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Roa Bastos, el Supremo

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Augusto Roa Bastos, el paraguayo autor de Yo el Supremo (1974), la novela del poder omnímodo y brutal que ha sido la parábola de todos los excesos dictatoriales de Hispanoamérica que a tantos y tantos condenó al silencio o al exilio
Augusto Roa Bastos, el paraguayo autor de Yo el Supremo (1974), la novela del poder omnímodo y brutal que ha sido la parábola de todos los excesos dictatoriales de Hispanoamérica que a tantos y tantos condenó al silencio o al exilio

Uno de lo grandes escritores del ‘boom iberoamericano’, pese a que él no quisiese encuadrarse dentro, fue, sin duda, Augusto Roa Bastos. Centrado en los problemas de Paraguay, la recuperación de la historia y el bilingüísmo, el paraguayo destacó por los detalles en una vida ligada a la literatura.

Roa Bastos nació en Asunción, pero pronto su familia se trasladó a Iturbe. El gusto por la lectura se lo trasmitió su madre, quien le recitaba desde Shakespeare hasta la Biblia. Para completar su formación, sus padres decidieron mandarle de vuelta a la capital y fue allí, con el impulso de su tío, donde comenzó a devorar libros de historia y filosofía, configurándose como escritor.

Joven y despreocupado, se fugó de casa para alistarse en el frente paraguayo de la Guerra del Chaco (1932-1935). En este desempeñó tareas de enfermero y aguatero de las tropas, siendo unos años que supondrían un antes y un después en su vida. Se convirtieron también en el eje de su carrera literaria.

Tras diversos oficios, encontró en el periodismo su trabajo soñado. Ejerció como cronista en ‘El País’ y, más tarde, para ‘BBC’, siendo su primer locutor paraguayo. En plena II Guerra Mundial, consiguió entrevistar a Charles de Gaulle, general de la resistencia francesa, y presenció los juicios de Núremberg.

Tras un intento de golpe de Estado en 1947, la situación política de Paraguay se recrudeció. Roa Bastos fue perseguido y acusado de comunista. Pasó tres meses escondido en la embajada de Brasil hasta que pudo cruzar a Argentina. Allí pasaría más de 30 años de exilio. En 1982, en un breve intento de regresar, fue expulsado de nuevo.

Mientras Paraguay prohibía su literatura, censurándola y tachándola de falsear la realidad, el mundo entero le rendía homenaje. La Sociedad Argentina de Escritores, el premio de los Derechos Humanos, el galardón de la Fundación Pablo Iglesias… pero el reconocimiento más importante de todos fue la concesión del Premio Cervantes en 1989.

Después de más de 50 años de exilio, volvió a instalarse en Asunción en 1996, con la caída de la dictadura de Stroessner. Desde entonces y hasta sus últimos días, escribiría una columna de opinión en el diario Noticias. En 2005 sufrió un accidente doméstico por el que fue trasladado al hospital con un traumatismo craneoencefálico, pero murió cuatro días después. Fue enterrado con honores de jefe de Estado.

Roa Bastos comenzó su carrera literaria muy joven y junto a su madre. Ambos escribieron una obra de teatro cuando el autor contaba con 13 años. Dos años más tarde realizó su primer relato, ‘Lucha hasta el alba’, que no seria publicado hasta 1979.

‘El ruiseñor de la Aurora’ (1944) es uno de los poemarios paraguayos más importantes. Mezclando guaraní y castellano, ambas lenguas oficiales del país, resultó un revulsivo para la poesía iberoamericana de la época. El bilingüismo se convertiría en una de las características más reseñables de Roa Bastos, lo que le acarrearía críticas por parte de las élites sociales.

‘Hijo de hombre’ (1960), un recorrido por la historia reciente de Paraguay, le coloca en el panorama internacional. Tras seis años de silencio, publica la que se considera su obra maestra: ‘Yo el Supremo’. Tomando como protagonista al dictador José Gaspar Rodríguez de Francia, que gobernó Paraguay desde 1811 hasta 1840, el libro muestra las penalidades del país: racismo, extorsión, persecución y muerte.

Su prosa está bañada de neologismos, deformaciones del lenguaje y juegos léxicos. Entre castellano y guaraní, las costumbres, historias personales y preocupaciones de la población paraguaya se mezclan para hablar de una realidad cruda, sin ficcionar, convirtiendo a Roa Bastos en uno de los escritores que merece la pena leer al menos una vez en la vida.

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Cinco muecas de excelencia en castellano

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Isabel Allende piensa que "la literatura ha cambiado, ya nadie escribe esos libros barrocos, llenos de adjetivos, con frases eternas. La literatura es mucho más urbana, menos politizada, está influida por el cine, por la tecnología, por las drogas y por este mundo globalizado en que vivimos. Pero hay gente que está escribiendo muy bien"
Isabel Allende piensa que “la literatura ha cambiado, ya nadie escribe esos libros barrocos, llenos de adjetivos, con frases eternas. La literatura es mucho más urbana, menos politizada, está influida por el cine, por la tecnología, por las drogas y por este mundo globalizado en que vivimos. Pero hay gente que está escribiendo muy bien”

Pueblos ligados a una larga estirpe familiar, vidas cruzadas a ambos lados del Atlántico, crecer bajo el yugo de la disciplina, espíritus que hablan del pasado y del futuro o el choque entre la realidad y los recuerdos son algunas de las temáticas de las novelas insignes de la literatura iberoamericana, clásicos que trascenderán durante siglos.

No se puede hablar de novela en lengua castellana sin mencionar a alguno de los mejores narradores de todos los tiempos, como son el colombiano Gabriel García Márquez, el argentino Julio Cortázar, el peruano Mario Vargas LLosa, la chilena Isabel Allende o el mexicano Juan Rulfo.

Cien años de soledad

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Así, de forma magistral, comienza la historia de los Buendía, una estirpe eterna, todos con los mismos nombres, vinculados a un territorio único, Macondo, escenario mítico salido de la pluma del colombiano Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez.

Macondo es uno de los lugares más visitados del mundo, a pesar de no existir. Esta tierra de guerras infinitas, que tiene lejos el mar y en donde llueve sangre, es el escenario de ‘Cien años de soledad’, la obra más característica del realismo mágico iberoamericano.

En Macondo las mujeres más bellas ascienden a los cielos, mariposas sobrevuelan las cabezas de la gente, jóvenes dolidas comen cal de las paredes y una caravana de gitanos regresa siempre para descubrir el hielo, los imanes o la misma vida a unos personajes redondos, a los que amar, admirar u odiar.

Leer ‘Cien años de soledad’ es conocer Colombia y, mientras, a uno mismo. Es esta una de esas obras que explican la más cruda de las realidades a través de la más loca de las fantasías.

Rayuela

“¿Encontraría a la Maga?”. Así comienza ‘Rayuela’, la obra insigne del escritor argentino Julio Cortázar, una novela que alcanza una complejidad tal que existen diversas maneras de leerla, algunas de ellas recogidas por el propio Cortazar al inicio del libro.

Si bien cualquier intento de resumir ‘Rayuela’ sería absolutamente infructuoso, podemos apuntar que esta ‘antinovela’ está contada en dos partes, divididas por el espacio, que no por el tiempo.

En primer lugar, Cortázar narra la historia de su protagonista, Horacio Quiroga, “del lado de allá”, en París. La segunda parte de la novela acontece, sin embargo, “del lado de acá”, en Argentina. Por su excepcionalidad y la necesaria implicación del lector, que se convierte en un sujeto más de la novela, esta es una obra imprescindible de la literatura universal.

La ciudad y los perros

“-Cuatro -dijo el Jaguar”. Es el Jaguar uno de los personajes principales de la aclamada obra ‘La ciudad y los perros’ del Premio Nobel de Literatura peruano Mario Vargas Llosa.

En esta novela, en la que se puede ver lo peor de la condición humana, Vargas Llosa narra el desarrollo de unos jóvenes en un colegio militar, donde son sometidos a una férrea disciplina, a actos violentos y a humillaciones, episodios que moldean de forma definitiva su carácter.

Una novela crítica con la vida militar y la disciplina castrense en la que la alienación lleva la batuta de la historia. Tras esta dura realidad, un halo de esperanza: algunos cadetes siguen adelante y es esta dura situación la que les obliga a sacar la fortaleza que solo algunos llevan dentro.

La casa de los espíritus

“Barrabás llegó a la familia por vía marítima, anotó la niña Clara con su delicada caligrafía”. Clara seguirá apuntando en sus ‘libros de escribir la vida’ todo lo que acontece a la familia Trueba-Del Valle, en la que, al contrario que en el caso de los Buendías, los nombres no pueden repetirse porque crean confusión en la narración, según narra su escritora, una de las novelistas más leídas del mundo, la chilena Isabel Allende.

La realidad y la magia se entremezclan en una obra con personajes redondos, algunos más oníricos que otros, que se ven involucrados en uno de los episodios más cruentos de la historia chilena, el golpe de estado de Augusto Pinochet.

Clara, Blanca y Alba; abuela, madre e hija, son las protagonistas de una historia magnífica, en la que se suceden las maldiciones y donde los espíritus campan a sus anchas, creando incluso la estructura de una casa según sus necesidades. Un relato profundamente humano y esperanzador que es, en su esencia, la historia de todas las familias del mundo.

Pedro Páramo

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”. Así comienza la historia de Juan Preciado, el protagonista hijo de Pedro Páramo, pero que lleva el apellido de su madre, Dolores Preciado, quien le pide en su lecho de muerte que vaya a buscar a su padre y a recuperar lo que le pertenece. Comala nace de la pluma del gran autor mexicano Juan Rulfo.

Cantaba Sabina que “en Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Y así fue. Lejos del Edén de juventud que le relataba su madre, Juan descubre un pueblo lleno de muerte, en el que el pasado, el presente y el futuro se solapan, donde encontrará un padre cruel, todo ello enmarcado en la Revolución Mexicana.

La complejidad de ‘Pedro Páramo’ se deriva de que no cuenta con una línea temporal, sino una construcción confusa que permite su lectura de varias formas. Una novela profunda que acerca al lector a la ‘vida’ tras la muerte.

La piel que sueña en la obra de Juan Rulfo

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Rulfo marcó la historia de las letras latinoamericanas con su Pedro Páramo. Pionero de una manera de narrar, pilar de lo que luego construiría la narrativa macondiana de García Márquez, su obra está llena de paisajes y de poesía
Rulfo marcó la historia de las letras latinoamericanas con su Pedro Páramo. Pionero de una manera de narrar, pilar de lo que luego construiría la narrativa macondiana de García Márquez, su obra está llena de paisajes y de poesía

-¿Ya murió? ¿Y de qué? -No supe de qué. Tal vez de tristeza, Suspiraba mucho. -Eso es malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace”, reza ‘Pedro Páramo’, la obra insignia del autor mexicano Juan Rulfo, uno de los mejores representantes del realismo mágico iberoamericano.

Rulfo falleció a los 68 años, tras haber publicado dos novelas y varios cuentos, que lo han posicionado en la cima de la literatura universal. Rulfo nació en Jalisco (México) el 16 de mayo de 1917 y a partir de los 12 años se vio obligado a vivir en un orfanato, tras quedarse huérfano.

Su carrera como escritor comenzó en 1930, participando en la revista ‘América’ e iniciando sus primeros trabajos literarios. La primera publicación de una de sus obras llegó en 1945, con la inclusión de los cuentos ‘La vida no es muy seria en sus cosas’ en la revista ‘Pan’, de Guadalajara (México).

Durante su madurez continuó escribiendo diferentes cuentos, los mas reconocidos recogidos en la obra ‘El llano en llamas’, publicada en 1950. Pero su obra más laureada no fue propia de la cuentística, sino la primera de sus dos novelas: ‘Pedro Páramo’.

“Álvaro Mutis (escritor colombiano) subió a mi casa con un paquete de libros, separó del montón el más pequeño, y me dijo muerto de risa: ‘¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda!’ Era ‘Pedro Páramo’. Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Nunca, desde la noche tremenda en que leí la Metamorfosis de Kafka, había sufrido una conmoción semejante”, afirmó el escritor colombiano Gabriel García Márquez, tras la lectura de ‘Pedro Páramo’, considerada la mejor obra de Juan Rulfo.

En esta novela Rulfo rompe deliberadamente con las líneas temporales de ‘Comala’, un pueblo mexicano que a pesar de existir, reviste de características fantásticas, propias del realismo mágico.

La novela está dividida en dos partes –aunque los capítulos de cada una se entremezclan entre sí– en las que se narra la historia de Juan Preciado y Pedro Páramo, padre del primero y cacique de Comala. En ambas se enlazan de forma majestuosa vida y muerte, odio y amor y, sobre todo, realidad y fantasía.

La obra se inicia con la muerte de la madre de Juan Preciado, quien le obliga a su hijo a prometerle que regresará a Comala a reclamarle a su padre lo que les pertenece. Al llegar al pueblo, Juan descubre una tierra inhóspita, muy lejos del paraíso terrenal que su madre le había dibujado durante su niñez. Por otro lado, esta historia se entremezcla con la de la juventud de Pedro Páramo, con inmensos saltos temporales durante la vida de este y diferentes situaciones entre personajes inverosímiles, algunos de ellos incluso fallecidos.

Tras la publicación de ‘Pedro Páramo’, Juan Rulfo escribió su segunda novela, ‘El gallo de oro’, aunque no llegó a alanzar la trascendencia de la primera, una de las obras de la literatura iberoamericana más valorada de la historia.

El autor mexicano falleció el 7 de enero de 1986, a los 68 años en Ciudad de México, tras haberse convertido en uno de los referentes del llamado ‘boom’ de la literatura iberoamericana y máximo exponente del peculiar realismo mágico.