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Montessori o la luz al final del cachete

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La científica y humanista italiana renovó la educación infantil con un método de enseñanza que lleva su nombre y que hoy se sigue practicando en todo el mundo
La científica y humanista italiana renovó la educación infantil con un método de enseñanza que lleva su nombre y que hoy se sigue practicando en todo el mundo

La doctora María Montessori desarrolló el sistema educativo conocido como el “método Montessori”. Su obra es tanto un método como una filosofía de la educación; y su alcance abrazó a centenas de países en el mundo.

De acuerdo con historiadores, la pedagoga italiana consideraba a los pequeños como la esperanza de la humanidad, por lo que les dio la oportunidad de utilizar la libertad a partir de los primeros años de desarrollo. Con su método, el niño llegaría a ser un adulto con capacidad de hacer frente a los problemas de la vida.

El impacto que tuvo Montessori en la renovación de los métodos pedagógicos a principios del siglo XX fue profundo: la mayoría de sus ideas hoy parecen evidentes e incluso demasiado simples. Pero en su momento fueron innovaciones radicales, que levantaron controversias, especialmente, entre los sectores más conservadores.

Método Montessori

El material didáctico que diseñó es de gran ayuda en el período de formación preescolar. Se caracteriza por desarrollar en el niño la independencia, la libertad con límites, respetar la psicología natural y el desarrollo físico y social del niño. Su libro “El método Montessori” fue publicado en 1912.

Este método se caracteriza por poner énfasis en la actividad dirigida por el niño y observación clínica por parte del profesor. Esta observación tiene la intención de adaptar el entorno de aprendizaje del niño a su nivel de desarrollo.

El propósito básico es liberar el potencial de cada niño para que se autodesarrolle en un ambiente estructurado. El método nació de la idea de ayudar al niño a obtener un desarrollo integral, para lograr un máximo grado en sus capacidades intelectuales, físicas y espirituales, trabajando sobre bases científicas en relación con el desarrollo físico y psíquico del niño.

Montessori basó su material educativo en el trabajo del niño y en la colaboración adulto – niño. Así, la escuela no es “un lugar donde el maestro transmite conocimientos”, sino “un lugar donde la inteligencia y la parte psíquica del niño se desarrollará a través de un trabajo libre con material didáctico especializado”.

La vida de María Montessori

Nació el 31 de agosto de 1870 en Chiaravalle, provincia de Ancona, Italia, en el seno de una familia burguesa católica. Sus padres fueron Renilde Stoppani y Alessandro Montessori, militar de profesión y hombre muy estricto; sin embargo, en su familia se reconocía el derecho a cierta educación de la mujer.

Estudió ingeniería a los 14 años; luego estudió biología y por último fue aceptada en la Facultad de Medicina de la Universidad de Roma “La Sapienza”.

Su padre se opuso al principio, pero a pesar de ello terminó graduándose en 1896 como la primera mujer médico en Italia. Fue miembro de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Roma. Más tarde, estudió antropología y obtuvo un doctorado en filosofía, época en la que asistió a uno de los primeros cursos de psicología experimental. Es contemporánea de Freud y desarrolló su propia clasificación de enfermedades mentales.

Entre 1898 y 1900 trabajó con niños considerados perturbados mentalmente. Se dio cuenta de que estos niños tenían potencialidades que, aunque estaban disminuidas, podían ser desarrolladas y que eran dignos de una vida mejor sin representar una carga para la sociedad. En este momento decidió dedicarse a los niños durante el resto de su vida.

Montessori, al desarrollar su labor pedagógica, descubrió los trabajos de dos médicos franceses, Jean Itard (1774-1838) y Eduardo Séguin (1812-1880). El primero de estos es considerado el “padre” de la nueva pedagogía, que establece la importancia de la observación en los niños y entiende que a los niños no se les puede imponer nada.

El segundo creó ejercicios y materiales para ayudar al niño a desarrollar sus facultades, además de estudiar el caso del denominado niño salvaje de Aveyron). Más tarde, conoció los trabajos del pedagogo suizo Johann Heinrich Pestalozzi (1746-1827). Pestalozzi hacía énfasis en la preparación del maestro, que primero debe lograr un cambio en su persona y debe tener amor a su trabajo. También debe haber amor entre el niño y el maestro.

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