literatura sudamericana

Palabras a ras de césped

Posted on

Sublime poeta, lúcido escritor y extraordinario cineasta, Pier Paolo Pasolini también era un enamorado del fútbol. En este célebre texto nos habla sobre los lenguajes del juego. El futbol, a lo largo de la historia, ha despertado grandes pasiones entre los escritores, pero también grandes fobias, como las que sentía Kipling y Borges. Pero en los últimos tiempos una gran nómina de reputados autores, como Camus, Nabokov, Benedetti, Neruda, Galeano o Javier Marías han saltado al terreno de juego para demostrar que la literatura no está reñida con el futbol
Sublime poeta, lúcido escritor y extraordinario cineasta, Pier Paolo Pasolini también era un enamorado del fútbol, que, a lo largo de la historia, ha despertado grandes pasiones entre los escritores, pero también grandes fobias, como las que sentía Kipling y Borges. Pero en los últimos tiempos una gran nómina de reputados autores, como Camus, Nabokov, Benedetti, Neruda, Galeano o Javier Marías han saltado al terreno de juego para demostrar que la literatura no está reñida con el futbol

Ilusión, solidaridad, diversión, alegría, pasión o incitación al olvido y al rencor. Éstas son algunas palabras que van unidas al deporte del futbol, y que narradores y poetas han acuñado desde los tiempos más remotos, como en la literatura griega que ya cantaba a los héroes deportivos.

Pero el futbol, el deporte rey, el más universal, el que une a ricos y pobres y a gente de todos los rincones del planeta, también desde hace años ha sido criticado y despreciado por algunos de los grandes de las letras. Un divorcio que comenzó en 1880 con el escritor británico Rudyard Kipling, quien decía que son “almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan”.

Desprecio intelectual

Una idea a la que se sumó el gran Jorge Luis Borges, quien odiaba el futbol y lo consideraba una estupidez, “una estupidez de ingleses”, decía. “Feo estéticamente y un deporte violento que despierta las peores pasiones”, añadía.

Pero como dijo el sociólogo e historiador holandés Johan Huizinga en su famoso libro Homo ludens: el hombre es juego. “El hombre juega como un niño, por gusto y recreo, por debajo del nivel de la vida seria…”

Y esta pasión, que mueve a millones de almas, y que alcanza su máxima gloria con los Mundiales de Futbol, ha tenido y tiene en el mundo de las letras a infinitos enamorados que hacen que el tópico sobre que los intelectuales desprecian el balón, y frases como “pensar con los pies”, se difumine cada día más.

El hombre es juego para Camus, Pasolini, Neruda o Alberti

Para Albert Camús, quien jugó de portero, todo lo que sabía “con mayor certeza respecto a la moral” y a las obligaciones de los hombres lo había aprendido del futbol.

Una pasión que también tocó a un iconoclasta Pier Paolo Pasolini, quien escribió que “el goleador es siempre el mejor poeta del año”, y a Vladimir Nabokov, autor de Lolita , quien también fue arquero durante su estancia en Cambridge.

Los poetas también se han visto inspirados al ver una pelota correr y Pablo Neruda escribió el poema Los jugadores : “Juegan, juegan/Agachados, arrugados, decrépitos…”. Tiempo después compuso Colección nocturna , incluido en Residencia en la tierra .

También Rafael Alberti se sintió subyugado por el futbolista húngaro Franz Platko, guardameta del Barcelona en los años 20 del siglo pasado, a quien le escribió Oda a Platko : “No nadie, nadie, nadie/camisetas azules y blancas, sobre el aire/camisetas reales, contrarias, contra ti, volando y arrastrándote…”.

El poeta y narrador uruguayo Mario Benedetti fue otro apasionado del futbol, como mucho de sus compatriotas, un romance que dio a los lectores uno de los cuentos más famosos del balompié: Puntero izquierdo, que en opinión de algunos especialistas ayudó mucho a romper ese supuesto divorcio entre las letras y el balón, sobre todo viniendo de alguien de la izquierda, un pensamiento que muchas veces ha relacionado al futbol con el opio del pueblo, y a frases como “pan y futbol” o “pan y toros”.

Y otro de los autores que más ha reflexionado y ficcionado sobre las letras y la teoría del balón es el uruguayo Eduardo Galeano, autor de El fútbol a sol y sombra y quien ha hablado de este apasionado asunto.

“Abundan los intelectuales que aman a la humanidad —dice— pero desprecian a la gente. Y no importa si son, o dicen ser, de izquierdas o de derechas: si son de izquierdas creen que el futbol tiene la culpa de que la gente no piense, y si son de derechas creen que el futbol es la prueba de que la gente piensa con los pies”.

“De cualquier manera —aclara el escritor—, digan lo que digan, el futbol bien jugado es una suerte de danza con pelota, una fiesta de las piernas que lo juegan y los ojos que lo miran, y ésa es la explicación que a la vista está, de que los Mundiales sean de veras Mundiales. Es casi unánime.

“Y digo casi —continúa Galeano—, por sus pocas excepciones. Un periodista deportivo de los Estados Unidos me dijo: “Aquí el futbol es el deporte del futuro. Y siempre lo será”. Sin embargo, hasta ellos están empezando a incorporarse a la única religión universal que no tiene ateos. Están empezando ellas, en realidad. Muchísimas mujeres estadounidenses juegan al futbol, el ‘soccer’ que le dicen, y juegan muy bien”, concluye.

El boom de la literatura latinoamericana con Gabriel García Márquez a la cabeza, quien se confesó hincha, también reveló su romance con el balón, como Onetti o Vargas Llosa, quien se ha manifestado recientemente “hincha hasta la muerte” del “Universitario de Deportes”.

Valdano, Javier Marías y el Real Madrid

El argentino Jorge Valdano, ex jugador y actual director general del Real Madrid, y quien tiene el corazón partido entre la pelota y las letras, es uno de los grandes compiladores de cuentos de futbol.

Relatos de prestigiosos escritores unidos en dos volúmenes, editados por Alfaguara, y en cuyo prólogo Valdano escribe: “Este libro es un encuentro para el músculo y el pensamiento con la intención de que vayan perdiendo la desconfianza que se tienen. Un juego, el del futbol, metido dentro de otro juego, el de la literatura”.

Otro de los más reputados escritores actuales, el madrileño Javier Marías, quien fue extremo izquierdo en la infancia, también ha dejado por escrito su pasión futbolera y su incondicional amor al Real Madrid, en un libro que reúne todo su material acerca del futbol y que se acaba de reeditar con treinta nuevos textos, con motivo del Mundial de Sudáfrica.

“Pocas cosas me han hecho tanta ilusión en los últimos años como que me pidieran escribir sobre futbol de vez en cuando: un descanso”, escribió el autor al margen de su primer texto futbolístico Vida del fantasma , en 1995. Para Marías, el futbol va unido a su infancia.

El uruguayo Horacio Quiroga, el austríaco Peter Handke, el checo Milan Kundera y los españoles Camilo José Cela, Miguel Hernández, Miguel Delibes, Vázquez Montalbán, Enrique Vila-Matas, Joaquín Sabina, Ray Loriga, Gonzalo Suárez o García Hortelano son otros de los escritores que han teorizado, ficcionado o mostrado su pasión por todo lo que pasa en los terrenos de juego.

Al igual que el escritor madrileño Javier Reverte para quien el posible recelo que existe entre los literatos y los futboleros se reduce a “una cosa muy española”.

“Yo creo que esto sólo pasa en España, donde se dice eso de ‘pan y toros’ o ‘pan y circo’, porque en Estados Unidos no ocurre. Allí los grandes autores norteamericanos han escrito de rugby americano, de boxeo, de beisbol. Y en el mundo anglosajón tampoco, donde hay grandes cronistas deportivos”.

Tópico español

Para Javier Reverte, que fue jugador, y autor de libros de viajes como la trilogía de África, o la trilogía de Centroamérica, el futbol es “solidaridad, alegría, triunfo compartido, euforia”, y nunca está ligado a ningún régimen político, “como algunas veces quieren hacer ver”. Es verdad que el poder ha utilizado al futbol, como Franco lo hizo en España, o como ahora (Joan) Laporta lo está haciendo con el Barcelona, que parece que quiere que represente a un independentismo, pero no así.

“La selección actual española es buenísima y está compuesta con chicos de todas las partes y autonomías de España”, concluye.

Es este sentido, y ante el Mundial de Sudáfrica acaban también de salir al mercado dos libros, Los secretos de la Roja , con prólogo de Iker Casillas y escrito por Miguel Ángel Díez, donde se cuenta la “intrahistoria” de la selección, y el Libro de futbol , que reúne relatos y pinturas sobre el tema.

Anuncios

A la vida, a la muerte

Posted on Actualizado enn

Violeta Parra se suicidó de un balazo en la sien en Santiago de Chile el 5 de febrero de 1967, poco después de componer 'Gracias a la vida', una de sus canciones más reconocidas
Violeta Parra se suicidó de un balazo en la sien en Santiago de Chile el 5 de febrero de 1967, poco después de componer ‘Gracias a la vida’, una de sus canciones más reconocidas

La poesía hace visible lo invisible, cura o mata, porque esa sensibilidad de los poetas para regalar al mundo experiencias radicales puede tener un coste caro y más si se es mujer. Violeta Parra, Alfonsina Storni o Alejandra Pizarnik son algunas de estas poetas que pusieron fin a su vida de forma trágica.

Y así lo muestra el libro, “Poetas suicidas y otras muertes extrañas” de Luzmaría Jiménez Faro, que publica Torremozas y que recoge la biografía de poetas de América Latina y España que tuvieron la presencia oscura de la muerte en sus vidas.

Edelmira Agustini, Eunice Odio, Julia de Burgos, Teresa Wilms, Carolina Coronado, Clementina Suárez y María Mercedes Carranza forman parte de este libro, que encabeza por Parra, Storni y Pizarnik.

“Cuando la palabra se vuelve desesperanza, cuando las horas se deshojan, cuando no se ve la luz al fondo del túnel, cuando se pierde la ilusión y nos rodea la indiferencia (…) aparece la necesidad de transgredir la frontera de la vida”, escribe en el prólogo del libro Jiménez Faro.

Suicidas o víctimas de una muerte trágica, estas mujeres inteligentes, creativas y con ciencia de género tuvieron una vida apasionante con amores y desamores al límite. Todas ellas forman hoy parte de la gran historia de la literatura, como dice Jiménez faro y todas ellas tienen en común que escriben en español.

Uno de los grandes ejemplos lo encarna la poeta y cantante chilena Violeta Parra (1917-1967) a la que Pablo Neruda bautizó “Santa de greda pura” y que en algún momento ya había dicho que “el día que no tenga un amor, me dejaré morir”, se quitó la vida de un tiro en la cabeza, poco después de escribir lo que sería su legado más importante “Gracias a la vida”.

Apasionada, la hermana del poeta Nicanor Parra, se casó con Luis Cereceda en 1938 con el que tuvo dos hijos, Violeta Isabel y Luis Ángel, y al que advirtió que nunca dejaría de cantar. Se separaron y en 1949 se volvió a casar con Luis Arce, ebanista, con el que tuvo dos hijas, Carmen Luisa y Rosita Clara. Pero tras separase y ya muy desilusionada le llegó un amor loco con un músico suizo, Gilbert Favre, 18 años más joven, del que se enamoró perdidamente.

Un amor que no fue nada fácil, con distancias y altibajos, pero que hace que Violeta pueda “volver a los diecisiete”, otra de su composiciones míticas. Aunque finalmente “el cansancio, las dudas, la nostalgia…” contribuyen a que su vida se vuelva oscura. Y así, el 5 de febrero en la “Carpa de la Reina”, el barrio de Santiago de Chile, aparcó su vida de un disparo en su pequeña habitación.

Otra amante de la palabra, defensora reivindicadora del universo femenino y suicida es Alfonsina Storni, que nació el 29 de mayo de 1892 en Suiza, aunque se trasladó a los cuatro años a Argentina. Mujer apasionada, y al final víctima de un cáncer de pecho, el 18 de octubre de 1938 tomó un trena con dirección al Mar de plata, se alojó en una pensión y a los pocos días, el 25, por la noche envuelta en un manto se entregó al mar.

Una muerte que se ha convertido en leyenda y en canción “Alfonsina y el mar” de Ariel Ramírez e interpretada por Mercedes Sosa.

Dos poetas simbólicas a las que se suman en el libro, la argentina Delfina Tiscorida (1966-1996, autora del poema “Quiero arrancar la muerte de vida” o la limeña Marta Kornblith (1959-1997), que se quito la vida tirándose de un quinto piso, autora de “La calle está llena/ y hay una mujer que en el fondo de su cuarto/llora sola”.

El libro que reproduce muchos poemas, encierra a estas poetas y a otras mucho menos conocidas y se completa con abundante material gráfico en un capítulo denominado “Ellas y el silencio”.

Roa Bastos, el Supremo

Posted on Actualizado enn

Augusto Roa Bastos, el paraguayo autor de Yo el Supremo (1974), la novela del poder omnímodo y brutal que ha sido la parábola de todos los excesos dictatoriales de Hispanoamérica que a tantos y tantos condenó al silencio o al exilio
Augusto Roa Bastos, el paraguayo autor de Yo el Supremo (1974), la novela del poder omnímodo y brutal que ha sido la parábola de todos los excesos dictatoriales de Hispanoamérica que a tantos y tantos condenó al silencio o al exilio

Uno de lo grandes escritores del ‘boom iberoamericano’, pese a que él no quisiese encuadrarse dentro, fue, sin duda, Augusto Roa Bastos. Centrado en los problemas de Paraguay, la recuperación de la historia y el bilingüísmo, el paraguayo destacó por los detalles en una vida ligada a la literatura.

Roa Bastos nació en Asunción, pero pronto su familia se trasladó a Iturbe. El gusto por la lectura se lo trasmitió su madre, quien le recitaba desde Shakespeare hasta la Biblia. Para completar su formación, sus padres decidieron mandarle de vuelta a la capital y fue allí, con el impulso de su tío, donde comenzó a devorar libros de historia y filosofía, configurándose como escritor.

Joven y despreocupado, se fugó de casa para alistarse en el frente paraguayo de la Guerra del Chaco (1932-1935). En este desempeñó tareas de enfermero y aguatero de las tropas, siendo unos años que supondrían un antes y un después en su vida. Se convirtieron también en el eje de su carrera literaria.

Tras diversos oficios, encontró en el periodismo su trabajo soñado. Ejerció como cronista en ‘El País’ y, más tarde, para ‘BBC’, siendo su primer locutor paraguayo. En plena II Guerra Mundial, consiguió entrevistar a Charles de Gaulle, general de la resistencia francesa, y presenció los juicios de Núremberg.

Tras un intento de golpe de Estado en 1947, la situación política de Paraguay se recrudeció. Roa Bastos fue perseguido y acusado de comunista. Pasó tres meses escondido en la embajada de Brasil hasta que pudo cruzar a Argentina. Allí pasaría más de 30 años de exilio. En 1982, en un breve intento de regresar, fue expulsado de nuevo.

Mientras Paraguay prohibía su literatura, censurándola y tachándola de falsear la realidad, el mundo entero le rendía homenaje. La Sociedad Argentina de Escritores, el premio de los Derechos Humanos, el galardón de la Fundación Pablo Iglesias… pero el reconocimiento más importante de todos fue la concesión del Premio Cervantes en 1989.

Después de más de 50 años de exilio, volvió a instalarse en Asunción en 1996, con la caída de la dictadura de Stroessner. Desde entonces y hasta sus últimos días, escribiría una columna de opinión en el diario Noticias. En 2005 sufrió un accidente doméstico por el que fue trasladado al hospital con un traumatismo craneoencefálico, pero murió cuatro días después. Fue enterrado con honores de jefe de Estado.

Roa Bastos comenzó su carrera literaria muy joven y junto a su madre. Ambos escribieron una obra de teatro cuando el autor contaba con 13 años. Dos años más tarde realizó su primer relato, ‘Lucha hasta el alba’, que no seria publicado hasta 1979.

‘El ruiseñor de la Aurora’ (1944) es uno de los poemarios paraguayos más importantes. Mezclando guaraní y castellano, ambas lenguas oficiales del país, resultó un revulsivo para la poesía iberoamericana de la época. El bilingüismo se convertiría en una de las características más reseñables de Roa Bastos, lo que le acarrearía críticas por parte de las élites sociales.

‘Hijo de hombre’ (1960), un recorrido por la historia reciente de Paraguay, le coloca en el panorama internacional. Tras seis años de silencio, publica la que se considera su obra maestra: ‘Yo el Supremo’. Tomando como protagonista al dictador José Gaspar Rodríguez de Francia, que gobernó Paraguay desde 1811 hasta 1840, el libro muestra las penalidades del país: racismo, extorsión, persecución y muerte.

Su prosa está bañada de neologismos, deformaciones del lenguaje y juegos léxicos. Entre castellano y guaraní, las costumbres, historias personales y preocupaciones de la población paraguaya se mezclan para hablar de una realidad cruda, sin ficcionar, convirtiendo a Roa Bastos en uno de los escritores que merece la pena leer al menos una vez en la vida.

Cuba, la asignatura pendiente de Borges

Posted on

Borges no manifestaba simpatía alguna por la Revolución Cubana
Borges no manifestaba simpatía alguna por la Revolución Cubana

La mala suerte que la obra literaria de Jorge Luis Borges ha tenido en Cuba y la razón de que fuera uno de los “escritores innombrables” de la Revolución cubana son los temas centrales de un libro que acaba de publicarse en Estados Unidos.

Escrito en primera persona por el cubano Alfredo Alonso Estenoz, “Borges en Cuba. Estudio de su recepción”, publicado por el Centro Borges de la Universidad de Pittsburgh, es un volumen de bolsillo que brilla por su enjundiosa investigación.

Alonso recrea una época en la que Cuba se cerró con siete candados con la idea de construir un “hombre nuevo”.

Según indica este profesor de literatura latinoamericana y lengua española en el Luther College de Iowa, “durante los años 70 y 80 Borges fue ignorado por el discurso crítico cubano, aunque (…) lo seguían leyendo los escritores que tenían acceso a su obra”.

El investigador recuerda que “durante esta década, el autor de “Ficciones” y “El Alpeh”, entre otras muchas obras, se convirtió en el antimodelo del tipo de intelectual que la Revolución promovía.

Para la reconstrucción total del periodo de unos veinte años en el que Borges estuvo vetado, que concluye con la publicación de la antología “Páginas escogidas de Jorge Luis Borges” en 1988, Alonso se apoya en muchísima bibliografía y dos fuentes fundamentales.

Una es el diario “Borges” que el amigo íntimo de éste y también escritor Adolfo Bioy Casares redactó con minucioso detalle y la otra es el prólogo de la antología que desde La Habana firma el crítico y director de Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar.

Por el diario de Bioy Casares (2006) se sabe que el haber firmado “un manifiesto en apoyo a los cubanos que en 1961 invadieron la isla por Bahía de Cochinos” fue suficiente para que el régimen castrista, que desde el comienzo centralizó toda gestión cultural, enviara al ostracismo a uno de los autores más universales y al latinoamericano hoy en día más citado.

Lo curioso es que, anteriormente, Borges había suscrito otro manifiesto condenando al dictador cubano Fulgencio Batista, pero aquella firma no se la tuvieron en cuenta los responsables de la política cultural que, como se encarga de consignar Alonso, no fueron pocos y respondían a una maquinaria muy bien engrasada.

Fernández Retamar, sempiterno director de Casa de las Américas, una institución estatal con fuerte enfoque político, primero arremetió contra Borges en la década de los años 70, para luego “reconciliarse” con él mediante la publicación de la antología.

Para tal empresa se reunió con Borges un año antes de que éste falleciera y obtuvo su autorización.

El diálogo de aquel encuentro en Buenos Aires, que Alonso extrae del prólogo de “Páginas escogidas de Jorge Luis Borges”, refleja, por un lado, que al final de su vida el escritor argentino continuaba siendo un electrón libre y por otro que la denominada “Revolución cubana” gozaba de un histrionismo conmovedor.

“Lo que no podemos es mandarle dólares”, expone Retamar. “A mí no me interesa el dinero”, responde Borges. “Le enviaremos cuadros o libros antiguos”, ofrece el otro.

El libro “Borges en Cuba. Estudio de su recepción” es algo más que un acto reivindicativo.

Entreverada presenta también una síntesis bastante clara y organizada de la historia de la censura oficial en Cuba desde 1959.

No escapan de estas 166 páginas autores como Luis Rogelio Nogueras, que al morir a los 41 años había dejado una obra fuertemente “borgeana” sin haberse atrevido a nombrarlo.

“Borges es el ‘ingrediente secreto’ que hace posible la distinción de Nogueras en la poesía cubana de la época”, escribe el investigador.

El infortunio que la obra de Borges ha tenido en Cuba llevó a que un estudiante universitario como lo era Alonso en los 90 confundiera el apellido del argentino con el del comandante sandinista Tomás Borge, autor bien visto y promocionado entonces en Cuba.

Aunque Retamar “rescató” a Borges en 1988 dejando claro que ya no era un escritor maldito, la antología, apunta Alonso, no se encuentra con facilidad en la isla.

Se vende en dólares y no está en librerías, sino en manos de anticuarios.

Octavio Paz en clave hindú

Posted on Actualizado enn

En India el poeta contrajo matrimonio con Tramini bajo su árbol de nim favorito; allí recibió en 1968 a escritores como Julio Cortázar, con quien bailó en el jardín tiznado de colores al ritmo enloquecido —y tan a menudo regado por las drogas— de las canciones de Holi, un festival hindú de derroche cromático que se celebra en plena primavera. Pero, sobre todo, allí escribió libros memorables y plantó la semilla de su poesía última.
En India el poeta contrajo matrimonio con Tramini bajo su árbol de nim favorito; allí recibió en 1968 a escritores como Julio Cortázar, con quien bailó en el jardín tiznado de colores al ritmo enloquecido —y tan a menudo regado por las drogas— de las canciones de Holi, un festival hindú de derroche cromático que se celebra en plena primavera. Pero, sobre todo, allí escribió libros memorables y plantó la semilla de su poesía última

Coloridos “collages” del mexicano Vicente Rojo acompañan a los poemas de “Ladera este” que Octavio Paz escribió durante los seis años que vivió en la India, de 1962 a 1968, en una cuidada reedición que recuerda el viaje interior que el escritor mexicano realizó durante su estancia en Nueva Delhi.

“Tenía interés personal en su época en la India y a la vez quería una obra completa pero breve”, explica el editor Pedro Tabernero, que encontró en “Ladera este” la mejor obra para rendir tributo al nobel de literatura 1990.

Publicada por primera vez en 1969, esta nueva edición, que saldrá a la venta este verano, contará con textos complementarios del académico de la lengua Juan Gil; el director del Instituto Cervantes de París, Juan Manuel Bonet; el escritor Juan Bonilla y el poeta Jacobo Cortines.

Será el octavo volumen de la colección Poetas y Ciudades, que el Grupo Pandora dedica a grandes poetas y las ciudades que amaban.

En el caso de Paz se ha elegido su relación con la India por la influencia que tuvo tanto en su vida como en su obra.

De los años pasados allí como embajador de México, Paz escribió tres obras: “Ladera este”, “El mono gramático” (1974) y “Vislumbres de la India” (1995).

Y Tabernero consiguió que la viuda del escritor, la francesa Marie-Jose Paz, le cediera los derechos para volver a editar “Ladera este”, con la estrecha colaboración de Vicente Rojo, un artista cuya obra está muy ligada a la literatura.

Creador de la portada de la primera edición de “Cien años de soledad”, Rojo diseñó las cubiertas de muchos de los libros de Gabriel García Márquez y de otros autores como José Emilio Pacheco, Elena Poniatiowska y Octavio Paz, con el que además colaboró en el proyecto “Discos visuales” (1968).

Su estrecha relación con Paz le llevó a aceptar el ofrecimiento de Tabernero de participar en la reedición de una de sus obras.

“Vicente Rojo y yo estuvimos tres años pensando qué obra hacer. La primera idea era un libro sobre México, pero habría que haber hecho una selección de partes de sus obras porque no hay una entera dedicada a su país”.

“Y un día me cogí las obras completas y leí sus libros sobre India, que son especialmente desconocidos en la obra de Paz, y que incluyen referencias artísticas, religiosas, mitológicas y de paisaje”, explica Tabernero.

De ahí surgió la idea de la India y optaron por “Ladera este” porque es el principal, el que tiene más referencias de localizaciones en la India, el que más sitúa los temas. Y además “las notas que hizo a la primera edición son muy clarificadoras”.

Cuando se decidió qué libro editar, Rojo comenzó a trabajar en las ilustraciones.

Un año de trabajo ha dado como resultado unos 40 “collages” que no solo ilustran, sino que complementan el libro con unos atractivos diseños que recuerdan a la India sin mostrarla directamente.

Flores, motivos naturales y formas geométricas se superponen en estos trabajos de líneas tan puras como los poemas de Paz.

Porque “no se trata de ilustrar un libro: es más dotar de imágenes a algo que no tiene, establecer un discurso enriquecedor, de modo que la ilustración no tiene por qué responder exactamente a lo que se está leyendo pero sí establecer un diálogo interesante”, explicó Tabernero.

Diálogo que protagoniza la colección Poetas y Ciudades, de la que ya se han editado “Poeta en Nueva York”, de Federico García Lorca; “Diario de un poeta recién casado”, de Juan Ramón Jiménez; “Sombra del Paraíso” de Vicente Aleixandre; “Fervor de Buenos Aires”, de Jorge Luis Borges; “Las piedras de Chile”, de Pablo Neruda; “El contemplado”, de Pedro Salinas, y “Ocnos”, de Luis Cernuda.

El nuevo volumen de Octavio Paz se presentará en Nueva Delhi, México y París, y para el año próximo está previsto que salga “Diario de Argónida”, de José Manuel Caballero Bonald, con estudio de Víctor García de la Concha, y dibujos de Manuel Fernández.

Pero será después de los poemas indios de Octavio Paz, que él mismo describió así: “Viajes en el espacio exterior y en el interior, realidades que vemos alternativamente con los ojos abiertos y con los ojos cerrados, paisajes nunca vistos y paisajes siempre vistos: la extrañeza de la India se fundió con mi propia extrañeza, es decir, con mi vida”.

Rosario Castellanos, el eterno femenino

Posted on Actualizado enn

Rosario Castellanos transforma en literatura a la realidad de la exclusión (especialmente, la de las mujeres)
Rosario Castellanos transforma en literatura a la realidad de la exclusión (especialmente, la de las mujeres)

Rosario Castellanos fue una mujer hecha a sí misma, una escritora necesaria. Nació un 25 de mayo de 1925 y muy pronto destacó por sus versos. “Tuvo, desde su infancia, una conciencia clara de lo que significaba ser blanca frente a los indios y mujer frente a los hombres”, relata Amalia Bautista, poetisa española, en el prólogo de una de sus antologías.

Castellanos nació en Ciudad de México, pero pasó su infancia en la hacienda de sus padres en Comitán (Altos de Chiapas). Esta región congrega la mayor cantidad de población indígena mexicana. A los 22 años se quedó huérfana, sumando la muerte de su hermano años atrás. Estas dos circunstancias la marcaron profundamente. Donó su hacienda y se fue a la capital en busca de una vida mejor.

Se graduó en filosofía y letras por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la que posteriormente ejercería como profesora. Gracias a una beca, cursó estudios de estética en Madrid. Compaginó la docencia con la escritura en el periódico Excélsior, uno de los diarios mexicanos más prestigiosos. Además, trabajó como promotora cultural para el Instituto de Ciencias y Artes de Tuxtla Guitiérrez y para el Instituto Nacional Indigenista. Castellanos fue nombrada embajadora de México en Jerusalén en 1971.

Aunque le quedaban muchas cosas por contar, su vida se apagó de forma prematura el 7 de agosto de 1974. La escritora estaba en la ducha y salió corriendo a contestar el teléfono, una lámpara se cruzó en su camino y falleció a causa de la descarga eléctrica que atravesó su cuerpo. Sus restos reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres de Ciudad de México.

Rosario Castellanos escribió once poemarios, tres novelas, ensayos, libros de cuentos, relatos, obras de teatro, textos periodísticos… cultivó múltiples géneros, pero todos ellos con un punto en común: un marcado carácter político y la defensa de los derechos de las mujeres.

A través de obras de teatro como Tablero de damas (1952) y El eterno femenino (publicada póstumamente en 1975), fue reconocida como símbolo del feminismo latinoamericano, al revelarse como una de las iniciadoras de la defensa de los derechos de las mujeres, cita su perfil publicado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

A decir de la crítica especializada, Castellanos forma parte de un selecto grupo de escritoras mexicanas del siglo XX que incursionaron en diferentes géneros literarios, desde poesía, narrativa, teatro y ensayo, hasta textos periodísticos.

Todas sus obras se consideran autobiográficas, en mayor o menor medida. Su fallido matrimonio con el filósofo Ricardo Guerra, las infidelidades de este, sus diversos abortos y depresiones configuran el tema angular de sus escritos.

‘Balún Canán’ (1957) es su obra más conocida. Supuso una gran innovación en las letras iberoamericanas, ya que fue uno de los primeros casos de feminismo literario. Narra, a través de una niña sin identificar, la muerte de su hermano y su desamparo en un mundo controlado por hombres blancos.

‘Ciudad Real’, publicado en 1960, se define en la portada como ‘cuentos sobre la opresión a las culturas indígenas’. En él presenta las costumbres de diferentes tribus, así como las diversos ofensas que tienen que soportar estas minorías. El libro descubre los antecedentes del levantamiento zapatista de 1994.

Entre los temas que ahondó en su obra destacan la inadaptación del espíritu femenino en un mundo dominado por los hombres, la sumisión a la que se vio obligada desde la infancia por el hecho de ser mujer y la melancolía meditabunda. En Lívida luz (1960), la autora revela sus preocupaciones derivadas de la condición femenina en una sociedad machista.

Uno de sus últimos documentos publicados es ‘Mujer que sabe latín’ (1973). Haciendo un gran manejo de la ironía, Castellanos proclama: “La mujer no está preparada ni interesada en el pensamiento”. La autora no lo hace como una crítica, sino como una llamada de atención sobre la mujer, que durante siglos y siglos ha sido, y es, juzgada por cómo va vestida, cómo trabaja o cómo actúa.

Rosario Castellanos fue necesaria y continua siéndolo. Una escritora que, pese a una vida llena de luces y sombras, trató de iluminar el camino de las mujeres hacia la concienciación de si mismas en pro de una mayor libertad.

La bella flagelada de América

Posted on Actualizado enn

Juana de Ibarbourou fue una mujer transgresora para la época porque ninguna mujer había escrito sobre el amor con la libertad con que lo hace ella. Es la primera que nombra su cuerpo, sus pechos, su piel, todos los elementos que hacen a la erótica
Juana de Ibarbourou fue una mujer transgresora para la época porque ninguna mujer había escrito sobre el amor con la libertad con que lo hace ella. Es la primera que nombra su cuerpo, sus pechos, su piel, todos los elementos que hacen a la erótica

La poeta uruguaya Juana de Ibarbourou fue una mujer “transgresora” en la literatura latinoamericana, con una obra que se vio marcada por la violencia de género, las drogas y un amor prohibido, según desvela el libro Al encuentro de las Tres Marías, del escritor Diego Fischer.

La “Juana de América”, como la bautizaron los universitarios y hombres de letras de Uruguay en 1929, es una de las principales figuras literarias de este país y adquiere una nueva dimensión con la biografía novelada de Fischer, que fue presentada hoy en Montevideo.

“Fue transgresora en el verso, fue transgresora en su forma de vivir y de dirigirse a un mundo literario dominado por hombres”, explica el autor en una entrevista sobre la mujer que fue primer Premio Nacional de Literatura de Uruguay, en 1959.

Al encuentro de las Tres Marías. Juana de Ibarbourou, más allá del mito (Editorial Santillana), recorre la trayectoria de esta poetisa, que nació en la villa de Melo el 8 de marzo de 1892, y murió el 15 de julio de 1979, en medio de una dictadura que le rindió honras fúnebres de ministro de Estado, pese a que ella siempre se opuso al oropel de los militares.

“Siempre le pido a los míos que cuando me muera, dejen a un lado las vanidades y me entierren simplemente en tierra, lo más a flor de tierra posible”, había dicho la poetisa en una carta al escritor español Miguel de Unamuno, uno de los primeros en alabar su ingenio.

Juana de Ibarbourou fue aplaudida por escritores nacionales, como Carlos Reyles y Juan Zorrilla de San Martín, y foráneos, como el chileno Pablo Neruda o los españoles Unamuno, Juan Ramón Jiménez, los hermanos Machado, Salvador de Madariaga y Federico García Lorca.

Cuando apenas empezaba con su primer poemario, Juana “le escribe a Unamuno, pero no sólo le escribe. Le envía tres libros y le pide que se los haga llegar a (Antonio) Machado y a Juan Ramón Jiménez. Tenía muy claro a dónde quería llegar”, asevera Fischer.

“Los principales admiradores de la poesía de Ibarbourou eran hombres. El nombramiento como “Juana de América” en el Palacio Legislativo parte de los estudiantes y al acto asisten los intelectuales más prominentes de la época”, dice Fischer.

De Ibarbourou se apellidaba en realidad Fernández Morales, pero tomó ese apellido de su marido, un militar, por quien sintió una gran pasión en los primeros años de matrimonio, que la reflejó en Las lenguas de diamante, su primer poemario, pero que se transformó después en tristeza y dolor.

Fischer recuerda que el gran éxito editorial de ese primer libro fue proporcional al escándalo que produjeron en la sociedad montevideana y porteña sus imágenes sobre el amor carnal y las figuras de los amantes.

“Ella habla del amor y de hacer el amor. Afirmaba que tanto sufre por una pasión el cuerpo como el alma. Esto suponía una evidente transgresión para una mujer, casada con un militar en 1919”, explica Fischer.

Su fama se extendió rápidamente y a ello ayudó su extremada belleza, que “supo manejar para lograr ser una poetisa consagrada” sin rozar los límites que le impuso un matrimonio infeliz, en el que el marido, como después el hijo, llegó a la violencia física.

Pero no todo es luminoso en esta biografía novelada. Se describe también la adicción por la morfina y otros narcóticos, de una mujer desesperada, con un matrimonio señalado por la indiferencia y con un hijo ludópata que se convertiría en una pesadilla.

Juana y Federico
Juana y Federico

El libro de Fischer se basa en una carta de Ibarbourou a la que tuvo acceso hace quince años en la que también se relata la pasión que la volvió a embargar cuando tenía 59 años y su belleza comenzaba a marchitarse.

“Fue su gran amor. Así lo dice también en sus versos”, señala Fischer sobre la relación que la poetisa mantuvo, ya muerto su esposo, con el médico argentino Eduardo de Robertis, de 38 años, apenas mayor que su hijo Julio César.

“En los años cincuenta, esa relación, siendo ella quien era, una mujer reconocida mundialmente, no podía ser aceptada pero, la cuenta en sus versos, sobre todo en Mensaje del escriba, donde el setenta por ciento de los versos está dedicado a él”, dice Fischer.

El escritor afirma que De Robertis logró apartarla de la droga, pero después, la tiranía de su hijo y la pérdida de ese postrer amor la volvieron a encadenar a una adicción, que, según ella, le permitía subir a “las tres Marías”, en referencia a las estrellas de la constelación de Orión, y evadir la adversidad, aunque fuera sólo unos instantes.