literatura catalana

La renacentista en el fulgor republicano

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Martínez Sagi (en el centro) durante una entrevista a dos peluqueras, en el año 1933
Martínez Sagi (en el centro) durante una entrevista a dos peluqueras, en el año 1933. Especializada en el lanzamiento de jabalina y en atletismo, Sagi practicó múltiples disciplinas deportivas, como el tenis, el remo y el esquí, y fue la primera mujer en dirigir el Fútbol Club Barcelona (FCB), equipo del que su padre había sido tesorero y en el que jugó su hermano, Armando. Martínez Sagi entró, con 27 años, a formar parte de la directiva del club azulgrana aprovechando el momento histórico excepcional de la Segunda República

El escritor Juan Manuel de Prada vuelve a reivindicar la figura de Ana María Martínez Sagi con la publicación de la antología ‘La voz sola’ (Fundación Santander), un primer volumen que recopila parte de la obra inédita, la mayoría poesía pero también artículos, que Sagi confió a Prada para que fuera publicada años después de su muerte.

Un poemario inédito en que Sagi rememora las vacaciones en Mallorca con Elisabteh Mudler, su gran amor prohibido, y el deseo que su obra fuera leída por nuevas generaciones, son los dos motivos que han llevado a Prada a postergar la publicación del material hasta el día de hoy.

Escritora, periodista y deportista, su persona desapareció de la memoria colectiva, como tantos otros nombres protagonistas de los años treinta que fueron borrados tras la guerra civil.

Según el autor, al regresar del exilio en 1977, Sagi trató de publicar su obra sin ningún éxito, un hecho que la llevó a apartarse del mundo literario y a «encerrarse en vida» en Moià (Barcelona), donde la conoció Prada cuando ya era nonagenaria.

Fascinado por la historia de una mujer «tan insólitamente moderna», Prada publicó un primer libro ‘Las esquinas del aire: en busca de Ana María Martínez Sagi’, que finalizó el mismo día de la muerte de la escritora. En contra de lo que pueda parecer, Las esquinas del aire no es una biografía. En él, el autor mezcla realidad y ficción, personajes auténticos e inventados. Se sirve de un aspirante a escritor que persigue la sombra de Sagi para escribir sobre ella. Además de examinar la personalidad de Martínez Sagi, De Prada se adentra en una época, la de la República, «en la que parecía que el mundo era un recién nacido». En buena parte, ahí radica, según el escritor, «la verdad de Ana María Martínez Sagi». «Ella soñó con una utopía en la que la mujer desempeñase un papel más activo en la sociedad y soñó con un amor con otra mujer, la escritora Elisabeth Mulder, pero tropezó con la dura realidad, con una familia y con una historia que se empeñaron en derrotar su sueño».

Martínez Sagi nació en el seno de una familia de la alta burguesía barcelonesa que la forzó a apartarse de Mulder, una mujer que, al decir del autor, «cambió la vida de Ana María y que, indudablemente, signó su vida con el marchamo de la tragedia porque toda ella carecía de sentido sin Elisabeth Mulder». No obstante, la familia no pudo impedir que Sagi abandonara el hogar poco antes de empezar la guerra civil.

A Mulder le dedicó El encuentro: «Me encontré frente a ti. Me miraste. / Pude yo aún balbucir una frase banal. / Fue tu sonrisa lívida… Más tarde te alejaste. / Después nada… La vida… Todo ha seguido igual». Sería su musa recurrente -y maestra literaria- en Inquietud, su siguiente obra, y en Amor perdido, y, una vez más, en el libro inédito La voz sola, que es el que hoy nos ocupa. «Todos esos poemas son constantes referencias a unas vacaciones que ambas autoras pasaron juntas en Alcudia (Mallorca) durante la Pascua de 1932 y que tal vez fueron la culminación de su problemático e intenso idilio, también el embrión o detonante de una posterior ruptura».

En los años de la República, colaboró en diversos periódicos, publicó libros de poesía, formó parte de la junta directiva del Fútbol Club Barcelona y fue campeona nacional de lanzamiento de jabalina. Durante la guerra se enroló en la Columna Durruti como periodista y, al terminar ésta, marchó al exilio a Francia, del que no regresó hasta la muerte de Franco.

La nueva antología, ‘La voz sola’, recoge gran parte de su material poético y casi noventa artículos en catalán y en castellano, escritos entre 1929 y 1937 y publicados en diarios como La Rambla, Crónica, Deportes, así como el Suplemento femenino de Las Noticias, La Libertad y la Noche.

El volumen también incluye las crónicas escritas entre 1936 y 1937 desde el frente de Aragón –Sagi acompañó y documentó la lucha de los anarquistas–, y publicadas en el Nuevo Aragón durante la Guerra Civil.

Además del material inédito, ‘La voz sola’ reúne los tres libros de la autora publicados en vida –‘Camino’, ‘Inquietud’ y ‘Laberinto de presencias’–, y el volumen pretende ayudar a recuperar la «figura apasionante» de Sagi.

Prada ha avanzado la intención de publicar otros varios textos inéditos de la autora, además de unas viñetas autobiográficas configuradas como estampas de su vida: «De alguna manera me depositó la confianza de su memoria, y para mí es un deber moral».

Además de su prolífica tarea poética y periodística –el éxito cosechado con su primer libro, ‘Caminos’, llevó a que la llamaran la heredera de Rosalía de Castro–, Sagi fue una deportista consagrada y una de las pioneras del feminismo, fundadora del Front Únic Femení Esquerrista y del Club d’Esports Femení.

Artículos como ‘Mujer y cultura’ –recopilado en la antología–, muestran una Sagi feminista que aboga por los derechos de la mujer, aunque su feminismo cree poco en la sororidad, ha señalado Prada.

Pla, o la insatisfacción perenne

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Josep Pla, inmortalizado por John Langdon-Davies
Josep Pla llevaba una vida de adolescente alcoholizado, pensando que debía dejar de beber, diciendo que debía luchar contra eso, pero acabando cediendo de manera fatal e inevitable

El volumen «La vida lenta», que incluye los textos de tres dietarios inéditos de Josep Pla, de los años 1956, 1957 y 1964, ofrece un «autorretrato moral» del autor catalán, de quien se descubre su forma de vida, sus sentimientos de tristeza e insatisfacción o su alcoholismo.

Publicados en castellano y catalán por Destino, el artífice de la edición y el prólogo, el profesor Xavier Pla, explica que no se trata del mejor libro para conocer al escritor ampurdanés, porque son materiales sin «ambición literaria», aunque sí permiten seguir su día a día, desde a qué hora se levantaba -generalmente muy tarde- hasta lo que comía o con quien se entrevistaba y cenaba.

A su juicio, lo más «fascinante» es que la suma y la acumulación de notas banales constituye su «autorretrato moral» y permite «acceder al taller del escritor». «Pla -señala el prologuista- se pone ante el espejo y no se gusta nada, con una vida horrorosa, que quizá se autoimpone».

En este punto, reconoce que las notas ponen en evidencia la distancia que había entre el Pla público, un hombre irónico, hedonista, materialista de la vida, que decía disfrutar de la comida, y el que habitaba en la casa familiar, con -4 grados de temperatura en invierno en la cocina, mal dormido y mal comido.

Preguntado sobre por qué se opta por la publicación de estos diarios, comenta que hace un tiempo sus herederos ofrecieron los textos a la editorial (los dietarios de 1956 y 1964 son completos, mientras que el de 1957 contiene solo dos meses) y tras transcribirlos se consideró que tenía valor ponerlos en conocimiento de los lectores, que a día de hoy siguen demandando la obra del narrador.

Josep Pla, que en las primeras notas está a punto de cumplir 59 años, muestra a lo largo de las páginas sensaciones de «tristeza, depresión, insatisfacción y desánimo». «Es un escritor amarrado a la escritura, mientras la vida pasa por delante de las ventanas del Mas Pla», apunta el encargado de la edición.

Una vida, según el editor Jordi Cornudella, que se constata «lenta y aburrida, excepto cuando va de viaje».

Para Xavier Pla, «llevaba una vida de adolescente alcoholizado, pensando que debía dejar de beber, diciendo que debía luchar contra eso, pero acabando cediendo de manera fatal e inevitable».

La escritura de esas notas, de madrugada, porque padecía de insomnio, durmiendo muchos días a partir de las ocho de la mañana y hasta las cuatro de la tarde, era «como una especie de catarsis cotidiana», en un momento de «soledad moral por la insatisfacción que tiene ante su literatura, nada contento con lo que ha escrito, ni con las críticas que recibe».

Por otra parte, en el dietario de 1964 se ve cómo reemprende la iniciativa de dar forma literaria a sus dietarios de juventud, de los años 1918 y 1919, que desembocarán en su obra más conocida, «El Quadern Gris», del que gracias a estas notas se sabe que acaba en octubre de ese año.

Asimismo, gracias a «La vida lenta», el lector sabrá que el día 15 de mayo de 1956 escribía sobre el «asco físico» que le provocaba Franco o que en enero de ese mismo año creía que «la censura está insoportable. Me encuentro en un momento de depresión irreparable. Quizá sería hora de tomar una decisión y marchar. Este país es asfixiante».

En cambio, las notas que escribe sobre un viaje a Italia y Grecia en 1956 transmiten felicidad.

En el año 1964 alude a una mujer importante en su vida, Aurora, residente en Argentina en ese momento, y de quien asegura que habría podido ser «un paraíso para el final de la vida, que habrá sido tan poco paradisíaca».

Ese mismo año, el día 1 de abril, coincidiendo con la conmemoración de los 25 años del final de la guerra civil, anota: «25 años de paz -es decir, de miseria, de policía y de indignidad».

Se trata, como resalta Xavier Pla, de una persona que en este período, a diferencia de otros de su vida, vive en un «ambiente de catalanidad absoluta y antifranquista».

Del libro, destaca, asimismo, la fotografía inédita de la portada, de John Langdon-Davies, con el escritor a la puerta de su casa, en Llofriu, camisa y zapatillas blancas, boina y un eterno cigarrillo entre las manos.