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Si huele mal, la culpa es de la Bilophila Wadsworthia

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La presencia de Bilophila wadsworthia,  está claramente relacionada con la inflamación intestinal y es productora de gas sulfhídrico, que aumenta en la biota intestinal según los alimentos consumidos
La presencia de Bilophila Wadsworthia, está claramente relacionada con la inflamación intestinal y es productora de gas sulfhídrico, que aumenta en la biota intestinal según los alimentos consumidos

Un estudio relaciona las molestias por gases abdominales con una bacteria. En concreto, señala que las personas que van al médico por flatulencias no producen mayor cantidad de gases sino que estos gases son más irritantes por la presencia de Bilophila Wadsworthia. Esta bacteria es la principal productora de gas en estos pacientes.

El trabajo ha identificado las bacterias responsables de producir más gas intestinal, pero, sobre todo, de aumentar la sensibilidad a estos gases en algunos pacientes.

Además, se ha determinado cómo influye la dieta en estos síntomas y en la cantidad de gas evacuado, y establece diferencias de composición de la microbiota intestinal entre los pacientes con síntomas y los pacientes que no tienen.

En el estudio se diseñaron dos grupos de estudio y se evaluaron sus hábitos dietéticos para no partir de diferencias, pero uno tenía problemas de flatulencias y el otro no, según ha informado el centro en un comunicado.

A los dos grupos se les forzó a tomar una dieta rica en productos flatulentos y se vio que, si bien en ambos aumentaban las molestias, la microbiota presente en las heces era diferente entre los que se quejaban y los que no.

En la microbiota intestinal hay gran cantidad de especies pero dos grandes familias, los firmicutes y los bacteroidetes que agrupan el 95% de todas las bacterias intestinales, y que en los pacientes con síntomas intestinales se produce una rotura del equilibrio, mientras que permanece estable en los que no tienen esos síntomas.

Uno de los hallazgos más significativos del estudio es la presencia de Bilophila Wadsworthia, una bacteria descrita recientemente, que está claramente relacionada con la inflamación intestinal y que es productora de gas sulfhídrico, y que aumenta en la biota intestinal según los alimentos consumidos.

El gas sulfhídrico que produce esta bacteria es irritante y aumenta la sensibilidad intestinal, y su cantidad se relaciona con la cantidad de gas producido.

Para los expertos, el gran hallazgo de este estudio es que la Bilophila Wadsworthia está en el intestino de los pacientes que presentan síntomas y no en el intestino de los controles sanos, lo que demuestra que no es la cantidad de gas lo que origina las molestias sino su composición.

Por el contrario, en las personas que no tienen esta bacteria la dieta flatulenta produce también gases pero fundamentalmente hidrógeno, metano y otros gases que no son irritantes.

El LSD regresa a las discusiones médicas

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El hallazgo subraya el valor que las drogas psicodélicas pueden aportar a la ciencia bajo condiciones controladas de investigación
El hallazgo subraya el valor que las drogas psicodélicas pueden aportar a la ciencia bajo condiciones controladas de investigación

Una técnica pionera de neuroimagen muestra nuevos efectos en el cerebro que puede causar la droga sintética LSD, según ha publicado la revista especializada Current Biology.

El principal efecto del LSD, una de las drogas alucinógenas más consumidas del mundo, es que «hace perder la conciencia de uno mismo», según el estudio liderado por la Real Academia Neerlandesa de Artes y Ciencias y el Imperial College de Londres.

Quince voluntarios que nunca habían probado ningún psicotrópico se inyectaron una solución con 75 microgramos de esa sustancia y, tras 70 minutos bajo los efectos del LSD, fueron introducidos en un escáner cerebral.

Los efectos alucinógenos del LSD son conocidos pero, sin embargo, nunca se había estudiado cómo esta droga altera las funciones cerebrales.

«En condiciones normales, nuestro cerebro se basa en redes independientes que realizan funciones especializadas por separado, como ver, moverse u oír», explica el coautor de la investigación, Robin Carhart-Harris.

Sin embargo, «bajo los efectos del LSD la separación entre estas redes se rompe y, en su lugar, vemos un cerebro más integrado o unificado», añade el doctor, del departamento de medicina del Imperial College .

En concreto, esa disolución de fronteras sucede en la región del córtex que se encarga de la conciencia y de la captación de información del exterior a través de los sentidos, según explica Enzo Tagliazucchi, del Instituto Neerlandés de Neurociencia.

Así, cuando las regiones del cerebro «comparten información» crean la sensación de «disolver las fronteras del individuo», apunta Tagliazucchi.

El investigador señala que «el hallazgo subraya el valor que las drogas psicodélicas pueden aportar a la ciencia bajo condiciones controladas de investigación».

Tagliazucchi manifiesta su voluntad de seguir usando psicodélicos para investigar los estados de conciencia, incluido el sueño, la anestesia y el coma.

Fines médicos

Tras más de 40 años de estar prohibido para fines clínicos, la dietilamida de ácido lisérgico (LSD), comúnmente conocida como “ácido”, regresó a las discusiones médicas, debido sus efectos para reducir la ansiedad que en los pacientes terminales puede llegar a provocar la idea de la muerte.

El estudio dio un vistazo a la seguridad y eficacia de LSD cuando se utiliza en combinación con terapia de conversación. De esta manera, se empleó la droga psicodélica semisintética para facilitar los debates sobre los temores de morir los enfermos de cáncer, por medio de experiencias de “viaje” de 10 horas de largo supervisadas, episodios que fueron descritos por un paciente como una “experiencia mística”, donde “la mayor parte era la angustia pura a todos los recuerdos que había olvidado con éxito durante décadas.”

Así, la investigación realizada por el psiquiatra suizo Peter Gasser se llevó a cabo en 12 pacientes, la mayoría enfermos de cáncer, quienes se sometieron a una experiencia de 10 horas supervisada por el especialista, quien afirma que la ansiedad de sus pacientes bajó considerablemente, pues se trata de un complemento al proceso que reciben, publicó Journal of Nervous and Mental Disease.

Rick Doblin, director ejecutivo de la Asociación Multidisciplinaria para Estudios Psicodélicos, una fundación que ha colaborado en varios estudios de este tipo, afirma que quieren devolver a los laboratorios ese tipo de sustancias, como parte de un “renacimiento psicodélico”
Rick Doblin, director ejecutivo de la Asociación Multidisciplinaria para Estudios Psicodélicos, una fundación que ha colaborado en varios estudios de este tipo, afirma que quieren devolver a los laboratorios ese tipo de sustancias, como parte de un “renacimiento psicodélico”

Pese a que algunos murieron un año después del estudio, el especialista manifiesta que tuvieron una “aventura mental que parecía haber aliviado el pesimismo existencial de sus últimos días”.

Antes de tomar LSD, los pacientes se reunieron con Gasser para conocerse. Después, al ingerir la droga, estos dormían en un sofá dentro de la oficina, asistidos por el terapeuta para controlar los efectos y propiciar mayor seguridad. Según Gasser, el hecho no fue fácil. “Muchos lloraron y retorcieron. Un hombre de 67 años aseguró haber conocido a su padre, quien falleció hace muchos años”.

“Les dije que cada sesión sería justo aquí, en un ambiente seguro, y yo soy parte de él”, dijo Gasser, quien además les advertía a sus pacientes: “No puedo garantizar que no tendrás una angustia intensa, pero te puedo decir que si eso ocurre, pasará.”

Después de dos meses de terapia semanal, ocho de los participantes que recibieron dosis completas de LSD tuvieron un menor índice de ansiedad, en cambio, los cuatro restantes que tomaron dosis más pequeñas, empeoraron. Por otra parte, la droga no causó ninguna consecuencia grave, publicó The New York Times.

Por su parte, Rick Doblin, director ejecutivo de la Asociación Multidisciplinaria para Estudios Psicodélicos, una fundación que ha colaborado en varios estudios de este tipo, afirma que quieren devolver a los laboratorios ese tipo de sustancias, como parte de un “renacimiento psicodélico”.

Antes de que el LSD fuera prohibido, era utilizado con fines clínicos. Sin embargo, en 1966 el gobierno estadounidense acabó con las investigaciones en torno a la droga. No obstante, en los últimos años, psiquiatras en todo el mundo que trabajan de acuerdo a reguladores estatales y a comités de ética han puesto a prueba terapias asistida para el estrés post traumático utilizando éxtasis, así como otros ensayos con alucinógenos.

“El esfuerzo es a la vez político y científico”, dijo Döblin. “Queremos sacar a estas sustancias fuera del molde de la contracultura y traerlas de vuelta al laboratorio”, agregó.

Esperanzadores resultados en el tratamiento del cáncer de vejiga con aceite de oliva

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Los resultados de la emulsión basada en aceite de oliva se antojan como un vehículo muy prometedor para la administración del tratamiento de cáncer de vejiga con micobacterias
Los resultados de la emulsión basada en aceite de oliva se antojan como un vehículo muy prometedor para la administración del tratamiento de cáncer de vejiga con micobacterias

Nuevas evidencias llegan sobre propiedades saludables del “oro líquido”. En esta ocasión, investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), en colaboración con el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC), han descubierto que utilizar una emulsión de aceite de oliva para administrar la micobacteria M. brumae mejora el tratamiento del cáncer de vejiga.

El método, experimentado en ratones, ha sido publicado en la revista ‘Scientific Reports’, del grupo Nature. La investigación ha sido dirigida por la profesora del Departamento de Genética y Microbiología de la UAB Esther Julián, que ya el año pasado anunció el descubrimiento de que las células de Mycobacterium brumae ofrecen una alternativa que mejora los tratamientos actuales para el cáncer de vejiga, como el BCG (inmunoterapia basada en el Mycobacterium bovis), que puede causar infecciones.

Desde entonces, Julián y su equipo han buscado la manera de mejorar la actividad inmunoterapéutica de M. brumae mediante el diseño de emulsiones que puedan incrementar la homogeneidad y la estabilidad de las soluciones de la micobacteria y, por tanto, su eficacia cuando se introducen en el cuerpo.

Los investigadores han encontrado la manera de reducir los grumos que se producen de manera natural cuando las células de micobacterias, con un alto contenido de lípidos en sus paredes, se introducen dentro de las soluciones acuosas que se utilizan generalmente para la instilación intravesicular -la aplicación directa del medicamento mediante gotero- en los pacientes de cáncer de vejiga.

Esta formación de grumos puede interferir en la interacción entre las células micobacterianas y las células del organismo, y disminuir los efectos antitumorales.

Según ha explicado Julián, de entre todas las posibilidades analizadas, una emulsión basada en aceite de oliva ha sido la solución que ha inducido una respuesta inmune mejor tanto en los experimentos in vitro como in vivo, con ratones modelo de la enfermedad.

El aceite de oliva preserva la viabilidad de la micobacteria, evita la formación de grumos y proporciona así unas condiciones favorables para que llegue a la vejiga.

Según Esther Julián, “estos resultados subrayan el potencial de la emulsión basada en aceite de oliva como un vehículo muy prometedor para la administración del tratamiento de cáncer de vejiga con micobacterias”.

El trabajo lo han llevado a cabo investigadores del Departamento de Genética y Microbiología de la Facultad de Biociencias, del Departamento de Medicina y Cirugía Animal en la Facultad de Veterinaria, y del Servicio de Microbiología de la UAB, junto con el grupo de Infecciones Bacterianas y Terapias antimicrobianas del IBEC.

De la filosofía a la patología

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Diógenes, un filósofo radical que no creía en las convenciones sociales
Diógenes, un filósofo radical que no creía en las convenciones sociales

Diógenes vivía en una tinaja y sus únicas posesiones eran un manto, un zurrón, un báculo y un cuenco. El filósofo griego hizo del culto a la pobreza un modo de vida y pasó sus días convertido en un vagabundo. Diógenes quería prescindir de todo y de todos, desdeñaba al ser humano y consideraba toda propiedad como un modo de esclavitud.

Antes de partir a la conquista de Asia, Alejandro Magno se detuvo en Corinto y pidió conocer «al filósofo que vivía con los perros», o al menos eso cuenta una leyenda de larga tradición. El joven macedonio quedó asombrado con Diógenes de Sinope, pues no se parecía a ningún sabio que el joven macedonio, educado por Aristóteles, hubiera conocido o imaginado nunca: dormía en una tinaja y se rodeaba las veinticuatro horas del día por una jauría de perros. Alejandro entabló conversación con el entonces anciano y, horrorizado por las condiciones en las que vivía, le preguntó si podía hacer algo para mejorar su situación. «Sí, apartarte, que me estás tapando el Sol», contestó el filósofo de malas maneras al que era ya el dueño de Grecia. No en vano, según la leyenda, el macedonio no solo aceptó el desplante sin enfadarse, sino que le mostró su máxima admiración: «De no ser Alejandro, yo habría deseado ser Diógenes».

Perteneciente a la escuela cínica, que consideraba que la civilización y su forma de vida era un mal en sí mismo, Diógenes de Sinope llevó hasta el extremo las ideas del fundador de esta filosofía, Antístenes. Lejos de lo que hoy se entiende por cinismo (tendencia a no creer en la sinceridad o bondad humana y a expresar esta actitud mediante la ironía y el sarcasmo), las ideas de Antístenes buscaban alcanzar la felicidad deshaciéndose de todo lo superfluo. Así, este discípulo directo de Sócrates se retiró a las afueras de Atenas para vivir bajo sus propias leyes, sin obedecer a las convenciones sociales. No obstante, fue su aventajado discípulo, Diógenes, quien hizo célebre su obra a través de la indigencia más absoluta.

Parece paradójico que un hombre que despreciaba a los objetos haya acabado dando nombre a aquellos que no son capaces de desprenderse de ninguno, pero es así.

Este trastorno fue bautizado por los investigadores Clark y Mankikar, dos psiquiátras de aunque ya se conocían estudios previos sobre el tema. Otros autores se han referido a esta conducta como «fallo o fracaso senil en los patrones de higiene personal y ambiental». En su opinión, este comportamiento podriá explicarse como «un mecanismo de defensa» que utilizan las personas mayores para responder al estrés del envejecimiento.

Cerca del 6% de los ciudadanos de occidente acumulan objetos de forma compulsiva, pero aunque esto sea una patología ésto no es diógenes. Los enfermos de diógenes además padecen dejadez personal y social y suelen acumular restos de alimentos y basura en general.

Además, existen dos caras de esta patología: el diogenes activo, que provoca la búsqueda y acumulación de basura y despojos. Por otra parte, el lado pasivo consiste en dejar o no recoger los objetos, de forma que acaban acumulándose. En este sentido, el diógenes pasivo se parecería más a la acumulación de objetos.

El trastorno de acumulación se define por la tendencia que lleva a las personas a acumular objetos inservibles o sin valor y la dificultad de deshacerse de ellos, de forma que acaban ocupando más del 70% del espacio habitable de su domicilio con estos objetos, haciendo difícil la vida diaria.

Tradicionalmente, la conducta acumuladora se relacionaba con el trastorno obsesivo-compulsivo, pero últimamente se ha empezado a considerar como una patología independiente ya que las personas afectadas no experimentan pensamientos obsesivos ni clara ansiedad sino una dificultad para desprenderse de los objetos adquiridos y un sentimiento de duelo cuando se ven obligados a ello.

Es fundamental tener en cuenta estas diferencias psicopatológicas para establecer un buen diagnóstico diferencial entre las dos patologías.

Eternamente joven por un día

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Con este material, pretenden combatir los problemas de la piel que se derivan con el paso de los años y proteger la dermis de altas temperaturas, toxinas, microorganismos, radiación y baja firmeza y elasticidad
Con este material, pretenden combatir los problemas de la piel que se derivan con el paso de los años

Un grupo de científicos ha creado un polímero de silicona que actúa como una segunda piel “invisible”, que replica las propiedades de una dermis joven al mejorar temporalmente la hidratación y reducir la apariencia de arrugas y ojeras, según un estudio publicado por Nature Materials.

El informe, que se llevó a cabo desde el Hospital General de Massachusetts (MIT en sus siglas en inglés) en Estados Unidos y Olivo Laboratorios , explica que esta aportación se utilizará para mejorar medicamentos que tratan enfermedades como la dermatitis o los eccemas.

El profesor y miembro del MIT Daniel Anderson afirmó que esta sustancia química actúa como “barrera”, facilita “mejoras cosméticas” y “potencialmente permitirá crear productos médicos”, “tres factores que la hacen ideal para el uso humano”.

Según la revista británica, los autores del estudio realizaron varios ensayos en personas para probar la efectividad y su seguridad y descubrieron que, al aplicar este polímero de silicona sobre el lugar donde se forman las ojeras, desprendía una fuerza compresiva constante que aprieta la piel durante al menos 24 horas.

Respecto a la hidratación en pieles secas, se percataron de que todos aquellos que probaban esta segunda piel sufrían menos pérdidas de agua que los que usaban un producto comercial de gama alta.

Además, aclararon que nadie sufrió ninguna irritación como consecuencia del polímero de silicona.

Para alcanzar este resultado, los científicos trabajaron con un abanico de hasta 100 polímeros diferentes, todos ellos compuestos por una estructura de “siloxano”, que combina átomos de silicona y oxígeno.

Con este material, pretenden combatir los problemas de la piel que se derivan con el paso de los años y proteger la dermis de altas temperaturas, toxinas, microorganismos, radiación y baja firmeza y elasticidad.

Los demonios de Tasmania desarrollan anticuerpos naturales contra el cáncer

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Los tumores faciales han diezmado la población de demonios
Los tumores faciales han diezmado la población de demonios

Unos anticuerpos naturales presentes en el sistema inmunológico de los demonios de Tasmania podrían combatir el cáncer facial que diezma a su población desde hace unas dos décadas, según una investigación publicada en la revista Nature Scientific Reports.

El tumor que afecta a los demonios de Tasmania, que a menudo se contrae a través de heridas sufridas en peleas con ejemplares infectados, aparece en la boca del animal y aumenta de tamaño hasta causar unas deformaciones que le impiden comer para sobrevivir.

Los científicos liderados por Beata Ujvari, de la Universidad de Deakin, investigaron las diferentes moléculas presentes en el sistema inmunológico de los demonios de Tasmania (Sarcophilus harrisii) sanos comparándolos con aquellos afectados por el cáncer facial.

Así hallaron que “los demonios que no tenían esta enfermedad tienen una mayor proporción de estos anticuerpos”, dijo Ujvari a la cadena local ABC.

Esto responde a que “probablemente algunos (demonios de Tasmania) tienen un mejor sistema inmunológico que otros como es el caso de los humanos, en que unos son más fuertes que otros”, precisó.

Anteriores estudios científicos sobre humanos y animales ya han revelado que ciertos anticuerpos naturales son capaces de reconocer y matar a las células cancerígenas, por lo que la investigación se centraba en hallar la relación entre estas moléculas y el desarrollo del cáncer en los demonios de Tasmania, precisó Ujvari.

El siguiente paso es entender cómo funciona el mecanismo de los anticuerpos y probablemente desarrollar vacunas contra estos tumores faciales o tratamientos directos para reforzar la presencia de estos anticuerpos naturales.

“Pero esto es a largo plazo, dentro de unos cinco o diez años“, remarcó Ujvari a la ABC.

Antiguamente el demonio de Tasmania pobló el territorio continental de Australia, pero ahora su hábitat se reduce a la isla de Tasmania, en donde este animal padece de tumores faciales y una baja diversidad genética.

Este carnívoro está incluido en el listado nacional de Australia de animales en peligro de extinción y también en la lista roja de Naciones Unidas por considerar que en un plazo de 25 a 35 años puede desaparecer si antes no se encuentra una cura al cáncer que está acabando con la especie.