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La inoculación del ‘jipismo’ en la piel de toro

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Durante la segunda mitad de los años 60, se produjouna enorme diferencia entre el modo de vida y la música norteamericanas y españolas. Mientras ellos mitificaban la atracción sexual, los bikinis, los coches deportivos y la libertad de vivir, en España se mantuvo una enorme represión sexual y política
Durante la segunda mitad de los años 60, se produjo una enorme diferencia entre el modo de vida y la música norteamericanas y españolas. Mientras ellos mitificaban la atracción sexual, los bikinis, los coches deportivos y la libertad de vivir, en España se mantuvo una enorme represión sexual y política

En la segunda mitad de la década de los sesenta podemos comprobar cómo la escena de la música pop-rock se afianzará en nuestro país y podremos ver cómo los nuevos estilos musicales se desarrollan en España casi con total sincronía con el resto de Europa. En relación a esto, es importante señalar la temprana aparición del movimiento hippie en España en el año 1967, que hace presencia de un modo tímido y “sui generis” dadas la especial situación sociopolítica española.

El desarrollo del movimiento hippie tendrá su reflejo en la producción musical de aquellos años. En la Península apareció un pop-rock que estilísticamente se ha etiquetado con el nombre de rock psicodélico. Rock psicodélico, música psicodélica o acid-rock serán términos que definen un subgénero de la música que nace en torno al año 1965 y se desarrolla durante la segunda mitad de la década de los sesenta.

Como algunas de sus características estilísticas principales Craig Morrison cita las siguientes: influencia de la música jazz e india en los solos instrumentales, introducción de instrumentos indios como el sitar o la tabla, empleo de la armonía modal, influencias de la música académica y, sobre todo, letras relacionadas con drogas como el LSD o temática contracultural. Estas características no resultan siempre satisfactorias, pero nos servirán para incluir en ella a grupos como The Byrds, Count Five, Jefferson Airplane, The Electric Prunes, Traffic, The Animals, The Small Faces, Nirvana, The Crazy World of Arthur Brown o Iron Butterfly. La inexactitud en la definición se ve en este caso aumentada porque, como explica Craig Morrison, es uno de los pocos subgéneros musicales cuyo nombre deriva de una sensación tan amplia y subjetiva como la causada por el consumo del LSD.

En el caso español nos vuelve a extrañar que la producción musical de la segunda mitad de la década de los sesenta haya sido en gran medida silenciada e ignorada. Redescubriendo la escena musical de estos años nos tenemos que hacer la misma pregunta que se plantea Pepe García Lloret en su libro Psicodelia, hippies y underground en España (1965-1980): ¿Pero es que en España también hubo psicodelia?. Al revisar esta producción musical vemos que, pese a la complicada situación sociopolítica, la escena musical se podía equiparar a la de la mayoría de países del resto de Europa.

La llegada de la psicodelia a España

García Lloret señala diferentes cauces por los que esta “moda psicodélica” pudo entrar en nuestras fronteras. En primer lugar, grupos de pop-rock extranjeros se afincan en España para desarrollar sus carreras; llegan los primeros hippies a las Islas Baleares; se produce la grabación de versiones de éxitos anglosajones en España y, posteriormente surgen una literatura y una prensa musical que empiezan a introducir la psicodelia y la ideología underground.

En cuanto a las bandas de pop-rock extranjeras que se afincan en nuestro país, García Lloret señala que en el año 1965 un grupo inglés como The Tomcats probó suerte dentro de nuestras fronteras; en la segunda mitad de esa década serán numerosas las formaciones que vendrán a España a desarrollar una carrera musical: grupos y artistas como Tony Ronald, Top-Show, Gly Johns, Darwin Teoría, Jackie Leven, Paul King, Kerouacs, Jess & James, The Spectrum, Judy Stephen, The Vampires, Evolution, Los Impala, Dave da Costa, The Mode o The Pipe por citar algunos, intentaron desarrollar una carrera artística en España, con mayor o menor acierto, sobre todo en Madrid, Cataluña, Andalucía y Mallorca. La mayoría venían de Inglaterra, Alemania, Holanda o de países latinoamericanos.

También es interesante señalar que, aunque España no tuvo festivales internacionales, ni un circuito de conciertos como en Gran Bretaña o EEUU, muchos de los artistas más importantes de pop-rock del momento visitaron nuestro país: The Beatles, The Shadows, The Kinks, The Animals o Jimi Hendrix vinieron a España a tocar en la década de los sesenta. Los músicos y el público españoles tuvieron la posibilidad de nutrirse de lo que pasaba en el resto del mundo, además de por los discos y la radio, por la relación directa con los músicos foráneos. Por otro lado, el hecho de que muchos grupos extranjeros intentaran desarrollar sus carreras en España es indicativo de que era factible prosperar haciendo pop-rock, puesto que existía un público y una escena musical interesada en consumir esta música.

Los turistas y, entre ellos, muchos hippies empiezan a descubrir un país que todavía no ha sido explotado por el turismo masivo e incorporan nuevas modas y gustos musicales. Como comenta Carmona Pascual el triángulo formado por las ciudades de Sevilla, Morón de la Frontera y Rota conformaron el primer caldo de cultivo del movimiento hippie español. Allí se encontró la contracultura americana (importada por militares de las bases andaluzas de EEUU, muchos de ellos con ideología hippie que acabaron desertando) con la subcultura flamenca.

El movimiento hippie se va introduciendo en nuestro país causando interés, admiración y curiosidad en algunos sectores de la sociedad, pero también incomprensión y rechazo en otros. Un ejemplo paradigmático de cómo a finales de los sesenta la imagen del hippie ya ha penetrado en el imaginario colectivo español, aunque con connotaciones negativas, es la producción de una película tan bizarra como “Una vez al año ser hippy no hace daño” (1969). Se trata de una película satírica, dirigida por Javier Aguirre y protagonizada por tres de los actores españoles más populares del momento: Tony Leblanc, Concha Velasco y Alfredo Landa. Aunque en la película se ridiculiza el nuevo movimiento contracultural a través de una estética un tanto kitsch, es indicativa de la relevancia social que había adquirido ese movimiento en España.

Otro cauce importante por el que la música pop-rock se daba a conocer en España fueron las versiones de canciones de grupos extranjeros llevadas a cabo por grupos nacionales. Las canciones de The Animals, The Rolling Stones, The Mama’s and the Papa’s, Procol Harum o Cream se difundían doblemente pues, al mismo tiempo que se realizaban las versiones, se editaban las canciones originales en discos de 45 rpm (singles y EPs).

La prensa musical, que se había desarrollado de un modo importante en la primera mitad de esta década, jugó un papel esencial en la difusión de este tipo de música. Las revistas Fonorama (hasta el año 1968) y Discóbolo (hasta 1971) seguían en activo; a ellas hay que sumar la aparición de Fans en 1965 y Disco Express, cuyo primer número se edita en octubre de 1968. Esta revista dedicó en 1969 una sección a la música “underground”. Otras revista que podemos citar son: Tele-Guía que, si bien originalmente fue pensada como una guía televisiva, al poco tiempo se centró en la música juvenil; y Disco Show, que funcionó como plataforma publicitaria para la industria discográfica.

Fotograma de "Ser hippy una vez al año no hace daño"
Fotograma de “Una vez al año ser hippy no hace daño”

Además de la prensa musical hay que destacar la aparición de una literatura relacionada con el movimiento contracultural. Por un lado encontramos que hay una temprana difusión de la obra de Theodore Roszak y Jerry Hopkins y por otro lado hay que tener en cuenta que el debate sobre el LSD es actual en España prácticamente desde su descubrimiento en la década de los cuarenta. Juan Carlos Usó explica como la Casa Sandoz comercializa a partir de 1947 como fármaco el LSD 25 con el nombre de Delysid. Ya en estos años existe un debate en España en torno a esta sustancia: en 1947 Álvaro Zugaga publica en la revista Farmacognosia un artículo sobre los métodos de valoración de los alcoloídes del cornezuelo de centeno, y el mismo Albert Hoffman ––que sintetizó el ácido lisérgico por primera vez en 1938 y descubrió sus efectos en 1943–– dio una conferencia en el CSIC en 1952.

Durante estos años el LSD era considerado un fármaco, pero a mediados de los sesenta cambia la percepción sobre esta sustancia y en 1966 el profesor Juan José López Ibor declaraba en una entrevista para Televisión Española, en torno al IV Congreso Mundial de Psiquiatría, la aparición de una nueva “toxicomanía ye-ye” que era gravemente peligrosa para los países occidentales. Aunque no todo fueron críticas negativas y existió diversidad de opiniones entre los científicos españoles. En 1967 Antonio Escohotado publica un artículo en torno al LSD en la Revista de occidente, donde se explican los posibles usos místicos del alucinógeno:

Para el que experimenta con alucinógenos, como para el místico o el esquizofrénico, la palabra solo “cubre” con una pobre etiqueta semántica una multiplicidad de ignorados sentidos. Bajo los efectos de la mescalina o el LSD, las cosas dejan de ser tales cosas en el modo de “instrumentos” o “útiles”, se resisten a toda conceptualización que inhiba su profundo significado inmanente.

Lloret señala que no sólo será importante la recepción de autores extranjeros que estudiaron y divulgaron el movimiento hippie, sino que incluso aparecerán textos escritos en España en torno a esta temática. Entre ellos destaca la obra de Pablo Launtielma La venganza del Eros: hippies y fans, que se publica en 1969 y que será coetánea de la obra de Roszak, los estudios de Carlos Gil Muñoz, Estudio de los hippies a su paso por Formentera, y de Guillermo Díaz Plaja, Los paraísos perdidos, ambos publicados en 1970. También es importante destacar la figura de Luis Racionero que, aunque fue criticado por “snob” por personajes como Pau Malvido, tendrá influencia en la escena española ya que vivió en primera persona el movimiento hippie en California durante los años 1969 y 1970. Luis Racionero publicó una década más tarde un libro de gran difusión en nuestro país en relación a este tema titulado Filosofías del underground. Estos textos confirman la actualidad conque, pese a todo, se trataban estos temas en España.

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Píldoras ‘freak’ con denominación de origen

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Los Salvajes fueron una de las bandas españoles con mayor actitud 'freak' durante la década de los 60 del pasado siglo
Los Salvajes fueron una de las bandas españolas con mayor actitud ‘freak’ durante la década de los 60 del pasado siglo

Del mismo modo que gente como Bruce Springsteen cuenta en la película ‘Hall, Hail, Rock’n’Roll’ que conoció a Chuck Berry a través de The Rolling Stones, hay muchos en España que deberían reconocer que conocieron a éstos, y a Spencer Davis Group (‘Corre, corre’) y Steppenwolf (‘Nacido para ser salvaje’), entre otros, gracias a Los Salvajes y sus versiones de ‘Satisfacción’, ‘La neurastenia’ (’19th Nervous Breakdown’), ‘Todo negro’ (‘Paint it black’) y ‘Juping Jack Flash’.

Como en el caso de Los Mustang, las versiones eran recreaciones de las canciones originales, ya que mientras Mick Jagger declara estar insatisfecho por la publicidad de la radio que interrumpe el programa que está escuchando, nada de esto produce insatisfacción a Los Salvajes, pero su sonido sí que conseguía ser tan duro, caótico, sucio y fuerte como el original, y como requería una canción sobre la falta de satisfacción juvenil.

Los Salvajes se convirtieron en profesionales y decidieron adoptar el estilo stone mientras se hallaban de viaje/gira semiprofesional por Alemania. Además, se convirtieron en los primeros heavies españoles, mucho antes de que a nadie se le ocurriera definirse así, pero grupos como Barón Rojo. Obús, Leño, etc., algo deben a Los Salvajes, con adaptaciones de The Troggs: ‘No puedo controlarme’ (‘I can’t control myself’) y ‘Una chica como tú’ (‘With a girl like you’).

El grupo estaba formado por Gabriel Alegret (cantante), Sebastián Sosoedra (bajo), Andrés González “Andy” (guitarra solista), Francisco Miralles (guitarra rítmica) y Delfín (batería).

Algunas de sus canciones (‘Mi bigote’, ‘Soy así’, ‘Es la edad’) eran autobiográficas y se convertían en himnos generacionales, al estilo de ‘Mi generación’ de The Who, otra canción que hicieron suya. Sin embargo, aunque estaban en la cima de su éxito, la fiebre de la psicodelia acabó con ellos, y aunque se vistieron camisas de flores para confundirse con ella, finalmente se dieron cuenta de que aquello no era lo suyo y lo dejaron correr.

Fue una lástima porque por muy poco no consiguieron conectar con Led Zeppelin, otro grupo que sí estaba en su onda y que no tiene versión española.

En la década de los ochenta regresaron, con unos kilos de más, al igual que sus antiguos admiradores, y siguieron fieles al mismo repertorio y público, porque su imagen les impedía ganarse a las nuevas generaciones de roqueros. En esta época Los Salvajes eran Frank Bellver (guitarra), Enrique CuquereIla (batería), Alfonso G. Parraga (batería) y Gaby Alegret (voz), y su cuartel general estaba en el Pub Forma’s.

En esta ocasión tuvieron la mala fortuna de grabar sus discos (‘Rockero prematuro’, 1982) en Belter, la compañía que tuvo que cerrar y malvender sus fondos discográficos. Otras versiones de Los Salvajes dignas de mención son: ‘Dame lo que tienes’ (‘Give me some loving’), ‘Dinero’ (‘Money’), ‘Cosa salvaje’ (‘Wild thing’), ‘Que alguien me ayude’ (‘Somebody help me’) y sus populares versiones de The Kinks: ‘Me has cazado’ (‘You really got me’) y ‘Lola, Lola’.

De la dispersión surgió el movimiento

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El conjunto Música Dispersa, compuesto por Jaume Sisa, Albert Bstiste, José Manuel Brano "Cachas" y Selene
El conjunto Música Dispersa, compuesto por Jaume Sisa, Albert Bstiste, José Manuel Brano “Cachas” y Selene

Fue el más extraño de los grupos underground aparcidos en Barcelona alrededor de 1970. Estaba compuesto por Jaume Sisa (guitarra, percusión, voz), José Mª Bravo, eI «Cachas» (mandolina, guitarra, flauta, voz), Albert Batiste (bajo, armónica, órgano, batería, voz) y Selene (piano, bongos, flauta, voz). Editaron un elepé, ‘Música dispersa’, participaron en el Festival Permanente de Música Underground del Salón Iris y en algún que otro bolo, acompañaron a Pau Riba en la grabación de ‘Dioptría 2’ y desaparecieron. ¿Quiénes eran y de dónde habían salido? ¿Adonde fueron?

Jaume Sisa provenía del Grup de Folk, habia grabado un single, ‘L’home dibuixat/orgia nº1’, y estaba preparando el elepé ‘Orgia’ al margen de las compañías discográficas, que no le hacían ningún caso. Albert Batiste había hecho folk-rock con su grupo Els Tres Tambors y en solitario (‘La llarga processó’), y era músico de acompañamiento habitual para sus colegas del Grup de Folk, al tiempo que estudiaba la carrera de arquitecto. Cachas era un tipo raro, un madrileño que provenía del grupo La Trágala (en el que también estaban Elisa Serna e Hilario Camacho) caído entre catalanistas progresistas; larga melena rubia y abrigo de piel, y una imaginación riquísima. Selene era una voz maravillosa y exotica que buscaba su camino en el mundo musical catalán.

Sisa, Albert Batiste y el Cachas editaron, junto a Pau Riba, un elepé en el que cada uno era protagonista de una canción y los otros le acompañaban. No existía aún la idea de grupo, pero sí el embrión, y de ese embrión nació la propuesta más extravagante en el underground musical: Música Dispersa.

No hicieron canciones en el sentido habitual, lo suyo eran composiciones sin letra en las que la voz era utilizada como un instrumento más, que producía sonidos pero no palabras. Una mezcla de música concreta y de ensoñación hippie, que produjo extrañas sensaciones en los que no estaban en la onda. Acostumbrados al progresismo electrificado de Máquina!, Agua de Regaliz, Smash, Vértice y el resto del movimiento underground, el público no podia comprender, ni en muchos casos oír, esa acustica Música Dispersa… y tan dispersa.

Sin embargo, lo que terminó con el grupo no fue la falta de aceptación, sino, como en tantos otros casos, la partida de uno de ellos al servicio militar, en este caso la del Cachas, que era el líder del grupo; y aunque se intentó su sustitución (Angel Oriza) la cosa no resultó. Después del servicio militar, y tras un tiempo de relativo vagabundeo, el Cachas se instaló en Menorca para vivir apaciblemente dedicado a la carpintería y otras labores manuales. Selene se casó y marchó a Valencia. Sisa y Albert Batiste prosiguieron sus carreras musicales donde las habían dejado, como si Música Dispersa hubiera sido sólo un paréntesis vacacional y nunca hubiera existido.

Ciertamente, sin predecesores ni sucesores, si no fuera por el disco que dejaron tras de ellos nadie creería que fueron algo más que una alucinación. Un disco tan sorprendente e inusual que cuesta comprender cómo les era tan difícil editar sus discos y pudieron hacer este ‘Música dispersa’ con esas extrañas canciones: ‘Hanillo’, ‘Cromo’, ‘Swami’, ‘Cilda’, ‘Rabel’, ‘Eco’, ‘Cefalea’, ‘Arcano’, ‘Fluido’, ‘Cítara’. Misteriosos caminos del rock.

Máquina en la locomotora progresiva

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Primera formación de Máquina: Jackie, Jordi Batiste, Luigi Cabanach y Enric Herrera
Primera formación de Máquina!: Jackie, Jordi Batiste, Luigi Cabanach y Enric Herrera

Cuando la música fue progresiva, e incluso Los Brincos fueron underground (en el Festival Permanente de Música Underground del Salón Iris, organizado en 1969 por Oriol Regás, gran promotor barcelonés), Máquina!, que había puesto la primera piedra de la música progresiva española con ‘Let’s get smashed’ (en el single traducían este título como ‘Vamos a tomar cerveza’) y ‘Land of perfection’, se proclamaba el auténtico grupo underground. Máquina! consiguió editar dos elepés que quedan como testimonio de la época, ‘Why?’ (1970), y ‘Máquina! en directo’ (1972).

Máquina! estaba formado por un grupo de músicos que desde el Grup de Folk hasta Aula de Música han participado en la mayoría de las aventuras musicales barcelonesas: Jordi Batiste (voz y bajo), Enric Herrera (órgano), Luigi Cabanach (guitarra), José María París (guitarra) y José Mª Vilaseca «Tapióles» o «Tapi» (batería) eran los miembros de Máquina! en el primer elepé, ‘Why’. En cambio, para ‘Maquina! en directo’, el grupo estaba formado por Jordi Batiste (voz), Enric Herrera (órgano), Caries Benavent (bajo), Emili Baleriola (guitarra), Hubert Grillberger (trompeta y voz), Peter Rohr (saxo) y Salvador Font (batería). Aquello ya iba camino de convertirse en una macrobanda al estilo de Chicago o Blood Sweat & Tears.

Sin embargo, Máquina! era más un lugar donde tocar que un grupo en el sentido clásico. Podría decirse que Máquina! era una marca y no importaba mucho quién tocara en aquel momento, porque lo importante era la música que se hacía con ese nombre. Así, mientras existía Máquina! y mientras seguían en el grupo, Enric Herrera y Jordi Batiste, que podrían considerarse como los dos líderes del invento, grabaron con otros grupos creados por ellos mismos para hacer también música progresiva y underground. Enric Herrera grabó y actuó con un grupo propio: Estratagema, mientras Jordi Batiste lo hacía con Vértice.

«Tapi» se desmarcó de Máquina! y formó su propio grupo progresivo: Tapiman. En Máquina! estuvieron los mejores músicos de estudio de Barcelona que por unas horas pudieron alejarse de sus acordes de alquiler y pudieron tocar libremente. En muchos casos, más que música progresiva tipo Soft Machine, hicieron jazz fussion en interminables jam sessions como la que grabaron en ‘Why?’, su primer elepé: ‘Why’, que ocupaba casi doce minutos en la primera cara y casi trece en la segunda. Sobre ella declararon (en la carátula): «Los auriculares me apretaban mucho, luego no sé…» (Luigi) y «Por primera vez disfruté entre panales… de rica miel» J. M. París).

Junto a esta larga composición, firmada por Máquina!, en la cara A se encontraba ‘I believe’ de J. M. París y, en la B, ‘Let me be born’ de Batiste. Sólo tres composiciones en todo el disco. Aquella sí era música progresiva y underground, porque ¿qué emisora de radio iba a programar una «canción» de 25 minutos? Sin embargo, la portada, un oxidado reloj de bolsillo metido en un croissant, ya avisaba que el contenido del disco no eran «los 40 principales» ni la recopilación de las canciones del verano, ni tampoco las canciones triunfadoras en las últimas ediciones del Festival de Benidorm. El disco era progresismo musical y underground a tope.

Pero, ¿qué eran el progresismo y el underground? El underground es fácil de entender: era no salir por TVE, no ser programado por las emisoras de radio, no participar en la vida musical oficial del país. Actuar en pequeños locales, con poca gente (pero mucho pelo) y no tocar la canción del verano, cosa impensable en cualquier orquestina o conjunto que quisiera ser contratado por la Comisión de Fiestas para tocar en el Gran Baile de la Fiesta Mayor (éste era el triste destino de la mayoría de músicos, independientemente de sus cualidades o deseos: del underground no se vive).

En la contraportada del disco antológico ‘Música progresiva española vol.1’ (1971), Enric Herrera cuenta lo que era la música progresiva y lo dura que era la vida entonces. Transcripción de la contraportada: «En agosto del 69 salió a la luz pública el primer disco de nuestro grupo MÁQUINA! y en setiembre nos íbamos a Madrid (por aquello del centralismo). Allí empezamos a entrar en ambiente: radio, entrevistas, etc. “¿Qué opináis de la música progresiva? ¿Cuál es el propósito de esta música? ¿Hacéis música underground? ¿Creéis que en España…?”. Actuamos en un club: nos echaron. En otro, también. Al fin, en un cuarto club nos quedamos cuatro o cinco días: “¿No tocáis aquella de los…? ¡Tocad más flojo!”: nos ecnaron igualmente. Cuando regresábamos (unos en la furgoneta entre los bafles, yo tuve que quedarme como rehén (no secuestro), en la pensión esperando un giro), allí comprendimos que “aquello” no tenía nada que ver con nosotros y empezamos a sospechar que sí, que hacíamos música progresiva.

Creo que la música progresiva española nació hace mucho tiempo, allí en la época de los godos o los visigodos, cuando, en un guateque, hubo un músico al que se le ocurrió tocar una melodía que él, en su casa y con toda la ilusión del mundo, había preparado cuidadosamente. No pudo acabar: una pata de cordero asado y a medio comer le pasó rozando la cabeza: “¡Toca algo más divertido o te cuelgo de los pies!”. Aquél fue el primer músico progresivo (frustrado, claro); pero su intento no fue en vano. También fue el primero en cobrar por esta música: los restos de la pata de cordero.

Música progresiva podría ser algo así como en la literatura lo que haría un escritor al que le dejaran escribir lo que quisiera. Para muchos esto significaba repetir las fórmulas de William Burroughs una y otra vez sin ninguna gracia ni inspiración. Muchas veces la música que uno hace en casa en un momento de inspiración está muy bien en aquel momento, pero no en cualquier momento y lugar. En la música progresiva hubo mucha autocomplacencia y poca exigencia musical. Como poca exigencia literaria muestra el texto de Enric Herrera. Por suerte para él, mejor músico que escritor, se dedicó a la música y no a la literatura. Aplicación de zapatero a tus zapatos en un ejemplo que no es seguido por quien debiera.

El disco ‘Música progresiva española vol.1’ constituye hoy día un auténtico Who’s Who de la música progresiva española. En el disco Máquina! interpretan dos canciones: ‘Thank you’ de L. Cabanach y su éxito ‘Let’s get smashed’ de E. Herrera. Junto a ellos aparecen Estratagema con ‘Harry up’, Jordi Sabatés & Om (Om es el grupo de Toti Soler que acompañó a Pau Riba en el ‘Dioptría I’ y en el ‘Electric Tóxic Claxon So’) con ‘Another me, another you’, Nuevos Tiempos con ‘Sitting in my old way of home’, Sisa con ‘Cap a la roda’ de su desconocido e ignorado primer elepé ‘Orgia’, Gualberto (todavía a veces en Smash) con ‘Scouting’, Vértice con ‘You’re not real’, Música Dispersa (el grupo de Cachas, Selene, Sisa y Albert Batiste, hermano de Jordi Batiste) con ‘Hanillo’, Mane-Gong con ‘Love me baby’ y Agua de Regaliz (que también se llamó Pan y Regaliz, y Agua y Regaliz) con ‘Waiting in the monsters of garden’. Seguramente otros no aparecen por pertenecer a escuderías discográficas distintas y existir problemas de royalties. Sin embargo, ninguno de los del disco está de relleno.

Jordi Batiste provenía de un grupo, Els Tres Tambors, que hacía folk electrificado al estilo de The Byrds. En su primer disco adaptaban los ‘Tombstone blues’ de Bob Dylan como ‘Romanco del fill de vídua’. Antes de Máquina! participó, como Enric Herrera, en las grabaciones de los miembros del Grup de Folk como músicos de acompañamiento (J. Batiste al bajo y E. Herrera al órgano). Después de Máquina! formó con su cuñado la (Moto) Clúa el dúo vocal Ia & Batiste y se hizo vocalista de orquesta con su propio nombre y como Rocky Muntañola. En unas declaraciones sobre Máquina! recogidas por Jesús Ordovás en su libro Historia de la música pop española explica los dos focos bajo los que se movía la Máquina!: «En un comienzo estábamos totalmente inspirados por Julie Driscoll y Brian Auger, aunque también nos gustaba la improvisación y hacer una nueva forma de show escénico para enrollar a la gente. Enric era el músico y yo el del enrolle. Por supuesto que a mí me parecía demasiado rígido el concepto que tenía él de lo que debía ser un grupo en 1969, y naturalmente él opinaba que lo que yo hacía desvirtuaba nuestra calidad musical. A pesar de todo eran diferencias que sabíamos dominar porque en el grupo había libertad total.

Foto promocional de 1969
Foto promocional de 1969

Si Máquina! hubiera durado muchos años es casi seguro que se habrían acusado, pero al marcharme yo al servicio militar al año de comenzar, no hubo tiempo para ninguna complicación. Entró José María París y entonces sí, la idea musical fue ya la única que prevaleció, porque París era un tío serio como Herrera. La gente siguió disfrutando, pero en mi opinión ya no existía trempera sana… «Máquina! alcanzó la mitificación, sí, esto está claro y es una lógica histórica al mismo tiempo: estaba todo, absolutamente todo. Lo teníamos todo para que pasara algo y ese algo pasó con nosotros porque fuimos los primeros, lo cual también es una cosa de lógica. Hubo un tiempo en el que la gente quería cosas como las que oía fuera. Por ejemplo, todo eso de los happenings que se montaban los americanos, o los “shows psicodélicos” de los ingleses. La gente quería “enrollarse” y Máquina! le dio el motivo con una música hecha aquí que sonaba bien. Hubo una ilusión tremenda y hoy mismo estoy convencido de que fue algo muy grande, y me siento orgulloso de haber estado en primera fila como miembro de Máquina!. La misma gente se dio cuenta de que aquello la movía y les identificaba. Creo que éramos un montón de tíos sanos…»

La decadencia de Máquina! vino cuando se metió demasiada música en su contexto y se olvidaron la trempera y el “enrolle” visual. Hubo gente que siguió fiel y gente que se alejó. Después, al desaparecer Máquina!, coincidió todo y el bajón fue total. Yo pienso que fue falta de tacto en torno a la música que se había creado. Todo el mundo se apuntó al underground y la idea se dervirtuó por completo, es decir, se quemó. Pero naturalmente, no sólo fue eso, sino un verdadero montón de cosas, como la falta de potencia de Els 4 Vents (la compañía discográfica), la inestabilidad de los grupos, por culpa de que a cada momento se iba alguien al servicio militar…» Y eso fue Máquina!.

El rockero que hizo pop

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Shannon, mucho más que un hit imperecedero
Shannon, mucho más que un hit imperecedero

“No sé bien cuándo empecé, pero recuerdo que siempre escuchaba la radio. Pasaba horas y horas escuchando las canciones de Webb Pierce, Hank Williams y Roy Rogers. Así fue como aprendí a tocar la guitarra y a cantar”. Son palabras de Del Shannon, uno de los personajes más tímidos de la escena rock americana de los años sesenta. Valiente, simpático, cantante inmejorable, refinado músico, Shannon vivió algunos momentos de popularidad a pesar de no poseer cualidades extraordinarias. Su celebridad está ligada a algunas canciones, sobre todo ‘Runaway’, y a un constante y atento trabajo de artesanía. Muchas de sus intuiciones fueron ampliadas posteriormente por otros músicos.

Su verdadero nombre es Charles Westover. Shannon nació el 31 de diciembre de 1939 en Grand Rapid, Michigan. Su adolescencia fue tranquila: tocaba en algunos grupos de novatos y en la escuela era un alumno discreto. Después, tras el diploma, fue reclutado y enviado a Alemania. En el ejército tuvo la posibilidad de hacerse notar por sus cualidades artísticas y participó en el programa televisivo para las fuerzas armadas “Get up and go”. Cuando lo licenciaron, en 1959, Shannon regresó a Estados Unidos. Durante el día trabajaba como vendedor y por las noches frecuentaba locales nocturnos, tocando un poco todos los géneros. Durante una sesión de prueba en el club Hi-Lo, el disc-jockey Olley McLaughlin, de la emisora WHRV de Ann Arbor, se fijó en él.

McLaughlin grabó una cinta con ‘l’ll always love you’ y ‘The search’, dos temas que más tarde aparecieron en el primer álbum de Shannon. Esta cinta fue escuchada por Harry Ball e Irving Michanik, dos productores de espectáculos en busca de nuevos talentos. Su impresión fue positiva y Shannon fue llamado a Nueva York para grabar estas canciones: pero los arreglos previstos incluían también una masiva utilización de instrumentos de cuerda que habría desnaturalizado su sentido, y Shannon se negó a seguir adelante con el proyecto. El éxito era inminente. Una tarde, mientras tocaba la guitarra, Shannon compuso las notas de la que se transformaría en su canción-símbolo: ‘Runaway’.

Esta vez, en el estudio de grabación, todo marchó sobre ruedas y la canción alcanzó el primer puesto. Naturalmente, el éxito de la bellísima ‘Runaway’ le abrió muchas puertas, y Del Shannon empezó a actuar en los escenarios más importantes del país. El período mágico continuó, con el triunfo de nuevas canciones, como ‘Hats off to Larry’, que repetía las coordenadas artísticas de Shannon: una gran cobertura de guitarras, los teclados y la voz de falsete. Le siguieron ‘So long baby’, ‘Hey Little girl’ y ‘Ginny in the mirror’, grabada esta última para la película ‘It’s trad, dad!’ (1962), de Richard Lester. En 1963, Del Shannon realizó su primera gira de conciertos en Gran Bretaña; gracias a estos espectáculos, la canción ‘Little town flirt’ se convirtió en un éxito en esta orilla del Atlántico.

Durante esta gira, Shannon se dio cuenta de la calidad de los artistas británicos, sobre todo de The Beatles. Shannon realizó una versión muy original de ‘From me to you’, convirtiéndose así en el primer estadounidense que reconocía el valor de los futuros ídolos, al grabar una de sus canciones. Durante el mismo año, Shannon fundó su propia compañía discográfica, la BerLee Records, en la cual publicó un nuevo éxito en el mes de octubre: ‘She’s gotta be mine’. Se trataba, de todos modos, de un período de transición, ya que poco después Shannon firmó un contrato, mejor remunerado, con Amy. Les llegó entonces el turno a canciones como ‘Handy man’ y ‘Do you wanna dance’, publicada varios meses antes que la versión, más famosa, de The Beach Boys.

En enero de 1965 salió su último disco millonario, ‘Stranger in town’, que cerraba brillantemente la primera etapa de la carrera de Shannon. En la segunda mitad de los años sesenta Shannon decidió reservarse una posición más resguardada, trabajando como autor y productor. Así, en 1967 se encontró con el antiguo productor de The Rolling Stones, Andrew Loog Oldham, con quien se embarcó en un ambicioso proyecto de álbum orquestal, con talentos como P. P. Arnold, Nicky Hopkins y Madeline Bell. Pero el disco no llegó a publicarse nunca. Shannon prosiguió su trabajo entre bastidores, con la producción de material para el cantante Brian Hyland y, posteriormente, para la cantante Timi Yuro.

En 1972 conoció a Jeff Lynne, líder de la Electric Light Orchestra, y grabó con él diversos materiales para un anunciado regreso que, no obstante, no tuvo resultados positivos. Entre tanto siguió ofreciendo conciertos en Gran Bretaña y, sobre todo, en Australia. Durante estos desplazamientos Shannon conoció a Tom Petty; entre ambos surgió una colaboración que llevó a la realización, en 1981, del álbum ‘Drop down and get me’, que comprende nuevas canciones de Shannon y “covers” de éxitos ajenos, como ‘Out of time’, de los Stones, ‘Sea of love’, de Phil Phillips, y ‘Maybe tomorrow’, de The Everly Brothers. Éste fue el último trabajo de una cierta importancia para un músico honesto y coherente consigo mismo; un guitarrista de valor apreciable y un experimentador de primer orden en el mundo del rock.

The Band, raíces y honestidad

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Canadienses de origen, The Band supieron demostrar en sus canciones toda la música de raíz americana, el country, el blues, y el rock and roll
Canadienses de origen, The Band supieron demostrar en sus canciones toda la música de raíz americana, el country, el blues, y el rock and roll

Cuando a principios de los años sesenta Ronnie Hawkins Ilega a Toronto, Canadá, está firmemente decidido a bajar a Elvis Presley del trono del rey del rock’n’roll. No lo consigue, a causa de su desmedida pasión por el whisky, pero tiene la suerte de topar con Robbie Robertson, un joven guitarrista competidor de Lonnie Mack y de James Burton, el legendario “apoyo” de Ricky Nelson, quien reúne a un grupo de amigos canadienses y excelentes instrumentistas como eran el pianista Richard Manuel, el teclista Garth Hudson, el bajista Rick Danko, procedentes de grupos desconocidos como The Robots y Paul London & The Trombones. El batería del grupo Arkansas, Levon Helm, completó el grupo que fue bautizado como Ronnie Hawkins & The Hawks.

El repertorio de las primeras giras está constituido por rockabilly y Rhythm and blues, mezcla que contribuye a crear en torno al grupo una sólida reputación en los clubes y en las salas de baile del Canadá y de los Estados Unidos. El grupo, sin embargo, graba muy poco con Hawkins: durante una de estas grabaciones, exactamente ‘Mojo man’ (1964), Levon Helm toma el micrófono para entonar un clásico del rock’n’roll, demostrando al resto de los componentes que es el momento oportuno para separarse del cantante y continuar por si solos. La formación adopta en primer lugar el nombre de The Canadians y despues el de Levon & The Hawks. Graban algunos singles para pequeñas compañías independientes, y, mas tarde, acompañan en tres discos al cantante John Hammond Jr. (hijo del gran John Hammond). Helm daba voz a la nueva imagen del grupo: batería de gran impacto, era un cantante con voz modulada e inconfundible, y, sin escribir canciones, llega a convertirse en el líder del grupo, sostenido vocalmente por Rick Danko y Richard Manuel. El largo camino les estaba transformando en instrumentistas de gran valía de tal modo que podían cambiarse los instrumentos en cualquier momento.

De 1965 es una colaboración del grupo con el cantante de blues Sonny Boy Williamson, interrumpida violentamente por la imprevista muerte del cantante; a continuación Levon & The Hawks, ya muy populares en la Costa Este, fueron contratados por Bob Dylan (aconsejado por Hammond) que estaba preparando su gira mundial de 1966. Dylan comprendió que ese era el grupo que le servia para completar sin problemas su dificil transición del folk al rock. La primera grabación que llevan a cabo juntos es el single ‘Can you please crawl out of your window’. Despues, Robertson participará en la grabación de ‘Blonde on blonde’ y The Hawks se uniran a Bob en la controvertida gira electrica de 1965/1966.

Por aquella epoca, Levon Helm, perdido el liderazgo del grupo, abandona temporalmente la formación, siendo sustituido por Mickey Jones. Aunque el público estaba desconcertado por la transformación de Dylan, por lo que no siempre tenia una buena acogida, The Hawks eran protagonistas de un fenómeno único en el mundo del pop. El fin de la gira les permite preguntarse qué es lo que quieren hacer exactamente, en la misma época del famoso accidente de moto que tuvo Dylan.

Al contrario de la mayoría de grupos de la escena musical americana de aquella época, The Hawks, nombre que nunca figuró en los carteles de la gira, no estaban politizados, ni se hallaban ligados a grupos de protesta; sin duda el ser canadienses les hacía indiferentes al envoltorio político que otros utilizaban de manera oportunista.

Más tarde decidieron retirarse a una granja cerca de Woodstock, llamada Big Pink, para reflexionar después de haber pasado seis años en la carretera. Garth Hudson declaró: “El ser capaces de cortar leña, de hacer las cosas de la casa y vivir esas sencillas experiencias eran parte de un estilo de vida que nos gustaba. Comprendimos que musicalmente podíamos crear cosas interesantes sin la compañía de otros artistas”.

Los miembros de The Band ya de adolescentes estaban fascinados por el sur profundo del país vecino, un mundo de sonidos febriles que entraba en sus casas gracias a las mágicas emisoras de radio de aquella época
Los miembros de The Band ya de adolescentes estaban fascinados por el sur profundo del país vecino, un mundo de sonidos febriles que entraba en sus casas gracias a las mágicas emisoras de radio de aquella época

Asumido definitivamente el sencillo nombre de The Band —que era el que aparecía en los carteles de la gira de Dylan— el grupo se pone a trabajar. El resultado de su etapa en Woodstock es el disco ‘Music from Big Pink’, publicado en 1968 y considerado por muchos como uno de los mejores discos de la historia del rock. Tambien graban con Dylan las canciones que veran la luz en 1975, en el doble álbum titulado ‘The basement tapes’. ‘Music from Big Pink’ obtiene un éxito inmediato, gracias a la popularidad conseguida por The Band como grupo de Bob Dylan, también creador de Ia portada del disco. La crítica americana define la música de The Band como ‘white soul’, ‘soul blanco’, y el periodista Greil Marcus escribe en su libro Mistery train: “The Band representa una continuidad de las generaciones; en contra de las tendencias de los sesenta, ellos innovaban Ia tradición pero también querían perdurar; en contra de Ia música pop Ilevada a cabo de modo efímero, se aprovecharon de su posición, pues era un grupo con años de rodaje a, sus espaldas, un grupo que quería durar”.

Además, Robertson explica: “Quiero escribir sobre cosas con las que puedo estar directamente relacionado: me puedo proyectar mejor en los campesinos que se unieron en sindicatos durante Ia Depresión que en el que va a San Francisco para ponerse flores en el pelo”. Todas las canciones de ‘Big Pink’, tanto las escritas por Robertson solo como las realizadas en colaboración con Dylan, Danko y Manuel, evocan esta América perdida y el deseo de recuperarla; ‘Tears of rage’, ‘To kingdom come’, ‘We can talk about it now’, ‘The weight’, ‘Chestfever’ son inspirados retratos de la América rural, de la soledad y la desesperación que nacieron a causa de las emigraciones; forman una gran metáfora de una América ideal propuesta como un nuevo “mito de la frontera”. Los arreglos musicales de estas canciones incluían una gran variedad de instrumentos, consiguiendo una grandeza interpretativa jamás vista, en un fecundo conflicto entre lo acústico y lo eléctrico, con intervenciones de órgano, piano y violín de una forma muy original e inédita.

En 1969, terminado el trabajo en colaboración con Dylan, The Band publica un segundo álbum, ‘The Band’, que confirma Ia fuerza y la madurez conseguida por el grupo, sobre todo gracias a las composiciones de Robertson. Desde la balada sobre la guerra civil, ‘The night they drove Old Dixie down’, hasta el seco humor de ‘Up on Cripple Creek’, todas las canciones están escritas desde el punto de vista de las clases populares y de la gente simple; son pequeñas joyas musicales adornadas con fantasiosos arreglos. Este álbum es la consagración de The Band como una de las mas grandes realidades del rock, aunque al tratar aspectos típicamente americanos ponga un cierto limite a su exportación.

Del año siguiente es el álbum experimental ‘Stage fright’, escrito y grabado en dos semanas de conciertos en directo – aunque sin público – en el Teatro de VVoodstock. Este LP, al igual que ‘Cahoots’ (1971), no tiene el mismo éxito que los primeros álbumes, anticipando los desiguales éxitos de The Band en los años setenta.

El doble en directo ‘Rock of ages’, grabado la noche del 31 de diciembre de 1971 en la Academia de Música de New York, es un extraordinario reflejo de la historia y de las vicisitudes de The Band; y el sexto LP, ‘Moondog matinee’, es un homenaje a los clásicos del rock’n’roll.

Un nuevo brote de popularidad tendrá lugar gracias a su participación en otra gira de Bob Dylan, la del histórico doble álbum en directo ‘Before the flood’, justamente atribuido a Bob Dylan/The Band, ya que el grupo interviene tanto que llega a invadir las grabaciones con su típico sonido. Pero en 1975 el álbum ‘Northern lights/ Southern cross’ recibe una indiferente acogida por parte de la critica y del público, y tras dieciséis años The Band empieza a pensar en una separación. El día de Acción de Gracias de 1976 el legendario Winterland de San Francisco está rebosante de un público entusiasmado, consciente de que va a ser algo memorable. Bill Graham ofrece a todos pavo y pan ácimo, creando una atmósfera casi religiosa.

Cuando se alza el telón, los quinientos fans ven por última vez tocar juntos a The Band, mientras la cámara de Martin Scorsese lo filma todo. ‘The last waltz (El Ultimo vals)’, triple álbum y película, documenta una memorable noche en la historia del rock. En el escenario, junto a The Band, se alternaron personalidades que habían colaborado con el grupo durante su larga carrera: Ronnie Hawkins, Neil Young, Joni Mitchell, Dr. John, Van Morrison, Muddy Waters y -por supuesto- Bob Dylan. El disco fue publicado en 1978.

Tras publicar el album ‘Island’ en 1977, el adiós fue ya definitivo y cada uno siguió su propio camino. Todos los miembros de The Band continuaron carreras en algún grado relacionadas con la música, aunque fue Robertson quien se consagró con la trayectoria más exitosa. Él se convirtió en productor musical y escribió bandas sonoras (trabajando como asistente musical para varias películas de Scorsese) antes de su alabado regreso con disco solista, llamado ‘Robbie Robertson’, producido por Daniel Lanois y con la compañía de U2 en dos canciones.

Helm recibió buenas críticas por su debut en la película ‘Coal Miner’s Daughter’, biografía de la cantante de country Loretta Lynn, y por su narración y papel secundario junto a Sam Shepard en ‘The Right Stuff’ (1983).

Garth Hudson, con su habilidad para múltiples instrumentos, ha lanzado dos aclamados discos solistas: ‘The Sea To The North’, en 2001, y “Live at the Wolf” en 2005, ambos con su esposa Maud como vocalista, y también se ha mantenido ocupado como un solicitado músico de estudio. Los demás miembros han intercalado sesiones musicales con ocasionales discos solistas.

En 1983, The Band se reunió y volvió a las giras, aunque sin Robertson. Algunos seguidores y críticos han sugerido que se debió a disputas. Robertson, en cambio, ha dicho que tal respuesta era exagerada, y que les desea a sus antiguos compañeros la mejor de las suertes. Varios músicos fueron reclutados para reemplazar a Robertson y completar el grupo.

The Band, un conjunto de raíces que vivió en la honestidad
The Band, un conjunto de raíces que vivió en la honestidad

Mientras The Band continuaba la gira, el 4 de marzo de 1986, Richard Manuel se suicidó en su habitación de hotel en Florida, Estados Unidos. Luego se supo que sufrió durante muchos años de un alcoholismo crónico. Según la autobiografía de Helm, en las últimas etapas de su enfermedad, Manuel tomaba ocho botellas de licor Grand Marnier diarias.

El 16 de octubre de 1992, los miembros sobrevivientes de The Band participaron en el concierto homenaje a Bob Dylan celebrado en el Madison Square Garden (New York City), interpretando “When I Paint My Masterpiece”, que más tarde (1993) se publicó en el disco “The 30th Anniversary Concert Celebration” del artista de Minnesota.

En 1993, The Band grabó el disco ‘Jericho’, en el que la mayoría de las composiciones fueron hechas por otros. En este mismo año, los componentes de The Band participaron el masivo concierto del ex-Pink Floyd, Roger Waters, de “The Wall” en Berlín.

El 10 de diciembre de 1999, The Band perdió a otro integrante, Rick Danko, quien murió a los 56 años, mientras dormía.

Los huecos caleidoscópicos del pop

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Nacha Pop en Las Matas (Madrid) en 1982, en una imagen de reminiscencias 'sixties'
Nacha Pop en Las Matas (Madrid) en 1982, en una imagen de reminiscencias ‘sixties’

‘No, no me olvido. Nacha Pop’, publicado por el sello leonés Ediciones Chelsea, que dirige el músico Alex Cooper, ha hecho realidad el sueño de los seguidores del grupo fundado en 1978 por Antonio Vega y su primo Nacho García Vega con un libro que resume en imágenes la historia de esta banda de la movida madrileña.

Un libro que ha sido posible gracias a la fotógrafa Sandra Bensadón y a la amistad que mantuvo desde los tiempos del colegio con parte de los miembros del grupo, sobre todo con Nacho García Vega, cuando compartió clase con varios de ellos en el Liceo Francés de Madrid.

Bensadón ha recordado en una entrevista con Efe como tras finalizar las clases ella y algunos amigos acudían a los primeros ensayos de Nacha Pop en un sótano de una vivienda de la calle Serrano.

“Un día se me ocurrió coger la cámara de mi hermano y empecé a hacerles fotos allá por 1977, una costumbre que continúe durante años y que retomé en 2007 aprovechando la última reunión del grupo”, ha explicado Bensadón.

La génesis del libro surgió en 2015, cuando coincidiendo con los 35 años de historia del grupo, Antonio García Vega se puso en contacto con su amiga de la juventud para pedirle fotos.

“Yo era la única que tenía fotos de ellos de todas las épocas”, ha apuntado la fotógrafa.

Rebuscando en el trastero localizó los antiguos negativos de toda la historia del grupo y fue cuando Bensadón se percató de la “gran cantidad de material que tenía y cuya recopilación se merecía la edición de un libro”.

Fue entonces cuando trató de ponerse en contacto con editoriales especializadas, una búsqueda que no duro mucho ya que inmediatamente salió Ediciones Chelsea y en el primer e-mail que les envió le respondió Alex Cooper entusiasmo y reconociendo que Nacha Pop era uno de sus grupos favoritos.

Así arrancó este proyecto literario que ha contado con la “inestimable” colaboración de Alejandro Cabrera, encargado del diseño del libro y uno de los fotógrafos más prestigiosos del país, con 40 años desarrollando su actividad profesional en el campo del retrato, portadas de discos, moda y campañas publicitarias.

Y no podía ser otro que el fotógrafo y director artístico de muchas de las portadas de discos de Nacha Pop, pero que también ha diseñado las de otros artistas tan conocidos como Mecano, Joaquín Sabina, Tequila o Miguel Bosé, entre otros.

El resultado de la unión del archivo de Bensadón y el cuidado diseño de Cabrera es un libro en el que se ofrece una selección de un centenar de instantáneas de la banda madrileña de una gran valor ya que la mayoría de ellas son inéditas.

Las fotografías abarcan toda la historia del grupo, desde sus primeros ensayos, con la imagen veinteañera de los músicos en sus primeros conciertos, las noches inolvidables en salas míticas como El Sol y Rock-Ola, actuaciones en televisión o su última gira con el reencuentro sobre el escenario de Antonio Vega y Nacho García Vega.

Además, de la imagen, el libro cuenta con textos de miembros de la banda como Leonardo Daniel ‘Ñete’ (batería), Carlos Brooking, (bajo), además de un prólogo de Nacho García Vega y una entrevista realizada a la autora por el periodista leonés Pacho Rodríguez.

Un conjunto de evocadoras imágenes rescatadas del olvido que convierten a este libro en referencia para los amantes del pop y de la fotografía musical.

Callejeando por Chelsea

Opina Álex Díez, más conocido en el ámbito artístico como Álex Cooper por la banda que alumbró hace cerca de 20 años tras Los Flechazos, que “ya hay muchos libros de los Beatles”, por lo que este “mod enamorado del papel” creó una editorial como altavoz de esa otra historia musical que no se ha escuchado tanto.

“Soy especialista en rellenar huecos”, señala en el contexto de la obra “¡Ponte ya a bailar! Mis años de revuelta mod con Los Elegantes” (Ediciones Chelsea), sobre una de “las bandas más excitantes surgidas en Madrid en los tiempos de la Nueva Ola”, escrito por Emilio J. López, cantante y compositor de la misma.

Alex Cooper aviva la llama de la era pop
Alex Cooper aviva la llama de la era pop

Se trata, en opinión de Díez, de una “guía sentimental” del primer LP del grupo que da pie a hablar “de las novias de la época, de los discos que se compraban y de los sitios donde bebían”, en definitiva, “historietas adolescentes que tienen importancia porque las cuenta uno de los actores principales de lo que pasó” en 1984.

“Siento un atractivo irrefrenable por los pioneros y pienso que, mientras que algunas voces de La Movida se han oído mucho, otras lo han hecho muy poco”, justifica.

Subraya su preocupación por el aspecto gráfico de cada obra que edita, por que “entren por el ojo hasta convertirse casi en objetos de veneración” como buen “mod”, así como su “implicación emocional” desde la génesis de cada proyecto que publica.

“No somos una editorial a cuya puerta se llama con un libro ya hecho”, afirma tras ayudar a lanzar material sobre Los Nikis, fotografías inéditas de Nacha Pop o dejar testimonio de la escena alternativa de los 90 en España.

Fue en 2010 cuando nació Ediciones Chelsea. “Sentía la necesidad de hablar de mi música favorita a través de otro canal de expresión. A la vez, había sido poco proclive a las colaboraciones, ya fuese por timidez o por lo que fuese, pero quería trabajar codo con codo con otra gente del negocio y no tocando mi música”, explica.

Xoel López, Fernando Pardo, Jorge Martín (La Habitación Roja), Francisco Nixon, Nani Castañeda (Niños Mutantes) o Pat Escoín (Los Romeos) son parte de esos compañeros que protagonizan alguno de los doce volúmenes de la serie “Mis documentos”, relato colectivo de la escena de los 90 en la que el propio Díez echó a andar como músico.

Entre sus próximos proyectos, acaricia ya “una historia apócrifa” de la Barcelona pop de los años 60, narrada a través de una “boutique pop” que vestía a bandas locales como Los Salvajes, Los Cheyenes o Gatos Negros, con abundante material gráfico.

Pero, tras un último año y medio enfocado en su faceta editorial, sus planes más inmediatos pasan por resucitar Cooper. Cuenta que cumplir con ese calendario es lo que le hizo finalmente declinar la idea de viajar hasta Glasgow (Reino Unido) para trabajar como productor con Francis MacDonald, batería de la banda de culto Teenage Fanclub.

En su lugar, será él quien vuelva a ejercer esa labor junto a Eugenio Muñoz, con el que ya colaboró en las dos canciones inéditas del recopilatorio “Popcorner. 30 años viviendo en la era pop”, en el que sintetizó toda su andadura musical, desde los inicios con Los Flechazos.

Al hacerlo se había dado cuenta de que “la manera de componer y de entender el pop era la misma” en sus dos etapas, “aunque el envoltorio fuese algo distinto”, algo que se transmitirá al nuevo álbum de Cooper, que se abrirá en la instrumentación a metales y teclados.

“Hay muchas cosas que celebrar con Cooper, porque no parecía un proyecto que fuese a durar 20 años. Soy el primer sorprendido”, reconoce sobre la pervivencia de este grupo que nació en el año 2000 y que el próximo año le llevará a tocar por primera vez en el festival Bilbao BBK Live.