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Neandertales en la botica

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El sarro del hombre de neandertal contiene restos de ADN del hongo de la penicilina, un antibiótico natural, y componentes de la corteza del sauce, que contiene ácido acetilsalicílico, el principio activo de las aspirinas
El sarro del hombre de neandertal contiene restos de ADN del hongo de la penicilina, un antibiótico natural, y componentes de la corteza del sauce, que contiene ácido acetilsalicílico, el principio activo de las aspirinas

Los neandertales, una especie humana extinguida hace 40.000 años, utilizaban la corteza de los árboles y las plantas de su entorno para fabricar incipientes medicamentos semejantes a las ‘aspirinas’ y a los antibióticos actuales.

El hallazgo forma parte de un estudio realizado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), junto a científicos de la Universidad de Adelaida (Australia) y de la Universidad de Liverpool (Reino Unido).

Los investigadores han secuenciado el material genético del cálculo dental (sarro bacteriano calcificado) de fósiles de cuatro individuos del yacimiento belga de Spy y de El Sidrón, en Asturias.

Los resultados son importantes porque “nos dan evidencias de aspectos que hasta ahora desconocíamos. Nos demuestran que nuestra visión de los neandertales era simplista y que está sesgada por lo poco que se conserva en el registro fósil”, explica Carles Lalueza-Fox, investigador del IBE y coautor del trabajo.

Los análisis de esos cálculos dentales, han permitido confirmar la ingestión de determinados tipos de seta, piñones y algunas clases de musgo.

Y aunque no se han detectado evidencias del consumo de carne, los resultados del estudio no significan que no fueran carnívoros. De hecho, lo más normal es que lo fueran, porque “los neandertales sabían aprovechar todo lo que estaba a su disposición, incluida la fauna”, advierte el investigador.

Tal vez por ese motivo, donde sí encontraron evidencias del consumo de carne fue en los neandertales de Bélgica, que vivían en estepas frías con megafauna (rinocerontes lanudos y muflones) mientras que los que ocupan la actual Asturias estaban en un entorno boscoso, más rico en vegetales.

Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos del estudio ha sido el hallazgo de evidencias de automedicación hallados en uno de los fósiles asturianos: “un individuo con un absceso dentario a causa de una infección en la raíz de un molar”.

“Tenemos pruebas de que este neandertal se medicaba. Hemos descubierto que el sarro conservado en sus dientes contenía secuencias del patógeno Enterocytozoon bieneusi que, en humanos, provoca problemas gastrointestinales, además de un absceso dental. Dos problemas que debían producirle intensos dolores”, sostiene el paleontólogo del MNCN y coautor del trabajo, Antonio Rosas.

El sarro de este neandertal contenía restos de ADN del hongo de la penicilina, un antibiótico natural, y componentes de la corteza del sauce, que contiene ácido acetilsalicílico, el principio activo de las aspirinas.

“Es bonito tener esta información nueva porque nos da una imagen más sofisticada de estos humanos, más cercana a la realidad y alejada de los estereotipos simplistas que teníamos producto del registro fósil disponible y limitado a piedras y huesos”, destaca Lalueza-Fox.

Los científicos también han analizado la microbiota bucal de los neandertales (principalmente bacterias) y la han comparado con muestras de chimpancés, cazadores-recolectores paleolíticos, y de los primeros agricultores del Neolítico.

La comparación “nos ha permitido determinar que, sobre todo, con la llegada de la agricultura en el Neolítico se produce un cambio muy significativo de la biota bucal, que se vuelve más especializada y pierde diversidad”, afirma el biólogo del IBE.

Por eso, los neandertales, los chimpances y los cazadores recolectores tienen una biota bastante parecida. “El gran cambio de la comunidad bacteriana de nuestra boca llega con la agricultura y el cambio de alimentación que representa y que comporta más trastornos de salud gastrointestinales y mas caries”, sostiene.

Finalmente, el estudio ha determinado que a lo largo de la historia, neandertales y humanos modernos hemos compartido microbios y bacterias como las que provocan caries y enfermedades en las encías.

De hecho, la placa dental del individuo neandertal estudiado permitió recuperar el genoma completo más antiguo de un microorganismo: la arquea Methanobrevibacter oralis, lo que sugiere que neandertales y humanos modernos intercambiaron patógenos que devinieron en cepas que divergieron hace entre 112.000 y 143.000 años.

“Hoy sabemos que los sapiens se cruzaron en dos ocasiones con los neandertales que luego vivieron en la zona de Siberia, pero no con los de Asturias. Si hubo transferencia de microbiota entre los antepasados de los neandertales asturianos y sapiens, tal vez existió un cruce de ambos linajes que aún no hemos identificado”, concluye Lalueza-Fox

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Sangre en cada resquicio del alma

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Helena Blavatsky habla de la sangre basándose en las milenarias enseñanzas orientales
Helena Blavatsky habla de la sangre basándose en las milenarias enseñanzas orientales

La sangre ha sido considerada desde hace muchos milenios como aposento del alma humana. En Egipto se creía que la sangre era el vehículo de la conciencia. El espíritu del ser humano se movía a través de la corriente sanguínea. En la Biblia se dice: “La sangre es el alma o vida de toda carne. (Levítico 17,14). Solamente os abstendréis de comer carne que tenga todavía su vida, esto es, su sangre. (Génesis 9,4). Esta es la razón teológica en que se basa la prohibición de comer la sangre y la importancia que tenía en todos los ritos expiatorios.

Para los pueblos de la antigüedad la sangre era el principio vital, llegándolo a identificar incluso con el alma. Algunos de ellos la utilizaban como un complemento de su dieta, como es el caso de los Masai en África. Por sus cualidades se consideró un reconstituyente para personas viejas o muy enfermas, cuyas funciones vitales son incapaces de crear suficiente energía; esto se decía del rey francés Luis XV, a quien se acusaba de beber sangre de muchachos jóvenes y sanos para reponer su cuerpo agotado por los placeres y excesos de todo tipo. Tampoco se puede olvidar el “mito del vampiro”, en el cual la sangre adquiere el significado de vida eterna, de inmortalidad.

Es Helena Blavatsky quien habla de la sangre basándose en las milenarias enseñanzas orientales: “los anatómicos yerran cuando dicen que el bazo es sólo la fábrica de los leucocitos o glóbulos blancos de la sangre, cuando en realidad es el cuerpo astral. Los glóbulos blancos son de naturaleza astral, y de este plano son exudados por medio del bazo. Los glóbulos rojos son, a manera de gotas de fluido eléctrico, la transpiración de los órganos exudadas de las células. Son ellos la progenie del principio fohático. El hígado es la conexión somática del deseo (Kâma, en sánscrito). Kâma es la vida y la esencia de la sangre, que se coagula cuando éste la abandona”.

El hígado y Marte

Existe un paralelismo entre el hígado y el planeta Marte, ya que el primero es el látigo que mantiene el ritmo vital en el ser humano, y el segundo es el dinamo del sistema solar, el cual envía un rayo rojo animador a todos los seres dentro de este esquema solar. Por tanto, el color rojo entra a formar parte del planeta Marte, de la sangre, del hierro (no olvidemos que la base de los glóbulos rojos es el hierro) y de Kâma (vehículo o cuerpo de deseos).

Dice Goethe, en Fausto, y según se expresa en un viejo aforismo citado por Rudolf Steiner: “Lo que tiene poder sobre tu sangre, tiene poder sobre ti”. Este es el profundo significado de la cita de Fausto: “Firma el pacto con tu sangre, entonces te tengo a ti, por medio de aquello que domina a todo hombre”.

La sangre cristaliza de forma diferente en cada ser humano, pues en ella se recoge la historia del alma humana: su evolución, sus pasiones, sus éxitos, sus fracasos, sus esperanzas, todo ello en formas etéricas que circulan por la sangre, por lo que podemos hablar de ella como una especie de “registro” del ser humano.

Un poco de historia

En la edad media, fue Miguel Servet quien escribió sobre la circulación menor (Pulmonar) de la sangre, “Restitución del Cristianismo”, 1548. Después William Harvey, 1628, hizo “el descubrimiento del siglo” al comprobar que la sangre circulaba por todo el cuerpo impulsada por el corazón. Karl Landsteiner, descubrió en 1900 que los glóbulos rojos tenían distintos tipos de aglutinógenos, que dieron origen a los cuatro grupos sanguíneos: A, B, AB y O. Y no será hasta 1940 cuando Landsteiner y Alexander Wiener, descubrirán el factor Rhesus (RH) de la sangre.

En su composición encontramos glóbulos rojos, encargados de transportar el oxigeno a las células; glóbulos blancos, encargados de defender el cuerpo de microorganismos extraños; las plaquetas, fragmentos de células de la médula ósea que ayudan a que la sangre coagule cuando se produce la rotura vascular; y por último el plasma sanguíneo, una sustancia amarillenta que transporta la mayor parte de los nutrientes.

Escueto epitafio para la voracidad

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Hernán Cortés mantuvo romances con numerosas indígenas. En esta litografía del francés Nicolas Maurin, el jefe Zingari presenta a Aída, su hermana, a Cortés
Hernán Cortés mantuvo romances con numerosas indígenas. En esta litografía del francés Nicolas Maurin, el jefe Zingari presenta a Aída, su hermana, a Cortés

Hernán Cortés es sin duda uno de los más grandes conquistadores que ha dado la historia, a la altura de Alejandro Magno, Atila o Napoleón. Padre de la expresión “quemar las naves”, tras haberse negado a retroceder en su conquista quemando la única vía de huída, Hernán Cortés y su ejército consiguieron imponer el dominio español al imperio azteca en dos años.

Sus logros militares no le excusan de los abusos cometidos en México, pero el profundo catolicismo del conquistador y una conciencia moral avanzada para su época le llevaron a plantearse si era lícito esclavizar a los indios, una duda insólita en los inicios del siglo XVI.

Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano nació en la Corona de Castilla (la actual España) en 1485, en el seno de una familia de hidalgos. Tras unos breves estudios universitarios, viajó a las recién descubiertas Indias y se estableció como escribano en la isla La Española (actual Santo Domingo).

Tras ascender jerárquicamente entre los primeros colonizadores del Nuevo Mundo y constituirse como alcalde de la recién fundada ciudad de Santiago, en Cuba, el conquistador español y primer gobernante de la isla, Diego Velázquez de Cuellar, le puso al mando de una expedición a Yucatán, el actual México.

Cortés navegó hasta Tabasco (México) donde derrotó a los mayas y fundó, en la costa del país, la ciudad de Villa Rica de Veracruz. Fue allí donde descubrió la existencia del Imperio Azteca, donde se decía que había inmensos tesoros.

La determinación característica de este personaje histórico le llevó a hundir sus barcos para que el ejército no tuviese la tentación de dar marcha atrás, asustados por la inferioridad numérica. De este episodio procede la frase hecha “quemar las naves”.

Junto con otros pueblos indígenas que consiguió unir a su causa, ya que se encontraban sometidos a los aztecas, Cortés llegó a la Capital del Imperio, Tenochtitlán. A su paso, los conquistadores españoles saquearon ciudades prehispánicas como la de Chololula.

Cortés fue recibido pacíficamente por el emperador azteca, Moctezuma II, quien se declaró vasallo de la Corona de Castilla. Se cree que la buena acogida de los conquistadores españoles por parte de los aztecas se debe a la identificación de estos con seres divinos. A pesar del acogimiento, el ejército de Cortés se comportó de forma tiránica y saqueó las posesiones de los aztecas.

Durante estos meses se llevaron a cabo matanzas de nobles indígenas por parte de los conquistadores españoles, lo que provocó la ira del imperio y, aún a pesar de que su emperador se encontraba secuestrado por Cortés, se revelaron contra la invasión.

En la llamada ‘la noche triste’, los españoles que quedaban tras la lucha con los aztecas se vieron obligados a huir de la zona. Pero Cortés no olvidó sus planes de tomar Yucatán para la Corona de España, de manera que se rearmaron y junto con otras tribus indígenas consiguieron tomar Tenochtitlán, aunque la ciudad se encontraba completamente devastada.

Gracias a estas conquistas, Cortés fue premiado con el título de Gobernador y Capitán de la Nueva España, nombre que los españoles le asignaron a esta zona de México.

Hernán Cortés falleció en España el 2 de diciembre de 1547 a los 62 años. Fue enterrado en principio en su país de origen, pero sus restos fueron trasladados a México en 1566. En este país estuvieron sepultados hasta en siete sitios distintos.

Tras haber peregrinado por cuatro monasterios e iglesias diferentes, y con motivo de evitar su profanación en la Guerra de Independencia, fueron escondidos en un nicho junto al tabernáculo de una Iglesia anexa al Hospital de Jesús –donde se cree que se reunió con Moctezuma II–.

Un siglo después de esta sepultura secreta, un embajador mexicano presentó a España el acta de enterramiento clandestino de Hernán Cortés. Finalmente, en 1947 fueron colocados en un muro de la Iglesia de Jesús Nazareno a la izquierda del altar, donde continúan a día de hoy.

Los restos mortales de Hernán Cortés no tienen ningún tratamiento de interés turístico en México, nadie los va a visitar y su figura es más bien un tabú en el país. Están señalados por una pequeña placa a tres metros de altura en la que solo pone “Hernán Cortes 1485-1547”. El conquistador es recordado como uno de los representantes de las barbaridades humanas que fueron aparejadas a la conquista de México.

Svetlana y la sombra de Stalin

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Stalin y Svetlana Allilúyeva
Stalin y Svetlana Allilúyeva

La vida de Svetlana Allilúyeva, la hija de Stalin, que en plena Guerra Fría pidió asilo en EEUU tras escapar de la URSS, es “una tragedia del siglo XX comparable a las tragedias clásicas”, afirma Monika Zgustova, que en su última novela recrea el exilio de una mujer que sólo conoció el anonimato durante su vejez.

La autora checa, afincada en Barcelona, explica que la idea de escribir “Las rosas de Stalin” (Galaxia Gutenberg) le surgió después de que en una librería de Nueva York encontrara dos libros de Svetlana donde descubrió que se exilió de la URSS en 1967 pidiendo asilo en la embajada de EEUU en la India.

“Tuve como una obsesión con ese tema porque mi familia se fue de la Checoslovaquia comunista después de viajar también a la India y pedir asilo político en la embajada americana, así que eran caminos paralelos y tenía ganas de investigar cómo vivió Svetlana su exilio y compararlo mentalmente con el de mis padres”, detalla Zgustova.

Las coincidencias terminaban ahí, pues la vida de Svetlana Allilúyeva supera con creces las peripecias o adversidades de cualquier personaje de ficción y tiene ecos de odisea homérica.

Hija de uno de los dictadores más siniestros del siglo XX, su madre se suicidó cuando contaba 6 años, tuvo cinco maridos, fue espiada por el KGB y la CIA, se convirtió en un símbolo de la Guerra Fría, acaparó la atención mediática mundial, se hizo millonaria con sus libros, fue profesora en Princeton, cayó bajo el influjo de una secta, perdió su fortuna y peregrinó por varios países antes de volver a EEUU, donde murió en 2011.

Monika Zgustova explica que la vida de Svetlana se convirtió en una permanente huida, pues fue “una persona siempre utilizada por el poder de todos los colores, y su tragedia era que no podía vivir en ninguna parte, en todas partes se sentía infeliz”.

La infancia de Svetlana es casi la de una huérfana, pues su padre apenas se ocupa de ella y el suicidio de su madre lo interpreta como un abandono, que le inculca “un complejo de inferioridad que suelen tener los hijos no deseados”, situación que “reproduce ella misma cuando deja a sus dos hijos en Moscú y decide ir sola al exilio”.

Nacida en 1926 como Svetlana Iósifovna Stálina -luego adoptaría el apellido de su madre-, la relación con su padre se torció en la adolescencia, cuando a los 16 años se enamoró de un cineasta judío de 40 años al que su padre ordenó detener y envió a un gulag.

Después de tres breves matrimonios que terminaron en divorcio y tener dos hijos con dos de sus maridos, la vida de Svetlana dio un giro en 1963 al conocer en un hospital de Moscú al ciudadano indio Brayesh Singh, con quien la cúpula dirigente de la URSS no le permitió casarse de nuevo, pero a quien siempre consideró su marido.

Pese a los esfuerzos del régimen soviético para cortar la relación, ambos vivieron juntos en Moscú hasta la muerte de Singh en 1966, momento en que los jerarcas de la URSS permitieron a Svetlana viajar a la India para esparcir sus cenizas en el Ganges.

En la India prolonga su estancia más de dos meses con los familiares de Singh y allí “se siente libre, con toda aquella luz y colorido, con gente que la quería y la trataba bien”, por lo que “la idea de volver a los ambientes oscuros de la URSS se le hace insoportable”, arguye Zgustova.

Así, en lugar de tomar un vuelo de vuelta a Moscú decide acudir a la embajada de EEUU en Nueva Delhi, ya que la India no la hubiera acogido por estar entonces bajo la influencia de la URSS, cumpliendo “un deseo que poco a poco fue creciendo y del que no puede escapar, pues siente que es más fuerte que ella”, relata Monika Zgustova.

La decisión suponía perder el contacto con su hijo Yósif y su hija Katia, quienes nunca llegaron a comprender el paso dado por su madre, a quien siempre acompañó el remordimiento por este abandono y por “no tener claro si no pagaba un precio demasiado alto por un poco de felicidad y libertad que tampoco tenía asegurados”.

La petición de asilo en Estados Unidos “fue un símbolo político muy potente y los norteamericanos usaron a Svetlana como ejemplo de que la hija del político más prominente de la URSS prefería vivir en EEUU, optaba por el capitalismo frene al comunismo”, mientras en su país de origen se lanzaba una campaña difamatoria contra ella.

“Svetlana no podía soportar que en cualquier noticia sobre ella apareciera la foto de su padre”, recordando que era “la hija de uno de los dictadores más sanguinarios del siglo XX”, hecho que, según Zgustova, la avergonzaba y no le permitía “ser un ser humano más”.

La vida de Svetlana en EEUU tampoco fue fácil y, aunque se sentía bien en la Universidad de Princeton, donde daba clases, su estado de insatisfacción permanente hizo que se instalara en Arizona, donde la esposa del destacado arquitecto Frank Lloyd Wright la introdujo en una comunidad sectaria y la convenció para casarse con el viudo de su hija, fallecida en un accidente de tráfico.

Zgustova considera que en Princeton Svetlana “tenía demasiada libertad, y eso no lo podía soportar”, por lo que se instaló en una comuna con el fin de fundar y tener una familia, con un buen esposo, y aunque tuvo otra hija, tampoco este matrimonio funcionó y se divorció de su quinto marido en 1973 tras pagar sus muchas deudas.

Según estima la autora, Svetlana vivía con “una insatisfacción permanente” que, como un resorte psicológico, “la llevaba a huir de cualquier ambiente cuando comprobaba que no le satisfacía”.

En esta huida constante “entra en juego su necesidad de libertad, y al mismo tiempo la imposibilidad de sobrellevar una excesiva libertad”, porque “la falta de libertad era para ella una pesada carga, y el exceso de la misma, también”, concluye Zgustova.

De Marx al gatillo

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El venezolano, encarcelado en Francia desde 1994, suma tres sentencias a prisión de por vida por los atentados que cometió en las décadas de los 70 y los 80
El venezolano, encarcelado en Francia desde 1994, suma tres sentencias a prisión de por vida por los atentados que cometió en las décadas de los 70 y los 80

Nombrado en honor a Lenin, su destino parecía escrito desde que nació. Marxista convencido, defensor de la revolución bolivariana y terrorista, el venezolano ‘Carlos el Chacal’ fue uno de los criminales más buscados del mundo.

Ilich Ramírez fue hijo de un afamado abogado, él y sus hermanos Vladimir y Lenin se empaparon de la ideología comunista desde la cuna. Compaginando sus estudios entre Londres y Moscú, comenzó a simpatizar con la causa palestina.

Al término de la II Guerra Mundial, el holocausto judío supuso una gran mancha para Europa. Intentando compensarles, se les concedió su tierra prometida. Para ello, la recién creada Organización de Naciones Unidas (ONU) decidió dividir el territorio de Palestina en dos.

Judíos y musulmanes continúan desde entonces en una guerra que ha traído a miles de personas diferentes para luchar por uno bando u otro. Ramírez fue uno de ellos, alistándose en las lineas del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) en Jordania. Su mentor en dicha organización, Wadih Haddad, le confiere como seudónimo de combate el nombre ‘Carlos’, por ser un nombre hispano proveniente del árabe ‘Khalil’.

Mientras, el seudónimo ‘El Chacal’ se había aferrado por accidente a su biografía. Un reportero de ‘The Guardian’, que había leído la novela de Frederick Forsyth titulada ‘El día del chacal’, comenzó a nombrarle de esta forma en sus reportajes.

Una vez instruido, volvió a Londres a emprender acciones de inteligencia para el FPLP bajo la cubierta de la normalidad de su vida familiar al lado de su madre y sus dos hermanos. Permaneció con los suyos hasta octubre de 1974, cuando se mudó a París.

Una fecha que marcaría el antes y el después de este terrorista fue 27 de junio de 1975. Se encontraba en una fiesta cuando un grupo de policías franceses irrumpen en su vivienda. Abriéndose camino a balazos, mata a dos de ellos y a su delator, el musulmán Michel Moukharbal.

Su saldo entre Asia y Europa había sido de más de 1.500 muertos, 80 de ellos asesinados con sus propias manos. Así, Francia fue el país en el que más desarrolló su faceta de terrorista. Fue el autor intelectual del asalto de la embajada francesa en La Haya (Holanda), así como el estacionamiento de diversos coches-bomba en varias sedes de periódicos.

‘El Chacal’ vuelve a desaparecer y no es hasta 1994 cuando se averigua su ubicación. Estaba en Sudán, al noreste de África. Pero el 15 de agosto de ese mismo año, mientras se recuperaba de una operación, un médico local le drogó y le llevó al aeropuerto de la capital para entregarle a la policía francesa.

Actualmente, permanece en la cárcel y es probable que allí se consumirá hasta el final de sus días. Cientos de juicios, en los que se declaraba siempre inocente y no mostraba arrepentimiento, le han condenado a tres cadenas perpetuas, la última de ellas en marzo de 2017.

Pese a que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, le ha reclamado varias veces, calificándole de héroe bolivariano, nunca ha emprendido acciones reales para extradirtarle.

Quizás fallezca entre rejas, mientras ve apagarse las luces de su celda, de su historia y de su leyenda. Después quedará un recuerdo, amargo para muchos, y miles de heridas sin cicatrizar.

Objetos extraterrestres en el Antiguo Egipto

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El estudio indica que ya en el cuarto milenio antes de Cristo, y por lo tanto antes de lo que se pensaba, expertos metalúrgicos egipcios habían logrado dominar la forja del hierro meteórico, una aleación de hierro-níquel mucho más dura que la del cobre. Además, los antiguos egipcios ya sabían que esas rocas venían del cielo
El estudio indica que ya en el cuarto milenio antes de Cristo, y por lo tanto antes de lo que se pensaba, expertos metalúrgicos egipcios habían logrado dominar la forja del hierro meteórico, una aleación de hierro-níquel mucho más dura que la del cobre. Además, los antiguos egipcios ya sabían que esas rocas venían del cielo

Para las culturas de la antigüedad que vieron caer meteoritos y los encontraron e identificaron, estas piedras provenientes del cielo eran lo más parecido a un eslabón físico y palpable entre lo terrenal y lo celestial, un ámbito, éste último, a menudo perlado de connotaciones sobrenaturales.

Un equipo de expertos en diversas especialidades, desde egiptología a ciencia de los materiales, ha encontrado pruebas concluyentes de que los antiguos egipcios usaron meteoritos para fabricar objetos simbólicos destinados a acompañar a sus difuntos.

Las citadas evidencias provienen de un conjunto de pequeños objetos de hierro comparables a las cuentas de un collar, que fueron desenterrados en 1911 de un yacimiento arqueológico ubicado a unos 70 kilómetros al sur de El Cairo. Al datar de entre los años 3350 y 3600 antes de nuestra era, o sea con anterioridad al inicio de la Edad del Hierro Egipcia, se asumió que el hierro del que estaban hechos los objetos era de origen extraterrestre, concretamente siendo su fuente un meteorito metálico, formado en su mayor parte por hierro y níquel.

Sin embargo, esta hipótesis se puso en duda en la década de 1980, cuando algunos académicos afirmaron que muchos de los ejemplos más antiguos de uso del hierro en diversas culturas del mundo, originalmente atribuidos al aprovechamiento de meteoritos ricos en hierro, fueron en realidad el resultado de los primeros intentos de producción de objetos de hierro por fundición a partir de minerales.

Tiempo después, uno de estos objetos metálicos polémicos, que, al margen de su origen, ha sido considerado como la demostración más antigua del uso de hierro por los antiguos egipcios, fue prestado por el Museo de Manchester, en el Reino Unido, a especialistas de la Universidad Abierta del Reino Unido y a la de Manchester en el mismo país, para que hicieran nuevos análisis.

El equipo de Diane Johnson, de la Universidad Abierta, ha completado un meticuloso estudio del objeto, mediante microscopía electrónica y tomografía computerizada, y las conclusiones son claras: El objeto sí es de origen extraterrestre. No es el fruto de un trabajo primitivo de metalurgia sino que su identidad es la de un meteorito.

Los meteoritos de hierro fueron importantes para los antiguos egipcios, tanto por el carácter de objetos provenientes del cielo, como en los primeros intentos de desarrollar técnicas metalúrgicas.

Hoy en día vemos al hierro como un material vulgar, de uso práctico. Sin embargo, para los antiguos egipcios, tal como argumenta la egiptóloga Joyce Tyldesley de la Universidad de Manchester, se trataba de un raro y bello material, al cual, por haber caído del cielo, era fácil atribuirle cualidades sobrenaturales o connotaciones sagradas. Debido a ello, en el Antiguo Egipto, se empleó al hierro llegado del cosmos para fabricar pequeños objetos de gran belleza y significado religioso, considerados tan importantes como para que se les depositara con difuntos en sus tumbas.

Prehistóricas duras como el acero

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La imagen exhuberante de Raquel Welch en "Hace un millón de años" tiene poco que ver con la complexión de las mujeres durante la Prehistoria
La imagen exuberante de Raquel Welch en “Hace un millón de años” tiene poco que ver con la complexión de las mujeres durante la Prehistoria

Un nuevo estudio ha comparado los huesos de atletas modernas con los de las mujeres centroeuropeas que vivieron durante los primeros 6.000 años de inicio de la agricultura. El trabajo demuestra que la mujer agricultora prehistórica tenía, de promedio, los brazos superiores más fuertes que las campeonas de remo de hoy en día.

Los científicos del departamento de arqueología de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), que lideran la investigación, dicen que esta destreza física probablemente se obtuvo mediante la labranza del suelo y la cosecha manual. Tambien como resultado de moler el grano durante horas para hacer harina.

Hasta ahora, los estudios bioarqueológicos del comportamiento prehistórico de las mujeres solo se habían hecho en comparación directa con el de los hombres. Los científicos de Cambridge señalan que este hecho se debe a que se ha subestimado la naturaleza y las demandas físicas que tuvieron que soportar las mujeres durante la prehistoria.

“Este es el primer estudio que compara los huesos femeninos prehistóricos con los de las mujeres vivas”, declara Alison Macintosh, autora principal del estudio publicado en la revista Science Advances. “Al interpretar los huesos de las mujeres en un contexto específico femenino –añade– podemos comenzar a ver cómo fueron de intensivos, variables y laboriosos sus comportamientos, mostrando una historia oculta sobre el trabajo de las mujeres durante miles de años”.

La historia oculta del trabajo físico de las mujeres prehistóricas

El estudio, que forma parte del proyecto Adaptación, dispersiones y fenotipo, ADaPt, financiado por el Consejo Europeo de Investigación, utilizó un pequeño escáner CT en el laboratorio PAVE de Cambridge para analizar los huesos del brazo (húmero) y pierna (tibia) de mujeres que participan en un rango de actividad física del nivel de corredoras, remeras y futbolistas, con estilos de vida más sedentarios.

Después, la fuerza de los huesos de las mujeres modernas se comparó con la de las mujeres de épocas agrícolas neolíticas tempranas hasta las comunidades agrícolas de la Edad Media. “Solemos olvidar que el hueso es un tejido vivo, que responde a los rigores a los que sometemos nuestros cuerpos. El impacto físico y la actividad muscular ejercen presión sobre ellos, lo que se denomina carga. El hueso reacciona cambiando de forma, curvatura, espesor y densidad para adaptarse a una tensión repetida”, explica Macintosh.

“Al analizar las características óseas de personas vivas cuyo esfuerzo físico habitual se conoce y compararlas con las características de huesos antiguos, podemos empezar a interpretar los trabajos que realizaban nuestros antepasados en la prehistoria”, enfatiza la científica.

Durante las tres semanas que duraron las pruebas, Macintosh escaneó los huesos de las atletas de los equipos Open y Lightweight del Cambridge University Women’s Boat Club, ganadoras de la carrera de remo de este año, que rompieron los récords. Estas mujeres, la mayoría de poco más de veinte años, se entrenaban dos veces al día y remaban en promedio 120 km a la semana en ese momento.

Las mujeres neolíticas analizadas en el estudio (de hace entre 7.400 y 7.000 años) tenían una fuerza similar en los huesos de las piernas de las remeras modernas, pero los huesos de sus brazos eran entre un 11% y un 16% más fuertes que los de las atletas actuales, y un 30% más fuertes que la de los estudiantes tipo de Cambridge.

La carga de las extremidades superiores fue aún más dominante en las mujeres de la Edad del Bronce (de hace entre 4.300 y 3.500 años), que tenían entre un 9% y un 13% de los huesos del brazo más fuertes que las remeras, pero un 12% más débiles las piernas.

Carga ósea

Una posible explicación a esta gran fuerza de sus brazos puede ser el triturado del grano. “No podemos decir específicamente qué comportamientos causaban la carga ósea que encontramos. Sin embargo, una actividad importante en la agricultura temprana fue la conversión de granos en harina, y esto probablemente lo realizaban las mujeres”, dijo Macintosh.

Durante milenios, el grano se molió a mano utilizando dos piedras grandes conocidas como silla de molino. En las escasas sociedades que todavía hoy utilizan este tipo de molinillos, las mujeres muelen grano durante cerca de cinco horas al día. “La acción repetitiva del brazo de moler esas piedras juntas durante horas pudo cargar los huesos de los brazos de las mujeres de una manera similar al laborioso movimiento hacia adelante y hacia atrás del remo”.

Sin embargo, Macintosh duda que el trabajo de las mujeres difícilmente se haya limitado a este comportamiento. “Antes de la invención del arado, la agricultura de subsistencia implicaba plantar, labrar y cosechar manualmente todos los cultivos. También es probable que las mujeres hayan ido a buscar comida y agua para el ganado doméstico, procesando leche y carne, y convirtiendo pieles y lana en textil”.

De hecho, la variación en la carga ósea encontrada en las mujeres prehistóricas sugiere que hubo una amplia gama de comportamientos durante la agricultura temprana. “Creemos que puede esta gran variedad de trabajos de las mujeres es lo que hace que sea tan difícil identificar el rastro de cualquier comportamiento específico en sus huesos”.

Jay Stock, autor principal del estudio y director del Proyecto ADaPt, agrega: “Nuestros hallazgos indican que durante miles de años, el riguroso trabajo manual de las mujeres fue un impulsor crucial de las primeras economías agrícolas. Además, demuestran lo que podemos aprender sobre el pasado humano a través de una mejor comprensión de la variación humana en la actualidad”.