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Los huecos caleidoscópicos del pop

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Nacha Pop en Las Matas (Madrid) en 1982, en una imagen de reminiscencias 'sixties'
Nacha Pop en Las Matas (Madrid) en 1982, en una imagen de reminiscencias ‘sixties’

‘No, no me olvido. Nacha Pop’, publicado por el sello leonés Ediciones Chelsea, que dirige el músico Alex Cooper, ha hecho realidad el sueño de los seguidores del grupo fundado en 1978 por Antonio Vega y su primo Nacho García Vega con un libro que resume en imágenes la historia de esta banda de la movida madrileña.

Un libro que ha sido posible gracias a la fotógrafa Sandra Bensadón y a la amistad que mantuvo desde los tiempos del colegio con parte de los miembros del grupo, sobre todo con Nacho García Vega, cuando compartió clase con varios de ellos en el Liceo Francés de Madrid.

Bensadón ha recordado en una entrevista con Efe como tras finalizar las clases ella y algunos amigos acudían a los primeros ensayos de Nacha Pop en un sótano de una vivienda de la calle Serrano.

“Un día se me ocurrió coger la cámara de mi hermano y empecé a hacerles fotos allá por 1977, una costumbre que continúe durante años y que retomé en 2007 aprovechando la última reunión del grupo”, ha explicado Bensadón.

La génesis del libro surgió en 2015, cuando coincidiendo con los 35 años de historia del grupo, Antonio García Vega se puso en contacto con su amiga de la juventud para pedirle fotos.

“Yo era la única que tenía fotos de ellos de todas las épocas”, ha apuntado la fotógrafa.

Rebuscando en el trastero localizó los antiguos negativos de toda la historia del grupo y fue cuando Bensadón se percató de la “gran cantidad de material que tenía y cuya recopilación se merecía la edición de un libro”.

Fue entonces cuando trató de ponerse en contacto con editoriales especializadas, una búsqueda que no duro mucho ya que inmediatamente salió Ediciones Chelsea y en el primer e-mail que les envió le respondió Alex Cooper entusiasmo y reconociendo que Nacha Pop era uno de sus grupos favoritos.

Así arrancó este proyecto literario que ha contado con la “inestimable” colaboración de Alejandro Cabrera, encargado del diseño del libro y uno de los fotógrafos más prestigiosos del país, con 40 años desarrollando su actividad profesional en el campo del retrato, portadas de discos, moda y campañas publicitarias.

Y no podía ser otro que el fotógrafo y director artístico de muchas de las portadas de discos de Nacha Pop, pero que también ha diseñado las de otros artistas tan conocidos como Mecano, Joaquín Sabina, Tequila o Miguel Bosé, entre otros.

El resultado de la unión del archivo de Bensadón y el cuidado diseño de Cabrera es un libro en el que se ofrece una selección de un centenar de instantáneas de la banda madrileña de una gran valor ya que la mayoría de ellas son inéditas.

Las fotografías abarcan toda la historia del grupo, desde sus primeros ensayos, con la imagen veinteañera de los músicos en sus primeros conciertos, las noches inolvidables en salas míticas como El Sol y Rock-Ola, actuaciones en televisión o su última gira con el reencuentro sobre el escenario de Antonio Vega y Nacho García Vega.

Además, de la imagen, el libro cuenta con textos de miembros de la banda como Leonardo Daniel ‘Ñete’ (batería), Carlos Brooking, (bajo), además de un prólogo de Nacho García Vega y una entrevista realizada a la autora por el periodista leonés Pacho Rodríguez.

Un conjunto de evocadoras imágenes rescatadas del olvido que convierten a este libro en referencia para los amantes del pop y de la fotografía musical.

Callejeando por Chelsea

Opina Álex Díez, más conocido en el ámbito artístico como Álex Cooper por la banda que alumbró hace cerca de 20 años tras Los Flechazos, que “ya hay muchos libros de los Beatles”, por lo que este “mod enamorado del papel” creó una editorial como altavoz de esa otra historia musical que no se ha escuchado tanto.

“Soy especialista en rellenar huecos”, señala en el contexto de la obra “¡Ponte ya a bailar! Mis años de revuelta mod con Los Elegantes” (Ediciones Chelsea), sobre una de “las bandas más excitantes surgidas en Madrid en los tiempos de la Nueva Ola”, escrito por Emilio J. López, cantante y compositor de la misma.

Alex Cooper aviva la llama de la era pop
Alex Cooper aviva la llama de la era pop

Se trata, en opinión de Díez, de una “guía sentimental” del primer LP del grupo que da pie a hablar “de las novias de la época, de los discos que se compraban y de los sitios donde bebían”, en definitiva, “historietas adolescentes que tienen importancia porque las cuenta uno de los actores principales de lo que pasó” en 1984.

“Siento un atractivo irrefrenable por los pioneros y pienso que, mientras que algunas voces de La Movida se han oído mucho, otras lo han hecho muy poco”, justifica.

Subraya su preocupación por el aspecto gráfico de cada obra que edita, por que “entren por el ojo hasta convertirse casi en objetos de veneración” como buen “mod”, así como su “implicación emocional” desde la génesis de cada proyecto que publica.

“No somos una editorial a cuya puerta se llama con un libro ya hecho”, afirma tras ayudar a lanzar material sobre Los Nikis, fotografías inéditas de Nacha Pop o dejar testimonio de la escena alternativa de los 90 en España.

Fue en 2010 cuando nació Ediciones Chelsea. “Sentía la necesidad de hablar de mi música favorita a través de otro canal de expresión. A la vez, había sido poco proclive a las colaboraciones, ya fuese por timidez o por lo que fuese, pero quería trabajar codo con codo con otra gente del negocio y no tocando mi música”, explica.

Xoel López, Fernando Pardo, Jorge Martín (La Habitación Roja), Francisco Nixon, Nani Castañeda (Niños Mutantes) o Pat Escoín (Los Romeos) son parte de esos compañeros que protagonizan alguno de los doce volúmenes de la serie “Mis documentos”, relato colectivo de la escena de los 90 en la que el propio Díez echó a andar como músico.

Entre sus próximos proyectos, acaricia ya “una historia apócrifa” de la Barcelona pop de los años 60, narrada a través de una “boutique pop” que vestía a bandas locales como Los Salvajes, Los Cheyenes o Gatos Negros, con abundante material gráfico.

Pero, tras un último año y medio enfocado en su faceta editorial, sus planes más inmediatos pasan por resucitar Cooper. Cuenta que cumplir con ese calendario es lo que le hizo finalmente declinar la idea de viajar hasta Glasgow (Reino Unido) para trabajar como productor con Francis MacDonald, batería de la banda de culto Teenage Fanclub.

En su lugar, será él quien vuelva a ejercer esa labor junto a Eugenio Muñoz, con el que ya colaboró en las dos canciones inéditas del recopilatorio “Popcorner. 30 años viviendo en la era pop”, en el que sintetizó toda su andadura musical, desde los inicios con Los Flechazos.

Al hacerlo se había dado cuenta de que “la manera de componer y de entender el pop era la misma” en sus dos etapas, “aunque el envoltorio fuese algo distinto”, algo que se transmitirá al nuevo álbum de Cooper, que se abrirá en la instrumentación a metales y teclados.

“Hay muchas cosas que celebrar con Cooper, porque no parecía un proyecto que fuese a durar 20 años. Soy el primer sorprendido”, reconoce sobre la pervivencia de este grupo que nació en el año 2000 y que el próximo año le llevará a tocar por primera vez en el festival Bilbao BBK Live.

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La librería que no sucumbió al olvido

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Keith Mansfield, dirigiendo una sesión para el sello KPM
Keith Mansfield, dirigiendo una sesión para el sello KPM

‘Anthology Editions’, el brazo editorial de del sello Anthology Recordings, debutó hace algún tiempo con un libro llamado “Flying Saucers Are Real!”, escrito por Jack Womack, y ha continuado lanzando títulos cada vez más intrigantes que son tan llamativos visualmente como textualmente interesantes. El último, “Unusual Sounds: The Hidden History of Library Music”, de David Hollander, no es diferente.

Al contar la historia de las discográficas que propulsaron el estilo ‘Library’ a finales de la década de los 60 y los primeros 70 del pasado siglo, todas ellas crearon LPs para cualquier tesitura que, también, abarcaban todo tipo de estados de ánimo. Estos trabajos, además, se impulsaron sin afán lucrativo, en el sentido de una distribución que llegase al gran público. ‘Unusual Sounds’ mira hacia una manera de entender el negocio de la música con la que muchos no solo no están familiarizados, sino que ignoran por completo. Como afirma el autor en su introducción, el mercado de reediciones para estos lanzamientos está prosperando, y es así porque gran parte del mejor material nunca fue elegido para su uso en una banda sonora, por lo que fue archivado.

Eso es porque, como Hollander deja en claro en el curso de este hermoso e interesante libro, la música ‘Library’ se compuso para ser utilizada más tarde. Fue escrita antes de su engarce en películas, televisión y radio, o, como finalmente sucedió, en su entrada al panteón del olvido. Por ejemplo, el hecho de que un compositor escribiera una canción llamada The House on the Hill (tema para una supuesta escena de casas embrujadas, con instrumentos de viento de madera y metal), no era garantía de que esa música se incrustase en un film. La quintaesencia del amor al momento que desprende quien entrega sin esperar contraprestación alguna.

Gracias a las entrevistas con compositores, ingenieros y demás cuadrilla de locos de la ‘Library Music’, Hollander se aproxima más que nadie hasta ahora a las tripas de un estilo que convivió con el crepúsculo de la psicodelia, la apertura del jazz a nuevos paisajes y el sonido incandescente de las orquestas. ‘Inusual Sounds’ escruta al detalle todos los sellos de la ‘Library’ británica, sin olvidar ‘labels’ europeos, tanto editores como distribuidores de los establos  KPM y Bruton Music. No llega, sin embargo, a mencionar las increíbles ediciones españolas de algunos artefactos ingleses, auspiciadas por Belter, capaz de hacer coexistir el folclore patrio con apuestas más arriesgadas.

Examinando cada faceta de la ‘Library Music’ (como el currículo que se exigía a los músicos para participar en los discos o aspectos sindicales que obligaban a los intérpretes ingleses a grabar en Francia), ‘Inusual Sounds’ es más que solo un vistazo a un tipo de música: se trata, sobre todo, de la aproximación a una orfebrería en la producción tristemente extinta.

Hollander también aborda aspectos cercanos al anecdotario cuando aborda la bulliciosa “Funky Fanfare” de Keith Mansfield, muy conocida cuando se la acompañó de letra; o “Heavy Action”, de Johnny Pearson, utilizada en USA para ‘Monday Night Football’, el programa deportivo estrella durante más de 40 años.

Se trata, sin duda, de páginas fantásticas, que harán que cualquier lector asiente con la cabeza en reconocimiento a algunos de los nombres sorprendentes que han trabajado de forma anónima para dar forma a un sonido proteico. Como Piero Umiliani, Stelvio Cipriani, Ennio Morricone y similares, todos ellos cabezas de cartel y que compartieron gloriosos instantes con intérpretes que habían bebido del jazz de las ‘big bands’ sajonas de los 50, de la eclosión de la ‘era pop’, las lisergias y la apertura al mundo progresivo

Especialmente intrigante -más allá de las entrevistas con los que estaban allí en ese momento- es el gran volumen de fotografías con el que Hollander ilustra su trabajo. Ello incluye, además de las capturas entre bambalinas, docenas de portadas de álbumes que se presentan a todo color, lo que permite al lector obtener el efecto total de lo impactantes que fueron estos LPs, a pesar de estar hechos para un público casi tan especializado como aquellos que ahora los buscan en rastrillos benéficos y mercadillos.

David Hollander ha creado un libro que atrae al lector interesado en la historia, la música o las artes visuales. Quienes decidan ir de pesca se acercarán a él con el lógico recelo que despierta un estilo muy poco cotejado lejos de las Islas, pero que poluciona con arreglos infinitos, burbujas en permanente cosquilleo y el vértigo característico de unos años en los que la medición del riesgo nunca fue un obstáculo para respirar.

Melenudos envasados

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The Brisks, formación ceutí de prolija discogra
The Brisks, formación ceutí de prolija discografía

El sello discográfico Munster Records rescata el lado oscuro de la música española de los sesenta, el denominado rock de garaje, con la publicación del álbum recopilatorio “Algo Salvaje”, antología que recupera un sonido cargado de aire fresco, rabia y desconocida energía roquera.

Antes de sumergirnos en este ruidoso mar sonoro hay que preguntarse: ¿Qué es la música de garaje? “Fue la respuesta americana a la extraordinaria producción musical inglesa de los sesenta; era rock con propiedades como la agresividad, la distorsión y el rechazo a ciertas reglas. Algo así como la primera manifestación del punk, pero en los 60”.

Así lo explica Vicente Fabuel, el experimentado arqueólogo de la frondosa música popular española del pasado siglo, que ha seleccionado las 56 sorprendentes canciones de esta novedosa colección de “Nuggets hispanos” que se llama “Algo salvaje”, compilada en dos frondosos volúmenes.

Entre las joyas rescatadas podemos encontrar a un joven Camilo Sesto -aún con el apellido Blanes- cantando “Eres un vago” con Los Botines; un oscurísimo tema con órgano Farfisa “It Is My World” de Prou Matic, o una versión del éxito de Lola Flores “A tu vera” interpretado por los británicos Tomcats, conocidos ya por aparecer en “Operación Secretaria”, popular película de Mariano Ozores de 1966.

Pero la gracia no solo está en proyectos perdidos o arrinconados. También se incluyen valores reconocidos de la época como Los Brincos, Lone Star, Los Sirex, Pekenikes o un “Antimusical” Miguel Ríos que aparecen con canciones primerizas y crudas escondidas en la cara B de unos discos ya irrecuperables.

En esta recopilación de temas de entre 1963 y 1970 hay sitio incluso para los Daikiris interpretando en ¡euskera! la canción “Cada Vez” de los venezolanos Impala o -más difícil todavía- a los mallorquines “Los Cinco del Este” cantando “Protestando” a viva voz y sin correr delante de la policía.

Más preguntas para nuestro musicólogo de cabecera: ¿Cómo fue posible un “garage rock” en español durante el franquismo? ¿cómo se pasó del conjunto ye-yé al grupo de jóvenes airados?.

“Es imposible controlarlo todo, ni siquiera un gobierno dictatorial y menos cuando muchas de estas joyas discográficas van escondidas en la cara B de los ‘singles’. El fenómeno ‘nugget’ (otra etiqueta anglosajona para referirse a este estilo) también explota y con altísimo nivel en prácticamente toda Sudamérica, la mayoría bajo dictaduras”, destaca Fabuel.

“El rock de garaje es música ‘beat’ amplificada y distorsionada y, sobre todo, una clara actitud de enfrentamiento a lo establecido. Y está claro que en esos años, a nuestros chicos del momento, les sobraban motivos”, añade.

Este espacio de libertad, escondido en EPs de cuatro temas y con portadas imposibles, se vio favorecido y fortalecido por “la altísima creatividad” musical de aquellas décadas y, en el caso de España, por el desarrollo del turismo y la llegada de la denominada “Legión Extranjera”, artistas europeos o americanos que se establecían en la costa mediterránea y que ensancharon “nuestras pacatas perspectivas educacionales y musicales”.

“Algo Salvaje. Untamed Beat and Garage Nuggets From Spain” no es el primer trabajo recopilatorio de Vicente Fabuel. Antes, y para el mismo sello, ha participado en la elaboración de los tres álbumes dobles sobre el soul hispano, titulado “Sensacional Soul (1966/1976)”, y en una ingeniosa recopilación, “Chicas”, de voces femeninas del pop español de los años sesenta.

Para Vicente, esta investigación en los archivos es muy agradecida: “Lo único que hago -dice- es usar mi olfato, pinchar discos, descubrir buenas canciones ocultas (incomprensiblemente, ajenas al devenir de los aficionados) y volverlas a poner sobre el tapete. A ese trabajo lo llamo, simplemente, dar las gracias a aquellos ignorados músicos”.

Este viaje a un olvidado patrimonio musical nos sugiere una última pregunta: ¿Cómo es posible que tan pocos conozcan este rico legado sonoro? “En este país, buena parte de la cultura desarrollada bajo el franquismo ha estado estigmatizada. En aquellos años hubo de todo -dice Fabuel-, cultura grande y cultura nefasta. Asomados a ese balcón, aún quedan todavía demasiados sordos al respecto”.

Además, considera, que nadie, en ninguna parte del país, ha podido estudiar en las escuelas a determinados artistas de la década prodigiosa en clave pop , como “las sublimes Vainica Doble, por ejemplo”.

Y ese intencionado desconocimiento surge por dos razones: “Por ese provincianismo acomplejado tan español y por un extendido y ridículo concepto de la modernidad”, concluye.

Si te hunden, muere antes de llegar a viejo

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The Who aportaron temas efervescentes durante el cénit del Pop inglés, de 1965 a 1968
The Who aportaron temas efervescentes durante el cénit del Pop inglés, de 1965 a 1968

Supongamos que eres Pete Townshend, tienes un grupo y estás luchando por publicar tu primer trabajo. Supongamos que ofreces al mundo una canción titulada My Generation.

Supongamos que ha pasado más de medio siglo desde entonces y que dicha canción es ya por derecho un himno inmortal de la música del siglo XX (y más allá, sin fecha de caducidad).

Eso, en resumen, es My Generation, un perpetuo canto para la indómita sublevación. Un tema enorme en su momento, a pesar de lo cual siguió creciendo aún más durante los siguientes diez lustros. Y mientras continúe poniendo la piel de gallina, seguirá creciendo y cumpliendo años, manteniendo intacto su espíritu indomable.

Pero regresemos al principio. Es el año 1965 y el guitarrista Pete Townshend no es mucho más que un adolescente airado y desafiante que escucha melodías incesantemente dentro de su cabeza. Tiene un grupo, The Who, en el que comparte sueños y aspiraciones con Roger Daltrey (voz), Keith Moon (bateria) y John Entwistle (bajista).

Gracias a su ímpetu creativo, todos juntos consiguen algo de popularidad entre los jóvenes mods británicos, que rápidamente les convirtieron en ariete y estandarte de su revolución. Y no solo por sus primeras composiciones, sino también por esa bravía costumbre de Townshend de destruir su guitarra (algo que comenzó por accidente en septiembre de 1964 en un recital en Londres, y que después tuvo que continuar casi por obligación como parte de la esencia del grupo).

Poco después lanzaban su primer single, I can’t explain, en enero de 1965, que se coló en el top 10 británico. Con la fama de The Who creciendo sin control exponencialmente, el 29 de octubre de 1965 llegaba My Generation como anticipo de su LP debut, titulado muy elocuentemente The Who Sings My Generation, y editado poco después, el 3 de diciembre de aquel mismo año, hace ahora medio siglo.

My Generation, el himno, compuesto por un Pete Townshend que entonces tenía 20 años, fue recibido con alegría y alboroto por la chavalería inglesa de la época, que fulminantemente comprendió el mensaje: los mayores no nos comprenden y, liderados por la electricidad musical tenemos que montar una gorda e incendiar todas las campiñas de norte a sur y de este a oeste. Asolar todo a su paso, en definitiva.

Tras su lanzamiento como single, My Generation se encaramó al segundo puesto en el Reino Unido. En Estados Unidos le costó un poco más y se quedó en el 74, constatando las diferencias de una juventud por aquel entonces en absoluto globalizada.

Como todo clásico requiere explicación y análisis, el propio Pete explicó que lo compuso durante un viaje en tren, inspirándose en la Reina Isabel, la Reina Madre, quien obligó a tener un coche fúnebre retenido en el barrio londinense de Belgravia para no verlo durante su paseo diario. Por otro lado, Pete, muchacho furioso pero también agradecido, acreditó el Young Man Blues de Mose Allison como la inspiración musical del tema.

My Generation se convirtió, con su trote revolucionario y su pálpito iracundo, con esa guitarra huracanada y esa línea de bajo imparable, en un lugar seguro para toda una turba adolescente que no encontraba su sitio en el mundo. Al mismo tiempo, el rock estaba todavía en pañales y nadie sabía cuánto y cómo de peligroso iba a ser. La alineación de los astros convirtió a The Who en la bandera de la insurrección.

Y ahora que la banda parece tener decidida su retirada definitiva tras más de medio siglo de canciones, ahí siguen Pete Townshend y Roger Daltrey interpretando su bronco salmo, aún indomesticable a pesar del paso tiempo. La honestidad salida del epicentro del alma es lo que tiene: que conecta y perdura más allá de las arrugas y más allá de la propia vida

Nick Drake, el misterioso rey del otoño

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La aventura musical de Nick Drake fue breve y dulce, huidiza y melancólica. Su prematura muerte, a los 26 años de edad, lo convirtió en el prototipo de esperanza truncada por la fatalidad. Sus canciones son suaves momentos de poesía, delicados arabescos que el tiempo aún no ha amarilleado, pero que reflejan un pasado que nunca volverá
La aventura musical de Nick Drake fue breve y dulce, huidiza y melancólica. Su prematura muerte, a los 26 años de edad, lo convirtió en el prototipo de esperanza truncada por la fatalidad. Sus canciones son suaves momentos de poesía, delicados arabescos que el tiempo aún no ha amarilleado, pero que reflejan un pasado que nunca volverá

Aunque hay varias biografías de Nick Drake, “las preguntas siguen siendo las mismas: ¿Su muerte fue un suicidio o un accidente? ¿A qué respondían sus fobias antisociales? ¿Quién fue Nick Drake? ‘Far Leys’ intenta darle respuesta a estas preguntas, narrando al mismo tiempo la gran influencia del músico sobre los protagonistas de la novela”, explica Miguel Ángel Oeste.

Sobre si Drake es “literario”, Oeste cuenta que el músico “llevó una vida muy porosa, llena de lagunas, en eso coincide con el misterio de sus canciones”.

La historia de este músico está repleta de contradicciones, y eso es bueno para la ficción; por ejemplo, Nick fue un tipo solitario que vivió la mayor parte de su vida en Far Leys, un artista íntegro que a pesar de todo necesitaba y quería ser famoso, pero sin embargo se negaba a tocar en vivo y a hacer una vida pública”, concede.

Oeste añade sobre Drake que “a pesar de todas esas contradicciones la transcendencia, aunque sólo sea por su influencia en otros músicos, la tiene; y el ‘éxito’ le llegó tras su muerte”.

“Y no hay nada más triste que el éxito póstumo de un fracasado o los deseos que se cumplen fuera del tiempo; en vida sus discos no se vendían, ni lo escuchaba nadie, y hoy es idolatrado si no por las grandes masas, si por una minoría muy importante”.

Para definir a Drake, Oeste recurre a palabras del escritor argentino Juan Forn, quien lo consideró “el rey indiscutible del otoño”, y añade que fue “un músico inglés extraordinario con una personalidad resbaladiza, un enigma, alguien que lo tenía todo para triunfar pero que no lo hizo”.

No obstante, lo que más le ha interesado a Oeste ha sido “el influjo que tuvo en la gente que lo conoció en vida y luego después de su muerte; hay una frase de ‘Suave es la noche’, de Scott Fitzgerald, que se ajusta a Nick o a la representación que hago de él en la novela: ‘Nunca sabes exactamente cuánto espacio has ocupado en las vidas de las personas'”.

“Nick es un personaje muy atractivo por la incuestionable calidad de sus canciones, y posee también un gran atractivo físico como reflejan las pocas imágenes que han quedado de él; sólo quedan unas docenas de fotos, ninguna imagen en movimiento -salvo una película casera de cuando era niño-, y sus canciones; todo lo demás son elucubraciones, y con ese material base es fácil dejarse llevar por la imaginación”, ha añadido el autor.

Al mismo tiempo que esta novela se publicó un libro de relatos de Eduardo Jordá titulado “Yo vi a Nick Drake”, ante lo cual Oeste señala: “Con motivo de cada aniversario de la muerte de Drake, no se generará un reconocimiento masivo, más que del personaje de su música, que desde luego lo merece; aunque recuperación no puede haberla porque nunca tuvo en vida ese reconocimiento que mereció por la calidad de sus composiciones”.

De la música de Drake destaca “la atemporalidad y, por encima de todo, la belleza; sus canciones rezuman belleza, y si a eso se le añade el componente misterioso de sus letras, que no hacen más que reflejar lo misterioso del autor, la riqueza de matices de sus arreglos, su voz tan personal, no es extraño que se convirtiera en un autor de culto entre los propios músicos”.

En la novela, la figura de Drake y su biografía están contadas a través de las voces de los personajes de ficción, Janet, la íntima amiga autoexcluida durante treinta años, y Richard, un actor que inicia una investigación sobre el músico para filmar una película y que termina bajo los influjos de sus poderosas canciones.

Recetario Pop para profanos y eruditos

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Joe Meek, uno de los grandes productores ingleses durante la eclosión de la 'Era Pop'
Joe Meek, uno de los grandes productores ingleses durante la eclosión de la ‘Era Pop’

«¿Qué es exactamente el pop? Para mí, el pop engloba el rock, el rhythm and blues, el soul, el hip hop, el house, el techno, el heavy metal y el country. Si uno graba discos, sean sencillos o álbumes, y los promociona actuando en televisión o saliendo de gira, es que se dedica al pop. El pop requiere de un público al que el artista no conozca en persona. En dos palabras, todo lo que entra en las listas de éxitos es pop […]. Me encanta el tira y afloja entre la industria y el underground, entre el artificio y la autenticidad, entre los osados y los conservadores, entre el rock y el pop, entre lo bobo y lo inteligente, entre los chicos y las chicas […]. Este libro no pretende ser una enciclopedia; creo en el mito y la leyenda del pop como el que más, en todas esas anécdotas y verdades a medias; me encantan el esplendor y la gloria de las superestrellas del pop, pero también los segundones y los secundarios, los que trabajaban en la sombra, los compositores a sueldo, los radioaficionados empollones que terminaron de ingenieros de sonido, las auténticas ratas de estudio…”.

Bob Stanley, uno de los miembros fundadores de Saint Etienne, repasa los hitos de la música popular del pasado siglo en el volumen ‘Yeah! yeah! yeah!. La historia del pop moderno’ (Turner).

Stanley, escritor, periodista musical, crítico de publicaciones como ‘The Guardian’ y ‘The Times’, y conocido por haber fundado el famoso grupo de pop británico, escribe en estas páginas acerca de algunas de las grandes figuras de la música y de artistas de menor tamaño, y recoge la esencia de multitud de estilos, desde el disco hasta el heavy, esenciales para comprender la historia del sonido popular de la segunda parte del siglo XX.

En una primera parte, el autor hace un recorrido por la trayectoria de artistas como Bill Haley, considerado el padre del rock and roll, Elvis Presley, Phil Spector o Joe Meek y, con ellos, nuevos aires en la música popular tales como el skiffle (folk influenciado por jazz y blues), el doo wop (estilo vocal nacido de la unión entre rhythm and blues y góspel) o el jump blues, en el que los sonidos clásicos se mezclaban con el sonido rápido y bailable del boogie woogie.

Tras dar un repaso a la década de los 50 y los primeros 60, Stanley se adentra en el rock y el pop de la segunda parte de los sesenta y recuerda los primeros momentos de algunas de las bandas más icónicas de la música como los Beatles, los Rolling Stones, Bob Dylan o los Beach Boys entre otros.

La búsqueda de nuevos sonidos en los años 70, con estilos como el glam, el soft soul, el glam o el rock progresivo da paso en este volumen a la rebeldía del punk, con estandartes como los Sex Pistols o The Clash.

El electropop de Kraftwerk, los nuevos ídolos del pop de los 80 (Michael Jackson, Madonna y Prince) y el nacimiento del indie, con referentes como The Smiths y REM continúan en estas páginas el recorrido de la historia musical que propone el autor.

Este volumen cierra su repaso a la historia de la música popular moderna con un apartado dedicado al nacimiento del house y el tecno, el acid house, el shoegaze y la nueva psicodelia, el grunge, el britpop y el R&B.

El repaso que le da Stanley aquí a la música pop es agotador. No tan exhaustivo como muchos desearían. Ya sabemos que los criterios de selección u omisión suelen suscitar discusiones bizantinas. Pero es que este libro no pretende establecer un cánon, sino reflejar una evolución, e incluso la elección de los hitos (el disco sencillo, al que se da por muerto con la eclosión de Youtube y el arraigo del streaming como forma preeminente de escucha de la música) refleja que Stanley no pretende escribir una enciclopedia sino una historia.

Las chicas guapas cavan tumbas

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The Smiths, en 1983
The Smiths, en 1983

Duraron sólo cinco años, un suspiro musicalmente hablando. Décadas después, The Smiths, banda de culto y estandarte de los 80, continúa siendo uno de los grupos más influyentes de la historia de la música aunque les duela a los detractores de Morrissey.

En 1984 se empezaban a escuchar los primeros acordes de este cuarteto de Manchester de indie rock cuyas letras marcaron y marcan a varias generaciones. Lo hicieron primero en vinilo y no faltan ahora en los formatos mp3.

Su incursión fue fulgurante. La crítica les cubrió de elogios aunque también hubo quien se enojó ante el contenido de las letras, a la vez irónico, corrosivo a ratos, y sobre todo provocador en un primer álbum que llevaba el nombre del grupo y que vio la luz el 20 de febrero de 1984.

Referencia obligada de esa década, The Smiths (el disco) llegó al número 2 de las listas inglesas. Y ahí comenzaba una leyenda con su irreverente solista, Steven Patrick Morrissey, el guitarrista Johnny Marr, Andy Rourke -que reemplazó a Dale Hibbert en el bajo y con el cello-, y Mike Joyce, batería y coros.

La relación entre Marr y Morrissey, uno de los tándem más prolíficos de la historia del rock, surgió dos años antes, cuando un Marr de 18 años se presentó sin avisar en la casa de un tipo solitario del barrio de King´s Road, en Stretford (Manchester).

Ese chico huraño, 5 años mayor, y con una habilidad excepcional para encadenar ironías era Morrissey, a cuya personalidad e incuestionable talento está íntimamente vinculado el éxito de la banda.

Estética híbrida, aires excéntricos, tendencia casi obsesiva hacia la cultura pop y la singular característica del solista para jugar con el surrealismo de sus letras convirtió al grupo, pero sobre todo al carismático Morrissey, en todo un símbolo.

Fue precisamente él, que no cae precisamente simpático a todo el mundo, que genera a la par rechazo y devoción, el que elevó al cuarteto a otra dimensión más filosófica, más profunda, y plagada de incontables referencias literarias -“Pretty Girls Make Graves”, una cita del escritor Jack Kerouac, dio nombre a uno de los temas-.

“No importa lo que tú escribas en la letra de una canción para definir el amor o el odio. Morrissey siempre lo hará mejor”, comenta sobre él Noel Gallagher, el vocalista de Oasis y otro personaje polémico dentro del mundo del rock and roll.

Tímido recalcitrante pero con una voz inconfundible, el solista siempre fue una persona “rara”, según su propia definición, y su gran vínculo con la sociedad era, sin duda, la música.

Por ello en The Smiths halló su refugio y el catalizador con el que mostrar al mundo su verborrea hilarante, jocosa, sarcástica, con la que retuerce el amor y desata su lado oscuro y morboso. Unas letras con las que, sobre todo, se niega a ser convencional, se ríe del mundo y se vuelve nostálgico hasta las lágrimas.

Tras el primer trabajo que le abrió la puerta a una legión de incondicionales llegaron nuevos éxitos.

Su sencillo “Heaven Knows I´m Miserable Now” fue la primera canción que se coló entre los diez primeros puestos de las listas y con otros temas como “William, It Was Really Nothing” o “How Soon Is Now?” se granjearon la admiración desmedida de un público atónito y fascinado.

En 1985, sacaron “Meat Is Murder” y, un año después, llegó “The Queen Is Dead”, considerado uno de los mejores trabajos de la historia de la música por revistas como NME.

Con turbulencias internas de fondo, la banda publicó “Strangeways, Here We Come”, (1987), que incluye “Shoplifters of the world”, uno de los temas favoritas del solista y que fue el último tesoro de la formación antes de evaporarse.

Su desaparición dejó un reguero de “fans” inconsolables y un sinfín de imitadores. Sólo hay que echar un vistazo rápido a letras de gente como Kaiser Chiefs, Alex Turner, el solista de Artic Monkeys o los ya extintos Libertines. La influencia está ahí.

Si bien los miembros de los Smiths han continuado con sus proyectos en solitario, los rumores de un hipotético regreso de la banda no han cesado. Por el momento, se trata sólo de un deseo de nostálgicos.