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Juegos de alcoba entre plantas

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La Paeonia festiva, una planta de peonía, actúa a través de sus estambres dispuestos como una corona
La Paeonia Festiva, una planta de peonía, actúa a través de sus estambres dispuestos como una corona

Ver lo conocido de un modo nuevo e inesperado fue lo que hizo que Carl von Linneo (1707-1778) clasificara las plantas sexualmente, algo que recordaron en “Herbarium Amoris” con primerísimos primeros planos otros dos suecos, el fotógrafo Evard Koinberg y el escritor ya fallecido Henning Mankell.

El proyecto comenzó en 1999, cuando Koinberg leyó los textos de Linneo, quizá la figura de la Ilustración sueca más conocida, y se quedó “estupefacto” por la desinhibición y la poesía del lenguaje del padre de la botánica.

“Los sépalos son el tálamo donde se juntan los estambres y los pistilos, con su forma de cetro. Los filamentos son los conductos espermáticos, el estilo el pasaje maternal o vagina, el óvulo los ovarios, el pericarpio el ovario fértil y la semilla es el huevo”, describía el botánico.

Linneo fue el primero que habló de la sexualidad de las plantas y a partir de su observación de una colección de más de 20.000 especímenes, las agrupó en un Calendarium Florae y las clasificó sistemáticamente por el número y disposición de sus partes reproductivas.

Fue muy polémico en su tiempo porque afirmó que los estambres y pistilos eran como un espejo de los genitales humanos y provocó una “revolución sexual” en taxonomía de las plantas.

En base a su herbario desarrolló su sistema de clasificación botánica, todavía vigente, que ordena las plantas en función de su tiempo de florecimiento, y por el número y disposición de sus órganos sexuales.

Clasificó las plantas en 24 grupos o clases, contó los estambres de la flor y anotó cómo estaban organizados y según la cantidad de estilos del pistilo los separó en subgrupos u órdenes y fue quien les dio nombre (género) y apellido (especie) con su nomenclatura binaria.

La idea de que las plantas y su sexualidad salieran de la oscuridad fue, precisamente, el punto de partida del trabajo de Koinberg, realizado en su mayor parte en el jardín que rodea su casa en Uppland, el mismo paisaje en el que vivió y trabajó Linneo.

Mankell, el “padre” del taciturno y famoso detective sueco Wallander, fue el encargado de glosar la figura del botánico y asegura en el libro que “igual que Suecia es una potencia prácticamente desconocida” en cualquier materia, todo el mundo sabe quién fue Linneo.

Koinberg ha creado un moderno equivalente del trabajo de Linneo, acercándose al sujeto con la misma pasión y dedicación, y fotografía cada delicada flor en su estudio bajo condiciones perfectas de luz para celebrar el erotismo de la flor.

Describe el ciclo vital de varios ejemplares desde su etapa de capullo, al florecimiento y marchitamiento consiguiendo un moderno Calendarium Florae, un calendario visual que registra gráficamente el año a través de las flores.

En “Herbarium Amoris” (Taschen), Koinberg captura el lirismo y el brillo del erotismo del mundo floral en primeros planos, sobre un fondo negro, en el que destacan cada parte de la planta, el rocío titilando en los pétalos abiertos o las más delicadas formas vegetales infundidas de “fuerza vital desenfrenada”.

“El cáliz es el lecho nupcial en el que los estambres y el pistilo se unen. En algunas camas hay cuatro hombres, dos altos y dos bajos, con la novia, y en otras hasta diez hombres”, comparaba Linneo para escándalo de sus coetáneos.

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La soledad de los árboles

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Los biólogos los llaman “bosques de muertos vivientes”, lugares donde se ha “colapsado” el ciclo natural de la regeneración de una determinada especie porque se ha perdido la interacción con otros seres vivos, y ésta es necesaria para que dicha regeneración ocurra, pues conforma las llamadas “redes mutualistas” en la naturaleza
Los biólogos los llaman “bosques de muertos vivientes”, lugares donde se ha “colapsado” el ciclo natural de la regeneración de una determinada especie porque se ha perdido la interacción con otros seres vivos, y ésta es necesaria para que dicha regeneración ocurra, pues conforma las llamadas “redes mutualistas” en la naturaleza

Un bosque en el que todos sus ejemplares son adultos, en el que no hay árboles jóvenes, en el que faltan otras formas de vida o éstas tienen poblaciones anormalmente bajas son ecosistemas que esconden la más silenciosa de las extinciones, el llamado “síndrome de bosque vacío”.

Son “bosques de muertos vivientes”, como les han bautizado los biólogos, lugares donde está “colapsado” el ciclo natural de la regeneración de una determinada especie porque se ha perdido la interacción con otros seres vivos necesaria para que ésta tenga lugar.

Y es que las interacciones de beneficio mutuo entre seres vivos conforman “redes mutualistas” en la naturaleza que cuando se rompen por la ausencia o la disminución de alguno de ellos provocan esta silenciosa muerte conocida como el “síndrome de bosque vacío”.

Son “bosques con plantas, pero sin animales, condenados a degradarse y desaparecer en un futuro inmediato víctimas de esa falta de seres vivos que cumplen en ellos funciones ecológicas fundamentales”, explica Pedro Jordano, investigador de la Estación Biológica de Doñana.

De hecho, en bosques defaunados “se ha documentado la pérdida de hasta tres cuartas partes de su potencial de almacenamiento de carbono”, es decir, “los árboles siguen ahí, pero no sus funciones ecosistémicas”, señala.

“No existe ni una sola especie en todo el planeta que viva sola, sin interrelacionarse con otras especies”, asegura Jordano; es el caso del depredador y la presa o del parásito y el huésped, todos ellos conforman “la arquitectura de la biodiversidad”.

Por eso, para este biólogo “se deben tener en cuenta las relaciones ecológicas o la diversidad de interacción cuando se aborda la pérdida de biodiversidad de un ecosistema”.

Porque, si bien hay hábitats que persisten de manera adecuada aunque se pierdan determinadas especies, en otros casos “esas especies son fundamentales para el correcto funcionamiento del ecosistema, que sin ellas colapsa por completo”.

En el caso de las aves, aunque la mayor parte de ellas son insectívoras, existe un segundo grupo formado por las frugívoras, que se alimentan de frutos carnosos, flores, néctar, polen o tubérculos, y que “son las responsables de diseminar las semillas” a través de sus heces o por regurgitación, asegura Jordano.

“Son las jardineras del bosque y sin ellas colapsaría por completo la regeneración natural de muchos de ellos, como los bosques tropicales”, aunque también en el bosque mediterráneo entre un 50 y un 70 por ciento de las especies leñosas producen frutos carnosos y dependen de la diseminación por animales frugívoros.

Y cualquier factor que intervenga en la pérdida de la funcionalidad ecológica de las especies, ya sea por su extinción o porque su densidad sea residual, pone en riesgo ese equilibrio; “los lobos están en Sierra Morena, pero no ejercen una función ecológica en ese ecosistema”, eñala el experto.

Jordano se refiere a la alteración del hábitat de las especies frugívoras, que necesitan áreas grandes de campeo; “si se fragmenta el bosque, esas especies no podrán subsistir y con ellas el propio bosque”.

“Si disminuye muy fuertemente la cantidad o abundancia local de aves frugívoras, el proceso de dispersión de la planta colapsa, los frutos maduros se secan en ella o se los comen los roedores, los herbívoros matan a la plántula y no hay un proceso de dispersión de la semilla que sea efectivo”.

Para este investigador, abordar el problema a escala global “es desalentador”, porque se trata de sistemas muy complejos de relaciones entre especies, y el número de especies es muy elevado en un ecosistema, desde artrópodos e insectos polinizadores, hasta vertebrados polinizadores o frugívoros.

“Estamos perdidos si pretendemos enumerar cada interacción, tenemos que entender la complejidad para enfocar cuáles son las interacciones más centrales dentro de la propia red, qué grupos de especies no podemos perder bajo ningún concepto”, afirma

Y en este sentido, “ya existen líneas de investigación, ese abordaje ya se está teniendo, hay frentes que se están abriendo, pero falta su aplicación”.

Para Pedro Jordano, el síndrome de bosque vacío es “una forma insidiosa de extinción, que no es perceptible a no ser que miremos con una lupa; los árboles pueden estar allí, pueden ser árboles adultos, que florecen, que dan sus frutos y éstos caen al suelo, pero allí no germina ni una sola semilla”.

Las hormigas se guían por los astros y el hombre, por su voracidad

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A diferencia de la pérdida de la capa de ozono o del cambio climático, el proceso de extinción (la posible pérdida de la mitad de las especies del mundo a finales de siglo) es irreversible. El ser humano es incapaz de ver más allá de la ley de la demanda y la oferta, la ilusión de que contamos con la riqueza necesaria para proteger la economía y el medio ambiente. Sin embargo, para mantener este engaño estamos fomentando la destrucción de hábitats en países en desarrollo, que a menudo son los de mayor riqueza biológica
A diferencia de la pérdida de la capa de ozono o del cambio climático, el proceso de extinción (la posible pérdida de la mitad de las especies del mundo a finales de siglo) es irreversible. El ser humano es incapaz de ver más allá de la ley de la demanda y la oferta, la ilusión de que contamos con la riqueza necesaria para proteger la economía y el medio ambiente. Sin embargo, para mantener este engaño estamos fomentando la destrucción de hábitats en países en desarrollo, que a menudo son los de mayor riqueza biológica

Las hormigas utilizan al menos tres tipos de memoria para orientarse y se sirven de referencias terrestres y estelares para guiarse cuando marchan hacia atrás, desvela un estudio publicado en la revista Current Biology.

“El mundo de los insectos es mucho más complejo de lo que se imaginaba”, indica en un comunicado el Centro Nacional Francés de Investigaciones Científicas (CNRS), participante en esa investigación.

Los nuevos resultados, según sus datos, muestran que las hormigas se orientan en el espacio gracias “a múltiples representaciones y memorias” que ponen en juego “una transferencia de información entre varios sectores cerebrales”.

Hasta ahora, se pensaba que la hormiga lograba marchar memorizando una escena, por lo que siempre era necesario que ese insecto estuviese colocado de la misma manera para que pudiese reconocer el espacio.

Sin embargó, el estudio, que se sirvió de la especie “Cataglyphis velox” para realizar pruebas en un desierto de Andalucía (sur de España), apunta a que a las representaciones de las direcciones de las hormigas están “centradas en el mundo exterior” y no de manera tan “egocéntrica” como se pensaba.

La hormiga es capaz de memorizar la ruta, la nueva dirección a seguir y cómo recuperar por ejemplo un trozo de galleta, de acuerdo con los tests realizados por los científicos, que demostraron además que se guían a través de los cuerpos celestes cuando se desplazan marcha atrás.

“Las hormigas son capaces de mantener una trayectoria rectilínea ya sea con movimientos hacia adelante, hacia atrás y hacia los lados”, indica el CNRS, según el cual aunque su cerebro es más pequeño que la cabeza de un alfiler, su capacidad de orientación es “sorprendente”.

Expertas en movilidad

Los atascos y el caos que se producen en la mayoría de ciudades en hora punta dejarán de ser un problema. Ese es el objetivo de un grupo de investigadores que ha creado un sistema para mejorar el tráfico basado en técnicas “bio inspiradas”, que toma como referencia los movimientos de las hormigas y las aves.

Las hormigas son expertas en movilidad, capaces de dar la vuelta al mundo, y por ello son las principales inspiradoras de este sistema que prevé reducir el tráfico y el trayecto de viaje entre un 10 y un 15 por ciento, “sin grandes modificaciones en la ciudad y a bajo coste”, indica el director del proyecto, Enrique Alba.

“Analizamos cómo trabajan las hormigas y las bandadas de pájaros y trasladamos la idea al ordenador, esto permite crear una herramienta software muy potente que da soluciones donde las técnicas matemáticas hasta ahora no lo permitían”, explica el investigador, pionero en España en aplicar estas técnicas.

Sin hormigas no habrá vida humana

El libro de Edward O. Wilson, The Future of Life (El futuro de la vida) no trata solamente de las hormigas, pero éstas le proporcionaron su primera beca y son su principal obsesión. Los insectos, de los que hay más de 1,2 millones de especies conocidas, representan más del 80% de todos los seres vivos de la Tierra, y Wilson ha aprovechado el descubrimiento de las depredadoras Mantophasmotodea para destacar este extremo: «Si los seres humanos desaparecieran mañana el mundo continuaría, pero si desaparecieran los invertebrados, dudo que la especie humana durara más de dos o tres meses».

En The Future of Life, Wilson describe lo que él llama el «cuello de botella», la combinación del crecimiento poblacional, «que afecta más a las bacterias que a los primates», con un consumo desenfrenado. «Cuando la población mundial superó los 6.000 millones de habitantes sobrepasamos 100 veces la biomasa de cualquier otra gran especie que haya existido en el planeta. Al igual que el resto de los seres vivos, no podemos permitirnos continuar así otros 100 años».

Al mismo tiempo, el consumo de energía y de recursos naturales la «huella ecológica» necesarios para proporcionar a la población un nivel de vida occidental está excediendo los recursos de la Tierra. Si continuamos por esta senda, en el año 2100 serán necesarios cuatro planetas para mantener el tipo de vida que conocemos.

Vivir en la ciudad empobrece, también a los pájaros

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Las aves de ciudad se 'humanizan' y pierden prestaciones evolutivas
Las aves de ciudad se ‘humanizan’ y pierden prestaciones evolutivas

Los pájaros “urbanitas”, los que viven en las ciudades, como palomas, urracas, pinzones, golondrinas o mirlos, tienen una diversidad evolutiva más pobre que los que viven en los entornos naturales porque hace menos tiempo que se separaron de sus ancestros y, por tanto, son evolutivamente menos singulares.

Así lo concluye un estudio liderado por el investigador del CSIC en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF-UAB), Daniel Sol, que ha publicado la revista Ecology Letters.

El estudio advierte que las ciudades están poniendo en peligro millones de años de historia evolutiva de las aves porque las urbes preservan de media 450 millones de años menos de historia evolutiva en comparación con los ambientes naturales.

“Por razones que aún no conocemos bien, las especies que tienen parientes evolutivamente distantes son más sensibles a las perturbaciones y toleran mal la vida en la ciudad”, ha comentado Sol, que ha resaltado que la urbanización no sólo implica una pérdida de riqueza de especies, “también provoca una pérdida muy importante en la riqueza evolutiva de estos animales”.

La pérdida de historia evolutiva se puede medir como la suma de los años en que las especies de una comunidad se separaron a lo largo de la evolución, y, en el caso de las ciudades, las estimaciones sugieren que preservan 450 millones de años menos de historia evolutiva que los ambientes naturales.

Sol ha comparado que del mismo modo que una iglesia del siglo XVI tiene más valor histórico que una del siglo XXI, una especie que es evolutivamente muy diferente a las otras -como la abubilla, que pertenece a una familia con tres únicas especies- tiene un valor de conservación más grande que una especie de un grupo bien representado evolutivamente -como el gorrión o la paloma urbana, que están evolutivamente emparentados con muchas otras especies.

Pero, según el investigador, “la riqueza evolutiva no sólo representa historia evolutiva; también se relaciona con la diversidad genética y el propio funcionamiento de los ecosistemas”.

Para llegar a esta conclusión, investigadores del CREAF, de la Estación Biológica de Doñana del CSIC y de la Universidad Pontificia Católica de Chile reunieron datos de 1.219 especies de aves de 27 regiones de todo el mundo y analizaron como la diversidad filogenética de las comunidades cambiaba según el grado de urbanización.

La diversidad filogenética mide la suma de tiempo que hace que cada especie de la comunidad se separó evolutivamente de las otras especies con las que coexiste.

Algunos científicos sostienen que la pérdida de diversidad asociada a las perturbaciones humanas, como la urbanización, se podría mitigar con la llegada de especies exóticas, con lo que, bajo este punto de vista, las invasiones biológicas no serían tan problemáticas como se cree generalmente.

Pero según este trabajo, la llegada de especies exóticas en ambientes altamente urbanizados no compensa la pérdida de otras especies porque no se establecen tantas especies exóticas en comparación con las que se pierden, y porque las especies exóticas que llegan pertenecen a grupos evolutivamente poco distintivos y por tanto contribuyen poco a enriquecer la diversidad filogenética.

El aniquilador ante su ‘obra’ y su final

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La destrucción del hábitat, la introducción en los ecosistemas de especies exóticas invasoras, el aumento de la sequedad ambiental, la expansión urbanística, los incendios forestales, las prácticas agrícolas intensivas, la utilización de sustancias químicas nocivas, la caza indiscriminada de especies, la contaminación de las aguas, los plásticos en el medio marino…Son tantas nuestras acciones que tienen como consecuencia el declive de la biodiversidad, que es profundo el cambio que tenemos que acometer en nuestro modo de vida si queremos frenar este drama
La destrucción del hábitat, la introducción en los ecosistemas de especies exóticas invasoras, el aumento de la sequedad ambiental, la expansión urbanística, los incendios forestales, las prácticas agrícolas intensivas, la utilización de sustancias químicas nocivas, la caza indiscriminada de especies, la contaminación de las aguas, los plásticos en el medio marino…Son tantas nuestras acciones que tienen como consecuencia el declive de la biodiversidad, que es profundo el cambio que tenemos que acometer en nuestro modo de vida si queremos frenar este drama

La población de más del 30 por ciento de las especies de animales vertebrados está disminuyendo tanto en tamaño como en alcance, afirma un análisis publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

El estudio, realizado por investigadores de la Universidad Stanford y la Universidad Nacional Autónoma de México, advierte que este ritmo de desaparición de las poblaciones muestra que la sexta extinción masiva de la Tierra “es más grave de lo que se percibe cuando se mira exclusivamente la extinción de las especies”.

Este sexto evento se diferencia de los anteriores -por ejemplo, de la extinción de los dinosaurios- en que los primeros cinco fueron causados por un factor externo, mientras que el impacto actual es causado por la acción del ser humano.

Los autores se basan en un análisis de los números y los grados de contracción en el alcance geográfico de estas especies, un indicador de cómo disminuye o se extingue una población.

Para eso, usaron una muestra de 27.600 especies de vertebrados y un análisis detallado que documenta la extinción de diversas poblaciones entre 1900 y 2015 en 177 especies de mamíferos.

“Hallamos que la tasa de pérdida de población en los vertebrados terrestres es extremadamente alta”, explicaron los investigadores en su estudio.

“De los 177 mamíferos de los que tenemos información detallada, todos han perdido un 30 por ciento o más de su alcance geográfico y más del 40 por ciento de las especies han experimentado una grave disminución en su población”, agregaron.

Según el análisis, las zonas en la que más han disminuido las poblaciones son las regiones tropicales.

Particularmente, los mamíferos del sur y del sureste de Asia han sido los más golpeados: las grandes especies de mamíferos analizados han perdido hasta el 80 por ciento de su alcance geográfico.

En la actualidad, entendida como los últimos siglos, la ratio de extinción es hasta 100 veces mayor que la tasa natural. Para hacerse una idea, en un escenario donde prevaleciera esta tasa natural, desde 1900 se habrían extinguido nueve especies de vertebrados. En realidad, se han extinguido 477 especies. Habrían hecho falta unos 10.000 años para acabar con la vida que ha desaparecido en un solo siglo.

Además, el proceso se está acelerando. Los anfibios son la clase de vertebrados más afectados. Pero si, desde 1500 se había constatado la desaparición de 34 especies anfibias, desde 1980 se han extinguido otras 100. Y eso que no hay que descartar que muchas otras hayan desaparecido sin testigos humanos que lo confirmaran. Los investigadores, que insisten en que sus estimaciones son muy conservadoras, recuerdan que en sus cálculos no tienen en cuenta a las muchas especies que se han convertido en muertos vivientes, con poblaciones tan escasas que su función en los ecosistemas es cercano a cero.

“Nuestros datos indican que, más allá de una extinción mundial de especies, la Tierra está experimentado un gran episodio de disminución y extirpación de poblaciones, lo que tendrá sucesivas consecuencias negativas en el funcionamiento del ecosistema”, advierten los investigadores.

Los científicos describen esta situación como una “aniquilación biológica”, para “resaltar la magnitud actual del sexto gran evento de extinción que está en desarrollo en la Tierra” y subrayar la “seriedad” que esto tiene para la humanidad.

Las extinciones de las poblaciones son un “preludio a las extinciones de las especies”, sostienen los autores, lo que los lleva a pensar que esa sexta extinción masiva “ha avanzado más lejos de lo que la mayoría asume”.

“La humanidad pagará con el tiempo un precio muy alto por diezmar el único montaje de vida que conocemos en el universo”, consideran los autores, para quienes esta “aniquilación biológica” también tendrá “serias consecuencias ecológicas, sociales y económicas”.

“La ventana para una acción efectiva es muy pequeña”, añaden.

La vida aprieta, la naturaleza reclama

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Cada vez son más numerosos los estudios que demuestran que la persistente desconexión con la naturaleza afecta, y mucho, a la salud física y mental de las personas, especialmente a los niños, a su nivel de estrés y su capacidad de concentración
Cada vez son más numerosos los estudios que demuestran que la persistente desconexión con la naturaleza afecta, y mucho, a la salud física y mental de las personas, especialmente a los niños, a su nivel de estrés y su capacidad de concentración

Algunos expertos se atreven hablar del “trastorno por déficit de naturaleza”, un trastorno no descrito como tal en los manuales médicos,  pero que refleja un estilo de vida en el que está ausente una naturaleza “que es estratégica en la  estimulación del sistema nervioso”.

Este “trastorno” en las sociedades occidentales parece estar asociado a la aparición de problemas físicos, como el aumento de las tasas de obesidad infantil y problemas respiratorios; psicológicos, como el incremento del diagnóstico del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Incluso se ha observado un mayor riesgo de exclusión social.

Así lo explica el catedrático de Psicología Ambiental de la Universidad Autónoma de Madrid, José Antonio Corraliza, autor, junto a Silvia Collado, de varias investigaciones con 2.000 niños en edad escolar, compiladas ahora en el libro “Conciencia Ecológica y Bienestar en la Infancia” (Editorial CCS).

El estudio concluye que el mayor contacto con la naturaleza o espacios verdes reduce los niveles de estrés de los niños, aumenta su capacidad para afrontar los eventos adversos y favorece su capacidad de atención.

Y es que, según Corraliza, en términos evolutivos vivimos en las ciudades hace 10 segundos y nuestro sistema nervioso y fisiológico aún no se ha adaptado a los entornos urbanos actuales que caracterizan a los países desarrollados.

La naturaleza, mucho más que un capricho

Conservar la naturaleza es algo más que un capricho porque, no solo se trata de proteger animales y plantas, “es también una vía para mantener la calidad de vida y garantizar el futuro”, defiende Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/BirdLife, organización pionera en la conservación de la naturaleza y la biodiversidad en España, que ha abierto una nueva linea de trabajo para relacionar naturaleza y salud.

Recuerda que son ya muchas las publicaciones científicas que demuestran como más allá de los servicios ambientales que proporciona la naturaleza, ésta contribuye también a paliar algunos de los problemas de salud más importantes detectados en Europa, como los pulmonares y cardiovasculares por la contaminación del aire; los trastornos del sueño, hipertensión, irritación, derivados del ruido…; o el estrés generado por las cada vez más crecientes olas de calor.

Y a juicio de Ruiz, es “muy alentador” que se esté demostrando que la naturaleza puede ser una fantástica herramienta para combatir los principales problemas de salud a los que que se enfrentan los ciudadanos europeos y también una herramienta muy buena de integración social; además, un reciente estudio del Instituto Europeo de Políticas Ambientales resalta estos valores y anima a seguir trabajando en esta dirección.

Medicina forestal para la fibromialgia

Pero la vuelta a la naturaleza como fuente de salud tiene hoy en día una de sus máximas expresiones en la llamada “medicina forestal”

Esta medicina está muy extendida en algunos países como Japón, donde se han invertido grandes cantidades en investigación para demostrar el valor terapéutico de los bosques y además se han incorporado esas terapias en la cartera pública de servicios.

En España contamos con algunos proyectos pilotos, como el llevado a cabo en los hospitales de Santa Caterina y Josep Trueta , en Gerona, para aliviar los dolores de los pacientes con fibromialgia.

Los primeros resultados arrojan que estos pacientes pueden llegar a reducir a la mitad los días que sufren dolor cuando realizan ejercicios en esos espacios naturales.

Extraños animales sexuales

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El sexo que se desarrolla entre las distintas especies de primates es tan variado y diversos como cualquier otra manfestación sexual entre los mamíferos. Hay que tener en cuenta que la selección natural ha ido definiendo las especies que mejor se han adaptado a las condiciones cambiantes del planeta, por lo que las respuestas sexuales y sociales de las diferentes especies de primates han marcado su camino hacia la evolución o hacia su extinción
El sexo que se desarrolla entre las distintas especies de primates es tan variado y diverso como cualquier otra manifestación sexual entre los mamíferos. Hay que tener en cuenta que la selección natural ha ido definiendo las especies que mejor se han adaptado a las condiciones cambiantes del planeta, por lo que las respuestas sexuales y sociales de las diferentes especies de primates han marcado su camino hacia la evolución o hacia su extinción

El ser humano es el animal con la vida sexual más estrafalaria. Tanto, que le ha ayudado en el desarrollo de nuestra cultura. Con esta tesis de partida, el antropólogo Jared Diamond contesta preguntas que ni nos habíamos planteado en el que es su libro más accesible.

Jared Diamond (EE UU, 1937) comenzó estudiando el funcionamiento de la vesícula biliar. Su curiosidad lo llevó a aventurarse en áreas como la ornitología, antropología, ecología, geografía y biología evolutiva. De este popurrí surge una de las mentes más brillantes e interesantes de nuestro tiempo, ganador del Premio Pulitzer por su libro Armas, gérmenes y acero, publicado en 1997.

Ese mismo año Diamond publicaba también ¿Por qué es divertido el sexo?, un libro que puede parecer menor en comparación con su hermano en ambición y extensión. No se dejen engañar. Diamond explica la evolución de la sexualidad humana con su pasión y humor característicos y desde un punto de partida que pocos lectores se habrán planteado antes: aunque a nosotros no nos lo parezca, somos el animal con la vida sexual más extravagante. Y, en parte, por eso hemos llegado hasta aquí.

¿Por qué los hombres no dan el pecho a sus bebés, cuando tienen pezones funcionales? Si no los usan, ¿por qué tienen pezones? Ya puestos, ¿para qué sirven los hombres? ¿Por qué el ser humano tiene un pene gigantesco en comparación con el de otros primates? ¿Por qué tenemos sexo en privado y no en público?

Son algunas de las preguntas a las que Diamond responde en su libro más ameno, que sirve como una estupenda introducción a la filosofía de un autor que, sin resultar denso, tiende a obras enciclopédicas y poco ‘veraniegas’. Los lectores que quieran introducirse en el fascinante trabajo de Diamond no encontrarán un mejor punto de partida, con la salvedad del también breve –aunque más complejo– Sociedades comparadas.

Diamond nunca da puntada sin hilo. ¿Por qué es divertido el sexo? es mucho más que el clásico compendio de curiosidades científicas. El investigador defiende que entender cómo ha evolucionado la sexualidad humana sirve también para comprender otros de nuestros rasgos característicos, como la cultura, la capacidad de hablar, la relación entre padre e hijo y hasta el dominio de herramientas.

“Los paleontólogos atribuyen normalmente la evolución de estos rasgos a nuestra adquisición de cerebros más grandes, así como a la de la postura erecta. Yo mantengo la teoría de que nuestra estrafalaria sexualidad fue asimismo esencial para su evolución”, sostiene Diamond en el prefacio del libro.

Durante el camino en el que Diamond nos convencerá –o no– de esa idea, descubriremos que los hombres son capaces de lactar, que el pene en erección de nuestros ancestros medía unos 4 centímetros y que las mujeres ‘ocultaron’ su ovulación a sus parejas para proteger a sus crías del infanticidio, y con ello abrieron las puertas al sexo recreativo, la monogamia y los cuidados familiares.

La vida sexual de los primates

La monogamia no se da en ningún primate social que viva en grupos, a excepción, según defiende el discurso convencional, del homo sapiens. Además compartimos otro rasgo común bastante significativo con chimpancés y bonobos, el bajo diformismo sexual entre macho y hembras, del que se deduce que la competencia sexual entre machos tuvo que ser bastante escasa, ya sea por el establecimiento del sistema monógamo o por un sistema de apareamiento multimacho-multihembra. Por otro lado, también es interesante apuntar que normalmente las especies más inteligentes de simios, son aquellas que tienen una alta sociabilidad.

En cuanto a la duración media de la cópula, el homo sapiens es el primate que más tiempo emplea, entre 4 y 7 minutos, le sigue el gorila con sesenta segundos, el bonobo sólo emplea quince segundos mientras el chimpancé lograr la eyaculación en tan sólo siete segundos.

Pero si la evolución es una constante competición ¿dónde se produce esta competencia entre las especies de múltiples apareamientos? Pues en el interior de la vagina de las hembras, ya que los machos que produzcan más y mejores espermatozoides tienen más posibilidades de dejar descendientes. Esto ha debido favorecer un aumento del tamaño relativo de los testículos y del tamaño del espermatozoide.

Y es que el pene sigue siendo un verdadero misterio, se han buscado muchas explicaciones del porqué de su tamaño y su forma. Una de las explicaciones más difundidas es que su forma y tamaño son perfectas para retirar el semen de otros machos tras eyacular. Se trataría de una adaptación anatómica para una época en la que las hembras copulaban con varios hombres con pocas horas o días de diferencia. Esto explicaría también el por qué de la existencia del glande: otra de las características anatómicas que nos distingue de los primates.

En cuanto a nuestros testículos, recordar que sólo las especies más promiscuas, es decir, humanos, chimpances y bonobos, tenemos escroto externo. El resto de especies de primates, con alguna excepción, tienen testículos interiores. Es evidente que tener los testículos exteriores es una solución evolutiva muy costosa, sobretodo por el mayor riesgo de vulnerabilidad que padecemos al tener los testículos al descubierto.¿pero qué ventaja nos aporta? Al mantener los testículos unos grados por debajo de la temperatura interior del cuerpo, permite que se acumulen espermatozoides fríos y que éstos se conserven durante más tiempo en buen estado.

Por otro lado, nuestros testículos son más pequeños que los de chimpancé y bonobos, pero mucho más grande respecto a gorilas y orangutanes. ¿Dónde nos deja esto? En una encrucijada donde detractores y partidarios de la monogamia y/o poligamia del homo sapiens encuentran argumentos a favor o en contra de sus teorías. Aunque, como desgraciadamente, los testículos son un tejido blando y no dejan registro fósil, no podemos saber, como han ido evolucionando nuestros testículos y si la tradicional monogamia ha traído un descenso del tamaño de éstos en pocos miles de años.

Para seguir repasando las características sexuales de los primates es importante trazar algunas apuntes sobre el orgasmo femenino. Recordar que el clítoris es el único órgano del cuerpo cuya única función es proporciona placer, a partir de este dato, podemos preguntarnos porqué la evolución ha dotado a muchas hembras de mamífero de este órgano tan peculiar, parece claro que su fin está enfocado a facilitar la receptividad de las hembras y a que éstas busquen repetir las relaciones sexuales, fomentando la competencia espermática.

Además no podemos obviar que el orgasmo femenino es un rasgo compartido por otras especies de primates, y además casualmente parece ser que las especies más orgásmicas resultan ser además las más promiscuas, como es el caso de macacos, bonobos y chimpacés.