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En manos del maquiavélico ‘Big Data’

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Algunos modelos matemáticos limitan las posibilidades educativas de ciertas personas y sectores de la población
Algunos modelos matemáticos limitan las posibilidades educativas de ciertas personas y sectores de la población

Las matemáticas son, para muchos, una ciencia hermosa. Pero algunos algoritmos -vitales para decidir cosas que nos afectan directamente (como la cesión de un préstamo o la obtención de un trabajo)- se basan en estadísticas falsas o sesgadas que fomentan la desigualdad y la discriminación en el mundo. Al menos, así lo asegura Cathy O’Neil.

La exprofesora del prestigioso Barnard College de la Universidad de Columbia, en EE.UU., quien trabajó como analista de datos en Wall Street, dejó el mundo académico y financiero para convertirse en uno de los miembros más activos del movimiento Ocuppy Wall Street (OWS), que denunció los excesos del sistema financiero a partir de 2011.

Cinco años después de que naciera aquel movimiento intelectual, O’Neil acaba de publicar su libro, “Weapons of Math Destruction”(Armas de destrucción matemática), en el que describe cómo los algoritmos gobiernan nuestras vidas (y tienden a desfavorecer a los más desfavorecidos).

“Vivimos en la era de los algoritmos”, escribe la matemática. “Cada vez en mayor medida, las decisiones que afectan nuestras vidas -a qué escuela ir, si podemos o no obtener un préstamo o cuánto pagamos por nuestro seguro sanitario- no están tomadas por humanos, sino pormodelos matemáticos”.

En teoría, explica la especialista, esto debería conducir a una mayor equidad, de forma que todo el mundo fuera juzgado bajo las mismas reglas y se eliminara el sesgo. Pero, según O’Neil, lo que ocurre es exactamente todo lo contrario.

El lado oscuro del Big Data

Los algoritmos funcionan a modo de “recetas” creadas por computadoras para analizar grandes cantidades de datos. Un algoritmo puede recomendarte una película o protegerte de un virus informático, pero eso no es todo.

Hay ciertos algoritmos que O’Neil define como “opacos, desregulados e irrefutables”. Pero lo más preocupante, asegura, es que refuerzan la discriminación.

La primera característica de estos algoritmos, le cuenta O’Neil al Servicio Mundial de la BBC, es que “toman decisiones muy importantes en la vida de las personas”.

Por ejemplo, si un estudiante pobre en EE.UU. trata de pedir un préstamo, el sistema lo rechazará por ser demasiado “arriesgado” (en virtud de su raza o vecindario) y será aislado de un sistema educativo que podría sacarle de la pobreza, quedando atrapado en un círculo vicioso.

Este es tan sólo un ejemplo de cómo esos algoritmos respaldan a los más afortunados y castigan a los más oprimidos,creandoun “cóctel tóxico para la democracia”, explica O’Neil.

Pero, además, la académica dice que “(esos algortimos) son, en cierto sentido, opacos: la gente no comprende cómo son computarizados. Y, a veces, son secretos”. “Una de las cosas que más me preocupa es que estas puntuaciones -los algoritmos nos avalúan y puntúan- no son visibles para nosotros”, explica.

“Por ejemplo, cuando llamamos al servicio al cliente (de una empresa) a veces nos puntúan según nuestro número de teléfono y el perfil que tienen registrado de nosotros. Y deciden si somos un cliente de alto o de bajo valor. Si somos de valor reducido, puede que nos hagan esperar más tiempo”.

De acuerdo con la matemática, esos modelos ocultos manejan nuestras vidas desde que empezamos la escuela primaria hasta que nos jubilamos.

Los modelos están presentes en infinitos aspectos de nuestra vida personal y profesional: controlan resultados académicos de estudiantes y alumnos, clasifican currículos vitae, conceden o deniegan becas, evalúan a trabajadores, determinan votantes, establecen penas de libertad condicional y vigilan nuestra salud. Y todos ellos, dice O’Neil, esconden bucles de retroalimentación perjudiciales.

Comprendiendo el algoritmo

Simplemente, no describen la realidad tal y como es, sino que la modifican, expandiendo o limitando nuestras oportunidades en la vida. “Estos algoritmos son destructivos y debilitan su propio objetivo original, como la mejora del sistema educativo, por ejemplo”, dice O’Neil.

“Uno de mis ejemplos favoritos es el modelo de puntuación de valor agregado del profesor, y está muy extendido en Estados Unidos. Tiene que ver con el esfuerzo para librarse de los malos profesores”.

“Los resultados de los alumnos están informatizados, y los maestros ganan puntos si sus estudiantes obtienen mejores resultados de lo esperado (y viceversa). El verdadero problema es que nadie entiende (este sistema) realmente, lo cual estaría bien si funcionara a la perfección. Pero no es el caso”, advierte la exanalista.

Lo que ocurre, asegura, es que tienen “mucho ruido estadístico” y son “inconsistentes”. De hecho, algunos profesores han sido despedidos por fallas en esta tecnología, señala.

O’Neil dice que las personas encargadas de la modelación (y fabricación) de esos algoritmos deberían asumir una mayor responsabilidad sobre cómo se están usando estos modelos matemáticos. Pero, al final, está en nuestras manos informarnos más sobre ello, hacernos las preguntas adecuadas y comprender mejor cómo funcionan los modelos matemáticos que rigen nuestras vidas.

“Es muy difícil luchar contra sistemas de puntuación que ni siquiera sabes que existen. Por eso, una de las cosas que reivindico en mi libro es que la gente los rebata”.

“Hay muchas formas de adelantarnos al sistema. Por ejemplo, si hago una búsqueda en internet sobre un problema de salud siempre lo hago desde una ventana de incógnito”, dice O’Neil.

La clave, advierte, es “asegurarse de que las personas (y los algoritmos) que recopilan información sobre ti en internet no obtienen ‘malas noticias'”.

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Sanadoras canciones aliñadas con LSD

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Los consumidores de LSD encuentran en su entorno significados ocultos para los demás. Con la ayuda de voluntarios que escuchaban canciones bajo los efectos de esta droga psicodélica, investigadores suizos han revelado qué receptores, neurotransmisores y regiones del cerebro están implicados en estas percepciones tan subjetivas. Sus resultados revelan posibles dianas para tratar enfermedades psiquiátricas donde la valoración de las experiencias está alterada
Los consumidores de LSD encuentran en su entorno significados ocultos para los demás. Con la ayuda de voluntarios que escuchaban canciones bajo los efectos de esta droga psicodélica, investigadores suizos han revelado qué receptores, neurotransmisores y regiones del cerebro están implicados en estas percepciones tan subjetivas. Sus resultados revelan posibles dianas para tratar enfermedades psiquiátricas donde la valoración de las experiencias está alterada

Todos tenemos experiencias o preferencias particulares, como una canción favorita, que significan mucho más para nosotros que para los demás. Ahora, investigadores del Hospital Universitario Psiquiátrico de Zúrich (Suiza) han estudiado cómo cambia el significado de las cosas para los consumidores de la droga psicodélica LSD, y además, han encontrado las sustancias y zonas del cerebro implicadas.

“Ahora sabemos qué receptores, neurotransmisores y regiones del cerebro están involucrados cuando percibimos nuestro entorno como significativo y relevante”, destaca Katrin Preller, la autora principal. En concreto, han descubierto que el receptor de la serotonina 2A –un tipo de neurotransmisor– y las zonas de la línea medial cortical del cerebro están involucradas.

Estudios previos ya habían demostrado que el LSD altera la atribución de significados y de relevancia personal respecto al entorno; además de cambiar la manera en que la gente se percibe a sí misma, ya que la distinción entre el yo y lo que está fuera se borra. Pero lo que no estaba claro es qué partes del cerebro y sustancias neuroquímicas eran responsables.

Para descubrirlo, los investigadores suizos suministraron –por partes– a los participantes de un experimento tres opciones: un placebo, la droga LSD sola, y LSD con el suministro posterior de ketanserina (fármaco antagonista selectivo de receptores de la serotonina). El objetivo era ver qué significado daban a una serie de canciones, algunas muy importantes para los voluntarios, y otras neutras o sin sentido.

De esta forma se observó que las piezas musicales que antes carecían de sentido para los participantes adquirieron un significado especial cuando estaban bajo la influencia del LSD. Ese efecto fue disminuyendo cuando los voluntarios recibieron el segundo fármaco que contrarrestaba los efectos del LSD en los receptores de la serotonina del cerebro.

Los investigadores encontraron que los efectos psicodélicos del LSD se eliminaron cuando los participantes recibían la ketanserina, ya que bloqueó la capacidad de la droga psicodélica para actuar sobre los receptores de serotonina conocidos como 5-HT2AR. “Ese hallazgo fue una sorpresa, ya que el LSD era conocido hasta ahora por estimular los receptores de dopamina”, subraya Preller.

Imágenes por resonancia magnética funcional

Por otro lado, para visualizar qué partes del cerebro están vinculadas a esas atribuciones cambiantes del significado, se utilizó la resonancia magnética funcional (fMRI), una técnica que ofrece imágenes de la actividad del cerebro mientras realiza una tarea.

“Al combinar imágenes cerebrales funcionales y evaluaciones detalladas del comportamiento durante las investigaciones sobre la relevancia o el significado subjetivo que se daba a las piezas musicales, pudimos dilucidar las relaciones neurobiológicas del procesamiento de la relevancia personal en el cerebro”, dice Preller.

“Comprobamos –explica– que la atribución de significado personal y su modulación por el LSD está mediada por los receptores 5-HT2A y las estructuras de la línea media cortical, que también están implicados de forma crucial en la experiencia de un sentido del yo”.

Según los autores, estos resultados sirven para entender cómo se procesa en el cerebro la importancia que damos a ciertas cosas, como las canciones, además de revelar blancos para el tratamiento de enfermedades psiquiátricas o fobias en las que se ve alterada la relevancia que el paciente otorga a determinadas experiencias sensoriales o señales.

Preller adelanta que, después de las canciones, su equipo planea ahora investigar si se observan los mismos efectos en respuesta a estímulos visuales y táctiles.

Colaboradores contra machos alfa en la batalla por el sexo

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La reproducción sexual ha prevalecido por los machos que cooperan en la crianza
La reproducción sexual ha prevalecido por los machos que cooperan en la crianza

La reproducción sexual, es decir, la que implica a dos individuos debería desaparecer, según los criterios de la biología evolutiva darwinista. Comparada con la reproducción asexual en la que todos los individuos producen descendientes, la reproducción por apareamiento, en la que se producen machos que no contribuyen a la producción de las crías, sino que emplean buena parte de su energía en competir por las hembras, presenta una eficacia del 50 por ciento.

Aplicando la Teoría de la Evolución y teniendo en cuenta que la reproducción sexual es la mitad de eficiente que la asexual ¿cómo puede haberse mantenido?, ¿por qué, descendiendo de organismos unicelulares, la mayoría de los organismos vivos abandonó la reproducción asexual, más eficiente y menos costosa?

Esas dos preguntas han ocupado a la comunidad científica durante décadas. Graham Bell, biólogo y profesor de la Universidad McGill de Canadá, bautizó en 1982 la cuestión como “El rey de los problemas de la biología evolutiva”.

La repuesta es ofrecida por Juan Carranza, investigador de la Universidad de Córdoba, y Vicente Polo, de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Un biólogo y un físico, respectivamente, que han propuesto la introducción de un tercer elemento para encontrar una explicación y en la que sugieren que los machos que cooperan con las hembras en la crianza han podido ser cruciales para que no haya desaparecido el sexo al inicio de su evolución.

Como si se tratase del juego de piedra, papel o tijera, Carranza y Polo han “jugado” con las variables genéticas de tres tipos de individuos: los sexuales competitivos (tipo costoso, según la terminología de Carranza y Polo), los asexuales –es decir, los dos tipos comparados durante décadas– y los sexuales no competitivos (tipo no costoso), aquellos individuos macho que colaboran en la crianza –basta pensar en las aves macho que ayuda a alimentar a sus polluelos–.

La conclusión es que los individuos sexuales de tipo no costoso pueden ser más productivos que los asexuales, si bien los de tipo costoso, empleados en competir por las hembras acaban por predominar en la población sexual, lo que permite a los eficaces asexuales invadir y corregir su presencia, dejando hueco a los de tipo no costoso y estableciendo así una dinámica en el que la piedra (tipo costoso) gana a la tijera (no costoso), ésta al papel (asexuales) y el papel a la piedra.

Juan Carranza explica que los machos que no ayudan a las hembras son especialistas en competir con otros machos para ganar hembras, de modo que pueden extender rápidamente su ADN, pero hacen a la población menos eficiente ya que no contribuyen en producir descendientes.

En esas circunstancias, la investigación sugiere que las hembras asexuales (partenogenéticas) al inicio de la evolución podrían haberse extendido mucho más que las sexuales. La asexualidad, la producción de clones, presenta limitaciones en un plazo medio que pueden ser mejoradas por el sexo.

Si el sexo llega en modo de machos que colaboran en la crianza de modo que las hembras pueden producir casi el doble de crías de las que producirían sin la ayuda de los machos, entonces ese modo de sexo puede ser más ventajoso que la asexualidad.

Una vez que predomina el sexo con machos colaboradores es muy probable que los machos más competitivos invadan la situación ya que ganarían fácilmente a los colaboradores, menos competitivos que ellos, volviendo a comenzar el ciclo. Para Carranza, “lo interesante es que en esta dinámica de ciclos el sexo no se extingue y aporta el tiempo evolutivo y las oportunidades para la aparición de linajes con reproducción sexual obligada como tantos existentes hoy día en la Tierra”.

El planteamiento de Carranza y Polo ha resultado absolutamente innovador y es el resultado de 20 años de trabajo desarrollado por Carranza en la Universidad de Extremadura, primero, y la Universidad de Córdoba, después, y de la colaboración entre dos disciplinas como la biología y las matemáticas.

Hacia la inevitable idiocracia

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La inteligencia del ser humano se ha empobrecido y el descenso hacia un confortable estado idiocrático puede ser irreversible o hasta necesario, si se considera que el intelecto es un concepto sobrevalorado
La inteligencia del ser humano se ha empobrecido y el descenso hacia un confortable estado idiocrático puede ser irreversible o hasta necesario, si se considera que el intelecto es un concepto sobrevalorado

La inteligencia es un concepto difícil de definir. Una definición sencilla la describe como la capacidad de generar información nueva combinando la que recibimos del exterior con aquella de la que disponemos en nuestra memoria.

Se trata de una capacidad general que implica varios factores: el pensamiento abstracto dirigido hacia la resolución de problemas o en la capacidad de adquirir conocimientos.

Durante el siglo pasado, el cociente intelectual de la población se incrementó en tres puntos en cada generación, lo que fue conocido como el efecto Flynn. Varias teorías han intentado explicar esta brillante explosión de la mente humana, como una mejor nutrición, el cuidado de la salud, la universalización de la educación e incluso la iluminación artificial. Sin embargo, esta tendencia parece haber sufrido un importante retroceso.

Investigadores noruegos han llegado a la conclusión de que la inteligencia de los jóvenes ha comenzado a caer al menos siete puntos por generación. Es decir, parece que nos estamos volviendo más tontos.

El descenso comenzó con los nacidos en 1975, que alcanzaron la edad adulta a principios de los años noventa. Según los autores del estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), el motivo no es una cuestión genética, sino que se debe a aspectos ambientales como determinados cambios en la enseñanza o el sacrificio del hábito de la lectura en favor de los ordenadores y las pantallas.

Los investigadores noruegos afirman que el nivel de inteligencia de la humanidad está disminuyendo en las últimas décadas debido a transformaciones medioambientales y a un cambio en el estilo de vida de las personas, según un artículo publicado este lunes en la revista científica estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS, por sus siglas en inglés), según RT.

Al decir de estos científicos, los resultados de pruebas de coeficiente intelectual (CI) aplicadas a cerca de 730.000 jóvenes noruegos en edad de cumplir el servicio militar obligatorio y efectuadas a lo largo de varias décadas, entre 1970 y 2009, muestran que se ha producido una disminución en el nivel de inteligencia, según wp.

Este dato contrasta con el llamado Efecto Flynn, nombre con el cual se designó un alza continua del CI sucedida durante la primera mitad del siglo XX y supuestamente de manera global, que según diversas teorías pudo deberse a una mejora sustancial de factores tales como la nutrición, la salud o la educación.

Ahora, según las conclusiones del nuevo estudio, el coeficiente intelectual de la humanidad no solo se ha estancado en las últimas décadas, sino que ha disminuido un promedio de 7 puntos por generación a causa de alteraciones en el medioambiente y cambios en el estilo de vida de las personas, aseguran los autores de dicha investigación.

Esos datos parecen ser refrendados por otra investigación, llevada a cabo en Reino Unido, que escudriñó en el CI de los británicos y determininó que ha disminuido entre 2,5 y 4,3 puntos desde 1945.

Sincronizados con Matusalén

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Mediante una serie de pruebas bioquímicas y biofísicas en sangre y orina se determina la edad biológica del paciente para confrontarla con su edad cronológica. Si se establece un envejecimiento fisiológico se realiza un tratamiento preventivo y, por el contrario, si sufre de un envejecimiento patológico se programa un tratamiento de choque para resincronizar las dos edades
Mediante una serie de pruebas bioquímicas y biofísicas en sangre y orina se determina la edad biológica del paciente para confrontarla con su edad cronológica. Si se establece un envejecimiento fisiológico se realiza un tratamiento preventivo y, por el contrario, si sufre de un envejecimiento patológico se programa un tratamiento de choque para resincronizar las dos edades

Los seres humanos pueden vivir entre 100 y 120 años, siempre y cuando corrijan a tiempo los procesos de envejecimiento prematuro del organismo. La diferencia entre el siglo que podríamos alcanzar a vivir y la edad a la que llegamos finalmente está determinada en gran parte por los hábitos de vida.

Esto significa que, aunque el DNI de una persona señale que tiene 60 años, su organismo puede corresponder al de una persona 20 años más vieja o, por el contrario, al de un adulto vital y energético de 40.

La medicina antienvejecimiento estudia el proceso evolutivo natural de las personas, descarta los factores perjudiciales que producen un deterioro prematuro, corrige los síntomas orgánicos de decaimiento y previene la aparición de los signos de desgaste prematuro.

El médico realiza una serie de pruebas para determinar cuáles son los marcadores biológicos de cada paciente (biomarcadores) a nivel bioquímico, biofísico y funcional. “También estudiamos genéticamente a la persona para que, sabiendo sus necesidades, podamos cubrirlas nutricionalmente y conservar así un proceso de envejecimiento regulado”, explica el doctor Mariano Bueno, director del centro especializado en antienvejecimiento, Biosalud, con sede en Zaragoza.

La genética condiciona un 25% de la longevidad del ser humano, mientras que el 75% restante está determinada por el estilo de vida. El presidente de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL), José Serres, sostiene que ese 75% se puede modificar en función de cómo se trata al organismo. “Si fumamos, si no hacemos ejercicio y si comemos mal se va a disminuir nuestra esperanza de vida”.

Las diferencias entre la edad biológica y la cronológica se determinan —de acuerdo con el presidente de la SEMAL, José Serrás— con pruebas de analítica clínica, valoración de funciones en el organismo , estatus hormonal, medición de ácidos grasos del organismo, medición de antioxidantes, pruebas bioquímicas, cálculo de la elasticidad de la arteria carótida y otras pruebas de flexibilidad.

Las pruebas previas sirven para conocer el estado en el que llega el paciente, programar un tratamiento personalizado y luego repetir algunos de los análisis para comparar las mejoras conseguidas. “Me satisface — declara Bueno— que la gente diga que está mucho mejor pero a mí lo que me vale es que, si antes el paciente tenía altos índices de acidez, luego aparezca en las analíticas que se ha corregido porque “esa es la prueba evidente y objetiva de que efectivamente así es”.

Lo ideal, según el doctor Serrás, es iniciar este tipo de tratamiento desde que se está en el vientre materno y controlar que la madre no fume, no beba y no esté en contacto con sustancias tóxicas. Desde niños es necesario tomar una alimentación saludable, “lo que en España no se cumple”, y entre los 30 y 40 años iniciar un tratamiento.

Mariano Bueno explica que las personas llegan a consulta a partir de los 50 años y cuanto más tarde vienen “menos cosas podemos hacer”; sin embargo, de acuerdo con su experiencia, todos los pacientes que se han hecho el tratamiento han concluido que merece la pena y “de hecho siguen viniendo”.

Cuando un paciente se pone en las manos de la medicina antienvejecimiento lo primero que nota son cambios internos que incrementan la sensación de rejuvenecimiento como una mayor vitalidad y una mejora en la capacidad de memorización. La piel también presenta mejoras considerables aunque como lo enfatiza Bueno “esto no tiene nada que ver con la estética”.

El especialista comenta que cuando se habla de medicina antienvejecimiento usualmente se relaciona con tratamientos estéticos y, al contrario, los cambios que se producen siempre son “de dentro hacia afuera” que sí se pueden complementar con cirugía o procedimientos externos pero “nuestro fin es solucionar las cosas de adentro para que se exterioricen de forma saludable”.

Al hablar de precios, el doctor Serres afirma que no es un tratamiento caro y depende, en gran medida, de las pruebas a las que el paciente se quiera someter y al programa de cuidados que se establezca. “Planteándolo como una medicina preventiva no es un tratamiento costoso, al contrario te permite ahorrar dinero a futuro”.

España y su ecuación para la felicidad

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Si traes conciencia, gratitud, e incluso frivolidad a tu día, probablemente te sentirás más alegre
Si traes conciencia, gratitud, e incluso frivolidad a tu día, probablemente te sentirás más alegre

Un equipo de investigadores ha desarrollado un nuevo índice para medir la felicidad de un país. Denominado HAIN (HAppiness INdex), se basa en cinco dimensiones: desarrollo, libertad, solidaridad, justicia y paz. La proyección de este índice para España se situaría actualmente en 0,72 sobre 1, con una ligera tendencia a la baja para los próximos años. Según el trabajo, para incrementar el nivel de felicidad actual en España, es necesario invertir más en educación, investigación y desarrollo.

Científicos de la Universitat Politècnica de València (UPV) y la Universitat de València (UV) se han basado en variables cuantitativas extraídas de diferentes bases de datos oficiales como los Informes de Desarrollo Humano de la ONU, el Banco Mundial de Datos y Eurostat entre 1989 y 2015 para medir la felicidad de España.

“Actualmente, los índices de felicidad se basan en cuestionarios que responden una muestra determinada de la población. Se trata pues de valores muy subjetivos. A diferencia de ellos, nuestro índice se construye a partir de datos objetivos, estadísticas oficiales que representan a toda la población de un país”, explica Joan C. Micó, investigador del Instituto de Matemática Multidisciplinar de la UPV.

Entre sus novedades, este índice destaca también por incluir nuevas variables cuantitativas como la calidad de la educación, la migración y las exportaciones e importaciones de bienes y servicios. El índice establece un valor mínimo de 0 y un máximo de 1.

La ecuación para obtener el índice de felicidad es la media geométrica de los valores correspondientes a las cinco dimensiones: desarrollo, libertad, solidaridad, justicia y paz. Esta ecuación es dinámica, es decir, varía con el tiempo en función de todas las variables que describen esas dimensiones, como población, nacimientos, índice de alfabetización, renta per cápita, esperanza de vida, etc.

“Este índice forma parte de un modelo matemático que proporciona reglas objetivas de cómo incrementar la felicidad de una sociedad (con las variables de control) respecto a diferentes escenarios (variables exógenas)”, apunta Micó. De esta forma, además de un índice descriptivo, el trabajo de los investigadores de la UPV y la UV ofrece una herramienta de toma de decisiones sobre la mejora de la felicidad en una sociedad.

Ligera tendencia a la baja los próximos años

El nuevo índice ha sido usado para estudiar la evolución de la felicidad de la población en España. Los investigadores calibraron el modelo para el período 2004-2009, lo validaron para el período 2010-2015 y han realizado un análisis predictivo de la felicidad en España para el periodo 2016-2030.

En esta predicción, el equipo de la UPV y la UV propone diferentes escenarios económicos (expansión, recesión y tendencial del pasado), así como distintas estrategias de inversión pública en Educación, I+D+i y Seguridad. “Tomamos como referencia el gasto en estas áreas porque es donde los políticos pueden tomar sus decisiones de una forma más realista”, apunta María T. Sanz, profesora del Departament de Didàctica de la Matemàtica de la UV.

Entre sus conclusiones, destaca que, para incrementar el nivel de felicidad actual en España, es necesario invertir más en educación, investigación y desarrollo.

“Según nuestras predicciones, para 2018 este índice estaría en torno a 0,72, con tendencia a la baja (aunque ligera) en los próximos años, frente a un mínimo real que se alcanzó en 2003 de 0,69 y un máximo real de 0.735 que se alcanzó en el año 2007, previo a la crisis. No estamos pues muy alejados de Suecia, el país más feliz en 2013 con ambos índices, HAIN (0,75) y el Índice de Satisfacción de Vida Global de la ONU”, remarca Antonio Caselles, miembro de The International Academy for Systems and Cybernetics Sciences.

Comparación con otros países

“Hemos seguido las pautas establecidas por los Informes de Desarrollo Humano de la ONU para la construcción de índices de calidad, y nuestro índice se ha comparado con el Índice de Satisfacción de Vida Global que emplea la ONU, del año 2013, en trece países europeos para los que la compleja tarea de obtener todos los datos necesarios ha sido exitosa”, apunta David Soler, también investigador del Instituto de Matemática Multidisciplinar de la UPV.

España era en 2013 el tercer país más feliz de esta lista, que encabeza Suecia y cierra Portugal, mientras que, con el índice de la ONU, que solo abarca la dimensión de desarrollo, ocupa la sexta posición. Además de estos tres países, el índice incluye también a Austria, Chipre, República Checa, Francia, Islandia, Letonia, Lituania, Croacia, Eslovenia y Reino Unido.

“2013 parece muy lejano, pero era el último año para el que se disponía del Índice de Satisfacción de Vida Global de la ONU, y nuestro objetivo era comparar ambos índices para ver si existía una correlación entre ellos, una forma de “validar” nuestro índice, y sí la hay”, destaca David Soler.

De cara al futuro, los investigadores señalan que su objetivo es calcular este índice de felicidad para el mayor número posible de países del mundo, compararlos y extraer posibles conclusiones, como, por ejemplo, la relación entre la felicidad y la región geográfica, el clima, la religión, etc.

“Queremos pulir también el modelo dinámico para más países, de forma que podamos incluir más variables sociales y económicas. El objetivo final sería que HAIN pueda utilizarse para encontrar estrategias adaptadas a problemas específicos de gobernanza en cada país”, concluye Antonio Caselles.

La conexión genética de los males de la mente

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Un nuevo estudio recopila datos sobre millones de variantes genéticas comunes en más de 800.000 personas que podrían ser indicadores de riesgo en 25 trastornos neurológicos y psiquiátricos, como esquizofrenia, autismo, trastorno bipolar, depresión severa, TDAH, migraña o alzhéimer
Un nuevo estudio recopila datos sobre millones de variantes genéticas comunes en más de 800.000 personas que podrían ser indicadores de riesgo en 25 trastornos neurológicos y psiquiátricos, como esquizofrenia, autismo, trastorno bipolar, depresión severa, TDAH, migraña o alzhéimer

Los diferentes trastornos psiquiátricos comparten un gran número de genes de susceptibilidad, mientras que en las patologías neurológicas no psiquiátricas —como el alzhéimer o el párkinson— la genética es mucho más específica.

En la nueva investigación —la más extensa y ambiciosa sobre factores genéticos compartidos en patologías del cerebro— participan Bru Cormand y Raquel Rabionet, del Instituto de Biomedicina de la Universidad de Barcelona (IBUB), el Centro de investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (CIBERER) y el Instituto de Investigación Sant Joan de Déu (IRSJD), entre más de quinientos expertos de países de todo el mundo.

El trabajo recopila datos sobre millones de variantes genéticas comunes en más de 800.000 personas —entre pacientes y voluntarios sanos— que podrían ser factores de riesgo en 25 trastornos neurológicos y psiquiátricos (esquizofrenia, autismo, trastorno bipolar, depresión severa, TDAH, migraña, alzhéimer, etc.).

Además, abre nuevas fronteras a la investigación sobre las patologías que afectan al cerebro. Por primera vez, se perfila la base genética compartida entre trastornos psiquiátricos y enfermedades neurológicas no psiquiátricas (alzhéimer, párkinson, migraña, etc.), y amplía el foco de interés a rasgos de personalidad que no se consideran trastornos clínicos (inestabilidad emocional, por ejemplo) y a parámetros cognitivos (como el rendimiento escolar).

Los expertos se han centrado en el análisis de variantes genéticas que son frecuentes en la población general —presentes en más del 1% de los individuos—, pero que pueden dar lugar a patologías psiquiátricas o neurológicas en determinadas combinaciones. Las variantes estudiadas son las que afectan a cambios en un único nucleótido del ADN (SNP), que es el más abundante en el genoma humano.

Tal como explica Bru Cormand, “este trabajo nos ayuda a determinar el peso que tienen las variantes genéticas frecuentes en la etiología de las enfermedades del cerebro: es decir, a caracterizar la arquitectura genética de estos trastornos y separar la base genética compartida de las especificidades de cada trastorno”.

Genes y rasgos de la personalidad, a examen

El estudio confirma una fuerte correlación genética entre esquizofrenia, autismo, trastorno bipolar, depresión severa y trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Ahora bien, desvela igualmente que no existe un solapamiento importante entre los factores de riesgo genético de los trastornos psiquiátricos y los de las demás patologías neurológicas.

“Algunos trastornos neurológicos —apunta Cormand— como la epilepsia, el ictus, la esclerosis múltiple, el párkinson o el alzhéimer, tienen bases genéticas muy diferenciadas entre sí y también respecto a los trastornos psiquiátricos. La única excepción es la migraña, un trastorno neurológico que comparte genética con varios trastornos psiquiátricos (por ejemplo, el TDAH, la depresión severa o el síndrome de Tourette)”.

Otro de los elementos más innovadores es la correlación genética establecida entre algunos rasgos de la personalidad —como el neuroticismo, es decir, la inestabilidad emocional— con la mayoría de trastornos psiquiátricos y la migraña. En paralelo, también se han analizado distintas medidas cognitivas tomadas durante la infancia, “por ejemplo, los años de educación recibidos o el rendimiento escolar, que se relacionan positivamente con algunos trastornos psiquiátricos, como el trastorno bipolar o la anorexia, y negativamente con algunos trastornos neurológicos, como el alzhéimer o el ictus”, revela Raquel Rabionet.

Los genotipos se han generado mediante plataformas de análisis genético a gran escala —estudios de asociación del genoma completo (GWAS)— disponibles en España y muchos de los países implicados. “Los datos de partida son millones de genotipos de cientos de miles de individuos”, recuerda Cormand.

“En este tipo de trabajos tan integradores, la principal dificultad radica en la armonización de los datos, en generar un conjunto de datos homogéneo que facilite los análisis posteriores. Por lo tanto es esencial aplicar controles de calidad muy rigurosos”.

Trastorno psiquiátrico y neurológico: una frontera delicada

Durante años, la clasificación de las patologías psiquiátricas no siempre se ha basado en las causas reales de cada enfermedad, a causa del gran desconocimiento sobre la etiología de estos trastornos. Conocer los genes concretos que están implicados en una patología es un avance para mejorar la clasificación (nosología), el diagnóstico y las estrategias terapéuticas frente a la enfermedad.

Hace tiempo que los estudios de gemelos y familiares han permitido determinar que los trastornos psiquiátricos tienen una base genética importante, a menudo superior al 50%. Ahora, gracias a los datos genéticos masivos, es posible identificar genes concretos implicados en estas patologías —el paisaje genético— y abordar la cuantificación del riesgo genético a partir de datos moleculares. Además, la tecnología aplicada permite hacer comparaciones entre trastornos, como es el caso del trabajo publicado en Science.

Encontrar coincidencias genéticas entre diferentes trastornos psiquiátricos indica que, muy probablemente, las fronteras clínicas actuales no reflejan procesos fisiopatológicos diferenciados, al menos a nivel genético. “Esto puede tener un impacto en cuanto a tratamiento, pero aún es pronto para saber cómo podrá incidir todo ello en la práctica, en la elección de terapias. Sin embargo, sí podemos emplear los nuevos datos para clasificar los trastornos en nuevos compartimentos basados en la biología subyacente, lo que es probable que nos ayude a diseñar terapias más específicas y adecuadas”, apuntan Cormand y Rabionet.

“De momento —concluyen—, quizá sería preciso adecuar las clasificaciones diagnósticas actuales en el ámbito de la psiquiatría. Esto no sería necesario en los trastornos neurológicos; en este caso, las fronteras son mucho más claras, tanto entre los diferentes cuadros como respecto a los trastornos psiquiátricos”.