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Barcelona subterránea

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Pan y Regaliz, uno de los grupos contundentes de la escena underground que se coció en Barcelona a finales de los 60 y los primeros 70 del pasado siglo
Pan y Regaliz, uno de los grupos contundentes de la escena underground que se coció en Barcelona a finales de los 60 y los primeros 70 del pasado siglo

La década de los setenta, clave para entender la evolución de este país, tiene como capital cultural la ciudad de Barcelona. Este es el marco geográfico por donde circula una generación rupturista venida de toda España que creará, desde una postura puramente underground, un espacio de libertad donde se producirá una auténtica revolución en las costumbres y una explosión de creatividad. La Barcelona de los setenta es la ciudad que vio nacer y morir la contracultura más activa y activista en medio de una fiesta que parecía no tener final.

A través de una serie de entrevistas e imágenes de archivo, el documental “Barcelona era una fiesta (Underground 1970-80)”, dirigido por Morrosko Vila-San-Juan, recrea el ambiente underground de aquella Barcelona que comenzó a agitarse unos años antes de la muerte de Franco y que se fue marchitando en el mismo momento que se consolidó la transición democrática y Madrid tomó el relevo cultural con su famosa “movida” … Música, cómic, prensa marginal, drogas, libertad sexual y valores hippies se dan la mano en una ciudad que parecía hervir a las Ramblas y que tuvo en la sala Zeleste uno de sus locales de referencia.

Si de ese periodo histórico hay al menos innumerables y excelentes testimonios musicales, sobre el decenio inmediatamente posterior, el de 1980, la opacidad y desconocimiento consiguiente son mayúsculos. Se recuerda que fueron años convulsos en la ciudad, de agitación social pero también de cambios profundos generacionales, estéticos y artísticos. Una de sus expresiones más visibles fue la eclosión de una poderosa escena punk y hardcore, con sus looks inconfundibles y sus desaforados ritmos presentes en multitud de garitos del centro y el cinturón. “Pero había más, mucho más que eso”, sostiene el realizador Morrosko Vila-San-Juan. “Mi aproximación se debía a mi interés por la expresión escrita de aquella escena underground, es decir, cómics, fanzines, revistas y otras expresiones de todo tipo, y lo que menos me interesaba era la música”. Durante el rodaje de su espléndido largometraje, Vila-San-Juan fue adquiriendo noción de que “se trató de un movimiento musical (la onda layetana) muy importante pero que quedó muy silenciado por la movida madrileña”.

Nazario, Mariscal, Montesol, Onliyú, Pau Riba, Pepe Ribas, Juanjo Fernández, Josep M. Martí Font, Ramón de España, Quim Monzó, Marta Sentís, Pepicheck y Oriol Tramvia, entre otros, explican cómo vivieron aquella época fiesta y utopía.

Underground en papel

En el libro Barcelona, del rock progresivo a la música layetana (Milenio), Àlex Gómez-Font trata de forma exhaustiva una etapa histórica tan creativa como olvidada o minusvalorada por escritores, ensayistas y aficionados musicales actuales. Difícil de entender tratándose, como dice el histórico productor y promotor de la sala Zeleste y de multitud de músicos, Rafael Moll, “la sensación de libertad era tan amplia y real que creábamos y grabábamos la música que nos apetecía. Sólo desde esta situación se puede entender un caso como el de Gato Pérez, que en un lapso de tiempo relativamente breve pasó de tocar en Sloblo, un grupo tipo The Band, a hacerlo en una formación guitarrera como Secta Sònica para acabar como renovador de la rumba catalana”.

De esa simple e incompleta percepción, dos libros se encargaron de poner un poco de claridad y perspectiva. En Harto de todo. Historia oral del punk en la ciudad de Barcelona (1979-1987), Jordi Llansamà, dueño de la discográfica, editorial y tienda B Core, recoge de forma sistemática y apasionada a la vez los datos que sitúan una escena muy prolífica:la eclosión del punk y hardcore catalanes (Frenopaticss, Sentido Común, Último Resorte, Skatalà…), la oferta de innumerables fanzines (Blitzkrieg Bop, 32 Imbéciles, Rompeolas); la red de radios libres, encabezadas por Radio P.I.C.A., los comercios y locales que conformaron otro circuito urbano desconocido para buena parte de la ciudadanía (Informe, el Café Volter, y se podrían añadir la pizzería Rivolta, el Boogie, Fantástico, Piaf o el Increíble Pero Cierto). El propio Llansamà parafrasea lo que escribe en el libro cuando reivindica “una Barcelona que vivió una escena punk, que no sólo eran cuatro fotos sino una actitud de cambio y desafío; es una proclamación de que el punk existió aunque entre todos quisieron hacer como si nada, los medios, la industria, la ciudad bienpensante”.

Por su parte Joni D. (por Joni Destruye, aunque su nombre sea Jesús Sahún y haya nacido en Barcelona en 1968) es el autor no menos apasionado y bastante más heterodoxo de Que pagui Pujol!; una crónica punk de la Barcelona dels 80 (La Ciutat Invisible Edicions). El contenido del volumen está a la altura del currículo del autor: tomó parte a los 16 años de la primera okupación conocida de Barcelona, en la calle Torrent de l’Olla; sacó adelante fanzines como Melodías Destructoras o el glorioso N.D.F. (Niños Drogados por Frank Sinatra), militó en bandas punkies como Juanito Piquete y los Mataeskiroles, Anti/Dogmatikss o Epidemia, y actualmente es el responsable de la discográfica Kasba. Representa de alguna manera la vertiente más política y social de un movimiento que “al principio quizás no supimos asumirlo, al pretender de buenas a primeras romper con todo, sin pararnos a pensar en esa generación que se había creado con la transición”.

Ambos protagonistas-cronistas coinciden en dotar de un valor añadido a lo vivido en Barcelona en relación con la escena madrileña: “Aquí apareció una dimensión realmente política y comprometida con el momento que no se vio en Madrid. Pero paradójicamente fue el eco mediático y el apoyo del alcalde Tierno Galván los que convirtieron a la Movida en el único protagonista –glamuroso pero también muy creativo– de la historia”. Y la otra movida, la de Barcelona, pasó a mejor vida.

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De la dispersión surgió el movimiento

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El conjunto Música Dispersa, compuesto por Jaume Sisa, Albert Bstiste, José Manuel Brano "Cachas" y Selene
El conjunto Música Dispersa, compuesto por Jaume Sisa, Albert Bstiste, José Manuel Brano “Cachas” y Selene

Fue el más extraño de los grupos underground aparcidos en Barcelona alrededor de 1970. Estaba compuesto por Jaume Sisa (guitarra, percusión, voz), José Mª Bravo, eI «Cachas» (mandolina, guitarra, flauta, voz), Albert Batiste (bajo, armónica, órgano, batería, voz) y Selene (piano, bongos, flauta, voz). Editaron un elepé, ‘Música dispersa’, participaron en el Festival Permanente de Música Underground del Salón Iris y en algún que otro bolo, acompañaron a Pau Riba en la grabación de ‘Dioptría 2’ y desaparecieron. ¿Quiénes eran y de dónde habían salido? ¿Adonde fueron?

Jaume Sisa provenía del Grup de Folk, habia grabado un single, ‘L’home dibuixat/orgia nº1’, y estaba preparando el elepé ‘Orgia’ al margen de las compañías discográficas, que no le hacían ningún caso. Albert Batiste había hecho folk-rock con su grupo Els Tres Tambors y en solitario (‘La llarga processó’), y era músico de acompañamiento habitual para sus colegas del Grup de Folk, al tiempo que estudiaba la carrera de arquitecto. Cachas era un tipo raro, un madrileño que provenía del grupo La Trágala (en el que también estaban Elisa Serna e Hilario Camacho) caído entre catalanistas progresistas; larga melena rubia y abrigo de piel, y una imaginación riquísima. Selene era una voz maravillosa y exotica que buscaba su camino en el mundo musical catalán.

Sisa, Albert Batiste y el Cachas editaron, junto a Pau Riba, un elepé en el que cada uno era protagonista de una canción y los otros le acompañaban. No existía aún la idea de grupo, pero sí el embrión, y de ese embrión nació la propuesta más extravagante en el underground musical: Música Dispersa.

No hicieron canciones en el sentido habitual, lo suyo eran composiciones sin letra en las que la voz era utilizada como un instrumento más, que producía sonidos pero no palabras. Una mezcla de música concreta y de ensoñación hippie, que produjo extrañas sensaciones en los que no estaban en la onda. Acostumbrados al progresismo electrificado de Máquina!, Agua de Regaliz, Smash, Vértice y el resto del movimiento underground, el público no podia comprender, ni en muchos casos oír, esa acustica Música Dispersa… y tan dispersa.

Sin embargo, lo que terminó con el grupo no fue la falta de aceptación, sino, como en tantos otros casos, la partida de uno de ellos al servicio militar, en este caso la del Cachas, que era el líder del grupo; y aunque se intentó su sustitución (Angel Oriza) la cosa no resultó. Después del servicio militar, y tras un tiempo de relativo vagabundeo, el Cachas se instaló en Menorca para vivir apaciblemente dedicado a la carpintería y otras labores manuales. Selene se casó y marchó a Valencia. Sisa y Albert Batiste prosiguieron sus carreras musicales donde las habían dejado, como si Música Dispersa hubiera sido sólo un paréntesis vacacional y nunca hubiera existido.

Ciertamente, sin predecesores ni sucesores, si no fuera por el disco que dejaron tras de ellos nadie creería que fueron algo más que una alucinación. Un disco tan sorprendente e inusual que cuesta comprender cómo les era tan difícil editar sus discos y pudieron hacer este ‘Música dispersa’ con esas extrañas canciones: ‘Hanillo’, ‘Cromo’, ‘Swami’, ‘Cilda’, ‘Rabel’, ‘Eco’, ‘Cefalea’, ‘Arcano’, ‘Fluido’, ‘Cítara’. Misteriosos caminos del rock.

Máquina en la locomotora progresiva

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Primera formación de Máquina: Jackie, Jordi Batiste, Luigi Cabanach y Enric Herrera
Primera formación de Máquina!: Jackie, Jordi Batiste, Luigi Cabanach y Enric Herrera

Cuando la música fue progresiva, e incluso Los Brincos fueron underground (en el Festival Permanente de Música Underground del Salón Iris, organizado en 1969 por Oriol Regás, gran promotor barcelonés), Máquina!, que había puesto la primera piedra de la música progresiva española con ‘Let’s get smashed’ (en el single traducían este título como ‘Vamos a tomar cerveza’) y ‘Land of perfection’, se proclamaba el auténtico grupo underground. Máquina! consiguió editar dos elepés que quedan como testimonio de la época, ‘Why?’ (1970), y ‘Máquina! en directo’ (1972).

Máquina! estaba formado por un grupo de músicos que desde el Grup de Folk hasta Aula de Música han participado en la mayoría de las aventuras musicales barcelonesas: Jordi Batiste (voz y bajo), Enric Herrera (órgano), Luigi Cabanach (guitarra), José María París (guitarra) y José Mª Vilaseca «Tapióles» o «Tapi» (batería) eran los miembros de Máquina! en el primer elepé, ‘Why’. En cambio, para ‘Maquina! en directo’, el grupo estaba formado por Jordi Batiste (voz), Enric Herrera (órgano), Caries Benavent (bajo), Emili Baleriola (guitarra), Hubert Grillberger (trompeta y voz), Peter Rohr (saxo) y Salvador Font (batería). Aquello ya iba camino de convertirse en una macrobanda al estilo de Chicago o Blood Sweat & Tears.

Sin embargo, Máquina! era más un lugar donde tocar que un grupo en el sentido clásico. Podría decirse que Máquina! era una marca y no importaba mucho quién tocara en aquel momento, porque lo importante era la música que se hacía con ese nombre. Así, mientras existía Máquina! y mientras seguían en el grupo, Enric Herrera y Jordi Batiste, que podrían considerarse como los dos líderes del invento, grabaron con otros grupos creados por ellos mismos para hacer también música progresiva y underground. Enric Herrera grabó y actuó con un grupo propio: Estratagema, mientras Jordi Batiste lo hacía con Vértice.

«Tapi» se desmarcó de Máquina! y formó su propio grupo progresivo: Tapiman. En Máquina! estuvieron los mejores músicos de estudio de Barcelona que por unas horas pudieron alejarse de sus acordes de alquiler y pudieron tocar libremente. En muchos casos, más que música progresiva tipo Soft Machine, hicieron jazz fussion en interminables jam sessions como la que grabaron en ‘Why?’, su primer elepé: ‘Why’, que ocupaba casi doce minutos en la primera cara y casi trece en la segunda. Sobre ella declararon (en la carátula): «Los auriculares me apretaban mucho, luego no sé…» (Luigi) y «Por primera vez disfruté entre panales… de rica miel» J. M. París).

Junto a esta larga composición, firmada por Máquina!, en la cara A se encontraba ‘I believe’ de J. M. París y, en la B, ‘Let me be born’ de Batiste. Sólo tres composiciones en todo el disco. Aquella sí era música progresiva y underground, porque ¿qué emisora de radio iba a programar una «canción» de 25 minutos? Sin embargo, la portada, un oxidado reloj de bolsillo metido en un croissant, ya avisaba que el contenido del disco no eran «los 40 principales» ni la recopilación de las canciones del verano, ni tampoco las canciones triunfadoras en las últimas ediciones del Festival de Benidorm. El disco era progresismo musical y underground a tope.

Pero, ¿qué eran el progresismo y el underground? El underground es fácil de entender: era no salir por TVE, no ser programado por las emisoras de radio, no participar en la vida musical oficial del país. Actuar en pequeños locales, con poca gente (pero mucho pelo) y no tocar la canción del verano, cosa impensable en cualquier orquestina o conjunto que quisiera ser contratado por la Comisión de Fiestas para tocar en el Gran Baile de la Fiesta Mayor (éste era el triste destino de la mayoría de músicos, independientemente de sus cualidades o deseos: del underground no se vive).

En la contraportada del disco antológico ‘Música progresiva española vol.1’ (1971), Enric Herrera cuenta lo que era la música progresiva y lo dura que era la vida entonces. Transcripción de la contraportada: «En agosto del 69 salió a la luz pública el primer disco de nuestro grupo MÁQUINA! y en setiembre nos íbamos a Madrid (por aquello del centralismo). Allí empezamos a entrar en ambiente: radio, entrevistas, etc. “¿Qué opináis de la música progresiva? ¿Cuál es el propósito de esta música? ¿Hacéis música underground? ¿Creéis que en España…?”. Actuamos en un club: nos echaron. En otro, también. Al fin, en un cuarto club nos quedamos cuatro o cinco días: “¿No tocáis aquella de los…? ¡Tocad más flojo!”: nos ecnaron igualmente. Cuando regresábamos (unos en la furgoneta entre los bafles, yo tuve que quedarme como rehén (no secuestro), en la pensión esperando un giro), allí comprendimos que “aquello” no tenía nada que ver con nosotros y empezamos a sospechar que sí, que hacíamos música progresiva.

Creo que la música progresiva española nació hace mucho tiempo, allí en la época de los godos o los visigodos, cuando, en un guateque, hubo un músico al que se le ocurrió tocar una melodía que él, en su casa y con toda la ilusión del mundo, había preparado cuidadosamente. No pudo acabar: una pata de cordero asado y a medio comer le pasó rozando la cabeza: “¡Toca algo más divertido o te cuelgo de los pies!”. Aquél fue el primer músico progresivo (frustrado, claro); pero su intento no fue en vano. También fue el primero en cobrar por esta música: los restos de la pata de cordero.

Música progresiva podría ser algo así como en la literatura lo que haría un escritor al que le dejaran escribir lo que quisiera. Para muchos esto significaba repetir las fórmulas de William Burroughs una y otra vez sin ninguna gracia ni inspiración. Muchas veces la música que uno hace en casa en un momento de inspiración está muy bien en aquel momento, pero no en cualquier momento y lugar. En la música progresiva hubo mucha autocomplacencia y poca exigencia musical. Como poca exigencia literaria muestra el texto de Enric Herrera. Por suerte para él, mejor músico que escritor, se dedicó a la música y no a la literatura. Aplicación de zapatero a tus zapatos en un ejemplo que no es seguido por quien debiera.

El disco ‘Música progresiva española vol.1’ constituye hoy día un auténtico Who’s Who de la música progresiva española. En el disco Máquina! interpretan dos canciones: ‘Thank you’ de L. Cabanach y su éxito ‘Let’s get smashed’ de E. Herrera. Junto a ellos aparecen Estratagema con ‘Harry up’, Jordi Sabatés & Om (Om es el grupo de Toti Soler que acompañó a Pau Riba en el ‘Dioptría I’ y en el ‘Electric Tóxic Claxon So’) con ‘Another me, another you’, Nuevos Tiempos con ‘Sitting in my old way of home’, Sisa con ‘Cap a la roda’ de su desconocido e ignorado primer elepé ‘Orgia’, Gualberto (todavía a veces en Smash) con ‘Scouting’, Vértice con ‘You’re not real’, Música Dispersa (el grupo de Cachas, Selene, Sisa y Albert Batiste, hermano de Jordi Batiste) con ‘Hanillo’, Mane-Gong con ‘Love me baby’ y Agua de Regaliz (que también se llamó Pan y Regaliz, y Agua y Regaliz) con ‘Waiting in the monsters of garden’. Seguramente otros no aparecen por pertenecer a escuderías discográficas distintas y existir problemas de royalties. Sin embargo, ninguno de los del disco está de relleno.

Jordi Batiste provenía de un grupo, Els Tres Tambors, que hacía folk electrificado al estilo de The Byrds. En su primer disco adaptaban los ‘Tombstone blues’ de Bob Dylan como ‘Romanco del fill de vídua’. Antes de Máquina! participó, como Enric Herrera, en las grabaciones de los miembros del Grup de Folk como músicos de acompañamiento (J. Batiste al bajo y E. Herrera al órgano). Después de Máquina! formó con su cuñado la (Moto) Clúa el dúo vocal Ia & Batiste y se hizo vocalista de orquesta con su propio nombre y como Rocky Muntañola. En unas declaraciones sobre Máquina! recogidas por Jesús Ordovás en su libro Historia de la música pop española explica los dos focos bajo los que se movía la Máquina!: «En un comienzo estábamos totalmente inspirados por Julie Driscoll y Brian Auger, aunque también nos gustaba la improvisación y hacer una nueva forma de show escénico para enrollar a la gente. Enric era el músico y yo el del enrolle. Por supuesto que a mí me parecía demasiado rígido el concepto que tenía él de lo que debía ser un grupo en 1969, y naturalmente él opinaba que lo que yo hacía desvirtuaba nuestra calidad musical. A pesar de todo eran diferencias que sabíamos dominar porque en el grupo había libertad total.

Foto promocional de 1969
Foto promocional de 1969

Si Máquina! hubiera durado muchos años es casi seguro que se habrían acusado, pero al marcharme yo al servicio militar al año de comenzar, no hubo tiempo para ninguna complicación. Entró José María París y entonces sí, la idea musical fue ya la única que prevaleció, porque París era un tío serio como Herrera. La gente siguió disfrutando, pero en mi opinión ya no existía trempera sana… «Máquina! alcanzó la mitificación, sí, esto está claro y es una lógica histórica al mismo tiempo: estaba todo, absolutamente todo. Lo teníamos todo para que pasara algo y ese algo pasó con nosotros porque fuimos los primeros, lo cual también es una cosa de lógica. Hubo un tiempo en el que la gente quería cosas como las que oía fuera. Por ejemplo, todo eso de los happenings que se montaban los americanos, o los “shows psicodélicos” de los ingleses. La gente quería “enrollarse” y Máquina! le dio el motivo con una música hecha aquí que sonaba bien. Hubo una ilusión tremenda y hoy mismo estoy convencido de que fue algo muy grande, y me siento orgulloso de haber estado en primera fila como miembro de Máquina!. La misma gente se dio cuenta de que aquello la movía y les identificaba. Creo que éramos un montón de tíos sanos…»

La decadencia de Máquina! vino cuando se metió demasiada música en su contexto y se olvidaron la trempera y el “enrolle” visual. Hubo gente que siguió fiel y gente que se alejó. Después, al desaparecer Máquina!, coincidió todo y el bajón fue total. Yo pienso que fue falta de tacto en torno a la música que se había creado. Todo el mundo se apuntó al underground y la idea se dervirtuó por completo, es decir, se quemó. Pero naturalmente, no sólo fue eso, sino un verdadero montón de cosas, como la falta de potencia de Els 4 Vents (la compañía discográfica), la inestabilidad de los grupos, por culpa de que a cada momento se iba alguien al servicio militar…» Y eso fue Máquina!.