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Las hormigas se guían por los astros y el hombre, por su voracidad

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A diferencia de la pérdida de la capa de ozono o del cambio climático, el proceso de extinción (la posible pérdida de la mitad de las especies del mundo a finales de siglo) es irreversible. El ser humano es incapaz de ver más allá de la ley de la demanda y la oferta, la ilusión de que contamos con la riqueza necesaria para proteger la economía y el medio ambiente. Sin embargo, para mantener este engaño estamos fomentando la destrucción de hábitats en países en desarrollo, que a menudo son los de mayor riqueza biológica
A diferencia de la pérdida de la capa de ozono o del cambio climático, el proceso de extinción (la posible pérdida de la mitad de las especies del mundo a finales de siglo) es irreversible. El ser humano es incapaz de ver más allá de la ley de la demanda y la oferta, la ilusión de que contamos con la riqueza necesaria para proteger la economía y el medio ambiente. Sin embargo, para mantener este engaño estamos fomentando la destrucción de hábitats en países en desarrollo, que a menudo son los de mayor riqueza biológica

Las hormigas utilizan al menos tres tipos de memoria para orientarse y se sirven de referencias terrestres y estelares para guiarse cuando marchan hacia atrás, desvela un estudio publicado en la revista Current Biology.

“El mundo de los insectos es mucho más complejo de lo que se imaginaba”, indica en un comunicado el Centro Nacional Francés de Investigaciones Científicas (CNRS), participante en esa investigación.

Los nuevos resultados, según sus datos, muestran que las hormigas se orientan en el espacio gracias “a múltiples representaciones y memorias” que ponen en juego “una transferencia de información entre varios sectores cerebrales”.

Hasta ahora, se pensaba que la hormiga lograba marchar memorizando una escena, por lo que siempre era necesario que ese insecto estuviese colocado de la misma manera para que pudiese reconocer el espacio.

Sin embargó, el estudio, que se sirvió de la especie “Cataglyphis velox” para realizar pruebas en un desierto de Andalucía (sur de España), apunta a que a las representaciones de las direcciones de las hormigas están “centradas en el mundo exterior” y no de manera tan “egocéntrica” como se pensaba.

La hormiga es capaz de memorizar la ruta, la nueva dirección a seguir y cómo recuperar por ejemplo un trozo de galleta, de acuerdo con los tests realizados por los científicos, que demostraron además que se guían a través de los cuerpos celestes cuando se desplazan marcha atrás.

“Las hormigas son capaces de mantener una trayectoria rectilínea ya sea con movimientos hacia adelante, hacia atrás y hacia los lados”, indica el CNRS, según el cual aunque su cerebro es más pequeño que la cabeza de un alfiler, su capacidad de orientación es “sorprendente”.

Expertas en movilidad

Los atascos y el caos que se producen en la mayoría de ciudades en hora punta dejarán de ser un problema. Ese es el objetivo de un grupo de investigadores que ha creado un sistema para mejorar el tráfico basado en técnicas “bio inspiradas”, que toma como referencia los movimientos de las hormigas y las aves.

Las hormigas son expertas en movilidad, capaces de dar la vuelta al mundo, y por ello son las principales inspiradoras de este sistema que prevé reducir el tráfico y el trayecto de viaje entre un 10 y un 15 por ciento, “sin grandes modificaciones en la ciudad y a bajo coste”, indica el director del proyecto, Enrique Alba.

“Analizamos cómo trabajan las hormigas y las bandadas de pájaros y trasladamos la idea al ordenador, esto permite crear una herramienta software muy potente que da soluciones donde las técnicas matemáticas hasta ahora no lo permitían”, explica el investigador, pionero en España en aplicar estas técnicas.

Sin hormigas no habrá vida humana

El libro de Edward O. Wilson, The Future of Life (El futuro de la vida) no trata solamente de las hormigas, pero éstas le proporcionaron su primera beca y son su principal obsesión. Los insectos, de los que hay más de 1,2 millones de especies conocidas, representan más del 80% de todos los seres vivos de la Tierra, y Wilson ha aprovechado el descubrimiento de las depredadoras Mantophasmotodea para destacar este extremo: «Si los seres humanos desaparecieran mañana el mundo continuaría, pero si desaparecieran los invertebrados, dudo que la especie humana durara más de dos o tres meses».

En The Future of Life, Wilson describe lo que él llama el «cuello de botella», la combinación del crecimiento poblacional, «que afecta más a las bacterias que a los primates», con un consumo desenfrenado. «Cuando la población mundial superó los 6.000 millones de habitantes sobrepasamos 100 veces la biomasa de cualquier otra gran especie que haya existido en el planeta. Al igual que el resto de los seres vivos, no podemos permitirnos continuar así otros 100 años».

Al mismo tiempo, el consumo de energía y de recursos naturales la «huella ecológica» necesarios para proporcionar a la población un nivel de vida occidental está excediendo los recursos de la Tierra. Si continuamos por esta senda, en el año 2100 serán necesarios cuatro planetas para mantener el tipo de vida que conocemos.

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Arañas en el frenesí del coito caníbal

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Un macho y una joven hembra (de mayor tamaño) de Latrodectus hasselti durante el coito
Un macho y una joven hembra (de mayor tamaño) de Latrodectus hasselti durante el coito

Los machos de araña de espalda roja, una especie venenosa cuyas hembras devoran al macho durante el coito, han desarrollado una estrategia de reproducción en la que se aparean con hembras inmaduras para evitar su fatal destino. Un estudio demuestra ahora que este comportamiento también beneficia a las hembras

Las hembras de araña de espalda roja (Latrodectus hasselti), de mayor tamaño que los machos, practican canibalismo sexual y durante el apareamiento devoran al macho. Pero estos han desarrollado una estrategia para salvarse: buscan a hembras inmaduras y poco experimentadas.

Hasta ahora los científicos no sabían si esta táctica suponía un coste para las jóvenes hembras y si los machos –que se esfuerzan poco en el cortejo con esta acción– en realidad ejercían algún tipo de chantaje o coerción en ellas. Según las observaciones, estas parecían mostrar poco interés en el intercambio porque se lesionaban con más frecuencia e incluso intentaban atacar a los machos como si se resistieran.

Sin embargo, un equipo de científicos, liderado por la Universidad de Toronto (Canadá), revela ahora que esta estrategia es también beneficiosa para las hembras. “No hay evidencias que sugieran que este comportamiento sea abusivo para las hembras en términos de supervivencia y rendimiento reproductivo”, señala Luciana Baruffaldi, investigadora en la universidad canadiense.

El trabajo, publicado en la revista Scientific Reports, muestra que las hembras jóvenes que se aparean de esta manera no tienen que buscar a otros compañeros en el futuro. “Esta reproducción temprana puede ser bueno para las hembras porque en la naturaleza corren el riesgo de no encontrar pareja”, subraya Baruffaldi.

La ‘aberrante’ estrategia que beneficia a la especie

El canibalismo se produce incluso mientras tiene lugar el apareamiento entre el macho y la hembra. De hecho, se ha constatado que los machos ayudan activamente a la hembra a ser devorados dando volteretas y colocando su abdomen sobre la boca de esta. Pero esta forma extrema de reproducción tiene sus ventajas.

“Cuando se estudia la ecología evolutiva, tendemos a atribuir las características o los juicios humanos al comportamiento animal que se observa”, dice Maydianne Andrade, coautora del trabajo y experta mundial sobre hábitos de apareamiento de las arañas caníbales.

Sin embargo, realmente lo que hay que pensar es cómo afecta al éxito reproductivo del animal que lo realiza. “Esa es la moneda de cambio evolutiva: lo que se está reproduciendo con el tiempo es la cantidad de copias de genes que quedan en la descendencia”, añade la científica. Esto permitirá que los hijos mantengan los rasgos de sus padres.

El poder persuasivo de plantas que invitan al canibalismo

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A diferencia de los animales que pueden huir de los depredadores hambrientos, las plantas no pueden moverse. Sin embargo, cuando el peligro se avecina, muchas pueden producir productos químicos defensivos destinados a disuadir a sus atacantes
A diferencia de los animales que pueden huir de los depredadores hambrientos, las plantas no pueden moverse. Sin embargo, cuando el peligro se avecina, muchas pueden producir productos químicos defensivos destinados a disuadir a sus atacantes

Científicos en Estados Unidos han descubierto un mecanismo de defensa con el que algunas plantas convierten a insectos herbívoros en caníbales.

La investigación ha comprobado que un grupo de orugas acabó comiéndose entre ellas cuando la planta de tomate de cuyas hojas se alimentan habitualmente segregaba un compuesto químico.

“A menudo, este fenómeno comienza con una oruga mordiendo a otra, la cual supura. A partir de ese momento, todo ocurre muy rápido. Al final, alguien resulta devorado”, explica el autor de este trabajo, John Orrock, en un comunicado.

El experto recuerda que “muchos insectos” herbívoros recurren al canibalismo cuando “las cosas se ponen difíciles”, como en el caso del llamado “gusano de la remolacha” o de “alambre”, un tipo de oruga capaz de causar plagas agrícolas en una amplia variedad de cultivos.

Cuando una de estas plantas detectan la presencia de este u otros depredadores, señalan los investigadores, segrega ciertas sustancias químicas, como el jasmonato de metilo, el cual no solo actúa como repelente sino que provoca, además, una transformación en los atacantes.

Otras plantas cercanas también pueden percibir el jasmonato transportado por el aire y, a su vez, comienzan a preparase para detener la agresión de los insectos depredadores.

Para verificar la eficacia de este mecanismo de defensa, los expertos introdujeron plantas de tomate en recipientes de plástico y las rociaron con una solución controlada de jasmonato de metilo o con tres concentraciones diferentes de esta sustancia (baja, media y alta).

Después introdujeron en cada contenedor ocho larvas del citado tipo de oruga y durante ocho jornadas contaron cuántas fueron comidas por sus semejantes, al tiempo que registraron el peso de material vegetal que logró sobrevivir en cada grupo de tratamiento.

En los recipientes con solución controlada y con baja concentración de jasmonato, los gusanos de alambre consumieron todas las plantas antes de recurrir al canibalismo, mientras que aquellas con los niveles más altos permanecieron casi intactas.

Las orugas que están rodeadas de plantas con una alto grado de defensas se convertían en caníbales mucho antes que aquellas en recipientes menos protegidos, indica el estudio.

“Estos insectos no solo se convierten en depredadores, lo cual ya es una victoria para la planta, sino que también obtienen mucho alimento al comerse los unos a los otros. Hemos descubierto que las plantas se defienden de una manera que nadie había observado antes”, destaca Orrock.

En un segundo experimento, desarrollado por Orrock en la Universidad de Virginia Commonwealth, introdujo una sola larva de oruga en recipientes que contenían hojas de plantas no rociadas con jasmonato de metilo o con una cantidad moderada de esta sustancia.

En algunos contenedores también agregó orugas descongeladas que ya no podían alimentarse de las hojas, pero cuyo aspecto era aún lo suficientemente atractivo para los insectos vivos, en caso de que se vieran obligados a recurrir al canibalismo.

Como en las pruebas anteriores, los expertos constataron que las orugas en entornos de plantas bien defendidas y con presencia de semejantes descongeladas se convertían en caníbales mucho ante que aquellas con acceso a hojas menos agresivas, al tiempo que consumían menos material verde “porque, supuestamente, ya estaban llenas tras comer otras orugas”.

“El siguiente paso en esta investigación consistirá en averiguar si el canibalismo acelerado aumentará o disminuirá el ritmo de propagación de los patógenos de los insectos”, concluye Orrock.