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Redes neuronales que predicen corruptelas

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Dos investigadores de la Universidad de Valladolid han desarrollado un modelo con redes neuronales artificiales para predecir en qué provincias españolas podrían aparecer casos de corrupción con más probabilidad, a uno, dos y hasta tres años vista
Dos investigadores de la Universidad de Valladolid han desarrollado un modelo con redes neuronales artificiales para predecir en qué provincias españolas podrían aparecer casos de corrupción con más probabilidad, a uno, dos y hasta tres años vista

Investigadores de la Universidad de Valladolid han creado un modelo computacional basado en redes neuronales que prevé en qué provincias españolas pueden aparecer casos de corrupción con mayor probabilidad, así como las condiciones que favorecen su aparición. Este sistema de alerta confirma que las posibilidades aumentan cuando el Gobierno de un mismo partido permanece más años en el poder.

El estudio, publicado en la revista Social Indicators Research, no menciona las provincias más propensas a la corrupción para no generar polémica, según explica a Sinc uno de los autores, Iván Pastor, quien recuerda que, en cualquier caso, “una mayor propensión o alta probabilidad no implica que efectivamente vaya a ocurrir”.

Los datos indican que el impuesto de bienes inmuebles, el incremento exagerado en el precio de la vivienda, la apertura de oficinas bancarias y la nueva creación de empresas son algunas de las variables que parecen inducir a la corrupción pública, y cuando se suman en una región conviene tenerlo en cuenta para realizar un control más riguroso de las cuentas públicas.

“Además, como podría esperarse, nuestro modelo confirma que el aumento del número de años en el Gobierno del mismo partido político incrementa las posibilidades de que exista corrupción, independientemente de si gobierna o no en mayoría”, apunta Pastor.

Una predicción más optimista para los próximos años

“De todas formas, afortunadamente –añade–, para los próximos años este sistema de alerta predice menores indicios de corrupción en nuestro país. Esto se debe fundamentalmente a la mayor presión pública sobre este tema y a que la situación económica ha empeorado notablemente durante los años de la crisis”.

Para realizar el estudio, los autores se han basado en todos los casos de corrupción que aparecieron en España entre el año 2000 y el 2012, como el caso Mercasevilla (en el que fueron imputados los gestores de esta empresa pública del Ayuntamiento de Sevilla) y el caso Baltar (donde el presidente de la Diputación de Ourense fue sentenciado por más de un centenar de contrataciones “que no siguieron los cauces legales”).

La recopilación y análisis de toda esta información se ha realizado con las redes neuronales, que muestran los factores más predictivos de la corrupción. “Es novedoso tanto el uso de esta técnica de inteligencia artificial, como el de una base de datos con casos reales, ya que hasta ahora se empleaban índices de percepción de la corrupción, unas puntuaciones más o menos subjetivas asignadas a cada país por agencias como Transparencia Internacional, que se basan en encuestas a empresarios y analistas nacionales”, destaca Pastor.

Los autores esperan que este estudio contribuya a dirigir mejor los esfuerzos para acabar con la corrupción, enfocándolos hacia aquellas zonas con mayor propensión a que aparezca, además de seguir avanzando para trasladar su modelo a escala internacional.

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El talento musical de las personas con síndrome de Williams

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Para las personas con Síndrome de Williams algunos sonidos cotidianos, como el de una aspiradora, pueden resultar desagradables o incluso dolorosos
Para las personas con Síndrome de Williams algunos sonidos cotidianos, como el de una aspiradora, pueden resultar desagradables o incluso dolorosos

Una investigación liderada por la Universidad Nacional de Educación a Distancia señala que las habilidades musicales de las personas con síndrome de Williams, un trastorno del neurodesarrollo de origen genético, se desarrollan de manera atípica. Los resultados indican que en estas personas las áreas del cerebro asociadas a la música no están preservadas.

El síndrome de Williams es un trastorno del neurodesarrollo de origen genético que implica discapacidad intelectual. Una parte de la comunidad científica considera que, mientras algunas áreas de su funcionamiento cognitivo están dañadas, otras se encuentran preservadas. Entre las áreas privilegiadas estarían aquellas asociadas a la música, lo que ha contribuido a extender la idea de que las personas con este síndrome tienen una predisposición genética en este sentido o, dicho de otro modo, poseen un talento innato para la música. No obstante, estudios posteriores han demostrado que tales habilidades no están intactas, concluyendo que su funcionamiento está afectado por el déficit cognitivo que estas personas presentan.

Por todo ello, este síndrome ha sido un caso de estudio recurrente que ha servido para encarar dos visiones casi opuestas del desarrollo cognitivo: la primera es defendida en posturas innatistas y considera que desde el inicio el cerebro está especificado en módulos de funcionamiento independiente que pueden alterarse o preservarse de forma selectiva; por otro lado, el enfoque neuroconstructivista adopta una visión sistémica o de conjunto, donde distintos factores interactúan a lo largo de todo el desarrollo para dar cuenta del funcionamiento cognitivo de las personas.

Ahora, una investigación llevada a cabo en Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), en colaboración con la Universidad Autónoma de Madrid, arroja nuevas evidencias en esta última dirección al observar que las personas con síndrome de Williams desarrollan sus habilidades musicales de manera diferente al resto.

En la mayoría de la población esta capacidad tiende a ir aumentando a la par que los distintos marcadores de desarrollo cognitivo, pero no sucede así en quienes presentan el síndrome, tal y como señalan los resultados publicados en la revista Research in Developmental Disabilities. A pesar de las evidencias que ya apuntaban a que las habilidades musicales de las personas con síndrome de Williams no están preservadas, es la primera vez que se pone la lupa en el desarrollo.

Foco en el desarrollo

“El síndrome de Williams es un trastorno del desarrollo y, como tal, es en el desarrollo donde tenemos que poner el foco de estudio, aunque a veces se olvide o resulte difícil hacerlo” comenta Pastora Martínez, profesora del psicología evolutiva de la UNED, quien ha dirigido la investigación.

En el estudio participaron 74 niños y niñas (20 de ellos con el síndrome de Williams) que realizaron diversas pruebas; las primeras estaban relacionadas con mecanismos de cognición generales, y posteriormente se llevaron a cabo actividades específicas para evaluar la pericia musical, como por ejemplo la percepción de disonancias o la discriminación tonal.

Los investigadores recurrieron a una metodología novedosa para medir la trayectoria del desarrollo de manera transversal: “Para emplear esta metodología era preciso contar con un grupo suficientemente heterogéneo ya que, en vez de medir a la misma persona en distintos momentos a lo largo del tiempo, empleamos una función estadística para inferir lo que está sucediendo. De esta forma hemos conseguido estudiar la evolución de estas habilidades a lo largo del tiempo y observar su relación con determinadas áreas cognitivas” explica Manuel Rodríguez, coautor del estudio e investigador de la UNED.

Los resultados también revelaron otros marcadores que indican un desarrollo diferente: “Llama la atención obervar que, en el síndrome de Williams, el orden de adquisición de las habilidades musicales parece ser diferente” apunta Pastora. “También es llamativo ver cómo en un momento dado se produce una estabilización en algunas áreas musicales, a pesar de que se siga avanzando en el desarrollo cognitivo” concluye Rodríguez. En la publicación, los autores del estudio destacan el mayor calado científico y social que tradicionalmente han tenido los postulados innatistas a este respecto, a pesar de las evidencias cada vez más numerosas que señalan en otra dirección.

Un disfraz de lobo para la supervivencia

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Aunque el tigre de Tasmania o tilacino fue declarado extinto hace 80 años, quienes creen que el animal rayado y peludo ha sobrevivido en silencio han ofrecido todo tipo de pruebas
Aunque el tigre de Tasmania o tilacino fue declarado extinto hace 80 años, quienes creen que el animal rayado y peludo ha sobrevivido en silencio han ofrecido todo tipo de pruebas

El tigre de Tasmania o tilacino, cuya mala salud genética le condujo a la extinción en 1936, evolucionó para parecerse a un dingo (perro salvaje) o un lobo, pese a no estar emparentados.

Las nuevas informaciones se desprenden del estudio del mapa genético de un ejemplar joven de tigre de Tasmania que habitó Australia hace 106 años y que formaba parte de la colección de Museos de Victoria. El estudio muestra que estos animales estaban genéticamente débiles antes que la isla de Tasmania, en el sur de Australia, quedara aislada hace unos 14.000 años.

También aporta información crucial sobre la biología del de tilacino, cuyo nombre científico es Thylacinus cynocephalus, que evolucionó de tal manera que se asemejó al dingo (perro salvaje australiano).

El genoma ha permitido confirmar el lugar del tilacino en el árbol evolutivo. El Tigre de Tasmania pertenece a un linaje hermano del Dasyuridae, la familia que incluye al demonio de Tasmania y el ratón marsupial (dunnart).

Las técnicas de cacería y la dieta de carne fresca que comparten el tilacino y el dingo motivaron que sus cráneos y la forma del cuerpo se asemejaran a través de la “evolución convergente”, según los científicos.

La “evolución convergente” se refiere al proceso en que los organismos que no están vinculados evolucionan por separado, de tal manera que con el tiempo se asemejan para adaptarse a ambientes parecidos o nichos ecológicos.

La apariencia del tilacino es casi como la de un dingo con bolsa marsupial. Al estudiar las bases de su evolución convergente, los investigadores observaron que no fueron los genes los que cambiaron el cráneo y la forma corporal sino las regiones que controlan ‘el encendido y apagado’ de los genes en diferentes etapas del crecimiento.

Semejanzas con el zorro rojo y el lobo gris

Al analizar las características del cráneo, como los ojos, la mandíbula y la forma del hocico se hallaron mayores semejanzas con el zorro rojo y el lobo gris. El hecho de que estos grupos no hayan compartido un ancestro común desde la era del jurásico da un impactante ejemplo de convergencia entre especies distantes.

El tilacino, un marsupial parecido a un tigre por las franjas que cruzaban su lomo, llegó a habitar antiguamente en Australia continental y en la isla de Nueva Guinea.

Sin embargo, cuando los europeos llegaron a Oceanía en el siglo XVIII, la población de este animal se concentraba en la isla de Tasmania, y su extinción se aceleró por una intensa campaña de caza entre 1830 y 1909, alentada por recompensas para acabar con este depredador que se comía al ganado.

Al ser el genoma más completo de un animal extinto, esto constituye técnicamente el primer paso para traer de vuelta al tilacino, aunque aún falte un largo camino por recorrer.

El estudio también permitirá ayudar a la preservación del demonio de Tasmania, que existe solamente en la isla del sur de Australia y cuyas especies están aquejadas por un cáncer facial que ha diezmado considerablemente a su población.

El tigre que nunca se fue

El último tigre de Tasmania conocido murió en el Zoológico de Hobart en 1936. La especie fue perseguida hasta la extinción deliberada por los agricultores indignados ante el número de ovejas muertas por esos animales carnívoros.

Sin embargo, en décadas posteriores se han reportado miles de avistamientos en Tasmania y de Australia continental. En 2005, la revista The Bulletin ofreció una recompensa de un millón de dólares por la captura de un tigre de Tasmania vivo.

Arañas en el frenesí del coito caníbal

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Un macho y una joven hembra (de mayor tamaño) de Latrodectus hasselti durante el coito
Un macho y una joven hembra (de mayor tamaño) de Latrodectus hasselti durante el coito

Los machos de araña de espalda roja, una especie venenosa cuyas hembras devoran al macho durante el coito, han desarrollado una estrategia de reproducción en la que se aparean con hembras inmaduras para evitar su fatal destino. Un estudio demuestra ahora que este comportamiento también beneficia a las hembras

Las hembras de araña de espalda roja (Latrodectus hasselti), de mayor tamaño que los machos, practican canibalismo sexual y durante el apareamiento devoran al macho. Pero estos han desarrollado una estrategia para salvarse: buscan a hembras inmaduras y poco experimentadas.

Hasta ahora los científicos no sabían si esta táctica suponía un coste para las jóvenes hembras y si los machos –que se esfuerzan poco en el cortejo con esta acción– en realidad ejercían algún tipo de chantaje o coerción en ellas. Según las observaciones, estas parecían mostrar poco interés en el intercambio porque se lesionaban con más frecuencia e incluso intentaban atacar a los machos como si se resistieran.

Sin embargo, un equipo de científicos, liderado por la Universidad de Toronto (Canadá), revela ahora que esta estrategia es también beneficiosa para las hembras. “No hay evidencias que sugieran que este comportamiento sea abusivo para las hembras en términos de supervivencia y rendimiento reproductivo”, señala Luciana Baruffaldi, investigadora en la universidad canadiense.

El trabajo, publicado en la revista Scientific Reports, muestra que las hembras jóvenes que se aparean de esta manera no tienen que buscar a otros compañeros en el futuro. “Esta reproducción temprana puede ser bueno para las hembras porque en la naturaleza corren el riesgo de no encontrar pareja”, subraya Baruffaldi.

La ‘aberrante’ estrategia que beneficia a la especie

El canibalismo se produce incluso mientras tiene lugar el apareamiento entre el macho y la hembra. De hecho, se ha constatado que los machos ayudan activamente a la hembra a ser devorados dando volteretas y colocando su abdomen sobre la boca de esta. Pero esta forma extrema de reproducción tiene sus ventajas.

“Cuando se estudia la ecología evolutiva, tendemos a atribuir las características o los juicios humanos al comportamiento animal que se observa”, dice Maydianne Andrade, coautora del trabajo y experta mundial sobre hábitos de apareamiento de las arañas caníbales.

Sin embargo, realmente lo que hay que pensar es cómo afecta al éxito reproductivo del animal que lo realiza. “Esa es la moneda de cambio evolutiva: lo que se está reproduciendo con el tiempo es la cantidad de copias de genes que quedan en la descendencia”, añade la científica. Esto permitirá que los hijos mantengan los rasgos de sus padres.

Chimpancés y humanos quieren ser espectadores del ‘ojo por ojo’

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Ejecución pública en el estado de Virgina (EE.UU.), en 1897
Ejecución pública en el estado de Virgina (EE.UU.), en 1897

Si alguien perjudica a otros, los humanos tendemos a querer que se le castigue para que no se vuelva a repetir su mala acción. Un equipo de científicos ha analizado los orígenes de esta motivación en unos experimentos con niños y con chimpancés y concluye que tanto los grandes simios como los niños a partir de los seis años quieren ver cómo el otro recibe el castigo.

Cuando una persona hace algún tipo de daño a otros, nace en los adultos la motivación de ver cómo se castiga a ese individuo para que no se vuelvan a producir situaciones de injusticia. Pero ¿qué sienten los niños y otras especies de primates ante estos casos?

Un equipo internacional, liderado por el Max Planck Institute for Human Cognitive and Brain Sciences, ha estudiado los orígenes filogenéticos de esta motivación que subyace a la acción de castigar al que ha obrado mal. Por ello, han realizado una serie de experimentos con niños de cuatro a seis años y chimpancés.

Los resultados, publicados en la revista Nature Human Behaviour, demuestran que tanto los chimpancés como los niños de seis años (pero no los menores de esa edad) escogen ver el castigo hacia el actor que ha actuado mal, incluso si esto supone un coste para ellos. Ambas especies compartimos mecanismos psicológicos similares destinados a buscar el castigo de aquellos que nos dañan.

“Las raíces filogenéticas de la motivación por la venganza parecen comunes entre chimpancés y humanos a partir de seis años, ya que ambos están dispuestos a correr costes para continuar viendo cómo se castiga a un actor que previamente les ha retirado un elemento valioso”, señala a Sinc Nereida Bueno-Guerra, coautora del estudio e investigadora ahora en la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid.

Según los científicos, el origen de los sistemas jurídicos, legales y morales se encuentra en una necesidad de castigo compartida entre ambas especies, que en algún momento de nuestra historia evolutiva se amplió para cubrir las situaciones en que son otros (y no solo nosotros) los afectados por un daño. “Esta ampliación tal vez se debe a los efectos de una larga historia de educación en valores empáticos y de cooperación”, recalca Bueno-Guerra, que era investigadora en la Universidad de Barcelona mientras se realizó el trabajo.

Sin embargo, a diferencia de los humanos, los chimpancés no comparten la motivación de ver aplicar los castigos cuando ellos no han sido los perjudicados. En este caso, “la motivación de las personas por el castigo merecido incluye las situaciones que sufren terceras personas, lo que lleva a establecer mecanismos sociales como tribunales o declaraciones universales de derechos humanos”, apunta la experta.

Experimentos en busca de venganza

Para llegar a estas conclusiones, el equipo de científicos realizó unos experimentos en los que el sujeto (niño o chimpancé) aprendía que existían un actor prosocial (que le daba juguetes o comida) y otro antisocial (que le quitaba juguetes o comida). En el caso de los niños, estos actores eran marionetas y en el caso de los chimpancés eran personas (experimentadores).

“Una vez que habían aprendido esto, veían como un tercer sujeto (otra marioneta/otro investigador) entraba en escena y comenzaba a pegar a cada uno de ellos por separado. En el momento de pegarle, en la condición “invisible” la acción podía desaparecer de la vista de los sujetos (en el caso de los niños, las marionetas desaparecían tras un telón tipo teatro, y en el caso de los chimpancés, los experimentadores se desplazaban hacia un sitio de la sala desde la cual el chimpancé no podía seguir viendo la acción) y en la condición “visible” el castigo continuaba sucediendo a la vista de los sujetos”, explica Bueno-Guerra.

Para comprobar si los niños y los chimpancés realmente querían seguir viendo el castigo en la situación “invisible” –aquella en la que la acción desaparecía de su vista–, los científicos les pidieron que depositaran unas monedas en una caja para seguir viéndolo o en otra para dejar el telón caído, sabiendo que en el primer caso las perderían. Los animales tuvieron que abrir una puerta muy pesada que les daba acceso a otra sala.

Así comprobaron que los niños de seis años y los grandes simios eligen seguir viendo el castigo hacia el actor antisocial. Los niños además mostraron una mezcla de expresiones faciales tanto de emociones positivas como negativas (sonreír y fruncir las cejas).

Los menores de seis años comprendían la situación pero tenían dificultades para tomar decisiones al enfrentarse a situaciones morales complejas, seguramente por el entorno o el desarrollo cerebral. Estos hallazgos brindan una nueva perspectiva sobre la evolución del castigo como una forma de hacer cumplir las normas sociales y garantizar la cooperación.

Drogas psicodélicas y estados alterados de conciencia

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Las personas, comúnmente, experimentan un estado alterado de conciencia cuando sueñan; o en el momento de transición entre el sueño y la vigilia; también cuando están bajo los efectos del alcohol o de drogas como la marihuana o el ácido lisérgico; o a través la meditación o de los denominados estados de posesión o auto hipnosis.
Las personas, comúnmente, experimentan un estado alterado de conciencia cuando sueñan; o en el momento de transición entre el sueño y la vigilia; también cuando están bajo los efectos del alcohol o de drogas como la marihuana o el ácido lisérgico; o a través la meditación o de los denominados estados de posesión o auto hipnosis

Popularmente se cree que las setas alucinógenas ‘abren puertas a la mente’ porque estimulan ciertas zonas del cerebro. Sin embargo, su efecto parece ser el contrario. Según un estudio reciente, los alucinógenos reducen la actividad de zonas centrales, lo que provoca un estado de cognición sin restricciones. Lo cierto es que los científicos apenas tienen datos sobre los mecanismos neuronales que provocan el estado psicodélico.

Son quince individuos sanos, vestidos con batas. Uno a uno, repiten el mismo experimento: se tumban en la camilla, entran en el escáner de imagen de resonancia magnética funcional y una vez dentro, reciben varias inyecciones. La primera lleva un placebo y la segunda es de psilocibina, el principio activo de diversos hongos alucinógenos.

Mientras los participantes ejecutan distintas pruebas y autoevalúan su estado físico y mental, sus cerebros son escaneados y se monitorizan sus flujos sanguíneos. Un nutrido grupo de científicos observa las pantallas, toma notas, analiza las imágenes.

Muchos esperarían un subidón en la actividad cerebral de los que han tomado setas. Pues bien, los científicos han comprobado justo lo contrario: una vez el sujeto asimila la droga se aprecia una disminución en el torrente sanguíneo de su cerebro, sobre todo en las zonas centrales, como el tálamo y la circunvolución del cíngulo anterior y posterior (ACC y PCC, por sus siglas en inglés). Varios estudios sugieren que el PCC se relaciona con la conciencia y la identidad personal.

“Los psicodélicos se consideran drogas que ‘expanden la mente’, por lo que se ha asumido que actuaban aumentando la actividad cerebral”, relata David Nutt, autor del estudio. “Sin embargo, nosotros hemos observado que la psilocibina reduce la actividad en las áreas que tienen conexiones más densas con otras zonas”.

El falso mito de la ‘expansión de la mente’

Según sus conclusiones, en estado sobrio las zonas centrales del cerebro mantienen la normalidad, evitando que corrientes paralelas de información perturben la conciencia. “Ahora sabemos que al desactivar estas zonas se llega a un estado en el que el mundo se percibe como extraño”, cuenta Nutt. Es decir, cuando la psilobicina reduce la acción de estas áreas, se entra en un estado con menos restricciones, en el que, como suelen decir los chamanes, se ‘abren puertas’ hasta ese momento cerradas.

El efecto de las setas alucinógenas es semejante al de un ‘viaje’ de LSD, y varía en función de la dosis ingerida, el contexto en el que se toma y las características de cada individuo. No obstante, hay experiencias que se repiten. Es frecuente ver patrones geométricos, tener sensaciones corporales extrañas y un estado alterado del espacio-tiempo. La intensidad de estas alteraciones está correlacionada con una reducción de la oxigenación y el flujo sanguíneo en ciertas partes del cerebro, por lo que se cree que son mecanismos vinculados con la transición del estado normal de conciencia al estado alterado.

Hay varios modelos para explicar las alucinaciones. “Casi todos asumen que los alucinógenos desequilibran la actividad de partes del cerebro relacionadas con el procesamiento de lo que vemos y oímos, y otras donde se interpreta e integra esa información”, explica Berra Yazar-Klosinkski, investigadora de la Asociación Multidisciplinar de Estudios Psicodélicos de EE UU (MAPS, por sus siglas en inglés).

“Podría insinuarse que el alucinógeno desmonta lo que el filósofo Ernst Cassirer llama ‘complicada trama de símbolos’ y muestra la naturaleza sin mediación alguna”, relataba el profesor y ensayista Antonio Escohotado en su texto Los alucinógenos y el mundo habitual. Pero los científicos no se conforman con describir efectos. Quieren desentrañar los mecanismos bioquímicos de la psicodelia.

Pocas pistas para seguir la ruta química

La psilocibina tiene una farmacología compleja. Estudios realizados con ratones y humanos indican que ejerce su acción psicodélica activando los receptores de la serotonina 5-HT2A. “Se han hecho estudios con psilocibina en humanos a los que se les habían ‘desactivado’ los receptores 5-HT2A, lo que paraba los efectos de los psicodélicos, incluyendo los cambios de percepción, de humor y de pensamiento”, asegura Yazar-Klosinkski.

“Aunque las respuestas farmacológicas están más o menos claras, sigue habiendo mucha controversia con los mecanismos neuronales responsables de las acciones psicodélicas de los alucinógenos”, apuntan Hyeong-Min Lee y Bryan L-Roth, investigadores de la Universidad de Carolina del Norte (EE UU), que comentan los recientes descubrimientos de David Rutt en PNAS.

Por ahora se sabe muy poco, en parte porque no es sencillo llevar a cabo experimentos con drogas ilegales. “Desafortunadamente, por motivos médicos, legales y sociales, los estudios bien controlados sobre las acciones de los alucinógenos en humanos han languidecido desde los 60”, relatan Hyeong-Min Lee y L- Roth.

Pero hay quienes reivindican la necesidad de indagar en este campo. Así lo expone la asociación científica MAPS. “Queremos terminar con el miedo y la irracionalidad que han rodeado las investigaciones con psicodélicos y marihuana”. Uno de sus objetivos es evaluar el uso terapéutico potencial de estas sustancias, pero además, muchos expertos advierten de un nuevo auge en su consumo y consideran necesario saber más sobre los efectos que pueden provocar.

Datos escurridizos

“El uso de plantas y hongos con intención recreativa se ha puesto de moda en los últimos años, y sus consecuencias pueden ser letales”, advierte Benjamin Climent, responsable de la Unidad de Toxicología del Hospital de Valencia.

Según el Informe de Usos de Sustancias Psicoactivas en España en el Lugar de Trabajo, el 6,2% de los hombres y el 2,5% de las mujeres de entre 16 y 65 años admite haber consumido alucinógenos alguna vez. En la encuesta ESTUDES se indica que la prevalencia del consumo anual (en el último año) de hongos alucinógenos entre los estudiantes españoles de 14 a 18 años fue del 1,6%.

Las cifras del verdadero consumo de estas drogas son escurridizas y no existen estudios en profundidad sobre el tema. Tampoco se sabe qué consecuencias tiene su uso a largo plazo. “No hay datos de consumidores crónicos de estas sustancias. No generan dependencia, pero un empleo puntual puede provocar una intoxicación grave incluso mortal”, advierte Climent.

La psilocina y la psilobicina se encuentran incluidas en la Lista I de la Convención de Sustancias Psicotrópicas de 1971 y “se consideran, por lo general, de baja peligrosidad”, según el informe de drogas emergentes. El propio David Nutt declaró, cuando era jefe del Consejo Asesor sobre Abuso de Drogas británico, que el éxtasis y el LSD eran menos peligrosos que el alcohol. Claro que esta declaración le costó el puesto.

Adelantar la psicosis

El hombre tiene una especie de instinto de exploración natural ligado a su deseo de conocer, de conocerse a sí mismo y de conocer el mundo --de la misma manera que parecería aberrante prohibir la exploración de nuevos continentes y nuevos planetas, prohibir la exploración de nuevas dimensiones y reinos mentales va en contra de nuestra naturaleza
El hombre tiene una especie de instinto de exploración natural ligado a su deseo de conocer, de conocerse a sí mismo y de conocer el mundo –de la misma manera que parecería aberrante prohibir la exploración de nuevos continentes y nuevos planetas, prohibir la exploración de nuevas dimensiones y reinos mentales va en contra de nuestra naturaleza

“Las psilocibina, hasta ahora, no está asociada con ningún daño cerebral, ni en humanos ni en ratas”, afirma Yazar-Klosinkski. Sin embargo, los profesionales médicos alertan del riesgo que acarrea la ingesta de setas. “En los servicios de urgencias nos encontramos con intoxicaciones mortales desencadenadas por estas sustancias”, describe Climent.

La mayoría de los que acaban en urgencias tras una ingesta de setas llegan con problemas cardiovasculares (hipertensión, taquicardias, arritmias…), o neurológicos y psiquiátricos. “Es muy típico encontrarte pacientes con ataques de pánico, cuadros de agitación psicomotriz o alucinaciones típicas de un brote psicótico desencadenado por estas sustancias”, relata el doctor.

“El principal riesgo de tomar drogas psicodélicas es que puede adelantar la aparición de una enfermedad psicótica a la que se tuviera una predisposición congénita”, asegura Climent. “Además, si un enfermo ya diagnosticado consume este tipo de productos, tendrá brotes de la enfermedad”.

Poca percepción de riesgo

Otro peligro son las posibles interacciones con otras drogas o medicamentos. “Las reacciones inesperadas que pueden provocarse al mezclar varias drogas es la primera causa de problemas con los psicodélicos”, explica Yazar-Klosinkski. Sin embargo, la percepción del riesgo asociado a estas sustancias es baja. “Muchas se han utilizado con fines mágicos, religiosos y médicos por culturas primitivas, y la cultura occidental las ha ido incorporando como sustancias recreativas, pero mantienen la aureola de espiritualidad, rito o curación”, explica Benjamín Climent.

“Ese halo hace que no se consideren tan peligrosas como los productos químicos artificiales y las drogas ilegales clásicas. Esto es erróneo, porque su toxicidad es impredecible, incluso mortal”, prosigue.

De nuevo, de qué dependen estas intoxicaciones es un misterio. La potencia alucinógena varía dependiendo de la especie, del tipo de cultivo, la forma de preparación y otras variables. Y la respuesta del cerebro ante ellas es aun más impredecible, al menos por ahora.

Una pócima para rogar al Sol

Hay entre 70 y 100 especies conocidas de setas que contienen alcaloides psicotrópicos activos. La mayoría de ellas pertenecen a la familia de los psilocybes (las más comunes son la mexicana y la cubensis) o a la de los agáricos (en la que se incluyen la Amanita muscaria y la panterina).

Los psilocybes se usaban tradicionalmente en algunas culturas precolombinas mesoamericanas. Se denominaban Teonanacatil y se consumían mezcladas, tras un largo y lento proceso de preparación, con otras sustancias como miel o chocolate. Esta pócima formaba parte del ritual diario de rezo al Sol, para que volviera a salir al día siguiente.

Los ejemplares pueden encontrarse en bosques de coníferas del hemisferio norte y en prados de altura. El consumo ha salido fuera de sus fronteras tradicionales, lo que provoca un conflicto entre la defensa de libertad religiosa y la restricción de oferta de sustancias peligrosas para la salud.

Su consumo como alucinógenos es en crudo, tras su desecación o incluso preparado como infusión o comida. El porcentaje de ingredientes activos en el producto desecado es 10 veces mayor que cuando está fresco. Los efectos suelen aparecer a los 30 minutos de la ingesta y y duran, aproximadamente, de cuatro a seis horas.

Son fáciles de confundir, en su recolección silvestre, con otras especies parecidas de toxicidad grave o mortal, de hecho la mayoría de casos de intoxicaciones graves por setas se deben a una ingesta de una especie que, equivocadamente, se pensaba comestible.

Virtudes y miserias en el espejo canino

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El reino animal suele percibir y reflejar las buenas y malas vibraciones del ·rey de la creación"
El reino animal suele percibir y reflejar las buenas y malas vibraciones del “rey de la creación”

Un estudio con 132 personas y sus mascotas revela que el estrés, la ansiedad o un carácter relajado y apacible del humano se reflejan en la fisiología y el comportamiento del animal.

Así al menos se desprende de un trabajo de investigadores del Departamento de Biología de la Conducta de la U. de Viena y que concluye que las personas y sus perros comparten la forma de enfrentar situaciones nuevas o estresantes y que los canes pueden adoptar conductas de sus dueños.

Beatriz Bruzzone lo percibe con Carlota, su perra pastor alemán de 7 años.

Aficionada al trekking , Beatriz la califica como “mi partner ” de recorridos. Ambas suelen subir al cerro Manquehuito durante la semana. Beatriz lo hace como entrenamiento más que como paseo. Y Carlota sintoniza con ella. “No pesca a ningún perro en el camino. Va focalizada, igual que yo, y aunque va y viene libremente mientras subimos, está pendiente de dónde estoy. Si paro, ella para, o si alguien se acerca mucho, ella se interpone entre la persona y yo, pero en calma”.

Los investigadores austríacos estudiaron a 132 duplas de dueños con su perro. Para evaluar la personalidad de ambos y las actitudes sociales del humano hacia otras personas y hacia la mascota, los dueños debieron contestar tres tests de personalidad humana y canina, y otros dos sobre su relación con animales de compañía y su estilo de interacción cotidiana con su perro.

Luego los enfrentaron y los pusieron en distintos escenarios, como jugar, vivir una situación amenazante, realizar una tarea complicada o separarse y reunirse después de un rato.

En todas estas ocasiones midieron su ritmo cardíaco y niveles de cortisol, una hormona cuya concentración varía en función del nivel de estrés de un individuo.

Así detectaron que los perros de personas con inestabilidad emocional o neuroticismo, caracterizadas por baja tolerancia al estrés, ansiedad y poca sociabilidad, mostraban niveles de cortisol que reflejaban un alto estrés.

En cambio, los niveles de cortisol de los canes de personas afables, sociables y comprensivas reflejaban bajos niveles de estrés en su actuar, indicando una mejor forma de autorregulación, al igual que sus dueños. Gustavo Estrada, psicólogo clínico y adiestrador canino, lo ve cotidianamente.

“Por lo general, personas ansiosas, muy aprehensivas o que salen a la calle con temor, tienen perros que se sobresaltan fácilmente o son temerosos. Y dueños más agresivos o enérgicos gatillan en sus perros respuestas marcadas de dominancia”. En tanto, añade, “dueños que son tranquilos o relajados, que pasean a sus perros con correas holgadas pero con una conducción segura, le transmiten al perro ir sin tensión y tener respuestas mucho más calmadas”.

El psicólogo Andrés Vera, adiestrador y experto en conducta canina de Psicocan Chile, agrega que “en todos los casos que he atendido los dueños terminan concluyendo que ellos tienen la culpa del problema de conducta o trastornos de su perro. A veces porque no conocen la raza o por una forma inadecuada de comportarse con el perro”. Por eso, agrega, es más fácil trabajar con el dueño y su perro que con el perro solo.

“Al generar un cambio de disposición o actitud en el humano, se modifica casi de inmediato la conducta del perro, porque estos tienen una enorme plasticidad y nivel de adaptación”, concluye.

Estudios anteriores han mostrado que entre perros y humanos se produce apoyo social y emocional, que los perros reconocen e integran información sobre el estado anímico de sus dueños y que ajustan su conducta en función de dichas emociones.