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Un disfraz de lobo para la supervivencia

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Aunque el tigre de Tasmania o tilacino fue declarado extinto hace 80 años, quienes creen que el animal rayado y peludo ha sobrevivido en silencio han ofrecido todo tipo de pruebas
Aunque el tigre de Tasmania o tilacino fue declarado extinto hace 80 años, quienes creen que el animal rayado y peludo ha sobrevivido en silencio han ofrecido todo tipo de pruebas

El tigre de Tasmania o tilacino, cuya mala salud genética le condujo a la extinción en 1936, evolucionó para parecerse a un dingo (perro salvaje) o un lobo, pese a no estar emparentados.

Las nuevas informaciones se desprenden del estudio del mapa genético de un ejemplar joven de tigre de Tasmania que habitó Australia hace 106 años y que formaba parte de la colección de Museos de Victoria. El estudio muestra que estos animales estaban genéticamente débiles antes que la isla de Tasmania, en el sur de Australia, quedara aislada hace unos 14.000 años.

También aporta información crucial sobre la biología del de tilacino, cuyo nombre científico es Thylacinus cynocephalus, que evolucionó de tal manera que se asemejó al dingo (perro salvaje australiano).

El genoma ha permitido confirmar el lugar del tilacino en el árbol evolutivo. El Tigre de Tasmania pertenece a un linaje hermano del Dasyuridae, la familia que incluye al demonio de Tasmania y el ratón marsupial (dunnart).

Las técnicas de cacería y la dieta de carne fresca que comparten el tilacino y el dingo motivaron que sus cráneos y la forma del cuerpo se asemejaran a través de la “evolución convergente”, según los científicos.

La “evolución convergente” se refiere al proceso en que los organismos que no están vinculados evolucionan por separado, de tal manera que con el tiempo se asemejan para adaptarse a ambientes parecidos o nichos ecológicos.

La apariencia del tilacino es casi como la de un dingo con bolsa marsupial. Al estudiar las bases de su evolución convergente, los investigadores observaron que no fueron los genes los que cambiaron el cráneo y la forma corporal sino las regiones que controlan ‘el encendido y apagado’ de los genes en diferentes etapas del crecimiento.

Semejanzas con el zorro rojo y el lobo gris

Al analizar las características del cráneo, como los ojos, la mandíbula y la forma del hocico se hallaron mayores semejanzas con el zorro rojo y el lobo gris. El hecho de que estos grupos no hayan compartido un ancestro común desde la era del jurásico da un impactante ejemplo de convergencia entre especies distantes.

El tilacino, un marsupial parecido a un tigre por las franjas que cruzaban su lomo, llegó a habitar antiguamente en Australia continental y en la isla de Nueva Guinea.

Sin embargo, cuando los europeos llegaron a Oceanía en el siglo XVIII, la población de este animal se concentraba en la isla de Tasmania, y su extinción se aceleró por una intensa campaña de caza entre 1830 y 1909, alentada por recompensas para acabar con este depredador que se comía al ganado.

Al ser el genoma más completo de un animal extinto, esto constituye técnicamente el primer paso para traer de vuelta al tilacino, aunque aún falte un largo camino por recorrer.

El estudio también permitirá ayudar a la preservación del demonio de Tasmania, que existe solamente en la isla del sur de Australia y cuyas especies están aquejadas por un cáncer facial que ha diezmado considerablemente a su población.

El tigre que nunca se fue

El último tigre de Tasmania conocido murió en el Zoológico de Hobart en 1936. La especie fue perseguida hasta la extinción deliberada por los agricultores indignados ante el número de ovejas muertas por esos animales carnívoros.

Sin embargo, en décadas posteriores se han reportado miles de avistamientos en Tasmania y de Australia continental. En 2005, la revista The Bulletin ofreció una recompensa de un millón de dólares por la captura de un tigre de Tasmania vivo.

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La percepción canina del loco mundo

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La novela está narrada en primera persona por un perro guía que analiza el mundo de los humanos
La novela es una interesante aproximación a conceptos humanos olvidados, y recuperados desde la nobleza de un perro

El autor Emilio Ortiz (Baracaldo, Vizcaya, 1974) quería escribir una novela sobre la incomprensión del género humano y consideró que nada mejor que hacerlo a través de los ojos de alguien que no perteneciera al mismo, un perro guía, con el que ha podido hacer, dice, un juicio crítico “libre y objetivo”.

“A través de mis pequeños ojos” es el título del libro de Ortiz, editado por Duomo Nefelibata tras su éxito en las redes sociales, y en la que el autor cuenta una realidad que conoce bien pues es ciego y tiene un perro guía, muy parecido al protagonista de su novela.

Su novela está narrada en primera persona por Cross, un perro guía que analiza el mundo de los humanos y cómo se desenvuelve en él tras ser entrenado y convertirse en el “lazarillo” de Mario, un joven invidente que intenta abrirse camino en la vida.

Ortiz, que ha ganado ya dos premios literarios por sus relatos, señala en una entrevista con que la novela ha servido para descubrir a mucha gente lo que es un perro guía y como material didáctico para saber cómo actuar ante estos animales.

Además de la historia de Cross y cómo se forma como perro guía, la novela habla también de cómo su dueño, Mario, se abre camino en la vida sentimental, laboral y social dentro de los problemas a los que se enfrenta una persona con discapacidad.

Pero también es una historia sobre la sociedad, que el autor quería analizar de una forma objetiva: “un perro es un ser inocente y muy libre, sin perjuicios” y a través de él, señala, puede hacerse un juicio crítico “no solo del sistema social o político sino de todo el género humano”.

Y especialmente a través de un perro guía “que mezcla su instinto natural con la inteligencia y el mimetismo, ya que incorpora el comportamiento humano”, señala el autor que explica que estas características le convertían en el mejor narrador para su libro.

a_traves_de_mis_pequenos_ojosEmilio Ortiz tiene un perro guía desde 2010 y recuerda la experiencia de su primer contacto con él como algo comparable a la de cuando nació su hija.

Su perro es un golden retriever, una raza especialmente buena para desempeñar la labor de guía para un ciego porque, dice, “tienen lo que se conoce como una ‘inteligencia desobediente’ de tal forma que está adiestrado para obedecer a no ser de que haya algún peligro. Si ve el más mínimo peligro para mí ya le puedo dar 20.000 órdenes que no da un paso”.

Además, señala, los perros de esta raza “tienen una memoria tremenda” y pueden memorizar más de 2.000 palabras.

El autor, que reside actualmente en Albacete, está escribiendo otra novela “que no tiene nada que ver con ésta y en la que todos los protagonistas serán humanos”, señala.