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Disuasión para prevenir muertes por tabaquismo

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La industria tabacalera consigue 50.000 millones de dólares (unos 40.600 millones de euros) de beneficios anuales, por lo que con 5-6 millones de muertes la industria gana 10.000 dólares (8.100 dólares) por mue
La industria tabacalera consigue 50.000 millones de dólares (unos 40.600 millones de euros) de beneficios anuales, por lo que con 5-6 millones de muertes la industria gana 10.000 dólares (8.100 dólares) por mue

La Organización Mundial de la Salud (OMS) es contundente. El tabaco es una de las principales causas de defunción, enfermedad y empobrecimiento. De hecho, cada año es el responsable de más de siete millones de fallecimientos.

Investigadores del Consorcio de la Economía Global del Tabaco han estimado que un gran aumento del precio del tabaco podría prevenir la muerte de cientos de millones de individuos en países con un nivel salarial medio.

El estudio, publicado en el British Medical Journal (BMJ), analiza un hipotético incremento del coste del tabaco en 13 países con cerca de 500 millones de fumadores masculinos. El aumento estudiado –del 50% del precio del producto– se ejecutaría aumentando los impuestos en cada país.

“Nuestro artículo desmiente los argumentos sobre si aumentar el precio del tabaco tendría un impacto más negativo entre los más pobres”, explica a Sinc Prabhat Jha, líder de la investigación y director del Centre for Global Health Research en el Hospital St. Michael de Toronto.

Los científicos utilizaron un modelo teórico para medir el efecto que tendría el hecho de dejar de fumar, en relación con la edad, el nivel salarial, la esperanza de vida ganada, el coste de los tratamientos evitados e incluso los beneficios adicionales para las arcas públicas.

Entre los resultados destaca cómo con estas medidas se ganaría un promedio de 450 millones de años en esperanza de vida, entre los 13 países, siendo la mitad de las personas ciudadanos chinos.

Además, la medida podría prevenir que cerca de 20 millones de personas cayeran bajo el umbral de la pobreza –según la definición establecida por el Banco Mundial–, ya que se evitarían los costes médicos provocados por el tabaco, teniendo en cuenta que en algunos de los países estudiados no existe la cobertura sanitaria pública.

Muchos beneficios para las tabacaleras

Los 13 países elegidos para el estudio fueron seis estados con un nivel salarial bajo (India, Indonesia, Bangladesh, Filipinas, Vietnam y Armenia) y siete con un nivel salarial medio (China, México, Turquía, Brasil, Colombia, Tailandia y Chile). Para ello se valoró cada población –el 90% de los fumadores en estos países son hombres–, la accesibilidad de los datos y la diversidad geográfica.

Los autores consideran que los gobiernos deberían apoderarse de los beneficios de las tabacaleras. “La industria pelearía cualquier subida de impuestos, pero daría un gran margen a los gobiernos”, subraya Prabhat Jha.

“La industria tabacalera consigue 50.000 millones de dólares (unos 40.600 millones de euros) de beneficios anuales, por lo que con 5-6 millones de muertes la industria gana 10.000 dólares (8.100 dólares) por muerte”, añade.

Los autores también contemplan extrapolar las conclusiones de su estudio a otras sustancias perniciosas para la salud, como el azúcar o el alcohol, aunque para los investigadores la prioridad es el tabaco “porque mata más personas que todas las otras causas”, concluyen.

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Muertos en el salón de belleza

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La tanatoestética es la aplicación de técnicas de maquillaje para difuntos, mientras que la tanatopraxia se refiere al conjunto de prácticas empleadas sobre un cadáver para su adecuada higienización, embalsamamiento y conservación
La tanatoestética es la aplicación de técnicas de maquillaje para difuntos, mientras que la tanatopraxia se refiere al conjunto de prácticas empleadas sobre un cadáver para su adecuada higienización, embalsamamiento y conservación

La técnica de devolver el aspecto natural a los cadáveres y retrasar su descomposición, incluso quitarles las marcas traumáticas de un accidente, es una práctica en auge. La tanatopraxia mejora el aspecto del cuerpo y también lo desinfecta por dentro y por fuera, evitando la putrefacción, un factor clave para funerales prolongados o circunstancias en las que los cementerios están abarrotados y hay demoras para los entierros.

El proceso puede ir desde el maquillaje y la hidratación de la piel del rostro -la tanatoestética- hasta intervenciones complejas de reconstrucción para borrar las huellas de accidentes o los cortes de los forenses en las autopsias.

Esta técnica quita el ‘color a muerto’ y parece como si estuviera dormido. Esto es importante para la familia de quien ha fallecido pues no es lo mismo despedirse de un familiar que de un cadáver.

Según los expertos, esta práctica está poco difundida en muchos países por desconocimiento y por ciertos tabúes frente al fenómeno de la muerte.

Daniel Larovere, tanatopráctico y comercializador de camillas especiales para realizar estas intervenciones, apunta a la cualificación de quienes aplican esta técnica como el factor diferencial que determinará el rumbo futuro de la tanatopraxia.

“Hay buenos expertos, que hacen incisiones mínimas, y otros que, en cambio, hacen una carnicería”, se queja.

Para Larovere, uno de los mayores referentes mundiales en la materia es el francés Jean Monceau, que intervino en los cadáveres de la princesa Lady Di, de la actriz Bette Davis y del modisto Guy Laroche.

La tanatopraxia tiene sus orígenes más remotos en el antiguo Egipto y empezó a ser utilizada con mayor asiduidad durante la Guerra de Secesión en los Estados Unidos (1861-1865) para preservar por más tiempo los cadáveres de los muertos en combates.

Inicialmente se usaba arsénico, pero resultaba muy peligroso para los tanatoprácticos, por lo que luego comenzó a utilizarse formol. Hoy se utiliza una combinación de químicos para estabilizar la materia corpórea y evitar la putrefacción por un mínimo de quince días y hasta por un máximo de 45 días.

El proceso, que puede demandar unas dos horas de trabajo, se inicia con la profilaxis externa del cuerpo y sigue con la introducción de líquidos conservantes a través de las arterias -unos ocho litros para un cuerpo de 75 kilos-. A medida que se introducen estos líquidos, se extrae la sangre. En algunos casos también se extraen los gases encerrados en diversos órganos.

Una clave es conocer de qué ha fallecido la persona pues, por ejemplo, si murió de hepatitis B y se le inyectan ciertos químicos, se puede producir un contraste de colores y el cuerpo vira al verde.

En casos de muertes traumáticas o de cortes por autopsias, se requiere primero cerrar las heridas y los cortes que presente el cadáver para luego iniciar la inyección de líquidos conservantes.

Quienes realizan esta práctica deben adquirir conocimientos de anatomía, biología y química porque, si se da un paso equivocado, no es posible revertirlo.

Fue Víctor Hugo quien alguna vez postuló en un poema que “la belleza y la muerte son dos cosas profundas, con tal parte de sombra y de azul que diríanse dos hermanas terribles a la par que fecundas, con el mismo secreto, con idéntico enigma”.

Devolver algo de belleza a un cadáver está lejos de tener pretensiones poéticas, pero al menos intenta dar a los vivos un poco de consolación.

El muerto, de parranda cataléptica

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La catalepsia es un trastorno real, pero la ficción ha construido sobre esta dolencia extraordinarias narraciones que, afortunadamente, superan con mucho los límites de lo cotidiano
La catalepsia es un trastorno real, pero la ficción ha construido sobre esta dolencia extraordinarias narraciones que, afortunadamente, superan con mucho los límites de lo cotidiano

Vivir con el constante temor de ser enterrado vivo y sumergirse cada noche al cerrar los ojos en tenebrosas historias dignas de Halloween. En uno de sus emblemáticos cuentos, Edgar Allan Poe narra el día a día de un hombre que sufre recurrentes ataques de catalepsia, una dolencia real sobre la que se han construido terroríficos relatos, películas y leyendas.

“Durante varios años sufrí ataques de ese extraño trastorno que los médicos han decidido llamar catalepsia, a falta de un nombre que mejor lo defina. Aunque, tanto las causas inmediatas como las predisposiciones, e incluso el diagnóstico de esta enfermedad siguen siendo misteriosas, su carácter evidente y manifiesto es bien conocido”, narra Edgar Allan Poe en su obra “El entierro prematuro”.

El personaje protagonista de este relato describe sus experiencias en primera persona. “Mi propio caso no difería en ningún detalle importante de los mencionados en los textos médicos. A veces, sin ninguna causa aparente, me hundía poco a poco en un estado de semisíncope o casi desmayo. Ese estado, sin dolor, sin capacidad de moverme o realmente de pensar, pero con una borrosa y letárgica conciencia de la vida y de la presencia de los que rodeaban mi cama, duraba hasta que la crisis de la enfermedad me devolvía, de repente, el perfecto conocimiento”, detalla.

“Otras veces el ataque era rápido, fulminante. Me sentía enfermo, aterido, helado, con escalofríos y mareos y, de repente, me caía postrado. Entonces, durante semanas, todo estaba vacío, negro, silencioso y la nada se convertía en el universo. La total aniquilación no podía ser mayor.”, señala el personaje principal de este cuento de Edgar Allan Poe, un autor convertido en célebre literato gracias a sus famosas historias de terror.

La literatura y el cine han recurrido a la catalepsia para forjar macabros relatos sobre personas que eran enterradas vivas sin poder mover un músculo para evitarlo. También abundan las leyendas sobre supuestos resucitados y las historias de todo tipo que hablan de arañazos en los ataúdes y de gritos desde las sepulturas.

La catalepsia es un trastorno real, pero la ficción ha construido sobre esta dolencia extraordinarias narraciones que, afortunadamente, superan con mucho los límites de lo cotidiano.

“Existen unas dolencias motoras y de tipo vegetativo que pueden conducir a un estado de paralización de los movimientos e, incluso, de aparente cese de algunas de las funciones vitales básicas, como la respiración. En esto consiste la versión más literaria de la catalepsia”, explica Jerónimo Saiz, presidente de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental.

Vinculado con ello, se ha hablado de “la posibilidad de que una persona pueda ser enterrada viva por confundir el estado de catalepsia con un estado de defunción. Pero es algo que no ha sucedido en la realidad”, asegura.

La catalepsia es “uno de los fenómenos motores que se pueden dar en relación con lo que se llama síndrome catatónico”, destaca el psiquiatra. En este sentido, el especialista habla de la flexibilidad cérea que, según explica, tiene que ver con la “tendencia a repetir determinados gestos de una forma contracturada”.

Cuando esto ocurre, si se toma la mano de un sujeto y se la pone en una postura forzada, esa mano permanece inmóvil sin volver a su estado inicial. El doctor Saiz aclara que, dentro del círculo de lo catatónico, la catalepsia es una de las posibilidades.

Asimismo, el psiquiatra Pablo Alberto Chalela Mantilla, en su artículo titulado “Síndrome catatónico” señala que, dentro de los trastornos posturales, se pueden mencionar: “la catalepsia, la excitación catatónica, el estupor catatónico, la rigidez catatónica, la posición catatónica, la flexibilidad cérea y la acinesia”.

El síndrome catatónico se produce en algunas enfermedades como la esquizofrenia catatónica, pero también se da en una variedad de patologías de tipo metabólico, neurológico o tóxico. Es decir, “puede haber circunstancias físicas que desencadenen este tipo de fenómenos”, apunta Jerónimo Saiz.

En este trastorno se producen “movimientos, actos o conductas que no tienen finalidad, que están entre lo automático y lo voluntario y que pueden tomar formas muy variadas. Es, en último término, una alteración del sistema nervioso”, puntualiza.

Cuando se dan este tipo de episodios, la persona afectada, aparentemente, pierde la consciencia. “Al menos hay una desconexión con la realidad, con el medio”, aclara el psiquiatra.

No obstante, hay que decir que las crisis de catalepsia son extraordinariamente escasas y los síndromes catatónicos tampoco son habituales. De hecho, según expone el doctor Saiz, “dentro de la esquizofrenia, la forma que se llama catatónica es la menos frecuente”.

Además, el número de ataques que pueden producirse depende de la causa que los provoque. En el caso de una enfermedad como la esquizofrenia, que puede cursar con crisis recurrentes a lo largo de la vida, estos podrían darse de forma repetida, “sin embargo, sería diferente si tuvieran su origen en una alteración de tipo neurológico como la enfermedad de Parkinson o en un accidente cerebro-vascular”, matiza el experto.

Es posible que estas crisis dejen secuelas, pues pueden afectar a funciones vitales y pueden tener consecuencias de tipo metabólico, comenta el especialista.

En este sentido, señala que se puede producir “deshidratación, sudoración, variaciones en la tensión arterial e, incluso, se puede alterar la eliminación de sustancias por el riñón. Si no se aborda o no se trata adecuadamente podría tener trascendencia”, concluye.

Las múltiples caras de la guadaña

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La araña bananera es letal y ha llegado a Europa en exportaciones de plátanos brasileños
La araña bananera es letal y ha llegado a Europa en exportaciones de plátanos brasileños

Hay “1.000 maneras estúpidas de morir por culpa de un animal” y así titula su libro el periodista Isidoro Merino, al que le “divierte y fascina” hablar de la fauna más letal que habita nuestro planeta.

Por eso ha escrito una obra en la que nos recuerda sin piedad que cada año 600 personas son devoradas por los cocodrilos, 800 acaban en la barriga de tigres o leopardos y 125.000 son víctimas de mordeduras de serpientes.

En esta terrorífica introducción adelanta que en África viven moscas antropófagas que ponen sus huevos en la piel para que sus larvas se alimenten de carne humana y que en Japón “algunas avispas matan a una media de cuarenta personas al año con su picaduras”.

El autor, un incorregible viajero que ha buceado con tiburones ballena en las islas Galápagos y fue atacado por un gorila macho en los volcanes del Congo, ha explicado que entre los “asesinos más impensables” que ha descubierto se encuentran es el amoroso Koala y la bella caracola del género conus.

En relación al primero se hace eco de un relato del periodista Kenneth Cook, quien confesaba que odiaba a este animalillo australiano porque en una ocasión uno de ellos estuvo a punto de “arrancarle sus atributos masculinos cuando intentaba bajarlo de un árbol.

En cuanto a las conus, afirma que muchos son los que han recogido inocentemente durante el viaje de novios en alguna playa de las Seychelles, Maldivas o Bali esas “preciosas y nacaradas conchas sin saber que se juegan la vida”.

Según Merino, los conus guardan un veneno, que es un “mortífero coctel de al menos cien componentes biológicamente muy activos”, que te pueden dejar tieso en apenas segundos.

Para escribir este libro, de 198 páginas, Merino ha recurrido a a numerosas obras de los más variados autores, como el “Banquete Humano” de Luis Pancorbo;”Envenenamiento para animales” de Arturo Valledor; o “Dangerous marine animals” de Bruce Halstead.

Dividido en ocho capítulos, la obra, editada por Planeta con papel ecológico, está estructurada como una guía en la que se dedica siempre un par de páginas a cada animal asesino: desde la araña bananera que desde Brasil ha llegado a Europa con los exportaciones de plátanos, hasta la Cantárida, o mosca española a la que el autor alude como el escarabajo que mató a un Rey”.

Y este rey, según Merino, no es otro que Fernando el Católico, que tras quedarse viudo de Isabel, se caso con 53 años con la joven Germana de Foix, de 18, y para dar la talla recurrió al viagra del siglo XVI, que no era otro que el polvo de este pequeño escarabajo de color metálico también conocido como mosca española.

Su principio activo, señala Merino, provoca ampollas en la piel y también es tóxico por vía oral, aunque en dosis muy pequeñas (un miligramo puede ser letal) actúa como vasodilatador y provoca erecciones espontáneas.

Y se cree -concluye el autor- que fue la ingestión de este polvo lo que provocó la muerte por intoxicación del histórico antecesor dinástico de nuestro actual Rey, Felipe VI.