josep pla

Pla, o la insatisfacción perenne

Posted on

Josep Pla, inmortalizado por John Langdon-Davies
Josep Pla llevaba una vida de adolescente alcoholizado, pensando que debía dejar de beber, diciendo que debía luchar contra eso, pero acabando cediendo de manera fatal e inevitable

El volumen «La vida lenta», que incluye los textos de tres dietarios inéditos de Josep Pla, de los años 1956, 1957 y 1964, ofrece un «autorretrato moral» del autor catalán, de quien se descubre su forma de vida, sus sentimientos de tristeza e insatisfacción o su alcoholismo.

Publicados en castellano y catalán por Destino, el artífice de la edición y el prólogo, el profesor Xavier Pla, explica que no se trata del mejor libro para conocer al escritor ampurdanés, porque son materiales sin «ambición literaria», aunque sí permiten seguir su día a día, desde a qué hora se levantaba -generalmente muy tarde- hasta lo que comía o con quien se entrevistaba y cenaba.

A su juicio, lo más «fascinante» es que la suma y la acumulación de notas banales constituye su «autorretrato moral» y permite «acceder al taller del escritor». «Pla -señala el prologuista- se pone ante el espejo y no se gusta nada, con una vida horrorosa, que quizá se autoimpone».

En este punto, reconoce que las notas ponen en evidencia la distancia que había entre el Pla público, un hombre irónico, hedonista, materialista de la vida, que decía disfrutar de la comida, y el que habitaba en la casa familiar, con -4 grados de temperatura en invierno en la cocina, mal dormido y mal comido.

Preguntado sobre por qué se opta por la publicación de estos diarios, comenta que hace un tiempo sus herederos ofrecieron los textos a la editorial (los dietarios de 1956 y 1964 son completos, mientras que el de 1957 contiene solo dos meses) y tras transcribirlos se consideró que tenía valor ponerlos en conocimiento de los lectores, que a día de hoy siguen demandando la obra del narrador.

Josep Pla, que en las primeras notas está a punto de cumplir 59 años, muestra a lo largo de las páginas sensaciones de «tristeza, depresión, insatisfacción y desánimo». «Es un escritor amarrado a la escritura, mientras la vida pasa por delante de las ventanas del Mas Pla», apunta el encargado de la edición.

Una vida, según el editor Jordi Cornudella, que se constata «lenta y aburrida, excepto cuando va de viaje».

Para Xavier Pla, «llevaba una vida de adolescente alcoholizado, pensando que debía dejar de beber, diciendo que debía luchar contra eso, pero acabando cediendo de manera fatal e inevitable».

La escritura de esas notas, de madrugada, porque padecía de insomnio, durmiendo muchos días a partir de las ocho de la mañana y hasta las cuatro de la tarde, era «como una especie de catarsis cotidiana», en un momento de «soledad moral por la insatisfacción que tiene ante su literatura, nada contento con lo que ha escrito, ni con las críticas que recibe».

Por otra parte, en el dietario de 1964 se ve cómo reemprende la iniciativa de dar forma literaria a sus dietarios de juventud, de los años 1918 y 1919, que desembocarán en su obra más conocida, «El Quadern Gris», del que gracias a estas notas se sabe que acaba en octubre de ese año.

Asimismo, gracias a «La vida lenta», el lector sabrá que el día 15 de mayo de 1956 escribía sobre el «asco físico» que le provocaba Franco o que en enero de ese mismo año creía que «la censura está insoportable. Me encuentro en un momento de depresión irreparable. Quizá sería hora de tomar una decisión y marchar. Este país es asfixiante».

En cambio, las notas que escribe sobre un viaje a Italia y Grecia en 1956 transmiten felicidad.

En el año 1964 alude a una mujer importante en su vida, Aurora, residente en Argentina en ese momento, y de quien asegura que habría podido ser «un paraíso para el final de la vida, que habrá sido tan poco paradisíaca».

Ese mismo año, el día 1 de abril, coincidiendo con la conmemoración de los 25 años del final de la guerra civil, anota: «25 años de paz -es decir, de miseria, de policía y de indignidad».

Se trata, como resalta Xavier Pla, de una persona que en este período, a diferencia de otros de su vida, vive en un «ambiente de catalanidad absoluta y antifranquista».

Del libro, destaca, asimismo, la fotografía inédita de la portada, de John Langdon-Davies, con el escritor a la puerta de su casa, en Llofriu, camisa y zapatillas blancas, boina y un eterno cigarrillo entre las manos.