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Un cerebro ocioso construye una mente feliz

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Habida cuenta de los nuevos datos aportados por la neurociencia, el cerebro necesita descansar. Y también necesita estar ocioso. Es más, en tales estados es capaz de obtener beneficios incontatables para sus portadores, que somos nosotros
Habida cuenta de los nuevos datos aportados por la neurociencia, el cerebro necesita descansar. Y también necesita estar ocioso. Es más, en tales estados es capaz de obtener beneficios incontables para sus portadores, que somos nosotros

Lo primero que necesita el músico Fernando ‘Nano’ Stern (31 años) para crear son un par de días “de no hacer nada”. Son 48 horas donde se desconecta del ruido, las reuniones y el ajetreo constante de sus giras. A diferencia de sus primeros años, hoy debe programar esos espacios en medio de una agenda cada vez más copada. “Se produce un proceso casi a un nivel químico: después de un rato de calma y silencio, empieza a emerger otro estado de creatividad”, confiesa. “Mis últimos proyectos han tenido que ver con salir de la ciudad, apagar el teléfono –importantísimo–, cortar el flujo de información constante y, sobre todo, mucho silencio. Desestimularme”.

Para el escritor Roberto Merino (55), el ocio tiene una “importancia fundamental”. En su libro “Melancolía artificial” (1997) habla de los momentos perdidos, esos donde empiezan a aparecer las especulaciones mientras uno está tirado en la cama sin hacer nada. “Me da la impresión de que ahí se filtran ciertas consideraciones metafísicas. Me gusta la acción y esas cosas, pero siempre estoy pensando en cómo liberarme y quedar en ese estado de neutralidad mental de no tener presiones por ningún lado”, dice. “De repente hay ciertas noches en que en vez de tomar un taxi, prefiero caminar. Y el paisaje por el cual uno va transcurriendo va estimulando ideas y asociaciones”.

Sharon Novik (38, publicista) renunció a su cargo de gerente de marketing en una importante agencia de viajes. El empleo ya no le resultaba desafiante y tomó la decisión de dejar de trabajar un rato, tomárselo con calma y descubrir qué era lo que realmente quería hacer. En su experiencia como independiente, apoyó distintos proyectos desde el área comercial, asesoró a diversas agencias de publicidad y marketing y confirmó el valor de contar con tiempo libre. “Es donde se generan conversaciones interesantes con otras personas y se te abre la mente”, señala.

“En mis primeros ocho meses como independiente me dediqué a juntarme con un montón de gente de distintos mundos y edades. Me nutrí de un montón de ideas y pude construir mi propia idea de lo que quería hacer”, dice Novik.

La red de la creatividad

A pesar de ejercer disciplinas distintas, los tres casos anteriores coinciden en una cosa: la importancia de generar espacios de ocio en la rutina diaria no solo como una instancia de descanso para la mente, sino como una fuente para estimular la reflexión y la creatividad.

Una idea que desde hace varios años tiene una base científica y que inspiró al investigador estadounidense Andrew J. Smart a escribir el libro “El arte y la ciencia de no hacer nada” (Tajamar Editores). Basado en la evidencia de múltiples investigaciones, Smart postula que lo mejor que nos puede pasar es dedicar, al menos, dos horas al día a hacer absolutamente nada. “Quienes disponen de demasiado tiempo libre, tienden a deprimirse o aburrirse. No obstante, el ocio puede constituir el único camino verdadero al autoconocimiento”, dice.

Smart cuenta en su libro que el cerebro tiene una “red de estado de reposo” (RSN) o “red neural por defecto” (DMN, su sigla en inglés: default-mode-network), que se activa en nuestros momentos de ocio. Cuando el cerebro se encuentra en una condición de mínima demanda y no está concentrado en hacer una tarea específica, esta red se pone a trabajar a toda máquina. “Es la red que da sustento al autoconocimiento, los recuerdos autobiográficos, los procesos sociales y emocionales, y la creatividad”, señala.

“Cuando holgazaneamos se establece una red amplia e inmensa en el cerebro que empieza a enviar y recibir información entre las regiones que lo constituyen. Es como las mariposas: salen a jugar cuando hay quietud y silencio, pero ante cualquier movimiento abrupto se esfuman”.

El descubrimiento de la red neural por defecto fue un accidente de la ciencia. A mediados de los 90, un equipo dirigido por el neurocientífico Marcus Raichle, de la Universidad de Washington, en San Luis, hizo uno de los primeros estudios de mapeo cerebral mediante tomografía de emisión por positrones (PET).

El estudio consistía en que varias personas debían leer en voz alta las palabras que aparecían en un monitor de televisión (es decir, tenían que cumplir con una tarea específica). Acto seguido, comparó sus escáneres con los de sujetos que solo observaban un monitor de televisión en blanco. “Para mi gran sorpresa, un grupo de áreas del cerebro, las que al final fueron bautizadas como red neural por defecto, parecían reducir su actividad durante las tareas de lectura”, cuenta Raichle.

Hasta ese momento, los científicos creían que cuando el cerebro se encontraba en una condición de mínima demanda tenía un estado de poca actividad. Hoy se sabe que en nuestros momentos de ocio se genera una actividad muy singular, donde las regiones cerebrales se activan de manera sincrónica y dialogan entre sí. “Cuando uno está ocupado, haciendo una tarea o aprendiendo algo, el cerebro está con una demanda muy alta y no hay espacio como para producir asociaciones entre distintas regiones cerebrales”, señala José Luis Valdés, académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile e investigador del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICBM). “Cuando esa demanda desaparece, no es que el cerebro se apague, sino que entra en un modo distinto, que es lo que llamamos ‘red por defecto’. Esta pareciera ser superimportante para que las personas puedan desarrollar la creatividad y la imaginación”.

En su libro, Smart cita estudios recientes que dicen que las generaciones más jóvenes muestran un alza en el coeficiente intelectual, pero que también su creatividad ha ido disminuyendo. ¿La razón? Todo apunta a que la extensión del horario laboral y de estudio, la sobrecarga de trabajo y las incontables horas destinadas a dispositivos digitales conspiran contra nuestros propios periodos de autorreflexión. “Al cerebro no le queda tiempo disponible para establecer nuevas conexiones entre cuestiones en apariencia inconexas, identificar patrones y elaborar nuevas ideas: en otras palabras, no le queda tiempo para ser creativo”, dice el autor.

Los riesgos de la multitarea

La red neural por defecto podría haber sido el caldo de cultivo para muchas de las ideas y obras más grandes de la historia. La famosa anécdota de la manzana de Isaac Newton, que dio origen a la teoría de la gravedad, surgió mientras el físico inglés descansaba relajado en una tarde templada en su jardín. Otros, como el poeta austriaco Rainer Ril-ke, sabían que dedicar tiempo a no hacer nada era fundamental para su proceso creativo.

“Incluso alguien tan prolífico como el escritor Charles Dickens hizo su trabajo en una ráfaga de aproximadamente cuatro horas diarias; pero también caminaba hasta 32 kilómetros al día”, cuenta Alex Soojung-Kim Pang, fundador de The Restful Company, una consultora de Silicon Valley que ayuda a las compañías a aprender los beneficios del descanso deliberado. “Él no necesitaba pasar más de cuatro horas al día en su escritorio para escribir Grandes esperanzas, pero necesitaba caminar”.

Décadas atrás, el especialista en neurociencias György Buzsáki descubrió un patrón específico en el hipocampo, la parte del cerebro responsable de la memoria. Este patrón se denomina ondulación de onda aguda y es el encargado de consolidar nuestra memoria reciente y fusionarla con el conocimiento ya existente. “El truco es que estas ondulaciones ocurren exclusivamente en estados en los que nuestro cerebro se ‘desconecta’, tales como el sueño, pero también cuando nos despertamos relajados, comemos o bebemos”, dice. “Muchos artistas y científicos creativos han notado que sus momentos creativos ocurren en una ‘zona crepuscular’, cuando las ondulaciones de onda aguda son abundantes”.

Con el auge de la tecnología y la distracción que generan dispositivos como los celulares, Smart plantea que la sociedad se encuentra dominada por empleos cuya característica fundamental reside en la multitarea; es decir, desempeñar numerosas labores secuenciales y cambiar con frecuencia de una a otra de acuerdo con un plan impuesto externamente. “El cerebro tiene la capacidad para responder a múltiples estímulos. Pero yo creo que en algún minuto se ve sobrepasado por la cantidad de información”, dice Valdés. “El cerebro está bien diseñado para poner todos los recursos neuronales en una cosa y hacerlo lo mejor posible; cuando empiezas a dividir el foco de atención, empieza a bajar el rendimiento de manera inevitable”.

Para las mentes más creativas, los espacios de ocio no solo permiten que el cerebro tenga un respiro, genere conexiones e incorpore la información que procesamos del mundo sensorial. También pueden servir para explorar las ideas en las que están trabajando. “Cuando damos un paseo, nadamos o hacemos otras actividades en automático, nuestras mentes, a menudo, vagan”, señala Pang.

“Al elegir actividades que promuevan la imaginería mental y minimicen las distracciones, y programándolas inmediatamente después de episodios de pensamiento duro, puedes empujar a tu mente errante a trabajar en problemas que han estado ocupando tu atención, y así incrementar las probabilidades de que tu subconsciente explore nuevas avenidas, probar ideas locas y llegar a ideas a las que tu conciencia no llegaría”, concluye Pang

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Más ciencia que ficción

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El polvo neuronal podrá tratar la epilepsia y el control de vejiga. Implantarlo será tan sencillo como hacerse un piercing
El polvo neuronal podrá tratar la epilepsia y el control de vejiga. Implantarlo será tan sencillo como hacerse un piercing

Vincent Leung regresó a su casa después de un largo día de trabajo. Este ingeniero electrónico y director del Qualcomm Institute Circuits Labs de la Universidad de California en San Diego (EE UU) solo quería descansar y comer con su familia. Se cambió, preparó una cena ligera, se sentó en el sofá, encendió el televisor y se puso a ver en Netflix un episodio de la serie distópica Black Mirror en el que una madre sobreprotectora hacía que le implantaran a su hija un chip en la cabeza para vigilar todo lo que la niña observaba. Entonces, mientras Leung al fin se relajaba, un grito alteró la tranquilidad de su hogar. “¡Es lo que tú haces!”, le gritó su esposa, que estaba justo a su lado.

Vincent Leung no lo niega. “Eso es ficción –aclara–. Pero es cierto, estamos haciendo cosas más locas que las que se ven en la serie”. Leung es uno de varios investigadores que recorren las fronteras de lo científicamente posible al desarrollar neurotecnologías cada vez más potentes.

Financiado por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa del Pentágono (DARPA), Leung trabaja en la próxima generación de implantes cerebrales inalámbricos. Los llama neurograins –o neurogranos– y son chips del tamaño de un grano de sal. “Mira –extiende una pequeña caja negra en la que se ve unos minúsculos puntitos metálicos–. ¿No son lindos?”.

Leung se mueve con comodidad en su laboratorio lleno de cables, circuitos integrados, amplificadores, destornilladores y pizarrones. Durante décadas, se dedicó a mejorar la potencia de los chips de los teléfonos móviles. Ahora, asegura, es tiempo de diseñar chips para el cerebro. Parece ser el próximo paso lógico.

Con los años, las tecnologías se han ido acercando al cuerpo. Hasta no hace mucho, para atender una llamada uno tenía que caminar hacia el teléfono fijo. Ahora solo basta con sacar el móvil del bolsillo y llevarlo al oído o conversar directamente a través de pequeños audífonos –como los Airpods de Apple– en nuestras orejas. Todo indica que la próxima fase de las telecomunicaciones irá más allá: las tecnologías traspasarán la piel y se internarán dentro de nuestros cuerpos.

“Es un gran desafío científico –dice Leung–. En un principio, la idea es implantar los neurograins en la corteza cerebral, es decir, la capa externa del cerebro, de personas que han perdido cierta función debido a una lesión o enfermedad. Y a través de diminutos pulsos eléctricos, estimular las neuronas atrofiadas”.

El equipo de Leung en la Universidad de California en San Diego forma parte de una amplia colaboración internacional –en la que también participan la Universidad de Brown, el Hospital General de Massachusetts, las universidades de Stanford y Berkeley y el Centro Wyss de Bioingeniería en Ginebra– para desarrollar prótesis neuronales inalámbricas capaces de registrar y estimular la actividad del cerebro.

Decenas de miles de neurograins podrían funcionar como una especie de intranet cortical, coordinada de forma inalámbrica mediante un centro de comunicaciones central en forma de un parche electrónico delgado colocado sobre la piel. Así se abrirían nuevas terapias de neurorrehabilitación, en especial teniendo en cuenta que esta red tiene capacidades tanto de ‘lectura’ como de ‘escritura’.

Los neurograins podrían ‘leer’ a las neuronas, esto es, registrar su actividad eléctrica, y también podrían estimularlas. “Podríamos transmitir datos del mundo exterior a los neurograins –indica Leung–. Por ejemplo, proyectar sonidos a personas sordas o imágenes a invidentes: si una persona ciega tiene su corteza visual intacta podríamos tomar una foto con una cámara y por vía inalámbrica mandar una señal codificada en un lenguaje que el cerebro pueda entender”.

Cerebros conectados

En 2004, Matthew Nagle –un hombre de 25 años tetrapléjico tras un incidente en el cual fue herido con un cuchillo– se convirtió en la primera persona en mover objetos solo con el pensamiento. El neurocientífico John Donoghue de la Universidad de Brown le implantó en la parte del cerebro donde se coordina la actividad motora lo que denomina BrainGate: un minúsculo chip de silicio de cuatro milímetros de lado con cien electrodos.

Se trató de la primera interfaz cerebro-ordenador: un sistema a través del cual se procesan y envían señales que viajaban por un haz de cables que salían del cuero cabelludo de Nagle hasta un carrito electrónico con un tamaño de refrigerador que le permitía, entre otras cosas, cambiar los canales de un televisor, ajustar el volumen, abrir y cerrar una mano ortopédica, mover el cursor de un ordenador, leer correos electrónicos y jugar con videojuegos con solo imaginar que movía el brazo. “Los cerebros biónicos se hacen realidad”, tituló por entonces la revista Nature.

Desde entonces, estas neurotecnologías no han hecho otra cosa que diversificarse. Además de las trece personas paralizadas que utilizan el sistema BrainGate, dos monos con implantes cerebrales en la Universidad de Duke fueron capaces de dirigir sillas de ruedas usando solo sus mentes. “Estas tecnologías abrirán todo un mundo de posibilidades –asegura el emprendedor Steve Hoffman de la start-up Founders Space–. No solo nos permitirá comunicarnos mente a mente, sino también conectarnos a internet a través del cerebro”.

Estas afirmaciones parecen algo exageradas, sacadas de películas como The Matrix o de novelas ciberpunks como Down and Out in the Magic Kingdom –un futuro cercano en el que todo el mundo está las 24 horas conectado a la red a través de un enlace cortical– hasta que uno se entera de iniciativas de DARPA como un programa con un presupuesto de cuatro millones de dólares llamado Silent Talk, cuyo objetivo es “permitir la comunicación de usuario a usuario en el campo de batalla sin el uso de voz vocal a través del análisis de señales neuronales”.

En la última década las interfaces cerebro-ordenador se han diversificado: empresas como Emotiv y NeuroSky han desarrollado videojuegos basados en estas neurotecnologías, al igual que la compañía japonesa Neurowear que desarrolló en 2011 unas orejas de gato llamadas Necomimi que responden a las emociones de sus usuarios. Y durante la ceremonia de apertura de la Copa Mundial de Fútbol de Brasil, en 2014, el neurocientífico Miguel Nicolelis mostró en dos decepcionantes segundos cómo un hombre parapléjico utilizaba un exoesqueleto robótico controlado por la mente para patear una pelota.

En este tiempo, la miniaturización se ha acelerado. En 2011, un equipo de la Universidad de California en Berkeley describió por primera vez unas diminutas partículas de silicio que denominaron “neural dust” (polvo neuronal), a grandes rasgos basadas en los mismos principios de los neurograins.

En 2017, dos de sus inventores, el neurocientífico José Carmena y el ingeniero Michel Maharbiz, inauguraron la compañía Iota Biosciences para desarrollar estos implantes inalámbricos que podrían cambiar la forma en que entendemos nuestros cuerpos: son capaces de monitorizar en tiempo real músculos, órganos y nervios en las profundidades del cuerpo –como demostraron en la revista Neuron–. Podrán tratar la epilepsia y el control de vejiga y, también en un futuro, controlar prótesis.

Los sensores de este polvo neuronal se comunican a través de ultrasonido con un parche que los activa y recibe información para cualquier terapia deseada. Sus impulsores imaginan que podrían ser implantados en un simple procedimiento ambulatorio, según Carmena, de la misma manera que una persona se hace un piercing o un tatuaje.

Las posibilidades de las interfaces cerebro-ordenador han atraído el interés de Elon Musk. En 2017, el multimillonario sudafricano, fundador de SpaceX y Tesla, reveló detalles de una nueva empresa, Neuralink, en San Francisco: construir una interfaz cerebro-ordenador implantable que nos permita comunicarnos de forma inalámbrica con cualquier cosa que tenga un chip. Esta simbiosis sería, según Musk, como nuestro seguro ante el “riesgo existencial” que significa el avance de la inteligencia artificial.

Suena todo muy sci-fi: en teoría, podríamos absorber conocimiento instantáneamente desde la nube o transmitir imágenes de la retina de una persona a la corteza visual de otra. “Creo que la mejor solución es tener una capa de inteligencia artificial que pueda funcionar biológicamente dentro de nosotros”, dijo Musk. “El primer uso de la tecnología será reparar lesiones cerebrales como resultado de un accidente cerebrovascular”, describió en un artículo extenso publicado en Wait Buy Why.

Por el momento, ese también es el objetivo de los investigadores detrás de los neurograins: permitirles a personas paralizadas por esclerosis lateral amiotrófica, embolia cerebral u otros trastornos salir de su encierro y comunicar sus necesidades y deseos a otros, operar programas de procesamiento de textos u otro software, controlar una silla de ruedas o neuroprótesis. “Sería una gran mejora de la calidad de vida”, dice Leung. “Primero lo probaremos en primates no humanos”.

¿Qué vendrá después? El objetivo de DARPA, se presume, consistiría en mejorar las habilidades del personal militar. “Podríamos llegar manejar drones con el pensamiento”, especula Leung, quien admite que el campo de las interfaces cerebro-ordenador es terreno fértil para la ciencia ficción .

Pero así como estas tecnologías abren nuevas posibilidades, también implican nuevos riesgos y problemas éticos. ¿Podrían grupos de hackers robar datos internos de un cuerpo –uno de los problemas actuales con los Fitbits– o usar el cuerpo de una persona en contra de su voluntad? “Las prótesis neuronales nos obligan a reevaluar cómo pensamos en la responsabilidad de nuestras acciones”, señala el filósofo Walter Glannon.

Si bien, debido a regulaciones federales, es muy difícil sacar la neurotecnología del laboratorio, los neurograins y el neural dust multiplican las esperanzas y también las amenazas, como la pérdida de la individualidad y privacidad mental.

“Los escenarios abiertos por las interfaces cerebro-ordenador conducen a interesantes preguntas sobre lo que significa ser humano –advierten los especialistas en neuroética Mark A. Attiah y Martha J. Farah en un artículo–. ¿Seríamos humanos si pudiéramos hacer que otros se movieran o actuasen a partir de nuestro pensamiento? ¿Seríamos humanos si nuestras mentes nunca operasen independientemente de los demás? Estas neurotecnologías podrían traer cambios sociales tectónicos”.

Jóvenes frenéticos, adultos miedosos

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Las consecuencias del consumo precoz de cannabis dependen de manera importante del ambiente asociado
Las consecuencias del consumo precoz de cannabis dependen de manera importante del ambiente asociado

Un nuevo estudio realizado en animales de laboratorio muestra que la exposición al cannabis y al estrés durante la adolescencia puede llevar a trastornos de ansiedad a largo plazo caracterizados por la presencia de miedo patológico.

El trabajo, realizado por el Laboratorio de Neurofarmacología-NeuroPhar de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), ha sido liderado por los investigadores Fernando Berrendero, ahora en la Universidad Francisco de Vitoria, y Rafael Maldonado. Los resultados se han publicado en la revista Neuropharmacology.

El cannabis continúa siendo la droga ilícita más consumida en todo el mundo. Su uso regular comienza a menudo durante la adolescencia; esto es especialmente preocupante ya que este período es crucial para una correcta maduración del cerebro mediante la reorganización de las sinapsis neuronales. De hecho, numerosos datos preclínicos y epidemiológicos sugieren que la exposición a cannabinoides en adolescentes puede aumentar el riesgo de aparición de enfermedades psiquiátricas en la vida adulta.

Así, los resultados del Plan Nacional sobre Drogas muestran un aumento del consumo de cannabis y una revisión reciente evidencia que en los últimos años ha disminuido la percepción de riesgo de su consumo en la población joven, de 12 a 17 años, que es la franja de edad en la que se centra este artículo.

“Hemos investigado las consecuencias de la exposición simultánea al Δ9-tetrahidrocannabinol (THC), el principal responsable de las propiedades psicoactivas del cannabis, y al estrés durante la adolescencia”, explican Rocio Saravia y Marc Ten-Blanco, primeros autores del artículo. Concretamente, han estudiado cómo esta exposición durante la adolescencia afecta a la extinción de la memoria del miedo en los ratones adultos.

Deterioro en la extinción del miedo

En ocasiones, un estímulo que debería ser neutro –como puede ser por ejemplo el hecho de ver al dentista con su bata blanca– se asocia con uno amenazante –que sería el dolor que hemos sentido en anteriores visitas– y provoca una respuesta de miedo.

Normalmente, las reacciones de miedo disminuyen con el tiempo a medida que el estímulo condicionado se deja de asociar con la experiencia negativa. Esto se conoce como extinción del miedo. Pero cuando esto no ocurre correctamente, se producen trastornos de ansiedad, como el síndrome de estrés postraumático, las fobias o los ataques de pánico.

“Los ratones adolescentes tratados con THC y expuestos al estrés exhiben un deterioro en la extinción del miedo en la edad adulta. Sin embargo, este efecto no se observó en los animales expuestos a estos dos mismos factores por separado”, detalla Berrendero. Además, la resistencia a la extinción del miedo se asoció con una disminución de la actividad neuronal en la amígdala basolateral y la corteza prefrontal infralímbica, lo que sugiere una desregulación a largo plazo del circuito que regula el miedo.

“Nuestros hallazgos destacan la influencia de factores ambientales como el estrés en los efectos deletéreos de la exposición al cannabis durante edades precoces y sugieren que las consecuencias del consumo precoz de cannabis dependen de manera importante del ambiente de consumo”, explica Rafael Maldonado, catedrático de Farmacología de la UPF. “La presencia de situaciones de estrés, que es habitual en los consumidores de esta sustancia, puede empeorar sus efectos deletéreos”, concluye.

Calmante musical para cerebros que degeneran

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Tocar un instrumento musical o cantar son actividades que podrían ayudar a prevenir los problemas cerebrales y cognitivos asociados al envejecimiento
Tocar un instrumento musical o cantar son actividades que podrían ayudar a prevenir los problemas cerebrales y cognitivos asociados al envejecimiento

Investigadores de la Universidad de Granada (UGR) han realizado la primera revisión sistemática de todos los estudios que se han llevado a cabo hasta la fecha en el mundo acerca del efecto de la práctica musical sobre el envejecimiento cerebral y de los procesos cognitivos asociados.

El envejecimiento frecuentemente suele acompañarse de un declive cerebral y de los procesos mentales, aunque en investigaciones previas se ha visto que estos cambios no son inevitables y que dependen, entre otros, de los estilos de vida.

Su trabajo, que publica la revista PLOS ONE, ha concluido que la práctica musical, es decir, interpretar música a través de un instrumento o cantando, podría ser una actividad muy eficaz y prometedora en la prevención de los problemas cerebrales y cognitivos asociados al envejecimiento.

La práctica musical involucra múltiples sistemas sensoriales y el motor, así como procesos cognitivos de alto nivel, que implican operaciones mentales más elaboradas que la propia percepción. Además, tocar un instrumento o cantar se ha asociado anteriormente con mejoras neurocognitivas tanto en niños como en adultos.

El autor principal Rafael Román-Caballero, del departamento de Psicología Experimental de la UGR, señala que “estas mejoras no se restringen a las habilidades directamente entrenadas con la práctica musical, por ejemplo, las habilidades auditivas con sonidos musicales o la destreza manual, sino que alcanzan otras habilidades cognitivas relevantes para muchas otras actividades, como una mayor velocidad de procesamiento de la información. Todo ello, haría a la persona más eficiente a la hora de percibir, responder a los estímulos del medio y realizar operaciones mentales. También mejoraría la capacidad de control de la persona para regular aspectos como su conducta o su atención”.

Menor riesgo de padecer enfermedades neurodegenerativas

La práctica musical se había asociado en estudios epidemiológicos con un menor riesgo de padecer enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer. Sin embargo, poco se sabe a cerca del impacto de esta actividad en el envejecimiento de personas con un envejecimiento no patológico. Por ello, la revisión y metaanálisis de la UGR tratan de reunir las evidencias existentes y ofrecer una conclusión sobre los resultados hasta la fecha en los efectos sobre el envejecimiento normal.

En primer lugar, entre los estudios se distinguen dos tipos de trabajos, unos en los que se compara a personas mayores músicos de (más de 59 años) con mayores sin experiencia musical, y otros trabajos en los que se realizó un programa de entrenamiento musical a personas mayores sin nociones musicales previas y compararon los cambios con respecto a mayores que no recibieron dicho programa.

Los resultados muestran que, tanto en los estudios con músicos como en los de programas de entrenamiento tardío, la práctica musical se asocia con mejoras cognitivas y cerebrales. Por tanto, la práctica musical se asocia con un envejecimiento neurocognitivo más sano, ya sea una práctica a largo plazo y con inicio temprano (como en el caso de los músicos) o con un inicio tardío (caso de los programas de entrenamiento). No obstante, los beneficios fueron mayores con una mayor cantidad de años de práctica y con edades de inicio más tempranas.

En segundo lugar, las mejoras aparecen tanto en habilidades directamente entrenadas con la práctica musical (habilidades auditivas) como en otras más amplias (memoria, capacidad de control o velocidad de procesamiento). Esto resulta relevante, dado que el entrenamiento musical no sólo mejoraría las habilidades de la persona implicadas en la música, sino que podría beneficiar múltiples actividades de la vida diaria, que durante el envejecimiento se ven comprometidas.

Los resultados de esta investigación “tienen una implicación desde el punto de vista educativo, donde cabría repensar la asignatura de música en las aulas, haciéndola lo más práctica posible y quizá dedicando un mayor número de horas semanales para fomentar una vida musical temprana y activa”, destaca el investigador.

Por otro lado, este trabajo también tiene implicaciones en la forma de abordar el envejecimiento, “dado que nuestros resultados muestran que nunca es tarde para comenzar con la práctica musical y aprovechar sus beneficios”, concluye.

Orgasmos espaciales, lucha de clases y ovnis

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Actualmente, de acuerdo a las modernas hipótesis de la física cuántica, se acepta la existencia de un éter, un océano de energía implicada u oculta en una quinta dimensión: la “Energía del Punto Cero”. El orgón sería un aspecto más materializado de esa energía. Reich lo llamó así porque suponía que se liberaba durante el orgasmo, lo que investigó en la unión sexual de parejas. Ambos llevaban pegados en la piel electrodos conectados a sensibles voltímetros registradores. Durante el orgasmo, el voltaje se disparaba, y él lo interpretaba como un efecto de otra energía muy poderosa, a la que llamó orgón. La capacidad de experimentar orgasmo la relacionaba con la carga orgónica del cuerpo y la correcta circulación, sin bloqueos, de esa energía, dependiente de su estado de salud
Actualmente, de acuerdo a las modernas hipótesis de la física cuántica, se acepta la existencia de un éter, un océano de energía implicada u oculta en una quinta dimensión: la “Energía del Punto Cero”. El orgón sería un aspecto más materializado de esa energía. Reich lo llamó así porque suponía que se liberaba durante el orgasmo, lo que investigó en la unión sexual de parejas. Ambos llevaban pegados en la piel electrodos conectados a sensibles voltímetros registradores. Durante el orgasmo, el voltaje se disparaba, y él lo interpretaba como un efecto de otra energía muy poderosa, a la que llamó orgón. La capacidad de experimentar orgasmo la relacionaba con la carga orgónica del cuerpo y la correcta circulación, sin bloqueos, de esa energía, dependiente de su estado de salud

El psicoanalista e investigador del orgasmo Wilhem Reich, natural de Dobrczynica -hoy en Ucrania-, rompió con su maestro Sigmund Freud, escandalizó a colegas y comunistas ortodoxos, murió en una cárcel de EE UU y fue considerado por los teóricos sesentayochistas como pionero de la revolución sexual. Sus libros se leían entonces tanto como los de Herbert Marcuse.

Reich intentó combinar a Freud y Marx y abogó por la liberación sexual del individuo como paso inexcusable para la liberación política. Ante el ascenso del nazismo tuvo que exiliarse de Berlín a Escandinavia. Sus críticas a la línea dirigente del comunismo provocaron su expulsión del Partido en 1934. Reich argumentaba que la sociedad incluído el Partido Comunista- introyectaba miedo y culpabilidad en los trabajadores, para así mantenerlos sumisos y evitar una revolución radical.

En Dinamarca empezó a investigar electrofisiológicamente la sexualidad y el miedo. Fue declarado persona non grata, y emigró a EE UU. Allí expuso sus teorías sobre el orgón, una supuesta Partícula sexual de color azul procedente del espacio y que se encontraba en toda la materia.

Construyó un acumulador de orgones, caja metálica en la que el paciente se sentaba para recibir una terapia que le llevase a la liberación orgásmica. Según Reich, el acumulador tenía una temperatura más alta que otra caja similar dispuesta al lado, y eso se debía a la energía orgánica y sexual.

En 1955 las autoridades estadounidenses le condenaron a la cárcel por vender sus acumuladores sin licencia sanitaria de la gubernamental Food and Drugs Administration. Reich no acudió al tribunal, tras señalar que no era lugar para dirimir cuestiones científicas. Fue sentenciado a dos años por desacato y encarcelado. En 1957 murió en la prisión de Lewisburg (Pennsylvania) de un ataque cardiaco.

Su figura sigue siendo controvertida. Para unos fue un genio científico y revolucionario. Para otros, un charlatán y un desequilibrado.

Revolucionario sexual

Murió desacreditado, en el olvido de una miserable cárcel en Estados Unidos, pero sin los libros del psicoanalista Wilhelm Reich sobre la liberación sexual, sería muy difícil entender gran parte de la segunda mitad del siglo XX. .

«Una sexualidad libre de imposiciones externas» era uno de sus objetivos, explica Birgit Johler, experta en la figura de Reich, para aclarar sus críticas a la moral sexual burguesa, la represión familiar y las estructuras patriarcales.

Para los jóvenes del 68 se convirtió en el reverenciado ‘padre de la revolución sexual’, el cantautor Bob Dylan lo cita en una canción y para la generación ‘beat’, de William Burroughs, era una lectura imprescindible.

Reich creció en una familia donde las relaciones eran en exceso complicadas y fue iniciado en el sexo por una camarera cuando tenía solo cuatro años.

A partir de ese momento el sexo se convirtió para él en una obsesión: él mismo refiere haber tenido relaciones sexuales habituales con la servidumbre desde los once años; a partir de los quince se convirtió en cliente habitual de los burdeles, y era adicto a la masturbación compulsiva (con fantasías de tener relaciones sexuales con su propia madre, u observando el apareamiento de animales).

A los trece años reveló a su padre la infidelidad de su madre; ambos se suicidaron tras esta revelación. Se hizo cargo de la granja familiar hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, en la cual combatió en el frente italiano.

Después de la guerra se matriculó en la facultad de Medicina de la Universidad de Viena. En el segundo año organizó un seminario de sexología, al cual invitó como conferenciante a algunos psicoanalistas.

Descontento con la calidad de los profesores, conoció a Sigmund Freud (1856-1939) y empezó a frecuentar la Sociedad Psicoanalítica de Viena; de hecho, comenzó a ejercer como psicoanalista antes incluso de licenciarse. Le había impactado mucho la teoría sexual freudiana, según la cual el impulso sexual es el impulso originario, cuya insatisfacción produce la neurosis.

Abrió una clínica psicoanalítica en la cual ofrecía (junto a otros psicoanalistas) terapia gratuita a personas con pocos recursos. En el curso de esta experiencia consideró que la satisfacción sexual (y por tanto la felicidad) de los jovenes y de las personas más pobres no se veía obstaculizada por motivos psicológicos, sino sociales: el sexo ligado a la reproducción y el matrimonio monógamo impedían la felicidad sexual de las familias trabajadoras; la educación familiar y la falta de independencia económica y de vivienda impedía la de los jovenes.

Sólo una revolución social podría conducir a la plena satisfacción sexual de toda la poblacion, y por tanto a la felicidad y al bienestar universal; fue así como se acercó al socialismo y al comunismo. Se volcó a favor de la contracepción, del divorcio (lo más breve posible) y la educación sexual a ninos y adolescentes.

Entretanto, el mismo Freud había abandonado la teoría sexual tal como había sido concebida inicialmente: ahora, junto al impulso sexual estaba el impulso de muerte, y la sublimación de la sexualidad tenía una connotación positiva, en cuanto que canalizaba la energía hacia actividades útiles para la sociedad.

Pero Reich continuó aferrado a su idea: la felicidad de la humanidad se alcanzaría cuando se garantizase a todos un orgasmo frecuente. Esta postura, además de su aproximación a la izquierda partidista, lo hizo sospechoso en el interior de la Sociedad Psicoanalítica (ocupada en una búsqueda desesperada de aprobación cultural y social) y le costó la expulsión.

Mientras tanto, comenzó a considerar la energía sexual (la libido freudiana) como una energía cósmica presente en el Universo, que era posible canalizar a través de los órganos genitales; llamó a esta energía “orgónica”. Llegado a Estados Unidos en 1939, comenzó a realizar experimentos para curar los tumores mediante la energía orgónica canalizada especialmente mediante jaulas metálicas.

Las famosas cámaras acumuladoras de orgón
Las famosas cámaras acumuladoras de orgón

En 1941 fue detenido por el FBI como “amenaza para la seguridad de los Estados Unidos”. En 1947 fue investigado por la Food and Drug Administration (FDA) [organismo público de inspección de alimentos y fármacos] por fraude, violencia sobre menores y agresiones de trasfondo sexual.

Los años siguientes los pasó buscando ovnis que volaban sobre su finca, llamada Orgonon. En 1957 fue detenido y encarcelado en una cárcel federal, donde murió poco después de su sexagésimo cumpleaños.

Este psicoanalista semi-desconocido es la encrucijada de muchísimas tendencias revolucionarias que, nacidas en el siglo XX, han explotado en el nuevo milenio: la educación sexual a edades muy tempranas; la liberación sexual; el vínculo entre revolución y sexualidad; la aversión a toda forma de autoridad, incluida la familiar; la contracepción y el divorcio.

Muchas de las ideas difundidas por la llamada Escuela de Frankfurt, por ejemplo, nacieron en Reich. Siempre es bueno conocer el origen de las ideologías: sobre todo, sirve para recordar que no nacen espontáneamente, si son simplemente fruto de la época.

Las hormigas se guían por los astros y el hombre, por su voracidad

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A diferencia de la pérdida de la capa de ozono o del cambio climático, el proceso de extinción (la posible pérdida de la mitad de las especies del mundo a finales de siglo) es irreversible. El ser humano es incapaz de ver más allá de la ley de la demanda y la oferta, la ilusión de que contamos con la riqueza necesaria para proteger la economía y el medio ambiente. Sin embargo, para mantener este engaño estamos fomentando la destrucción de hábitats en países en desarrollo, que a menudo son los de mayor riqueza biológica
A diferencia de la pérdida de la capa de ozono o del cambio climático, el proceso de extinción (la posible pérdida de la mitad de las especies del mundo a finales de siglo) es irreversible. El ser humano es incapaz de ver más allá de la ley de la demanda y la oferta, la ilusión de que contamos con la riqueza necesaria para proteger la economía y el medio ambiente. Sin embargo, para mantener este engaño estamos fomentando la destrucción de hábitats en países en desarrollo, que a menudo son los de mayor riqueza biológica

Las hormigas utilizan al menos tres tipos de memoria para orientarse y se sirven de referencias terrestres y estelares para guiarse cuando marchan hacia atrás, desvela un estudio publicado en la revista Current Biology.

“El mundo de los insectos es mucho más complejo de lo que se imaginaba”, indica en un comunicado el Centro Nacional Francés de Investigaciones Científicas (CNRS), participante en esa investigación.

Los nuevos resultados, según sus datos, muestran que las hormigas se orientan en el espacio gracias “a múltiples representaciones y memorias” que ponen en juego “una transferencia de información entre varios sectores cerebrales”.

Hasta ahora, se pensaba que la hormiga lograba marchar memorizando una escena, por lo que siempre era necesario que ese insecto estuviese colocado de la misma manera para que pudiese reconocer el espacio.

Sin embargó, el estudio, que se sirvió de la especie “Cataglyphis velox” para realizar pruebas en un desierto de Andalucía (sur de España), apunta a que a las representaciones de las direcciones de las hormigas están “centradas en el mundo exterior” y no de manera tan “egocéntrica” como se pensaba.

La hormiga es capaz de memorizar la ruta, la nueva dirección a seguir y cómo recuperar por ejemplo un trozo de galleta, de acuerdo con los tests realizados por los científicos, que demostraron además que se guían a través de los cuerpos celestes cuando se desplazan marcha atrás.

“Las hormigas son capaces de mantener una trayectoria rectilínea ya sea con movimientos hacia adelante, hacia atrás y hacia los lados”, indica el CNRS, según el cual aunque su cerebro es más pequeño que la cabeza de un alfiler, su capacidad de orientación es “sorprendente”.

Expertas en movilidad

Los atascos y el caos que se producen en la mayoría de ciudades en hora punta dejarán de ser un problema. Ese es el objetivo de un grupo de investigadores que ha creado un sistema para mejorar el tráfico basado en técnicas “bio inspiradas”, que toma como referencia los movimientos de las hormigas y las aves.

Las hormigas son expertas en movilidad, capaces de dar la vuelta al mundo, y por ello son las principales inspiradoras de este sistema que prevé reducir el tráfico y el trayecto de viaje entre un 10 y un 15 por ciento, “sin grandes modificaciones en la ciudad y a bajo coste”, indica el director del proyecto, Enrique Alba.

“Analizamos cómo trabajan las hormigas y las bandadas de pájaros y trasladamos la idea al ordenador, esto permite crear una herramienta software muy potente que da soluciones donde las técnicas matemáticas hasta ahora no lo permitían”, explica el investigador, pionero en España en aplicar estas técnicas.

Sin hormigas no habrá vida humana

El libro de Edward O. Wilson, The Future of Life (El futuro de la vida) no trata solamente de las hormigas, pero éstas le proporcionaron su primera beca y son su principal obsesión. Los insectos, de los que hay más de 1,2 millones de especies conocidas, representan más del 80% de todos los seres vivos de la Tierra, y Wilson ha aprovechado el descubrimiento de las depredadoras Mantophasmotodea para destacar este extremo: «Si los seres humanos desaparecieran mañana el mundo continuaría, pero si desaparecieran los invertebrados, dudo que la especie humana durara más de dos o tres meses».

En The Future of Life, Wilson describe lo que él llama el «cuello de botella», la combinación del crecimiento poblacional, «que afecta más a las bacterias que a los primates», con un consumo desenfrenado. «Cuando la población mundial superó los 6.000 millones de habitantes sobrepasamos 100 veces la biomasa de cualquier otra gran especie que haya existido en el planeta. Al igual que el resto de los seres vivos, no podemos permitirnos continuar así otros 100 años».

Al mismo tiempo, el consumo de energía y de recursos naturales la «huella ecológica» necesarios para proporcionar a la población un nivel de vida occidental está excediendo los recursos de la Tierra. Si continuamos por esta senda, en el año 2100 serán necesarios cuatro planetas para mantener el tipo de vida que conocemos.

Machos sobre el alambre del conflicto

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A pesar de ser agresivos durante la competición deportiva, después de jugar los hombres invierten más tiempo que las mujeres en mantener un contacto físico pacificador, por ejemplo, dando la mano o palmeando la espalda del adversario. Es la conclusión de un estudio en el que investigadores de la Universidad de Harvard han analizado vídeos del acercamiento entre rivales en cuatro deportes individuales: tenis, pimpón, bádminton y boxeo
A pesar de ser agresivos durante la competición deportiva, después de jugar los hombres invierten más tiempo que las mujeres en mantener un contacto físico pacificador, por ejemplo, dando la mano o palmeando la espalda del adversario. Es la conclusión de un estudio en el que investigadores de la Universidad de Harvard han analizado vídeos del acercamiento entre rivales en cuatro deportes individuales: tenis, pimpón, bádminton y boxeo

En todas las sociedades humanas se producen conflictos entre grupos y el deporte no es una excepción. A pesar del espíritu deportivo, también se crean disputas en las competiciones entre rivales, en equipos o individuales.

Investigadores de la Universidad de Harvard se han preguntado si hay diferencias significativas en la manera de suavizar las tensiones por parte de hombres y mujeres deportistas. Para analizarlo, han visionado el final de competiciones deportivas de alto nivel de jugadores de 44 países en tenis, bádminton, tenis de mesa y boxeo, y han estudiado el nivel de acercamiento entre rivales una vez acabado el partido.

Las conclusiones de su nuevo estudio, publicado en Current Biology, revelan que los hombres tienden a tener más contacto con sus rivales después de un conflicto o competición en pos de una cooperación mutua futura.

“Durante los últimos 30 años he estudiado las diferencias de género en la cooperación y en la competencia entre grupos y personas. Observé que a pesar de existir una mayor agresividad entre machos, estos eran más propensos a cooperar en grupos grandes que las mujeres”, declara a Sinc Joyce Benenson, autora del estudio e investigadora en la Universidad de Harvard (EE UU).

Mientras que todos los oponentes estrecharon sus manos al final de la competición como signo de respeto y juego limpio, pocos rivales mostraron gestos adicionales de afecto, como una palmada en la espalda.

Sin embargo, cuando ocurrían, esas escenas eran protagonizados por más hombres que mujeres. Por ejemplo, los resultados muestran que, en tenis, un 42,5% de los deportistas masculinos tocaron el cuerpo de su rival frente a un 12,5% de las mujeres.

Según los investigadores, esta diferencia radica en las diferencias entre los roles de género asignados tradicionalmente a hombres y mujeres.

Buscando beneficio

Mark van Vugt, investigador del Instituto de Antropología Evolutiva y Cognitiva de la Universidad de Oxford, acuñó la hipótesis del ‘macho guerrero’ en la que establecía que los hombres han originado la mayoría de los conflictos del mundo impulsados por la competición entre machos. Sin embargo, son más rápidos resolviendo los resentimientos con el fin de trabajar mejor juntos contra cualquier amenaza venidera.

En las sociedades de chimpancés, los machos continuamente se involucran en conflictos agresivos pero también son más propensos a la reconciliación que las hembras para poder establecer una cooperación futura contra posibles enemigos del grupo.

“La estructura social humana se asemeja en este sentido a la de los chimpancés, donde los machos cooperan en grupos del mismo sexo, mientras que las hembras se centran más en miembros de la familia y uno o dos buenos amigos”, explica Benenson.

Los estudios en primates junto con los resultados obtenidos de la visualización de partidos de alta competición afianzan la hipótesis, según la investigadora, de que los hombres, a pesar de ser más competitivos y agresivos, son mejores que las mujeres en la resolución de conflictos.

Los expertos creen que estos resultados podrían tener implicaciones más allá de los deportes. Por ejemplo, apuntan que las mujeres, en general, podrían tener más dificultades para resolver conflictos con sus compañeros del trabajo, amigos o familiares.