literatura española

El perdedor asido a una birra

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Salem sitúa a su protagonista en una vorágine de envolvente irracionalidad, bañada en espuma de cerveza
Salem sitúa a su protagonista en una vorágine de envolvente irracionalidad, bañada en espuma de cerveza

A pesar de que al narrador, poeta y periodista argentino Carlos Salem no le gustan las etiquetas, sí que ha querido crear una teoría para acotar su torrente creativo, “la cerveza ficción”, una nominación que define su último libro de cuentos, “Relatos negros, cerveza rubia”.

Unos relatos firmado por el Bukowski en castellano, llenos de humor ácido, que también son un homenaje a la picaresca española, según explica Salem (Buenos Aires, 1959).

“Se trata de un tipo de relatos noctámbulos y canallas, que sí que pueden tener un registro Bukowski pero que quieren rescatar la picaresca callejera española, que veo que ha desaparecido en la literatura. Esconden un humor absurdo, como la vida”, subraya este polifacético escritor afincado en España desde hace más de treinta años.

Relatos que se desarrollan en su mayoría en un bar como territorio y en el ámbito de la noche. “En la noche todo el mundo es como quiere ser. Muchas veces nos disfrazamos para salir de día y por la noche nos mostramos como somos o como queremos ser. El que de día es cobarde se siente por la noche valiente y arriesgado… Y en los bares, además, se encierran muchos misterios”, precisa el autor de “Camino de ida” y “Matar y guardar la ropa”.

Publicado por Navona Negra, “Relatos negros, cerveza rubia”, tiene como protagonista, en la mayoría de sus piezas, plagadas de personas solitarias e incomprendidas, a Poe, un hombre medio poeta que ha sido periodista y escribe y pretende ser un maldito pero no lo es, como reconoce Salem.

“Quiere ser cínico pero no lo es; eso sí, no le asombra nada y, como está harto de equivocarse, lleva un bolsillo lleno de cerillas. Cuando tiene que tomar una decisión, las echa sobre la mesa y, si sale un número par, hace lo que le proponen, y si sale impar, no lo hace. Es un juego que inunda la locura”, sostiene.

Se trata el termino “cerveza ficción” de un título broma, una pincelada irónica sobre la negritud de la noche, un juego canalla que este escritor, muy admirado en Francia, ya lo ha aplicado a dos de sus libros anteriores, “En el cielo no hay cerveza” y “El huevo izquierdo del talento”.

Atracos a un banco al que sus protagonista habían ido para meter el dinero robado en otro banco, monólogos etílicos y envenenados en los mercados madrileños convertidos en bares, relatos con el dictador argentino Rafael Videla como protagonista camino del purgatorio o un diálogo entre Hitler y Carlos Gardel conforman este trepidante libro de cuentos.

Poeta, narrador, autor teatral, Carlos Salem no para de crear y el próximo mes de mayo publica un libro de poesía, “Un pájaro de menos” (Espasa), además de haber terminado la adaptación para novela gráfica de su libro “El huevo izquierdo del talento” con el ilustrador Kike Narcea.

Salem está traducido al alemán y al francés. Francia es un país donde es todo un fenómeno, como los es su faceta de poeta en la red, ya que el autor de poemarios como “Animal” o “Si Dios me pide un ‘bloody mary'” tiene un blog de enorme éxito.

Premio de la Semana Negra de Gijón por “Camino de ida”, Salem presenta actualmente en la Cadena Ser el programa semanal de miedo, intriga y novela negra “Negra y Criminal”.

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Concepción Arenal, el pensamiento que arrima el hombro

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Concepción Arenal es uno de los nombres propios del feminismo en nuestro país, de hecho está considerada como una de las primeras mujeres españolas en enfrentarse al orden establecido y defender los derechos de su género. Lo hizo ayudando a los demás y escribiendo textos cercanos que se convirtieron en lectura indispensable para aquellas que siguieron sus pasos en años posteriores. Se vistió de hombre para poder estudiar en la universidad, se casó en dos ocasiones y luchó en favor de los más desfavorecidos. Entre ellos, las mujeres, a las que por primera vez considera como uno más de los grupos sociales marginados. La educación y el respeto hacia ellas como seres humanos y no como flores débiles a las que hay que tratar como si fueran objetos fueron unas de sus principales ideas que defendió a lo largo de su vida
Concepción Arenal es uno de los nombres propios del feminismo en nuestro país, de hecho está considerada como una de las primeras mujeres españolas en enfrentarse al orden establecido y defender los derechos de su género. Lo hizo ayudando a los demás y escribiendo textos cercanos que se convirtieron en lectura indispensable para aquellas que siguieron sus pasos en años posteriores. Se vistió de hombre para poder estudiar en la universidad, se casó en dos ocasiones y luchó en favor de los más desfavorecidos. Entre ellos, las mujeres, a las que por primera vez considera como uno más de los grupos sociales marginados. La educación y el respeto hacia ellas como seres humanos y no como flores débiles a las que hay que tratar como si fueran objetos fueron unas de sus principales ideas que defendió a lo largo de su vida

Ecologista, pacifista, defensora de los derechos humanos y protofeminista, Concepción Arenal fue todo eso en el siglo XIX, aunque de ella solo se recuerdan “unas cuantas frases”, dice Anna Caballé, que ha rescatado en una biografía a esta pensadora que “intuía” el futuro.

“Odia el delito y compadece al delincuente” es quizá la frase más conocida de Concepción Arenal (Ferrol, 1820 – Vigo, 1893), una mujer con un “pensamiento impresionante” que ha quedado “oscurecida por la indiferencia general” y reducida a un puñado de consignas, a pesar de haber sido pionera del posterior movimiento feminista en España y de la Filosofía del derecho.

“Yo creo que estamos en deuda con ella. Esta mujer merece que la sociedad española reconozca lo que hizo y el valor que tuvo”, comenta Anna Cabellé (Hospitalet de Llobregat, Barcelona, 1954), escritora y crítica literaria que ha recorrido multitud de archivos y conocido a los descendientes de Arenal para juntar las escurridizas piezas del puzle de la trayectoria de la pensadora.

El resultado de esta investigación es “Concepción Arenal. La caminante y su sombra”, una biografía editada por Taurus dentro de la colección “Españoles eminentes”, en la que por primera vez se reúne la vida de una mujer, la de una eminencia intelectual profundamente desconocida.

Arenal dedicó su vida a la defensa de la mujer y los más desfavorecidos, a la reforma penal y la causa obrera, pero en vida le pesó un “prejuicio de genio” que con el tiempo ha hecho que su figura se perdiera en el olvido.

Ni siquiera las Administraciones han mantenido en pie las casas por las que fue pasando, en Madrid, en su refugio en Potes (Cantabria) o en el solariego Pazo de los Núñez, donde fallecería el 4 de febrero de 1893 sin que apenas nadie se interesase por esta mujer a la que veneraban en Europa.

“Se produce la contradicción de que todas las ciudades españolas tienen calles, hospitales, escuelas que se llaman Concepción Arenal, pero vas por la calle y le preguntas a alguien, o a un profesor universitario, y nadie la ha leído”, se lamenta Caballé, profesora titular de Literatura Española y responsable de la Unidad de Estudios Biográficos de la Universidad de Barcelona.

Esa paradoja es fruto, explica la escritora, de una “falta de respeto por nuestro pasado y nuestra memoria”, aunque en los últimos años la “presión del feminismo hace que la sociedad tenga que evolucionar rápidamente” y se reescriba la historia de las mujeres.

“He querido demostrar que es una mujer con un pensamiento impresionante”, añade Caballé sobre Arenal, una pensadora que quiso combatir la sociedad de su tiempo “desde el punto de vista moral” a través de una reforma de las costumbres y a la que le movía una gran vocación intelectual y compasiva, pero con el hándicap de ser mujer.

Por ello y por sus vestimentas, marcadas casi siempre por el uso de pantalones, algo insólito en el siglo XIX, a Arenal se le trataba como una “anomalía”, porque “su inteligencia era la de un varón pero en un cuerpo femenino”.

“Vive en un estado de tensión permanente entre unos sentimientos íntimos poderosos muy intensos y la necesidad de plegarse a una sociedad que la encuentra demasiado fuerte como mujer”, comenta Caballé sobre esta eminencia marcada por la prematura muerte de su padre y la de su esposo.

Su biografía se podría dividir en dos épocas muy marcadas: una juventud nerviosa, sensible y arrogante, con dificultades para encontrar el equilibro entre la razón y el temperamento, y una madurez donde la escritora, pensadora y activista se atrevería a grandes cosas.

“Lo que más me ha llamado la atención ha sido la profundidad de su pensamiento, porque no me lo esperaba. Me ha seducido mucho. Y la modernidad de sus pensamientos. Es una mujer que intuye el futuro, comprende por dónde irán las cosas. Tiene todos los ítems que hoy admiramos en una persona”, apostilla Caballé.

“Defiende -continúa la escritora- el ecologismo, el pacifismo, va contra los toros, cree que la sociedad no puede fomentar la industria de una forma indiscriminada, y es una protofeminista que defenderá los derechos humanos de los presos, de los niños. En lo único que no era adelantada a su tiempo era su visión de la sexualidad”.

Reconoce que le costó “hincar el diente” a una mujer apasionante pero “escurridiza”. “Se llama Concha, y con el tiempo genera una concha, un caparazón, para protegerse”, concluye Caballé sobre la pensadora gallega.

Don Pío en las entrañas del arte

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Pío Baroja y Nessi nació en San Sebastián, en 1872.  Hermano del pintor y escritor Ricardo Baroja y tío del antropólogo Julio Caro Baroja y del director de cine y guionista Pío Caro Baroja. En su infancia y juventud, llevó una vida itinerante debido a la profesión de su padre, ingeniero de minas, lo que contribuyó a su desarraigo. En 1900 publicó su recopilación de cuentos titulada “Vidas sombrías”, muy bien recibida por Unamuno, Azorín y Perez Galdós. Siempre se declaró partidario de la “novela abierta”, lo que ha contribuido a su mala fama entre los puristas. Pasó sus últimos años en Madrid, donde reunía en su casa una tertulia que frecuentaba el por entonces joven novelista, Camilo José Cela. Murió en Madrid, en 1956
Pío Baroja y Nessi nació en San Sebastián, en 1872. Hermano del pintor y escritor Ricardo Baroja y tío del antropólogo Julio Caro Baroja y del director de cine y guionista Pío Caro Baroja. En su infancia y juventud, llevó una vida itinerante debido a la profesión de su padre, ingeniero de minas, lo que contribuyó a su desarraigo. En 1900 publicó su recopilación de cuentos titulada “Vidas sombrías”, muy bien recibida por Unamuno, Azorín y Perez Galdós. Siempre se declaró partidario de la “novela abierta”, lo que ha contribuido a su mala fama entre los puristas. Pasó sus últimos años en Madrid, donde reunía en su casa una tertulia que frecuentaba el por entonces joven novelista, Camilo José Cela. Murió en Madrid, en 1956

La figura taciturna, de boina calada y barba recortada, con que se recuerda a Pío Baroja asomó por primera vez en 1899 en París, ciudad que nunca dejó de buscar y que jamás logró conquistar, una experiencia que recupera una ruta literaria del Instituto Cervantes.

Inhóspita y atrayente desde el principio, París acogió al escritor vasco durante tres meses, la mitad de la duración prevista en principio por Baroja (1872-1956), que regresó con un billete de vuelta pagado por el Consulado de España en París.

Fue la primera de muchas visitas -no menos de 15- del francófilo Baroja, que consideraba que los escritores de provincia debían salir a Madrid para formarse, y más tarde, emprender camino hacia tierras foráneas.

En París, destino imprescindible de la intelectualidad castiza de principios del siglo pasado, conoció el novelista incipiente a los hermanos Antonio y Manuel Machado y al precursor del Modernismo en poesía, Rubén Darío.

“No sabía bien a qué iba, únicamente a probar fortuna”, escribiría años más tarde en sus prolijas memorias un Baroja que situó 27 de sus novelas en la ciudad de Víctor Hugo y de los autores realistas decimonónicos que tanto admiraba.

“Un caso excepcional en la literatura española, poco conocido del gran público”, señala el escritor José Manuel Pérez Carrera, autor de la reciente ruta que dedica el Instituto Cervantes de París al autor de “La busca”.

Carrera cita “Los últimos románticos” y “Las tragedias grotescas” como ejemplos más significativos del apego de Baroja por una urbe donde jamás consiguió esculpirse un nombre ni abrirse hueco entre los relumbrones de la cultura gala, para su gran desazón.

El itinerario traza la huella de Baroja en lugares como el Café de Flore, al que el literato solo pudo permitirse asistir en sus últimas y más pudientes temporadas en París, el Museo del Louvre, la Sorbona, el restaurante La Closerie des Lilas y el Colegio de España.

En la pinacoteca se entusiasmó con los lienzos de Botticelli, mientras que en la Sorbona dictó ante los estudiantes de español una conferencia sobre las claves de su propia obra que supuso uno de los pocos homenajes que recibió al otro lado de los Pirineos, donde no llegó a frecuentar a los prebostes de las letras galas.

“En la cena en su honor organizada en La Closerie des Lilas se congregaron treinta y tantas personalidades españolas e hispanoamericanas, pero ninguna primera figura francesa”, destaca Pérez Carrera.

El desinterés se extiende, según Pérez Carrera, a otros escritores patrios, ya que mientras el cineasta Luis Buñuel, el pintor Pablo Picasso o el músico Joaquín Rodrigo se dan a conocer en París, pocas plumas nacionales lo logran.

Algo debido en parte a su “provincianismo” literario, que les lleva a centrarse en preocupaciones propias de la sociedad española, razona Pérez Carrera, aunque un despechado Baroja argumentará que “los franceses son maestros en vender lo suyo y despreciar e ignorar lo demás”.

Tras huir en 1936 de la Guerra Civil, se instaló en el Colegio de España, el lugar de Francia donde más tiempo seguido permaneció y donde coincidió con el escritor Azorín, el filólogo Ramón Menéndez Pidal y el médico Gregorio Marañón.

Cerca de tres años que recoge en el volumen titulado “Aquí París” y en los que vivió acosado por las penurias, al contar únicamente con los trescientos francos que conseguía por un artículo mensual en el diario bonaerense “La Nación”.

En sus ratos libres, el asiduo paseante que era Baroja se convirtió en una presencia errante que se detenía con frecuencia en los puestos de libros a orillas del Sena.

Pero si su curiosidad le llevó a atravesar con sus pisadas el mapa completo de la ciudad, el territorio literario del autor queda acotado a la margen izquierda del río.

“Para él, más allá del Sena no había nada. Le interesaba sobre todo el Barrio Latino, porque era muy meticuloso con sus descripciones, y ese era el lugar que realmente conocía”, desgrana Carrera.

Y donde, después de su muerte, pueden seguir su pista los lectores contemporáneos.

La pasión y lo ácrata

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Para Preciado, las estructuras tradicionales que organizan la sexualidad desde el poder han quedado obsoletas
Para Preciado, las estructuras tradicionales que organizan la sexualidad desde el poder han quedado obsoletas

La filósofa y activista Beatriz Preciado reedita después su ‘Manifiesto contrasexual’ (Anagrama), un texto incendiario enmarcado en la teoría ‘queer’ en el que desmonta todas las convenciones sociales en cuanto al sexo.

Preciado publicó este manifiesto por primera vez en Francia en el año 2000 y en seguida fue aclamado por la crítica francesa, pero la autora ha reconocido que nunca pensó que ningún editor tuviese el valor de publicar este “delirio”, escrito como un panfleto insurgente.

En el libro, Preciado piensa la sexualidad dentro de la historia de las tecnologías, y no de la naturaleza, como se hace tradicionalmente, y lo hace tomando como ejemplo el ‘dildo’, una reproducción en plástico del pene.

Este objeto “innombrable”, convertido por el feminismo radical en el último tabú, es la excusa entorno a la que se construye todo el ensayo, que, entre otras cosas, aboga por la abolición de las tradicionales categorías hombre-mujer.

Preciado ha recordado que en todos los hospitales de las democracias occidentales se llevan a cabo prácticas de reasignación sexual a los bebés que no entran en los cánones del “binarismo sexual”, unas técnicas de mutilación sexual que no suscitan ningún rechazo social, al contrario de lo que sucede con la ablación del clítoris, ha dicho.

La autora ha aclarado que el suyo no es un manifiesto homosexual, y es que los posicionamientos que ella defiende se sitúan a la izquierda de las minorías, lo que muchas veces le ha valido el rechazo de las feministas o los colectivos homosexuales más integristas dentro de su creciente institucionalización.

Para Preciado, las estructuras tradicionales que organizan la sexualidad desde el poder han quedado obsoletas, –“la familia tradicional hace aguas desde hace tiempo”– pero siguen siendo hegemónicas; sin embargo, Internet se posiciona como la herramienta perfecta para la próxima revolución sexual.

“Internet hoy ya es uno de los órganos sexuales. No tiene género, es multirracial y colectivo”, ha destacado Preciado, que asegura que aunque los medios de comunicación convencionales no se hacen eco, la red es un volcán contrasexual a punto de explotar.

Poner en cuestión el matrimonio como forma estructura de filiación y abolir la inscripción de la diferencia sexual en el acta de nacimiento, igual que hoy no se aceptaría una casilla para definir la raza o la religión, serían algunos de los horizontes de esa revolución ‘contrasexual’ que está por venir.

Preciado también es autora de ‘Testo Yonqui’ (Espasa Calpe), ‘Terror anal’ (epílogo a ‘El deseo homosexual’ (Melusina), de Guy Hocquenghem) y ‘Pornotopía. Arquitectura y sexualidad en ‘Playboy’ durante la guerra fría’, con el que quedó finalista del Premio Anagrama de Ensayo 2010.

Actualmente enseña historia política del cuerpo y teoría ‘queer’ en la Universidad París VIII y en el Programa de Estudios Independientes del Museu d’Art Contemporani de Barcelona (Macba)

Delibes por la escuadra

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El fútbol retratado por Miguel Delibes
El fútbol retratado por Miguel Delibes

Una reseña y dos ilustraciones a plumilla del partido de fútbol entre el CD Delicias, de Valladolid, y el Ciudad Lineal, de Madrid, disputado el 12 de octubre de 1941, fue la primera colaboración de Miguel Delibes en “El Norte de Castilla”, donde se forjó como periodista y escritor.

Dos días después del partido, el 14 de octubre, el veterano diario local publicó un breve comentario del joven aspirante, entonces profesor de la Escuela de Comercio de su ciudad natal, sobre ese encuentro de categoría regional que ilustró con dos ‘monas’ firmadas con el pseudónimo “MAX”.

Las iniciales de los nombres de Miguel (M) y de su entonces novia y más tarde mujer, Ángeles (A), y la incógnita de un futuro en común deseado y aún por despejar (X), encierra ese heterónimo “MAX”, según explica Ramón García Domínguez, autor de numerosas obras sobre la vida y obra del novelista fallecido en 2010, en el libro “Delibes dibujante en El Norte de Castilla”.

Editado por la Fundación Miguel Delibes y el periódico, la publicación evoca los comienzos del novelista en el mundo del periodismo a través de sus primeras colaboraciones en forma de ilustrador, caricaturista, viñetista y creador de jeroglíficos en distintas secciones del diario al que llegó como ‘pintamonas’ en 1941 y del que salió director en 1963.

La misma precisión con que moldeó en letra personajes inolvidables de la literatura contemporánea como El Nini (“Las ratas”), el viejo Eloy (“La hoja roja”) o Azarías (“Los santos inocentes”), desplegó con el lápiz y la plumilla en certeras caricaturas, apuntes y retratos delatores de una aptitud artística que ya advirtieron, a los 12 años de edad, los frailes del Colegio de Nuestra Señora de Lourdes donde estudiaba.

Un total de 390 dibujos, bocetos, apuntes, efigies y chistes críticos firmó entre 1941 y 1958, la última una cara del médico, conferenciante y escritor Luis Ponce de León cuando Delibes, después de haber desempeñado la subdirección del periódico en 1952, ejercía en ese 1958 como máximo responsable interino del periódico.

Estiradas y escorzos de porteros, disparos y avances de los delanteros, goles y paradas espectaculares esbozó en una época donde no existía la fotografía digital y la impresión gráfica representaba un desembolso económico muy importante en tiempos de restricciones y penurias.

El fútbol, la pelota a mano, los bolos y el boxeo ocuparon buena parte de sus trazos, pero también perfiló a los actores de las principales compañías escénicas que recalaban en Valladolid, o a los músicos y artistas que se subían a las tablas en espectáculos donde con frecuencia el narrador ponía unas letras a guisa de reseña.

Actrices como Isabel Garcés y la reina de la copla Juanita Reina; los bailarines Vicente Escudero y Mariemma; folclóricos de la talla de Manolo Caracol y Lola Flores, pero también escritores con ocasión de estrenos editoriales o premios como Camilo José Cela, Elena Quiroga y Dolores Medio, figuran en su particular galería de personajes.

Pluma y plumilla, letra y dibujo, convergieron en el genio creativo de un escritor que también retrató a Juan Belmonte, Domingo Ortega, Manolete, Pepe Luis Vázquez y Marcial Lalanda, entre otros ases de la tauromaquia que cada año rendían visita al coso del Paseo de Zorrilla por la septembrina Feria de San Mateo.

En 1949, un año después de haber ganado el Premio Nadal con “La sombra del ciprés es alargada”, Miguel Delibes colaboró como corresponsal en Valladolid del semanario “Vida Deportiva”, editado por Destino en Barcelona, con las crónicas que jugaban los equipos catalanes en el antiguo Estadio José Zorrilla.

Conoció la fundación del Real Valladolid (1928), asistía con sus hermanos a los partidos en el primitivo campo de la plaza de toros, se sentó en el antiguo José Zorrilla, inaugurado en 1941, y abandonó las gradas “el día que se decidió que los espectadores, o los futbolistas, o los árbitros o quizá todos deberíamos estar enjaulados como reclusos para evitar agresiones”.

Lo contó en sus “Memorias al aire libre” (1989) quien también dio a la estampa “El otro fútbol” (1982), con artículos encargados y distribuidos por la Agencia EFE, entre 1980 y 1982, con motivo de la celebración del Campeonato del Mundo de Fútbol España 82, del que Valladolid fue sede.

Cernuda, biógrafo de la pérdida

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Cernuda fue conocido sobre todo por el conjunto de su obra poética, bajo el título de "La realidad y el deseo" , además de como un crítico exigente y original
Cernuda fue conocido sobre todo por el conjunto de su obra poética, bajo el título de “La realidad y el deseo” , además de como un crítico exigente y original

Después de Juan Ramón Jiménez y de Antonio Machado, solo puede estar Luis Cernuda, escribe Francisco Brines al respecto del autor de “La realidad y el deseo” y el poeta que mejor escribió sobre el amor, la soledad y el sufrimiento.

Así lo considera Antonio Rivera Taravillo, autor de la biografía “canónica” sobre el gran poeta sevillano de la generación del 27, con cuyo primer tomo ganó el premio Comillas. En ella deja claro que Cernuda “dotó de sentido moral a la poesía española y la hizo insobornable”.

Con motivo de los múltiples homenajes a Cernuda está a disposición del lector “Leve es la parte de la vida que como dioses rescatan los poetas (poemas para Luis Cernuda)”, editado por la revista Áurea.

En el libro han participado Francisco Brines, José Manuel Caballero Bonald, Antonio Colinas, Antonio Gamoneda, Juan Carlos Mestre, Andrés Trapiello, Luis Alberto de Cuenca, Pablo García Baena, Luis Antonio de Villena, Juan Gelman y la premio nobel Herta Müller, entre otros muchos poetas.

Además este volumen aporta un manuscrito inédito de Cernuda con los borradores del “Soliloquio del farero” y dibujos y fotografías inéditas suyas. También se proyectarán imágenes del autor de “Los placeres prohibidos” y se podrá escuchar su voz grabada.

Aquellos que deseen aproximarse a Cernuda pueden recorrer la etapa madrileña del poeta y su vinculación con el Ateneo, que solía frecuentar con Federico García Lorca y Vicente Aleixandre.

“Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos/como nace un deseo sobre torres de espanto. Amenazadores barrotes, hiel dolorida/Noche petrificada a fuerza de puños/Ante todos, incluso el más rebelde/Apto solamente en la vida sin muros”. Así escribe el poeta en uno de sus libros emblemáticos, “Los placeres prohibidos”, donde habla sin tapujos de su homosexualidad.

Cernuda nació en Sevilla el 21 de septiembre de 1902 y vivió allí hasta 1928, hijo de una familia burguesa. El 5 de noviembre de 1963 murió de un infarto en México, donde vivía desde hacía años en casa de Concha Méndez, madre de Paloma Altolaguirre, su amiga, quien le encontró tirado en el suelo, con la máquina de escribir al lado y un libro de Emilia Pardo Bazán sobre la mesa.

Su participación activa a favor de la República hizo que cuando cuando se marchó a Inglaterra para dar unas conferencias ya no pudiera volver por la victoria de los nacionales. Allí comenzaría su “destierro definitivo”, con un peregrinar por Francia, Estados Unidos y finalmente México.

Independiente, aliado de la soledad constante, rebelde, con dolor y con nostalgia por una España de la que se separó no solo físicamente sino “espiritualmente”, escribía: “Soy español sin ganas/Que vive como puede bien lejos de su tierra/Sin pesar ni nostalgia”.

Cernuda sentía admiración por Unamuno, de quien decía que era el mejor poeta de España. Y es que en la poesía de este sevillano también están el pensamiento y la emoción, la poesía pensada: él siente el pensamiento y piensa el sentimiento que dijera Unamuno.

El biógrafo Antonio Rivero Taravillo recoge unas palabras de Cernuda que dejan ver muy bien su sentir vital: “Una constante en mi vida ha sido actuar por reacción contra el medio donde me hallaba. Eso me ayudó a escapar al peligro de lo provinciano…”.

Gran amigo de Lorca, Cernuda no se llevó mal con Alberti, de quien dijo que era “el cristal capaz en un instante de romperse”, y siempre reprochó a Vicente Aleixandre que no hablara de su homosexualidad.

Moderno, primero surrealista, luego metafísico, poeta del amor, “romántico por excelencia”, admirador de Bécquer, Cernuda está enterrado en México. Cualquier momento es una oportunidad para volver a su poesía sobre la pérdida y la soledad, la de un poeta de la otra España.

Poeta en el exilio

Antonio Rivero Taravillo, biógrafo del poeta sevillano Luis Cernuda, ha dicho que éste creció como poeta en su exilio británico de casi diez años, donde fue “infeliz”.

Rivero Taravillo habla de los años que Cernuda pasó en Escocia (1939-1943) como lector de español en la Universidad de Glasgow. “Cernuda fue muy infeliz en aquellas tierras, pues no tenía vocación académica, apenas hablaba el idioma inglés y, tras ver cómo perdía la contienda la República, se vio de bruces en otra guerra, la Segunda Mundial”, cuenta.

“Glasgow sufrió los bombardeos, y Cernuda se refugió en algo que a la postre redundaría en su crecimiento como poeta, la lectura, mediante el contacto con esa tradición, especialmente la romántica, con la que sentía una especial identidad”, según Rivero Taravillo.

Ha añadido que en Glasgow, “la ‘ciudad caledonia’ de la que abominó, se gestó su libro de prosa poética y memorialística, ‘Ocnos’, y allí escribió algunos de sus mejores poemas pertenecientes a ‘Las nubes’ y ‘Como quien espera el alba'”.

Así, se trata de un poeta en cuya obra “España tiene gran importancia, ya que estuvo a punto de alistarse en las Brigadas Internacionales”, según Rivero Taravillo, quien tradujo en colaboración con Catriona Zoltowska varios poemas de quien está considerado el máximo poeta gaélico escocés del siglo XX.

“Para mí es muy emocionante la coincidencia; recuerdo que, a su muerte, participé en un programa de la emisora gaélica BBC Alba en el que Seamus Heaney y otros poetas le rendimos tributo”, ha señalado Rivero Taravillo, también poeta y traductor.

Rivero pergeñó su biografía en dos volúmenes “Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938)”, que obtuvo el Premio Comillas en 2007, y “Luis Cernuda. Años de exilio (1938-1963)”. Precisamente fue en Londres donde Cernuda residió entre 1945 y 1947 en compañía del pintor Gregorio Prieto, antes de marchar a Estados Unidos.

Otros estudios destacan la participación de Cernuda en la colonia de niños vascos que se asentó en la finca de Lord Faringdon, en las proximidades de Oxford. Según ha recordado Rivero, “en ese contexto Cernuda escribió el terrible y hermosísimo poema ‘Niño muerto’, del que se ofrecen las circunstancias en este segundo tomo de la biografía”.

“El Instituto Cervantes de Londres ocupa la sede en el barrio de Belgravia del que fue Instituto de España, que montó en la capital británica Leopoldo Panero y al que fue en varias ocasiones Cernuda, que fue profesor de la otra institución cultural española en Londres, el Instituto Español que contó con el apoyo de Negrín”, ha señalado el biógrafo.

“En muchos aspectos, por modales, educación, dandismo, flema y sintonía, Cernuda fue el más británico de su generación, sin que ello impidiera que se rebelara contra esa sociedad mercantilista y fabril, tan ajena a su Sur añorado. Ni que una vez montara en cólera ante un poeta que reivindicaba el dominio británico de Gibraltar, como se muestra en una de las cartas inéditas a Salvador de Madariaga que reproduzco en el libro”, ha concluido el biógrafo.

Cernuda comenzó su exilio en 1938, en plena Guerra Civil, cuando marchó para dar unas conferencias y ya nunca regresó, ya que posteriormente viajó a EEUU y a México, donde vivió sus últimos años.

Gómez de la Serna en las ondas

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Las greguerías son textos breves de una sola frase en la que se expresaba de una manera humorística e ingeniosa algún concepto. El creador de ese nuevo estilo de explicar las cosas con originalidad fue Ramón Gómez de la Serna, uno de los destacados miembros de la Generación de 1914
Las greguerías son textos breves de una sola frase en la que se expresaba de una manera humorística e ingeniosa algún concepto. El creador de ese nuevo estilo de explicar las cosas con originalidad fue Ramón Gómez de la Serna, uno de los destacados miembros de la Generación de 1914

Con el título de ‘Greguerías onduladas’ han sido reunidas en un volumen las que Ramón Gómez de la Serna escribió desde 1925 para Unión Radio Madrid, y que, con el tema común de la radio en todas ellas, han permanecido inéditas, ya que no se incluyeron en sus obras completas.

Estas greguerías fueron leídas en los estudios radiofónicos y luego aparecieron en la antigua revista ‘Ondas’, pero nunca hasta ahora se habían publicado en un volumen independiente, según han explicado fuentes de la Editorial ‘Renacimiento’, que las ha editado con un estudio introductorio del hispanista Nigel Dennis.

Las greguerías se deben al afán experimental y vanguardista de Gómez de la Serna, y son una especie de aforismos o imágenes en prosa que ofrecen un aspecto personal y a veces humorístico de la realidad, si bien las reunidas en ‘Greguerías onduladas’, además de haber sido escritas para la radio, tienen la particularidad de que todas tratan sobre la radio y sus posibilidades.

Según ha dicho Nigel Dennis, estos textos breves son muestra de “la extraordinaria inventiva de esta figura clave de la literatura contemporánea”, de un escritor que estuvo “siempre dispuesto a probar cualquier medio de expresión para darse a conocer o para conquistar un público nuevo”.

“En 1925 la radio era una auténtica novedad y constituía una especie de desafío que él acepta alegremente y, en la década anterior a la Guerra Civil, se le ocurren una serie de estrategias personalísimas para explotar con imaginación los recursos del nuevo medio”, según Dennis.

Además, la radio le permitió al escritor comunicar “con un público mucho más amplio, realmente multitudinario, ya que existían en España en 1936 alrededor de un millón de aparatos de radio, lo cual da una cifra aproximada de 3 o 4 millones de radioyentes”.

“Lejos de ser un divertimento marginal, las actuaciones en la radio de Ramón son un aspecto integral de su arte”, según Dennis, quien ha recordado que, además de en otros periodos, entre la primavera de 1932 y el verano de 1936 hizo una emisión radiofónica semanal de treinta minutos, “en plena madurez creadora”.

Libertad creadora

Para Dennis, “en casi todo lo que hace, escribe y dice a lo largo de su vida, Ramón defiende y promueve lo nuevo, la libertad del creador, el libre vuelo de la imaginación, y a medida que va explorando las posibilidades expresivas de la radio introduce una serie de innovaciones extraordinarias”.

De este modo, “hizo los primeros reportajes en directo desde la calle en 1929; hizo las primeras grabaciones discográficas en la historia de la radio española para emitirlas en diferido, y empleó efectos sonoros en programas dedicados exclusivamente a los sonidos, al estudio comparado de los tic-tac de los relojes, por ejemplo”.

“Ramón utiliza la radio para hacer lo mismo que hace en toda su obra, desvelar una dimensión desconocida de la realidad, y ese es el vínculo entre su obra radiofónica y su obra greguerística, ya que ambas descubren lo más escondido de la realidad”, según Dennis.

En las ‘Greguerías onduladas’ está aquel mundo primigenio de la radio, de modo que estos textos evocan aquellos antiguos micrófonos, las voces de los emisores, los silencios, las interferencias y, casi siempre, el humor omnipresente en su obra.

Dos ejemplos: “Hay conferenciantes que parecen haber comido polvorones antes de comenzar la emisión” o “Cuando tocan el xilofón es como si tocasen la dentadura a las ondas”. Por medio de observaciones como estas Gómez de la Serna invita a los lectores a ver y a oír de otra manera, y hasta se anticipa al futuro, como cuando sugiere una radio que pueda verse.