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Un orgasmo bien vale un disco

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Jane Birkin y Serge Gainsbourg
Jane Birkin y Serge Gainsbourg

La revista alemana Taschen auspicia un libro sobre el intenso romance entre el cantautor francés Serge Gainsbourg (París, 2 de abril 1928-2 de marzo 1990) y la actriz británica Jane Birkin (Marylebone, 14 de diciembre 1946) en los años sesenta, esposos creadores del “himno” erótico del pop a finales de 1969: Je T’aime (Mais Non Plus), “Te amo (yo tampoco)”.

La colección fotográfica Jane & Serge. A Family Album (“un álbum de familia”), consiste en 172 páginas con imágenes en blanco y negro o a colores de la pareja, capturadas desde el comienzo de su relación parisina en 1968 por el hermano de ella, el ahora cineasta Andrew Birkin (9 de diciembre de 1945).

Leamos un fragmento de lo que dice la autora del texto, Alison Castle, en el artículo para TASCHEN intitulado Love At First Sight (“amor a primera vista”):

“Cuando Andrew Birkin me mostró las fotografías de Jane y de Serge, se trataba de un amor a primera vista. Pero no había sido así al principio cuando ella lo había conocido, pues halló en Serge a un tipo rudo (e incluso como dice Andrew, ‘horrible’).

“La chica inglesa de espíritu libre y el sardónico músico-poeta atado al tabaquismo, 18 años mayor, ciertamente formaban una pareja más bien bizarra, si bien nadie podría negar que ambos fueron los mismos pilares que edificaron esta pareja suya.

“En muchos sentidos, tal romance amoroso gozó de fama pública: los fans compartieron su pasión a través de las melodías de sus canciones bastante cachondas, o del álbum conceptual que grabaron totalmente de los dos, y en la enorme cobertura que la prensa les dedicara a su amor. La tímida inocencia de Jane, expresada en francés con giros ingleses, integró el contraste perfecto para la personalidad oscura y audaz de Serge. Se les idolatró y aún se les continúa idolatrando como pareja.

“La mitología de Jane y Serge comprende infinidad de facetas, pero pocas de ellas aparecen en las fotografías retratadas de Andrew. No son sino tomas instantáneas que él capturó de su hermana con su novio francés, de su familia, y de sus amistades. Nada más; pero al mismo tiempo, son mucho más.

“Jane es una chiquilla, después una doncella, luego una mujer joven enamorada y finalmente, una madre; no obstante, siempre es Jane. Su belleza radiante nos envuelve, así como el cariño de Andrew hacia ella. Serge es cálido, impulsivo, audaz (y el afecto de Andrew también es evidente).

“Todo este libro gira en torno a un profundo amor. Lo vemos en las miradas de esa lente y lo sentimos emanar detrás de la cámara. Así surge de la forma correcta, como debe aparecer en cualquier libro familiar.”

Alison Castle y Taschen han preparado este volumen memorable, Jane & Serge. A Family Album, acompañado de un póster, pegotes y algunas estampas de recuerditos en obsequio a los fans. .

Desde luego, las fotos del hermano de Jane Birkin se yerguen como el corpus grandioso de una historia fabulosa en sus momentos de felicidad absoluta: ahí vemos a un Serge sonriente, juguetón, inusitadamente tierno y servicial con Jane o con su hijita Charlotte (hoy excelente actriz); cantan, posan con gracia, arrullan a sus mascotas, se besan. El cuadro total refleja una historia de amor inolvidable.

Al paso del tiempo Jane tiró la toalla y abandonaría a ese genial artista que era Serge Gainsbourg, seguramente por sus excesos alcohólicos y a los cigarros Gauloises sin filtro, los mismos que lo llevaron primero a un colapso cardíaco y eventualmente, le provocaron su muerte al negarse él a dejar de fumar o beber.

Aquí es importante recordar que Je T’aime (Mais Non Plus) originalmente fue escrita por él para la actriz y cantante rubia Brigitte Bardot (París, septiembre 28 de 1943), considerada la bomba sexual francesa en 1968, una de las tantas féminas atractivas con quienes el feo narizón Gainsbourg anduvo antes de conocer a Jane Birkin. Habían grabado ese año el interesante LP Bonnie & Clyde, y aunque la Bardot interpretó aquella canción erótica con suspiros, gemidos y cantos sensuales ad hoc en un estudio de grabación, dando su débil imitación de un orgasmo sonoro al final de la pieza, a la postre no permitió que dicho tema explícitamente carnal fuese puesto a la venta.

Se dice que, efectivamente, ella y Gainsbourg hacían el amor cuando la grabaron; su versión es mejor que la de Bardot y el éxito mundial les llegó con el escándalo.

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La sustancia de las Pilares

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Mientras en Francia tenían a François Hardy, aquí en España se disfrutaba del estilo yeyé con Pili y Mili, fabuloso dúo de hermanas gemelas que eran puro pop y hasta psicodelia
Mientras en Francia tenían a François Hardy, aquí en España se disfrutaba del estilo yeyé con Pili y Mili, fabuloso dúo de hermanas gemelas que eran puro pop y hasta psicodelia

El cine español fue “bautizado” en la misa de doce del Pilar de Zaragoza en 1896, pero desde entonces han sido muchos las Pilares sobre las que se ha levantado el séptimo arte de España, desde Pili, la de Pili y Mili, a Pilar Bardem y Pilar López de Ayala o el filme “¿Qué te juegas, Mari Pili?”, de Ventura Pons.

“Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza”, con solo un minuto de duración, fue rodada el 11 de octubre de hace ahora 116 años por Eduardo Jimeno Peromata y su hijo Eduardo Jimeno Correas, conocidos como “Los Jimeno”.

Supuso entonces lo que la llegada del tren de los hermanos Lumière al cine universal: el estreno de lo que todavía no era un arte sino una técnica, casi un truco de prestidigitación. Y tras ese Pilar fundacional, muchas otras han ejercido de “pilares de contención” del cine español o incluso del cine internacional.

Las más populares han sido tres actrices: Pilar Bayona, más conocida como la Pili de Pili y Mili, Pilar Bardem, miembro de una de las sagas más ilustres del cine español, Pilar López de Ayala, la estrella más reciente con este nombre, y la director Pilar Miró.

La primera de ellas había nacido, precisamente, en Zaragoza, el mismo día que su hermana gemela Aurora, con la que debutó en el cine de los sesenta con el elocuente título “Como dos gotas de agua”, de Luis César Amadori.

El talento simétrico de ambas para la comedia, la canción y el baile las convirtió en estrellas juveniles del cine autárquico en esa época del franquismo gracias a otros títulos como “Un novio para dos hermanas” o “Princesa y vagabunda”. Cuando Aurora se casó, Pili recuperó su nombre de Pilar Bayona y emprendió una carrera en solitario menos afortunada.

Pilar Bardem, aunque no tenía hermana gemela, sí tenía una familia de genes cinematográficos dominantes. Su hermano, Juan Antonio Bardem, fue uno de los maestros del cine español de todos los tiempos, responsable de clásicos como “Calle Mayor” o “Muerte de un ciclista”.

Su hijo Javier, fue el primer actor español en ganar el Óscar por “No es país para viejos”, de los hermanos Coen, y la saga la siguen Carlos y Mónica Bardem.

Pero ella tiene una carrera autónoma si no tan deslumbrante, sí notabilísima, recompensada con el premio Goya por su impactante papel en “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”.

Otra Pilar con Goya es Pilar López de Ayala, surgida de la serie juvenil “Al salir de clase”, pero pronto fichada para la gran pantalla, donde brilló especialmente como “Juana la Loca”, en la versión de Vicente Aranda. Sofisticada y etérea, ha trabajado con José Luis Guerín, Juan Carlos Fresnadillo, Montxo Armendáriz o Gustavo Taretto.

Y otra más es Pilar Miró, que lo obtuvo, en 1997, por “El perro del hortelano” el mismo año en el que la que fuera controvertida directora general de RTVE y autora de cintas que son ya parte de la historia del cine español, como “El crimen de Cuenca” o “Beltenebros”, murió de un ataque al corazón.

Y aunque todo el mundo la conozca por su nombre artístico, Ana Belén se llama en realidad María Pilar Cuesta. Su campo más productivo es el de la canción, pero como actriz ha protagonizado títulos tan relevantes como “Zampo yo”, en sus inicios, “La colmena” en los años ochenta y ya en la madurez “La pasión turca”.

Curiosamente, Pilar se llamaba su personaje en “Libertarias”, de Vicente Aranda, pero no es la única Pilar ficticia que ha llamado la atención. De hecho, la única Pilar que tiene un Óscar no fue una actriz sino un personaje: el que encarnaba la griega Katine Paxinou en la adaptación de Sam Wood hizo en 1943 del inmortal título de Ernest Hemingway “¿Por quién doblan las campanas?”, con Ingrid Bergman y Gary Cooper.

Otra Pilar que ganaría un Óscar en el marco de esa contienda y ya con el nombre en la partida de nacimiento, fue Pilar Revuelta por los decorados de “El laberinto del fauno”, de Guillermo del Toro.

Su trabajo, más allá del reconocimiento de Hollywood, ha sido fundamental para el cine español del siglo XXI, desde “Los abrazos rotos” a “Lo imposible”, ahora en cines, pasando por “La gran aventura de Mortadelo y Filemón”.

También se llamaba Pilar el hilarante personaje de María Esteve en “El otro lado de la cama”, aficionada a las enumeraciones, como también tenía ese nombre el completamente trágico, maltratado y premiadísimo rol de Laia Marull en “Te doy mis ojos”, de Icíar Bollaín.

Sin embargo, las únicas que consiguieron que las Pilares pasaran a título un filme español fueron Maria Antonieta del Real, en el título mudo “Pilar Guerra”, de 1925 y Mercè Lliexà en la cinta de Ventura Pons “¿Qué te juegas, Mari Pili?”, comedia en la barcelona preolímpica. Aunque también Portugal llegó a presentar para los Óscar “José y Pilar”, el documental sobre José Saramago y su mujer, Pilar del Río.

Tragedia en el trono del pop

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Badfinger, en una foto promocional de 1970. Pete Ham es el segundo por la izquierda
Badfinger, en una foto promocional de 1970. Pete Ham es el segundo por la izquierda

Algunos músicos tienen el dudoso (y a la par, iconográfico) privilegio de estar en la alineación de un grupo de celebridades del rock fallecidas a los 27 años del que forman parte leyendas como Jimi Hendrix, Janis Joplin, Brian Jones y Kurt Cobain, pero de todos sus socios es el galés Pete Ham, fundador de Badfinger, quien tuvo una historia más triste.

Las numerosas reediciones de los álbumes que su grupo publicó en el sello Apple -creado por los Beatles- y el número uno mundial alcanzado por Harry Nilsson con “Without You”, la canción más célebre de las firmadas por Ham, sirven para reivindicar el legado de este malogrado músico.

Además, en vídeos rescatados de antiguas actuaciones se le puede ver tocando la guitarra acústica junto a George Harrison en las imágenes que recuerdan el día en que se celebró el primer macroconcierto benéfico de la historia, organizado por el guitarrista de los Beatles en Nueva York, en favor de la población de Bangladesh.

Pete Ham dejó muestras de su talento antes de ahorcarse en el garaje de su casa el 24 de abril de 1975, tres días antes de cumplir 28 años. Los momentos de gloria de Badfinger fueron efímeros, pero hubo quien a principios de los setenta se atrevió a proponerlos como posibles sucesores de los Beatles, grupo al que estuvieron ligados desde sus comienzos.

La banda comenzó como The Iveys a mediados de la década de 1960 y fue descubierta por Mal Evans, el roadie de los Beatles. Sus maquetas convencieron a los ‘Fab Four’ de hacer del grupo de Ham los primeros espadas de Apple Records.

Fue Paul McCartney quien les proporcionó su primer éxito mundial, “Come and Get It”, una composición suya que produjo para el grupo en 1970, y que fue incluido en el primer álbum de la banda, “Magic Christian Music”.

El empujón de McCartney puso en el mapa a un grupo que contaba con dos compositores solventes, el propio Ham y el bajista Tom Evans. Juntos compusieron “Without You”, un tema incluido en el segundo álbum de Badfinger, ·No Dice·, editado a finales de 1970.

Pero el tema estrella de aquel disco fue “No Matter What”, una chispeante composición de Ham que alcanzó los primeros puestos de las listas mundiales. Poco después, el cantante Harry Nilsson escuchó “Without You” en una fiesta y pensó que era de los Beatles. Alguien le sacó de su error y decidió grabar una versión de la balada para su nuevo trabajo

La canción fue número uno, se convirtió en un clásico y de forma recurrente ha sido versionada por decenas de artistas, entre los que figuran superestrellas como Mariah Carey. Badfinger continuaba en estado de gracia cuando en 1971 publicó su álbum más celebrado, “Straight Up”, que contenía “Day After Day”, una canción de Ham que despertó la admiración de George Harrison, quien se unió como productor a las sesiones de grabación y dejó su sello tocando la guitarra slide.

Tras eso, las cosas se torcieron. El último álbum con Apple, “Ass”, sufrió retrasos en su publicación derivados de los problemas de grabación. Ham y sus compañeros se mudaron a Warner Bross de la mano de Stan Polley y el nivel creativo disminuyó a medida que aumentaban las disputas entre los miembros del grupo y sus representantes.

Durante los siguientes años, la banda comenzó a dividirse. Polley los había firmado para un contrato ruinoso que lo dejó con la mayor parte de las ganancias, lo que desató una serie de disputas legales.

La desesperación llevó a Pete Ham a quitarse la vida cuando solo faltaba un mes para el nacimiento de su hija. Su muerte pasó prácticamente desapercibida entre el público. Ocho años después, Tom Evans siguió el mismo camino y se ahorcó en el jardín de su casa tras una fuerte discusión con otro miembro de la banda, el guitarrista Joey Molland. Dejó una nota en la que le decía a su esposa embarazada y a su hijo que los amaba. “No se me permitirá amar y confiar en todos. Esto ha sido lo mejor. Pete. Pos data: Stan Polley es un bastardo sin alma. Lo llevaré conmigo”.

Después de años de olvido, los álbumes de Badfinger están disponibles en lustrosas reediciones con sonido remasterizado, que permite apreciar la brillante contribución que Ham y los suyos hicieron en aquellos días felices.

A Lucifer le gusta la bossa nova

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Tres jovencitos brasileños, bastante lisergicos e influenciados por la movida revolucionaria del Tropicalismo de Caetano, plasmaron los conceptos musicales y esteticos del "verano del Amor" en la musica brasilera. Su calidad musical yace en la mezcla de la sencillez melódica con la libertad creativa interpretada por la maravillosa Rita Lee y el loco Arnaldo Baptista
Tres jovencitos brasileños, bastante lisérgicos e influenciados por la movida revolucionaria del tropicalismo de Caetano, plasmaron los conceptos musicales y estéticos del “verano del amor” en la música carioca. Su calidad yace en la mezcla de la sencillez melódica con la libertad creativa interpretada por la maravillosa Rita Lee y el loco Arnaldo Baptista

En 1968, cuando la banda brasileña Os Mutantes interpretó el discordante “É Proibido Proibir” (“Prohibir está prohibido”), con el cantante Caetano Veloso, para una audiencia de estudiantes conservadores en el Festival International de Canção, en Río, la multitud se erizó, y muchos les dieron la espalda. Veloso, como recordaba en sus memorias, miró y gritó: “¡Dios anda suelto!”

Dos años después de ese concierto fundamental, Os Mutantes todavía estaban preocupados por los poderes superiores. En “Ave, Lúcifer”, del tercer álbum de la banda, los miembros Arnaldo Baptista y Rita Lee consideran si Satanás fue solo otro de los placeres de Edén. ” Mas tragam Lúcifer pra mim / Em uma bandeja pra mim “, canta Lee, exigiendo que le traigan la serpiente en una bandeja. Su hipnótica descripción de la escena blasfema atrae a los oyentes hacia la pregunta final: ¿Por qué Dios pondría a Satanás en el jardín en primer lugar?

A finales de los años sesenta en Brasil, un grupo de bandas, artistas, poetas y cineastas conocidos como el movimiento Tropicália desafiaron a la creciente clase militar del país con arte subversivo y experimentación. En el centro estaba Os Mutantes, una banda de rock psicodélico en expansión formada por Sérgio Dias y su hermano Baptista, y encabezada por el pelirrojo Lee. Apenas salidos de su adolescencia, y animados por los golpes militares cíclicos, Pink Floyd y DC Comics, los músicos fusionaron el rock estadounidense, el pop británico y la bossa nova brasileña, adornando los mensajes políticos con la misma suavidad que Harrison y Hendrix. A medida que la censura se extendió por todo el país, las autoridades lucharon por descifrar la política de la banda a través de sus intrincados trajes y sus extravagantes y cambiantes arreglos de guitarra, clavecín, bronce y vientos.

A medida que pasaba la década, las artes brasileñas se colapsaban bajo el peso de la represión, y el momento Tropicália parecía pasar. Lee se enfrentó a una depresión, mientras que Dias y Baptista se adentraron más en sus experimentos de rock progresivo. El grupo pronto se disolvió, pero sus álbumes se convirtieron en textos críticos para provocadores como David Byrne y Kurt Cobain, y obtuvieron el estatus de Santo Grial de los coleccionistas: ediciones originales de los primeros discos de Os Mutantes se han vendido por más de mil dólares.

En la extraña y variada historia de Os Mutantes, Sérgio Dias se ha mantenido como la única constante: el único miembro de la banda que toca en todas las formaciones desde 1966 hasta la actualidad. Sus guitarras principales fueron diseñadas y fabricadas a medida, primero por su hermano mayor Cláudio y, en última instancia, por el mismo Sérgio. “Cláudio comenzó a construir guitarras alrededor de 1960”, recuerda Sérgio. “No había guitarras eléctricas decentes en Brasil. Cláudio siempre fue astuto. Solía ​​construir telescopios y una vez construyó un modelo de avión controlado automáticamente que llegó al segundo lugar en las competiciones “.

“Crecí en este ambiente totalmente artístico”, dice. “Mi madre fue una gran pianista de conciertos, la primera mujer que escribió un concierto para piano y orquesta. Mi padre era poeta y cantante de ópera. Todos los sábados y domingos, celebrábamos una especie de velada en la casa. Las prima donas de la ópera venían a cantar. Mi padre cantaba. Mi madre tocaba. La gente recitaba poesía. Probablemente esa fue la principal influencia para que Os Mutantes fuese un grupo tan loco como lo estábamos nosotros. Lo escuchábamos todo, desde la bossa nova hasta los Trashmen “, recuerda Dias.

Y en Sudamérica, la otra batalla de bandas ‘flequilleras’

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The Shakers
The Shakers

“La música puede revolucionar vidas” la prueba son Los Shakers. Una banda simil Beatles que se realizó como una de las expresiones más originales y ricas de la música latinoamericana. Cuatro montevideanos que conquistaron américa y casi el mundo. Por primera vez un libro recoge esa historia.

Pero, además, contiene enfoques especiales, con jugosos anecdotarios, sobre las áreas que los cuatro han transitado: el cine, el estudio de grabación, las giras internacionales, cómo tocaban en vivo, y la disección aguda de sus diversas grabaciones y sus entretelones.

No se limita al período 1965-1969, abarca toda la “prehistoria” del grupo y se lanza también a las épocas de Opa, al «período de oro» de Osvaldo junto a Mariana Ingold, ¡relatado por ella misma!, releva el aporte de Hugo y Osvaldo Fattoruso a esa marca registrada oriental que es el candombe, contiene un alucinante collage de las andanzas de Hugo por Japón (esa otra tierra oriental) y culmina con un retrato multiforme de Hugo Fattoruso y su obra solista, que trasciende lo convencional.

Los Shakers lanzaron su primer sencillo en 1965: “Break it All”, un rock and roll que se presenta como un llamado al baile pero que en pocos segundos se convierte en uno a la destrucción masiva. Al escuchar esta canción se tiene la sensación de que la música no llega hasta uno guiada por las musas, sino cabalgando sobre las ondas expansivas de una explosión. Esta expresividad, difícil de encontrar en las canciones de pop y rock que sonaban en las radios de aquella época, hizo que varias décadas más tarde “Break it All” fuese seleccionada como parte de Nuggets II: Original Artyfacts From the British Empire and Beyond (Rhino, 2001), uno de los más respetados compilatorios internacionales de psicodelia y rock de garaje donde, vale la pena anotar, también aparece el grupo peruano We All Together, aunque con una canción grabada varios años después, ya a finales de los sesenta: “It’s a Sin to Go Away”.

Dos años más tarde, en su segundo álbum, Shakers for You (1967), los uruguayos desplegaron una nueva exuberancia musical que les permitió adaptarse a los cambios que se iban introduciendo en el rock de la época. Aquí encontramos a la banda trabajando melodías psicodélicas y elementos exóticos, aunque casi siempre bajo sus propios criterios, como en la canción que abre la placa (“Never, Never”), en la que fusionan el rock y la bossa nova. Detrás del cambio estilístico también parece haber uno estético, en tanto la expresividad de sus primeros discos —una básica, directa y, hasta cierto punto, primitiva— fue reemplazada por la búsqueda de nuevas formas musicales: el lenguaje transnacional del rock se mezcló con timbres y motivos regionales (no necesariamente sudamericanos) para así aportar exotismo y una mayor gama sonora a las canciones. Esto se nota especialmente en la última del disco, “Hope You Like It”, una joya de la psicodelia de la década, cuyo uso de motivos orientales, disonancias y guitarras invertidas colocan a Los Shakers dentro de la corriente más experimental del rock de la época.

Los Mockers
Los Mockers

El aporte de Los Mockers, la otra gran banda uruguaya de mediados de los sesenta, es sintetizar las dos fases de Los Shakers en un único estilo. Destacaban tanto la performance de Polo Pereira, un cantante iracundo cuyo fraseo vocal supera al de Mick Jagger en lo que a provocación sexual y arrogancia juvenil se refiere, como la habilidad técnica de los músicos, que podían pasar de pasajes de ritmos barbáricos a momentos de sutil psicodelia y exuberancia.

Otra interesante banda latinoamericana de la época que decidió cantar en inglés fue Los Vidrios Quebrados. Formada en 1964 por unos estudiantes de Derecho de la Universidad Católica de Chile, el grupo editó un único disco: Fictions (1967). En este no encontraremos ni la expresividad desbordada de Los Mockers, ni el exotismo instrumental de la segunda etapa de Los Shakers, pero sí una sobriedad instrumental y vocal que convierten a la banda en una suerte de precuela olvidada de grupos estadounidenses de los ochenta, como Green On Red y The Rain Parade.

Vidrios Quebrados
Vidrios Quebrados

Esto no es casualidad, ya que estos comparten con Los Vidrios Quebrados una misma influencia: The Byrds. Más aun, ciertas preferencias minimalistas en los arreglos de las canciones y en la mezcla de Fictions hacen que las canciones de Los Vidrios Quebrados tengan un sonido que ha logrado mantenerse joven aunque hayan pasado cinco décadas. Las letras merecen una mención aparte. Por ejemplo, la primera canción del álbum, “Oscar Wilde”, está cantada en primera persona por alguien que personifica al escritor irlandés, y que, en pocas estrofas, se las arregla para elaborar una conmovedora autobiografía comparable a las mejores viñetas hechas por Ray Davies de The Kinks.

Todos estos grupos —Los Shakers, Los Mockers, Los Vidrios Quebrados— se emparentan de un modo natural con algunas excelentes bandas peruanas como Los Texao, Traffic Sound y Laghonia, quienes a menudo son vistos por encima del hombro por periodistas y críticos que parten de la idea de que el rock que se practica en Sudamérica solo alcanza la mayoría de edad cuando es escrito y cantado en castellano. Curiosamente, la canción “Meshkalina” de Traffic Sound ya es considerada un clásico por los fanáticos de la psicodelia y el rock de garaje en el mundo.

Laghonia
Laghonia

De hecho, si un grupo peruano como Los Saicos es admirado en países anglosajones sin importar que cante en español, ¿por qué no podríamos reconocer los aportes que los grupos sudamericanos de los sesenta le hicieron al mismo género, pero escribiendo canciones en inglés? Si estamos en capacidad de disfrutar una canción como “David Watts” de The Kinks, ¿por qué no podríamos admirar una como “Oscar Wilde” de Los Vidrios Quebrados? Vaya a saber si Los Shakers, Los Mockers, Los Vidrios Quebrados, Traffic Sound o Laghonia hicieron rock legítimamente uruguayo, chileno o peruano, respectivamente. Lo que hicieron fue rock legítimamente bueno que, en ocasiones, llegó a la altura de lo que hacían los grandes referentes del género en Estados Unidos o Inglaterra. Y eso es un logro. En cualquier idioma.

Melodrama de chicas de cuero negro

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Durante algunos años en la década de 1960, cuatro niñas de Queens, Nueva York, fueron uno de los grupos pop más exitosos del mundo. Eran los Shangri-Las, y su música fue oscuramente dramática, como en la omnipresente "Leader of the Pack". Sin lugar a dudas su presencia abrió el camino a los increíbles grupos de chicas que vinieron después. Y no fueron solo las estrellas del pop quienes bebieron de su influencia. Incluso la escena punk se inspiró en estas adolescentes
Durante algunos años en la década de 1960, cuatro niñas de Queens, Nueva York, formaron uno de los grupos pop más exitosos del mundo. Eran las Shangri-Las, y su música fue oscuramente dramática, como en la omnipresente “Leader of the Pack”. Sin lugar a dudas su presencia abrió el camino a los increíbles grupos de chicas que vinieron después. Y no fueron solo las estrellas del pop quienes bebieron de su influencia. Incluso la escena punk se inspiró en estas adolescentes

Hace más de medio siglo, las Shangri-Las de Nueva York alcanzaron un gran éxito con la plasmación de tragedias juveniles en canciones, y desde entonces han sido notable influencia para bandas de todo tipo de jaez a lo largo de la historia del pop.

En una sala de conciertos de Texas a mediados de la década de 1960, cuando James Brown se preparaba para encabezar un espectáculo de Soul (para una audiencia negra), se sorprendió y hasta echó a reír cuando empezó la actuación de los teloneros. Habiendo escuchado los conmovedores singles de Shangri-Las de 1964, “Remember (Walking in the Sand)” y “Leader of the Pack” (hits que alcanzaron el número 5 y el número 1, respectivamente), Brown asumió que el grupo que se oía estaba formado por chicas de color. En cambio, se enfrentó a cuatro adolescentes blancas. Antes de que terminara la noche, la cantante principal, Mary Weiss, vería una pistola apuntando hacia ella.

“Casi me arrestaron por usar un baño para negros”, comenta Weiss. “Estaba cerca del escenario, y no tuve tiempo de encontrar el baño blanco”. [El sheriff] me gritó, y yo le grité. Entró con la pistola en la mano y me dijo que saliera”.

No era la última vez que la estrella adolescente lidiaba con un arma en su carrera.

Formadas en 1963 en Cambria Heights, Queens, las Shangri-Las estaban formadas por dos grupos de hermanas, Mary y Betty Weiss, y las gemelas idénticas Mary Ann y Marge Ganser, que asistieron juntas a la escuela secundaria Andrew Jackson. Cantaron en espectáculos escolares para jóvenes talentos, y rápidamente se convirtieron en uno de los conjuntos más importantes en la era de los “grupos de chicas”. Además, influyeron en artistas tan diversos como las Go-Go, Blondie, Amy Winehouse, los New York Dolls y Twisted Sister.

En un momento en que la música pop consistía en tonadillas corte limpio que versaban sobre enamoramientos dulces (incluso los Beatles cantaban sobre todo al amor en sus inicios), la música de las Shangri-Las trataba de huidas adolescentes de casa, romper el corazón de mamá e incluso la muerte violenta.

“Antes de los Beatles y antes de Motown, no sucedió nada emocionante [en la música]”, dice Bruce “Cousin Brucie” Morrow, uno de los mejores disc jockeys de radio de la época y actual locutor de SiriusXM, quien vio por primera vez a las Shangri-Las en un concurso de talentos en su escuela secundaria después de escuchar hablar de ellas a los oyentes. “Aquí estaban estas cuatro jóvenes muy hermosas, que mostraban fortaleza y angustia, con rebeldía”, concede.

Weiss cantaba desde el momento en que aprendió a hablar. Cuando ella y su hermana se encontraron con las Ganser y decidieron formar un grupo, su química fue evidente.

“Ensayamos constantemente, hasta que se perfeccionaron las armonías. Creo que nuestras voces se mezclaron muy bien porque éramos dos hermanas. En un breve período de tiempo, tuvimos un gerente, y empezamos a dar pequeños conciertos “.

Lanzaron varios singles que no fueron a ninguna parte, luego grabaron una maqueta de una canción llamada “Remember (Walking in the Sand)”, que fue escrita por George “Shadow” Morton, quien más tarde coescribiría y produciría “Leader of the Pack”. y otras canciones para ellas también – y contó con un entonces desconocido Billy Joel al piano.

Cuando Artie Ripp, de una compañía llamada Kama Sutra Productions, escuchó la maqueta, se quedó estupefacto y firmó con las Shangri-Las un contrato de producción.

“Esa canción era como una ópera fabulosa. Fue una genialidad absoluta. Fui aturdido por ellas “, dice Ripp. “Mary. . . Cantaba como si hubiera vivido cada momento de una canción. Las letras eran un drama. Ella cantaba como si te estuviera contando su historia”.

“Remember (Walking in the Sand)” alcanzó el número 5 en julio de 1964. Cuando “Leader of the Pack” encabezó las listas de éxitos en noviembre, se consolidaron como un grupo que era mucho más que una canción.

Desde el retumbar de una motocicleta, (un símbolo común en contra de los estándares de la época, gracias a películas como “The Wild One” de Marlon Brando), justo antes del primer verso de la canción, hasta la muerte del novio del protagonista en un accidente, el amor de Weiss hacia los chicos malos planeaba en “Leader of the Pack”.

“La canción comienza con motocicletas, y ella lo conoció en la tienda de golosinas, todo lo que componían estaba específicamente orientado a la juventud”, dice Morrow. “No estaban tratando de aplacar a mamá y papá. Estaban tratando de decirles a los niños: ‘Está bien. Puedes hacer lo que quieras.'”

La resonancia de “Leader of the Pack” fue tan profunda que el vocalista de Twisted Sister, Dee Snider, hizo una versión de la canción con su banda en el álbum “Come Out and Play” de 1985, incluso defiende que las Shangri-Las son una influencia para el heavy metal.

“Hablar de que alguien se está muriendo, eso es metal. Los chicos malos en chaquetas de cuero, eso es metal. Los niños malos, eso es metal ”, dice. “Y esa estructura de acordes de conducción – había tal ‘heavy’ en esa canción… Es una canción de metal”.

Si los jóvenes de entonces se sintieron atraídos por la rebelión sin mojigatería, no es menos cierto que la propia Weiss, con una combinación de apariencia, talento y actitud,  dejó a los niños jadeando a su paso.

“María, con el pelo largo y rubio, era muy llamativa. Llevaban chaquetas de cuero, y se veían duras también. No parecían buenas chicas “, dice Snider. “Se veían como las chicas que todos los chicos malos querrían”.

Aunque no quiere dar nombres, Weiss admite que los chicos de otras bandas intentaron arrimar el ascua, pero fue en vano. “Fuimos a cenar con algunos de los Beach Boys y salimos con los Zombies en Inglaterra y Nueva York, pero no salimos con ninguno de ellos”.

Además, cuando se publicó “Remember”, las chicas tenían entre 15 y 17 años, siendo Weiss la más joven. “Todos los grupos [con los que viajamos] eran mayores que nosotros”, dice ella. “Era algo habitual en las giras, pero nunca con las Shangri-Las”.

Impresionante, ya que estas adolescentes recorrieron el mundo durante dos años sin un tutor (sus padres consentían este escenario y las chicas lograron terminar los estudios secundarios). A menudo fueron niñas actuando de forma irreverente. Les gustaba hacer estallar fuegos artificiales en cualquier estado que los vendiera. Al tocar en un show con Marvin Gaye, Marge Ganser cambió el nombre en la puerta de su camerino para que dijera “Marvin’s Gay (Marvin es homosexual)” .

Pero si bien eran momentos de diversión, esta independencia las obligó a crecer rápidamente.

“Éramos niñas de 16 años viajando por una industria muy dura y adulta”, dice Weiss. “No teníamos séquito, solo un guardaespaldas de 19 años de edad, a veces. Compré una pistola en Georgia … porque los fanáticos intentaban irrumpir en las habitaciones de nuestro hotel. [Más tarde entregó el arma a la policía en Florida.] Así que fuimos tan duras como debíamos ser. Teníamos poca o ninguna protección en la carretera, y por lo general llevaba el dinero en efectivo de la banda. Pasábamos mucho miedo “.

Como tal, el estrés llegó a ser demasiado para algunas de las miembros y la formación se convirtió en una puerta giratoria. Betty y cada una de las Ganser se fueron por un tiempo (todas regresaron en algún momento), con Weiss como única chica que permaneció al pie del cañón.

El grupo solo tuvo un hit más en las listas de éxitos: “I can never go home anymore” de 1965, pero la música estaba cambiando y el grupo empezaba a cansarse de la rutina.

La separación tuvo lugar en 1968. Luego se vieron envueltas en un litigio relacionado con sus canciones. Weiss muy afectada, no pudo grabar durante una década.

Las hermanas Weiss y Marge Ganser tocaron en algunos shows en los años 70 antes de intentar una reunión en 1977. Mary Ann Ganser falleció en 1970 debido una encefalitis a provocada por una sobredosis de barbitúricos.

Grabaron un álbum para Sire Records, pero nunca se lanzó, ya que todas estuvieron de acuerdo en que el material no estaba a la altura del sonido del grupo.

Una de las cosas extrañas del grupo fue que su alineación parecía cambiar de una foto a otra. Betty Weiss (a veces morena, a veces rubia) rara vez estaba en las imágenes, aunque en otras ocasiones alguna de ellas abandonaba la sesión. Su último single lanzado en Gran Bretaña, "Past, Present and Future" de 1966, es el disco favorito de Pete Townshend de todos los tiempos
Una de las cosas extrañas del grupo fue que su alineación parecía cambiar de una foto a otra. Betty Weiss (a veces morena, a veces rubia) rara vez estaba en las imágenes, aunque en otras ocasiones alguna de ellas abandonaba la sesión. Su último single lanzado en Gran Bretaña, “Past, Present and Future” de 1966, es el disco favorito de Pete Townshend de todos los tiempos

Las Shangri-Las tocaron en un espectáculo único de 1977 en el CBGB que le permitió a Weiss ver cuánto había influido su música en generaciones posteriores. “La ‘jukebox’ en CBGB tenía muchos discos de las Shangri-Las”, dice Weiss. “Estaba impresionada. Y me conmovió profundamente cuando Joey Ramone me dijo que fuimos una gran influencia para ellos”.

Las Shangri-Las actuaron juntas por última vez en un espectáculo patrocinado por Cousin Brucie en 1989. Marge Ganser murió de cáncer de mama en 1996, y Betty Weiss se ha mantenido fuera de los focos desde entonces.

Mary Weiss continuó su carrera en arquitectura e interiorismo. Lanzó un álbum en solitario en 2007 llamado “Danger Game”, con gran éxito de crítica.

Actualmente, ella y su esposo, Ed, viven en California. Weiss todavía recuerda a aquellas chicas de cuero negro y su papel pionero en la música. “Las Shangri-Las eran punk antes de que existiera el punk. La gente pensaba que éramos duras”, dice Weiss. Y no le falta razón. A mediados de los años 60, el estudiante de preparatoria que pronto sería conocido como Iggy Pop era miembro de una banda llamada Iguanas (de ahí su nombre ). Las Iguanas se unieron a las Shangri-Las en el escenario y respaldaron al grupo de chicas con Iggy en la batería.

“Es gracioso que nadie piense que los artistas de hoy son ‘duros’. Ahora, puedes estar desnudo y balancearte en una bola de demolición y nadie parpadea”. Palabra de Shangri-La.

Las faldas del rugido yeyé

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La granadina Gelu, una de las artistas más prolíficas en la España que intentaba contagiarse de los ritmos de juventud durante los años 50 y 60 del pasado siglo
La granadina Gelu, una de las artistas más prolíficas en la España que intentaba contagiarse de los ritmos de juventud durante los años 50 y 60 del pasado siglo

El apelativo «yeyé» fue una idea de la industria francesa de discos para lanzar a sus nuevas estrellas pop. Sylvie Vartan y Sheila fueron las primeras chicas yeyés francesas y nacieron al calor del twist que la juventud mundial bailaba frenéticamente como si se secara la espalda con una toalla de baño.

El prototipo de la chica yeyé era una lolita de melena corta y mirada ingenua que cuando cantaba repetía el conocido estribillo de los Beatles: «¡Yeah!, ¡Yeah!», como si le fuera la vida en ello. En España, el epítome de lo yeyé lo acapararon los «Beatles de Cádiz», una chirigota disfrazada de los Beatles, cumbre del cutre-pop hispano. Pero quienes revolucionaron el panorama de la música ligera en los primeros años del desarrollismo español fueron unas quinceañeras intrépidas, que se lanzaron a la pista con unas voces tan chirriantes como divertidas. Bruno Lomas y Mike Ríos iban de roqueros rebeldes, entre Elvis y Johnny Hallyday, y Mimo, la primera roquera española, anunciaba con su desparpajo la aparición de un nuevo tipo de cantante: las chicas yeyé. Una docena de ellas cambiaron la concepción de la interprete que, ataviada con traje de noche y mirada lánguida, susurraba en los festivales de la canción: «Antes de que tus labios me confirmaran que me querías: ¡Ya lo sabía! ¡Ya lo sabía!».

En contraposición, Karina gritaban a voz en cuello desde los cromados juke box: «Serán tus labios lo que me hace vibrar, será yeh yeh. No sé que es». Marisol aseguraba desde la pantalla del cine que la vida «Es una tómbola, twist, twist, tómbola», y Rocío Dúrcal, montada en una vespa, cantaba: «Cuando te quieras divertir un domingo en la reunión, aprenderás a bailar y también a soñar con el ritmo del twist».

En este santoral pop de las precursoras del ritmo, relucen Françoise Hardy, conocida en medio mundo como la auténtica chica yeyé, y la irrepetible Mina, cuyo influjo en Europa fue de idéntica magnitud que un tsunami. Ella, junto a Rita Pavone, dieron lugar al fenómeno de los «urlatori», cantantes gritones que influyeron en la más genuina representante española de lo yeyé: Gelu. Nadie, hasta la brutal epifanía de Conchita Velasco en el filme «Historias de la televisión» (1965), donde interpretaba por vez primera la «Chica yeyé», consiguió el grado de fascinación de Gelu. Su imagen, de una modernidad absoluta, era todavía más fuerte que su voz, que podía hace añicos una copa de cristal de Murano. Almodóvar utilizó su versión de «No me puedo quejar» para el apoteósico final del «Tráiler para amantes de lo prohibido» (1983).

En este recuento de voces pioneras del pop, algunas recopiladas en el disco «¡Chicas! Spanish Female Singers 1962-1974», no pueden faltar ni las impagables Hermanas Serrano, cantando «El día de los enamorados», ni la argentina Baby Bell, que impactó como un meteorito con su versión de «Siempre es domingo». Quedan Rosalía, Lita Torelló y Cristina, antecedentes de Rubi, cuya canción «Yo tenía un novio que era tocaba en un conjunto beat, le llevaba la baquetas en un bolso gris», fue el himno neoyeyé de los años de la Movida, cuando las chicas ya se habían emancipado y no tenían que ir con su madre, como Karina, a las actuaciones.