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El Día del Juicio Final aconteció en Lisboa

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Grabado representativo de la destrucción total que supuso el terremoto
Grabado representativo de la destrucción total que supuso el terremoto

El terremoto de Lisboa fue uno de los sucesos más importantes de la historia de Europa, de tal forma que cambió el mundo. El 1 de noviembre de 1755, mientras se celebraban misas con decenas de miles de fieles por el católico Día de Todos los Santos en las cuarenta iglesias, los noventa conventos y los 130 oratorios con que contaba entonces la ciudad, sobrevino un terremoto de al menos 8,5 grados en la escala de Richter. Según el periodista norteamericano Nicholas Shrady, autor del libro The Last Day, sobre esta hecatombe, “de todas las capitales, esta era la que más se asemejaba a una ciudad de Dios en la tierra, que parecía el último lugar sobre el que se podía desatar la ira divina” porque “era una ciudad rebosante de devoción”, cuya céntrica Plaza del Rossio servía para la quema de herejes por parte de la Inquisición.

A unos 250 kilómetros de la costa portuguesa, donde nadie esperaba seísmos de gran magnitud, se situó el epicentro, y dos placas tectónicas atlánticas chocaron furiosamente sobre las 9.30 de la mañana, provocando el mayor terremoto desde que hay registros en la historia de Europa. Miles de personas quedaron sepultadas bajo los escombros de los edificios que se derrumbaron por toda la ciudad media hora después, que fueron la mayoría, y según los testigos, era difícil caminar por las calles sin tropezar con cadáveres y graves heridos tras esta primera devastación.

Primera porque, tras el seísmo de seis minutos y a consecuencia de este, pues había desplazado billones de litros de agua marina, un terrible tsunami llegó a Lisboa hora y media más tarde, cuando miles de supervivientes se habían concentrado en la inquisitorial Plaza del Rossio, frente al río Tajo, entre ellos, sacerdotes que instaban al resto a arrepentirse de sus pecados porque, decían, Dios había enviado aquella calamidad por su causa. Una pared de agua de varios metros de altura se abalanzó sobre ellos, que no tuvieron tiempo de refugiarse ni de huir, y los arrastró hacia el mar, llevándose la vida de centenares de personas.

Pero toda esa agua no fue suficiente para apagar cientos de incendios que se habían desatado en la ciudad, pues una cantidad ingente de velas que se habían encendido para la festividad religiosa, y tras el terremoto, el fuego provocado por las velas caídas asolaba Lisboa. Y, cuando se levantó el viento con por la noche, los incendios se extendieron, uniéndose hasta formar una gigantesca columna de llamas que, en opinión del historiador estadounidense Mark Molesky, autor del libro This Gulf Of Fire, acerca de este concreto asunto, alcanzó sobre la medianoche la categoría de tormenta de fuego y superó los 1.000 grados centígrados.

Por si todo esto fuera poco, los criminales que habían escapado de las cárceles por las brechas abiertas en los muros debido al terremoto hicieron de las suyas en la ciudad, aprovechando el caos y la anarquía; centenares de ellos saquearon casas, palacios e iglesias, violaron a las mujeres y asesinaron a todo aquel que se les antojó. Y como el cataclismo había sido tal para Lisboa, la necesidad empujó a la población a recurrir incluso al canibalismo para sobrevivir después.

En 2004 se hallaron los restos de unas 3.000 personas de toda clase en una fosa común bajo el claustro de un antiguo convento lisboeta de la época, fallecidas durante el terremoto o en las horas siguientes, una pequeña cantidad de los muertos entonces, que fueron alrededor de 30.000, un 15% de la población total de Lisboa. Según el arqueólogo Miguel Antunes, entre esos restos encontraron pruebas de muertes por aplastamiento, por el fuego y por asesinato, y también del canibalismo.

De Carambolo a la mítica Tartessos

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Imagen de 1958 en la que se observa a los obreros que desenterraron el Tesoro del Carambolo
Imagen de 1958 en la que se observa a los obreros que desenterraron el Tesoro del Carambolo

El tesoro de Carambolo son unos restos de incalculable valor hallados en el cerro El Carambolo, en la ciudad de Camas, Sevilla. La rehabilitación de las instalaciones de la Real Sociedad de Tiro de Pichón, favoreció el encuentro del gran tesoro.

De forma casual, uno de los obreros, D. Alonso Hinojos del Pino, dio con su azada en el preciado metal. Sorprendido del hallazgo, acudieron a su encuentro sus compañeros, y tras remover la tierra, apareció un recipiente de barro repleto de piezas de oro: brazaletes, placas, pectorales, collares de un oro de 324 quilates, con un peso total de 2.950 gr. Parece un sueño, pero es un hecho real ocurrido en 1958. Además en el yacimiento se han encontrado multitud de restos de huesos de animales domésticos.

La autoría de los mismos no se sabe con exactitud, hay quien dice que el collar tiene una procedencia foránea. Habría que estudiar las soldaduras de las joyas, para aclarar si están elaboradas por los tartesos, o por el contrario son los artesanos fenicios los autores.

Una vez recogido todos los elementos, la buena acción de estos hombres, hizo que llegaran a manos de D. Juan de Mata Carriazo, experto en arqueología tartéssica, quien continuó las excavaciones duraron varios años, hasta el 1961.

Tartessos es una ciudad que para muchos arqueólogos es pura ficción, sólo existe en las fuentes antiguas (Heródoto) y para otros es algo real. Este descubrimiento, puede avalar la idea de que Tartessos y su rey, Argantonio existieron.

Durante el período de esplendor de los Tartessos, es decir cuando más riqueza y poder tenía este pueblo gracias a la explotación del bronce, oro y plata, muchos fueron los pueblos que acudieron a la península Ibérica para mercadear. No podían ser otros que los fenicios, los grandes mercaderes, primero y posteriormente los griegos, quienes influyeron de forma decisiva en los tartessos en la elaboración de joyas, objetos decorativos, etc…, de ahí la dificultad que existe en la actualidad para decidir la autoría de muchos restos arqueológicos hallados de esa época.

Por esta interrelación entre Culturas durante varios siglos, es por lo que los arqueólogos y estudiosos del tema, dan una autoría fenicia al Tesoro de Carambolo, llegando incluso a decir que dicho esplendor es gracias a la influencia de los fenicios.

Yacimientos de puro carácter tartésico, se consideran a los de San Pedro en Huelva, el Gandúl y Carmona en Sevilla, la Colina de los Quemados en Córdoba, Medellín en Badajoz, La Aliseda en Cáceres, etc…

En la actualidad, y después de muchas vicisitudes de cómo y dónde exponer estas alhajas, y haber estado en una caja fuerte acorazada durante décadas, por fin se ha optado por rehabilitar una sala del Museo Arqueológico de Sevilla y hacer una exposición permanente.

Escapistas carcelarios de película

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De izquierda a derecha, Dillinger y dos de los reos fugados de Alcatraz.
De izquierda a derecha, Dillinger y dos de los reos fugados de Alcatraz.

Gracias a un túnel de «alta tecnología» de un kilómetro y medio que incluía una motocicleta y una serie de focos que el «Chapo» Guzmán fue apagando para evitar que le siguiesen. Así es como escapó de la prisión de alta seguridad de «El Altiplano» el famoso narcotraficante mexicano. Una fuga digna de una película de Hollywood que, sin duda, quedará unida irremediablemente a otras tantas como la del cuatrero John Dillinger o a la que protagonizaron tres reos en la década de los 60 en Alcatraz.

1-John Dillinger

John Herbert Dillinger (más conocido como John Dillinger) fue un norteamericano que, aunque en un principio contaba con una tienda de comestibles, decidió cambiar este oficio por el de ladrón de bancos. Así pues, entre 1933 y 1934 trajo de cabeza a la policía estadounidense, pues logró robar con su banda casi un millón de dólares en estados como Ohio e Indiana. Lo metódico que era a la hora de planear sus crímenes, unido a la cantidad sustraída, le hizo ganarse el apodo de «enemigo público número uno».

Sin embargo, en 1934 su temperamento le jugó una mala pasada cuando acabó con la vida de un agente de la ley que trataba de capturarle. Aquel crimen permitió que le capturasen y que, tras ser condenado a sentencia de muerte, fuese enviado a la cárcel de Crown Point. Allí, Dillinger protagonizo una de las fugas más famosas de la historia. Concretamente, la realizó tallando una pistola en un trozo de madera que luego tiñó de negro. Con ella amenazo a las guardias y logró escapar de la prisión. Curiosamente, la rocambolesca situación no acabó en ese punto, pues huyó en el coche del Sheriff.

A pesar de que la historia fue posteriormente desmentida (se ha dicho desde que el arma estaba fabricada con una patata hasta que era real), la fuga entró en los libros de historia como una de las más famosas de la época. Con todo, la alegría le duró poco, pues –a finales de 1934- este ratero fue asesinado por varios agentes del FBI cuando salía de ver una película en el cine.

2-La gran fuga de Alcatraz

Una de los grandes misterios de la Historia se relaciona, a su vez, con una fuga que se sucedió en la prisión de Alcatraz en 1962. Y es que, en aquel año se encontraban presos en la isla tres reos que pasarían a la historia. Estos eran Frank Lee Morris (un delincuente común) y los hermanos Clarence y John Anglin (entre rejas por robar unos 15.000 dólares).

Para llevar a cabo su plan, los tres presos cavaron durante meses un túnel en una de sus celfas utilizando tan solo cucharas. Aunque hay que señalar que se aprovecharon del hecho de que el hormigón estaba sumamente dañado por la humedad, lo cierto es que el trabajo debió ser arduo. Posteriormente, el 11 de junio, dejaron en sus respectivas camas una máscara humana realizada con periódicos, pintura y pelo que había sacado de la barbería e iniciaron su camino hacia la libertad.

Tras arrastrarse durante horas por el túnel lograron escapar de aquellos muros y llegar hasta la costa de Alcatraz. Allí construyeron una balsa con lo poco que encontraron (al parecer, varios chubasqueros y trozos de madera) y se lanzaron a la bahía. A día de hoy no se sabe que sucedió con ellos, pues no se les volvió a ver. Algunos afirman que lograron escapar, mientras que otros creen que se ahogaron debido a las corrientes.

3-Choi Gap-bok

Una de las últimas (y más llamativas) fugas fue protagonizada por un maestro de yoga. El reo no era otro que Choi Gap-bok, un asiático que había practicado este deporte durante 23 años y que fue encarcelado en la ciudad de Daegu el 12 de septiembre de 2012 por robo.

Tras ser encerrado en una celda de aislamiento durante cinco días, el 17 de ese mismo mes se untó pomada alrededor de la piel y, haciendo uso del yoga que tan aprendido tenía, se escapó por una pequeña ranura ubicada en al parte inferior de la puerta que daba al exterior (utilizada, normalmente, para servirle la bandeja con la comida).

La fuga duró apenas 34 segundos, tiempo en el que Choi se deslizó a través de un hueco de apenas 15 centímetros de alto y 45 de largo. La situación no pudo ser más similar a la de una película, pues huyó mientras los guardias estaban durmiendo. A su vez, para que no sospecharan que se había marchado, hizo un muñeco con almohadas que ubicó debajo de las sábanas. Sin duda, digno de un largometraje de cárceles clásico.