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Canciones que retratan un siglo

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Frente al ideal de posguerra de "una mujer hacendosa, en una posición de subordinación", destaca cómo las canciones se fijaban más bien "en la perdida, la prostituta o la mantenida" del tipo de "La Bien Pagá"
Frente al ideal de posguerra de una mujer hacendosa, en una posición de subordinación, destaca cómo las canciones se fijaban más bien en la perdida, la prostituta o la mantenida del tipo de “La Bien Pagá”

¿Qué dicen de nosotros las canciones que escuchamos? Bajo esta cuestión arranca un ensayo que recorre el siglo XX español a través de su música y que, atendiendo al disenso en torno al himno nacional, arroja ya una clara conclusión para su autor, Fidel Moreno: “Somos un pueblo el libro al que le gusta discutir”.

“Es una constante en la historia de España. Desde el siglo XIX, conforme perdemos importancia en el mundo, la falta de un enemigo exterior hace que nos peleemos entre nosotros, pero más que eso, subrayaría hasta qué punto esa manera de ser es un elemento que nos une; como diría Cernuda, hay una gran tradición de españoles sin ganas”, afirma.

De su mano ha surgido “¿Qué me estás cantando? Memoria de un siglo de canciones”? (Debate), obra de más de 750 páginas que se guía por la premisa de la música como “artefacto comunicativo” y en que, “aunque en este país no estemos de acuerdo en la letra pequeña, sí lo estamos en la emoción”.

Desde esa perspectiva, entre sus tesis personales expone “Ay, Carmela” como la primera canción nacional española frente al citado himno, la “Marcha Real”, que en su opinión “es bastante fea y hace complicado que emocione”, o el “Himno de Riego”, que es posterior.

“En cambio, ‘Ay, Carmela’ surge con la Guerra de la Independencia, cuando se está creando la nación española moderna y los españoles se sienten sujetos de derecho… Y además en el estribillo integra la rumba, que es una de nuestras grandes aportaciones a la música”, defiende.

Moreno (Huelva, 1976), escritor, periodista y músico bajo la identidad de El Hombre Delgado, ciñe su mirada a las canciones de sus abuelos y de sus padres hasta el día de su nacimiento, empezando el libro con una nana de su ámbito íntimo, “Cuando Vilar traiga el globo de París”.

“Este ensayo trata de explicar mi vida y la historia de España del último siglo a través de las canciones más escuchadas (…), lo que las convierte en documentos privilegiados para saber cómo somos”, escribe en el prólogo de una obra que tiene entre sus grandes alicientes el análisis de la evolución pública y privada de la mujer.

Así, frente al ideal de posguerra de “una mujer hacendosa, en una posición de subordinación”, destaca cómo las canciones se fijaban más bien “en la perdida, la prostituta o la mantenida” del tipo de “La Bien Pagá”. “Las mujeres en su casa se soñaban en esos amores de una sola noche, siendo arrastradas por el amor de un marinero, como en ‘Tatuaje'”, indica.

Hasta llegar a la época de la canción de autor, con Mari Trini como gran baluarte de la ruptura con los cánones establecidos gracias a “Yo no soy esa”, existe otro tema que llama la atención, “La chica yeyé”, de Concha Velasco.

“Los fenómenos de modernidad siempre han sido recibidos con cierta discusión y eso se refleja aquí: hay una mujer tradicional que le dice al chico que, si lo que quiere es un ratito de amor, que se busque a otra. Pero es ambivalente, porque el ritmo lleva todo el veneno del rock and roll y de la liberación, como la propia interpretación de Velasco”, indica.

Cambia también el reflejo del hombre, más sensible, como en “Palabras para Julia”, en la que un padre conversa con su hija “de igual a igual”, y más aun en “Y cómo es él”, el tema que José Luis Perales compuso para un Julio Iglesias supuestamente herido por el abandono de Isabel Preysler, pero que retuvo para sí y publicó un año después de la aprobación del divorcio en España.

“Con los años cambian otras cuestiones como los umbrales del erotismo o del humor. Mi abuela se pondría caliente con una canción de Agustín Lara que hoy nos podría parecer incluso galante, mientras que hoy es el reguetón el que incita al folleteo o el rock and roll en su época”, subraya Moreno, quien detiene su atención en un hito como “Bésame mucho”.

El enfoque de análisis es unas veces de carácter estético o sociológico, en muchos casos apela a la memoria familiar y también se recrea en los debates etnomusicológicos, por ejemplo en cómo la evolución tecnológica ha afectado a las grabaciones y, por ende, en lo que escuchamos.

“En la posguerra hubo una época dorada por un público cautivo de la radio; cuando en los 60 se populariza el tocadiscos, la gente puede escuchar lo que quiere y hoy por hoy, con internet, se produce un fenómeno de fragmentación enorme, por eso cuesta que surjan canciones del verano como antaño”, opina.

No obstante, Moreno no descarta una segunda parte que afronte un repaso similar desde 1976 hasta nuestros días. “Estamos tan inmersos y bombardeados por la agitación del momento presente que perdemos la perspectiva, pero siempre quedan canciones que impactan en el imaginario”, afirma.

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Un escocés contra el Régimen

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Sin pensar en los posibles riesgos que corría, lo importante para Christie "era la idea de luchar por la justicia. Tenía 18 años y son los jóvenes quienes piensan que pueden cambiar el mundo sin tener en cuenta los riesgos a los que se enfrentan"
Sin pensar en los posibles riesgos que corría, lo importante para Christie era la idea de luchar por la justicia. Tenía 18 años y son los jóvenes quienes piensan que pueden cambiar el mundo sin tener en cuenta los riesgos a los que se enfrentan

Stuart Christie, el anarquista escocés que participó en un plan para atentar contra Franco, relata su aventura en ‘Franco me hizo terrorista’, memorias que constituyen “una contribución a la historia de la lucha antifranquista española”, según el autor.

Publicado por Temas de Hoy, el libro narra el viaje desde su país natal hasta un lugar que desconocía y en cuyo cambio histórico quiso participar. “Lo único moral que podía hacer era ofrecer mis servicios para una acción antifranquista”, afirmó Christie durante la presentación de la obra.

Su temprano interés por Franco nació en su adolescencia, a raíz de las anécdotas que sus familiares y círculo de amigos contaban sobre la Guerra Civil y su participación en las Brigadas Internacionales, aunque quien más influyó en él fue su abuela, que le proporcionó “un barómetro moral en cuanto al bien y el mal” y a la que ha dedicado el libro ‘Mi abuela me hizo anarquista’.

En agosto de 1964, Christie recibió instrucciones para cumplir con su primera misión internacional. Debía entrar en España desde Francia con un cinturón de explosivos que, una vez en Madrid, le entregaría personalmente a otro contacto de la red junto con una carta que el escocés pasaría antes a buscar por las oficinas de American Express.

Explosivos en la zamarra

Después de recoger los explosivos en París, Christie debía viajar en tren hasta Toulouse, de allí a Perpiñán y, luego, intentar introducirse en automóvil en España.

Con tan sólo 18 años, el joven anarquista escocés llegó a España en autoestop y cruzó la frontera sin ser detenido. A pesar del calor que hacía en agosto de 1964, Christie llevaba puesta una zamarra en la que escondía una carga de explosivos.

La misión, organizada por Defensa Interior, tenía como objetivo atentar contra Franco y cambiar así el curso de la historia española. Pero su estancia en libertad duró muy poco, ya que horas después de pisar Madrid, con tiempo sólo de comerse un bocadillo en un bar de la Puerta del Sol, a escasos metros de la Dirección General de Seguridad, fue detenido por agentes de la Brigada Político Social.

Encarcelado y juzgado, fue condenado a 20 años de prisión. El indulto personal de Franco llegó a mediados de agosto de 1967, tres años después de su detención. La cárcel de Carabanchel, “donde no vi a ningún miembro del Partido Socialista”, fue para él una “universidad de la vida”.

En un partido del Real Madrid

Stuart Christie emprendió su misión sin estar al corriente del plan, ya que su papel era sólo de enlace que debía entregar los explosivos. “Años más tarde me enteré de que el plan era atentar contra Franco antes o después de un partido de fútbol en el estadio Santiago Bernabéu”.

La publicación de ‘Franco me hizo terrorista’ constituye para su autor una oportunidad de ofrecer su propio testimonio de lo que pasó “y dar algo de empuje a la campaña para clarificar y abrir el proceso de la ejecución de los dos militantes anarquistas Francisco Granado y Joaquín Delgado”.

Sin pensar en los posibles riesgos que corría, lo importante para Christie “era la idea de luchar por la justicia. Tenía 18 años y son los jóvenes quienes piensan que pueden cambiar el mundo sin tener en cuenta los riesgos a los que se enfrentan”.

Sainetes de Carabanchel

Todavía hoy el autor desconoce quién le delató, aunque en el interrogatorio que le hicieron al ser detenido estaba claro que “hubo contactos estrechos entre la policía social y el servicio británico”. “Años después”, continúa, “descubrí que hubo dos infiltrados, Guerrero Lucas e Inocencio Martínez”.

La historia que narra el libro fue el viaje iniciático de Stuart, en lo físico y en lo personal. Fue una experiencia vital que emprende en el momento en que entra en la cárcel en un país y una cultura desconocidos y junto a personajes de todo tipo.

En la España de Franco, la cárcel de Carabanchel era un punto de libertad. Así, de no ser porque las historias que cuenta este idealista, ingenuo e inexperto son tan serias, nos parecerían sainetes.

La efervescente Ana Frank

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Esta no fue la única vez que la adolescente escribió sobre sexo. En su diario también recogió otras bromas que había oído en su escondite de la capital holandesa y otros pasajes sobre sus períodos y la sexualidad
Esta no fue la única vez que la adolescente escribió sobre sexo. En su diario también recogió otras bromas que había oído en su escondite de la capital holandesa y otros pasajes sobre sus períodos y la sexualidad

Investigadores holandeses han logrado descifrar dos nuevas páginas del Diario de Ana Frank, que habían sido teñidas por su autora, según indica el museo de Ámsterdam que lleva el nombre de la niña judía de 13 años cuyo libro ha pasado a la historia de la literatura.

La propia Ana Frank tiño esas dos páginas, pero nuevas técnicas digitales han permitido descifrar su contenido: una donde contaba chistes subidos de tono y otra que recogía preguntas y respuestas sobre lo que debería decir una joven si le preguntan acerca de la educación sexual y la prostitución.

El estudio, que forma parte de una investigación permanente abierta por la Casa de Ana Frank, fue llevado a cabo por el Instituto Huygens de Historia Holandesa y el Instituto para Estudios de Guerra, Holocausto y Genocidio (NIOD).

Las páginas revelan más información sobre la personalidad de Ana Frank “como niña, adolescente y escritora”, según Peter de Bruijn, del instituto Huygens.

Los expertos consideran que este descubrimiento refleja “un intento cauteloso de escribir más que un diario, donde se mezcla la realidad y la ficción” y presenta a una niña que escribió abiertamente sobre la sexualidad.

Sobre por qué cubrió estas páginas, De Bruijn explica que la niña “no podía arrancar páginas de su diario”, pero “estaba avergonzada” de algunas de las cosas que escribió.

Ana Frank murió en febrero de 1945 en el campo de concentración de Bergen Belsen, en Alemania, y su diario, que abarca su escondite entre 1942 y 1944 en un refugio de un edificio en el centro de Ámsterdam, fue encontrado más tarde y publicado como un importante testimonio de esa época.

“Ana Frank escribe sobre la sexualidad de una forma encantadora“, comenta Ronald Leopold, del museo de la Casa de Ana Frank en Ámsterdam. “Al igual que todas las adolescentes, tiene curiosidad sobre este tema“.

Esa sensación es compartida por Frank van Vree, director del Instituto Niod, que ayudó a descifrar el contenido de las páginas.

“Cualquiera que lea los pasajes que acaban de ser descubiertos será incapaz de evitar una sonrisa”, espeta.

“Las bromas ‘sucias‘ son clásicas entre los adolescentes. Dejan claro que Ana, con todos sus dones, era sobre todo una niña normal“.

Uno de esos chistes dice: “¿Sabes por qué hay chicas de las Fuerzas Armadas alemanas en Holanda? Para servir de colchón a los soldados“.

En otro se lee: “Un hombre tenía una esposa muy fea y él no quería tener relaciones con ella. Una noche llegó a casa y luego vio a su amigo en la cama con su esposa, y luego el hombre dijo: ‘¡A él le gusta y a mí me toca hacerlo!’”.

El Museo de Ana Frank explica que esta no fue la única vez que la adolescente escribió sobre sexo. En su diario también recogió otras bromas que había oído en su escondite de la capital holandesa y otros pasajes sobre sus períodos y la sexualidad.

Sobre su decisión de publicar unas páginas que Ana Frank claramente quería mantener ocultas, el Museo arguye que su diario, un documento de patrimonio mundial registrado por la Unesco, tiene un gran interés académico.

Pero agrega que esas páginas “no alteran nuestra imagen de Ana“.

“Con el paso del tiempo Ana se ha convertido en un símbolo mundial del holocausto, y Ana, la niña, se ha ido difuminando en un segundo plano.

“Estos textos —literalmente— descubiertos nos devuelve al primer plano a la curiosa y, en muchos aspectos, precoz adolescente“.

Ana Frank se ocultó en un anexo secreto de una casa de Ámsterdam el 5 de julio de 1942, aproximadamente un mes después de recibir un diario por su 13 cumpleaños.

Vivió con su familia y amigos allí hasta que fue descubierta dos años después. La razón por la que fueron descubiertos, después de lograr permanecer ocultos tanto tiempo, sigue siendo un misterio.

La adolescente murió de tifus en el campo de concentración de Bergen-Belsen a los 15 años.

Su padre, Otto, fue el único de los ocho ocupantes de la “casa de atrás” que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y pudo publicar el diario de su hija.

Cañerías limpias, el eterno afán

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Recreación de la implantación de un enema en la cultura maya, que incluso disolvía alucinógenos en agua para introducirlos por el ano.
Recreación de la implantación de un enema en la cultura maya; en la práctica higiénico-ritual incluso se disolvían alucinógenos en agua para introducirlos por el ano

Los antecedentes de la higiene intestinal se encuentran en las lavativas, en escritos sumerios, chinos, hindúes, griegos y romanos, aunque han sido registradas con mayor detalle en papiros del antiguo Egipto. Plinio identifica su origen en el ave ibis que se auto-administraba enemas llenando su pico de agua e introduciéndole luego en el ano.

Las escrituras mencionadas que el dios Osiris reveló el uso de enemas en los sacerdotes médicos egipcios, quienes, en una oportunidad, paseando por las orillas del Nilo observaron el ave sagrada en su procedimiento, interpretaron la sugerencia del dios de la medicina y recibieron así este don para la humanidad. Quienes realizaban estas prácticas eran reconocidos con el título de “Guardián del ano del Faraón”, un importante grado de jerarquía.

Entre los Esenios, miembros de una antiquísima confraternidad de la cual formaba parte el propio Jesucristo, existen referencias a lavativas intestinales en las escrituras del Evangelio de la Paz. En ellas se dan explicaciones prácticas sobre cómo colocar el agua de río dentro de una gran calabaza del tamaño de la longitud de un hombre que, tras ser ahuecada, debía ser introducida en el recto para que el agua fluyese por las entrañas y permitiera la eliminación de los residuos malolientes que mancillan el interior del ser humano, Así con este procedimiento se comprobaba cómo los nauseabundos residuos se alejaban del “templo sagrado” que es el cuerpo humano.

En la filosofía esotérica se consideraba el colon como el lugar de inconsciente, relacionado con el mundo subterráneo. Ciertas teorías enfatizaban su relación con la muerte, ya que en el colon residen elementos incapaces de transformarse en vida y porque en él se produce el proceso de fermentación que conduce a la descomposición y luego, a la muerte.

Los griegos y los romanos perfeccionaron el arte con el desarrollo de indicaciones y contraindicaciones. Celsius, en el año 30, compuso el compendio De Remedicina, uno de los primeros sobre medicina dedicando uno de los ochos libros que lo integran a detallar el uso de los enemas. Estos eran muy populares en la antigua Roma dada la abundancia de banquetes con sus secuelas de excesos. Los romanos adoraban a cierto “dios de las asas intestinales” que era conocido como “Creptius”.

Galeno, el más grande médico de la antigüedad después de Hipócrates, menciona en sus escritos la realización de enemas con agua, aceites y miel. Las lavativas intestinales se identifican como enemas, vocablo que deriva del griego “enema”, cuyo significado es “inyección”, que a su vez es es sinónimo de “ayuda” o “bien”. La palabra “clister” deriva del latin clyster y este vocablo a su vez del griego klister que deriva de klyso que significa “lavar”.

En el siglo XVII floreció el uso de los enemas, especialmente en la corte. Estos eran administrados por asistentes. Regnier De Graff ideó un sistema con un tubo flexible conectando una bolsa conteniendo el enema, y comunicándolo con el recto. Lo describió en su libro De Clysteribus publicado en el año 1668. En esa época, se consideró al procedimiento por debajo de la dignidad de los médicos y así se trasladó el arte de su administración a aprendices y asistentes. El uso de los enemas en este siglo se hizo tan popular que prácticamente no había hogar sin él. Muchos se administraban 3 o 4 veces por día considerándolo esencial para su bienestar. El uso de fluidos con fragancias y colores era cosa corriente y apreciada.

Varios de los reyes ingleses y franceses eran muy dados a los enemas. Luis XI y Luis XIII fueron habituales usuarios de este método. Luis XVI, ardiente adepto, habría recibido más de 2000 enemas en su vida. En los primeros años de su reinado, la utilización de este método alcanzó su cima. Él recibía a funcionarios de la corte y atendía sus asuntos durante el procedimiento. Luego, paulatinamente, esta enema-manía desapareció para volver al ámbito terapéutico.

A mediados del siglo XVIII, Rubber introdujo la utilización de un aparato para los enemas y la técnica se fue perfeccionando paulatinamente.

Luego, a comienzos del siglo XIX, Vincenz Priessnitz abanderó la técnica hidroterapéutica, llevando el uso de los enemas al ámbito de la medicina. A comienzos del siglo XX, la hidroterapia del colon fue muy utilizada y promovida por el Dr. Kellogg. Su informeen la Revista especializada “Journual of American Medicine” indicaba que en más de 40,000 casos, a excepción de veinte, se pudo evitar intervenir quirúrgicamente para tratar enfermedades gastrointestinales gracias a cuidados en la dieta, ejercicios e higiene intestinal.

En los años cincuenta la hidroterapia del colon era floreciente en Estados Unidos, siendo conocido el exclusivo Boulevard Beverly como el “colonic row” (boulevard colónico). Este florecimiento de las lavativas decreció paulatinamente en la década siguiente cuando la medicina comenzó a favorecer otros procedimientos como la colostomía y la prescripción de laxantes y medicamentos de laboratorios, fabricados especialmente para problemas gastrointestinales que en vez de limpiar agredían y empeoraban el problema intestinal digestivo. Y por este motivo a comienzos de la década de los 70, la mayor parte del instrumental hidroterapeútico fue retirado de hospitales y clínicas, ya que según los especialistas, incidía en un protocolo pasado de moda.

Desde entonces hasta ahora, los enemas se mantienen en el mundo de las terapias alternativas y son prescritos por médicos antes de determinadas pruebas diagnósticas. Recientemente, la actriz Gwyneth Paltrow recomendó abiertamente esta práctica, e incluso incide en los beneficios que proporciona el café disuelto en agua e introducido a través del esfínter anal. En el cine para adultos, es conocido que los intérpretes higienizan esta zona antes de los rodajes mediante enemas. En definitiva, especialistas más o menos alejados de la ortodoxia apuestan por la lavativa como técnica depurativa.

Héroes anónimos e inspiradores

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Goya pintó solamente dos cuadros con los hechos del 2 de mayo de 1808 y planteó dos temas cruciales, que se complementan visualmente y tienen un significado conjunto: el violento ataque del pueblo de Madrid a las tropas de Murat en la mañana del 2 de mayo y la consiguiente represalia del ejército francés.
Goya pintó solamente dos cuadros con los hechos del 2 de mayo de 1808 y planteó dos temas cruciales, que se complementan visualmente y tienen un significado conjunto: el violento ataque del pueblo de Madrid a las tropas de Murat en la mañana del 2 de mayo y la consiguiente represalia del ejército francés

Francisco de Goya, con sus pinceles, legó para la historia el ejemplo de los héroes anónimos que el 2 de mayo (Carga de los Mamelucos) y el 3 de mayo de 1808 (Fusilamientos de Príncipe Pío), protagonizaron dos momentos claves de la historia contemporánea que han inspirado a Germán Díez para armar un relato.

El resultado es una novela, “¡Los reyes nos han vendido!” (M.A.R.) en la que Germán Díez Barrio (Buenavista de Valdavia, Palencia, 1952) se pregunta: “¿quién hace la historia? ¿Los que aparecen en grandes letras con títulos y honores o los héroes anónimos que hicieron posible ese brillo con su sacrificio?”.

Este escritor, profesor de instituto jubilado y con una amplia trayectoria dedicada a la literatura infantil y juvenil, ha respondido a esas preguntas en forma de novela con un personaje central, el ‘hombre de la camisa blanca’, que destaca en el lienzo de Goya con su indumentaria, el rostro oscurecido y los brazos en cruz antes de recibir la descarga de fusilería del invasor francés.

“Los héroes tienen que ser los que no tienen nombre, eso es lo que realmente me interesa, en este caso los que se levantaron en Madrid contra Napoleón”, algunos de los cuales han roto el anonimato con nombres como el de la adolescente costurera Manuela Malasaña, explica el autor.

Al igual que hizo Galdós en sus Episodios Nacionales con la figura de Gabriel de Araceli, Germán Díez se ha servido del ‘hombre de la camisa blanca’ y del ‘cojo de la Puerta del Sol’ para recrear los sucesos previos al inicio de la Guerra de la Independencia (1808-1812), derivada de la actitud de Carlos IV y Fernando VII, “de lo más negado que ha tenido la historia de España”, subraya.

“Fueron unos inútiles totales y por culpa de ellos Madrid vivió el 2 y 3 de mayo de 1808 los días más aciagos”, insiste este escritor que centra buena parte de su imaginario literario en el Siglo de Oro, “de una grandeza literaria y social”.

A la manera cervantina, Díez Barrio también desliza buena parte de su mensaje a través de las conversaciones mantenidas entre el cojo y el de la camisa blanca, “unos diálogos cargados de ironía y humor dentro de la tristeza y desolación del momento”, como expresión del momento que atravesaba el país.

“¡Qué tristeza para un país no tener a nadie en quien creer! ¡Era tanta la necesidad de tener un rey estable!”, se lamenta el hombre de la camisa y pantalón amarillo horas antes de ser prendido tras atacar con una navaja a un soldado francés y de rendir su vida en el promontorio de Príncipe Pío.

Doscientos años y más después, los restos de los fusilados descansan en el mismo lugar donde pasaron a la historia, en el denominado Cementerio de los Patriotas, sin señalizar y promocionar apenas, junto a una ermita cerca de las gemelas de San Antonio de la Florida, cerca del Manzanares y de la Quinta del Sordo desde la que Goya vio o se imaginó ese cuadro.

Díez, especializado también en gastronomía y tradiciones populares, reivindica a estos innominados “que representan al pueblo como protagonista verdadero de la historia”, en este caso con su levantamiento contra el tirano de Europa, similar al que después se propagó en diversos lugares de España durante una guerra que ha dejado batallas de renombre (Moclín, Bailén, Arapiles y Vitoria, entre otras).

“Me gusta mucho la historia, disfruto con ella especialmente la del Siglo de Oro, que no tiene fondo, aunque me cuesta el doble de esfuerzo por la documentación y la búsqueda de una forma diferente de contarla, de otra manera, no lineal”, resume el escritor.

Entrada al terrible averno

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Conocida como la “Puerta de Plutón” –Ploutonion en griego, Plutonium en latín- la cueva fue considerada como el portal al inframundo en la mitología y en la tradición greco-romana
Conocida como la “Puerta de Plutón” –Ploutonion en griego, Plutonium en latín- la cueva fue considerada como el portal al inframundo en la mitología y en la tradición greco-romana

Para los antiguos griegos y romanos, el infierno era un lugar físico que se encontraba comunicado con el mundo de los vivos y al que, por tanto, se podía acceder a través de una puerta. Tan esperpéntico lugar se situaba cerca de la ciudad turca de Hierápolis, una zona geológicamente muy activa y famosa por sus aguas termales, y durante muchos años encontrar su entrada ha sido el objetivo de muchos arqueólogos.

Cubierto por nubosos vapores venenosos, la puerta de Plutón era la entrada a una cueva consagrada a Plutón, el dios romano del inframundo. De acuerdo al geógrafo Strabo del primer siglo, el sitio era hogar de rituales en el cual cualquier animal que entrara en la apertura “encontraba una muerte repentina”.

Allí hay un templo que desciende hasta una gruta en la que los animales eran sacrificados sin intervención de la mano del hombre. Y es que, junto a las ruinas del Plutonium, el templo a Plutón, dios romano del inframundo, todavía hoy defallecen los pájaros que se aventuran a volar por las inmediaciones. La explicación que ha dado la publicación es que hay una gruta de la que emana dióxido de carbono volcánico en concentraciones mortales.

Antiguamente, en la época romana, los religiosos utilizaban esas emanaciones para sacrificar animales, pues caían muertos “milagrosamente”, sin intervención humana alguna. Los fieles se sentaban en las gradas para contemplar dicho espectáculo. Acercaban a toros sanos y los conducían hasta la boca de una gruta puesta en el interior de una estructura rectangular del templo. Morían rápidamente pero los sacerdotes que los acompañaban no sufrían daño alguno. En la época se creía que el motivo era porque los religiosos estaban castrados. Hoy sabemos que no es así.

Arqueólogos y vulcanólogos de la Universidad alemana de Duisburg-Essen han dado con una posible respuesta a esta pregunta tras un nuevo estudio. Durante el día, el sol disuelve la neblina, pero durante la noche el gas queda concentrado en el rectángulo y, cuando llega el amanecer, la concentración se vuelve mortal. A medio metro del suelo su concentración es del 35%, suficiente para asfixiar a cualquier ser vivo. Pero esa concentración disminuye intensamente al aumentar la altura. Así que los sacerdotes que conducían a los toros respiraban prácticamente aire puro, mientras los bóvidos iban ahogándose en cuanto pisaban el recinto.

Por ello era en plena aurora cuando tenían lugar estos rituales. El aliento del Can Cerbero, guardián de la puerta del infierno solo afectaba a los animales que respiraban cerca del suelo. Los sacerdotes, sin embargo, no llegaban nunca a caer en el ámbito mortal del templo.

El arqueólogo de Hierápolis, Francesco D’Andria, reconstruyó la ruta de la fuente de agua termal de la zona hasta descubrir la Puerta de Plutón, la cual fue destruida por cristianos en el siglo VI. La famosa leyenda de la Puerta de Plutón no es solo el producto de la leyenda; durante la excavación, varios pájaros murieron debido a las emisiones de dióxido de carbono cuando se acercaban a la entrada de la cueva de Plutón.

Durante la excavación, los gases venenosos de la Puerta de Plutón mataron a varios pájaros, haciendo eco a los cuentos mitológicos registrados por Strabo.

Este no es el primer descubrimiento sorprendente en la excavación que D’Andria realiza en Hierápolis, ubicada cerca de las frecuentemente visitadas corrientes termales en el Sitio Patrimonio de la Humanidad de Pamukkale.

De acuerdo a los Hechos de Felipe, un libro apócrifo, el apóstol Felipe predicó y convirtió a muchos residentes de Hierápolis, aunque terminó siendo martirizado. Una iglesia octagonal fue construida en Hierápolis para recordar al santo, y una moneda acuñada en el siglo XI muestra a Felipe parado en ese mismo sitio.

La publicación del artículo de D’Andria “Conversion, Crucifixion and Celebration” en la edición de Julio/Agosto de 2011 del Biblical Archaeology Review fue seguido por el descubrimiento de una pequeña iglesia que D’Andria cree que es la tumba de San Felipe.

La traducción de “Pamukkale”, el nombre moderno para el área cercana a Hierápolis, describe apropiadamente las impresionantes formaciones naturales de travertinos en el lugar. Hierápolis se ubica sobre una falla geológica activa que ha creado terremotos y corrientes termales por milenios. La precipitación de minerales de las calientes corrientes geotermales se endurece en la roca sedimentaria travertino, y forma las así llamadas “flores de algodónW que continúan atrayendo visitantes.

La puerta de Hierápolis al infierno era un importante lugar sagrado en la ciudad. El viajero del primer siglo, Strabo, describe sus letales propiedades:

La puerta de Plutón, debajo de un pequeño monte de la región montañosa que yace sobre ella, es una abertura de tamaño moderado, lo suficientemente grande para que quepa un hombre, pero alcanza una considerable profundidad, y está rodeada por una balaustrada cuadrilateral, de alrededor de un plethrum en circunferencia, y el espacio está llenó de un humo tan vaporoso y denso que difícilmente uno puede ver el suelo. Para aquellos que se aproximan a la balaustrada en cualquier lugar alrededor de la cueva el aire es inofensivo, dado que el exterior está libre del vapor si el clima está tranquilo, porque el vapor permanece dentro de la cueva, pero si algún animal pasa al interior encontrará una muerte instantánea. En cualquier cantidad, los toros que son llevados dentro caen y son arrastrados fuera ya muertos; y yo mismo arrojé loros y ellos inmediatamente respiraron su último aliento y cayeron [al suelo]. Pero los Gali, que son eunucos, pasan adentro con tal impunidad que incluso se aproximan a la abertura, se inclinan y descienden hasta una cierta profundidad, aunque ellos aguantan la respiración tanto como pueden (porque pude ver en sus expresiones faciales una indicación de alguna clase de ataque de sofocación, si lo hubiere), tal vez su inmunidad pertenece a todos aquellos que son castrados, o solo a aquellos que rodean el templo, o quizás sea debido a la providencia divina –como sería probable en el caso de rituales divinos, o podría ser el resultado de ciertos poderes físicos que funcionan como antídotos contra el vapor (Strabo, Geography 13.4.5).

El ocaso de los Habsburgo y el cambio de era

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Sisi fue asesinada en 1898 por un anarquista cuando se encontraba en Ginebra, en uno de los muchos viajes con los que huía de la Corte. Aunque hay constancia de que el emperador tuvo al menos dos amantes, no está confirmado si Sisi también tuvo alguno, el asesinato de su esposa fue un duro golpe, uno de los muchos que Francisco José tuvo que soportar y que le fraguaron la imagen de estoico y resignado monarca
Sisi fue asesinada en 1898 por un anarquista cuando se encontraba en Ginebra, en uno de los muchos viajes con los que huía de la Corte. Aunque hay constancia de que el emperador tuvo al menos dos amantes, no está confirmado si Sisi también tuvo alguno, el asesinato de su esposa fue un duro golpe, uno de los muchos que Francisco José tuvo que soportar y que le fraguaron la imagen de estoico y resignado monarca

En los 68 años de reinado (1848-1916) de Francisco José I de Austria se inauguró la Ópera de Viena, Freud desarrolló en su consulta vienesa el psicoanálisis, un anarquista asesinó a la emperatriz Sisi y estalló la I Guerra Mundial que acabó con seis siglos de dominio de la dinastía Habsburgo.

Francisco José estuvo destinado a reinar desde su infancia, debido a la incapacidad de su tío, Fernando I, y al desinterés de su padre, el archiduque Francisco Carlos.

El futuro emperador realizaba caricaturas de sus profesores y  dibujos de desfiles y motivos bélicos que muestran su temprana fascinación por lo militar, algo que le acompañó toda la vida pese a que nunca fue un buen estratega y bajo su reinado Austria sufrió una derrota tras otra.

La abdicación de Fernando I tras la revolución de 1848 y la renuncia al trono de Francisco Carlos permitieron la coronación de un joven de 18 años como emperador.

Convencido absolutista, sólo las presiones internas y las derrotas ante Piamonte en 1859 y en 1866 contra Prusia le forzaron a aceptar cambios constitucionales y limitar el centralismo austríaco en favor de una mayor autonomía para Hungría.

Pese a sus reticencias a cualquier atisbo de modernidad, el emperador siempre respetó esos principios constitucionales.

Otro capítulo de su vida es el matrimonio con Elizabeth, la popular Sisi.

Pese a que la relación se resintió pronto por la rigidez de la vida en la corte, sus inicios fueron casi tan cursis como los representados en la famosa serie de películas. Sisi fue asesinada en 1898 por un anarquista cuando se encontraba en Ginebra, en uno de los muchos viajes con los que huía de la Corte.

Aunque hay constancia de que el emperador tuvo al menos dos amantes, no está confirmado si Sisi también tuvo alguno, el asesinato de su esposa fue un duro golpe, uno de los muchos que Francisco José tuvo que soportar y que le fraguaron la imagen de estoico y resignado monarca.

Su primera hija, Sofía Federica, murió a los dos años durante un viaje a Hungría. En 1867 su hermano Maximiliano, emperador de México, había sido fusilado por las tropas de Benito Juárez. Su hijo y heredero, el príncipe Rodolfo, se suicidó en 1889.

La fría relación con Rodolfo, el cariño hacia sus nietos, su catolicismo y conservadurismo o su sentido del honor y el deber son otros de los rasgos de su carácter. Un carácter que influyó en su decisión de declarar la guerra a Serbia, tras el asesinato en 1914 en Sarajevo de su sobrino y nuevo heredero, Francisco Fernando. Fue primera vez en la historia en que se usó un telegrama para iniciar un conflicto.

La muerte del veterano emperador, en plena Gran Guerra, fue la señal del fin de una época. La sensación fue que se acababa la monarquía, que era el principio del fin”.

El cortejo fúnebre representado en un cuadro y la carroza negra en la que fue transportado el cadáver del emperador simbolizan ese cambio de era.