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La vida aprieta, la naturaleza reclama

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Cada vez son más numerosos los estudios que demuestran que la persistente desconexión con la naturaleza afecta, y mucho, a la salud física y mental de las personas, especialmente a los niños, a su nivel de estrés y su capacidad de concentración
Cada vez son más numerosos los estudios que demuestran que la persistente desconexión con la naturaleza afecta, y mucho, a la salud física y mental de las personas, especialmente a los niños, a su nivel de estrés y su capacidad de concentración

Algunos expertos se atreven hablar del “trastorno por déficit de naturaleza”, un trastorno no descrito como tal en los manuales médicos,  pero que refleja un estilo de vida en el que está ausente una naturaleza “que es estratégica en la  estimulación del sistema nervioso”.

Este “trastorno” en las sociedades occidentales parece estar asociado a la aparición de problemas físicos, como el aumento de las tasas de obesidad infantil y problemas respiratorios; psicológicos, como el incremento del diagnóstico del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Incluso se ha observado un mayor riesgo de exclusión social.

Así lo explica el catedrático de Psicología Ambiental de la Universidad Autónoma de Madrid, José Antonio Corraliza, autor, junto a Silvia Collado, de varias investigaciones con 2.000 niños en edad escolar, compiladas ahora en el libro “Conciencia Ecológica y Bienestar en la Infancia” (Editorial CCS).

El estudio concluye que el mayor contacto con la naturaleza o espacios verdes reduce los niveles de estrés de los niños, aumenta su capacidad para afrontar los eventos adversos y favorece su capacidad de atención.

Y es que, según Corraliza, en términos evolutivos vivimos en las ciudades hace 10 segundos y nuestro sistema nervioso y fisiológico aún no se ha adaptado a los entornos urbanos actuales que caracterizan a los países desarrollados.

La naturaleza, mucho más que un capricho

Conservar la naturaleza es algo más que un capricho porque, no solo se trata de proteger animales y plantas, “es también una vía para mantener la calidad de vida y garantizar el futuro”, defiende Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/BirdLife, organización pionera en la conservación de la naturaleza y la biodiversidad en España, que ha abierto una nueva linea de trabajo para relacionar naturaleza y salud.

Recuerda que son ya muchas las publicaciones científicas que demuestran como más allá de los servicios ambientales que proporciona la naturaleza, ésta contribuye también a paliar algunos de los problemas de salud más importantes detectados en Europa, como los pulmonares y cardiovasculares por la contaminación del aire; los trastornos del sueño, hipertensión, irritación, derivados del ruido…; o el estrés generado por las cada vez más crecientes olas de calor.

Y a juicio de Ruiz, es “muy alentador” que se esté demostrando que la naturaleza puede ser una fantástica herramienta para combatir los principales problemas de salud a los que que se enfrentan los ciudadanos europeos y también una herramienta muy buena de integración social; además, un reciente estudio del Instituto Europeo de Políticas Ambientales resalta estos valores y anima a seguir trabajando en esta dirección.

Medicina forestal para la fibromialgia

Pero la vuelta a la naturaleza como fuente de salud tiene hoy en día una de sus máximas expresiones en la llamada “medicina forestal”

Esta medicina está muy extendida en algunos países como Japón, donde se han invertido grandes cantidades en investigación para demostrar el valor terapéutico de los bosques y además se han incorporado esas terapias en la cartera pública de servicios.

En España contamos con algunos proyectos pilotos, como el llevado a cabo en los hospitales de Santa Caterina y Josep Trueta , en Gerona, para aliviar los dolores de los pacientes con fibromialgia.

Los primeros resultados arrojan que estos pacientes pueden llegar a reducir a la mitad los días que sufren dolor cuando realizan ejercicios en esos espacios naturales.

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Extraños animales sexuales

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El sexo que se desarrolla entre las distintas especies de primates es tan variado y diversos como cualquier otra manfestación sexual entre los mamíferos. Hay que tener en cuenta que la selección natural ha ido definiendo las especies que mejor se han adaptado a las condiciones cambiantes del planeta, por lo que las respuestas sexuales y sociales de las diferentes especies de primates han marcado su camino hacia la evolución o hacia su extinción
El sexo que se desarrolla entre las distintas especies de primates es tan variado y diverso como cualquier otra manifestación sexual entre los mamíferos. Hay que tener en cuenta que la selección natural ha ido definiendo las especies que mejor se han adaptado a las condiciones cambiantes del planeta, por lo que las respuestas sexuales y sociales de las diferentes especies de primates han marcado su camino hacia la evolución o hacia su extinción

El ser humano es el animal con la vida sexual más estrafalaria. Tanto, que le ha ayudado en el desarrollo de nuestra cultura. Con esta tesis de partida, el antropólogo Jared Diamond contesta preguntas que ni nos habíamos planteado en el que es su libro más accesible.

Jared Diamond (EE UU, 1937) comenzó estudiando el funcionamiento de la vesícula biliar. Su curiosidad lo llevó a aventurarse en áreas como la ornitología, antropología, ecología, geografía y biología evolutiva. De este popurrí surge una de las mentes más brillantes e interesantes de nuestro tiempo, ganador del Premio Pulitzer por su libro Armas, gérmenes y acero, publicado en 1997.

Ese mismo año Diamond publicaba también ¿Por qué es divertido el sexo?, un libro que puede parecer menor en comparación con su hermano en ambición y extensión. No se dejen engañar. Diamond explica la evolución de la sexualidad humana con su pasión y humor característicos y desde un punto de partida que pocos lectores se habrán planteado antes: aunque a nosotros no nos lo parezca, somos el animal con la vida sexual más extravagante. Y, en parte, por eso hemos llegado hasta aquí.

¿Por qué los hombres no dan el pecho a sus bebés, cuando tienen pezones funcionales? Si no los usan, ¿por qué tienen pezones? Ya puestos, ¿para qué sirven los hombres? ¿Por qué el ser humano tiene un pene gigantesco en comparación con el de otros primates? ¿Por qué tenemos sexo en privado y no en público?

Son algunas de las preguntas a las que Diamond responde en su libro más ameno, que sirve como una estupenda introducción a la filosofía de un autor que, sin resultar denso, tiende a obras enciclopédicas y poco ‘veraniegas’. Los lectores que quieran introducirse en el fascinante trabajo de Diamond no encontrarán un mejor punto de partida, con la salvedad del también breve –aunque más complejo– Sociedades comparadas.

Diamond nunca da puntada sin hilo. ¿Por qué es divertido el sexo? es mucho más que el clásico compendio de curiosidades científicas. El investigador defiende que entender cómo ha evolucionado la sexualidad humana sirve también para comprender otros de nuestros rasgos característicos, como la cultura, la capacidad de hablar, la relación entre padre e hijo y hasta el dominio de herramientas.

“Los paleontólogos atribuyen normalmente la evolución de estos rasgos a nuestra adquisición de cerebros más grandes, así como a la de la postura erecta. Yo mantengo la teoría de que nuestra estrafalaria sexualidad fue asimismo esencial para su evolución”, sostiene Diamond en el prefacio del libro.

Durante el camino en el que Diamond nos convencerá –o no– de esa idea, descubriremos que los hombres son capaces de lactar, que el pene en erección de nuestros ancestros medía unos 4 centímetros y que las mujeres ‘ocultaron’ su ovulación a sus parejas para proteger a sus crías del infanticidio, y con ello abrieron las puertas al sexo recreativo, la monogamia y los cuidados familiares.

La vida sexual de los primates

La monogamia no se da en ningún primate social que viva en grupos, a excepción, según defiende el discurso convencional, del homo sapiens. Además compartimos otro rasgo común bastante significativo con chimpancés y bonobos, el bajo diformismo sexual entre macho y hembras, del que se deduce que la competencia sexual entre machos tuvo que ser bastante escasa, ya sea por el establecimiento del sistema monógamo o por un sistema de apareamiento multimacho-multihembra. Por otro lado, también es interesante apuntar que normalmente las especies más inteligentes de simios, son aquellas que tienen una alta sociabilidad.

En cuanto a la duración media de la cópula, el homo sapiens es el primate que más tiempo emplea, entre 4 y 7 minutos, le sigue el gorila con sesenta segundos, el bonobo sólo emplea quince segundos mientras el chimpancé lograr la eyaculación en tan sólo siete segundos.

Pero si la evolución es una constante competición ¿dónde se produce esta competencia entre las especies de múltiples apareamientos? Pues en el interior de la vagina de las hembras, ya que los machos que produzcan más y mejores espermatozoides tienen más posibilidades de dejar descendientes. Esto ha debido favorecer un aumento del tamaño relativo de los testículos y del tamaño del espermatozoide.

Y es que el pene sigue siendo un verdadero misterio, se han buscado muchas explicaciones del porqué de su tamaño y su forma. Una de las explicaciones más difundidas es que su forma y tamaño son perfectas para retirar el semen de otros machos tras eyacular. Se trataría de una adaptación anatómica para una época en la que las hembras copulaban con varios hombres con pocas horas o días de diferencia. Esto explicaría también el por qué de la existencia del glande: otra de las características anatómicas que nos distingue de los primates.

En cuanto a nuestros testículos, recordar que sólo las especies más promiscuas, es decir, humanos, chimpances y bonobos, tenemos escroto externo. El resto de especies de primates, con alguna excepción, tienen testículos interiores. Es evidente que tener los testículos exteriores es una solución evolutiva muy costosa, sobretodo por el mayor riesgo de vulnerabilidad que padecemos al tener los testículos al descubierto.¿pero qué ventaja nos aporta? Al mantener los testículos unos grados por debajo de la temperatura interior del cuerpo, permite que se acumulen espermatozoides fríos y que éstos se conserven durante más tiempo en buen estado.

Por otro lado, nuestros testículos son más pequeños que los de chimpancé y bonobos, pero mucho más grande respecto a gorilas y orangutanes. ¿Dónde nos deja esto? En una encrucijada donde detractores y partidarios de la monogamia y/o poligamia del homo sapiens encuentran argumentos a favor o en contra de sus teorías. Aunque, como desgraciadamente, los testículos son un tejido blando y no dejan registro fósil, no podemos saber, como han ido evolucionando nuestros testículos y si la tradicional monogamia ha traído un descenso del tamaño de éstos en pocos miles de años.

Para seguir repasando las características sexuales de los primates es importante trazar algunas apuntes sobre el orgasmo femenino. Recordar que el clítoris es el único órgano del cuerpo cuya única función es proporciona placer, a partir de este dato, podemos preguntarnos porqué la evolución ha dotado a muchas hembras de mamífero de este órgano tan peculiar, parece claro que su fin está enfocado a facilitar la receptividad de las hembras y a que éstas busquen repetir las relaciones sexuales, fomentando la competencia espermática.

Además no podemos obviar que el orgasmo femenino es un rasgo compartido por otras especies de primates, y además casualmente parece ser que las especies más orgásmicas resultan ser además las más promiscuas, como es el caso de macacos, bonobos y chimpacés.

Colaboradores contra machos alfa en la batalla por el sexo

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La reproducción sexual ha prevalecido por los machos que cooperan en la crianza
La reproducción sexual ha prevalecido por los machos que cooperan en la crianza

La reproducción sexual, es decir, la que implica a dos individuos debería desaparecer, según los criterios de la biología evolutiva darwinista. Comparada con la reproducción asexual en la que todos los individuos producen descendientes, la reproducción por apareamiento, en la que se producen machos que no contribuyen a la producción de las crías, sino que emplean buena parte de su energía en competir por las hembras, presenta una eficacia del 50 por ciento.

Aplicando la Teoría de la Evolución y teniendo en cuenta que la reproducción sexual es la mitad de eficiente que la asexual ¿cómo puede haberse mantenido?, ¿por qué, descendiendo de organismos unicelulares, la mayoría de los organismos vivos abandonó la reproducción asexual, más eficiente y menos costosa?

Esas dos preguntas han ocupado a la comunidad científica durante décadas. Graham Bell, biólogo y profesor de la Universidad McGill de Canadá, bautizó en 1982 la cuestión como “El rey de los problemas de la biología evolutiva”.

La repuesta es ofrecida por Juan Carranza, investigador de la Universidad de Córdoba, y Vicente Polo, de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Un biólogo y un físico, respectivamente, que han propuesto la introducción de un tercer elemento para encontrar una explicación y en la que sugieren que los machos que cooperan con las hembras en la crianza han podido ser cruciales para que no haya desaparecido el sexo al inicio de su evolución.

Como si se tratase del juego de piedra, papel o tijera, Carranza y Polo han “jugado” con las variables genéticas de tres tipos de individuos: los sexuales competitivos (tipo costoso, según la terminología de Carranza y Polo), los asexuales –es decir, los dos tipos comparados durante décadas– y los sexuales no competitivos (tipo no costoso), aquellos individuos macho que colaboran en la crianza –basta pensar en las aves macho que ayuda a alimentar a sus polluelos–.

La conclusión es que los individuos sexuales de tipo no costoso pueden ser más productivos que los asexuales, si bien los de tipo costoso, empleados en competir por las hembras acaban por predominar en la población sexual, lo que permite a los eficaces asexuales invadir y corregir su presencia, dejando hueco a los de tipo no costoso y estableciendo así una dinámica en el que la piedra (tipo costoso) gana a la tijera (no costoso), ésta al papel (asexuales) y el papel a la piedra.

Juan Carranza explica que los machos que no ayudan a las hembras son especialistas en competir con otros machos para ganar hembras, de modo que pueden extender rápidamente su ADN, pero hacen a la población menos eficiente ya que no contribuyen en producir descendientes.

En esas circunstancias, la investigación sugiere que las hembras asexuales (partenogenéticas) al inicio de la evolución podrían haberse extendido mucho más que las sexuales. La asexualidad, la producción de clones, presenta limitaciones en un plazo medio que pueden ser mejoradas por el sexo.

Si el sexo llega en modo de machos que colaboran en la crianza de modo que las hembras pueden producir casi el doble de crías de las que producirían sin la ayuda de los machos, entonces ese modo de sexo puede ser más ventajoso que la asexualidad.

Una vez que predomina el sexo con machos colaboradores es muy probable que los machos más competitivos invadan la situación ya que ganarían fácilmente a los colaboradores, menos competitivos que ellos, volviendo a comenzar el ciclo. Para Carranza, “lo interesante es que en esta dinámica de ciclos el sexo no se extingue y aporta el tiempo evolutivo y las oportunidades para la aparición de linajes con reproducción sexual obligada como tantos existentes hoy día en la Tierra”.

El planteamiento de Carranza y Polo ha resultado absolutamente innovador y es el resultado de 20 años de trabajo desarrollado por Carranza en la Universidad de Extremadura, primero, y la Universidad de Córdoba, después, y de la colaboración entre dos disciplinas como la biología y las matemáticas.

El secreto de la naturaleza que pervive

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Ejemplar de 'pinus longaeva'
Ejemplar de ‘pinus longaeva’

Dennis tiene 5.063 años de edad, verificados científicamente. Este árbol de la especie pino longevo (Pinus longaeva) vive en las White Mountains de California (EE.UU.). Si hubiera podido viajar, habría visto la fundación de Troya, o la construcción de las pirámides de Giza en Egipto y del monumento megalítico de Stonehenge en Gran Bretaña. Pero si en lugar de hablar de ejemplares individuales nos fijamos en poblaciones clónicas, en el Fishlake National Forest de Utah (EE.UU.) hay un bosque de 47.000 álamos temblones (Populus tremuloides) que son, en realidad, un solo individuo, un inmenso sistema de raíces que cubre 43 hectáreas y que emite tallos genéticamente idénticos cuya vida media es de 130 años. Este leviatán vegetal, llamado Pando (“me extiendo” en latín), es considerado el organismo más pesado del mundo, con 6.000 toneladas. La edad estimada de su red de raíces es de al menos 80.000 años, aunque podría ser mucho mayor.

Por muy sobrecogedoras que sean estas cifras, tal vez estemos tan acostumbrados a admitir que incluso los árboles de nuestro barrio seguirán ahí cuando nosotros hayamos desaparecido, que la enorme longevidad de algunas plantas nos causa una sorpresa moderada. Y sin embargo, que un organismo conserve intacta su información genética y su capacidad de generar células nuevas durante cientos o miles de años es una proeza biológica de gran magnitud que no está al alcance de nosotros, los animales, y cuyos secretos aún no conocemos en su totalidad.

Un equipo de científicos de la Universidad de Gante y del Instituto de Biotecnología de Flandes (Bélgica) ha desvelado uno de estos secretos esenciales en la larga vida de algunas plantas. Se trata de una proteína responsable de que una población celular de las raíces actúe como caja fuerte, conservando intacta una copia de su material genético y dividiéndose solo cuando es estrictamente necesario, evitando así el daño celular que podría limitar su supervivencia.

La capacidad de crecimiento y renovación de tejidos en los seres vivos reside en las células madre. Ellas permiten que nuestras heridas cicatricen o que algunos animales puedan regenerar miembros amputados. En las raíces vegetales, las células madre se dividen continuamente para generar células hijas que se encargan de especializarse y construir el crecimiento de la planta, mientras que la célula original conserva su capacidad regenerativa. Pero además, junto a las células madre existe otra población, las llamadas células organizadoras o quiescentes. Como su nombre sugiere, estas células controlan la división de las células madre y las reponen si es necesario, pero normalmente permanecen en reposo, con una frecuencia de división de entre tres y diez veces menor que las células madre.

“Nuestros datos sugieren que ciertas células organizadoras en las raíces de las plantas son menos sensibles al daño en el ADN”, apunta el director del estudio, Lieven De Veylder. “Esas células conservan una copia original e intacta del ADN que puede emplearse para reemplazar células dañadas si es necesario. Los animales confían en un mecanismo similar, pero todo indica que las plantas lo utilizan de una manera más optimizada”, explica el investigador.

Arabidopsis

De Veylder lleva años investigando el ciclo celular de Arabidopsis, una pequeña herbácea que es como el ratón vegetal de los laboratorios, el organismo modelo más popular entre los biólogos dedicados a la investigación celular y molecular en las plantas. Uno de los objetivos de De Veylder es comprender cómo las plantas son capaces, gracias a esas células quiescentes, de mantener su integridad genética bajo situaciones de estrés. “Las plantas son sedentarias, por lo que sufren un contacto inevitable con agentes que perjudican la integridad de su genoma. Para detectar y reaccionar ante estas amenazas, las plantas han desarrollado mecanismos de control de estrés en el ADN que detienen el ciclo celular cuando el ADN se rompe o su replicación falla. Así, las células pueden reparar el ADN dañado antes de entrar en mitosis [división celular], lo que previene la propagación de mutaciones”.

Buscando la clave de estos mecanismos, los investigadores han logrado identificar una nueva proteína llamada ERF115 perteneciente a la familia de los factores de transcripción, moléculas que controlan cuándo el ADN se pone en marcha para desencadenar los procesos activos de la célula, entre ellos la división. Normalmente, ERF115 permanece inactivo, impidiendo la división de las células quiescentes. Cuando la planta sufre una agresión y las células madre resultan dañadas, ERF115 se activa y estimula la producción de la hormona vegetal fitosulfoquina, que a su vez dispara la multiplicación de las células quiescentes para generar nuevas células madre de repuesto.

Gracias a este mecanismo de control, la planta puede disponer de un doble nivel de células madre y células madre de las células madre, lo que consigue mantener a esta última población en un estado de actividad tan bajo que su ADN permanece intacto frente a las agresiones durante tiempo casi indefinido. “Esto podría explicar por qué muchas plantas pueden vivir cientos de años o más, mientras que esto sería algo muy excepcional para los animales”, concluye De Veylder.

La agitada vida social de los murciélagos

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Se consideran murciélagos cavernícolas, aquellas especies que utilizan de forma regular cavidades como refugio diurno aunque sea con baja intensidad
Se consideran murciélagos cavernícolas, aquellas especies que utilizan de forma regular cavidades como refugio diurno aunque sea con baja intensidad

Los murciélagos vampiros pueden apelar al fortalecimiento de sus relaciones sociales para maximizar las posibilidades de supervivencia ante la eventual ausencia de alimento, según un estudio del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), con sede en Panamá.

El instituto explica en un informe que los vampiros, si no consiguen lo suficiente para comer, en poco tiempo pueden morir de hambre. Son sus parientes cercanos y amigos los que usualmente les ayudan a sobrevivir compartiendo sangre.

“El fortalecer las relaciones mediante la alimentación de un posible donante es una manera de aumentar las probabilidades de ser alimentado. Tener un mayor número de donantes potenciales es otra manera de aumentar las probabilidades” de sobrevivir, explica Gerry Carter, investigador de posdoctorado en el STRI y que denomina al fenómeno como “apuesta social”.

De acuerdo con la investigación, “cuando eliminan a un donante de alimentos importante, como una madre o hija, de la red social de un murciélago, las hembras que previamente construyeron más amistades con no familiares (…) logran asegurar más alimento que las hembras de su familia inmediata”.

Carter cuenta que descubrieron “que, en la rara ocasión” en que los murciélagos vampiros “pierden un importante donante de alimentos” les va mucho mejor a aquellos cuya “red social de donantes de alimento es más amplia y robusta” por no estar limitada a sus parientes.

Gerald Wilkinson, coautor de la investigación y profesor de biología en la Universidad de Maryland, precisa que las hembras de la especie “no empiezan a reproducirse hasta los dos años y solo tienen una cría por año, por lo que el número de hembras estrechamente relacionadas tiende a ser bajo”.

Cuatro años de observación

El STRI explica que para entender cómo funciona la “apuesta social” entre estos animales, el equipo de Carter supervisó durante cuatro años las interacciones sociales en una colonia cautiva de unos 30 murciélagos comunes (Desmodus rotundus).

Primero descifraron cómo los murciélagos estaban relacionados basados en sus genes. Carter sacó a las hembras individuales del grupo durante un período de ayuno de 24 horas y, justo antes de devolverlas al grupo, quitó a uno de los principales donantes de alimento, generalmente su madre o hija, tras lo cual observó cómo cada murciélago manejó este cambio en su red social, indicó el STRI.

“No es raro que un murciélago salga a buscar alimento y no consiga comida y no es raro que su pariente más cercano haya cambiado a un guarida diferente esa noche. Estamos recreando una situación que los vampiros pueden enfrentar con bastante frecuencia”, dice Carter.

Damien Farine, coautor del estudio e investigador principal del Instituto Max Planck de Ornitología y de la Universidad de Konstanz en Alemania, indica que “la hipótesis de apuesta social proporciona una nueva dimensión a la forma en que los animales forman y mantienen grupos sociales”.

Las múltiples caras de la guadaña

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La araña bananera es letal y ha llegado a Europa en exportaciones de plátanos brasileños
La araña bananera es letal y ha llegado a Europa en exportaciones de plátanos brasileños

Hay “1.000 maneras estúpidas de morir por culpa de un animal” y así titula su libro el periodista Isidoro Merino, al que le “divierte y fascina” hablar de la fauna más letal que habita nuestro planeta.

Por eso ha escrito una obra en la que nos recuerda sin piedad que cada año 600 personas son devoradas por los cocodrilos, 800 acaban en la barriga de tigres o leopardos y 125.000 son víctimas de mordeduras de serpientes.

En esta terrorífica introducción adelanta que en África viven moscas antropófagas que ponen sus huevos en la piel para que sus larvas se alimenten de carne humana y que en Japón “algunas avispas matan a una media de cuarenta personas al año con su picaduras”.

El autor, un incorregible viajero que ha buceado con tiburones ballena en las islas Galápagos y fue atacado por un gorila macho en los volcanes del Congo, ha explicado que entre los “asesinos más impensables” que ha descubierto se encuentran es el amoroso Koala y la bella caracola del género conus.

En relación al primero se hace eco de un relato del periodista Kenneth Cook, quien confesaba que odiaba a este animalillo australiano porque en una ocasión uno de ellos estuvo a punto de “arrancarle sus atributos masculinos cuando intentaba bajarlo de un árbol.

En cuanto a las conus, afirma que muchos son los que han recogido inocentemente durante el viaje de novios en alguna playa de las Seychelles, Maldivas o Bali esas “preciosas y nacaradas conchas sin saber que se juegan la vida”.

Según Merino, los conus guardan un veneno, que es un “mortífero coctel de al menos cien componentes biológicamente muy activos”, que te pueden dejar tieso en apenas segundos.

Para escribir este libro, de 198 páginas, Merino ha recurrido a a numerosas obras de los más variados autores, como el “Banquete Humano” de Luis Pancorbo;”Envenenamiento para animales” de Arturo Valledor; o “Dangerous marine animals” de Bruce Halstead.

Dividido en ocho capítulos, la obra, editada por Planeta con papel ecológico, está estructurada como una guía en la que se dedica siempre un par de páginas a cada animal asesino: desde la araña bananera que desde Brasil ha llegado a Europa con los exportaciones de plátanos, hasta la Cantárida, o mosca española a la que el autor alude como el escarabajo que mató a un Rey”.

Y este rey, según Merino, no es otro que Fernando el Católico, que tras quedarse viudo de Isabel, se caso con 53 años con la joven Germana de Foix, de 18, y para dar la talla recurrió al viagra del siglo XVI, que no era otro que el polvo de este pequeño escarabajo de color metálico también conocido como mosca española.

Su principio activo, señala Merino, provoca ampollas en la piel y también es tóxico por vía oral, aunque en dosis muy pequeñas (un miligramo puede ser letal) actúa como vasodilatador y provoca erecciones espontáneas.

Y se cree -concluye el autor- que fue la ingestión de este polvo lo que provocó la muerte por intoxicación del histórico antecesor dinástico de nuestro actual Rey, Felipe VI.

Abejas y mariposas, víctimas de la depredación humana

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Entre 235.000 millones y 577.000 millones de dólares de la producción alimentaria mundial, que incluye frutas, hortalizas, semillas, frutos secos y aceites vegetales, dependen directamente de la contribución de los polinizadores como las abejas y otros insectos
Entre 235.000 millones y 577.000 millones de dólares de la producción alimentaria mundial, que incluye frutas, hortalizas, semillas, frutos secos y aceites vegetales, dependen directamente de la contribución de los polinizadores como las abejas y otros insectos

El 40 % de los insectos polinizadores invertebrados, como las abejas y las mariposas, se encuentran amenazados, mientras que el 16 % de los polinizadores vertebrados están en peligro de extinción a nivel mundial, un porcentaje que aumenta hasta el 30 % en las islas, con una tendencia creciente.

Un estudio de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), en el que han participado dos científicos catalanes, ha puesto de relieve la importancia de la polinización de las 20.000 especies de abejas y miles de especies de mariposas, moscas, polillas, escarabajos, pájaros, murciélagos y otros animales.

El investigador del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) Jordi Bosch ha trabajado en los últimos dos años como revisor y experto de diversos capítulos, y el representante del Centro Tecnológico y Forestal de Cataluña (CTFC) Lluís Brotons ha colaborado en la aprobación del documento.

El trabajo señala que los descensos en los polinizadores silvestres regionales han sido ya confirmados en el norte de Europa Occidental y en Norteamérica, y que la tendencia se encamina hacia la expansión.

Según el estudio, “la disminución de los polinizadores se debe a los cambios en el uso del suelo, a las prácticas agrícolas intensivas y al uso de pesticidas, al impacto de las especies exóticas invasoras, a las enfermedades y plagas, y al cambio climático”.

Por su parte, la codirectora de la evaluación y profesora de la Universidad de Sao Paulo Vera Lucia Imperatriz Fonseca ha asegurado que “los polinizadores contribuyen de forma importante a la producción mundial de alimentos y la seguridad nutricional, por lo que su salud está directamente vinculada a nuestro bienestar, ya que aportan vitaminas y minerales, sin los cuales el riesgo de malnutrición podría crecer”.

Entre 235.000 millones y 577.000 millones de dólares de la producción alimentaria mundial, que incluye frutas, hortalizas, semillas, frutos secos y aceites vegetales, dependen directamente de la contribución de los polinizadores como las abejas y otros insectos, según el estudio.

El volumen de la producción agrícola dependiente de la polinización animal se ha incrementado un 300 % durante los últimos 50 años, y casi el 90 % de las plantas con flores salvajes dependen de ella, lo que ha generado una situación de dependencia de más de tres cuartas partes de los cultivos del mundo.

Además de los cultivos alimentarios, los polinizadores contribuyen a los cultivos de biocombustibles como aceites de colza y palma, de fibras como el algodón, de medicinas, de forraje para el ganado y de materiales de construcción.

Ante este panorama de crisis de los polinizadores, los investigadores han comentado que “las prácticas basadas en el conocimiento indígena y local pueden reducir los riesgos además de promover la agricultura sostenible, que contribuye a diversificar el paisaje agrícola y hace uso de los procesos ecológicos como parte de la producción de alimentos”.

El estudio especifica otras opciones para combatir la desaparición progresiva de los animales polinizadores como la creación de una mayor diversidad de hábitats polinizadores, la disminución de los pesticidas, y la mejora de la cría de abejas orientada al control de patógenos, junto con la mejora de la regulación del comercio.