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Polluelos: a más caca, más defensas

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Las crías de aves producen heces encapsuladas en una cobertura mucosa
Las crías de aves producen heces encapsuladas en una cobertura mucosa

El mundo animal sigue normas estrictas para sortear fuentes de contaminación y posibles peligros, como la depredación. En el caso de las aves, retiran los excrementos de sus crías a diario para conservar la higiene del nido.

Un estudio demuestra que la presencia de heces en los nidos atrae insectos y provoca la activación del sistema inmunitario de las crías, lo que proporciona importantes pistas sobre el porqué de este hábito sanitario.

Hasta ahora, en la ornitología –la rama de la zoología dedicada al estudio de las aves– predominaba la hipótesis de que la eliminación de los excrementos se producía para evitar la atracción de organismos parásitos. Sin embargo, esta nueva investigación lo refuta.

“Nuestro estudio pone de manifiesto que la atracción de parásitos no parece ser la causa que ha favorecido la evolución de este comportamiento, a pesar de asumirse como tal tradicionalmente”, declara a Sinc Juan Diego Ibáñez-Álamo, autor principal del estudio e investigador en la Estación Biológica de Doñana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y en la Universidad de Groninga (Países Bajos).

Respuesta del sistema inmune

Los científicos utilizaron tres experimentos diferentes con trampas de insectos, nidos artificiales y nidos reales de mirlos para observar la atracción que los excrementos producían en los parásitos.

Aunque las predicciones apuntaban que se encontraría una mayor cantidad de parásitos si había heces, “los sacos fecales no atrajeron a un mayor número parásitos”, afirma el investigador.

El sistema inmunitario de las crías se vio afectado por la presencia de las heces, concretamente, la proporción de heterófilos con respecto a los linfocitos –células sanguíneas que luchan frente a agentes perjudiciales como parásitos–, que es un indicador fisiológico de la respuesta al estrés en aves. “Esta proporción en las crías que vivían cerca de los sacos fecales fue significativamente más alta que la de aquellos que no tenían heces a su alrededor”, declaran los autores.

Los científicos encontraron además un incremento en la atracción de moscas y una reducción en los ácaros debido a los excrementos de las crías. Los autores apuntan la capacidad de las moscas como vectores para transmitir microorganismos perjudiciales como una de las causas que provocaría la activación del sistema inmune.

Las crías de aves producen heces encapsuladas en una cobertura mucosa. Esta singular estructura, que un estudio previo demostró que posee una función de aislante bacteriano, podría también ser la responsable de evitar la atracción de parásitos. “Es posible que la mucosa actúe como una barrera para impedir que se propaguen las pistas químicas que podrían usar los parásitos para localizar a los pollos”, declara Ibáñez-Álamo.

“Los resultados de nuestra investigación parecen indicar que los microorganismos podrían estar jugando un papel muy importante en relación con la limpieza del nido de las aves”, añade el investigador.

No obstante, los autores consideran que este hábito parental es resultado de varios factores: “No podemos descartar que el comportamiento de los padres pueda ser alterado por la existencia de heces cerca del nido”, declaran. Incluso la depredación podría ser otra causa determinante para este comportamiento.

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Juegos de alcoba entre plantas

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La Paeonia festiva, una planta de peonía, actúa a través de sus estambres dispuestos como una corona
La Paeonia Festiva, una planta de peonía, actúa a través de sus estambres dispuestos como una corona

Ver lo conocido de un modo nuevo e inesperado fue lo que hizo que Carl von Linneo (1707-1778) clasificara las plantas sexualmente, algo que recordaron en “Herbarium Amoris” con primerísimos primeros planos otros dos suecos, el fotógrafo Evard Koinberg y el escritor ya fallecido Henning Mankell.

El proyecto comenzó en 1999, cuando Koinberg leyó los textos de Linneo, quizá la figura de la Ilustración sueca más conocida, y se quedó “estupefacto” por la desinhibición y la poesía del lenguaje del padre de la botánica.

“Los sépalos son el tálamo donde se juntan los estambres y los pistilos, con su forma de cetro. Los filamentos son los conductos espermáticos, el estilo el pasaje maternal o vagina, el óvulo los ovarios, el pericarpio el ovario fértil y la semilla es el huevo”, describía el botánico.

Linneo fue el primero que habló de la sexualidad de las plantas y a partir de su observación de una colección de más de 20.000 especímenes, las agrupó en un Calendarium Florae y las clasificó sistemáticamente por el número y disposición de sus partes reproductivas.

Fue muy polémico en su tiempo porque afirmó que los estambres y pistilos eran como un espejo de los genitales humanos y provocó una “revolución sexual” en taxonomía de las plantas.

En base a su herbario desarrolló su sistema de clasificación botánica, todavía vigente, que ordena las plantas en función de su tiempo de florecimiento, y por el número y disposición de sus órganos sexuales.

Clasificó las plantas en 24 grupos o clases, contó los estambres de la flor y anotó cómo estaban organizados y según la cantidad de estilos del pistilo los separó en subgrupos u órdenes y fue quien les dio nombre (género) y apellido (especie) con su nomenclatura binaria.

La idea de que las plantas y su sexualidad salieran de la oscuridad fue, precisamente, el punto de partida del trabajo de Koinberg, realizado en su mayor parte en el jardín que rodea su casa en Uppland, el mismo paisaje en el que vivió y trabajó Linneo.

Mankell, el “padre” del taciturno y famoso detective sueco Wallander, fue el encargado de glosar la figura del botánico y asegura en el libro que “igual que Suecia es una potencia prácticamente desconocida” en cualquier materia, todo el mundo sabe quién fue Linneo.

Koinberg ha creado un moderno equivalente del trabajo de Linneo, acercándose al sujeto con la misma pasión y dedicación, y fotografía cada delicada flor en su estudio bajo condiciones perfectas de luz para celebrar el erotismo de la flor.

Describe el ciclo vital de varios ejemplares desde su etapa de capullo, al florecimiento y marchitamiento consiguiendo un moderno Calendarium Florae, un calendario visual que registra gráficamente el año a través de las flores.

En “Herbarium Amoris” (Taschen), Koinberg captura el lirismo y el brillo del erotismo del mundo floral en primeros planos, sobre un fondo negro, en el que destacan cada parte de la planta, el rocío titilando en los pétalos abiertos o las más delicadas formas vegetales infundidas de “fuerza vital desenfrenada”.

“El cáliz es el lecho nupcial en el que los estambres y el pistilo se unen. En algunas camas hay cuatro hombres, dos altos y dos bajos, con la novia, y en otras hasta diez hombres”, comparaba Linneo para escándalo de sus coetáneos.

La soledad de los árboles

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Los biólogos los llaman “bosques de muertos vivientes”, lugares donde se ha “colapsado” el ciclo natural de la regeneración de una determinada especie porque se ha perdido la interacción con otros seres vivos, y ésta es necesaria para que dicha regeneración ocurra, pues conforma las llamadas “redes mutualistas” en la naturaleza
Los biólogos los llaman “bosques de muertos vivientes”, lugares donde se ha “colapsado” el ciclo natural de la regeneración de una determinada especie porque se ha perdido la interacción con otros seres vivos, y ésta es necesaria para que dicha regeneración ocurra, pues conforma las llamadas “redes mutualistas” en la naturaleza

Un bosque en el que todos sus ejemplares son adultos, en el que no hay árboles jóvenes, en el que faltan otras formas de vida o éstas tienen poblaciones anormalmente bajas son ecosistemas que esconden la más silenciosa de las extinciones, el llamado “síndrome de bosque vacío”.

Son “bosques de muertos vivientes”, como les han bautizado los biólogos, lugares donde está “colapsado” el ciclo natural de la regeneración de una determinada especie porque se ha perdido la interacción con otros seres vivos necesaria para que ésta tenga lugar.

Y es que las interacciones de beneficio mutuo entre seres vivos conforman “redes mutualistas” en la naturaleza que cuando se rompen por la ausencia o la disminución de alguno de ellos provocan esta silenciosa muerte conocida como el “síndrome de bosque vacío”.

Son “bosques con plantas, pero sin animales, condenados a degradarse y desaparecer en un futuro inmediato víctimas de esa falta de seres vivos que cumplen en ellos funciones ecológicas fundamentales”, explica Pedro Jordano, investigador de la Estación Biológica de Doñana.

De hecho, en bosques defaunados “se ha documentado la pérdida de hasta tres cuartas partes de su potencial de almacenamiento de carbono”, es decir, “los árboles siguen ahí, pero no sus funciones ecosistémicas”, señala.

“No existe ni una sola especie en todo el planeta que viva sola, sin interrelacionarse con otras especies”, asegura Jordano; es el caso del depredador y la presa o del parásito y el huésped, todos ellos conforman “la arquitectura de la biodiversidad”.

Por eso, para este biólogo “se deben tener en cuenta las relaciones ecológicas o la diversidad de interacción cuando se aborda la pérdida de biodiversidad de un ecosistema”.

Porque, si bien hay hábitats que persisten de manera adecuada aunque se pierdan determinadas especies, en otros casos “esas especies son fundamentales para el correcto funcionamiento del ecosistema, que sin ellas colapsa por completo”.

En el caso de las aves, aunque la mayor parte de ellas son insectívoras, existe un segundo grupo formado por las frugívoras, que se alimentan de frutos carnosos, flores, néctar, polen o tubérculos, y que “son las responsables de diseminar las semillas” a través de sus heces o por regurgitación, asegura Jordano.

“Son las jardineras del bosque y sin ellas colapsaría por completo la regeneración natural de muchos de ellos, como los bosques tropicales”, aunque también en el bosque mediterráneo entre un 50 y un 70 por ciento de las especies leñosas producen frutos carnosos y dependen de la diseminación por animales frugívoros.

Y cualquier factor que intervenga en la pérdida de la funcionalidad ecológica de las especies, ya sea por su extinción o porque su densidad sea residual, pone en riesgo ese equilibrio; “los lobos están en Sierra Morena, pero no ejercen una función ecológica en ese ecosistema”, eñala el experto.

Jordano se refiere a la alteración del hábitat de las especies frugívoras, que necesitan áreas grandes de campeo; “si se fragmenta el bosque, esas especies no podrán subsistir y con ellas el propio bosque”.

“Si disminuye muy fuertemente la cantidad o abundancia local de aves frugívoras, el proceso de dispersión de la planta colapsa, los frutos maduros se secan en ella o se los comen los roedores, los herbívoros matan a la plántula y no hay un proceso de dispersión de la semilla que sea efectivo”.

Para este investigador, abordar el problema a escala global “es desalentador”, porque se trata de sistemas muy complejos de relaciones entre especies, y el número de especies es muy elevado en un ecosistema, desde artrópodos e insectos polinizadores, hasta vertebrados polinizadores o frugívoros.

“Estamos perdidos si pretendemos enumerar cada interacción, tenemos que entender la complejidad para enfocar cuáles son las interacciones más centrales dentro de la propia red, qué grupos de especies no podemos perder bajo ningún concepto”, afirma

Y en este sentido, “ya existen líneas de investigación, ese abordaje ya se está teniendo, hay frentes que se están abriendo, pero falta su aplicación”.

Para Pedro Jordano, el síndrome de bosque vacío es “una forma insidiosa de extinción, que no es perceptible a no ser que miremos con una lupa; los árboles pueden estar allí, pueden ser árboles adultos, que florecen, que dan sus frutos y éstos caen al suelo, pero allí no germina ni una sola semilla”.

Las hormigas se guían por los astros y el hombre, por su voracidad

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A diferencia de la pérdida de la capa de ozono o del cambio climático, el proceso de extinción (la posible pérdida de la mitad de las especies del mundo a finales de siglo) es irreversible. El ser humano es incapaz de ver más allá de la ley de la demanda y la oferta, la ilusión de que contamos con la riqueza necesaria para proteger la economía y el medio ambiente. Sin embargo, para mantener este engaño estamos fomentando la destrucción de hábitats en países en desarrollo, que a menudo son los de mayor riqueza biológica
A diferencia de la pérdida de la capa de ozono o del cambio climático, el proceso de extinción (la posible pérdida de la mitad de las especies del mundo a finales de siglo) es irreversible. El ser humano es incapaz de ver más allá de la ley de la demanda y la oferta, la ilusión de que contamos con la riqueza necesaria para proteger la economía y el medio ambiente. Sin embargo, para mantener este engaño estamos fomentando la destrucción de hábitats en países en desarrollo, que a menudo son los de mayor riqueza biológica

Las hormigas utilizan al menos tres tipos de memoria para orientarse y se sirven de referencias terrestres y estelares para guiarse cuando marchan hacia atrás, desvela un estudio publicado en la revista Current Biology.

“El mundo de los insectos es mucho más complejo de lo que se imaginaba”, indica en un comunicado el Centro Nacional Francés de Investigaciones Científicas (CNRS), participante en esa investigación.

Los nuevos resultados, según sus datos, muestran que las hormigas se orientan en el espacio gracias “a múltiples representaciones y memorias” que ponen en juego “una transferencia de información entre varios sectores cerebrales”.

Hasta ahora, se pensaba que la hormiga lograba marchar memorizando una escena, por lo que siempre era necesario que ese insecto estuviese colocado de la misma manera para que pudiese reconocer el espacio.

Sin embargó, el estudio, que se sirvió de la especie “Cataglyphis velox” para realizar pruebas en un desierto de Andalucía (sur de España), apunta a que a las representaciones de las direcciones de las hormigas están “centradas en el mundo exterior” y no de manera tan “egocéntrica” como se pensaba.

La hormiga es capaz de memorizar la ruta, la nueva dirección a seguir y cómo recuperar por ejemplo un trozo de galleta, de acuerdo con los tests realizados por los científicos, que demostraron además que se guían a través de los cuerpos celestes cuando se desplazan marcha atrás.

“Las hormigas son capaces de mantener una trayectoria rectilínea ya sea con movimientos hacia adelante, hacia atrás y hacia los lados”, indica el CNRS, según el cual aunque su cerebro es más pequeño que la cabeza de un alfiler, su capacidad de orientación es “sorprendente”.

Expertas en movilidad

Los atascos y el caos que se producen en la mayoría de ciudades en hora punta dejarán de ser un problema. Ese es el objetivo de un grupo de investigadores que ha creado un sistema para mejorar el tráfico basado en técnicas “bio inspiradas”, que toma como referencia los movimientos de las hormigas y las aves.

Las hormigas son expertas en movilidad, capaces de dar la vuelta al mundo, y por ello son las principales inspiradoras de este sistema que prevé reducir el tráfico y el trayecto de viaje entre un 10 y un 15 por ciento, “sin grandes modificaciones en la ciudad y a bajo coste”, indica el director del proyecto, Enrique Alba.

“Analizamos cómo trabajan las hormigas y las bandadas de pájaros y trasladamos la idea al ordenador, esto permite crear una herramienta software muy potente que da soluciones donde las técnicas matemáticas hasta ahora no lo permitían”, explica el investigador, pionero en España en aplicar estas técnicas.

Sin hormigas no habrá vida humana

El libro de Edward O. Wilson, The Future of Life (El futuro de la vida) no trata solamente de las hormigas, pero éstas le proporcionaron su primera beca y son su principal obsesión. Los insectos, de los que hay más de 1,2 millones de especies conocidas, representan más del 80% de todos los seres vivos de la Tierra, y Wilson ha aprovechado el descubrimiento de las depredadoras Mantophasmotodea para destacar este extremo: «Si los seres humanos desaparecieran mañana el mundo continuaría, pero si desaparecieran los invertebrados, dudo que la especie humana durara más de dos o tres meses».

En The Future of Life, Wilson describe lo que él llama el «cuello de botella», la combinación del crecimiento poblacional, «que afecta más a las bacterias que a los primates», con un consumo desenfrenado. «Cuando la población mundial superó los 6.000 millones de habitantes sobrepasamos 100 veces la biomasa de cualquier otra gran especie que haya existido en el planeta. Al igual que el resto de los seres vivos, no podemos permitirnos continuar así otros 100 años».

Al mismo tiempo, el consumo de energía y de recursos naturales la «huella ecológica» necesarios para proporcionar a la población un nivel de vida occidental está excediendo los recursos de la Tierra. Si continuamos por esta senda, en el año 2100 serán necesarios cuatro planetas para mantener el tipo de vida que conocemos.

Vivir en la ciudad empobrece, también a los pájaros

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Las aves de ciudad se 'humanizan' y pierden prestaciones evolutivas
Las aves de ciudad se ‘humanizan’ y pierden prestaciones evolutivas

Los pájaros “urbanitas”, los que viven en las ciudades, como palomas, urracas, pinzones, golondrinas o mirlos, tienen una diversidad evolutiva más pobre que los que viven en los entornos naturales porque hace menos tiempo que se separaron de sus ancestros y, por tanto, son evolutivamente menos singulares.

Así lo concluye un estudio liderado por el investigador del CSIC en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF-UAB), Daniel Sol, que ha publicado la revista Ecology Letters.

El estudio advierte que las ciudades están poniendo en peligro millones de años de historia evolutiva de las aves porque las urbes preservan de media 450 millones de años menos de historia evolutiva en comparación con los ambientes naturales.

“Por razones que aún no conocemos bien, las especies que tienen parientes evolutivamente distantes son más sensibles a las perturbaciones y toleran mal la vida en la ciudad”, ha comentado Sol, que ha resaltado que la urbanización no sólo implica una pérdida de riqueza de especies, “también provoca una pérdida muy importante en la riqueza evolutiva de estos animales”.

La pérdida de historia evolutiva se puede medir como la suma de los años en que las especies de una comunidad se separaron a lo largo de la evolución, y, en el caso de las ciudades, las estimaciones sugieren que preservan 450 millones de años menos de historia evolutiva que los ambientes naturales.

Sol ha comparado que del mismo modo que una iglesia del siglo XVI tiene más valor histórico que una del siglo XXI, una especie que es evolutivamente muy diferente a las otras -como la abubilla, que pertenece a una familia con tres únicas especies- tiene un valor de conservación más grande que una especie de un grupo bien representado evolutivamente -como el gorrión o la paloma urbana, que están evolutivamente emparentados con muchas otras especies.

Pero, según el investigador, “la riqueza evolutiva no sólo representa historia evolutiva; también se relaciona con la diversidad genética y el propio funcionamiento de los ecosistemas”.

Para llegar a esta conclusión, investigadores del CREAF, de la Estación Biológica de Doñana del CSIC y de la Universidad Pontificia Católica de Chile reunieron datos de 1.219 especies de aves de 27 regiones de todo el mundo y analizaron como la diversidad filogenética de las comunidades cambiaba según el grado de urbanización.

La diversidad filogenética mide la suma de tiempo que hace que cada especie de la comunidad se separó evolutivamente de las otras especies con las que coexiste.

Algunos científicos sostienen que la pérdida de diversidad asociada a las perturbaciones humanas, como la urbanización, se podría mitigar con la llegada de especies exóticas, con lo que, bajo este punto de vista, las invasiones biológicas no serían tan problemáticas como se cree generalmente.

Pero según este trabajo, la llegada de especies exóticas en ambientes altamente urbanizados no compensa la pérdida de otras especies porque no se establecen tantas especies exóticas en comparación con las que se pierden, y porque las especies exóticas que llegan pertenecen a grupos evolutivamente poco distintivos y por tanto contribuyen poco a enriquecer la diversidad filogenética.

El aniquilador ante su ‘obra’ y su final

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La destrucción del hábitat, la introducción en los ecosistemas de especies exóticas invasoras, el aumento de la sequedad ambiental, la expansión urbanística, los incendios forestales, las prácticas agrícolas intensivas, la utilización de sustancias químicas nocivas, la caza indiscriminada de especies, la contaminación de las aguas, los plásticos en el medio marino…Son tantas nuestras acciones que tienen como consecuencia el declive de la biodiversidad, que es profundo el cambio que tenemos que acometer en nuestro modo de vida si queremos frenar este drama
La destrucción del hábitat, la introducción en los ecosistemas de especies exóticas invasoras, el aumento de la sequedad ambiental, la expansión urbanística, los incendios forestales, las prácticas agrícolas intensivas, la utilización de sustancias químicas nocivas, la caza indiscriminada de especies, la contaminación de las aguas, los plásticos en el medio marino…Son tantas nuestras acciones que tienen como consecuencia el declive de la biodiversidad, que es profundo el cambio que tenemos que acometer en nuestro modo de vida si queremos frenar este drama

La población de más del 30 por ciento de las especies de animales vertebrados está disminuyendo tanto en tamaño como en alcance, afirma un análisis publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

El estudio, realizado por investigadores de la Universidad Stanford y la Universidad Nacional Autónoma de México, advierte que este ritmo de desaparición de las poblaciones muestra que la sexta extinción masiva de la Tierra “es más grave de lo que se percibe cuando se mira exclusivamente la extinción de las especies”.

Este sexto evento se diferencia de los anteriores -por ejemplo, de la extinción de los dinosaurios- en que los primeros cinco fueron causados por un factor externo, mientras que el impacto actual es causado por la acción del ser humano.

Los autores se basan en un análisis de los números y los grados de contracción en el alcance geográfico de estas especies, un indicador de cómo disminuye o se extingue una población.

Para eso, usaron una muestra de 27.600 especies de vertebrados y un análisis detallado que documenta la extinción de diversas poblaciones entre 1900 y 2015 en 177 especies de mamíferos.

“Hallamos que la tasa de pérdida de población en los vertebrados terrestres es extremadamente alta”, explicaron los investigadores en su estudio.

“De los 177 mamíferos de los que tenemos información detallada, todos han perdido un 30 por ciento o más de su alcance geográfico y más del 40 por ciento de las especies han experimentado una grave disminución en su población”, agregaron.

Según el análisis, las zonas en la que más han disminuido las poblaciones son las regiones tropicales.

Particularmente, los mamíferos del sur y del sureste de Asia han sido los más golpeados: las grandes especies de mamíferos analizados han perdido hasta el 80 por ciento de su alcance geográfico.

En la actualidad, entendida como los últimos siglos, la ratio de extinción es hasta 100 veces mayor que la tasa natural. Para hacerse una idea, en un escenario donde prevaleciera esta tasa natural, desde 1900 se habrían extinguido nueve especies de vertebrados. En realidad, se han extinguido 477 especies. Habrían hecho falta unos 10.000 años para acabar con la vida que ha desaparecido en un solo siglo.

Además, el proceso se está acelerando. Los anfibios son la clase de vertebrados más afectados. Pero si, desde 1500 se había constatado la desaparición de 34 especies anfibias, desde 1980 se han extinguido otras 100. Y eso que no hay que descartar que muchas otras hayan desaparecido sin testigos humanos que lo confirmaran. Los investigadores, que insisten en que sus estimaciones son muy conservadoras, recuerdan que en sus cálculos no tienen en cuenta a las muchas especies que se han convertido en muertos vivientes, con poblaciones tan escasas que su función en los ecosistemas es cercano a cero.

“Nuestros datos indican que, más allá de una extinción mundial de especies, la Tierra está experimentado un gran episodio de disminución y extirpación de poblaciones, lo que tendrá sucesivas consecuencias negativas en el funcionamiento del ecosistema”, advierten los investigadores.

Los científicos describen esta situación como una “aniquilación biológica”, para “resaltar la magnitud actual del sexto gran evento de extinción que está en desarrollo en la Tierra” y subrayar la “seriedad” que esto tiene para la humanidad.

Las extinciones de las poblaciones son un “preludio a las extinciones de las especies”, sostienen los autores, lo que los lleva a pensar que esa sexta extinción masiva “ha avanzado más lejos de lo que la mayoría asume”.

“La humanidad pagará con el tiempo un precio muy alto por diezmar el único montaje de vida que conocemos en el universo”, consideran los autores, para quienes esta “aniquilación biológica” también tendrá “serias consecuencias ecológicas, sociales y económicas”.

“La ventana para una acción efectiva es muy pequeña”, añaden.

La vida aprieta, la naturaleza reclama

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Cada vez son más numerosos los estudios que demuestran que la persistente desconexión con la naturaleza afecta, y mucho, a la salud física y mental de las personas, especialmente a los niños, a su nivel de estrés y su capacidad de concentración
Cada vez son más numerosos los estudios que demuestran que la persistente desconexión con la naturaleza afecta, y mucho, a la salud física y mental de las personas, especialmente a los niños, a su nivel de estrés y su capacidad de concentración

Algunos expertos se atreven hablar del “trastorno por déficit de naturaleza”, un trastorno no descrito como tal en los manuales médicos,  pero que refleja un estilo de vida en el que está ausente una naturaleza “que es estratégica en la  estimulación del sistema nervioso”.

Este “trastorno” en las sociedades occidentales parece estar asociado a la aparición de problemas físicos, como el aumento de las tasas de obesidad infantil y problemas respiratorios; psicológicos, como el incremento del diagnóstico del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Incluso se ha observado un mayor riesgo de exclusión social.

Así lo explica el catedrático de Psicología Ambiental de la Universidad Autónoma de Madrid, José Antonio Corraliza, autor, junto a Silvia Collado, de varias investigaciones con 2.000 niños en edad escolar, compiladas ahora en el libro “Conciencia Ecológica y Bienestar en la Infancia” (Editorial CCS).

El estudio concluye que el mayor contacto con la naturaleza o espacios verdes reduce los niveles de estrés de los niños, aumenta su capacidad para afrontar los eventos adversos y favorece su capacidad de atención.

Y es que, según Corraliza, en términos evolutivos vivimos en las ciudades hace 10 segundos y nuestro sistema nervioso y fisiológico aún no se ha adaptado a los entornos urbanos actuales que caracterizan a los países desarrollados.

La naturaleza, mucho más que un capricho

Conservar la naturaleza es algo más que un capricho porque, no solo se trata de proteger animales y plantas, “es también una vía para mantener la calidad de vida y garantizar el futuro”, defiende Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/BirdLife, organización pionera en la conservación de la naturaleza y la biodiversidad en España, que ha abierto una nueva linea de trabajo para relacionar naturaleza y salud.

Recuerda que son ya muchas las publicaciones científicas que demuestran como más allá de los servicios ambientales que proporciona la naturaleza, ésta contribuye también a paliar algunos de los problemas de salud más importantes detectados en Europa, como los pulmonares y cardiovasculares por la contaminación del aire; los trastornos del sueño, hipertensión, irritación, derivados del ruido…; o el estrés generado por las cada vez más crecientes olas de calor.

Y a juicio de Ruiz, es “muy alentador” que se esté demostrando que la naturaleza puede ser una fantástica herramienta para combatir los principales problemas de salud a los que que se enfrentan los ciudadanos europeos y también una herramienta muy buena de integración social; además, un reciente estudio del Instituto Europeo de Políticas Ambientales resalta estos valores y anima a seguir trabajando en esta dirección.

Medicina forestal para la fibromialgia

Pero la vuelta a la naturaleza como fuente de salud tiene hoy en día una de sus máximas expresiones en la llamada “medicina forestal”

Esta medicina está muy extendida en algunos países como Japón, donde se han invertido grandes cantidades en investigación para demostrar el valor terapéutico de los bosques y además se han incorporado esas terapias en la cartera pública de servicios.

En España contamos con algunos proyectos pilotos, como el llevado a cabo en los hospitales de Santa Caterina y Josep Trueta , en Gerona, para aliviar los dolores de los pacientes con fibromialgia.

Los primeros resultados arrojan que estos pacientes pueden llegar a reducir a la mitad los días que sufren dolor cuando realizan ejercicios en esos espacios naturales.