segunda guerra mundial

Metanfetaminas en el Tercer Reich

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Hitler recibía inyecciones con drogas casi a diario de su médico personal, Theodor Morell (en la foto), quien le administraba atropina, enzimas, anfetaminas, metanfetaminas, testosterona, proteínas animales… Y también es conocida la adicción del mariscal del Reich Hermann Goering, sin duda responsable en gran parte del colapso de la Luftwaffe después de la Batalla de Inglaterra. Y en los años anteriores, en el Berlín de la República de Weimar, el consumo de drogas (morfina, cocaína…) era habitual

El periodista y escritor alemán Norman Ohler indaga en la importancia que tuvieron las drogas en el III Reich en el ensayo ‘El gran delirio: Hitler, drogas y el III Reich’ (Crítica-Grupo Planeta). De hecho, según afirma, tal era el papel de los estupefacientes en la sociedad, ejército y élite política del país en la era del nazismo que “en los 50 todo el mundo en Alemania era drogadicto” y el “milagro económico” de los años de la posguerra se produjo gracias a la Pervitina.

“Todos sabemos que los nazis hacían todo hasta el extremo, pero también llevaron el abuso de las drogas hasta el extremo”, explica Ohler. Así, según continúa el autor de este libro, resultado de cinco años de investigación en archivos alemanes y estadounidenses, “las drogas estaban en todas partes del sistema”, pues su consumo estaba extendido en todos los ámbitos: población civil, ejército, campos de concentración y élite política. Hasta el Ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels o el comandante Hermann Göring tomaban drogas de manera habitual.

Incluso Hitler era un drogadicto, según ha confirmado el autor del libro, pues “era el Führer también cuando se trataba de las drogas, era el líder de las drogas”. Tal y como expone en su libro, Hitler, que padecía de dolores de estómago, tenía un médico personal llamado Theodor Morell que le recetaba hasta 74 estimulantes distintos, entre ellos Eukodal (un “opiáceo muy fuerte”) o cocaína, sustancia que sólo tomó durante unos pocos meses. “Lo que hizo su médico fue mantenerle en su camino hasta el final, porque vemos que el uso bestia de las drogas sucede más tarde, en la guerra, cuando las utiliza para estabilizarse”, señala.

Con respecto a cómo llega la población civil a consumir drogas durante estos años en Alemania, Ohler explica que su origen se encuentra en la comercialización de la Pervitina, una droga que estaba compuesta de metanfetamina, y que era legal cuando salió al mercado, pues se comercializó como “algo que era bueno contra todo, para combatir la depresión o el aburrimiento”.

Pese a las advertencias del secretario de Sanidad nazi Leonardo Conti, que decía que el consumo de drogas iba “en contra” de la ideología nazi, “todos la seguían utilizando [la Pervitina] y al ejército no le importaba” lo que se decía de la droga. En este sentido, Ohler recalca la importancia que tuvieron los efectos de la metanfetamina en los soldados nazis. “En la guerra contra los franceses distribuyeron 35 millones de pastillas, así que las drogas sí jugaron un papel muy importante para el ejército”, justifica el ensayista.

Sin embargo, el consumo de sustancias en el ejército alemán no supone una excepción con respecto a la época. Según indica Ohler, los franceses, por ejemplo, también tenían su propio “suministro de drogas”, sólo que “su droga era el vino tinto”. “Cuando llegaba la noche estaban agotados, así que, comparando el vino tinto con la metanfetamina, está bastante claro quién va a ganar”, apunta.

Preguntado sobre si el curso de la historia hubiese sido distinto de no ser por el abuso de este tipo de droga en el ejército alemán, el autor es escéptico. “Desde luego que hubiese cambiado, pero no sabemos cómo, a lo mejor seguiría habiendo un gobierno nazi en Alemania, pero eso es una grandísima especulación”, comenta.

En este sentido, considera que, por un lado, la metanfetamina fue un factor importante para ganar en las llamadas ‘guerras relámpago’, pero también reconoce que los alemanes siempre tenían un “sistema perfecto” a la hora de abordar las batallas. “Todo era una especie de maquinaria perfecta y las drogas eran parte de esta maquinaria –narra–. Si sacas las drogas de la ecuación, es posible que esa máquina hubiese sido más lenta”.

Según Ohler, hay estudios que afirman que el consumo de Pervitina reducía el miedo. Para entender cómo influía esto en los soldados, el autor ha hecho referencia a un hecho que aconteció en la primera batalla de la campaña, cuando los alemanes entraron en Bélgica en mayo de 1940. Así, comenta que, en una de estas batallas, los alemanes “entraron arramblando con todo y sin ningún tipo de miedo, y los belgas estaban tan sorprendidos con esto que huyeron, porque pensaban que estos soldados alemanes estaban locos”.

“A veces las batallas se deciden por algo psicológico, si estas luchando contra alguien que ves que está fuera de control y no tiene ningún tipo de miedo, esto se convierte en un enemigo muy peligroso”, justifica el autor, que opina que también pudo haber sido determinante en la derrota nazi. “Perdieron por diferentes motivos, hay informes que decían que había tropas de soldados que estaban deprimidos porque no tenían Pervitina, pero no se puede decir que perdieran por eso, pero sí decir que dejó de ayudar”, argumenta el escritor, que piensa que la droga fue “muy útil en la ‘guerra relámpago’, pero no en la guerra de desgaste”.

Asimismo, el abuso de drogas estaba implantado en los campos de concentración. “En Auschwitz, las SS tenían problemas a la hora de interrogar a los luchadores de resistencia polacos, no hablaban, así que les empezaron a dar mezcalina sin decírselo, café con mezcalina, un alucinógeno, que es una planta mexicana”, manifiesta el alemán.

De hecho, según continúa, estos experimentos llevados a cabo con los reclusos en los campos eran de interés para los norteamericanos. “Cuando liberaron los campos de concentración, tomaron todas esas notas y las utilizaron para sus propios programas de lavado de cerebro, como el MK Ultra”, destaca.

Por otro lado, el escritor ha hablado sobre el uso y abuso de drogas en los ejércitos actuales. Ohler afirma rotundamente que sabe que este sistema está implantado hoy en día, tanto en el ejército alemán de ahora, que toma Modafinil, “la droga con la que la mayoría de los ejércitos está experimentando ahora mismo”, o en los pilotos de drones, que consumen la ‘go pill’.

Igualmente, le parece “interesante” que este método también se haya extendido hasta el Estado Islámico, donde consumen Captagon, también compuesto por metanfetamina, cuya producción se trasladó a Túnez cuando Bulgaria y Rumanía –países donde se empezó a producir– se unieron a la UE. “La meta también te quita el hambre, así que es una droga perfecta para luchadores árabes o terroristas”, indica el autor, que cree que en ambos casos, este tipo de sustancias “les hace ser unos luchadores más eficaces”.

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La efervescente Ana Frank

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Esta no fue la única vez que la adolescente escribió sobre sexo. En su diario también recogió otras bromas que había oído en su escondite de la capital holandesa y otros pasajes sobre sus períodos y la sexualidad
Esta no fue la única vez que la adolescente escribió sobre sexo. En su diario también recogió otras bromas que había oído en su escondite de la capital holandesa y otros pasajes sobre sus períodos y la sexualidad

Investigadores holandeses han logrado descifrar dos nuevas páginas del Diario de Ana Frank, que habían sido teñidas por su autora, según indica el museo de Ámsterdam que lleva el nombre de la niña judía de 13 años cuyo libro ha pasado a la historia de la literatura.

La propia Ana Frank tiño esas dos páginas, pero nuevas técnicas digitales han permitido descifrar su contenido: una donde contaba chistes subidos de tono y otra que recogía preguntas y respuestas sobre lo que debería decir una joven si le preguntan acerca de la educación sexual y la prostitución.

El estudio, que forma parte de una investigación permanente abierta por la Casa de Ana Frank, fue llevado a cabo por el Instituto Huygens de Historia Holandesa y el Instituto para Estudios de Guerra, Holocausto y Genocidio (NIOD).

Las páginas revelan más información sobre la personalidad de Ana Frank “como niña, adolescente y escritora”, según Peter de Bruijn, del instituto Huygens.

Los expertos consideran que este descubrimiento refleja “un intento cauteloso de escribir más que un diario, donde se mezcla la realidad y la ficción” y presenta a una niña que escribió abiertamente sobre la sexualidad.

Sobre por qué cubrió estas páginas, De Bruijn explica que la niña “no podía arrancar páginas de su diario”, pero “estaba avergonzada” de algunas de las cosas que escribió.

Ana Frank murió en febrero de 1945 en el campo de concentración de Bergen Belsen, en Alemania, y su diario, que abarca su escondite entre 1942 y 1944 en un refugio de un edificio en el centro de Ámsterdam, fue encontrado más tarde y publicado como un importante testimonio de esa época.

“Ana Frank escribe sobre la sexualidad de una forma encantadora“, comenta Ronald Leopold, del museo de la Casa de Ana Frank en Ámsterdam. “Al igual que todas las adolescentes, tiene curiosidad sobre este tema“.

Esa sensación es compartida por Frank van Vree, director del Instituto Niod, que ayudó a descifrar el contenido de las páginas.

“Cualquiera que lea los pasajes que acaban de ser descubiertos será incapaz de evitar una sonrisa”, espeta.

“Las bromas ‘sucias‘ son clásicas entre los adolescentes. Dejan claro que Ana, con todos sus dones, era sobre todo una niña normal“.

Uno de esos chistes dice: “¿Sabes por qué hay chicas de las Fuerzas Armadas alemanas en Holanda? Para servir de colchón a los soldados“.

En otro se lee: “Un hombre tenía una esposa muy fea y él no quería tener relaciones con ella. Una noche llegó a casa y luego vio a su amigo en la cama con su esposa, y luego el hombre dijo: ‘¡A él le gusta y a mí me toca hacerlo!’”.

El Museo de Ana Frank explica que esta no fue la única vez que la adolescente escribió sobre sexo. En su diario también recogió otras bromas que había oído en su escondite de la capital holandesa y otros pasajes sobre sus períodos y la sexualidad.

Sobre su decisión de publicar unas páginas que Ana Frank claramente quería mantener ocultas, el Museo arguye que su diario, un documento de patrimonio mundial registrado por la Unesco, tiene un gran interés académico.

Pero agrega que esas páginas “no alteran nuestra imagen de Ana“.

“Con el paso del tiempo Ana se ha convertido en un símbolo mundial del holocausto, y Ana, la niña, se ha ido difuminando en un segundo plano.

“Estos textos —literalmente— descubiertos nos devuelve al primer plano a la curiosa y, en muchos aspectos, precoz adolescente“.

Ana Frank se ocultó en un anexo secreto de una casa de Ámsterdam el 5 de julio de 1942, aproximadamente un mes después de recibir un diario por su 13 cumpleaños.

Vivió con su familia y amigos allí hasta que fue descubierta dos años después. La razón por la que fueron descubiertos, después de lograr permanecer ocultos tanto tiempo, sigue siendo un misterio.

La adolescente murió de tifus en el campo de concentración de Bergen-Belsen a los 15 años.

Su padre, Otto, fue el único de los ocho ocupantes de la “casa de atrás” que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y pudo publicar el diario de su hija.

Psicoanálisis contra fascismo

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Jung proporcionó a los norteamericanos importantes informaciones sobre el estado de salud del Führer, hizo una valoración de la propaganda aliada sobre la moral de los alemanes y análisis proféticos basados en la psicología de los líderes fascistas
Las acusaciones sobre el nazismo en Jung comenzaron ya antes de la Segunda Guerra Mundial y continuaron hasta el fin de su vida, afectando siempre de algún modo no sólo la vida y obra del sabio suizo sino por añadidura la de algunos de sus familiares e, inclusive, la de quienes optaron por practicar su escuela psicológica hoy reconocida como Psicología Junguiana. Las aclaraciones hechas por Jung durante décadas así como las vertidas por sus más cercanos discípulos, algunos de ellos judíos, como es el caso de Aniela Jaffe, nunca resultaron suficientes como para borrar y disolver de manera definitiva el baldón de que Jung hubiera sido nazi

El célebre psicoanalista suizo Carl Gustav Jung colaboró con los servicios secretos norteamericanos entre 1942 y 1945, a los que anunció que el dictador Adolf Hitler podría llegar al suicidio en un caso extremo.

Jung, explorador del inconsciente colectivo, trabajó con el espía norteamericano Allen Dulles, que se interesó por sus análisis de la reacción de los dirigentes nazis alemanes y transmitió los datos a la Oficina de Servicios Estratégicos de los Estados Unidos, antecesora de la CIA.

Una serie de documentos norteamericanos desclasificados últimamente y material suizo revelado en su último número por la revista L´Hebdo indican la colaboración entre el psicoanalista y Dulles, que llegaría en la posguerra a la cabeza de la CIA.

Según el semanario, Jung proporcionó a los norteamericanos importantes informaciones sobre el estado de salud del Führer, hizo una valoración de la propaganda aliada sobre la moral de los alemanes y análisis proféticos basados en la psicología de los líderes fascistas.

Una misión especial

Dulles llegó a Berna a fines de 1942, unas horas antes del cierre completo de las fronteras de este país neutral, con la misión de elaborar un informe sobre el movimiento secreto antinazi en Alemania, y entró en contacto con Jung, gran conocedor del alma germánica.

El espía estadounidense no se contentó con ver a Jung para recoger informaciones útiles sino que reclutó y se convirtió en amante de una de sus pacientes, una periodista norteamericana de 38 años llamada Mary Bancroft, que estaba casada con un ciudadano helvético.

Jung pudo a su vez aprovecharse de las confidencias de Bancroft y de las visitas de Dulles y observar el funcionamiento del maestro de espías y su aprendiz, que no era precisamente muy discreta, como reconoce ella misma en su “Autobiografía de una espía”, libro publicado en Nueva York en 1983.

El psicoanalista se enteró, por ejemplo, de que Allen Dulles pidió a su amante escribir un libro sobre el fracasado complot contra Hitler, utilizando informaciones de uno de los conjurados que logró sobrevivir: Hans Bernd Gisevius, espía alemán con base en Suiza.

Informado de los vínculos entre Dulles, Mary Bancroft y Jung, Gisevius quiso entrevistarse también con el psicoanalista, que lo había impresionado con un artículo de 1936 consagrado a Wotan, el dios alemán de la guerra, del que aquél anunció un despertar devastador.

En uno de los telegramas secretos enviados por Allen Dulles a la central de espionaje, el agente cuenta que, según ha podido saber Jung, “Hitler se ha ocultado en el sótano de su cuartel general al este de Prusia” y explica que los jerarcas que pretenden entrevistarse con él “son despojados de sus armas y han de pasar por un detector de rayos X”.

El psicoanalista dijo a Dulles que “cuando su personal se sienta a comer con él, Hitler monologa mientras que a sus oficiales se les prohíbe decir una palabra. El stress resultante de esa asociación ha hundido a varios oficiales, según Jung, que opina que los mandos del ejército están demasiado desorganizados y debilitados como para actuar contra el Führer”.

Leyenda

No ha podido establecerse ahora de dónde obtenía Jung esas informaciones, y la revista suiza se pregunta si se trataba de colegas que daban clase en la Politécnica en Zurich y mantenían contactos con investigadores alemanes, o tal vez de fuentes médicas.

En su libro autobiográfico, Mary Bancroft relata que cuando le preguntó a Jung por los rumores que corrían, según los cuales él iba regularmente a Berlín para analizar a Hitler, el psicoanalista dijo que se trataba de una leyenda surgida de sus numerosas discusiones con el cirujano alemán Ferdinand Sauerbruch, que se hacía pasar por el médico de Hitler.

Pero Jung ofrecía también informaciones sobre la influencia de la propaganda aliada sobre los alemanes: un despacho dictado por Allen Dulles desde Berna y registrado por la policía suiza señalaba que “los panfletos que tienen más éxito (entre el ciudadano medio alemán) son los estrictamente militares que aseguran que los aliados entran como un torneo en la fortaleza europea”.

“Apelar a la fuerza moral del enemigo -y no a su debilidad- es la mejor propaganda (…) Los llamamientos del general (Dwight) Eisenhower al pueblo alemán son los más eficaces. Formulados en un lenguaje simple, humano, comprensible para todos, dan a los alemanes algo a lo que agarrarse”, escribe Jung en una carta a Dulles fechada en febrero de 1945.

Comentarios que debieron de halagar al general y comandante supremo aliado.

Amor a prueba de genocidio

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Lale Sokolov y Gita Fuhrmannova
Lale Sokolov y Gita Fuhrmannova

Para los sobrevivientes, esos números impresos en la piel se convirtieron en un recuerdo imborrable de los horrores de los campos de concentración nazis. Pero para Lale Sokolov el número que grabó en el brazo de Gita Fuhrmannova fue lo que le permitió encontrar el amor. La increíble historia de supervivencia y romance nacido en medio del horror del Holocausto es revelada por el libro El tatuador de Auschwitz, de la escritora Heather Morris.

Lale Sokolovconoció a quien se convertiría en su esposa un día de julio de 1942. En el libro, Morris relata que cuando esa muchacha se presentó para ser tatuada sintió horror. Había algo en esa joven y en sus ojos, contó. Quería evitar esa tarea, pero su jefe -un francés llamado Pepan- lo obligó para no desatar la ira de los nazis. Fue en ese momento que se tatuó su “número en el corazón”, según contó el hombre a Morris.

El número que tuvo que grabar el 34902. La mujer, descubrió después, se llamaba Gita Fuhrmannova y estaba en el campo de mujeres de Birkenau.

Al poco tiempo, gracias a la ayuda del guardia SS que lo supervisaba, empezó a intercambiar cartas con Gita. Luego logró conseguirle raciones de comida extra y hacer que fuera trasladada a un sitio de trabajo en el campo mejor.

Lale-un diminutivo de Ludwig, su verdadero nombre- había llegado a Auschwitz unos meses antes, en abril de 1942. Tenía 26 años. Nacido en Eslovaquia de familia judía -su apellido era Eisenberg- se había ofrecido a los nazis para ser enviado al campo con la esperanza de salvar al resto de su familia. Pero sus padres murieron en el campo unos meses antes de su llegada, sin que Sokolov jamás se enterara, reveló la extensa investigación que Morris llevó a cabo para confirmar la historia.

Él también, cuando llegó al campo, fue marcado con un número: 32407. Pero poco después, Lale se enfermó de fiebre tifoidea. Lo cuidó un francés llamado Pepan, el mismo hombre que le había tatuado el número al llegar a Auschwitz. Pepan lo tomó bajo su protección y le enseñó el oficio. Hasta que un día desapareció.

Fue entonces que Lale, gracias a su conocimiento de los idiomas -eslovaco, alemán, ruso, francés, húngaro y polaco- fue elegido por los nazis para ser el nuevo tatuador del campo. Comenzó así a trabajar para el ala política de las SS y, en los dos años siguientes, tatuó con la ayuda de asistentes a miles y miles de prisioneros.

El procedimiento se llevó a cabo sólo en Auschwitz y en los campos secundarios de Birkenau y Monowitz. Comenzó en el otoño de 1941; para 1943 todos los prisioneros estaban tatuados. La práctica, al privar a los prisioneros de su nombre, era parte del proceso de degradación y deshumanización al que eran sometidos los prisioneros.

Pero el nuevo cargo le dio a Sokolov una posición privilegiada respecto a los otros prisioneros, lo cual probablemente le permitió escapar a la muerte.

Esos privilegios le permitieron comenzar la relación con Gita. Ambos podían verse en secreto, aunque “Gita tenía dudas”, escribe Morris en el libro. “No veía un futuro. Él sabía, en el profundo, que iba a sobrevivir”.

En 1945 Gita pudo dejar el campo antes de la llegada de los rusos. Poco después, hizo lo mismo Sokolov, quien regresó a su ciudad de Krompachy en Checoslovaquia, donde se reunió con su hermana y el resto de su familia.

Pero él quería reencontrar a Gita. Viajó a Bratislava en una carroza, esperando poder encontrar con la mujer.

Esperó en la estación de trenes durante semanas, hasta que el jefe de la estación le dijo que intentara en la sede de la Cruz Roja. Cuando se dirigía allí, una mujer se paró frente a su caballo. Era Gita.

Se casaron en octubre de 1945. Pero el hombre fue detenido poco después por enviar dinero en apoyo al estado de Israel. Entonces dejaron el país: Viena, París y finalmente Australia, donde vivieron el resto de sus vidas en Melbourne. Él comenzó un negocio en la industria textil, ella diseñaba vestidos. Tuvieron un hijo en 1961.

“Este hombre guardó su secreto porque creía equivocadamente que tenía algo para esconder”, explicó Heather Morris, quien para ganarse su confianza visitó al hombre varias veces a la semana durante tres años hasta su muerte en 2006.

Lale, contó, tenía miedo de ser visto como un colaborador de los nazis y guardando el secreto, que para él se había convertido en una carga, pensaba proteger a su familia. Fue sólo tras la muerte de Gita en 2003, cuando ya no había nadie para proteger, que se animó a contar su historia.

Los nazis a los que EE.UU nunca deportó

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Otto Von Bolschwing trabajó con Adolf Eichmann, uno de los arquitectos del Holocausto, y que trabajó como agente de la CIA en EEUU tras la II Guerra Mundial
Otto Von Bolschwing trabajó con Adolf Eichmann, uno de los arquitectos del Holocausto, y fue agente de la CIA en EEUU tras la II Guerra Mundial

Un informe sobre la operación de caza de nazis por parte del Gobierno de EEUU concluye que funcionarios de inteligencia ofrecieron refugio en el país a nazis y sus colaboradores tras la II Guerra Mundial.

“EEUU, que se vanagloriaba de ser un refugio seguro para los perseguidos, se convirtió a pequeña escala en un refugio seguro también para los perseguidores”, afirma el informe de 600 páginas.

El diario The New York Times fue el primero en obtener una copia del informe que el Departamento de Justicia había tratado de mantener en secreto durante los últimos años. Posteriormente, el informe apareció publicado también en la página web del National Security Archive, un grupo de investigación independiente ubicado en la Universidad George Washington de la capital estadounidense.

El análisis evalúa tanto los éxitos como los fracasos de los abogados, historiadores e investigadores de la Oficina de Investigaciones Especiales del Departamento de Justicia (OSI), que se creó en el año 1979 para deportar a nazis.

El informe documenta cómo funcionarios estadounidenses que recibieron el cometido de reclutar a científicos tras la II Guerra Mundial hicieron caso omiso de la orden del presidente Harry Truman de que no se reclutase a nazis o personas afiliados con ellos.

Los investigadores del OSI señalan en el informe que a algunos nazis “se les garantizó ciertamente la entrada en EEUU” a pesar de que los funcionarios del Gobierno conocían su pasado.

Arthur Rudolph, uno de los cientos de científicos extranjeros reclutados para trabajar en EEUU tras la guerra dijo a los investigadores en 1947 ser el director de una fábrica que fabricaba cohetes en la que se obligaba a trabajos forzosos.

El informe asegura que los funcionarios de inmigración sabían que Rudolph había sido miembro del partido Nazi pero aun así lo dejaron entrar en EEUU por su conocimiento sobre cohetes.

Otro de los casos que se menciona es el de Otto Von Bolschwing, que trabajó con Adolf Eichmann, uno de los arquitectos del Holocausto, y que fue agente de la CIA en EEUU tras la II Guerra Mundial.

El documento detalla cómo la agencia de espionaje debatió en una serie de informes internos qué hacer si se descubría el pasado de Bolschwing si negar cualquier afiliación con los nazis o explicarlo.

La CIA contrató a Bolschwing durante la Guerra Fría por sus conexiones con alemanes y rumanos. El Departamento de Justicia intentó deportar a Bolschwing en 1981 tras averiguar su pasado, pero el ex nazi murió ese mismo año.

Nazis deportados

Desde la creación de la OSI, EEUU deportó a más de 300 nazis. El informe sobre la caza de nazis es obra de Mark Richard, un abogado del Departamento de Justicia.

En 1999, Richard convenció a la fiscal general de EEUU Janet Reno para que comenzase un detallado escrutinio de lo que él consideraba una pieza crucial de la historia y encargó el trabajo a la fiscal Judith Feigin.

Tras editar la versión final en el año 2006, pidió a altos funcionarios del Departamento de Justicia que publicasen el informe pero su solicitud fue denegada.

Cuando descubrió que tenía cáncer, Richard dijo a un grupo de amigos que uno de sus deseos antes de morir era ver el informe publicado. El abogado murió en el 2009 sin ver su sueño cumplido.