escribió el libro “Usos amorosos de la postguerra española”. En dicho libro, nos relata como era habitual en esta época que las chicas con pocos recursos que trabajaban como criadas, no podían aguantar la presión de los chicos. Cuando eran sorprendidas en este tipo de relaciones eran despedidas, lo que provocaba que muchas acabaran en la prostitución al no tener otra posibilidad para poder sobrevivir. Se decía que los chicos se podían sobrepasar con las criadas todo lo que querían y para ello utilizaban el chantaje.

Homosexualidad

Fayanas explica que “la iglesia veía la homosexualidad como una sexualidad no reproductiva y pecaminosa”. “Desde el punto de vista militar -prosigue-, era una traición a los valores militares, y desde el punto de vista del poder franquista se veía como prácticas de la izquierda, es decir, rojos, ateos y decadentes. La palabra ‘maricón’ se convirtió en el insulto por excelencia”.

Titular en el que se destaca la detención de transexuales
Titular en el que se destaca la detención de transexuales

Cuando el franquismo se asentó, se empezó a perseguir a la homosexualidad de una forma más clara, los llamados “violetas”. Los hombres considerados homosexuales durante el franquismo eran tachados de enfermos y sometidos a terapias muy duras.

El régimen había creado los modelos del hombre y la mujer, basándose en la ortodoxia de la moral del nacional catolicismo. El hombre debía ser viril, fuerte y líder, mientras que la mujer, relegada al hogar, tenía que mostrarse buena esposa y madre al cuidado de la prole. La dictadura entró en la vida privada de las personas indagando en las conductas desviadas y en las inclinaciones impropias de los verdaderos españoles. El clima social opresivo condenó a los homosexuales al miedo y a la clandestinidad.

Para el franquismo la relación sexual entre dos mujeres era algo que no se podía concebir. Era impensable que una mujer pudiera disfrutar de su sexualidad y en consecuencia no estaba permitido salirse del papel que la sociedad del régimen les había encomendado que no era otro que el de tener hijos y atender el hogar. Es decir, para el régimen franquista el lesbianismo no existía. De esta forma, dos mujeres podían pasear y estar juntas siempre, sin que se pusiera en cuestión su sexualidad, mientras que esto era imposible en el hombre.

La homosexualidad masculina, como estamos viendo se reprimió con dureza y claridad: leyes de peligrosidad social, listas de maleantes, detenidos. Sin embargo, para el franquismo el lesbianismo no se contemplaba, en consecuencia se silenciaba y negaba su existencia. Si algo se ignora o se niega, no existe: así pensaba el régimen.

No obstante, Fayanas destaca que “las lesbianas desarrollaron hasta redes económicas para no depender de los hombres. Eran solidarias y crearon increíbles espacios de libertad: desde acampadas hasta zonas bohemias, como el Paralelo o las Ramblas de Barcelona. Sus relaciones eran clandestinas, pero disimulables: nadie podía imaginarse que dos amigas del brazo podían llegar a tener una relación “tan subversiva”, como dice Matilde Albarracín.

Cosas del yacer por siempre jamás

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Fernando «El Católico» en el lecho de muerte de su esposa Isabel
Fernando «El Católico» en el lecho de muerte de su esposa Isabel

El de un rey, Fernando el Católico, muerto a causa de una sobredosis del “viagra” de la época, o los muchos de la viuda de Fernando VII, María Cristina, con Fernando Muñoz, con quien tuvo ocho hijos, son algunos de “Los grandes polvos de la historia”, destacados por José Ignacio Arana en su libro.

Arana, médico y profesor de Pediatría de la Universidad Complutense de Madrid, quería que su libro tuviese el “recatado” título de “Historias Curiosas de la Sexualidad” pero, según revela, “las mujeres de Espasa Calpe”, que ha editado el libro, “son tremendas y viendo su contenido decidieron que no podía llamarse más que como se llama”.

“Los grandes polvos de la historia” es un ensayo riguroso sobre la sexualidad a lo largo de la historia, aunque escrito “en tono desenfadado”.

De entre todas las pasiones amorosas, Arana destaca la que embargó a Fernando el Católico, ya viudo de Isabel, por Germana de Foix, a la que llevaba 36 años.

Se casaron, tuvieron un hijo, Juan, que murió, y una vida sexual inusual entre la realeza. Para atender a los requerimientos de su esposa, Fernando el Católico se “medicó” con cantárida, un insecto que contiene una sustancia responsable de una vasodilatación muy parecida a la que produce la “viagra”.

El problema es que la cantárida puede provocar graves episodios de congestión, que es lo que le pasó a Fernando el Católico cuando en 1516, con 64 años “en la espalda” y de camino al monasterio de Guadalupe, hizo una parada en Madrigalejo y tomó, “para satisfacer a la fogosa Germana”, una “sobredosis” que le provocó una hemorragia cerebral.

También inusual es la historia de María Cristina de Parma, la cuarta esposa de Fernando VII, a pesar de que era su sobrina, y que “aguantó dignamente” los cuatro años de matrimonio, durante los que tuvo dos hijas -Isabel II y Luisa-, con “un sujeto de repulsivo físico” que solo “yacía con ella con lujuria de animal y no con amor de esposo”.

Murió él, y ella, a los tres meses, se rindió a la pasión que despertaba en el soldado del cuerpo de Guardias de Corps Agustín Fernando Muñoz. Contrajeron matrimonio secreto pero ella continuó de regente viuda hasta que Isabel II, con 13 años, fue proclamada reina.

Hasta entonces, María Cristina combinó la regencia con los embarazos, sin que pasaran desapercibidos en los mentideros: “Lloraban los liberales que la Reina no paría, ¡y ha parido más Muñoces que liberales había”, decían las coplillas de la época.

“Esos escándalos serían hoy impensables porque la vida ha cambiado mucho, fundamentalmente gracias al mayor avance en la sexualidad: la contracepción, que ha permitido desligar reproducción de sexo”, afirma el autor.

Arana pide “indulgencia y respeto” para casi todos los protagonistas de su libro porque, para algunos, como el general Serrano, “un sinvergüenza que violó a Isabel II cuando era aún una niña”, guarda el mayor de sus desprecios.

También tienen su espacio los “polvos” que desembocaron en hijos siempre cuestionados porque a su padre se les atribuía impotencia, caso de Enrique IV, y en “ilegítimos”, entre los que el autor, “en un atrevimiento impertinente pero sugestivo”, incluye a Alfonso XII.

“Hijo mío, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la mía”, dicen que dijo Isabel II, titular de una “agitada vida sexual”, a su vástago.

Mensajes tallados desde un pasado tecnológico

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La Gran Pirámide de Giza en Egipto, la más antigua de las Siete Maravillas del Mundo y la única que aún persiste, ha sido y sigue siendo un monumento que despierta la admiración de egiptólogos, arqueólogos y arquitectos
La Gran Pirámide de Giza en Egipto, la más antigua de las Siete Maravillas del Mundo y la única que aún persiste, ha sido y sigue siendo un monumento que despierta la admiración de egiptólogos, arqueólogos y arquitectos

El arquitecto barcelonés Miquel Pérez-Sánchez Pla es autor del libro ‘La Gran Pirámide, clave secreta del pasado’ en el que hace un resumen de su tesis doctoral. Está basada en una reconstrucción digital de la estructura original de la pirámide de Keops, situada en Egipto, y en el estudio de sus proporciones y los significados de esta.

Para Pérez-Sánchez, las investigaciones sobre la Gran Pirámide de Keops y el conjunto monumental de Guiza “deberían tener como consecuencia la necesidad de replantear las actuales teorías sobre la evolución de la civilización y de la vida inteligente sobre la Tierra”.

La tesis que defiende es que las medidas de la propia pirámide, no solamente aportan una ley matemática que explica las proporciones originales de la propia estructura (lo que según el arquitecto catalán le permite certificar que las dimensiones de la reconstrucción digital es completamente fiable), sino que además, constituye una suerte de “enciclopedia pétrea” de los conocimientos científicos de la civilización que la construyó.

De hecho, asegura que estos conocimientos no se limitan únicamente al ámbito de las matemáticas y de la geometría, sino que incluyen conocimientos avanzados de geodesia (las dimensiones y proporciones de la tierra), astronomía e incluso historia, así como elementos de la religión de aquella civilización. Todo ello, derivado de las relaciones que se establecen entre los números y las unidades de medida empleadas para la construcción del monumento, construido a mediados del tercer milenio a.C.

Así, según Pérez-Sánchez, los arquitectos que diseñaron la Gran Pirámide de Keops no solamente dejaron constancia en sus proporciones de una definición del número ‘pi’ con hasta 6 decimales (cosa que otras civilizaciones no conseguirían hasta el siglo V d.C.), sino también del número ‘phi’, conocido como número áureo.

Además, apunta a la probabilidad (derivada de las proporciones que, asegura, están presentes en el edificio) de que conocieran las dimensiones y perímetro de la Tierra y la curvatura de la misma, las coordenadas del emplazamiento de la pirámide, la distancia de la Tierra al Sol, e incluso las dimensiones de la estrella Sirio y su distancia respecto a la Tierra, para lo cual indica que también conocían la velocidad de la luz, entre otros hitos científicos.

Pérez-Sánchez subraya también otras características del edificio como su forma ortogonal (debido a que las cuatro caras de la pirámide tienen una inclinación hacia el centro) que en los equinoccios de primavera y otoño produce un efecto de luz conocido como “efecto relámpago”, o su función “conmemorativa” de la fecha que para los egipcios representaba la muerte del dios Osiris, y que habría tenido lugar exactamente 1.000 años antes de la inauguración del edificio.

De hecho, la teoría del arquitecto catalán es que, si se analiza el edificio teniendo en cuenta el valor numerológico de sus proporciones, asignando un valor nominal a las cifras que componen sus medidas a partir de un código de origen griego, la pirámide hace no solamente referencia a esta divinidad y a los conocimientos ya mencionados sino también al nombre de la civilización de la que procederían los conocimientos que se emplearon para construirla y de la “divinidad originaria” de este pueblo.

Aún así, prefiere no desvelar el nombre de la “civilización madre del Antiguo Egipto” y de su divinidad, que sí aparecen en el libro, porque ha asegurado que “la mejor manera e integrar la información es desvelarla uno mismo y el proceso de lectura obliga a asimilarlo poco a poco”. “Es muchísima información y es necesario que sea el lector quien vaya creciendo en el convencimiento de lo que se dice”, concede.

Para el arquitecto, “llama la atención” que ninguna civilización lograra alcanzar unos conocimientos “tan extraordinariamente avanzados” en los periodos posteriores a la construcción de las pirámides y considera que lo que hay en su lugar es “un vacío inmenso en toda la Edad Antigua”.

Por todo ello, defiende que la teoría de que el progreso de la Humanidad es un proceso lineal es una idea “heredada de la Ilustración” y que las investigaciones sobre las pirámides y el conjunto monumental de Guiza apuntan a lo contrario. “Quiebra el mito del progreso constante que viene de la Ilustración”, asegura.

De hecho, señala otros aspectos como la tecnología empleada para tallar, transportar y construir esta estructura para que cumpliera a la perfección con las medidas estipuladas y explica que, pese a que “con la tecnología actual sería perfectamente posible construirla” duda de si “sería posible proyectarla” por “la enorme cantidad de interrelaciones científicas que incluye”.