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Festival de puños y fiesta comedida de pechos

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Afrodita acude al rescate de Mazinger Z con sus ubres salvadoras
Afrodita acude al rescate de Mazinger Z con sus ubres salvadoras

«Sigo emocionándome si veo la cabecera de la serie y un enorme Mazinger ocupa un lugar privilegiado en mi estudio», admite Paco Roca, Premio Nacional de Cómic, uno de esos niños que, ajenos a la polémica de los adultos, descubrieron a este robot rompedor ya cuarentón y rodeado de bulos.

De la imaginación del dibujante japonés Go Nagai, Mazinger Z nació hace 40 años, en 1972, primero en forma de cómic, y pocos meses después como serie de anime, cosechando un gran éxito que se fue extendiendo a otros países, entre ellos España, donde TVE estrenó el 4 de marzo de 1978 el primer capítulo de los 27 que emitió los sábados a las 15.00 horas.

El éxito de Mazinger Z radicó en su carácter innovador, porque fue el primer robot pilotado por una persona, el joven Koji Kabuto, una especie de moderno samurai, un guerrero noble dispuesto a luchar por la paz hasta el final, recuerda J. Aurelio Sanz-Arranz en ‘Mazinger Z: la enciclopedia’, un laborioso trabajo de análisis y documentación editado por Dolmen en dos volúmenes.

Se calcula que la serie tenía una audiencia de cinco millones de espectadores, convirtiéndose en un icono de la cultura popular, pero con alguna ‘leyenda urbana’ que perdura hasta hoy.

Uno de esos bulos era que Raphael cantaba el tema musical de la emisión en España, aunque en realidad, la adaptación, la letra y la interpretación estaba firmada por Alfredo Garrido, un prolífico músico con éxito en otras serie infantiles como ‘Marco’, ‘Pipi Calzaslargas’ o ‘Vickie el Vikingo’.

‘Pechos fuera’

Otro bulo desmontada por la enciclopedia de Sanz-Arranz es la famosa frase ‘pechos fuera’, el grito con el que la protagonista femenina, Sayaka, lanzaba los misiles de su robot, Afrodita-A. En el doblaje original de TVE nunca se pronunció, y lo más parecido que se pudo escuchar era ‘fuego de pecho’.

Y es que, según el autor de la citada enciclopedia, la frase pudo ser víctima de la polémica que sufrió la serie, al ser considerada demasiado violenta para el público infantil.

Las protestas, alentadas por artículos de prensa que veían oscuras intenciones en su contenido, desembocaron en «la censura de algunas partes consideradas escabrosas» y después en la «supresión imprevista (el 16 de septiembre de 1978) cuando aún quedaban varios episodios por emitir», manifiesta Sanz-Arranz.

Dichos capítulos finalmente vieron la luz en la Navidad de 1979, despidiendo a Mazinger Z de la parrilla hasta la década de los noventa y su emisión en canales privados y autonómicos.

«Si bien es cierto que me llegó a ser previsible la trama repetitiva de todos los capítulos, reconozco que me enfadé muchísimo cuando dejaron de emitirla y en su lugar apareció la serie Orzowei», recuerda Paco Roca, quien confiesa que, junto a sus hermanos, «la cita ante el televisor era el momento más esperado de la semana».

Violencia

El dibujante Íñigo Aguirre, Premio en el Salón del Cómic de Madrid, era muy pequeño pero devoraba los capítulos sin ninguna consciencia de dicha violencia, que hoy achaca a una «coartada» para su retirada por algunos de sus personajes como el Barón Ashler, «un villano con dos sexos», o el robot Afrodita-A, «que tenía por pechos dos misiles».

«Debían tener a los padres alucinados», comenta Aguirre, quien reconoce el «cariño» que procesa a la serie: «De hecho, uno de los villanos de Ibéroes (su más reciente creación), el Doctor Contubernio, está inspirado en el Doctor Infierno, archienemigo de Mazinger. ¡Con esto lo digo todo!».

«¡Por amor de Dios!», exclama el músico Alfredo Garrido para refutar dichas críticas y subrayar el éxito que sigue teniendo la serie entre los más pequeños. Además, Sanz-Arranz puntualiza: «Los animes de mechas, como éste, son ejemplos perfectos de la filosofía japonesa, tan distinta a la nuestra. La violencia debe ser interpretada bajo sus parámetros culturales».

Los robots, sostiene, «tampoco son simples máquinas de guerra: cuando entran en acción, se convierten en auténticos protagonistas. Los pilotos se funden con sus máquinas, convirtiéndose en su cerebro y también su corazón: así Mazinger o Afrodita aparecen ‘humanizados'».

«Pero al final, la polémica pasa, y el público que vio esas series de pequeño se convierte en adulto, y no es peor por haberlas visto. A mí, personalmente, nunca se me ha ocurrido arrancarme un puño y lanzarlo contra alguien cuando discuto…», sentencia este aficionado y experto.

Historias espaciales con fundamento

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Protagonistas de la saga original, estrenada en 1966
Protagonistas de la saga original, estrenada en 1966

Un clásico de la ciencia-ficción, referencia de la cultura «geek» y pionera de la diversidad y la inclusión en la pantalla. Todo eso es «Star Trek», la imprescindible saga interestelar cuyo mensaje utópico y de esperanza en el progreso es inagotable. Creada por Gene Roddenberry en 1966, la franquicia ‘Star Trek’ se compone de cinco series de televisión, una serie de animación y doce películas, así como una docena de videojuegos, diferentes juegos de rol, centenares de novelas y relatos de ficción.

Roddendberry siempre había citado ‘Planeta prohibido’ como referente para ‘Star Trek’, pero también dijo que le habían influido una serie de películas que se habían visto en EEUU de manera clandestina, procedentes de la Europa del este.

Con el episodio «The Man Trap», el universo de «Star Trek» llegó por primera vez a la televisión el 8 de septiembre de 1966, aunque por ese capítulo era imposible pronosticar que se convertiría en todo un fenómeno de masas.

«Bitácora del capitán. Fecha estelar, 1513.1. Nuestra posición, orbitando el planeta M-113». Esas fueron las primeras frases que, sobre un fondo con la nave Enterprise surcando el espacio, se escucharon en la entrega inicial de la serie «Star Trek», que sirvió para presentar a personajes ahora tan reconocidos como el capitán Kirk (William Shatner) o Spock (Leonard Nimoy).

La trama de «The Man Trap» era bastante convencional. Los tripulantes de Enterprise viajaban a un planeta casi abandonado y tenían que lidiar con un misterioso monstruo, que se alimentaba a base de sal y que tenía la asombrosa capacidad de transformar su apariencia a su antojo.

Pero este episodio también desveló algunas de las claves del futuro éxito de la saga, como el mensaje utópico, idealista y de colaboración entre la humanidad que planteaba como parte de su esencia «Star Trek».

La nave Enterprise parecía una versión pluscuamperfecta de la ONU. En total armonía y con una fe sólida en la tecnología y el conocimiento, en la tripulación aparecían, por ejemplo, una mujer negra (Uhura, interpretada por Nichelle Nichols), un ruso (Chekov, al que daba vida Walter Koenig), y un asiático (Sulu, al que prestó su rostro George Takei).

El mensaje a favor de la diversidad era llamativo en un áspero y paranoico contexto internacional marcado por la Guerra Fría, pero también tenía acomodo en los nuevos vientos que soplaban en Estados Unidos en los años 60, con el Movimiento por los Derechos Civiles y la contracultura apostando por una nueva realidad social.

Un ejemplo de las aspiraciones de «Star Trek» fue que en 1968 ofreció el primer beso interracial en la historia de la pequeña pantalla con el celebrado encuentro entre el capitán Kirk y Uhura.

Tres temporadas y cerca de ochenta episodios duró este primer show que sólo fue el pitido inicial de la impresionante expansión del universo de «Star Trek», que además de sus producciones televisivas cuenta, hasta el momento, con trece películas.

Impulsada por el extraordinario éxito de su competidora «Star Wars» en 1977, «Star Trek» trasladó sus peripecias al cine por primera vez en 1979 y su última cinta, «Star Trek Beyond», se estrenó en 2017 con Chris Pine, Zachary Quinto y Zoe Saldaña en su reparto.

Esta película, que incluyó al primer personaje gay de la saga, es la tercera parte del relanzamiento de «Star Trek» que ha patrocinado J.J. Abrams, y Paramount ya confirmó que habrá, al menos, un cuarto largometraje.